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Los ojos no mienten

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Ojos Locos. Junto a Callejeros, son la otra banda rockera de sobrevivientes de Cromañón: fueron el grupo soporte de aquel 30 de diciembre. Pero son mucho más que eso. En esta conversación cuentan sus vivencias, trazan lo que bien podría ser un retrato de la época y revelan el compromiso que los une con quienes salieron de aquella trampa: honrar la vida.

V illa Real es tal vez el barrio más pequeño de Buenos Aires, triangular, como un corazón que late arrinconado contra la General Paz. No se sabe de qué reyes habla ese corazón, o si nombra a la realidad.
Ojos Locos sigue vivo después de la muerte. Sus integrantes son todos sobrevivientes de Cromañón que no quieren semejante etiqueta instalada en el alma. “Nosotros sobrevivimos una noche, pero ahora estamos viviendo” necesitan aclarar, como les ocurre a miles de chicos.
Junto a la sala de ensayos hay silencio. Leia, la labradora de Martín, mueve la cola después de olernos a todos como aprobando el comienzo de una charla de horas alrededor de cuál es, parafraseando una de sus canciones, la verdad en el corazón.
En los recitales que han venido dando, reúnen no menos de 1.800 personas cantando como en las marchas de Cromañón: “Escuchenlo: ni la bengala, ni el rocanrol, a nuestros pibes los mató la corrupción”. Los chicos repiten su fiesta eterna de saltos, abrazos, pogos, novias sobre los hombros y alegría. En la periferia, hay damas y caballeros maduros sacudiéndose al ritmo de Demasiado lomo.
Ojos Locos nació en 2002. Martín, que estudió piano con profesor particular y terminó el secundario como técnico electrónico, estaba trabajando como técnico en computación en una pequeña empresa, aunque en esos años de crisis densa “lo único que hacíamos era pintar el techo de la oficina”. E imaginar canciones.
Pronto se sumó Luis: “Mi batería parecía la cocina de mi vieja”. Integraba (y sigue integrando) un grupo de música celta. Tiene 29 años, y trabaja en la colchonería familiar, haciendo repartos. Luego Germán -Cherman para el público- autodidacta de la armónica, aunque desde entonces se ha dedicado a estudiar con profesor. Trabaja en una pinturería 12 horas por día, desde las 6 de la mañana. Llegó Pájaro, guitarrista y obrero de imprenta. Matute, bajista y empleado administrativo de una empresa “bajo régimen de cuasi explotación” informa Martín (por eso no estuvo en la charla). Y Juan, 20 años, estudiante de Medicina, hijo de padres médicos. “Yo sabía tres acordes y él –señala a Martín- me trajo a tocar.” Estudió guitarra, abandonó Medicina, y ganó la música: se dedica a Ojos Locos a tiempo completo, estudia música contemporánea y da clases de guitarra.
El grupo se da a conocer con sus nombres de pila y apodos. Los que crean que el autor de las canciones es Martín Martínes, deberán saber que tal apellido es apenas un seudónimo, en esta banda que trabaja y proyecta las cosas en nombre propio.
 
Lo que hay que ver
¿Por qué Ojos Locos? Martín: “Fue un juego. Fonéticamente está bueno. Y te abre a muchas cosas. Luis: “La gente come basura fuera de McDonald’s. Para ver eso y no hacer nada… no tenés que mirar”. Martín: “O tiene que ser normal para vos. Tus ojos están locos para ver eso, diciendo ¿y qué?”. Luis habla de sinceridad: “Vos estás triste y tus ojos no mienten”, pero Martín retruca: “También hay gente que tiene entrenada la mirada para estar delante de 200 diputados y decir cualquier cosa”.
En 2003 hicieron recitales donde ya llevaban 350 personas. En 2004 ya iban 900. “Lo principal para nosotros era autogestionar. No dejar que te impongan horario, sonido, cantidad de temas, sino tratar de generar nuestro propio espacio, para no despersonalizarnos” dicen. Habían hecho un demo (un disco propio) de diez canciones. Entonces, llegó el 30 de diciembre de 2004.
 
