#NiUnaMás
Alerta Chascomús: amenazan a mujeres organizadas contra la violencia machista
La red que acompañó a la familia de Návila Garay, asesinada a golpes en septiembre de 2019, hoy sufre distintas amenazas por parte de hombres violentos del barrio La Noria que amedrentan al tejido que busca frenar la violencia machista. La quema de un auto a una de las vecinas organizadas y las amenazas a Ruth, prima de Návila, por parte de hombres ya denunciados que no cumplen las restricciones perimetrales, son los nuevos indicios de una escalada de la que el Estado no se hace cargo. Compartimos aquí la historia de Návila y el grupo de mujeres que se organiza para pedir verdad y justicia, para exigir medidas urgentes y para que no haya una Návila, Nunca Más.
17 mazazos: Lo que devela el femicidio de Návila Garay en Chascomús
Návila murió con esa cantidad de golpes. Tenía 15 años. Su cuerpo apareció enterrado en una casaquinta cercana a la laguna. El sospechoso es empleado de la Policía Federal. La fiscal y la Bonaerense, bajo la mira de la comunidad. Cómo fue la búsqueda de la niña, y lo que se descubrió: una trama de abuso sexual infantil que implica mucho más que a un femicida. FRANCO CIANCAGLINI
No es exagerado decir que se quemó el paraíso: es literal. Estamos pisando pastizales incendiados a la vera de la laguna de un pueblo que perdió ya su calma. La ceniza salta entre los pies y se vuela con el viento; es bastante el polvo: las diez zapatillas de Ruth, Quimey, Pamela, Alexia y Soledad van de acá para allá, y sus ojos buscan huellas y signos. Miran atentas el piso, esperando encontrar algo.
En los humedales secos emergen botellas, metales, gomas, envases, chatarra. También un corpiño que las mujeres agarran pero descartan por las medidas exageradas para una joven de 15 años: su familiar y amiga Návila.
En esta zona se encontró la última evidencia de la causa judicial abierta tras su femicidio: la mochila que llevaba el día que desapareció. Tras el hallazgo, el lugar apareció incendiado. “No está quemado: lo prendieron fuego”, corrigen estas mujeres que aprendieron a buscar porque entendieron que alguien quería tapar. “Fue un encuentro, no una búsqueda”, definen sobre cómo lograron desactivar la desidia cómplice del Poder Judicial, y hallar un cuerpo.
Quimey -20 años, tía de Návila- ha aprendido a corregir ese tipo de incongruencias semánticas típicas de medios de incomunicación, policías y fiscales: “No murió: a Navi la mataron”.
Aún faltan aparecer el celular y las zapatillas que Návila llevaba ese día, acaso como otra evidencia de un femicidio que sigue contando con un ocultamiento evidente, o al menos con una falta de investigación sospechosa. Eso es lo que estas mujeres buscan en el paraíso incendiado (el celular, las zapatillas, la verdad), quizá porque ya aprendieron que nadie lo hará sino son ellas.

Foto: Nacho Yuchark
Sonrisas y silencios
Návila Garay desapareció el 10 de septiembre a las 18 horas y su cuerpo apareció recién el domingo 15 a la madrugada en la morgue de Dolores, cuando su madre Débora viajó y pudo reconocerla. La autopsia marcó que fue asesinada de 17 mazazos y enterrada en una quinta muy cerca de la laguna de Chascomús. Todo el resto son hipótesis judiciales y mediáticas de las que los familiares desconfían.
El único detenido al momento es Néstor “Lito” Garay, un parquero de 56 años a quien Návila conocía desde hace tiempo. Según es vox populi en el barrio, el hombre abusaba sexualmente de mujeres menores de edad (entre ellas, Návila) y les proporcionaba dinero a cambio. Néstor Garay fue señalado desde el principio por la familia, ya que la última vez que vieron a Návila con vida ella avisó que se iba a la casa del hombre. Pese a esta evidencia, la detención de Néstor Garay recién se selló cuatro días después de la desaparición, cuando la dueña de una de una quinta en Chascomús se enteró del caso de Návila por televisión: el sospechoso era su parquero, el mismo que días antes le había pedido permiso para “enterrar a un perrito” en el fondo de su casa.
Según el relato judicial, la mujer se presentó espontáneamente el domingo 11 en la estación de la Policía Comunal de Chascomús para conectar cabos. Pero esta es otra de las teorías que no terminan de cerrar.
La entrada de la Fiscalía nº 9 de Chascomús arroja más sospechas. Policías bonaerenses, federales y empleados judiciales se tratan como lo que son: vecinos, sino compañeros de trabajo. La propia fiscal Daniela Bertoletti pasa y saluda con una ancha sonrisa a los uniformados, antes de entrar a su despacho y de negarse a contestar preguntas para este medio. La escena parece obvia y típica de una ciudad-pueblo, pero lo que estamos viendo es quizás una imposibilidad estructural: díficilmente Bertolotti pueda avanzar en una investigación contra sus amigos y vecinos policías si una causa así lo requiriera. Esta hipótesis puede ser extensible hacia otras fiscalías y otros pueblos, donde muchas veces se verifica la misma inacción judicial ante la sospecha policial, salvo cuando las órdenes bajan de muy muy arriba.
