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El Dios de todos los días

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A las 8:30 de la mañana Pablo Marchetti entró a la Casa Rosada a despedir a Diego Maradona, al igual que lo están haciendo miles de personas en estos momentos. La ceremonia comenzó ayer por la tarde, siguió durante la madrugada y concluyó esta tarde. Del velorio multitudinario participan personas de todas las edades, clases sociales y colores, que lo vieron jugar y que no; que cantan, saltan y lloran. Las sensaciones y los análisis. Las preguntas que habilita su muerte. Y qué significa el ritual colectivo de quienes hacen tres horas de cola para despedirlo en 30 segundos: «Estamos aquí en la Plaza de Mayo tratando de llenar un vacío. Tratando de pensar cómo seguir. No digo que no se pueda seguir. Digo que es imposible continuar colectivamente de la misma manera. ¿Es posible hoy construir un héroe popular, un ídolo colectivo, un dios pagano y pecador como lo fue él?«

Por Pablo Marchetti

Miles de personas esperan ver el cajón donde están velando a Diego Armando Maradona. Durante la espera, que es larga, la gente quiere cantar, la gente quiere desahogarse, la gente quiere tratar de entender este momento en el que se siente sola y desconcertada. Por eso, cuando se trata de saltar, salta. Eso sí, la gente no salta por cualquier cosa.

      Cuando la consigna es “y ya lo ve/ y ya lo ve/ el que no salta/ es un inglés”, todo el mundo salta, todo el mundo canta. Por eso el cantito vuelve seguido, como una forma de arengar a los presentes y que no decaiga, y que nadie se duerma ni quiera desertar.

      Ahora, cuando alguien se descuelga con un “hay que saltar/ hay que saltar/ el que no salta/ es militar”, la participación popular es mínima. Ni para cantar, ni para saltar. Por eso la consigna se escucha poco y nada.

      El asunto tiene lógica: Diego es el autor de los dos goles memorables contra los ingleses. Dos goles que son el yin y yang, la belleza y la astucia, la perfección estética y la trampa de la avivada, pura armonía en cuanto a cómo ganarles a tus rivales en la cancha y en la guerra. Pero, sobre todas las cosas, Diego es quien nos representa en el mundo.

      Maradona es universal y de acá a la vuelta. Es el desparpajo de nuestras miserias y nuestras avivadas, con una genialidad única y una llegada planetaria. Lo de los militares no prende porque Diego está más allá de consignas domésticas. Obviamente, tomó partido político y jugó fuerte. Como siempre lo hizo en cada lugar donde jugó. Pero entre la gente que lo ama, las cosas van por otro carril.

      Diego enfrentó a los ingleses, los venció y los humilló, como no pudieron (o quisieron) hacer los militares. Entonces en la lógica maradoniana no tiene sentido saltar para decir que no somos militares. Debemos saltar para decir que no somos ingleses. ¿Militar? ¡Puesto menor!

La nueva normalidad

La gente es la que vino hasta la Plaza de Mayo para despedir a Diego. Gente formando una fila tras unas vallas, todo perfectamente organizado, a prueba de prejuicios y estigmatizaciones.

      La cola se extiende a lo largo de toda Plaza de Mayo y sigue un par de cuadras más, por Avenida de Mayo, hasta Florida o Chacabuco, depende el momento. El comienzo es en la Casa Rosada: allí está el objetivo, donde hay que llegar para despedir a D10s.

      Sí, despedir a D10s. Porque si estamos acá es porque llegó el día que nunca hubiéramos querido que llegue. El día que sabíamos que iba a llegar. Pero como había habido tantos momentos que parecía que sí, pero al final no, nos habíamos acostumbrado a vivir con la ilusión de que este día no llegaría nunca. Después de todo, estábamos habituados a sus gambetas, a su magia, a sus reinvenciones, a su arte.

Acostumbrados, habituados. Tal vez allí radique esa condición a la que le atribuimos carácter de deidad: en el habernos hecho creer que lo irreal podía volverse real. No sólo a creerlo: a imaginar que el asunto era parte de lo normal, de la nueva cotidianeidad.

