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Artes

Una trans, una inquilina y una madre para reflejar con humor y emoción el teatro de las vidas  

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Un biodrama musical que recurre a la alegoría de La Sirenita para representar a las mujeres trans. Tres historias de misterio en barrios porteños contadas por una inquilina al borde de un ataque de nervios. Una conmovedora forma de narrar la relación entre madres e hijas. En tiempos tantas veces oscuros, la luz que nos regala el teatro.

Por María del Carmen Varela

Teoría de la Sirena

“Recuerdos, anécdotas, momentos que marcaron mi vida”, así describe la actriz y cantante Sofía Dieguez al espectáculo Teoría de la Sirena, el unipersonal que vuelve a presentarse en MU Trinchera Boutique. Una biografía musicalizada podría ser otra forma de contar por dónde va el show, cuya idea surgió a partir de su presentación en el mismo teatro, a mediados de febrero, en el marco del Festival Amores. Allí Sofía cantó sus propios temas –La Sirena, Medusa, Sola, La Poderosa– grabados en su primer EP, hizo algunos covers y dio a conocer su nuevo material. Llevó algunos de sus  objetos personales preferidos para compartir con el público: un cuaderno con sus ilustraciones –donde abundan las sirenas-, un portarretratos de su propia infancia sonriente, elementos cargados de memoria y emoción.

Sofía decidió resignificar su show y junto al Laboratorio de Experimentación en Comunicación y Artes Escénicas de la Cooperativa lavaca y a la colaboración de la actriz, directora, dramaturga, docente e integrante del colectivo Piel de lava, Elisa Carricajo,  fue moldeando algo nuevo. Teoría de la sirena es una manera de contar fragmentos de su vida y compartir canciones inspiradas en su propia experiencia.

¿Por qué Sofía recurre a la alegoría de la sirena? Cuando vio por primera vez, a corta edad, la película La Sirenita , el impacto fue determinante. “Desde que la vi me sentí identificada con esa historia, con no pertenecer al mundo, sin saber mucho a los tres años, después entendí de grande la historia original de La Sirenita de Andersen. Las mujeres trans somos como sirenas que damos el paso a ser mujeres y en ese paso, muchas pierden a la familia, amigues, el lugar donde viven y metafóricamente también la voz, socialmente. Hoy quizás no tanto pero es lo que pasaba y es lo que pasa en la historia de La Sirenita“. 

A partir de esta identificación Sofía creó una obra para las infancias: Magenta, una sirena más allá del mar, que fue estrenada en MU con un público formado por niñes de la Asociación Civil Infancias Libres. Desde chica Sofía se preparó  en comedia musical. Como actriz trabajó en las series Pequeña Victoria y El Marginal, participó del musical Crianzas, basado en el libro de la artista Susy Shock; es dramaturga y coprotagonista en la obra teatral Estar System, realizada en el Laboratorio de Experimentación en Comunicación y Artes Escénicas; y una de las protagonistas de la película Unicornio en 2023, entre otros trabajos.

En la adolescencia escuchaba pop latino, inglés y soñaba con ser una Spice Girl. “Recuerdo la primera vez que vi a esas cinco mujeres superpoderosas cantando, saltando, comiéndose el mundo, vistiéndose como querían, sin importarles nada. Con su lema de girl power e igualdad hacían que yo, siendo una infancia y adolescencia trans, me olvidara de mi dolor, de mi desazón, de mis dudas de cómo sería mi vida. Encerrada en mi cuarto bailando sus canciones, me olvidaba de la realidad, y era feliz, podía ser quien quería”.

La actriz y bailarina colombiana Carolina Ramírez –protagonista de las series La Reina del flow La hija del mariachi– recomienda efusivamente la obra: “Es una biografía absolutamente conmovedora, pertinente, importantísima. Siempre nos preguntamos si somos las personas en las que nos queríamos convertir cuando éramos niños y este es un viaje a la infancia de alguien que volvió a nacer, que se parió a sí misma. Hay que verla, vale la pena atravesar este viaje junto a Sofía”.

