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El contagio. Presentación de Agroecología: el futuro llegó

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Fue una presentación a la vez presencial y virtual del libro (editado por lavaca, escrito por Sergio Ciancaglini) que reunió experiencias emblemáticas en agroecología de Guadalupe Norte, Guaminí, Lincoln, Gualeguaychú, Bolívar, Trenque Lauquen, y de la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra, entre otras. Algunos apuntes de esas voces: producción, alimentación, nuevos caminos, creatividad, economía, transiciones, transformaciones y re-evoluciones. 

La presentación fue virtual y presencial. En MU Trinchera Boutique, el público e integrantes de la UTT. Y desde distintos puntos del país, se sumaron más protagonistas del libro: testimonios para contagiar otra forma de vivir y producir. Fotos: Martina Perosa

Naturaleza Viva – Guadalupe Norte, Santa Fe. Uno de los campos pioneros de la agroecología en el país. 

Irmina Kleimer: “Muchos años han pasado desde nuestros inicios, allá por 1987, cuando teníamos más claro lo que no queríamos para nosotros y el campo que hacia dónde íbamos a caminar. En ese andar recibimos muchas pálidas de importantes técnicos de la zona, y de productores que eran considerados de punta, los más grandes y exitosos, que nos desalentaban diciéndonos que lo que hacíamos no iba a andar. Sin embargo, seguimos para adelante, empujando, concretando ideas, y nos sentíamos muy felices porque estábamos siendo protagonistas y sujetos de un cambio que veníamos trabajando a favor de la vida, con la vida, y eso nos hacía sentir muy bien, en contraposición a otro modelo que contaminaba agua, tierra, suelo y alimentos. En ese andar también se dio el contacto con otros productores que estaban a distancia nuestra: Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Brasil, Cuba. Eso nos seguía dando fuerza porque nos mostraban que algo grande estaba sucediendo ya no a nivel local, sino a nivel global, respecto de que el modelo que se estaba llevando adelante no era el correcto y que había que construir otro camino. Sabíamos perfectamente que no íbamos a hacer el cambio nosotros solos. Y hoy a Sergio se le ocurre hacer un viaje simbólico para ir uniendo todas estas experiencias. Encontrarnos acá es hermoso. Y me encantó que en ese viaje fue hilando profundo, encontrando la motivación que tenía cada uno de llevar esos emprendimientos, tanto desde lo económico como de tipo filosófico, de fondo. Nos quedará pendiente, ahora que tenemos este viaje, ir encontrando los grandes temas que quedan pendientes a resolver: el hambre en Argentina y en el mundo, cómo sostener y cultivar una tierra cada vez más fértil, el acceso a quienes quieren producir, la comerialización. Esa es mi inquietud”.

Remo Vénica: “No es solo un libro, es una gran semilla que se va a multiplicar y va a crecer, no solo en la Argentina, sino en América Latina, y por qué no hablar del planeta Tierra. Nos va a posibilitar ir hacia este gran sueño que decíamos en Gualeguaychú, hace dos años, cuando planteamos una Argentina libre de agrotóxicos en 2025. Creo que ese es el camino porque ya se están dando cuenta los sectores que están contaminando, hiriendo a la Pachamama, que cada vez es más problemático continuar con ese sistema. El libro va a abrir más estas posibilidades de debate, pero tenemos que repensar cómo enfrentar esta gran apertura y este nacimiento enorme de miles y miles de familias campesinas, pueblos originarios, que están despertando hacia este nuevo amanecer. Nos queda pendiente discutir y plantear con mayor profundidad cómo va a ser esta nueva ruralidad. Es una gran revolución la que se viene, y una gran re-evolución, pero tenemos que ejecutar esa manera de resolver todas las problemáticas en la comunidad: tambo, quesería, fábrica de alimentos balanceados, almacenamiento de granos de forma comunitaria. Estamos caminando juntos hacia un horizonte de felicidad y transformación socioeconómica y política de todo en la Argentina”.

