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Elogio del disparate

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Diego Capusotto y Pedro Saborido. Son los creadores del show televisivo Peter Capusotto y sus videos, un espacio que desde la pantalla de Canal 7 desafía a la televisión y sus convenciones. Una sola cámara, mínima producción y un sinfín de personajes interpretados por el mismo actor. Si ya lo vio, no hace falta explicar nada más. Excepto que detrás de escena hay toda una filosofía que sostiene un proyecto basado en hacer lo que quieren, en todos los sentidos de la palabra. En esta charla hablan en serio de todo lo que hacen y sienten: la época, la estética y la creación en tiempos donde el absurdo tiene cada vez más sentido.

La televisión abierta a veces comete errores imperdonables, fruto de la negligencia, de su omnipotencia, o de quién sabe qué otra sustancia. En esos casos puede ocurrir algo turbio e inesperado: la emisión de un buen programa, hecho que parece perpetrarse en Peter Capusotto y sus videos, un programa de rock. Algunas pistas para no iniciados en esta falla de la tv vernácula.
En el segmento Gente con la cabeza quemada por el rock un hombre reconoce que quiso matar a Felipe Solá al interpretar como mensaje satánico una canción de Paul McCartney. Ahora está cumpliendo una condena con probation como gerente de programación de Canal 13, y balbucea órdenes por teléfono: “Ponelo a Tinelli hasta las 12 y media, y después poné la de las lesbianas que crían un loro. No, no, mejor ponelo hasta la una: siempre ponelo a Tinelli”.
En otro tramo del programa, para participar en un concurso para elegir las mejores muertes del rock se solicita al público enviar un mensaje de texto que diga: “Soy un pelotudo que envía constantemente mensajes de texto”.
La sección “¡¡Qué carcajada!!” está a cargo del guitarrista de los Rolling Stones Keith Richards en diálogo con el baterista Charly Watts. Richards cuenta: “Un gallego tira biromes bic por la ventana, llega otro y le dice ¿qué estás haciendo? El gallego le contesta: aerobic”. Watts se rasca la cabeza. Luego Richards relata una conversación entre dos clítoris, sobre las malas lenguas.
Aparece un hombre entre una ventana (flotando en el cielo se ven hamburguesas y Citroens 3cv) y una pared con la foto de Evita. Lee fragmentos de un libro de Ronald Reagan, Drogas a la colonia, donde el ex presidente norteamericano postula: “Dennle un porro a los jóvenes y no se harán problemas por el capitalismo”.
Peter Capusotto es un ser de al menos dos cabezas y cuatro ojos. Peter es el guionista y productor Pedro Saborido, y su amigo Diego Capusotto es el también guionista y único actor de un programa plagado de personajes, desde Mimo Páez –mimo que suele ser sodomizado por diversas patotas y fuerzas del orden– hasta Soi Baba, gurú y maestro espiritual de rockeros adictos, que se hizo prestamista y ya es el dueño del 30% de American Express. Además se exhiben viejísimos videos que en algunos casos permiten ver en acción a olvidados grupos de rock de los 70 y 80, o también a Jimmy Hendrix, entre otros próceres.
Peter Capusotto y sus videos, un programa de rock es uno de los mejores ciclos de la actual televisión argentina, pese a que (o gracias a que) nace de pensar al revés todos los lugares comunes sobre el oficio: no tiene plata para producción, tiene calidad, el equipo lo forman unas siete personas (menos que cualquier plantel de productores del más lobotomizado de los programas), no contrata estrellas ni tiene “exteriores” (salvo esa ventana por la que también se ve flotar un chancho, o la cabeza de Jerry Lewis), y el grupo se considera a sí mismo como una experiencia de autogestión.
Diego, además, es inmune a que parte de la población observe el programa: “Hay gente que sigue los problemas de Gran Hermano, por ejemplo, pero no tenemos la intención de que ese público mire nuestro trabajo. No solamente no lo va a ver, salvo alguna cuestión fortuita, sino que a mí tampoco me interesa que lo haga”.
