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Recuperadxs ¿Qué pasa con el Bauen?

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Deudas, macrismo, pandemia y después: las razones de por qué la cooperativa del Hotel BAUEN dejó el edificio de la Avenida Callao y cambia de piel. De la expropiación vetada a la incomprensión del gobierno actual sobre el mundo autogestivo. Cómo se vivió desde adentro la decisión. Las lecciones que deja la historia viva de este símbolo de las empresas recuperadas que hoy busca reinventarse, una vez más. Por Lucas Pedulla.

Eva, presidenta de la Cooperativa, y Federico Tonarelli, vicepresidente, se funden en un abrazo al anunciar la expropiación del hotel. Luego Macri la vetó, y quedaron en un limbo judicial y en una crisis económica que la pandemia terminó de rematar. Foto: Nacho Yuchark

Esta historia no se cuenta -y, por ende, tampoco debe leerse- como una noticia, sino como parte de un proceso: trasciende temporalidades, se ubica con urgencia histórica, y se dimensiona desde la voz cansada pero firme de Federico Tonarelli.

Cansada, porque al cierre de esta edición junto a sus más de 60 compañeras y compañeros entregó las llaves del hotel que, desde su recuperación en 2003, significó uno de los símbolos para el movimiento cooperativo argentino. La comunicación provocó un sacudón por el impacto: luego de demostrar durante 17 años que el trabajo sin patrón es posible, habiendo afrontado innumerables fallos en contra, amenazas de desalojos, campañas mediáticas, una expropiación votada tardíamente por el kirchnerismo que fue vetada por el macrismo, y cuatro años de tarifazos y ajustes, comunicaron oficialmente que la pandemia había dado el golpe final: al momento de esta charla, las puertas del hotel ya estaban tapiadas. 

Firme, también, por la seguridad de lo que viene: la cooperativa sigue en pie, a su vez, como Espacio Cooperativo (donde les trabajadores conviven con La Garganta Poderosa, Revista Cítrica y El Descubridor, proyectos autogestivos que formaban parte del Hotel), en busca de nueva sede para continuar su trabajo.

Tonarelli, referente y vicepresidente de la cooperativa, dice: “Estamos golpeados, pero estamos bien. Pensamos que no nos equivocamos. Nada va a ser igual y es lógico, y pensamos que el Estado se perdió la posibilidad de recuperar ese activo de su patrimonio. Veníamos madurando la decisión en tanto veíamos los problemas que se iban acumulando, y por todo lo que representa la cooperativa, pero hay algo claro: la cooperativa sigue y va a seguir existiendo”.

El Bauen sigue de pie.

La deuda histórica

La historia y la recuperación del BAUEN fue contada en MU y en lavaca en diversas coberturas, así como lo que significó la expropiación que consiguieron en la última sesión ordinaria de Diputados de 2015, luego del triunfo de Mauricio Macri sobre Daniel Scioli. Un año después, y también en la última sesión del Senado, consiguieron la media sanción restante. Esa expropiación –establecía el proyecto- sería abonada con los créditos impagos que el grupo Mercoteles S.A. mantiene con el Estado, a partir de un préstamo oficial obtenido en 1978, en plena dictadura militar. Esa deuda permanece impaga al día de hoy: según un cálculo judicial de 2016, se monto supera en 2 ó 3 veces el valor del edificio. El entonces presidente Macri la vetó. 

Tonarelli evalúa que la demora en la expropiación durante los 12 años de kirchnerismo fue uno de los elementos para esta situación: “Logramos ganar el conflicto, pero la expropiación se votó a destiempo y se la dejamos servida a Macri para que la vetara, pero la voluntad política no depende de nosotros. Sabemos que la política tiene tiempos, situaciones, relaciones de fuerza, contextos, que confluyen en una decisión politica. Sabemos que a veces eso juega en contra. Y que es insuficiente”. 

¿Sobre todo si se extiende 12 años?