En el caso de Návila este tipo de dudas están sostenidas en el destrato de la fiscal hacia la familia de la adolescente desde el día de sus desaparición (“se nos reía en la cara”) y en la extraña dinámica que la magistrada le imprimió a la causa tras el hallazgo del cuerpo: en 48 horas dijo tener cerrado el caso.
La confirmación de que el femicida Garay cobraba un sueldo como empleado del Círculo de Suboficiales de la Policía Federal es otra de las variantes que siembran dudas sobre el diletante accionar policial en la causa, el apuro de Bertolotti por encerrar –solo, rápido- al parquero, y algunas falsas sonrisas.

La casa del horror
La quinta donde encontraron a Návila queda a menos de 100 metros de la sede recreativa del Círculo de Suboficiales de la Policía Federal donde trabajaba el femicida, un lugar con anchas parrillas. Un jueves al mediodía no se ve un alma y se escucha el suave canto de los pajaritos. Alguien podría decir que la postal es muy bella sino fuera porque esta quietud se aprovechó para esconder un crimen.
Desde la calle Mercedes al 707 se ve hacia adentro una red de tenis caída, una pileta abandonada y también, al fondo, un galpón: según la reconstrucción de la fiscal Bertoletti, Néstor Garay perpetuó el femicidio allí y con sus herramientas de trabajo. 17 mazazos. Luego habría enterrado el cuerpo en el jardín y tapado la evidencia con ramas y hojas secas.
Días después del hallazgo del cuerpo, el único presente en la quinta del horror es un perro callejero. De pronto aparece una señora que, al detectar periodistas, sale a cerrar su portón, aunque finalmente se termina prestando a dialogar.
Vive en la misma cuadra de la quinta donde hallaron enterrada a Návila y, por eso, conoce al femicida de esta manera: “Lito, el parquero del barrio”. La señora caracteriza a Garay como “corto, pero respetuoso” y dice que trabajaba en la zona hace unos 20 años. Por eso reconoce estar doblemente azorada: “Hijo de puta, lo que hizo…”, dice por un lado. Y por otro: “No se puede creer que haya sido Lito”.
Algo no le cierra.
La señora no confirma los rumores que dicen que en su barrio hay casaquintas que se usan para fiestas demasiado privadas. Tampoco relaciona la cercanía del Círculo de Suboficiales con la trama del caso, aunque confirma que Lito trabajaba en ese camping policial.
La señora se vino a Chascomús tras la crisis del 2001, cuando echaron a su marido del trabajo, buscando una vida más apacible. “Ahora desconfío todos: esto alteró mi tranquilidad”, dice antes de cerrar el portón que se había olvidado abierto, acaso como resabio de otro tiempo mejor.

Una mujer
¿Cómo era Navila?
Ruth (30 años, prima): Una loca bárbara, en el buen sentido.
Quimey (20 años, la tía): Súper independiente. Una mujer.
Tío: Tenía carácter fuerte.
Quimey: Veía a los milicos y les decía de todo…
Ruth: Si llegamos a hablar de las cosas lindas que hacíamos, terminamos todos en cana…
Quimey: La pasábamos bien. La última vez que la vi fue en mi cumpleaños: tomamos unas cervezas; yo no tomo y ella casi no tomaba tampoco, pero ese dia sí trajo 3 cervezas.
Tío: Le gustaba más estar en la calle que mirar la tele.
Ruth: Andaba de noche. Era un murciélago. Vivía con la abuela.
Quimey: Dormía también en lo del novio, en lo de la madre, o acá.
Ruth: Tenía humor negro.
Quimey: Era muy limpita. Iba a mi pieza y, si veía todo desordenado, me decía “tía, qué quilombo”, y se ponía a limpiar. Le gustaban mucho los bebés, jugaba siempre con los nenes.
Ruth: La mayoría de las veces cocinaba yo y a ella le gustaba lavar. Ella cocinaba cosas con tuco, milanesas, churrasco.
Quimey: Si me agarraba hambre a las 2 ó 3 de la mañana, me hacía un arroz con leche.
Ruth: Si no estamos nosotras, en esta casa no comen.

Lo que pasa en el barrio
Ruth y Quimey están paradas en la esquina de la casa donde vivía Návila junto a su abuela y su tío, en el barrio La Noria. A metros, el Grupo Poético de Chascomús pintó un mural premonitorio. Dice: “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”.
Ellas son, además de prima y tía, las dos compinches de Navi, como le dicen. Cada vez que hablan de ella sonríen de oreja a oreja y critican a los medios que desfiguraron su retrato: “Sólo pusieron las cosas malas”.
En su recuerdo y en su bronca ambas repiten constantemente una idea: “Návila tenía carácter fuerte”. Ellas también lo tienen; se nota en su forma de hablar, y también en cómo se han forjado en el dolor de la pérdida.