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA

Viernes 7 de junio, 20.30 hs

Entradass por Alternativa Teatral

Terror de Arrabal

Tres historias se entrelazan en una obra de teatro que propone la escucha atenta a una protagonista que saca provecho de sus buenas artes como narradora oral.

  1. Una historia de amor: la mujer más bella de la Argentina de fines del siglo XIX, codiciada, aristocrática, la que buscó decidir por ella misma a quién amar hasta que la tragedia truncó sus más profundos deseos.
Una trans, una inquilina y una madre para reflejar con humor y emoción el teatro de las vidas  
  1. Un viaje en subte puede desencadenar el espanto, y no sólo por el valor de la tarifa sino por la posibilidad de cruzar miradas con quienes ya no habitan este mundo.
  2. Recorrer un cementerio con mate, en busca de muertos célebres quizás no siempre sea una buena idea.

Las tres historias tienen algo en común: lo sobrenatural. Lo que nos eriza la piel, pero también nos resulta atrapante.

Barracas, Balvanera y Chacarita son los tres barrios porteños a los que aluden los relatos. En cada uno de ellos la protagonista ha vivido al menos dos años –lo que marcan los contratos de alquiler– y allí ha transitado momentos de alegría, desencanto, amor y, por supuesto, miedo. Con gracia y buena dosis de misterio, Daniela Carballo, la actriz del unipersonal Terror de Arrabal hila sus anécdotas personales con las leyendas de los barrios por los que va posando su anatomía luego de cada mudanza.

Daniela, por primera vez está sola en el escenario, con dramaturgia propia. Les llevó un año a ella y a la directora Lara Hernaiz, amasar la obra, primero hubo un período de investigación y selección de material con la intención de recuperar leyendas urbanas que pudieran adaptarse a un espectáculo de narración oral. Una vez seleccionadas las tres historias, le siguió la tarea de bordar anécdotas alrededor de los relatos y sus ubicaciones geográficas y armar “una obra teatral –indica Daniela– que fuera coherente, en este caso es el de una inquilina que se va mudando de barrio en barrio. Ese es el hilo conductor que junta estas tres historias”.

¿Qué tanto de autobiográfico hay en la obra? “Bastante. Sobre todo por la situación de inquilina, en la que está la protagonista y en la que vivo yo. Este rebobinar cada dos años teniendo que volver a empezar en una nueva casa, en un nuevo barrio, el reseteo constante de la vida del inquilino, está presente en la obra y hay un color de quien vive hace tiempo en Buenos Aires pero no es porteña. Entonces hay cierto nivel de extrañeza a la hora de la dinámica que le presenta Buenos Aires a personas como yo, la velocidad con la que se hacen las cosas, cierta noción medio opaca a la hora de definir en qué barrio estás, una identidad que está armada por personas que no son propias de la ciudad y que se ensamblan en esas lógicas”.

Terror de Arrabal ya se llevó a cabo en otros espacios de la capital porteña. En esta ocasión, se presentará en MU Trinchera Boutique los sábados 8 y 22 de junio.

Vale contar detalles del barrio. En la vereda de enfrente a MU, en Riobamba 144, se encuentra la conocida “Casa de la palmera” –actualmente funciona la redacción de La Izquierda Diario y el Instituto de Pensamiento Socialista Karl Marx– donde algunas personas aseguran que circula el fantasma de Elisa. Ella era hermana de cinco varones a los que acusaba, desde su afán religioso, de despilfarro e inmoralidad. Cada uno de ellos fue muriendo en trágicas circunstancias y hasta se sospechaba que ella había tenido que ver en algunos de esos desenlaces. A medida que sus hermanos iban muriendo, Elisa, quien trabajaba de taquígrafa en el Congreso de la Nación, cerraba con llave y clausuraba los respectivos cuartos. Durante algunos días no concurrió a misa, fueron a buscarla y la encontraron muerta en el sótano de la casa. Por otra parte, hay quienes aseguran que la Casa de la palmera inspiró a Julio Cortázar a escribir su famoso cuento Casa tomada. El espacio de MU Trinchera Boutique es también un lugar con historia: funcionó el Club de Magia del renombrado mago inglés David Tobias Bamberg, Fu Manchú, quien compartía en el sótano que actualmente es la sala teatral de cooperativa lavaca sus trucos de magia con colegas y así lo hizo  hasta sus últimos días.

