Nota
El Estado es responsable: movilizaciones en todo el país, contra la justicia machista
Miles de personas se movilizaron a distintas sedes del Poder Judicial del país para denunciar toda la cadena de ausencias y complicidades del Estado como parte de la máquina femicida. Falta de prevención y de cumplimiento efectivo de medidas y leyes existentes; de formación a funcionarios públicos; de la complicidad de la policía; del machismo de los fallos; y de la falta de respuestas concretas, urgentes y efectivas del ejecutivo, más acá de anuncios mediáticos. Una vez más la calle marcó el pedido del “Ni una más” mujer muerta por violencia machista, gritó que “el Estado es responsable” y ofreció todo tipo de propuestas que pueden ser implementadas ya. El pedido de declaración de emergencia, las historias que hablan de una impunidad sistemática, y la reforma judicial no por el “lawfare” sino por la violencia machista que ya se cobró 51 vidas en lo que va del 2021.

Por Inés Hayes y Melissa Zenobi
Frente a los Tribunales de San Martín, la mamá de Araceli Fulles, Mónica Ferreyra, recuerda que los femicidas de su hija están libres.
En los tribunales de Mar del Plata, Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, impulsa un jury contra los jueces que dejaron impune el femicidio de su hija, y reclama un nuevo proceso.
En Jujuy el grito es por justicia para Iara Rueda, joven de 16 que murió estrangulada, y por Marina Patagua, mujer asesinada por un hombre que estaba preso por violencia de género y la justicia liberó.
Hasta Capital Federal viajó la madre de Úrsula, la joven que siguió todos los pasos judiciales para no ser asesinada pero terminó acuchillada por un policía en Rojas, provincia de Buenos Aires.
Y así, en cada territorio, mujeres, travestis, trans, lesbianas de todo el país marcharon frente a distintos tribunales para exigir que el Estado adopte medidas concretas, urgentes y efectivas para parar la violencia machista.
El foco sobre el Poder Judicial incluye la denuncia de la trama femicida en todos los niveles, cadena que se resumió en las calles en una sola frase: “El Estado es responsable”.
Una vida de impunidad
Cada historia representa un ejemplo de cómo funciona la trama policial y judicial que es cómplice, por acción u omisión, de cada uno de los 51 femicidios que 48 días se cobró el 2021. El Observatorio contra la violencia patriarcal Lucía Pérez registró esa cifra que además dejó a 35 niños, niñas y niñes huérfanos. Frente a un sistema institucional que no pone freno a la violencia machista, hoy la presión volvió a estar en la calle.
Mónica Ferreyra, mamá de Araceli Fulles, marchó dos veces: a los Tribunales de San Martín y también al de la Ciudad de Buenos Aires. “Nadie nos escuchó cuando pedimos que buscaran a mi hija”, asegura. Araceli fue vista por última vez con vida el 2 de abril de 2017 a la madrugada, en una plaza cercana a su casa, pero su cuerpo fue encontrado el 28 de abril, 25 días después, debajo de unos escombros en el fondo de una casa en José León Suárez. “Estoy pidiendo una reforma feminista de la justicia porque hace 4 años que mataron a mi hija y no tuvimos justicia desde entonces”, suma Mónica en este día su pedido concreto.

“Lo de Úrsula no tendría que haber ocurrido y lo de mi hija tampoco: así, seguimos contando”, dice Alfredo Barrera, papá de Carla Soggiu, cuyo cuerpo fue encontrado en el riachuelo, conectando el femicidio de su hija con el que causó la movilización de hoy a todos los tribunales. La conexión no es casual: su hija Carla llevaba cinco días desaparecida cuando el botón antipático se activó dos veces ese día, pero no hubo respuesta estatal. Tampoco justicia: “Necesitamos que nos escuchen, porque desde el Gobierno se habla mucho sobre violencia de género y se hace muy poco. Ojalá que esto sea un quiebre y empiecen a aplicar las leyes que ya están”, sugiere.
Marta Montero, mamá de Lucia Pérez, asesinada el 8 de octubre de 2016, está frente a los tribunales en Mar del Plata. El femicidio provocó y organizó el Primer Paro de Mujeres un movimiento que hoy resuena en la calle tras el femicidio de Úrsula: “Hoy es un día como tantos de lucha que hemos tenido”, pone en contexto ella, que acaba de inaugurar el domingo una instalación artística del cuarto de su hija.
Marta y su familia se preparan este año para un nuevo juicio. Luego del fallo del Tribunal de Casación bonaerense que anuló las vergonzosas absoluciones a los tres imputados por el caso y ordenó la realización de otro debate oral, impulsa un nuevo proceso que lleve a los femicidas de su hija a la cárcel. Una primicia reciente: consiguió el respaldo de la fiscalía en el pedido de juicio político a los jueces que dejaron impune su asesinato en primera instancia: acaso otra demostración de que salir a la calle, sirve.
