Cámara y acción. Cartelera feminista

Un grupo de directorxs y productorxs se organiza para potenciar películas filmadas por mujeres y personas no binarias. El resultado es una red que no para de crecer y que amplía las posibilidades de hacer, filmar y mirar. Por Néstor Saracho.

Cartelera Feminista es unx colectivx autogestivx, autoconvocadx y abiertx que busca apoyar, promover y difundir el cine de mujeres y disidencias. La definición parece sencilla, pero la propuesta es revolucionaria: realiza una corte específico sobre la producción audiovisual, y propone una forma de impulsarla que tiene jugando en equipo a distintas directoras y productoras de la industria. 

La formación actual está compuesta por Valeria Pivato, Sabrina Blanco, Valentina Llorens, Ana Piterbarg, Marilina Giménez, Macarena GarcÍa Lenzi, Amparo Aguilar, Ana García Blaya, Josefina Recio, Vanesa Pagani, Valeria Tucci, Natalia de la Vega, Lucía Vassallo, Karina Sama, Susana Nieri, Luciana Bilotti, Carolina Álvarez, Alejandra Marino, Laura Casabe, Maura Del Pero, Mercedes Moreira y Cecilia del Valle.  Juntas eligen trazar en esta nota una voz colectiva para contar todo lo que encarna una Cartelera Feminista.

Pantallas organizadas

En diciembre de 2019 sucedió algo inédito: en las carteleras de los cines había una cantidad mayor a la habitual de películas dirigidas y producidas por mujeres y personas no binarias. “Acá está pasando algo”, pensaron y dijeron esas y otras directoras, que veían cómo comenzaban a germinar los brotes de una Cartelera Feminista. “La motivación fue que la gente viera esas películas, que sepan que hay mujeres y disidencias haciendo películas, para que luego puedan descubrir otras”, cuentan a  MU la idea que surgió para aprovechar el envión. 

La organización comenzó, no casualmente, en plena pandemia y por whatsapp: “¿Alguien quiere mandarle un mensajito a quienes todavía no se sumaron?”, sugirieron en un chat de pocxs que se transformó en muchxs. Este fue el pie para que se sumaran más directorxs y siguiera una creciente organización en comisiones a través, claro, de más grupos de whatsapp. Toda una organización virtual detrás de las pantallas grandes.

Por un lado, la comisión “distribución” busca ciclos donde programar la exhibición de las películas. Detallan: “Siempre el eje fue visibilizar las películas, de las cuales muchas eran óperas primas. Tenemos un problema que es la distribución en Argentina, que cuando estrenás, con suerte quedás una semana en el espacio del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, Cine Gaumont, en Cine.ar y cumpliste con el círculo administrativo del INCAA… Está bueno buscar canales de distribución y nos dimos cuenta de que juntándonos ejercíamos mucha más fuerza que haciéndolo por separado”.

Ese lema puede llevarse también al espíritu del grupo “Distribución”, que trama cómo llegar a ciclos online, proyecciones presenciales y hasta en autocines: “Si alguien tiene un contacto, se pregunta y si no lo hay, se va averiguando. Se arrancó muy fuerte con pensar la distribución en plena pandemia y ahora está estallando lo que no se pudo hacer el año pandémico pasado. Ahora vamos teniendo otros objetivos y estamos viendo cómo crecer porque después de un año ya es mucho más sólida la estructura que tenemos, ya sabemos cómo nos llevamos y no quedarnos con que solo busquemos mostrar nuestras películas. Todas trabajamos en pos de las películas de todas: no se trata de competir por las audiencias”.

Cine vivo

Este equipo transfeminista juega para poder darles mayor proyección a las películas, y de esa forma intentar ajustar los números que permiten vivir y seguir produciendo cine. ¿Cómo se generan recursos con el cine independiente? Dicen lxs Cartelera: “Dentro de lo que es el audiovisual somos disidencias, somos minorías las mujeres y disidencias que hacemos cine. Estamos en la palestra de las dos cosas: que si el arte te da placer, no tiene por qué ser pago y que encima somos minoría, casi que tenemos que dar gracias a que tenemos una pantalla de exhibición. Nuestra forma de cobrar por nuestro trabajo es que nos paguen por exhibir las películas. No solo hacer valer nuestro trabajo sino también hacer crecer lo que es Cartelera Feminista, porque eso ayuda a que esa misma estructura que se va generando, se va ampliando a partir de eso que se va recolectando”. 

Un ejemplo concreto de autogestión cartelera: “Por ejemplo hacer un catálogo y nosotras no precarizar a la diseñadora gráfica, tener una community manager y pagarle. Tenemos nuestros gastos y no queremos replicar esa misma situación que no nos gusta”.

Durante la pandemia Cartelera Feminista organizó varios ciclos por instagram o vivos donde se discutían aspectos en común entre dos o tres películas, cruzando públicos para multiplicar intereses. Proyectaron también estrenos que cayeron en plena pandemia: “Nacimos para promocionar películas y nos fuimos adaptando, cambiando y dándonos cuenta de que seguimos por otra cosa, no solo por una película que tenemos ahora en un ciclo: es algo más”.

¿Qué más? A partir de la reflexión permanente (existe un grupo de whatsapp “Reflexión”) de este contexto atípico y lo que viene, se construyen en vivo: “Nacimos de la coyuntura, muy crudamente, pero ya estamos en un proceso donde empiezan a aparecer otras cosas, como por ejemplo, cómo atraviesa este espacio nuestras siguientes películas. A partir de ser un espacio que te permite preguntarte qué significa mirar de otra manera o qué cosas queremos cuestionar desde la mirada nos vamos acompañando en las películas que siguen”.

Los brotes continúan entrelazándose: “Empezamos a compartir desarrollos de proyectos próximos y a colaborar entre nosotras. Entre algunas integrantes que se juntaron para producir juntas, para colaborar en los  guiones de una compañera o compartir un desarrollo de guión y todas colaboran, opinan, suman”.  

Otras reglas

La industria del cine fue una de las que alimentaron la visibilización de la violencia machista, a partir de los abusos que se destaparon en Hollywood con una serie de confesiones organizadas bajo el sello del “Mee too”. En Latinoamérica, versiones menos publicitadas tienen por ejemplo a la reciente desvinculación de uno de los directores del Festival Transcinema de Perú por sus prácticas de abuso de poder. En Argentina, las Cartelera Feminista analizan: “El cine no está exento a la realidad y las violencias que viven las mujeres, disidencias y lesbianas. Salen a la luz diferentes cosas por año y ahora mucho más, también porque nos animamos a decirlo. Existe desde siempre y muchas veces nos callamos… hay una cuestión de ‘no lo digo porque después no me llaman más’, ‘no lo digo porque no me van a convocar más’. Los feminismos cambiamos el paradigma de lo admisible y lo inadmisible”. 

En el espíritu de discusiones intra Cartelera, más allá de este tipo de violencias específicas, lo que está claro es que piensan a todo el arte como  un sistema de legitimación en el cual están creando sus propias reglas: “Lo que vende, lo que tranza es la legitimación”, definen. “Combatimos ese poder centralizado, patriarcal y masculino, sencillamente produciendo otros circuitos de legitimación y otra forma de circulación del poder”.

Todo indica que esa dispersión del poder hará que la Cartelera, por suerte, siga creciendo.

Ésta nota la hicimos gracias a nuestrxs cómplices.
Suscribite desde $250 por mes.

0:00
0:00