El carácter de estas mujeres es, como dice la teórica feminista María Galindo, una forma de entender un femicidio: como rebelión ante la violencia machista. El límite que un macho no puede superar: el “no”. Contar la historia de un femicidio es también contar la historia de esa rebeldía, dirá la Galindo uniendo cientos y miles de relatos de familiares que subrayan el “carácter fuerte” de la mujer que acaba de ser asesinada por un hombre. Ruth lo cuenta desde su historia personal, ante la pregunta de si se ve violencia machista en el barrio: “Sí, en todos lados. Es más: yo pasé por algo así. Y no me gusta por eso: el papá de mi hijo me cagaba a palos. Hoy en día nadie me levanta una mano, porque lo cago a palos yo”.
Los códigos del barrio parecen obligar a no cruzar reproches por la muerte de Návila -al menos ante ajenos- pero en cambio las mujeres fruncen el ceño para pensar lo que pasó: “Návila iba a muchos lugares, pero a este tipo yo no lo conocía”, cuenta Ruth. “Después supimos que la verdadera casa de él (por Néstor Garay) es a dos cuadras y media de acá. Tiene otra casa donde alquila que está más cerca: ahí es donde juntaba a las menores. Porque acá en el barrio no lo dejamos: si vemos a alguien que hace eso, le reventamos la casa”.
Todo está tan cerca que cuesta delimitar las fronteras barriales, como si existiesen solo en la cabeza de quienes las habitan. La casa a donde dijo dirigrse Návila por última vez es la misma a la cual, según señala Ruth, Néstor Garay llevaba menores. Hoy esa casa está custodiada por la Policía Bonaerense.

Hallazgos y preguntas
Reventar casas. Eso fue literalmente lo que los familiares y amigos de Návila comenzaron a hacer cuando desapareció y ante la inacción policial. Ruth: “Hicimos lo que la policía no estaba haciendo: buscarla. Ellos necesitaban una orden, yo no. Ellos perdían tiempo y nosotros, dato que nos pasaban, lugar donde íbamos y nos metíamos, como sea”.
Los datos los llevaron a lugares impensados, pero todas recuerdan sobre todo uno de ellos, que revela la extendida y compleja trama que envuelve al femicidio de Návila en Chascomús: “En la calle Garay hay un lugar… nos dijeron que Návila podía estar ahí. Nos tiraron esa data. Entonces nos juntamos con la familia del novio y fuimos a esa casa. Cuando entramos había ropa interior tirada, de todo. Y cinco mayores con una chica de 12 años”.
Alguien dice: “Alguien nos mandó ese mensaje. La chica, o una persona que quería que la saquemos”.
Así salvaron a otra Návila.
Cae la tarde en el barrio La Noria, donde en vez de pajaritos se oye el ruido de las motos. En una de ellas llega Quimey, la joven tía de Navi. “En el momento de la desaparición no apareció nadie acá”, suelta. “Ni siquiera los medios. Nadie nunca nadie nos avisó nada: por los medios supimos que encontraron la mochila. Y el día que apareció el cuerpo nos enteramos recién a las 10 y pico de la noche, cuando ya estaba el cuerpo en Dolores”.
Quimey resalta este dato central, que baña de sospecha a la investigación de la fiscal Bertolotti: el hallazgo de Návila –a quien los familiares y amigos buscaron de estas formas durante cinco días-, el desentierro de su cuerpo, su traslado a Dolores y la autopsia se hicieron sin la presencia de ningún familiar ni garante legal de las víctimas. Recién cuando se completó ese círculo, la fiscal avisó a la familia que Návila había “aparecido”. Ellas ya se habían enterado por los medios.

Aprender a buscar
Pamela y Alexia no viven en el barrio La Noria y tienen unos años e hijos más que las jóvenes amigas de Navi, que confiesan: “Si no fuera por ellas, nosotras estaríamos en la cama llorando. Nos re levantaron”.
Pamela y Alexia son las cuñadas de Návila y juntas conforman la dupla que se hizo cargo de contener a la familia y de aparecer ante las cámaras de tevé, primero para difundir la búsqueda de Návila, luego para denunciar la trama que encubre su muerte.
Pamela asegura que en Chascomús hay una máxima: “Todo el mundo sabe, pero nadie habla”. Ella no dudó desde el principio, cuando un día después del hallazgo del cuerpo dijo a lavaca: “El asesinato de Navi destapa una red de mayores que abusan de nenes y nenas en Chascomús”. A partir de la repercusión de esta declaración, el Fiscal General de Dolores abrió una causa de oficio para investigar el asunto, aunque hasta el cierre de esta edición se desconocían avances concretos. “Por ahora lo único que supuestamente se está investigando es la denuncia que nosotras hicimos de esa casa donde estaba la nena de 12 años”.
¿Cómo se animaron a romper el silencio?
Alexia: Ya no tenemos miedo.
Pamela: A nosotros no nos la contaron: la vivimos. La desidia, el maltrato, la risa de la fiscal la vivimos; nos lo hacían a nosotras en la cara. Investigaban menos que si se hubiesen robado una bicicleta. Le fuimos a decir desde el primer momento dónde había desaparecido Návila, le llevamos al remisero: le servimos todo en bandeja y no hizo nada. ¿Por qué?