Asombro, misterio, asuntos inconclusos y fenómenos fuera de lo común son los ingredientes que conforman la obra, extraídos de una constelación de leyendas que sobrevuelan esta ciudad y dejan huella en la memoria de sus habitantes. Asegura Daniela: “En esta obra nos propusimos reeditar miedos más actuales a partir de las leyendas, pero también  nos esmeramos en que tenga cuotas de humor porque después de todo queremos que la experiencia sea disfrutable y porque también creemos que hay que reírse un poco de aquello que nos aterra”.

MU Trinchera Boutique – Riobamba 143, CABA

Sábados 8 y 22 de junio, 20.30 hs

Entradas por Alternativa Teatral

Estoy acá sin fin

“Es un homenaje a mi hija Amanda, el gesto de dejarle en papel y obra mi amor como madre para el resto de su vida”, dedica la actriz y directora Leticia Coronel. Al inicio de la obra – en Estudio Los Vidrios que dirige artísticamente el intérprete, director y dramaturgo Lisandro Rodriguez–  Leticia se para frente al público y cuenta que escribió esta obra para su hija Amanda, que está por cumplir 13 años y a quien dio a  luz cuando tenía 22 años. También cuenta que ensayó la obra con Amanda pero que al tiempo desistió y le dijo que no le gusta el teatro. “Mamá, la vida de ustedes es muy estresante. Siempre les falta algo, siempre”. Entonces Leticia buscó a cinco amigas actrices y bailarinas y comenzaron a ensayar esta obra que conmueve desde la primera frase.

Una trans, una inquilina y una madre para reflejar con humor y emoción el teatro de las vidas  

Dos bailarinas y tres actrices –azarena Amarilla, Maira Annoni, Blanca Anzoategui, Damiana Gamarra y Jennifer Hernández–  de las cuales solo una es madre, son las creadoras escénicas junto a Leticia de todo lo que sucede en una hora de obra teatral: “En el primer ensayo que tuvimos juntas, Lisandro Rodriguez, colaborador artístico, nos dijo: esta obra les pide a ustedes que se vinculen desde el afecto. Fue clarísimo, cada una empezó un proceso personal de mucho vínculo afectivo y eso hizo que la obra pudiera deslizarse en zonas honestas, personales y viscerales”. Por supuesto que la dramaturgia sacude la emoción de cada espectador/a porque la temática de la maternidad nos atraviesa de alguna manera, pero más allá de esa condición, la performance de cada actriz excede las fronteras de la interpretación bien ejecutada. Hay algo más. “Cada una fue trayendo sus historias, sus recuerdos, sus anécdotas, sus vivencias. Me interesaba que cada una pudiera nombrar cosas desde un lugar real, que nombraran ese amor por más terrible que sea. Cada una hizo el mapa de lo que tenía”.

La obra emerge de un vínculo concreto: el de Leticia y Amanda, madre-hija, y a medida que transcurre, lo trasciende y ese límite queda sin efecto, nos involucra a todxs. “No quería que la obra quedara en mi historia, no me interesa cuando el material tiene un perímetro pequeño de trabajo”. Leticia entra y sale de la obra, para narrar, interrogar, hacer algún pedido concreto a las actrices y eso le da un valioso dinamismo y una cercanía con quienes espectamos. Nazarena, Blanca, Damiana, Maira y Jennifer aportan un estilo, un concepto, una rueda que no para de girar y enciende chispas de sensibilidad a su paso. “Cada una tuvo desde el primer momento una entrega absoluta, con la misma pasión, el mismo amor. En lo personal fue satisfactorio y reparador. El desafio fue actoral porque no sabíamos como actuarla, fue algo tan real que nos costaba, ¿cómo se actúa esto?”