Pensado originalmente para cable, se transmite por Canal 7 los lunes a las 11 de la noche y va por su tercera temporada (cada una consta de doce capítulos). No tiene otra competencia que la de Bailando por un sueño y Gran Hermano. Para los beatos del rating: según la empresa que monopoliza las mediciones de los monopolios, Peter ostenta el promedio del canal, 1 ó 2 puntos. “Yo mido otra cosa –dice Saborido– que es la repercusión y el modo en que la gente habla con Diego de las cosas del programa. De todos modos si quisiéramos entrar en esa carrera del rating, no estaríamos en Canal 7”. El ciclo además ha sido instalado por sus cultores en Internet, lo que hace que todo otro universo de espectadores que no saben nada de rating pueda seguir sus capítulos en cualquier momento, para conocer, por ejemplo, la historia de Marilyn Monroe y Cabildo, cantante glam que cayó sentado sobre la máquina de humo del escenario, humo ascendente que le hizo estallar el cerebro. “Así descerebrado y en estado de coma –explica el locutor– Marilyn vuelve a triunfar con el nombre de Chayanne hasta que lo pisa un Tren de la Alegría en Flores”. Puro Marx, Groucho   (1890-1977), el norteamericano que en 18 películas cambió la historia y la inteligencia del humor.
 
Teoría sobre el placer
Diego tiene 46 años, dos hijos, trabajó en el Parakultural a fines de los 80, y en los 90, con Alfredo Casero, participó en los programas de televisión De la cabeza y Cha-cha-cha. En el 99, con Favio Alberti, Néstor Montalbano y el propio Saborido, inauguró Todo por 2 pesos, ícono de esos años de crisis que llegó a ser producido por Ideas del Sur, la empresa de Marcelo Tinelli. Pedro se había hecho conocido en los 90 por sus producciones humorísticas en Radio Mitre con Saborido y Quiroga, dúo que además fue parte del puñado de guionistas (sucediendo a César Bruto y Jordán de la Cazuela por ejemplo) de los monólogos de Tato Bores en televisión. “Nos conocimos con Capusotto en el 93, cuando empezábamos a salir con nuestras chicas” recuerda Pedro.
Lo raro de todo esto, podría pensarse, es todo esto. Diego: “Sí, es raro pertenecer a los medios, un lugar que está medio infectado, y estar haciendo un programa más bien de autogestión. Pero eso es lo interesante. Es algo que tiene que ver con un impulso creativo personal nuestro”. Capusotto no se coloca en el lugar de víctima frente a las grandes producciones: “Es que estamos colocados en un lugar de cierto placer, al hacer lo que queremos. Retomamos lo que era Todo por 2 pesos, esa cosa de juntarse para crear, convencidos de lo que estamos haciendo. No es un trabajo que estamos teniendo solo para ganarnos la vida”. El programa tuvo como uno de sus disparadores la colección de videos de rock aportada por un coleccionista amigo de Diego, Marcelo Griego Iconomidis.
Pedro agrega: “A veces la autogestión sale de la pobreza. Nosotros armamos un programa de cable (empezó a emitirse por Rock & Pop tv) con recursos mínimos. Después vino el salto a la televisión abierta, pero no medimos si lo iba a ver poca o mucha gente. Tratamos de seguir haciendo lo mejor posible sin condiciones económicas, con un equipo reducido. Con suerte somos 7 u 8 personas”.
Para entender: hay un sólo camarógrafo, y muchas veces los propios Pedro y Diego llevan cosas desde su casa para completar vestuarios o escenografías. Todo lo que no hay de recursos técnicos, se compensa con algunas colaboraciones especiales: Juan Domingo Perón, por ejemplo, explica que lleva en sus oídos la más maravillosa música y la canta a capella con voz ajada: “Vení Raquel / vení con los muchachos / vení Raquel, te vas a divertir” de Los auténticos decadentes).