¿Cómo se busca a una desaparecida?
Pamela: no sabíamos adónde ir a buscar. Decíamos: vamos a dar vuelta a la laguna y si vemos algo, que sé yo, rastrillemos nosotras. Y cuando empezamos a movernos nos empezaron a llegar datos.
Alexia: levantábamos baldosas, buscándola. La queríamos encontrar.
Pamela: Lo nuestro no era una búsqueda: era un encuentro. Porque buscar podés buscar toda la vida; nosotros la queríamos encontrar y la encontramos. Si no nos hubiésemos movido, si no hubiésemos hecho ruido, en esa quinta crece el pasto y Návila es una desaparecida más.
¿Creen en la versión de la fiscal, que dice que Garay la mató y la enterró por que Návila lo extorsionó por dinero?
Návila: Escuchando y viendo todo lo que ha pasado, no creo nada de lo que me digan.
Pamela: A nosotras nos empezó a sonar muy raro ya cuando la fiscal nos daba vuelta la cara. Y el domingo a la noche, cuando aparece en los medios que habían encontrado el cuerpo, pensamos que lo habían encontrado ese mismo domingo. Fuimos a la quinta donde supuestamente estaba y nos dijeron que ya ahí no había nada. O sea, la habían encontrado, ya la habían trasladado, habían analizando la zona y el cuerpo estaba en Dolores. Entonces dijmos:
¿Cuantas horas pasaron?
¿Cómo no nos avisaron?
¿Quienes estuvieron ahí, en la escena del crimen, cuando la desentierran?
¿Cuándo la enterró el hombre?
¿Dónde están las zapatillas y el celular?
Al cierre de esta edición, el Fiscal General de Dolores Diego Escoda había declarado que el caso estaba casi cerrado, que no había razones para sospechar de la participación de terceros, y la fiscal Bertolotti había dejado trascender que ya no se buscarían las zapatillas ni el celular porque eran irrelevantes para la causa. “Pensamos todo lo contrario”, señalan Pamela y Alexia. “Son cosas que eran de ella, que tienen que aparecer, que en algún lado tienen que estar. Y son las dos evidencias que pueden demostrar dónde estuvo ella”. También se esperaban resultados de las pericias sobre los objetos de la mochila, que se llevaron a analizar a Junín, y la familia había logrado reunirse con la gobernadora María Eugenia Vidal para transmitirle las sospechas sobre la investigación.
Vidal se comprometió a brindarle abogados penales a la familia y dijo que el caso lo iba a manejar el fiscal Escoda, de Dolores, directamente. “Después de una semana, no pasó más nada. Recién estamos esperando que se abra el expediente para empezar a hablar de las causas paralelas”. La estrategia de la familia es romper el “cuento” de la fiscal Bertoletti para comenzar a hurgar en los entramados que dibujan sus dudas y sus certezas.
De la Ruta a las casas
Es difícil homogeneizar un relato sobre una ciudad de 55 mil historias, pero varios de los habitantes de Chascomús describen –acaso como en todo el país- un deterioro generalizado de las condiciones de vida. Al margen de quienes viven de cargos públicos medios y altos, son dueños de comercios o viven del campo, donde queda lejos la laguna las estrategias de supervivencia cada vez son menos y más peligrosas. Y se sabe que donde no hay nada, están las mujeres sosteniendo lo más elemental de la existencia a costa de sus cuerpos, sus futuros y, en el peor de los casos, de sus propias vidas.
Alexia describe una radiografía que en los márgenes se dibuja más como la regla que como la excepción. Señala: “El Estado es el responsable de garantizar los derechos de las personas, sobre todo de chicos y chicas vulnerables. Una persona no llega a un estado de vulnerabilidad sola: es un contexto el que te lleva. En la casa de Návila y en el de un montón de chicas el Estado no aparece ni como salud, ni como educación, alimentación, vivienda ni trabajo. Por eso el Estado es el más responsable, más allá de que haya gente perversa a la que le gusta hacer daño”.
El barrio reconstruye la historia secreta de Chascomús situando a la Ruta 2 como la antigua y clásica zona de prostíbulos. Entre la catarata de anécdotas y rumores, los más aceptados recuerdan el acento de mujeres paraguayas a las que les quitaban el documento. “Entonces las chicas se tenían que quedar uno o dos años. Yo conocía a todas las paraguayas y tenía confianza: decían que una vez que pagaban, se podrían ir”. El que habla es un familiar de Návila que asegura que durante los 80 y los 90 el plan nocturno por excelencia era irse a “tomar una copa” a la Ruta 2.
Los prostíbulos cerraron promediado la entrada del 2000, no por la falta de oferta ni de demanda, sino por la mentada “decisión política”. Pero el negocio estuvo lejos de caerse: “Una vez que cerraron los de la Ruta, los prostíbulos se fueron a casas particulares”, sigue el relato. El desplazamiento de este tipo de negocios se hizo así aún más oscuro. Y se desliza que de ese modo empezaron a llegar los ofrecimientos a las jóvenes de los barrios humildes de Chascomús, mientras el deterioro ahogaba.