La obra fue ganadora del segundo premio Germán Rozenmacher XV a la nueva dramaturgia y el texto fue publicado en 2023 por la Editorial Eudeba en edición trilingüe. Leticia asegura que fue un trabajo de afinación: “Una vez que nos empezamos a dar cuenta de que el material tenía que ver con el estar, con lo más cercano a la persona, ahí nuestros oídos dijeron: es por acá. El desafío fue la afinación y que el trabajo estuviese lo más cercano posible a la persona y no a la actriz”.  Estoy acá sin fin se propone ante todo ser sincera, dibujar la maternidad con trazos incompletos, irregulares, pero auténticos, dar lugar a las luces y también a las oscuridades.  Dice la obra y seguramente coincidiremos en la metáfora y en la literalidad: “Ser madre es un estallido. Ser hija también”.

Estudio Los Vidrios – Donado 2348, CABA

Domingos a las 19 hs

Reservas: estoyacasinfinobra@gmail.com

Artes

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán

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Cantante y compositora, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por hablar de criptomonedas y cuestionar al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate. Gabo Ferro, Susy Shock y la teoría de su papá, el cineasta Jorge Zuahir Jury (en la portada con Luciana), sobre cierto posible milagro.

por María del Carmen Varela

La cantante, compositora y guitarrista Luciana Jury llega a MU Trinchera Boutique. Estamos en Riobamba al 100, a una cuadra y media del Congreso y lxs jubiladxs marcharon una vez más poniendo cuerpo y corazón. Como ya se hizo costumbre, fueron empujadxs y gaseadxs por la policía. No son tiempos fáciles para quienes llevan la lucha como pancarta, levantan la voz y sacuden la cómoda apatía. Acompañada por “el Negro” –como le dice cariñosamente a su papá, Jorge Zuhair Jury– y por su guitarra, Luciana está protegida.
Llegaron desde Tortuguitas, lugar que sigue siendo refugio familiar y que ella habita desde sus tres años de vida. “Voy a ir con la guitarra, como una especie de protector, de escudo, de objeto que me ayuda para la batalla”, responde Luciana cuando le sugerimos que traiga algún instrumento para posar durante la sesión fotográfica. Este amuleto sonoro, cómplice de su voz encendida e impregnada de un tinte salvaje y filoso, no es una guitarra más. La heredó de Gabo Ferro, cantante, compositor e historiador que partió en octubre de 2020 con quien compartió amistad y escenarios. “La guitarra como fusil”, dispara Luciana.
Posa y canta, canta y posa. Ante una catarata de clicks, entona y nos regala Estamos, estarás, una de las canciones que Gabo compuso para ella y que forma parte del disco El veneno de los milagros, que grabaron juntxs en 2014 en El Calafate. Una letra que resuena con este presente: “Parece que estamos sueltos, pero esto no es libertad, es que la jaula es tan grande que parece que volás”. Para las fotos, primero se muestra con una remera pintada con el rostro de un Gabo de corbata y gomina y más tarde luce otra con la eterna sonrisa de Eva.