Pedro: “Es una experiencia rara donde ves a un solo tipo actuando en cámara todo el tiempo, salvo alguna que otra vez donde puede aparecer uno de los técnicos del equipo para dar un apoyo” (por ejemplo, los que escuchan radiograbadores para detectar qué letras del rock son en realidad un marketing de la droga). La descripción de Pedro es la siguiente: “Es como hacer el programa en un ascensor. Tomamos la decisión de no incorporar elenco, cámaras, exteriores, sino profundizar la parte creativa. Cuando nos referimos a la autogestión es eso: no estamos dependiendo de una gran producción que nos dice qué tenemos que hacer o dejar de hacer”.
Diego ilustra la situación explicando que lo que están haciendo no es trabajar en una fábrica, sino hacer la fábrica : “Y eso nos permite tener un control sobre lo que hacemos, cosa que sería imposible en un programa donde estoy para que me paguen un sueldo a fin de mes para poder vivir. Acá estamos en el lugar que queremos estar. Y vivimos de eso, porque nadie trabaja gratis”. Pedro: “Si Diego se fuese a trabajar a una comedia en Telefé, ganaría mucho más. Pero ahí también hay una decisión: cuánto me alcanza para vivir, cuánto necesito”. Se trataría de subordinar el trabajo a la vida, y no al revés. Diego: “Sí, y entendiendo que es un lugar bastante privilegiado. Estar en un lugar tan alejado del juego principal de los medios, es un privilegio. Estás en una casita en El Tigre. ¿Preferís eso o manejar en el microcentro? Yo prefiero la casita. Y eso implica ganar una energía emocional que hace que tu trabajo perdure en esa receptividad que vamos encontrando”.
Tal vez la receptividad se deba también a servicios que presta el programa en sus espacios publicitarios, tales como el curso de guitarra por fax del profesor Roña Castro que le permitió al joven Juan Carlos Pelotudo aprenderse el riff de Humo sobre el agua de Deep Purple (34 meses) y la introducción de Confesiones de Invierno (8 meses y medio): “Ahora voy a enganchar minitas” grita Juan Carlos, que es “un joven como vos”. También hay cursos de canto por fax (a cargo de Mostaza Merlo), de pandereta (Tristán) y flauta dulce (profesor Hugo Moyano).
 
Mensajes satánicos
Capusotto está en una silla de rueditas que mueve todo el tiempo, como no queriendo fijarse a lugar alguno. Tanto él como Saborido simbolizan el desdoblamiento del humorista que en el trato personal no resulta nada chistoso. Hablan serios, y en serio. Entonces, ¿en esa idea de estar al costado, en la casita del Tigre, no hay una trampa, o un romanticismo? ¿No se hace televisión para ser visto? Capusotto mueve la silla, para explicar que este modo casi inédito de practicar el trabajo televisivo, es también una decisión profesional: “Lo que planteo no es esa cosa neurótica de encerrarnos y hacer las cosas para nosotros. Eso sería un mensaje falso porque uno quiere compartir lo que hace con el público. Pero creemos que eso hay que lograrlo con lo que nosotros proponemos hacer. Además, es falsa la lectura de que hay que estar en los canales más vistos, porque nadie te garantiza que si vos estás haciendo este programa en otro canal seas justamente más visto. O capaz que durás dos meses porque no cumplís con las expectativas que te imponen”.