Cromañón
El saxofonista de Callejeros, y anteriormente de Viejas Locas, Juancho Carbone, había sido un invitado permanente de Ojos Locos. No integraba el grupo, pero sí su historia. Para Cromañón, aquel 30 de diciembre, Callejeros invitó a Ojos Locos como banda soporte. Ya se sabe el resto. El sueño de la noche de verano se transformó en un viaje al infierno. ¿Qué pasó?
Los chicos de Ojos Locos se miran: “Es una marca en la vida. Yo no sé si la entenderemos alguna vez en su verdadera dimensión” razona Martín. “Vos nos preguntás, y no sé que palabras decir. No puedo hablar mucho de eso” dice Luis, como si los silencios no fueran también una respuesta.
La consecuencia más directa de Cromañón para Ojos Locos fue la muerte de diez amigos, incluyendo a Diego Fernández, el padre de Pájaro, el guitarrista. Pájaro me mira. Ojos rojos. Sale. Juan, el otro guitarrista, explica: “Tocando con el grupo del momento, venían todos”. Por eso había padres, novias, hermanos, familiares.
Pájaro vuelve a la ronda. Como Germán, parece de los que prefieren escuchar. El propio Martín estuvo internado 18 días: “Perdí el conocimiento adentro, me desperté en el hospital”. Lograron salvarlo del humo negro de cianuro. Leia nos observa sin mover la cola, como si por un momento hubiéramos formado allí la banda más silenciosa de toda Villa Real.
 
Medios negocios
¿Qué pasó a partir de entonces? “Desde el primer día la opción que tomamos fue no hablar del tema de Cromañón. Nos llamaron de todos los canales de televisión, radios, revistas. En el caso de ustedes es distinto, sabemos que tienen otro modo de tocar estos temas.” Martín distingue: “Yo no creo en los medios. Son negocios. A veces a pienso que generan los hechos, los inventan”. Luis: “No les preocupa decir la verdad”.
Martín va a las marchas de los 30 por Cromañón. Pájaro no, pero tampoco las cuestiona: “Cada cual tiene su forma de sacar adelante la situación que está viviendo.” Luis cuenta que le hizo muy bien poder encontrarse con los padres: “Visitarlos, conversar, comer algo juntos. Esos contactos me fortalecieron más.” Realizaron terapias grupales e individuales. “Lo grupal fue bueno porque abrió la conversación entre todos, no que cada uno se quede en su mambo.” Mambo sería negar el problema: “No lo podés esquivar. Y encima ves a otra gente que está en pie y se moviliza… y con más razón entonces”.
Martín plantea una cuestión: “Si pensás en vos solo, y no como parte de algo colectivo, te dejás caer. Siempre en la historia de la humanidad, después de las tragedias, la forma de salir es en grupo”. Reconoce que hay chicos que se recompusieron bien, y otros siguen encerrados en aquel día. “No hablamos de estar mal en el colegio, el trabajo, la pareja: hablamos de las esencias de lo que es la vida.”
 
Mirada autocrítica
¿En esos encuentros con los familiares, hay autocrítica con respecto a los recitales, las bengalas y todo eso que angustia a los padres? “Siempre hicimos esa autocrítica. A veces no detectás el peligro, porque no ves el contexto en el que estás parado. Uno nunca podía pensar que el lugar iba a estar en esas condiciones para que la inconsciencia o algo que uno no podía prever desatara un desastre.”
Una diferencia: Callejeros parece haberse replegado con respecto a los familiares, para encarar un modo de comunicación más mediático. “Por cosas del destino, no estamos tan en el ojo de la tormenta como ellos. Buscamos otros contactos, y nos hizo muy bien. Ves a padres que están destruidos, y en otros casos los ves en pie, y te sacás el sombrero: pueden dar amor, conectarse, la verdad es que son una obligación para nosotros.” Frente a lo mediático, Ojos Locos parece considerarse a sí misma como un medio de comunicación. “Nuestro medio son nuestras canciones, las cosas que hacemos, nuestros vínculos con los familiares. Contarte que hice un disco en Mataderos Records es fácil. Pero esto otro es comunicarte en serio, o intentarlo.”
Hay padres que les cuestionaron que Juancho siguiera siendo el saxofonista eternamente invitado. Martín: “Creemos en él, sabemos que no es un asesino ni un culpable. Ésa es nuestra convicción, y por eso mismo no puedo, después de todo lo que pasó, no darme cuenta de que la vida sigue.”
 