Revuelo en Cosquín

Durante la última semana de enero, el Festival Nacional del Folklore en Cosquín transitó sus nueve lunas. Allí fue Luciana que, entre otros temas, cantó Vuele bajo, la recordada canción de Facundo Cabral, que dice: “Dios quiera que el hombre pudiera volver / a ser niño un día para comprender / que está equivocado si piensa encontrar con una chequera la felicidad”. Luciana se permitió cambiar la letra y, en lugar de chequera, cantó “criptomoneda”. Emocionada, contó al numerosísimo público que esa noche estaría rodeada de amigxs, quienes fueron muy necesarios en “épocas durísimas del macrismo”. Siguió: “Yo necesitaba un refugio y ahora también lo necesito. Soy un desierto y necesito el agua de la diversidad, el agua de la nueva humanidad”. Entre sus músicxs amigxs estaba la artista Susy Shock, quien al pisar el escenario tomó el micrófono y se sumó a sus palabras de resistencia: “Gracias por ofrendar tu canto, que tiene memoria pero también tiene futuro. Gracias por ofrendar ese folklore abrazador de la diversidad. Somos diversidad y el folclore lo sabe. Gracias porque es un folclore que no es ningún alcahuete del poder de turno. No podrán, sepan que no podrán”.
La palabra “alcahuete”, tan clara y contundente, despertó susceptibilidades. El supuesto descontento de un sector del público, la palabra macrismo, la crítica a una realidad social intolerable provocó revuelo mediático. “Para mí la música y la poesía son un puente y mi idea es que sean un puente amoroso con el otro, con la otra. Pero en determinados momentos de la vida, de la historia, también la música y la poesía nos sirven para pararnos en el mundo y decir: ‘Yo soy esto, yo pienso esto, miro el mundo de esta manera. Y al que le gusta, le gusta y al que no le gusta puede hacer o elegir otra cosa’. En eso estamos”, propone Luciana.
Susy se despidió del escenario y Luciana continuó cantando, pero cuando preguntó si hacía un bis, parte del público se tornó hostil. “¿Todo ‘no’ me dicen?” preguntó cuando algunxs gritaron que no querían otra chacarera. La actitud era distinta de acuerdo al espacio donde la cámara se posara: gente que aplaudía siguiendo el ritmo, gente cruzada de brazos y entrecejo fruncido, más atrás bailaban, más allá cantaban y, más arriba, en el sector vip, se observaba la incomodidad entre coquetos sillones blancos mientras se comía y bebía. “No hay que darle tanta entidad al ‘no’ –dijo Luciana luego en conferencia de prensa–, démosle entidad a los que dijeron que sí. Fue una noche extraordinaria. ¿De qué me vale a mí ganarme a todo el público mintiendo? No me van a hacer torcer el brazo ni me van a hacer cambiar mi opinión porque es lo que yo siento, es mi verdad”.

De Favio a Gabo

El escenario como territorio de arte y como espacio para marcar posición. “Desde el lugar que a mí me toca como artista autogestiva, independiente, el trabajo es más artesanal. Para personas que venimos con estos modos de andar con el arte y con la música Cosquín a veces puede ser un campo de batalla. Es un escenario muy heterogéneo, con gente de todo el país y entiendo que hay gente que quiere una propuesta nueva, gente que quiere bailar y nada más que eso y está muy bien, y gente que viene a ver a su artista exclusivo de la noche. Los conciertos son como citas de amor. Nos encontramos en los centros culturales, en los espacios autogestivos, de resistencia en el conurbano, en el interior del país. Ahí nos convocamos y el público que viene me quiere escuchar y yo también quiero estar con ellos. Entonces es una cita de amor, y es precioso. Cosquín es diferente y yo estoy preparada para ese tipo de batallas”.
Después de la noche en la que Luciana y Susy levantaron polvareda, les llegó una lluvia de mensajes de apoyo. Luciana: “Adelante se escuchaba el ‘no’ y los ‘sí’ venían de atrás. ¿Por qué los sí se escucharon menos y los no se escucharon más?”. Con un pañuelo de seda adornando su cuello, su padre asiente con la cabeza. Zuhair es escritor, director de cine y autor de guiones de películas dirigidas por su hermano, el cineasta y cantante Leonardo Favio. Historias como las de Crónica de un niño solo, El romance del Aniceto y la Francisca, Gatica, el mono y Juan Moreira, fueron hitos del cine argentino forjados por esta legendaria dupla creativa. “Para mí fue una noche maravillosa –afirma Luciana–; El Negro decía que cuando escuchó a Susy cantar la canción ‘No podrán’, le parecía que después de esa repetición insistente de ‘no podrán’ iba a ocurrir un milagro, que este fascismo se iba a caer”.
Luciana y Susy se conocieron personalmente en 2018. “Yo sentía que después del 2015 íbamos a vivir un momento muy difícil. Como vengo de una familia muy politizada y tengo 51 años, sabía lo que se venía y estaba muy entristecida. Susy me trajo una luz y a partir de ahí me quise hacer amiga”. Cantaron juntas y tiempo después cada una hizo su recorrido incluyendo giras por el exterior. Luciana llevó su música a Bélgica, Suecia, Austria, Dinamarca y Alemania. “Mi anhelo es tomar la música y el canto como un camino para el encuentro con el otro y que el encuentro sea para potenciarnos. Eso me ha sucedido con Susy y también me sucedió con Gabo. Él era una persona muy curiosa y siempre estaba investigando para ver quién andaba por ahí haciendo qué cosa. Me descubrió con mi primer disco”.
Gabo le escribió a Luciana por mensaje de Facebook para proponerle cantar una canción a dúo pero… ese mensaje no fue leído por la destinataria. Tiempo después ambxs fueron invitadxs por Lisandro Aristimuño para cantar en el Gran Rex. Ahí Gabo aprovechó la ocasión para acercarse a Luciana y le dio su disco La aguja tras la máscara. Ella quedó maravillada desde la primera canción, Lo que te da terror.