Sergio Ciancaglini

Guaminí, Buenos Aires. Municipio incorporado a la RENAMA (Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología)

Marcelo Schwerdt: “Remo e Irmina nos hacían soñar con esa ruralidad que hoy nos apasiona y nos hace dejar todo en el territorio. Guaminí fue el puntapié de un Estado municipal generando políticas para acompañar esa transición a la agroecología. Nuestro grupo nace en medio de un proceso muy dilatado de querer sacar una ordenanza de regulación de agroquímicos y en el medio nos encontramos con estos grandes procesos de la agroecología. Remo e Irmina nos hicieron dejar ese enredo de ordenanza y agarramos por la autopista del buen vivir y la felicidad, que es la agroecología: generar trabajo, un ambiente mucho más sano, alimentos locales. Mucho se habla en discursos de soberanía alimentaria, pero la soberanía alimentaria se construye día a día en los territorios. En 2014, después de visitar La Aurora (en Benito Juárez, de la mano de Juan Kiehr), nos convencimos de que era el rumbo. A poquito de andar creamos la Semana de la Agroecología, que después fue el mes, y en el 2016 creamos con organizaciones no gubernamentales y vecinos autoconvocados la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología, que en cinco años reunió 100 mil hectáreas con más de 200 productores. Y uno de los lindos indicadores es el logro de estar estableciendo ordenanzas municipales, leyes provinciales y nacionales, para dar más herramientas para que esa transición no sea dolorosa. La agroecología no solo es viable sino que es el futuro que ya llegó. Es presente”.

Clara Alberdi, desde Coronel Suárez, partido vecino: “La agroecología es un viejo nuevo camino de sanación de restaurar el amor como paradigma, el ser solidario, el ayudarnos, el contenernos. Hoy estoy militando otras transiciones dentro de lo que es la agroecología: militar el feminismo en el ámbito rural, recapitular la posibilidad de cultivar alimentos, dejar de ser crueles con los animales. Ver de qué manera podemos hacer que eso sea un camino verdaderamente amoroso”.

Norman Brest, junto a Cecilia Agner, desde Guaminí: “Vengo del ámbito de la industria. Trabajaba en una central nuclear y decidimos emprender un cambio de 180 grados y venir a ver de qué se trataba el campo. En esa búsqueda me encuentro con la agricultura biodinámica. Un día partimos a Guadalupe Norte, con Remo e Irmina, y nos voló la cabeza. Cuando fuimos a La Aurora, toda esa información cayó de golpe: ese es el camino y la felicidad que buscábamos. Acá se seguía fumigando hasta que apareció Marcelo con Eduardo Cerdá. De esas tímidas 18 hectáreas que teníamos pasamos a la agroecología y desde 2015 trabajamos sin insumos químicos de ninguna índole. No hemos parado de recolectar satisfacciones. Es fantástico y un camino de no retorno. Es solo de ida. Nos cambió la vida. El campo es totalmente otra cosa. Lo que se buscó fue vivir mejor, nunca lo hicimos por una cuestión económica, pero viene por añadidura porque nos va mejor que antes. El miedo que pretenden imponer de que te va a ir mal, no es así”. 

Lincoln, Buenos Aires, donde 36 productores y 12 ingenierxs agrónomxs que abarcan 12.000 hectáreas se volcaron a la agroecología

Mabel Vesco y Paz Passone: “Nuestra cabeza se voló cuando fuimos a Guaminí. Nos terminó de hacer el cambio. No hemos puesto más fertilizantes ni herbicidas, aunque nuestro entorno sigue trabajando de la otra manera. El grupo de Lincoln fue contagiando en las localidades aledañas a otros productores, a otros equipos técnicos que también van acompañando a las personas que quieren transitar esta transición”.