Sabemos que lo que no decidís y no llevás adelante en el momento debido termina volviéndose en contra: acá se nos volvió en contra. Tuvimos que optar por la salud física y mental de los compañeros, por la situación económica personal y familiar de ellos, en el medio de una pandemia que afectó los tres rubros principales en los cuales se sostenía nuestro trabajo: hotelería, gastronomía y espectáculos. Sin perspectiva como mínimo hasta el año próximo, con gastos fijos imposibles de sostener con cero: desde el 20 de marzo no tenemos un solo ingreso. La cooperativa distibuyó todo su excedente acumulado entre sus miembros, y eso alcanzó hasta mayo.

Foto: Lina Etchesuri

El huracán

Tonarelli explica algunos elementos para entender un huracán:

“Teníamos 10 millones de pesos en deudas entre proveedores, servicios e impuestos. Una empresa cooperativa sin ingresos desde el 20 de marzo, que no recibió pasajeros con Covid como otros hoteles, generando deudas millonarios y teniendo a sus trabajadores en una situación límite, era explosivo”.

¿Por qué no recibieron pasajeros con covid? “De la Ciudad no esperábamos nada, porque el enfrentamiento con el macrismo es histórico. El larretismo nos clausuró 6 meses en 2019. Ya el giro comercial venía muy afectado. Algunas clausuras eran ligadas a la propiedad del edificio, con la expropiación vetada. Y de Nación suponemos que no les fue necesario recurrir a las 350 plazas en pleno centro porque en provincia se acomodaron con Tecnópolis. A los hoteles que recibieron se les abonó una tarifa menor a los 3 estrellas que somos nosotros, pero claramente fue un monto que que los ayudó”.

“Solo en el sector hotelero, cerraron una 1.100 agencias. Un dato era que en mayo nos empezaron a levantar las reservas del año próximo. Toda una señal”.

La arquitectura de asistencia tampoco contempló a las cooperativas: mientras el Estado se hizo cargo de hasta dos salarios mínimo de trabajadores de empresas privadas con el Programa ATP (Asistencia de Trabajo y la Producción), las cooperativas de trabajo sobrevivieron con la Línea 1 (dos meses de $6.500, dos de $16.500 y otro de $9000), Potenciar Trabajo ($8.500) o IFE ($10.000). Los programas no se complementan y no todos lo cobran, porque es según el “grado de vulnerabilidad” del trabajador. Tonarelli: “Un trabajador gastronómico asalariado cobró hasta dos salarios mínimo mientras que otro asociado a una cooperativa sólo $6500. Hay una disociación: pymes muy nobles que generan trabajo para 10 compañeros, mientras hay recuperadas que tienen 250”.

Tonarelli concluye: “Sin perspectiva de un cuarto IFE, sin Línea 1, estamos virtualmente sin ingresos. Es insostenible. A todo esto, si hubiera estado resuelta la propiedad, hasta nos podemos permitir bajar la persiana y, cuando se acomoda, reabrir. En esta situación era imposible. Soltarle la mano al edificio era hacer sobrevivir a la cooperativa, sabiendo el carácter simbólico y que era una lucha de años de miles de compañeros y compañeras, pero la situación nos obligaba a pensar un poco más en nosotros y menos en el edificio. El edificio nos estaba llevando puestos”.

A fines de agosto, la decisión ya era un hecho.

Foto: Lina Etchesuri

Hay proyecto

Tonarelli destaca que, a diferencia de otros gobiernos, este año hay “compañeros y compañeras del movimiento” en responsabilidaes de Estado: algunxs dentro de la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas (Ministerio de Desarrollo Social) y otrxs dentro del INAES (Ministerio de Desarrollo Productivo). “Pero allí jugó un rol horrible la pandemia, porque direccionó la energía y presupuesto a cuestiones ligadas a salud. Y así como te digo que se estaba laburando bien, en algunos sectores todavía no se entiende lo que hacemos nosotros en la medida en que se debería entender”.

¿En qué sentido?