“Gabo ya sabía que quería hacer canciones para mí e hizo ese disco hermoso para que lo cantara yo. Cuando terminó de coser todas esas canciones que eran vestidos uno más bello que el otro dijo ´Yo también me quiero poner ese traje porque siento que me va a quedar bien´ y cantamos juntos. ¿Cómo no íbamos a hacer ese disco a dúo?”. Zuahir: “Tenía una voz particularísima. Era más un instrumento que una persona. Una voz de una nobleza y un aroma a madera”. Luciana suspira: “Cómo le gustaría escuchar eso”.

Luciana Jury: de la criptomoneda al No podrán
Todo el arte, la convicción y el afecto de Luciana, con imagen en la remera. En la portada, con su papá, Jorge Zuhair Jury, guionista de célebres películas de Leonardo Favio como Crónica de un niño solo, Nazareno Cruz y el lobo, Juan Moreira y Gatica, el Mono. Jorge dirigió además El fantástico mundo de la María Montel, La mayoría silenciada y El largo viaje de Nehuén Pan, entre otras.

Micrófono incorporado

Luciana canta desde que tiene uso de razón. En su casa siempre hubo música y eran habituales las guitarreadas con amigxs. “Vengo de padres provincianos, tocadores de guitarra. Yo tenía mucha memoria para recordar las letras y el momento del canto era un momento feliz de mi infancia”. Al notar su habilidad con la guitarra, la estimularon para que fuera a estudiar. También hizo la carrera de locución y trabajaba con su madre en una emisora de Tortuguitas. Intentó trabajar en radios de Capital, pero no se sintió cómoda. Prefería las radios alternativas. “Me voy a dedicar a cantar”, decidió y armó un dúo de folclore con un profesor de canto y guitarra, y así arrancó su carrera artística. “Siempre me gustó el escenario, en el colegio era la primera para hacer las presentaciones de fin de año. Diría mi tío Leonardo: ‘Vino con el micrófono incorporado’. Esa frase que dice Susy: ‘Buena vida y poca vergüenza’, me representa, siempre tuve poca vergüenza”.
Describe a su familia como “muy especial, aunque todas las familias tiene sus particularidades” pero en la suya, por ejemplo, no tenían mesa familiar. Había una chiquita y cuando alguien tenía hambre, se preparaba algo y comía en esa mesa. Los cumpleaños eran muy sencillos, solo festejaban el de Luciana, y tampoco festejaban la Navidad. “Me parece que tiene que ver con una mirada distinta, de andar por el mundo sin copiar los moldes que la sociedad insiste en cumplir”. Las reuniones eran mayormente con amigxs. “Que de alguna forma no dejan de ser familia”, suma Zuahir.
Cuando su padre filmaba, Luciana y su mamá, Marta Mantello, fallecida hace un año y medio, siempre se sumaban. Eran producciones autogestivas y vecinxs y amigxs colaboraban con lo que hiciera falta. Por eso Luciana recuerda: “Hay un dicho: los pobres no tienen plata pero tienen vecinos. Tortuguitas para mí es como un útero. Quiero mucho a mis vecinos, somos una gran familia, somos comunidad y de alguna manera, nos acompañamos. Cuando me voy sé que mi papá está en comunicación con el vecino de enfrente y que ninguno de los dos se pierde de vista. ¿Qué mejor que te pase eso? Nadie se salva solo”.