El país en movimiento
Mientras tanto, desde Chubut, Nelly Rovera, directora de Género de ATE Chubut, interpreta por qué se marcha a los tribunales: “Nos movilizamos porque la justicia no llegó, porque a pesar de las denuncias que hagamos la justicia no llega: nos movilizamos a Tribunales para interpelar esa acción concreta de falta de justicia. Porque ante la justicia patriarcal hacemos alianza feminista, esperando que las trabajadoras del Poder Judicial, desde las operativas hasta las juezas se unan a nuestra voz y frenemos, juntas, a esta justicia machista cómplice de los femicidios”.
En Capital Federal, las trabajadoras del Sindicato de Trabajadores Judiciales dicen a lavaca desde adentro: “Sin reforma judicial no hay ni una menos. Una justicia al servicio del pueblo debe tener perspectiva de género. Se necesita abordar las violencias de géneros de manera integral y situada, donde la prevención sea una acción central”.
Natalia Aramayo, periodista jujeña de la red de comunicadora feministas de Jujuy e integrante de la Multisectorial de Mujeres y Diversidades de Jujuy, suma un nombre para ir del ejemplo concreto, a la impunidad sistemática: Marina Patagua, 46 años, asesinada el 12 de febrero de este año por su pareja, quien había estado presa por violencia de género y fue liberado por el juez Pullen Llermanos: “A Marina, como a Úrsula, el Estado no las cuidó”, asegura Aramayo. “En Jujuy las mujeres y el movimiento feminista nuevamente alzamos nuestra voz porque estos últimos feminicidios, tienen un común denominador: un Estado ausente y cómplice, una justicia patriarcal, machista y misógina que no escucha y no resguarda a las mujeres”.
Tucumán, primera provincia en índices de femicidios, también se movió: “Estamos para seguir diciendo que el Estado es responsable”, dice Leonor Cruz, integrante de la Multisectorial de Mujeres y Diversidades y de la CTA Autónoma. Y puntualiza sobre el Poder Judicial: “Queremos una justicia que nos proteja, una justicia que nos escuche, una justicia con mirada feminista. No somos cifras ni estadísticas. No somos la editorial de algún noticiero morboso que con lujo de detalle nos vuelve a violar. Cada mujer, niña o adolescente asesinada es una vida que este sistema nos arrebata”.

La movilización también fue multitudinaria en Santa Rosa, La Pampa, donde María Vanesa Borgstrand, Secretaría de Igualdad de Oportunidades y Géneros de la Central pampeana, asegura: “Marchamos por Úrsula, pero también por todas nuestras víctimas, por las que ya no están y por las que quedaron heridas, lastimadas, rotas. Desde el Estado no tenemos las respuestas que necesitamos para seguir vivas, porque el Poder Judicial termina siendo cómplice con penas absurdas o dejando libre a abusadores y femicidas”.
Borgstrand puntualiza que la ley 27.210 prevé la confirmación de un cuerpo de abogados específico para casos de violencia de género y no se cumple, y pide: “Que se conforme en cada lugar, que cuente con juzgados, que el presupuesto que se destina a los organismos que atienden casos de violencia sea acorde a las necesidades que se enfrentan en esta lucha para empoderar y acompañar a las víctimas y familias. El Poder Judicial necesita una verdadera y profunda reforma con perspectiva de género».

Cartas urgentes al presidente
“La violencia de género es un problema estructural en el país, que se profundizó en el contexto de la pandemia de Covid-19. Como en 2015 el femicidio de Chiara Páez, de 14 años, hoy el femicidio de Úrsula Bahillo, de 18 años, es otro punto de inflexión”, empieza la carta que personalidades del arte, la cultura y el periodismo le enviaron hoy al Presidente Alberto Fernández. Y sigue: “No podemos tolerar ni una muerte más de mujeres e identidades feminizadas, que pagan con sus vidas el costo de de una masculinidad que tiene la potestad de poseerlas. Ni una muerta más”.
En la carta se pide se declare urgentemente la emergencia nacional por violencia contra las mujeres y disidencias por cuestiones de género y que se “entreguen presupuestos extraordinarios, adecuados a las áreas involucradas de la Justicia, las Fuerzas de Seguridad y de los dispositivos que dependan de los gobiernos locales, provinciales y nacional. No queremos contar más femicidios”, resume.
También se reclaman sanciones a funcionarios judiciales y de las fuerzas de seguridad que incurran en errores graves y manifiestos en su tarea de proteger a las víctimas, así como la incorporación de la perspectiva de género a la reforma judicial y que se cumpla efectivamente la Ley 26.150.