Salto mental
Ojos Locos ha tomado la experiencia como un disparador para valorizar la vida. Martín: “La vida es como un sube y baja. Pero esto fue como un golpe (mueve las manos abruptamente: el sube y baja se derrumbó). Lo que podías esperar a los 70 años te pasó a los 16 o 17. La tuviste al lado. Eso te hace percibir todo distinto”. Juan: “Yo empecé a apreciar la relación familiar, los amigos. Muchas veces la gente es egoísta en las relaciones, y aprendés a ver y a pensar en el otro”. Pájaro: “A mí todo esto me abrió mucho. Querés conocer a más personas, y te dejás conocer. No se encuentra la felicidad, andá a saber qué es eso…”
Luis cree que los chicos que estuvieron en Cromañón han tenido que hacer un salto mental que corresponde a los 40 años o más. Habla de una especie de dolor de poder ver: “Es como si hoy te pusieran ante los ojos el mundo que el resto de la gente no ve. Puede ser como una carga. Vos dirías: quiero ver el mundo como antes, y no hacerme tanto problema. Pero pensar, tener la cabeza abierta, te trae eso”. Germán: “Yo valoro a la banda. Me ayudó mucho. Empecé a conocer más a cada uno” dice, y vuelve a callar, con la armónica en el bolsillo.
Hay una cantidad de gente aparentemente preñada de progresismo, que despotrica contra Cromañón y todas las iniciativas y reclamos que se generaron a partir de entonces. Dice Martín: “Hay progres que se piensan que la única lucha son los 30.000 desaparecidos. Otros te hablan del imperialismo, de Estados Unidos. Y yo creo que la lucha es más doméstica, y más actual. Hay personas que tienen 50 años o 60 y como militaron alguna vez, se piensan que tienen carta blanca para hablar de lo que quieran. Y la verdad es que la realidad los superó”.
Se trataría de la distinción entre sabiduría y decadencia. Ojos Locos va más allá: “Nos superó incluso a los que tenemos 25 ó 30 años. Nos comió. Así que uno de 50 ó 60 ¿qué se cree que sabe de la realidad? Hoy la cosa es día a día, y donde te quedaste, todo te pasó de largo. Como nos pasó a nosotros. Mirá lo que vivimos. Y mucho más terrorífico es cuando entendés que todo eso se debió a intereses y poderes económicos”.
 