Cabe imaginar los cementerios de programas descartados de canales “muy vistos”, frente a la continuidad de Peter Capusotto. “Prefiero vivir con libertad, hacer crecer el programa por lo nuestro, y no por algo externo a uno” dice Diego, que no recuerda con entusiasmo el paso de Todo por 2 pesos por Ideas del Sur: “Esa gente tiene claro que hoy hace un programa que le sirve para un determinado público, y después otro, y no le importa lo anterior. Nosotros nos pusimos tres escalones más abajo, pero hacemos lo que queremos, y es nuestro”. Quizás esos tres escalones no deban ser vistos necesariamente más abajo. Saborido lo plantea con un gesto de rechazo: “Y encima es todo con esa cosa efímera que tiene la tevé que es lamentable”.
La paradoja: lo masivo puede ser fugaz, mientras el “poco” público rescata al programa del olvido recomendándolo, pasándose grabaciones, o subiéndolo a Youtube.
Capusotto: “Me parece que la vinculación con el programa es afectiva. Por eso lo que importa es el tipo de relación con la gente que lo ve. Esto va contra el sentido comercial. Los otros programas sólo tienen una consigna, aunque la disfracen: vender. Nosotros estamos en un costadito, con gente que ve el programa, lo sigue, con el boca a boca con respecto a que merece la pena sentarse a mirarlo, cosa que no sé cuántos programas tienen. Pero todos esos éxitos dibujados, esos ‘programas que el país mira’ no tienen un nexo afectivo real con el público”.
La vinculación tiene otros alcances. Pedro cuenta que en la Facultad de Antropología utilizan a algunos de los personajes del programa para analizar tipos sociales. Tal vez sea puro esnobismo universitario, más dedicado a comentar lo que hacen otros que a investigar. El programa, en cambio, ha profundizado por su cuenta temas cruciales, como los mensajes satánicos que se escuchan al pasar ciertos discos al revés. Chiquitita, de Abba, escuchado en reversa, permite oir: “El pueblo unido jamás será vencido”. Y en Imagine, de Lennon, se reconoce esta oración: “Imagínate un mundo donde podamos matar a los pobres y a los negros, estaría buenísimo”. Capusotto concluye mirando a cámara, antropológicamente: “Tremendo, como vivir a una cuadra de Radio 10”.
 
El problema es el fernet
Ambos se reconocen viejos amantes del rock, y Saborido aclara: “Nos gustó de adolescentes, nos dio un grupo de pertenencia. algo de qué disfrazarse, sobre todo en la dictadura, mejor que ir a bailar imitando a Travolta o hacer break dance”. ¿Un lugar de rebeldía? “Por lo menos el rock te daba lugar a ver el mundo un poquito distinto, a no estar tan conforme con las cosas como son”. Pedro ha escrito para el programa: “Volveremos junto al rock y su eterno y la mayoría de las veces dormido espíritu de buscar una versión un poco más interesante de la existencia”.
¿Y hoy? “Yo no quiero bajarle línea a un chico sobre cómo ver el rock hoy, no quiero ser un tanguero, y creer que lo que uno vivió es lo válido, y lo que está viviendo el pibe es una fotocopia. Igual, me emociona que mi hijo de 9 años pueda ver en el programa a Jeff Beck o a Robin Trower. Pero está claro que el rock entró en un mecanismo de marketing y consumo que antes no existía. No hubiera existido el Quilmes rock ni el Pepsi music. No le hubiera interesado ni al rock, ni a las empresas. Antes era más claro: estaba Francis Smith, lo comercial, y del otro lado Manal. Ahora me parece que están todos trabajando en la misma zona”.
El programa describe así dicha mutación: “El rock es pararse sobre el mundo y querer cambiarlo. Es un grito de libertad frente a un sistema que busca idiotizarte. El rock le grita al mundo y al poder su verdad. El poder escucha ese grito, lo graba, saca un cd, organiza una gira, vende remeras, y espera que el rock vuelva a gritar”. Como antecedente, se denuncia el caso del tema Me gusta ese tajo (Spinetta) como jingle de campaña de las Curitas Bergoglio.
