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Etiquetado frontal de alimentos: el origen de una gesta social con nombre de mujer

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El 26 de octubre será recordado como el día en el que finalmente se convirtió en Ley el etiquetado frontal de alimentos para lograr algo que parecía una utopía: que las personas sepan qué están consumiendo, y decidan al respecto. La persona más nombrada y elogiada durante la sesión parlamentaria estaba mirando todo desde las gradas: Miryam Gorban, 89 años, quien desde hace al menos tres décadas viene bregando por este tipo de temas, que concentra en un concepto: Soberanía Alimentaria.

Dice a lavaca.org, el día después: “¿Cómo la pasé anoche? Lindo, porque estuve en el Congreso bastantes horas y estoy con la alegría de haber ganado otra batalla.

Miryam es nutricionista, coordinadora y corazón de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Medicina de la UBA, dos veces Doctora Honoris Causa, integrante del Diplomado en Periodismo y Comunicación Ambiental Andrés Carrasco.

¿Qué es lo crucial de la nueva ley? “Una mamá, cualquier persona, ya no va a necesitar tener una lupa o un telescopio para saber qué está comiendo. Las etiquetas con advertencias en negro están pensadas para que incluso personas analfabetas puedan decidir. Cada persona, cada mamá, cada familia, e incluso cada chico, va a poder seleccionar qué alimentos son los mejores y cuáles prefieren no consumir, si tienen grasas, azúcares y todo lo que la industria le mete a esos productos”.

Miryam sostuvo siempre que la industria produce OCNIS (Objetos Comestibles No Identificados) en los cuales la falta de información es inversamente proporcional al exceso de malnutrición. “El efecto de lo de ayer es tener conciencia y saber lo que comemos. El de los alimentos es un negocio muy oscuro, entrelazado con muchos intereses y conflictos. Esta fue una buena batalla, y hubo buenas intervenciones y argumentaciones de los diputados”.

La votación exhibió 200 diputados a favor, 22 en contra y 16 abstenciones. “Hace unos poquitos años esto era totalmente impensable. Más en nuestro país. Que el Estado regule a la industria alimentaria es algo fundamental y nuevo, incluso desde el punto de vista de la salud pública. Se pusieron muchos ladrillitos en esta construcción, que sigue creciendo”.

La nueva ley se propone prevenir la malnutrición de la población: no se trata solo de la desnutrición (la falta de alimentos) sin del acceso a alimentos que no generen perjuicios a la salud en un país en el que el INDEC ha calculado que más del 61% de la población tiene sobrepeso –dentro de ello, el 25,4% padece obesidad), tema que se refleja también en la infancia.

Otro punto, económicamente incalculable, es la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles (desde diabetes, enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias crónicas y renales) entre tantas que en muchos casos están motivadas por una malnutrición permanente, que afecta sobre todo a los sectores populares, de menores recursos.     

Las etiquetas octogonales negras en comestibles y bebidas ocuparán por lo menos el 5% de la superficie del frente del envase, y señalarán cuando existan altos niveles de «nutrientes críticos» (grasas totales, grasas saturadas, sodio, azúcares, calorías), según las definiciones del Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud. 

Otro aspecto es que se prohibirá la publicidad de productos que tengan al menos una de esas etiquetas, principalmente los dirigidos a las infancias, que se han convertido en el nuevo sujeto y objeto de las corporaciones alimenticias. 

La ley establece también que ya no habrá personajes infantiles, dibujos animados, celebridades, animaciones, deportistas y todos los etcéteras publicitarios de estos casos, así como regalos, premios, accesorios, juegos, eventos y toda la parafernalia habitual para incitar al consumo de estos alimentos, que no podrán siquiera ser regalados.

También se prohíben estos comestibles industriales en las escuelas. Los kioscos deberán ser más saludables, cosa que es increíble que no se haya implementado antes, pero que al menos rige desde ahora.     

Miryam: “Estas etiquetas provocan un cambio automático en las pautas de consumo de la gente. Ya se ha visto en Chile, y se está viendo también en México y varios países del continente. Nadie quiere comer algo que no le hace bien, y de lo que se trata también es de evitar la publicidad engañosa que ha tenido confundida a la gente durante tantos años. Los huevitos con juguetes y ese tipo de anzuelos ya no van a ser permitidos. Eso también es Soberanía Alimentaria, después de tantos años de intervenir con las Cátedras Libres, con notas, con acciones”.