La frontera del menemismo
Para el grupo existe una frontera generacional: “Los pibes de 2000 para acá son distintos a los de la época menemista. El que tiene 22 ó 23 no es lo mismo que el de 17 de hoy. Son esos cinco años en que este país se vino abajo. A los grandes se les pichó la burbuja, y no quieren verlo. Pero estos otros, los más pibitos, arrancaron con la burbuja pinchada. Todo mal. Frente a eso no dejan lugar a que ‘bueno, el Estado me va a asistir, a cuidar, me van a dar’. Saben que son ellos por su lado. Y nada más”. ¿Se trataría de mayor madurez en los más chicos? “Creo que sí. Cuando nosotros teníamos 17 éramos peores que los chicos de ahora”.
Juan, el guitarrista (recuérdese que tiene 20 años): “Los pibes no se engañan. Nosotros no veíamos. Pensábamos que estábamos en el sistema. Los pibes la tienen más clara, saben que todos somos parias. Muchos pibes te dicen que se ven sin futuro. Para nosotros ese vocabulario no existía…, ¿no tener futuro?”.
Acaso haya que lograr aún más sutileza para diferenciar situaciones. Martín: “El rock quedó fuera del alcance de los chicos marginales. Antes capaz que tenían acceso, y en algunos casos el rock podía ser más ‘reventado’. Pero la gente quedó metida en una olla a presión, se juega muchas veces la vida sólo por caminar las cuatro cuadras hasta tomar el bondi, cuando tiene la moneda para pagarlo. Ya no la tiene. El pibe que está con esa presión, no puede sentarse a planear un futuro, una familia. ¿Qué va a planear si se la está jugando con solo salir a la calle? ¿Qué peligro puede ver en una bengala, o que un tipo suba y les diga ‘boludos córtenla’? Todo eso es un juego, cuando todos los días boletean a uno en tu barrrio”. Un recuerdo: “Yo salía con una pibita de Varela. Barrio, barrio. Ahí bajaban uno por mes. Yo le decía: ¿no tenés miedo? Y me contestaba: ‘¿Y qué querés que haga? El día que me toca, me toca’. A la persona que está pensando que el día que le toca le toca, ¿qué le decís? ¿No tomes birra, el alcohol a largo plazo te daña? No hay largo plazo”.
 
Producir vida
La conversación siguió y siguió. Los Ojos Locos mencionaron algunos temas:
 
La cultura: “Cultura no es saber los ríos de Europa. Memorizar y no pensar. La cultura pasa por la realización que logre cada uno en su vida”.
 
El sistema: “Acá parece que te desarrollás según las cosas que tenés. Pero yo creo que las sociedades y las personas se tendrían que desarrollar por lo que son. Si vos valés por la casa, por el auto, por la ropa, no sos. Y eso genera angustia y miedo”.
 
La culpa: “La culpa de por qué yo quedé vivo… tendría que generar más culpa no honrar la vida que tenemos. Vos no decidiste lo que pasó. Lo que pasa es que muchos chicos no lo pueden ver, y no tienen una ayuda profesional. Pero más que culpa, tendrían que estar dando su testimonio para cambiar un montón de cosas”.
 
La felicidad: “No está prohibido que vos vuelvas a ser feliz. Nosotros tuvimos la suerte de la música, de tener un lugar para expresar. Los jóvenes están empujados a tantas cosas que no les dejan encontrar un lugar donde buscar su propia expresión”. (La relación entre felicidad y la propia expresión merece ser recordada).
 
La política: “De política no hablo, porque no existe” informa Martín.
 
El trabajo: “La crisis no está en el hecho mismo de trabajar en algo que no te guste 13 ó 14 horas. Sino que te sentís parte de algo que no va a ningún lado. Y el trabajo se basa en un negocio, y en pagarle mal a la gente. Si yo trabajo y gobernara gente decente, capaz que lo aguanto. Pero cuando no encontrás una realización para vos, te estás sintiendo parte de un sistema que es una mierda, y que te convierte a vos también en una mierda por pertenecer a ese sistema”.
 
El rock: “Hay un rock establishment. Las bandas desenmascaran a ese rock con limusinas, tapados de piel y alfombras rojas. La mayor convocatoria de gente en el país la mueve el rock barrial, lejos. La gente pide que seas transparente. Y honesto”.
 
Contaron también que se consideran una cooperativa. No votan, porque no quieren que nadie pierda. Prefieren usar más tiempo y decidir por consenso.
Reparten equitativamente los ingresos. Hasta ahora van empatando gastos y ganancias. “Los discos se autogestionan, los recitales también”. Lo principal flota en el aire: el deseo, el entusiasmo.
Leia vuelve a mover la cola. Los chicos cuentan que producen los discos de modo independiente. Posiblemente ésa sea la clave, y así quieran producir su propia vida, día a día, con los riesgos y la potencia que eso significa. Tal vez esa sea la verdad que ronda los sueños, los temas y los silencios que laten en Villa Real.

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