Hay una mirada binaria del mundo del trabajo: el trabajo es asalariado o es autónomo. Y no se comprende que hay una tercera variante del trabajo asociada a cooperativas. Un ejemplo es lo del ATP. Está como marginado, ligado a una “rueda de auxilio”. Es más: muchos consideran que es una “situación transitoria”. Es decir: me quedo sin laburo, quebró la empresa, armo la cooperativa, y estoy en un tránsito hasta tanto la situación se recomponga y me reinserte con alguien que me emplee nuevamente. Turismo también tuvo líneas de asistencia durante la pandemia, pero no contempla a las cooperativas. Si entrás, es porque sos monotributista. Y las cooperativas somos lo contrario: no es trabajo autónomo, es colectivo. Estas discusiones son las que empezábamos a planear, pero apareció la pandemia.

Allí también aparecen los 12 años del kirchnerismo. En cada brindis y en cada acción por el BAUEN, había sindicatos, centrales sindicales, diputados oficiales. ¿Qué sensación te queda?

El sabor amargo de pensar que no se solucionó un tema para la cooperativa ni para el Estado. La cooperativa cumplía el rol de garante para que el Estado recuperase ese activo. Se perdió la posibilidad de construir alrededor del hotel un sinnúmero de cosas. No era un regalo: era recuperar el activo, cederlo en comodato, construir una escuela de cooperativismo, legalizar la gestión de la cooperativa. Había gente que venía a preguntar cómo se armaba una cooperativa: nosotros los mandábamos al INAES. La centralidad que tenía el hotel en la Ciudad permitía que el desarrollo fuera más sencillo. Creo que políticamente fue desaprovechado.

¿Por qué pensás?

Una mezcla de todo. Por un lado, esto de ver al cooperativismo como algo transitorio, producto de la crisis, algo marginal. Luego, también fue desaprovechado porque el BAUEN era un caso testigo de situaciones similares, una señal al empresariado parasitario. El ejemplo más bestial es Vicentín: 26 créditos entregados en un mes, a razón de más de uno por día. El BAUEN era una muestra pequeña de una práctica similar que se repite, como mínimo, hace 40 o 50 años. En algún momento, más allá de nosotros, hay que sentarse a generar las condiciones para que eso no ocurra más.

¿Qué reflexiones deja esta situación al interior del movimiento?

Algunos no comprenden la medida, porque tampoco tienen todo este contexto. ¿Es un golpazo para el movimiento? Sí, pero hubiera sido peor con una salida de desbande general, con desastre económico, que la cosa agonice y lentamente deje de ser. Pero seguimos funcionando, la administración sigue y buscamos cómo reconvertirnos. Muchas recuperadas lo hicieron. Sabemos que donde vayamos no va a ser lo mismo, con 7 salones, pileta, el espacio, pero sí seguiremos siendo los mismos nosotros. Por eso no se puede hacer un análisis lineal. A veces hay que tomar decisiones dolorosas. Así como algunas revistas dejan de salir y surge una segunda época, nosotros también.

¿Qué se viene en esa época?

Lo importante es que se modifique la preponderancia de una actividad sobre otras. Al tener 200 habitaciones eras un hotel, con gastronomía y espectáculos. Quizá se invierta ahora más en lo gastrónomico y cultural. El inmueble va a marcar bien la tendencia. Y estaremos todos juntos: La Poderosa, Cítrica y El Descubridor. El otro día recordaba una canción de Los Abuelos: “No desesperen locos, todo va a andar bien. Ninguna bala parará este tren”. Los últimos 20 días estuvimos más nosotros dándoles ánimos a otros. No hay una cosa depre, de tristeza absoluta. Sí un duelo que está elaborando cada uno. Ver el hotel tapiado, pega. Pero estaríamos más jodidos si no hubiera proyecto.

Pero hay.