Diego Armando Maradona fue el creador de la nueva normalidad. Él inventó una nueva normalidad, muy distinta a la normalidad que había hasta entonces. Con él nos acostumbramos a lo increíble. Nos fuimos haciendo a la idea de que lo imposible era posible. Por virtuosismo y por rebeldía.

Diego fue un desacatado. Un renegado, un paria. El que podría haber puesto todo su talento al servicio de algún club grande. Pero prefirió brillar en Nápoles antes que en Barcelona, Madrid, Milán o Turín. La nueva normalidad que creó Maradona tenía mucho de justiciera.

Nada podía salir mal. O eso parecía. Hasta que un día el asunto falló. Y aunque sabíamos que algún día iba a fallar, que finalmente esto que construimos como deidad no era más que una figura humana de carne y hueso, vulnerable hasta el extremo, nos negábamos a pensar que podía ser cierto. Más allá de las señales, más allá de la evidencia. Porque nada era evidente en DIego. Nada podía darse por sentado.

La noche del Diez

A las seis y media de la mañana, la cola avanza lentamente por avenida de Mayo. Son miles de personas para ver el cajón, para despedirlo, para partirse el alma por él. Pero no es el único lugar donde lo están despidiendo. Ni tampoco el único horario.

Anoche, a las 22, hubo un aplauso estruendoso en toda la ciudad. Y posiblemente en todo el país. Les puedo contar lo que pasó en mi barrio, en mi cuadra. Justo enfrente de mi casa para un grupo de cartoneros que al anochecer se empiezan a juntar, a ordenar lo recogido, a clasificar todo y a subir en los carros.

Hoy se pusieron a gritar “Maradooooo… Marado…” o “Diegooooo… Diegooooo”. Durante horas no dejó de escucharse un “vamos Diego” o alguna referencia a él. Un homenaje, sí. Pero cargado de incredulidad y hasta de esperanza. Como si alguien estuviera esperando aún el milagro que indique que en realidad nada de eso era verdad. Que en realidad, él seguía aquí, entre nosotros. fredes sociales. A esta muerte se le pone el pecho, como lo hizo él en vida, cuando se hizo cargo de esta representación colectiva de este, su país.

Después del aplauso de las 22 empezaron los fuegos artificiales. Y así sigue la noche: entre gritos de gente que aún no lo puede creer, entre aullidos de quienes creen que otra vez va a gambetear y a hacernos comer el amague, entre fuegos artificiales que cada tanto siguen retumbando.

En Buenos Aires, la despedida popular a Diego había comenzado donde suelen comenzar estas cosas: en el Obelisco. Hubo un montón de gente que fue hasta allí porque algo había que hacer, porque había que juntarse. Gente que pasó meses encerrada, cuidando la salud, siguiendo al pie de la letra las instrucciones sobre la cuarentena, la distancia social y la vida durante la pandemia.

Vi a dos chicas de unos veintipico, morochas de Zabaleta, con una nena de unos cinco o seis años. Madre, hija, tía. O hermanas e hija/sobrina. Las tres con una remera hecha especialmente para la ocasión, blanca con una foto de DIego en Boca estampada en el pecho, y otra de Diego en la Selección estampada en la espalda. Ninguna de las tres lo habían visto jugar. Pero allí estaban, llorándolo.

Vi otro carro de cartonero, esta vez frente al Obelisco, unos pibes que se habían desviado de su rutina para elevar una plegaria, para intentar encontrar las preguntas que buscábamos todos.

Había gente de todas las edades, de toda condición social, con camisetas de los equipos más inverosímiles. Muchos de Boca, pero también de Newell’s y de Argentinos, su terruño. Y también de Sevilla, muchas de la Selección. Hasta ahí, las que él vistió. Y la de Gimnasia. Porque recordemos que se fue de este mundo siendo técnico de Gimnasia.

Había también camisetas de Racing, de San Lorenzo, de Independiente, de San Telmo, de Deportivo Morón… lo que se dice de todo. En Plaza de Mayo estaban los pibes de Laferrére, que vinieron juntos desde el Partido de La Matanza para despedir “al más grande”, como dicen.

En un momento lo llamé a Juanosky, mi querido amigo, que vive justo enfrente de la cancha de Argentinos Juniors, en Gavilán y César Díaz. Venía de la cancha, había ido un rato a la casa y se volvía.