Miryam rescata que ayer, en la puerta del Congreso, estaba también la Unión de Trabajadoras y Trabajadores de la Tierra (UTT) que con sus verdurazos y frutazos ayudó a hacer visible a quienes realmente producen buena parte de los alimentos que consume la sociedad. La UTT está reclamando también por una Ley de Acceso a la tierra, para que esas familias tengan la posibilidad de comprar los lotes en los que producen hortalizas que en muchos casos son agroecológicas: sin pesticidas ni venenos de ningún tipo.

“Había una vieja publicidad de cigarrillos” dice Miryam “que decía: qué hay detrás de un Caravana. Hoy lo que tenemos que preguntarnos es qué hay detrás de un comestible. Por eso esta ley también apunta a lo que hemos impulsado desde siempre: una alimentación sana, segura y soberana”.

¿Hubo un contagio de una nueva perspectiva sobre los alimentos? La primera nota en MU a Miryam (2012) la presentaba con un cuchillo entre los dientes y una sonrisa enorme. La combinación entre la decisión de dar las peleas necesarias, y la alegría que ha sabido transmitir en cada una de sus intervenciones.

Miryam: “Hubo mucho trabajo, funcionamiento de las redes, tara interdisciplinaria de las Cátedras Libres, hubo más información. Todo eso ayudó a cambiar el rumbo de la educación alimentaria. Las notas periodísticas, las acciones, todo sirvió para divulgar”.

Todo este resultado es producto, entonces, de una gran movida social que Miryam ayudó en gran parte a sembrar. Es una líder, pero jamás se considera de ese modo. Es una especie de gran cocinera que ha ido mezclando ingredientes y acciones para lograr un objetivo que mezcla alimentación, cultura, técnica, sociedad en movimiento, amor y futuro. 

Como homenaje, y para conocerla más, reproducimos la nota realizada en MU que explica en parte cómo se ha llegado a que la Soberanía Alimentaria y la sensibilidad sobre lo que comemos formen parte de la agenda del presente.

Mujer maravilla: Miryam Gorban y la Soberanía Alimentaria

Es símbolo y maestra de cómo  pensar el país partir de la alimentación. Tiene 88 diciembres. Trabajó con Ramón Carrillo y con René Favaloro. Estuvo desaparecida. Participó en las ollas populares durante las crisis. Sus experiencias, y la apuesta por el optimismo. Vicentín, AF, la soja, los chanchos chinos, el comunismo, la agroecología, la sensibilidad para comprender la época. Y un detalle misterioso: ¿qué es la Soberanía Alimentaria? Por Sergio Ciancaglini.

«Vos decís algo, y no te dan pelota. Lo dice el Presidente, y entonces ya es noticia”, protesta y ríe. 

Miryam Kurganoff de Gorban –Kita para la familia y la gente amiga, clase 1931, criada en Añatuya, nutricionista de cuando nadie hablaba de eso, dos veces Doctora Honoris Causa, marxista “de comunión diaria”, cocinera de empanadas antológicas y timonel de una vida que es una travesía asombrosa– es injusta consigo misma. 

Hace 24 años está hablando de Soberanía Alimentaria. Desde la soledad absoluta ha sido tan insistente, clara, convincente y cabeza dura (o sea, cabeza abierta) que le han terminado por dar tanta pelota, que hasta el Presidente amplificó el tema. Se puede sospechar, al revés, que es a él a quien no le dieron la pelota que esperaba al relacionar, acaso desacompasadamente, Soberanía Alimentaria con su proyecto de expropiación o salida a la situación empresario/delictiva del grupo Vicentín. 

Aclara Miryam: “Creo que él lo pensó bien pero después, por las presiones, el gobierno se achicó. Expropiar esa empresa no era la Soberanía Alimentaria, pero sí un avance, y principalmente una forma de recuperar herramientas para el país. Vicentín te daba dos puertos cuando hoy casi todos los puertos del país son privados. Googlealo, y es de terror. O nos daría herramientas para la exportación. No hay flota mercante, línea de bandera que comercialice, ferrocarriles, el neoliberalismo se llevó puesto todo. ¿De qué corno estamos hablando?”

Se enoja Miryam pero enseguida se pone contenta porque está viviendo en casa de su hija y están allí una de sus nietas, con bisnieta en brazos. Cuatro generaciones de mujeres. Miryam fue mamá 5 veces, desde1953. Dos hijas (Silvia y Claudia), luego un varón, Sergio, que murió a los 3 meses en medio de la epidemia de polio. El segundo varón, Jorge, fue víctima a los 35 años de otra pandemia: accidente automovilístico. A Miryam la templanza le viene de lejos. El quinto hijo es Marcos, que hoy está preparando un libro sobre su madre. Tiene 9 nietxs y 8 bisnietxs.    