El deterioro
Cómo es ser mujer en esos márgenes? Soledad tiene el doble de edad de Návila y es otra de las mujeres que acompañan a la familia; también es parte de una asamblea feminista nucleada desde el 8M, y además, vecina del barrio La Noria. “Hay pocas oportunidades para las mujeres en Chascomús: los mejores puestos laborales los tienen siempre los hombres. Es un pueblo muy conservador, donde el modelo familiar es la mamá con 2, 3 pibes en la casa, y el padre saliendo a laburar. Recién ahora está cambiando con nosotras, con las de mi edad”, dice.
¿Hay trabajo?
Hay mucho laburo en negro, que no es laburo: es subempleo. Un camionero de la Municipalidad hoy está cobrando 15 mil pesos. Mi primo, recolector de basura, está ganando 10 mil. Labura todos los días, menos cuando llueve.
¿Se puede vivir con eso?
Cuando no tenés otra, vivís. Acá los alquileres son muy caros, es muy difícil vivir en Chascomús si no tenés un buen sueldo en blanco. Y si no tenés casa propia, fuiste.
¿Cuáles son los buenos empleos?
La gente que mejor vive es porque trabaja en la Autovía (peajes), en Atalaya, Villa del Sur, antes estaba Gándara – que cerró-, Conarco –que tiene reducido el personal-, Macis -que cerró-, Emepa (trenes) que cerró… y Tía Maruca, que está por cerrar también.
¿Todo eso en qué lapso?
Macri. En 4 años destruyó una industria de 40. Y Villa del Sur está ahí, pensando qué hacer, si se va o se queda.
¿Qué hace la gente que se queda sin trabajo?
Changas, cortar el pasto… El que changueaba se quedó sin laburo. Y el que tenía laburo fijo, agarra esas changas. Se va corriendo todo hacia abajo: el que era clase media es pobre, y el que era pobre ahora es súper pobre. Bah: ya sos pobre trabajando en blanco.
¿Cómo se traduce en violencia machista ese modelo?
Mucho bullying en la escuela, primero: si una chica se corta el pelo, los propios pibes le dicen que es lesbiana. A mi hija le pasó. Y después, en la mirada inquisidora del otro: todos ven cuando entran hombres a tu casa, pero nunca ven cuando te entran a robar. Esa es la misma mirada machista que dice que la culpa es de ella porque qué hacia ahí, o que pregunta dónde están los padres.
¿Qué responderías a esa pregunta?
Que, por suerte, mis padres estuvieron siempre conmigo y sin embargo me manosearon. ¿Vas a culpar a mis padres? Donde te críes te puede hacer más o menos vulnerable, pero no te hace culpable nunca.

La ronda
Llega un momento en que todas las mujeres de esta historia coinciden en una ronda para tejer juntas la historia de Návila y el futuro de todas. Están sentadas a la sombra de un árbol y separan en gajos mandarinas que planta una de ellas en el fondo de su casa. Por ahí, revolotea el hijo de Ruth.
¿Dónde ponen la esperanza?
Quimey: En los chicos
Alexia: Sí. En las escuelas están a todo ritmo con esto.
Pamela: Mis hijas son re feministas.
Alexia: Cuando hablamos a los medios les hablamos a ellos, a los niños: si ustedes están viviendo o pasando por una situación similar a la de Návila, díganlo, avisen. Si están yendo a casa de proxenetas, de abusadores a cambio de algo, salgan de ahí. Y a todos los adultos que lo están haciendo: ya los vamos a encontrar. Los estamos mirando.
Pamela: Que tengan miedo ellos, no nosotras ni los chicos.
Alexia: Este caso dio para visibilizar este sector tan pobre y la falta de sus derechos básicos por parte del Estado. Después, el mensaje fue para los niños y adolescentes. Hay que hablarles a ellos.
Soledad: Ahora estamos más conscientes. Y las mujeres nos empezamos a juntar sin conocernos y a activar.
Pamela: Cuando se haga el juicio se presentarán las pruebas y ahí veremos. Pero internamente nosotras nos vamos a organizar con algún dispositivo más allá del Estado, más allá de todo para poder amparar a estas chicas. No podemos hacernos más las sordas ni las ciegas. Vamos a actuar entre nosotras, como grupo de mujeres, para proteger a nuestros niños y niñas y no ser presas de estos depredadores. No nos quedamos en que acá hay un cuerpo y ya está: no. Esto recién empieza.
#NiUnaMás
Informe femicidios 2025: el año del negacionismo de Estado

Por el Observatorio de Violencia Patriarcal Lucía Pérez
Femicidios y transfemicidios: 271
Tentativas de femicidios 243
Infancias huérfanas por femicidios 153
Femicidas suicidados 31
Marchas para exigir justicia 223
Si la única verdad es la realidad este 2025 es contundente. La cifra de 271 femicidios y transfemicidios no alcanza, sin embargo, a dar dimensión real de lo que significan estos crímenes en los que el Estado tiene una responsabilidad directa, que es justamente lo que nos advierte este año. La intervención sistémica y decidida, convertida en política de Estado, para negar la figura de femicidio es parte de esta realidad que deforma los datos y la información pública “hasta distorsionar esa verdad para amoldarla a su perspectiva”, tal cual no advierte Hanna Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo. El objetivo, nos alerta, Arendt, es que ya no podamos distinguir lo verdadero de lo falso.