Todo el programa está atravesado por el tema de la droga y el a veces celebrado “reviente” rockero (un poco más difundido que el de los periodistas, los ingenieros de sistemas, los empleados de oenegés, y otros oficios). Capusotto: “Hay toda una cosa romántica de la droga pero a esta altura ya sabemos que drogándote también te podés convertir en el ser más pelotudo e hijo de puta. Obviamente no hay una demonización con las drogas, que considero un asunto absolutamente personal y que nosotros mismos hemos consumido. Te pueden servir para algo interesante, o convertirte en un idiota. Pero hay un rol patético del reventado. En el programa hemos hablado del glam de los 80 que era whisky, putas, cocaína y Reagan. Así como hay gente que me emociona con lo que hace, y fuma o toma cocaína. Y del otro lado tenés al otro patético, el que dice ‘ese muchacho que tomó drogas es un pelotudo’, el tipo que se siente bien diciendo que todos los demás son unos forros”.
Saborido está como imaginando un futuro guión. En el programa luego se verá al gurú Soi Baba explicando qué acontece si se mezcla droga con fernet: “No sólo ves a Dios, sino también a Abott y Costello jugando al voley con la Madre Teresa”. Un locutor anuncia que el gurú volverá la semana próxima, al término de “Acariciando a Macaya Márquez”.
 
Lo que no hace la izquierda
Las próximas elecciones no parecen desvelar la imaginación de Peter ni la de Capusotto. Diego considera: “Hay una sensación de que estamos mejor que hace cinco años y hay una oposición que se fagocita en su propio discurso. La gente no está pensando que tiene que venir uno de los que hoy aparecen como opositores a salvarnos de algo”.
Saborido: “Lo político termina siendo un mercado de espacios y de jugadores, como en el fútbol, pero para ver qué persona más o menos tiene manejo en los medios, cierto carisma. Se arman las alianzas a partir de los tipos que repercuten en los medios. Y un partido puede desaparecer si no tiene un tipo mediático. Es raro ¿no?”.
En el programa la política aparece a través de historias como la de la cgt de Hugo Moyano cuestionando a ac/dc. O la crónica sobre el traslado del cuerpo de Jim Morrison a la quinta de San Vicente, entre choques de patotas justicialistas: “Se detuvo al Gordo Emerson, Lake & Palmer, acusado de tenencia de caretas de Facundo Arana”.
También se relata una guerra interna peronista que culmina con el presidente y su señora cantando El Oso: “Vuelvo al bosque, estoy contento de verdad” dice Kirchner junto a los Fernández frente a la Catedral.
Cuando Keith Richards hace algún chiste, Capusotto puede celebrarlo gritando: “Viva el peronismo revolucionario”. Ahora, moviendo la silla de rueditas, agrega: “El peronismo es como el rock, un balbuceo de algo que ya fue”.
Uno de los espacios de Peter Capusotto es auspiciado por un pub que se promociona de la siguiente manera: “Un lugar lejos de la sensualidad, con charlas sobre el socialismo (se ve entonces la imagen de señores muy concentrados) y ni pensar en conocer a una persona del sexo opuesto. Vení a Acá sí que no se coge, el pub bolchevique que estabas buscando”. Aparece entonces la imagen de la estrella de esta semana, una chica con barba y anteojos llamada Britney Viglietti que baila y canta con ritmo tecno el clásico tema A desalambrar.
 
Lo excelso y lo masivo
Capusotto sigue oscilando en la silla, y en un dilema con respecto a las empresas de medios: “Yo no sé si los medios están bajando línea o reflejan lo que quiere la gente. Yo no les creo mucho, uno tiene que saber que lo que quieren es formar opinión. Para mí son una gran ensalada de la que no se saca nada”. Saborido: “La noticia, en lugar de informarte, es algo que te tiene que entretener, o bajar línea. En los diarios sacan como noticia lo que pasó anoche en Tinelli. La gente se convierte en niño delante de un televisor, entonces para míes lo mismo que la falopa o el alcohol. Un whisky, dos… pero una botella entera te hace mierda. Con la televisión es igual”.