Me dijo que allá se estaba juntando mucha gente. Que habían cortado Boyacá e iban a seguir cortando calles porque se estaba juntando mucha gente. Estaban haciendo altares, la gente lloraba. Desde Nápoles llegaba la noticia de que la cosa estaba más o menos igual: llantos, altares callejeros. Y la novedad de que el estadio pasaría a llamarse San Paolo-Diego Maradona.

Yo estaba en el Obelisco, pero las redes que él había tejido por el mundo estaban funcionando a la perfección. Una red de afectos y pasión, de sentimientos inexplicables, que es como suelen ser los sentimientos más poderosos, más genuinos, los que realmente nos conmueven.

Me encontré con César, mi hermano, los dos buscando respuestas donde sabíamos que no íbamos a encontrar más que preguntas. Con César arreglamos para encontrarnos, allí, en el Obelisco, en la calle, entre la multitud, en el año en el que no fueron posibles las multitudes.

Me encontré con mi hermano porque los dos necesitábamos llorarlo a él, a quien estaba llorando un montón de gente más. En el año sin multitudes, en el año en el que murió nuestro padre, en el año en el que no pudimos ni velar a nuestro viejo, de repente estábamos en la calle, entre la multitud, intentando pensar si estábamos velándolo a Diego.

Velándolo, invocándolo, pensándolo, extrañándolo. Todo eso estábamos haciendo con él. Pero además, estábamos haciendo algo más, con nosotros: llenar el vacío que dejó él.

Lo llamamos a mi sobrino, que también estaba en el Obelisco, con unos amigos. Dante cumple 22 en tres días y sus amigos tenían su misma edad. Estaban desconsolados. Y eso que ellos tampoco lo vieron jugar a él. “Acá mismo estuvimos en 1986”, les contó César a Dante y a sus amigos, señalándome.

“Yo tenía 18 y él 16”, agrego yo y los pibes se quedan mirándonos con admiración y cierta envidia. Hasta que Dante dice: “Lo que daría yo por haber tenido 16 o 18 años en el 86”. De la Mano de Dios al Tiempo de Dios. Porque en la nueva normalidad maradoniana el tiempo no es lo que solemos llamar el tiempo.

Porque así como todo el gol del siglo, esa gambeta a seis rivales, dura apenas unos segundos, en Plaza de Mayo, el tiempo de cola es de unas tres horas, para ver algo que no dura más de 30 segundos. Pero esos 30 segundos son tan intensos, tan cuestionadores de nuestras existencias, que todo vale la pena.

El vacío y la calle

Por eso hay tanta gente de todos lados. Por eso hay camisetas de clubes tan diferentes. Algunas donde Diego jugó, como el grupo de pibes de Newells que viajó especialmente, estacionó sus autos frente a Plaza de Mayo sin hacerse muchos problemas. También hay muchísimas camisetas de Boca e incontables de la Selección. ¡Hasta hay algunos con la camiseta de River!

El orgullo maradoniano implica, primero, lucir la camiseta que el Diego vistió. Y luego dar testimonio de la devoción sin disimular nada, sin ocultar los verdaderos colores de la pasión futbolera de cada uno. Porque con Diego no había que caretear nada. Diego era un D10s y, como tal, era ecuménico, inclusivo, estaba más allá de peleas menores, de nimiedades.

En la cola hay pocos colados, mucho respeto, algunos chistes. Como para matizar el momento de ver el cajón, que descontamos, será muy fuerte. Y es por eso por lo que estamos acá. ¿O no? ¿Para qué estamos acá, haciendo varias horas de cola?

Sí, definitivamente estamos aquí en la Plaza de Mayo (con antes en el Obelisco o en los aplausos en la cuadra) tratando de llenar un vacío. Tratando de pensar cómo seguir. No digo que no se pueda seguir. Siempre se puede seguir, siempre, de alguna manera, seguimos. Digo que es imposible continuar colectivamente de la misma manera. ¿Es posible hoy construir un héroe popular, un ídolo colectivo, un dios pagano y pecador como lo fue él?

No sé qué pensarán ustedes. Pero a mí se me ocurre que la única respuesta posible es: no. Quedan Charly y el Indio Solari. Y no creo que muchos más. Eso sí, ninguno trasciende las fronteras como él. Ningún otro puede enfrentarse como él a los ingleses.