Está lleno de proyectos. Después de perder a un ser querido, quedarte sin laburo es lo peor que le puede pasar a un trabajador. Lo desordena, lo hace pensar que hizo las cosas mal, que no está en condiciones de ser algo, lo hace sentir culpable. Esa es otra de las hijaputeces del neoliberalismo: al trabajador lo hace sentir culpable del fracaso, lo hace responsable de su desgracia laboral. Si a eso, que es muy bravo, le agregás no tener proyecto, es horrible. Te hace estallar la familia. Te explota la vida. Pero, cuando tenés proyecto, aun en medio del fango, todo manchado, decís: “Es para allá”. Como esa cosa de la utopía, inalcanzable, pero que te permite seguir caminando. Acá tenemos proyecto.  Eso nos permitió salir del hotel, porque, si no, la ola nos tapaba. Fue la clave para soltar.

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Un lugar en el mundo. Alpa Corral, Córdoba, después de los incendios

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En un pueblo serrano, reserva de bosque nativo, conviven las lógicas, estrategias y responsabilidades que grafican qué enciende y quién apaga los fuegos. Las particularidades y las sospechas. La organización y el rebrote. Lo que se pierde y lo que se revela cuando las llamas rodean.

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Chubut contra la megaminería: la rebelión del NO

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La situación de Chubut empeora minuto a minuto con la decisión del gobierno provincial y la presión nacional por aprobar la minería a cielo abierto pese al rechaza y la falta de licencia social. Es uno de los conflictos sociales más impactantes de la época. Ante una nueva avanzada de la minería en una provincia rica pero fundida por la clase política, las comunidades se movilizan planteando que no hay licencia social para las falsas soluciones que promueven las corporaciones, el gobierno provincial y el nacional. Todos los ”Sí” de Chubut: democracia genuina, agua, trabajo digno, naturaleza, bienes comunes, salud, defensa de la vida y de otros modos de producción.

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Tulliworld: abusos y percepciones

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Por Nancy Aruzza

“El discapacitado se abusa” es una afirmación que suelo hacer. A partir del momento en que empecé a formar parte ostensiblemente de la legión tullida, empecé a observar con detenimiento el comportamiento de otres tullides. Antes, sospecho que les ignoraba como buena bípeda normal que era.

La persona tullida suele estar convencida de que nadie ha sufrido tanto como ella; entonces, con esa convicción, se maneja con cierta impunidad en algunas situaciones. Claramente, el entorno  familiar, primero, y el social después aceptan con indulgencia el abuso pensando, en muchas ocasiones, “qué le voy a decir si mirá cómo está…”

Ejemplo clásico: si estoy en una fila aguardando a ser atendida habrá siempre alguien que intentará obligarme a pasar primero. Ante mi negativa, generalmente se dirá con vehemencia: “¡Pero es tu derecho!”. Y yo responderé: “Es mi derecho pero no es mi obligación”, con una sonrisa forzada.

Por supuesto ha habido quienes me han querido ceder el lugar con sincera amabilidad y han aceptado tranquilamente mi agradecimiento y mi negativa.

Pero siempre está el representante del ejército de la buena conciencia (en mi experiencia, siempre varones cis de más de 40 años) que no conciben la posibilidad de que me rehúse.

El factor sorpresa también actúa, claro. Quizá la mayor parte de les tullides aceptan con gusto suprimir la espera aunque tengan la misma posibilidad que el resto de aguardar pacientemente. Y ahí es cuando se activa eso de “estoy tullide y sólo por eso merezco pleistesía” por un lado y el ya mentado “qué le voy a decir si mirá cómo está…”, por el otro.

Ambas actitudes me colman de hartazgo. Ciertas estrategias de manipulación no son sólo propias de les tullides, claro, pero cada quien haga su lista como tarea.

Atravesar situaciones complejas, incluso dolorosas y traumáticas, no necesariamente nos convierten en humanes maravilloses, mejores que aquelles que no han atravesado lo mismo.

Intentar sacar ventaja jugando con la lastimosa percepción que puede existir sobre nosotres sólo logrará que esa percepción se perpetúe.

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LA ÚLTIMA MU. Crecer, crear, cooperar

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