Esta carta se suma a la sexta que el grupo de Familiares de Sobrevivientes de femicidios entregó en Casa Rosada el miércoles pasado, reclamando una reunión con el Presidente.
Mientras se esperan respuestas oficiales urgentes, concretas y efectivas para parar la violencia, desde quizá la movilización más masiva del día, en Mar del Plata, Marta Montero asegura: “Es muy duro contar todos los días a una más. La calle es el lugar que nos da la fuerza para poder decir lo que nos pasa y exigir lo que queremos cambiar. Y lo vamos a hacer”.
Nota
Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Hay una pregunta que resulta difícil de responder: ¿cómo puede ser que esté todo tan mal y, sin embargo, no pase nada…? Dejemos por un momento la idea de que ‘no pasa nada’ (no hay signos vitales), porque esta revista es fiel reflejo de que eso no es tan así. La pregunta apunta a que sabemos que la desigualdad crece, que el poder y las riquezas están cada vez más concentrados, las democracias degradadas, las guerras se multiplican y el desarrollo tecnológico amenaza muchas veces a estar más cercano a empeorar las cosas que a mejorarlas. Crecen las fake news, las teorías conspirativas, el negacionismo, y la realidad parece seguir igual o cada vez peor.
La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió un ensayo que parte del psicoanálisis para ayudarnos a entender una forma de reacción: Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, recientemente publicado por Caja Negra. La base de la historia: el desentendimiento, hacerse el o la distraída, es saber que los problemas y conflictos existen pero fingir demencia o, si se quiere ‘fingir normalidad’, desentendiéndose perversamente de causas y consecuencias de la crisis permanente.
Aquí algunos fragmentos para explorar la cuestión, y para no desentendernos.

Rasgo de época
«El modelo de la noción de desentendimiento (…) se resume en una fórmula sumamente concisa: ‘Ya lo sé, pero aun así….’. El desentendimiento difiere de la negación: no niega los hechos, sino que anuncia con mucho gusto que lo sabe todo al respecto y luego prosigue como antes. El desentendimiento (perverso), que sostiene una creencia mediante la proclamación apasionada del conocimiento de lo contrario, está volviéndose el rasgo predominante de nuestra vida social y política, y va mucho más allá de la psicología personal”.
The other side
«Solemos preguntarnos cómo puede ser que el proyecto del Iluminismo haya terminado en un triunfo del oscurantismo: el surgimiento de todo tipo de creencias extrañas, desconfianza en la ciencia, un populismo que se apoya en cualquier cosa excepto en la argumentación racional… El psicoanálisis lacaniano ofrece una respuesta: no es que fuerzas oscuras y pulsiones ocultas se hayan adueñado de la razón y le hayan ganado al conocimiento y su evidencia, es más bien que a la razón y al conocimiento nunca les ha faltado su propio lado oscuro y ‘poco razonable’. La modalidad social contemporánea de desentendimiento es una forma perversa de la razón, del conocimiento mismo, y no el retorno de una pulsión arcaica y oculta. Las apelaciones a la razón y la ciencia tienden justamente a olvidar o ignorar esto; en general, derivan en una frustración indignada, o bien en una arrogancia fascinada y divertida frente a la ‘estupidez de la gente’”.
La negación
«En términos políticos, parecemos atrapados en un baile macabro en el que la negación (a menudo asociada con el ‘populismo’), por un lado, y el desentendimiento perverso asociado con la idea mainstream del business-as-usual (de que sigue todo como si nada), por el otro, constituyen las dos opciones políticas principales que compiten, alimentándose la una a la otra con sus respectivas patologías y casi siempre respondiéndose entre sí, en lugar de responder a cualquier realidad social”.
Conspiranoicos
«Hay una curiosa complicidad entre la actitud ‘racional’ del sigue-todo-como-si-nada de la sociedad mainstream y la actitud ‘demente’ de los conspiracionistas. Aunque la primera descanse fundamentalmente en los mecanismos del desentendimiento, mientras que la segunda se acerca más a la negación, hay entre ambas una cierta dialéctica. Por ejemplo, esas élites racionales ‘saben’ que hay un cambio climático, pero al mismo tiempo continúan como si nada. No lo niegan, pero su comportamiento apegado a continuar con el funcionamiento normal de las cosas demuestra que su creencia inconsciente no es diferente de la negación explícita de los conspiracionistas. A su vez, las élites necesitan a los conspiracionistas justamente para poder señalarlos con el dedo, para contrastar la ‘demencia’ de estos con su supuesta racionalidad y así impedir que veamos su propia demencia”.