Ninguno puede ganar las gestas internacionales, llevar la bandera celeste y blanco y plantarla en cualquier lugar del mundo. Una bandera que flamee igual que la que está ahora en Plaza de Mayo, gigante y a media hasta. A su lado, la estatua ecuestre de San Martín. En estos momentos, el caballo de bronce de San Martín luce un 10 en el culo.

Así se funde lo sanmartiniano en el sincretismo maradoniano. Demasiado bueno para ser cierto. Pero igualmente lo es, Maradona existió y algunos tuvimos la enorme dicha de ser contemporáneos. Contemporáneos de una clase de ídolo popular, sin redes (ni sociales, ni de condicionamientos a la hora de decir cosas), que hoy, tras la muerte de Diego, parece ser definitivamente asunto del pasado.

Podrán venir muchos campeonatos del mundo en un deporte que seguirá siendo el más popular de todos. Ojalá. Pero es muy difícil que un futbolista (o un artista) logre el grado de pasión desbordada, de delirio, de amores (y también de odios) que supo conseguir él.

Sí, él. ¿O hace falta que lo nombre una vez más? ¿No está claro a quién me refiero? ¿Existe hoy alguien más? Ni nadie, ni nada. Por eso hoy el milagro fue volver a encontrarnos en la calle y que nadie se cuestionara absolutamente nada. Hoy la calle volvió a ser nuestra, de quienes creemos en ese ámbito soberano, democrático y libre donde poder expresar razones y pasiones.

La calle, el único ámbito posible donde llenar el vacío que nos deja su ausencia. En este, el año que pensábamos que era el del covid, el de la pandemia, el de la cuarentena. Ahora sabemos que no, que este año es mucho más difícil de lo que creíamos: este es el año en que tenemos que aprender a vivir sin él.

Sin él y sin todo lo que él representaba. Todo lo que él nos permitía a los demás ser simples mortales con preocupaciones de simples mortales. En el año de la peste nos quedamos sin él. Y lo peor de todo es que sabemos que para ese dolor infinito no hay vacuna.

      Gracias. Gracias por todo lo que nos diste, por todo lo que nos ayudaste a pensar quiénes somos. Gracias, D10S, por enseñarnos a los ateos a creer en milagros. No, no te nombro. No hace falta. Hoy nadie habla de nadie más. Hoy es todo en tu honor y en tu memoria.

      Gracias, D10S. Rezamos por vos. Aún los ateos. Recemos, que después de vos nadie se quedó sin fe. Es lo mínimo que podemos hacer por vos. Y de paso, saltemos. Que el que no salta, no entiende nada.   

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Bloqueo a Vaca Muerta de comunidades mapuche y pobladores de Añelo que buscan dos cosas: derechos y agua

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Esta semana hubo cinco cortes a los principales yacimientos de fracking, organizados por el pueblo mapuche de Vaca Muerta en reclamo de relevamientos territoriales ya acordados que permitirían además el reconocimiento de 14 comunidades. El bloqueo se agregó a los cortes de ruta de pobladores de Añelo (localidad central en el área de explotación) que reclamaban por la ausencia de agua. Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén dice a lavaca: “Estamos contra la fractura hidráulica porque sabemos lo que genera, como lo saben los países la prohibieron como Francia, Inglaterra, varios estados de los Estados Unidos, que sin embargo mandan sus empresas para que hagan el fracking aquí”. Los efectos reales de la “inversión extranjera” y el negocio de las empresas que solo son rentables si tienen subsidios estatales.

Esta semana las comunidades mapuche de la zona de Vaca Muerta bloquearon los cinco principales yacimientos de fractura hidráulica. A ese conflicto se sumaron los cortes de rutas protagonizados por vecinas y vecinos de la ciudad de Añelo, desesperados por la ausencia de agua, entre otras cosas.

Jorge Nawel, logko (autoridad política) de la Confederación Mapuche de Neuquén planteó a lavaca el panorma y derribó los mitos publicitarios sobre los supuestos beneficios del fracking.

“La situación empieza por tres grandes temas pendientes. Por un lado la obligación de Consulta Libre e Informada a los pueblos originarios, tema refrendado por Argentina en los tratados internacionales. Estamos todavía discutiendo un articulado que es el que le dará forma al proceso de consulta sobre cualquier actividad que se haga en territorio indígena”.  