Esta operación que fue definida conceptualmente como “negacionismo” es analizada en clave contemporánea por la filósofa italiana Donatella Di Cesare en su libro Si Auschwitz no es nada. “Los negacionistas -que operan como dobermans del pensamiento- que nos preguntan por una cifra -¿hay 6 millones de judíos exterminados por el Holocausto? ¿hay 30 mil desaparecidos por la dictadura Argentina?- no tienen una duda real. De hecho ni siquiera son dudas: son intervenciones políticas.” Lo que hacen con esa pregunta es negar o aminorar esos hechos. “Su pretensión es hacer pasar a las víctimas por farsantes, a los testigos por mentirosos y a los sobrevivientes por falsificadores”.
¿Por qué?
Responde Di Cesare: “porque los primeros en instalar la negación fueron los perpetradores de los crímenes cometidos”.
¿Hay entonces 271 femicidios y transfemicidios?
Sí y también hay más, que han quedado ocultos tras el procedimiento negacionista estatal destinado a disminuir la cifra y a dificultar el acceso a la información a los sistemas de control ciudadano, tales como los que realizamos en nuestro Observatorio.
Una posible conclusión: al aplicar este procedimiento negacionista a los femicidios y transfemicidios el Estado está confesando su participación.
Veamos cómo.
En Argentina este año se avanzó un paso más en el proceso negacionista: la construcción de las cifras que se adecuen al objetivo ideológico de quienes administran el Estado. Para lograrlo tienen a su favor el manejo total de las herramientas y la capacidad absoluta de trabajar en todos los campos hasta obtener el resultado deseado y a través de cada eslabón que compone al Estado:
Poder Judicial: Jugó un rol decisivo en esta operación al negar la figura de femicidio en casos concretos-el crimen de la periodista Griselda Blanco es uno de los más dramáticos ejemplos-, y recaratulando otros en instancias de apelación. El primero fue el de Lucía Pérez, justamente el que originó el primer Paro de Mujeres. No hay ni siquiera pudor en ocultar su intención.
En estos días de diciembre, además, la Corte Suprema de Justicia de la Nación deberá pronunciarse sobre el primer caso de femicidio que llega a esa instancia y ya se sabe que las opiniones de los jueces están divididas porque tuvieron que recurrir a la convocatoria de dos miembros más para que se expidan. El resultado incidirá en la aplicación de esa figura penal en todos los restantes.
Julieta González desapareció el Día de la Primavera de 2016. Tenía 21 años. Su cuerpo fue encontrado en un descampado de Cacheuta, Mendoza, atado de pies y manos y con un golpe en la cabeza. En la investigación judicial se encontraron rastros de piel del imputado bajo las uñas de Julieta, sangre de Julieta en su vehículo y búsquedas en internet que había hecho el sospechoso sobre si podía «detectar ADN de fetos en cadáveres» y «cómo deshacerse de un cuerpo», lo que reforzó la hipótesis de que la había matado al enterarse de que estaba embarazada. Todas pruebasque involucraron a Andrés Di Cesare, un joven de 26 años, hijo de un notable empresario local, con el que tenía una relación, aunque ambos tenían pareja. El tribunal de primera instancia consideró el crimen como homicidio simple y condenó a Di Cesare a 18 años de prisión. En la apelación fiscal el tribunal de Casación aplicó la figura de femicidio y lo condenó a reclusión perpetua. Apeló entonces la defensa y ahora es la Corte Suprema de Nación quien debe decidir si se aplica la figura o no. La duda: si está acreditada la relación entre la víctima y su victimario. En fallo de primera instancia que negó la figura femicidio el tribunal argumentó que “para que se configure la relación de pareja debe existir cierta singularidad, notoriedad y estabilidad entre los miembros de la misma, aun cuando se base en una relación fundamentalmente de contenido sexual. Esta referencia a lo sexual indefectiblemente debe llevar un cierto compromiso emocional puesto que de otro modo caemos en la mera genitalidad, lo que por cierto no permite por sí configurar el concepto de pareja”. (SIC) También se dedicó -como ya es costumbre y a pesar de que los tratados internacionales suscriptos por el Estado argentino lo impiden- a analizar la conducta de la víctima, a quien consideró “decidida, independiente y de personalidad extrovertida”, negando así la otra condición legal para aplicar esa figura: la de vulnerabilidad y desigualdad.
El solo hecho de que existan dudas en el máximo tribunal de justicia sobre la aplicación de la figura de femicidio en este caso ya debe considerarse una señal de alerta que debería movilizar a todo el movimiento de mujeres y diversidades como aquel 6 de junio de 2015, pero no: así estamos este 2025.