Capusotto plantea casi una teoría sobre la mirada en un momento en el que la conversación viró hacia experiencias asamblearias en las provincias, las fábricas recuperadas, y las nuevas expresiones artísticas: “Hay cantidad de cosas interesantes, que tienen que ver con la pulsión y la necesidad de expresar. En el arte, en la sociedad. Y no tienen la necesidad de la mirada. Cuando empiezan a buscar la mirada de los medios, se desvirtúan. En política, tenés todos los mamarrachos que ven muy accesible llegara los medios. Les proponen: ‘decí concha, pero bien fuerte’. El tipo grita: ¡¡connnncha!! Y tiene sus 15 minutos de fama”. Saborido: “Y tenés eso de las fábricas recuperadas, las cosas que suceden en los barrios, que parece que no existieran”. Capusotto contesta “pero existen”, y luego menciona algo que merece ser recordado: “Todo lo más genuino pasa por lo que está más alejado dela mirada de los medios”. Cree, además, que conviene escaparle a las empresas de medios: “No podés prestarle atención al discurso que mezcla lo oficial y lo no oficial según la guita que se ponga, y que te manda un mensaje que –por si no te diste cuenta a esta altura– te hace perder tu vida”.
Es interesante saber lo que una persona dice, pero más interesante es saber lo que hace. ¿Cómo trabajan en Peter Capusotto? Saborido: “No hay marketing, ni miradas supervisoras. Es lo más viejo del mundo, dos tipos que nos juntamos a tomar mate o café, a tirar ideas”. Capusotto: “Para mí es fundamental además que el grupo sea fuerte, incorporar a los que hacen la escenografía (Ana y Alfonso Sierra) como parte del programa. No digo que todos hagamos todo. Yo, por ejemplo, no edito porque no sé. Pero armamos un lugar que a la vez es de todos, y donde también se puede delegar”. La palabra clave para que pueda coexistir la creatividad y la producción concreta en un grupo de trabajo, según esta visión de Diego, es confianza. “Digamos que todos son partícipes desde una cuestión amorosa, de entusiasmo y afecto. No hay dos que mandan y los demás que obedecen, sino un trabajo más conjunto”. Saborido: “Diego es coherente en su pensamiento. Podría ser un tipo muy democrático, muy de izquierda, y ser un sorete en su trato habitual con lo cual demostraría que es todo lo contrario. Pero ésta es su forma de ver el trabajo, y sí, es como una cooperativa donde buscamos una forma más feliz y democrática de ejercer un laburo”.
O sea, salieron de la carrera individual a la que parecen estar sometidos tantos artistas como Johny Ga, que casi se ahoga en su propio vómito cual Jimmy Hendrix, pero pudo salir nadando. O Jimmy Batocletti, cantante sureño marxista de Ideas del Zurdo.
O el ya célebre Luis Almirante Brown, que protagoniza el segmento Artaud para millones del programa. Temiblemente parecido a Dante Caputo (personaje del período mesozoico con ínfulas de regreso) Luis es un cantautor de indagaciones herméticas pero decidido a popularizarse. Por eso pasó de componer temas como Almas en oscuros laberintos (40 copias vendidas en 10 años) a dos Gran Rex llenos con Quién está en vena para agarrarme la berenjena.
Lo curioso de todas estas intervenciones de Capusotto y Saborido es que nunca dejan una sensación de cinismo.
Saborido: “No, acá hay una alegría de sentirse vivo y de poder reírse. Desde el cinismo nunca se construye nada, sino que cerrás y matás todo”.
Capusotto: “El programa también es una reivindicación del arte, más allá de que muchas veces nos burlemos. Y también es poder salirte de la tristeza que te hunde, y de la resignación de que trabajar en los medios sea terminar haciendo algo para Sorpresa y 1/2”.

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