“Por otra parte la necesidad de las personerías jurídicas de las comunidades, que no tienen ese reconocimiento por parte del Estado. Es una deuda que el Estado no termina de resolver”.

“Y el tercer tema es el relevamiento de las tierras, porque si no tenemos delimitados los territorios, ¿a quién van a reconocer?”.

¿Un pueblo originario es un club?

Sostiene Nawel que el tema de la consulta está cerca de poder resolverse tras cuatro meses de negociaciones para el establecimiento de un protocolo de 15 puntos ante cada proyecto que pretenda realizarse en territorio indígena. “Posiblemente la semana próxima podamos dar buenas noticias”.

Le da especial importancia, también, a la cuestión del registro “porque saca a las comunidades de la órbita de una simple asociación y les da el estatus que corresponde, con una personería que es carácter público, no privado. Eso significa que una comunidad no tiene control del Estado ni es tratada como como si fuese un club o una asociación, sino que se trata de un pueblo. No es parte de la órbita privada sino de la pública”.

¿Y por qué el bloqueo? “Principalmente por el tercer tema, el del relevamiento territorial. Se formó un equipo técnico, jurídico y catastral hace más de un año para concretarlo, pero notamos animosidad oficial contra las comunidades de Vaca Muerta porque somos las que protestamos y nos movilizamos. Ese mismo equipo existe como respuesta a una de las acciones directas que hicimos en 2021. El equipo lo forman Nación y Provincia, pero nunca funcionó como corresponde y en más de un año no hubo relevamiento de una sola de nuestras 14 comunidades en esa zona. Por eso decidimos bloquear Vaca Muerta”.

Llamar la atención vs embarrar la cancha   

El bloqueo se concretó el lunes pasado, 28 de noviembre. “Cerramos el acceso a los cinco yacimientos más importantes en los que trabajan empresas como Techint, YPF, Shell, Tecpetrol y Pluspetrol, entre otras. Eso significa ingresar a las 5 de la mañana antes del turno que empieza a las 6. Se arman colas de 200 camiones y máquinas de la industria, o más, que no dejamos que circulen”.

El fondo del tema, según Nawel: “Es la única manera de llamar la atención de un gobierno al que la protesta social no le va ni le viene, y te lo digo porque hay protestas y reclamos todos los días, y una total indiferencia oficial frene a eso”.

“Lo único que hace que te presten atención es cuando le tocas la matriz económica que es la explotación de Vaca Muerta. Somos conscientes de eso y cada vez que queremos ponernos en una posición firme tenemos que bloquear la producción”.

La acción mapuche logró llamar la atención: “Convocaron a un diálogo y se planteó crear un equipo especial que resuelva la cuestión del relevamiento territorial. Hay que ver si el gobierno cumple su palabra. Lo que estamos reclamando es que se cumplan las leyes”.

Funcionarios y medios, sin embargo, plantean que el trasfondo del reclamo mapuche es la búsqueda de un beneficio económico. Responde Jorge Nawel: “Es el argumento cuando el Estado quiere confundir las cosas. Plantea un trasfondo económico, peero vos ves las demandas que hacemos, ninguna tiene carácter económico sino de derechos. Carácter político y de respeto a los derechos”.

“La Consulta es algo que está normado desde 2001. Que se reconozca a las comunidades es algo que está escrito en las constituciones de Nación y Provincia. El relevamiento de tierras está ordenado por la Ley 21.160. O sea que estamos reiterando viejas demandas que jamás se responden. Una forma de ensuciar y embarrar la cancha es darle a lo que reclamamos un carácter económico, cuando en realidad les estamos diciendo que cumplan las leyes: cumplan con lo que ustedes mismos aprobaron”.

Progresismo y felicidad extractiva

El debate sobre el modelo extractivo del cual el fracking es apenas una muestra, incluye de modo cada vez más entusiasta a sectores que se autoperciben progresistas que pregonan avanzar con un tipo de modelo que lleva más de 500 años no excesivamente exitosos en el continente.

Reconoce Jorge: “Vaca Muerta es sin duda una salvación económica, pero ¿de quién? Para nosotros, para la sociedad, es una fuente de saqueo de recursos naturales, de empobrecimiento social y de contaminación de todo tipo”.