Recomienda todas las películas de su padre, subidas a su canal de YouTube (@LucianaJury), y cuenta que participó cantando en una de ellas, El piano mudo, sobre la vida del pianista Miguel Angel Estrella.
Cuando la conversación refiere a las vertientes del deseo, Luciana sugiere: “Hay que hacer un análisis de lo que una realmente desea porque el deseo ha sido tomado por el capitalismo. Muchas veces deseás algo fabricado para que lo desees. Cuando es genuino, esa energía va sola. A veces el deseo es medio berreta, lo aceptás y decís: sí, es berreta, pero voy igual. Toda esa energía de placer, de disfrute está enmarcada para mí en la música, en el canto y en todo lo que trae, que son los amigos y las amigas y la gente con la que me voy encontrando en el mundo”.
Con respecto a su universo de canciones, Luciana reconoce que “no sé cuál es la canción que está por venir, pero nunca tuve límites para los géneros musicales. Mi huella es predominantemente folclórica pero canto lo que me conmueve sea del género que sea”.

Distintos escenarios fueron testigos de su versatilidad. La antológica versión que hizo en Cosquín 2018 del tema de su tío Leonardo, Ella ya me olvidó es un ejemplo. O Lola, cantada por Rafaela Carrá a la que Luciana le da una impronta tanguera. En tu pelo, cumbia interpretada por Lía Crucet convertida en dulzura y la potencia que le imprime su voz a El viaje de las partículas de Skay Beilinson. “Si la canción me sacude internamente, la hago mía. O por lo menos, lo intento. Si es una milonga o si es un rap, lo que sea, me tiene que conmover. Y si eso sucede, después se transmite”.

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Artes

Teatro para hoy con La Oso: el conurbano en escena

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Dos hermanas. La niñez en el Gran Buenos Aires, las fiestas de 15, la cumbia, los proyectos, los amores, los casamientos, la fascinación de una época. Los videos y las fotos de cada historia, en una escenografía de cajas sencilla y a la vez impactante. Todo cruzado por un femicidio, un ciclista alcohólico, un hippie y un colectivero.

Hoy a las 20 se presenta La Oso, una obra de Mariela Alejandra que logra reunir comedia, drama, su propia historia y la descripción del conurbano (las palabras y las cosas, la música, las relaciones y los sueños), en este unipersonal que habla sobre la máquina de asesinar mujeres, y sobre lo que significa el amor para sobrevivir. En MU Trinchera Boutique, Riobamba 143. Reservas por Alternativa Teatral
https://publico.alternativateatral.com/entradas92868-la-oso?o=14

Por María del Carmen Varela.

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Cine

Oíd mortales

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Este jueves se estrena Belén, la película escrita, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi basada en una historia que resume los injustos procesos que padecimos para justificar la criminalización del aborto. Qué significa recordar hoy cómo obtuvimos ese derecho. Por Claudia Acuña.

¿Escuchan?

Es la voz de la época.

Ese es el tono que sintoniza Belén, la película de Dolores Fonzi y es suya en todos los sentidos: la escribió, la dirige, la actúa, la siente y se la apropia en cada escena, con esa mirada atenta a su entorno y ese gesto de alerta siempre, sin ninguna posibilidad de relajar, porque lo que suena a su alrededor es el tic tac de una bomba social a la que nadie ahí arriba le presta atención. La realidad no será ese lugar inmutable, ya no, pero en ese palacio de la justicia tucumana su personaje –abogada, madre, esposa, creyente– es el único con las orejas atentas. Y con eso alcanza y sobra para que durante una hora y cuarenta minutos Dolores Fonzi convierta en cine aquello que nos sacudió hace apenas unos años.