Damián Petovello: “Estudié Agronomía en la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la UNLP. Ahí conocí a un gran amigo que me regaló la vida, Facundo Alvira. Salí de la facultad como tantos otros agrónomos con el chip del productivismo, del individualismo, de la competencia a ver quién producía más, quien era más eficiente combatiendo todo, como si fuera una guerra contra la naturaleza, contra las personas, contra el ambiente. En fin, una guerra. Nada bueno viene de eso. Me desempeñé mucho tiempo primero como asesor privado y luego brindando servicios como consultor externo de algunas compañías, evaluaba todo tipo de pesticidas previo a la salida al mercado, para que luego las compañías trabajen en su posicionamiento. Como tantos otros multiplicábamos con nuestra opinión y nuestros quehaceres en este mundo hipócrita y careta, ganándonos mucho respeto haciendo cosas que hoy puedo decir que no estaban bien. Como consultor externo trabajé para multinacionales, la última fue con la Bayer y era miembro del asesor master. Asesorábamos campos, gente privada y desarrollábamos productos que mucha gente aplicaba porque nosotros decíamos que funcionaban. Me comenzó a embargar cierta angustia y tristeza porque no sabía qué me pasaba y era difícil de explicar. Y un día se terminó de definir: estudiamos por ese vínculo y amor que teníamos con la naturaleza y de repente comprendí en mi caso que estaba haciendo todo lo posible para destruirla. Vengo de una familia de no muchos recursos y el sistema me ofreció algo que muchos creen que es la solución. Pero cuando comprendí, decidí un cambio en la vida y abandoné todo eso. Le dije a Facundo que hasta acá llegaba, y me dijo: ‘No, pará, estamos en algo muy parecido’. Y a partir de ahí entramos el mundo de lo agroecología con el proyecto Tekoporá: yo en Lincoln, Facundo en Trenque Lauquen . Para aquellos que están escuchando y no lo tienen en claro, está bueno que entendamos que la agroecología no es un sistema productivo, no es producir sin venenos, es recuperar nuestros conocimientos culturales, aprender, escuchar, leer.  Decimos que no transmitimos conocimientos sino que aprendemos con otros. Esto no se termina de aprender jamás: eso es lo bueno y lo maravilloso”.

Trenque Lauquen, Buenos Aires.
Los paraísos en peligro y la agroecología comprendida como nuevo modelo, y filosofía de vida

Patricia Domínguez: “Llegamos con mis padres en el 93 con un proyecto de agricultura orgánica cuando no estaba certificada como palabrita. En ese entonces empezamos a ver que los árboles del pueblo, los paraísos por ejemplo, se quemaban, y que empezaba a pasar algo en las huertas, y eran las fumigaciones que pasaban por arriba de todos nosotros sin respetar si estás en el campo, en una escuelita rural, en un pueblo. Siempre somos afectados. Por eso somos parte de un colectivo que se llama Vecinxs Autoconvocadxs por la Salud Ambiental. Todos conocemos los casos de gente que ha sufrido enfermedades a raíz de este modelo. Es la perversión de ese modo de producción que no ama, que enferma, y convivimos con la enfermedad en nuestros cuerpos y en la naturaleza. Y este es nuestro territorio, nuestro hábitat. Nos gusta vivir acá y sabemos que tenemos que convivir con esa otra realidad, y a la vez hacer todo lo necesario para transformarla”.

Facundo Alvira (socio de Damián Petovello): “En 2012 inicié una huerta orgánica de 20×20 porque sentíamos la necesidad de tener nuestros propios alimentos, porque lo que consumíamos ya no eran alimentos, no sólo porque tienen trazas de principios activos o drogas y residuos de pesticidas, sino porque no tienen nutrientes. Yo trabajé en empresas del agronegocio, o sea que sé de lo que se trata y decidimos buscar otro horizonte. En agroecología hablamos de salud integral. Parafraseando al chileno Humberto Maturana, es la biología del amor, ni más ni menos que trabajar en armonía con la naturaleza. Es una filosofía de vida. Así empezó toda la posibilidad de repensar dónde irnos, si abandonamos la profesión que había detrás. Y estaban Irmina y Remo en el norte, Juan Kiehr en La Aurora. Ellos permitieron ser el disparador reflexivo y trabajar en armonía con la naturaleza mientras se restaura la salud del suelo. Hay un montón de ejemplos. Nuestra razón de ser de Tekopra es producir alimentos sanos, densos en nutrientes”.