“Sin embargo es cierto que es una salvación económica para las corporaciones, que pueden derivar a sus casas centrales millonadas de dólares de manera permanente. Argentina lo único que hace es darles prebendas, subsidios, beneficios impositivos, para que el señor inversor no se vaya y siga explotando la meseta y la tierra mapuche”.

Nawel advierte: “Todo ese contagio de felicidad y bienaventuranza para nosotros es una absoluta farsa. El fracking solo les da ganancias a las empresas. La propia industria del fracking ha planteado en distintos informes que la actividad no es rentable sin la cantidad de subsidios y prebendas que le da el Estado. Lo más grave para nosotros –y debería serlo para la sociedad– todo se hace a costa del ambiente, la salud y la seguridad de la población”.

La descripción: “El fracking genera un enorme impacto ambiental por las toneladas de basura que genera, por el tema de los sismos (debidos a las excavaciones), por los millones de litros de agua que consume en una zona árida como la nuestra. La industria no se ocupa no responde porque si tuviera que hacerse cargo de los costos ambientales y sociales, ya no sería rentable. Por eso es una farsa”.

Lo prohibido y la deuda

El rechazo mapuche, según Nawel: “Rechazamos el fracking desde el primer día porque sabemos las consecuencias que genera. Es el mismo conocimiento que tienen los países del primer mundo que por eso lo prohíben, como Francia, Gran Bretaña, varios estados de los Estados Unidos, y Colombia también se sumó a una moratoria”. La moratoria es el modo de dejar en suspenso cualquier aprobación a la actividad, un modo elegante de prohibición. De todos modos en Europa se sumaron Alemania, Bulgaria, Italia, Suiza y República Checa.  

“El fracking solo es rentable si los Estados subordinados, empobrecidos, entregados, renunciando a su soberanía permiten que esas multinacionales ingresen”.

¿Y cómo ven a los funcionarios? “Lo que pasa es que esto es un cúmulo de errores de políticos cortoplacistas que al subir solo pensaron en terminar su mandato y ganar reelecciones en lo posible, y para eso capturaron el recurso era el petróleo y lo dilapidaron. Neuquén es una provincia petrodependiente desde hace décadas”.  

“Los políticos piensan siempre en el corto plazo, nunca pensar en la sociedad, en el futuro, en las nuevas generaciones. Pero es increíbe: ya en 1956 la constitución de Neuquén decía que toda la renta petrolera que se obtuviera no debía ser utilizada en gastos comunes, que es lo que hoy se hace para sostener el aparato del Estado y el empleo púbico. La renta debía reinvertirse en la búsqueda de energías alternativas para romper la dependencia del petróleo, que ya en ese momento se veía que era una industria con impacto ambiental y no sustentable. Esa inversión de renta en la búsqueda de energías alternativas nunca se hizo. Nunca”.

Jorge relaciona el tema con el de la deuda externa: “El país, por sus políticos, queda preso de una deuda escandalosa que exige acumular dólares para pagarla. Pero la última beneficiada de todo esto va a ser la población Y los primeros benericiados van a ser los dueños de la deuda externa y las empresas que obtienen ganancias vergonzosas que giran al exterior, a sus casas centrales. Las migajas quedan para la población y sobre todo queda un impacto que va a convertir a a estas tierras en un cementerio si todo sigue así”.

¿Agua o petróleo?

La tremenda propaganda alrededor de Vaca Muerta, sus inversiones, sus ganancias, podría inducir a pensar que la provincia, o al menos las localidades cercanas a la explotación, están pasando épocas de bonanza (sea lo que sea que tal cosa signifique).

Nawel informa: “Cuando hicimos el bloqueo se sumó el propio pueblo de Añelo que hace días no tiene una gota de agua en la canilla. Es más. Nosotros levanamos el bloqueo cuando empezamos a obtener respuesta, pero ellos siguieron hasta el miércoles. Y solo reclamaban agua, ¿te das cuenta? Están planteando obras que permiten llevar agua desde el río Neuquén para las empresas, y el pueblo supuestamente beneficiado no tiene ni agua. Esa es la realidad. Neuquén es una provincia endeudada con la banca internacional y el Estado nacional, y nos venden todos los días titulares hablando de un ritmo acelerado de Vaca Muerta o de aumento de la producción”.