Arriesgo: Belén es el equivalente a Argentina, 1985, pero feminista y contemporánea. Nos pasó a nosotras cuando hicimos Historia, hace un rato nomás.

En la película Belén es Camila Plaate y su lucimiento es uno de los tantos méritos de Fonzi-directora. Lo es también el guion, que escribió junto a Laura Paredes, su socia también en esta ficción. Ambas cualidades se evidencian especialmente en el momento más conmovedor: nada menos que la escena que resuelve toda la historia a pura actuación. La dimensión de lo que representa Fonzi como actriz puede medirse al comparar las dos películas que dirigió: Blondi y Belén son dos personajes tan diferentes porque su versatilidad es extraordinaria.

Oíd mortales

Dolores Fonzi y Laura Paredes.

Belén, en la vida, es el nombre de fantasía que ideó la abogada Soledad Deza para poder difundir sin exponerla el caso de esa mujer condenada en 2014 por un aborto espontáneo, a la que acusaron sin pruebas, sufrió tres años de cárcel y logró ser liberada por un movimiento social que sacudió todo el país y más allá: la propia Dolores Fonzi escribió a mano en una hoja el reclamo “Libertad para Belén” y lo levantó en el escenario de los Premios Platino al cine iberoamericano cuando recibió, en 2016, el galardón a la mejor actuación por su protagónico en La patota. No sabía que así nacería la idea de esta película: en la platea estaba Leticia Cristi, una de las responsables de la productora K&Z, que se interesó por la historia. Cuenta Fonzi que en aquella ceremonia realizada en Punta del Este el actor Guillermo Francella le preguntó “¿quién es Belén?”. Dirá entonces: “Ahora se va a enterar”. También cuenta que cuando la Belén real vio su historia en la pantalla tuvieron que parar la proyección para que se recuperara de la congoja que le produjo. Finalmente, sonrió: el cine también cura heridas sociales.

Pero fundamentalmente Belén son los ojos de Fonzi: su modo de ver.

Mirar es un acto político, nos advirtió John Berger.

Es arte y es contexto.

Escuchemos a Berger:

 “Si el lenguaje de las imágenes se utilizase de manera distinta, éstas adquirirían, mediante su uso, una nueva clase de poder. Podríamos empezar a definir con más precisión nuestras experiencias en campos en los que las palabras son inadecuadas: la vista llega antes que el habla. Y no sólo experiencias personales, sino también la experiencia histórica esencial de nuestra relación con el pasado: es decir, la experiencia de buscarle un significado a nuestras vidas, de intentar comprender una historia de la que podemos convertirnos en agentes activos”.

Oíd mortales

Es exactamente eso lo que nos ponen por delante Dolores Fonzi y esta Belén: aquello que necesitamos. También nos muestra que la mirada llega antes que los oídos: se escucha aquello que se mira. Escuchar la época es saber dónde mirar.

¿Escuchan?

En tiempos en que nuestra mirada está esclavizada por las pequeñas pantallas el cine nos libera de la domesticación de la imaginación. Por eso para el autoritarismo es un enemigo y para crear otras formas de ser y estar juntas, juntos, es aliento, abrazo, incentivo.

¿Escuchan?

En tiempos en los que el poder es sordo y ensordece, Belén nos grita qué hacer.

¿Escuchan?

Somos nosotras cambiando el mundo.

Derrotando la injusticia, el odio, la desigualdad.

Belén nos muestra que lo hacemos con jeans ajustados, con anteojos del sol como vincha y con nuestras hijas formulando las preguntas que nunca nos atrevimos a hacer.

¿Escuchan?

No tenemos las respuestas en la boca, sino en los pies.

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