La vida fake
«Las teorías conspirativas parecen estar pasando del marginal y recóndito ‘inframundo’ y de la subcultura al espacio público, incluso a la política oficial. Muchas razones, en muchos niveles diferentes, explican esto”. (…)
“Tendemos a atribuir el hecho de que ‘ya no es posible distinguir la verdad de la ficción’ a la influencia de las teorías moderna y posmoderna, (…) pero, en el entusiasmo por este realismo redescubierto, tendemos a olvidarnos de un hecho muy real: que a menudo es objetivamente bastante difícil –en efecto, imposible– distinguirlas. Las falsificaciones y los ‘fakes’ se están volviendo cada vez mejores; la tecnología, incluida la IA, produjo efectos desconcertantes e inquietantes a este respecto, con cosas imposibles de distinguir de las auténticas; por no mencionar que nuestras relaciones sociales en el capitalismo tardío están excesivamente ficcionalizadas, para que la realidad brutal del capital pueda seguir su curso”.
Individualismo masificado
«El desentendimiento perverso es, por así decirlo, un fenómeno masivo individual: es el pináculo de la individualidad, del individualismo, independientemente de cuán generalizado esté y, en este sentido, de cuán ‘universal’ sea. Con las teorías conspirativas, la situación es diferente porque en general se agrupan en colectivos específicos. Puede parecer paradójico, pero muchos de estos colectivos se forman a partir de un rechazo explícito de cualquier cosa ‘colectiva’ (de rebaño, como les gusta decir). Lo usual es que se categoricen estos grupos bajo términos negativos como ‘horda’, ‘multitud populista’, ‘masas fascistas’. Pero como no hay nada ni siquiera remotamente parecido a una formación colectiva del lado mainstream individualista ‘racional’ y su actitud de seguir-como-si-nada, estos inevitablemente prevalecen. Nuestros líderes occidentales ilustrados, que aborrecen estas ‘formaciones masivas’, tienen solo una respuesta para ellos: apoyar e incentivar niveles individuales de desentendimiento como modo de lidiar con las crisis. Esta estrategia funcionó por un tiempo, pero ahora está fracasando de manera dramática, porque presupone un ambiente social relativamente estable con una clase media grande y relativamente cómoda, no el tipo de crisis serial en la que estamos metidos”.
¿La izquierda por arriba?
«Las malas circunstancias sociales no producen patologías ni conducen a un aumento de las atrocidades necesaria o directamente, pero sin dudas contribuyen a ello. El truco, sin embargo, es evitar la actitud condescendiente de ‘entender’, una actitud compartida por muchos en la izquierda, que le niega a la ‘gente’ cualquier agencia más que la de ser una expresión directa de sus circunstancias sociales, mientras que ‘nosotros’ podemos elevarnos por sobre esas mismas circunstancias y ‘entender’ a aquellos que no pueden hacerlo. En tanto la crisis signifique una serie de ‘eventos terribles que suceden alrededor de nosotros’ y nuestro gran esfuerzo para lidiar con ellos, permanecemos atrapados en la dialéctica de la represión y en la danza macabra de la negación y el desentendimiento. Lo que realmente tenemos que entender no es a otra gente (‘menos afortunados y diferentes de nosotros’), sino el otro lado de la crisis: el hecho de que el otro lado de la crisis es una escena de lucha en curso continua”.
Agujeros
«No hablo simplemente de establecer las causas verdaderas o más profundas de las crisis. Una genuina lucha emancipadora no consiste en establecer la causalidad correcta para poder finalmente explicar –y así desechar– estas crisis. El psicoanálisis tampoco consiste en eso. Si hay algo que las luchas sociales pueden aprender del psicoanálisis, se trata de lo siguiente: solo hay causas de lo que no funciona, de lo que trastabilla y señala un agujero, un salto, un problema. El pensamiento emancipatorio no consiste en explicar el agujero y hacer que todo parezca natural: este es el trabajo de la ideología. El pensamiento emancipatorio identifica y localiza este agujero en la causalidad, esta falla técnica, este punto de decisión en el que la responsabilidad, la agencia y, sí, la política entran en juego y en el que las cosas podrían o deberían haber ido en otra dirección”.
El trauma
«No hay manera de enfrentar el trauma de forma directa, y eso es lo que lo hace un trauma: algo que nos consume y es indistinguible del efecto que tiene en nosotros. Cuanto más traumático es este, más anestesiados quedamos. Necesitamos despertarnos, no para olvidarlo y reforzar nuestras defensas por ‘medios racionales’, sino más bien para perseguir el trauma y sus consecuencias en las fibras y grietas de nuestra realidad normal, cotidiana. Solo nos podemos ocupar de las ‘causas verdaderas y más profundas’ de las crisis si focalizamos nuestra atención en la superficie y en la forma. Arrancar el velo de la superficie, por otro lado, sólo fortalece las defensas y previene efectivamente todo pensamiento, lucha y enfrentamiento de estas causas”.
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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