La contracara: “Lo que se ve en la práctica es que lo que aumentó es la pobreza, el endeudamiento de la provincia, y Añelo, que era la Dubai argentina, no tiene ni agua”.

La situación: “Hacen tanta propaganda y hay una crisis tan grande, que todos los los días llegan familias a Neuquén con la expectativa de conseguir un trabajo digno en esta supuesta gran gallina de los huevos de oro. Como no lo logran, porque la industria es muy selectiva, se van incrementando las periferias urbanas con familias empobrecidas. Si esa es la salvación del país, estamos en problemas”.

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16va Marcha de la Gorra: “Ocupar las calles: Libres o nada”

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Ayer, martes 29 de noviembre se llevó a cabo la 16va edición de la Marcha de la Gorra en la ciudad de Córdoba. La reconocida marcha contra el gatillo fácil y la violencia institucional sucede a dos semanas de conocerse públicamente -en el marco del juicio por la muerte del adolescente Blas Correa- los mensajes intercambiados por Whatsapp entre el ex Ministro de Seguridad Alfonso Mosquera y el ex comisario Gonzalo Cumplido en el que manifestaban su preocupación por las repercusiones que provocaría la muerte de “un rubito” “de clase media”. Conversación mantenida a primera mañana de los 6 disparos de la noche de agosto del 2020.

Por Bernardina Rosini

desde Córdoba

Tal vez resuene fuerte fuera de la provincia, pero en la calle no causó ningún escozor.

Soledad Aciar, la madre de Blas, ausente en la marcha, hace unos días refirió sobre los policías locales «disparan sus armas como si estuvieran jugando en la Play”.

No se mencionó el indignante intercambio entre los ex funcionarios en la tarde de ayer, pero sí se mencionaron las 9 horas que estuvo encadenada la mamá de Rodrigo Sánchez en las rejas de Tribunales. Ella, Gabriela Sanso, tomó el micrófono y fue dura contra la justicia y los uniformados azules. “7 años sin que avance la causa, sin respuestas, sin que me digan nada», dijo. «No puede ser que nos tengamos que encadenar para ser escuchados. Mataron a mi hijo por la espalda, 17 años. Ellos sueltos mientras que a mi hijo no le dieron oportunidad. No dan oportunidad de vivir, fusilan”. Sólo tras haberse encadenado, la Fiscalía General la recibió y se comprometió con la resolución de la causa.

Se suceden madres en el micrófono que relatan y enumeran, una vez más, todas las atrocidades del mecanismo de impunidad: disparos por la espalda, fiscalías inertes, investigaciones nunca iniciadas, encubrimientos, argumentos y declaraciones tan burdas, tan contradictorias, tan absurdas. Dolor y nudos de bronca.

Unxs pibes con la cabeza cubierta escalan por el frente de un edificio y hacen la primera intervención de la marcha: pincel en mano y pegamento, dejan el rostro y nombres de algunos los muertos Franco Amaya, Sergio Cuello, Juan Alarcón, Pichón Escobay. Podrían cubrir todo el frente. Sólo en los últimos dos años se contabilizan 10 casos fatales en manos de la Policía de Córdoba. Con esta preocupación la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Córdoba (APDH Córdoba) solicitó al Gobernador Juan Schiaretti una audiencia con “carácter de urgente” en el mes de agosto. Entrando en diciembre, con el expediente dormido, el gobernador no se da por notificado.

Difícil eludir la sucesión de los casos, y la crisis de la institución policial. En los primeros seis meses de 2022 un total de 218 uniformados fueron apartados de sus trabajos debido a que quedaron bajo la lupa del Tribunal de Control Disciplinario de las Fuerzas de Seguridad de Córdoba. El 88,2% corresponden específicamente a efectivos de la Policía de la Provincia, y según el Tribunal en la gran mayoría de los casos, los desplazamientos de personal fueron por sumarios motivados por denuncias de violencia de género, seguidos de mal desempeño y violencia institucional.