La Primavera, Bolívar 

Amadeo Riva: “El libro me permitió viajar a través de las páginas. En mi caso entré por la ventana a la transición: no me cerraban los números y un día pensé que estaba haciendo siempre lo mismo, gastando más y rindiendo lo mismo. El horizonte del campo se me estaba bajando. Fui a los mismos lugares que aquí dicen que les rompieron la cabeza. Pensé que no era el único loco, que había otros. Entonces en un campo de 1.200 hectáreas, donde usaba en ese momento de 9.000 a 13.000 litros de herbicida por año, empecé una transición donde hoy casi ni uso. Reduje el 90%. Y otra cosa que me pegó muy fuerte fue mi transformación: empecé a ver la vida, el horizonte. Dejé de tirar herbicida y empezaron a crecer los árboles. Alrededor los vecinos decían que estaba perdido. Pero de a poquito la gente me fue imitando. Mucha gente de la zona quiere saber qué estoy haciendo para poder hacerlo ellos también”. 

Gualeguaychú, Entre Ríos, y el Programa de Alimentación Sana, Segura y Soberana (PASS). 

Rubén “Kika” Kneeteman: “Tantos años de lucha, ya desde fines de los 90, tantos años de denuncias, pensando si era por el lado de justicia, por los metros para correr la frontera de los venenos, por el lado de las ordenanzas. Después de tantos años, la resistencia tiene un lugar de dignidad, pero esto es mucho más lindo porque el alimento nos une y es la solución para todos. Es producir de otra manera. Este libro lo leí despacito como un caramelo que no querés que se te acabe, disfrutándolo, y me permití mandar un whatsapp diciendo que estaba muy lindo. Como decía Amadeo, es para llevarlo a distintas casas y amigos que andan con ganas de probar otras cosas. Hay algo que contás en el libro: es una lucha política. Si comiéramos sano, seríamos buenos tipos. Somos jodidos porque comemos mierda. No hay posibilidad de producir bien, comercializar justo y ser jodidos. Si comiésemos alimentos verdaderos tendríamos gente menos jodida:  otros políticos, otros comerciantes y hasta otros banqueros. Y este libro también es una forma de alimentarse de otra manera”. 

Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra

Rosalía Pellegrini, una de las fundadoras de la UTT: “La agroecología para nosotres fue un punto de llegada, no de partida. Buscábamos una vida digna, justicia social, un horizonte para las mayorías con mayor igualdad. Mi llegada a la agroecología tiene que ver con cuánto horizonte de vida podés tener en un asentamiento donde solo comés polenta y fideos. Llegamos pensando que el acceso a la tierra y la producción de alimentos es la posibilidad de que muchos sectores excluidos tengan una vida digna. Por eso lo enlazamos con el buen vivir. La agroecología tiene algo fabuloso: no es solo dejar de producir con agrotóxicos, reconstruir los suelos y el ambiente, sino también plantear un horizonte social, político y de justicia para los que menos tienen. Trabajo digno, igualdad de género, nuevas relaciones sociales, y todo lo que se ha venido mencionando hasta aquí. La pandemia demostró una crisis planetaria muy grande y un agotamiento de un modo de desarrollo de producción de desarrollo económico que hace que todos -productores, Estado, consumidores- necesitamos un fuerte compromiso en relación a proyectos agroecológicos. Es urgente que accionemos de manera colectiva y en unidad, porque mientras vivimos esta agroecología tan hermosa el mundo colapsa con más pobreza y crisis económica y alimentaria, y las corporaciones multinacionales se enriquecen cada vez más”.