En la primera foto, parte de la acción llevada a cabo en Mar del Plata el último 31 de diciembre contra la libertad a uno de los responsables del femicidio de Lucía Pérez. En la segunda, el mismo día, imagen de la movilización de las mujeres en Tucumán por el sobreseimiento de los ex jugadores de Vélez Sarsfield acusados de violación.
Poder Legislativo: tiene en su agenda inmediata el tratamiento de leyes impulsadas por el Poder Ejecutivo, entre las más importante la que elimina del Código Penal la figura de femicidio, pero también la que criminaliza las “falsas denuncias”, aun cuando su incidencia es mínima en la realidad. No existen, por otro lado, ninguna iniciativa de la oposición para impulsar otro tipo de proyectos que aseguren las condiciones de contención y prevención de estas violencias. Ningún sector político trabajó en la declaración de emergencia de violencia de género ante el desmantelamiento de los escasos programas de ayuda a las víctimas, que han sufrido el mismo trato brutal que personas con discapacidad, por poner solo un ejemplo de sectores que han impuesto a los y las legisladoras la defensa de sus derechos a través de movilizaciones constantes y con claros reclamos que lograron así obtener el apoyo social necesario para presionar al Congreso, así como también iniciar amparos en la justicia que ayudaron a restablecer esos derechos: la motosierra es ilegal, hasta que el Congreso decida lo contrario.
Poder Ejecutivo: Este 2025 el Ministerio de Seguridad, a través del Sistema Integral de Estadísticas Criminales, dio a conocer las cifras correspondientes al año 2024. No figura ya el femicidio como delito. No hay datos oficiales, salvo el registro que da a conocer cada año la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación, que ha tenido que cambiar su sistema de contabilización de casos para adecuarlo a los compromisos internacionales, ya que hacerlo sólo a través de las caratulas judiciales implicaba validar el sesgo. Este año en el registro del Ministerio de Seguridad la violencia de género sólo está representada en el apartado “delitos contra la integridad sexual”, categoría penal donde se contabilizan, entre otros, las violaciones. En CABA aumentaron un 38%, cifra suficiente para encender la alarma, el grito, el reclamo.
Según los registros de nuestro Observatorio –que coinciden con lo que informó este noviembre la Defensoría del Pueblo de la Nación- las provincias más castigadas por los femicidios fueron Misiones, Neuquén, Santa Cruz, Chaco y Jujuy. En tanto los femicidios territoriales volvieron a golpear a Santa Fe (especialmente a Rosario) rozando los niveles de 2022, el año con mayor cantidad de víctimas.
Esta cartografía de la violencia femicida nos señala el dato que importa, la realidad que duele y la urgencia que nos interpela: la mayoría de las víctimas de esta violencia letal son las pobres. Lo señala también el informe de la Defensoría del Pueblo de la Nación (“En general, la mayoría de las víctimas de femicidio provienen de un estrato socioeconómico bajo.”) y lo determina la situación general que sufre esa población de mujeres y trans que ya no tiene ni los mismos derechos ni el mismo acceso a los mecanismos para garantizarlos que el resto de la población. La consecuencia es que tampoco tiene derecho a la vida. Lo que urge, entonces, es algo que hoy representa es la cifra que falta: la masiva solidaridad social de quienes, por sus privilegios de clase, pueden abrazar sus causas.
Año 2025
Femicidios por mes
Enero 31
Febrero 27
Marzo 27
Julio 27
Octubre 25
Junio 19
Abril 18
Agosto 18
Noviembre 18
Septiembre 16
Mayo 14
Diciembre 31
Funcionarios denunciados por violencia de género
Poder Ejecutivo 22
Poder Judicial 16
Fuerzas de Seguridad 12
Poder Legislativo 7
Iglesia Católica 4
TOTAL 61
Violaciones
| PROVINCIA | 2024 | 2023 | % de aumento | |
| CABA | 498 | 309 | 38% | |
| SAN LUIS | 61 | 52 | 18% | |
| CÓRDOBA | 261 | 229 | 12% | |
| CORRIENTES | 111 | 101 | 10% | |
| CHUBUT | 214 | 201 | 6% | |
| BUENOS AIRES | 2.307 | 2.242 | 3% |
Fuente: Estadísticas Criminales. Ministerio de Seguridad de la Nación
Femicidios territoriales
2025-2022
Santa Fe 104
Buenos Aires 35
Córdoba 4
Otras 10 provincias 11
TOTAL 154
#NiUnaMás
Lucía Pérez: la trama de la injusticia

“¿Por qué se procede de esta manera tan irregular y que revictimiza a esta familia una y otra vez para salvar a personas que se supone que son dos perejiles?” preguntó ayer el abogado Juan Pablo Gallego ante sucesivos cambios de carátulas, sospechosas reprogramaciones de fechas y maniobras que parecen revelar un entramado que busca la impunidad y la negación del femicidio de Lucía, que tenía 16 años. Ocurrió durante una audiencia en el que uno de los acusados pide salidas transitorias. El trasfondo de idas y venidas fue descripto por el abogado: “Lo que pasó es un hecho aberrante, que implicó la muerte atroz de una adolescente de 16 años en circunstancias probadas de narco criminalidad”.