Casos que han logrado relevancia y aparecer en las agendas de los medios nacionales: Blas Correa es uno, el femicidio de Cecilia Basaldúa es otro. Este último  tiene policías señalados por la familia, confesiones logradas mediante aprietes, encubrimiento y un juicio forzado contra un joven inocente. Pero aún sin dar con el autor material.

Difícil desentenderse también de la fuerza y el sentido que moviliza la Marcha de la Gorra en Córdoba. No atender a los fuegos, la danza y la ceremonia a metros de la Legislatura, rodeada de vallas y un puñado de policías. Las familias prenden velas dispuestas en la calle formando una figura hecha de bidones de agua, flores de santa rita, naranjas y manzanas. 

 “Libertad para ocupar las calles y habitar y circular por nuestros montes”. Se escucha en los parlantes, ampliando los límites del transitar urbano pero también señalando que las políticas violentas, extractivistas, excluyentes son comunes. Acá y un poco más allá. Que son múltiples los derechos arrebatados. “Que no nos quiten crecer en las calles, ni las noches en la plaza ni las tardes de río”. El final de la marcha es un abrazo, la canción que la cantante Sara Hebe escribió inspirada en la marcha, sintetiza el deseo:

“No encuentro mejor manera de aguantar este embretao

Que imaginarme suelto, vivo y enamorao”.

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#NiUnaMás

Hoy es el día para luchar contra las violencias, y mañana también

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Este informe del Observatorio Lucía Pérez dimensiona la cartografía de la violencia patriarcal, con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla. Los pies en la calle contra las violencias. Y lo que hay que cuidar: la vida. 

300 femicidios y travesticidios: uno cada 26 horas
339 marchas para exigir justicia: una por día
211 infancias huérfanas: no hay forma de dimensionar lo que esto significa.
En los padrones públicos y de libre acceso de nuestro Observatorio podés encontrar toda la información que hay detrás de estos números. Está actualizada diariamente e incluye hasta la fuente de donde surgen los datos, que permanentemente chequeamos y renovamos caso por caso. En total, el padrón de femicidios y travesticidios ya suma 4.177.
También llevamos padrones públicos de tentativas de femicidios, desaparecidas, violaciones, denuncias registradas por provincia y funcionarios denunciados por violencia de género.
Día a día y desde hace más de una década bordamos así esta cartografía de la violencia patriarcal con la esperanza de encontrar una forma de prevenirla y erradicarla.
Periódicamente junto a las familias víctimas de estas violencia analizamos lo que esta información representa hasta descubrir algunas claves. Por ejemplo, aprendimos a diferenciar los femicidios y travesticidios generados por las violencias parentales de aquellos generados por la impunidad territorial, donde el dominio narco genera las condiciones necesarias para arrasar con la vida de mujeres y trans. El ejemplo más cruel es Rosario, que este año ya suma 50 mujeres asesinadas por una violencia territorial que cuenta con la necesaria complicidad de policías y servicios penitenciarios, es decir el Estado. Obtener justicia en estas condiciones es algo negado de por sí y precisamente por ello, lo que alienta la continuidad de estos crímenes.
La forma de construir justicia, entonces, sigue siendo la que nos legaron Madres y Abuelas: con los pies en la calle. Los datos son claros: este año hubo una marcha por día gritando “Ni una más”.
Lo que representan estas movilizaciones que sacuden las periferias en todo el país no es fácil percibirlo desde la centralidad porteña, capturada por la parálisis y el vaciamiento que los kioscos de género ejercen sobre el movimiento para contenerlo y disciplinarlo. Advertimos entonces: cuidado con “los cuidados”. Con esa etiqueta se vienen ahora los recursos, los discursos y los programas que pretenden catalizar las energías sociales hacia tareas de reparación de lo que precisamente el sistema enferma y rompe.
Nosotras no vamos a cuidar este sistema.
Nosotras no vamos a sanarlo, ni a alimentarlo ni a criarlo.
Nosotras vamos a sacudirlo hasta que caiga.
Y lo vamos a hacer bailando, gritando y conspirando el 25 de noviembre, día internacional de lucha contra la violencia patriarcal, y también al día siguiente, y al siguiente, y más.
Nosotras nos organizamos y reunimos para cuidar lo que hoy está en riesgo: la vida.

Los padrones públicos y de libre acceso se pueden ver en www.observatorioluciaperez.org

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