Anahí (19 años), Ruth (17) y Celeste (19): relataron la experiencia del COTEPO (Consultorio Técnico Popular de la UTT) creado bajo el criterio de la enseñanza entre campesinos para difundir lo agroecológico, a partir de cómo obtener bioinsumos con elementos naturales que permiten dejar de utilizar fertilizantes y pesticidas químicos, logrando a su vez una regeneración absoluta de los suelos para que vuelvan a producir frutas y verduras sanas. Organizan talleres para que participen otros jóvenes y familias que deciden hacer la transición a la agroecología. Rubén Gutiérrez: “Estamos demostrando que en el campo hay futuro. Conocí a mi compañera Maritsa, me enamoré de ella y me enamoré del campo, ella me explicó cómo se podía producir de otra manera. Yo defendía usar agrotóxicos, pero ella me hizo entender y aprendí todo de nuevo. ¿Es un nuevo modelo de producción? Sí, pero también es amor, compartir, arraigo a la tierra, deciles a niñas y niños que hay futuro, y ese mismo mensaje se transmite a las ciudades. Saben que hay futuro acá, que si producen en un pequeño pedacito de tierra no se van a morir de hambre y es lo que estamos demostrando a diario: 1 familia productora tiene la capacidad de alimentar a 150 familias. Cada vez somos más, y apuntamos a dejar de producir sano y sin agroquímicos en el 2025, como dijo Remo. Es lo necesario y donde hay que hacer hincapié en las políticas públicas. Ese es el futuro”. 

Agroecología: el futuro llegó. 
El nuevo libro de lavaca editora recorre diversas experiencias agroecológicas del país, a través de viajes, reportajes e imágenes que muestran cómo ya está en marcha otra forma de producir y de vivir. Más info y cómo conseguirlo en: lavaca.org/libroagroecologia

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Matanza tóxica. Fumigaciones y glifosato en los cuerpos en Virrey del Pino

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En uno los municipios más poblados del país, las fumigaciones en Virrey del Pino lindan con poblaciones, escuelas y arroyos. Se ve así y a escala barrial cómo contamina el modelo agrotóxico. Lo confirmó –después de tres años de recorrer hospitales– una vecina en el caso de sus hijos y su marido, con glifosato en el cuerpo. ¿Cómo se frena la máquina de enfermar personas, agua y suelos, y quién paga por lo dañado? Transiciones: de una familia desesperada, a un barrio movilizado para defender la vida y la salud. Síntomas y alertas sociales que llevaron a la primera asamblea barrial. Por Sergio Ciancaglini.

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Campana suena: agrotóxicos en aguas y cuerpos de Pioneros

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Glifosato en el agua y en la gente; pesticidas en campos, escuelas, jardines. Con evidencias científicas que certifican sospechas históricas, vecinas y vecinos del barrio Pioneros, de Campana, se organizaron, lograron una ordenanza y están rompiendo el pacto de silencio que une a productores y políticos. Las preguntas, las incertidumbres, las enfermedades, la niñez. El sueño de una vida alejada de la ciudad y cuál es el objetivo vecinal. La “inquietud” oficial ante la presencia de MU y las no-respuestas de los funcionarios. La voz de un médico y de quienes buscan cambiar el modelo contaminante. Por Francisco Pandolfi.

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De encuentros y desencuentros: por dónde pasa la nueva agenda feminista

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En otro año sin Encuentro Nacional de Mujeres, hablamos con quienes no abandonaron la calle, las puebladas, la denuncia por medidas concretas, el reclamo de emergencia por los femicidos, la lucha contra la impunidad. Los nuevos derechos y las nuevas revoluciones que vienen a sacudir el –supuesto– parate de la pandemia y la cooptación de los discursos y las prácticas. Por Anabella Arrascaeta.

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La última MU: Amor o muerte

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