Por Claudia Acuña
Hay que explicar lo inexplicable. Desde que el 8 de octubre de este año la Cámara de Casación modificó el segundo fallo por el crimen de Lucía Pérez para negar su femicidio se desató una catarata de maniobras –de alguna manera hay que llamarlas– para intentar liberar a sus femicidas.
El fallo de Casación confirmó la culpabilidad de Juan Pablo Offidani y Matías Farías y los condenó por los delitos de violación agravada por el uso de estupefacientes y por tratarse de una menor de edad, pero no por su crimen: Lucía simplemente se murió. Esta negación del femicidio tiene como consecuencia un disparate jurídico: por un lado, la familia apeló está decisión; pero al mismo tiempo esta apelación no puede avanzar hasta que no se determine el monto de la condena que le correspondería a Farías por esta nueva tipificación. Si es complicado de comprender, imagínense lo que significa para esta familia soportar lo que la obliga a padecer el Poder Judicial. A saber:
- Para poder determinar el monto de la pena que le correspondería a Farías –que en el segundo fallo y luego del juicio anulado había sido condenado por femicidio y por lo tanto a prisión perpetua– podría corresponderle entonces entre 8 y 20 años de prisión. Para establecer exactamente cuánto, de acuerdo a la evaluación de atenuantes y agravantes, se inventó un tribunal compuesto por tres jueces de diferentes juzgados. Serán los responsables de la audiencia de Cesura que, según dictaminó luego de una audiencia donde acordó con las partes –querella y defensa– cómo sería el procedimiento, se realizará el 29 de abril de 2026 y durante tres días.

- Imagen de la audiencia. A la izquierda, el abogado Juan Pablo Gallego. Arriba, la foto principal, la movilización que acompañó a la familia.
- Unos días después la familia recibió una notificación que le comunicaba que esa audiencia se adelantaba a septiembre. Como su abogado, Juan Pablo Gallego, no estaba ni enterado de esta anticipación –y además se encontraba en España para la fecha pautada– se presentó un escrito denunciado esta irregularidad y solicitando se mantenga lo debidamente acordado: 29 de abril de 2026. Así será.
- Un mes después hubo otra novedad: el nuevo fiscal –cuyo rol se supone que es acusatorio– pidió el cese de la prisión de Farías, aun cuando las instancias de apelación y de establecimiento del nuevo monto de pena estaban pendientes de resolución.
- Unos días después llegó el turno de Offidani: solicitó salidas transitorias. La audiencia que se realizó este miércoles en los tribunales de Mar del Plata fue para decidir si las otorgaban o no.
En esa audiencia el doctor Gallego sintetizó lo que todo este proceder judicial despierta como duda “¿por qué se procede de esta manera tan irregular y que revictimiza a esta familia una y otra vez para salvar a personas que se supone que son dos perejiles? ¿Hay algo más detrás de esta causa que permite forzar tanto los procedimientos judiciales? Si nosotros, como parte querellante, no renunciamos a que se le aplique a ambos la figura de femicidio y eso está todavía en trámite, ¿qué se busca con esto? ¿Qué se fuguen antes de que se resuelva la cuestión central?”
Como respuesta la doctora Romina Merino, abogada defensora de Offidani, propuso: “Miremos para adelante”.
El doctor Gallego replicó:
“Nosotros no vamos a dejar de mirar lo que pasó porque lo que pasó es un hecho aberrante, que implicó la muerte atroz de una adolescente de 16 años en circunstancias probadas de narco criminalidad y eso implica una doble responsabilidad del Estado: por tratarse de una menor y por estar frente a una banda que vendía drogas en la puerta de un colegio, delito por el que cumplen una condena ratificada”.
El juez de garantías que debe evaluar el pedido de Offidani tiene ahora cinco días para determinar si cumple o no con los procedimientos necesarios para obtener los beneficios de la libertad transitoria.
En tanto la familia de Lucía sigue esperando justicia.

Matías, el hermano de Lucía y sus padres Guillermo y Marta.
#NiUnaMás
Adiós a Claudia Rodríguez: la Trans andina que propuso politizar el amor

Referente del movimiento trans latinoamericano, activista, poeta, escritora y tanto más, escribió sobre su infancia, la militancia trans, la vida sexual y se autoproclamó Miss Sida en 2007. Claudia Falleció este 29 de Noviembre. Su pelea incluyó al pueblo mapuche, la educación pública, los sin techo, y planteó siempre una filosa crítica al neoliberalismo, que quita posibilidades de vida y las transforma solo en posibilidad de consumo. En uno de sus viajes a la Argentina compartió con la revista MU sus ideas sobre el orgasmo, el feminismo sin resentimiento, la creación, y por qué hay que politizar el amor. Un modo de homenajearla, de recordarla, y a la vez de volver a estar en contacto con un pensamiento y una acción que dejan una sensible huella cultural, artística y política.
Por María del Carmen Varela
Foto: Lina Etchesuri

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