La cuarentena la hizo ducha en el manejo de las plataformas para participar en toda clase de seminarios, conversatorios, encuentros, reuniones de su CALISA (Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Facultad de Medicina) o del Diplomado Andrés Carrasco de Comunicación Ambiental. “Tengo dos o tres reuniones por día. Estoy en todas partes”. 

Se ha reunido virtualmente con ministros, legisladores y funcionarios que tratan con afecto y respeto a una mujer cálida, que no se olvida de ser volcánica cuando hace falta. El día de la noticia de la expropiación de Vicentín, en junio, se permitió ilusionarse con el proyecto, pero envió dos señales: 1) “Si no hablan del acceso a la tierra y de agroecología, señor Presidente, no es Soberanía Alimentaria” y 2) “no le firmo un cheque en blanco a nadie”. 

La bisabuela me mira por la pantalla y recuerda que en 1996 viajó a Roma a una cumbre mundial sobre alimentación organizada por la FAO, en la que conoció al hondureño Rafael Alegría: “No me olvido más. Es uno de los fundadores de Vía Campesina. Hoy está perseguido en su país. Se sentó horas a explicarme lo que significa la alimentación como un tema político y no técnico. Me enganché totalmente”. 

¿Qué es la Soberanía Alimentaria? Miryam propone las palabras de Vía Campesina: “El derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. Defiende los intereses de, e incluye a, las futuras generaciones. Nos ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual”. 

La definición reivindica luego la producción local, la agricultura familiar, la sostenibilidad ambiental, social y económica, el comercio transparente, los derechos de los consumidores, el derecho de acceso a la tierra, al agua, a las semillas, a la biodiversidad. Plantea finalmente: “La soberanía alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos raciales, clases sociales y generaciones”. 

Mongo Pirulo

¿Esa definición tiene puntos de contacto o de choque con el actual gobierno? “Vos ves que hay debates internos, es un gobierno heterogéneo y con el marco económico, social, sanitario, cultural, es difícil avanzar. Hay pasos que parecen tímidos, pero son importantes. Un ministro como (Juan) Cabandié que en vez de disfrazarse de planta y hacer pavadas, habla del glifosato y se mete con los incendios. O la creación de la Dirección de Agroecología. Esas cosas las destaco porque si no, ¿para qué lo hacen?”

Por cosmética, puede pensar la gente desconfiada, si no se les da poder para actuar realmente: “Pero siento que ahora nos están escuchando. Eso lo valoro”. 

Miryam & los chanchos: “Lo que pasa es que el gobierno se reúne con el Consejo Empresario Mongo Pirulo para sembrar más soja o poner megagranjas de chanchos, y tendrían que recibirnos también a nosotros que estamos planteando que no podemos seguir agravando la situación social y sanitaria. Es como me enseñaron las mujeres peruanas en una marcha: ‘No estamos en la protesta, sino que tenemos propuestas, y entonces exigimos respuestas’. En el caso argentino, esto no se arregla con más soja o con armar un gran chiquero. Por eso proponemos la agroecología. Y en el caso de los chanchos, como dice siempre Remo Vénica (de la granja Naturaleza Viva), que haya miles de pequeñas granjas, producción local que estimule la agricultura familiar sin afectar el medio ambiente, y no pocas megagranjas con miles de vientres cada una, abuso de antibióticos para el rápido crecimiento, animales chapoteando en su propio estiércol, contaminación de la tierra, el agua y el aire”. 

Dato: En el siglo pasado los cerdos fueron el símbolo para la izquierda de capitalismo y opresión. Hoy el sistema alimentario coloca a dichos animales como uno de los emblemas del hacinamiento y la muerte. China viene de una peste anterior a la del Covid-19 que mató a más de 200 millones de cerdos de sus megagranjas (¿el coronavirus masivo será culpa solo de murciélagos o pangolines?) y está entusiasmada con sacarse parte del problema de encima, criando porcinos en Argentina. Allí está el origen del negocio.  

La concentración parece justamente la clave en la que coinciden los negociadores chinos y argentinos.  

Claro, solo ven las divisas de la soja. Y más teniendo ahí a Felipe Solá. Metió el monocultivo sojero (al aprobar los transgénicos en 1996) y ahora va a querer meter el rmonocultivo de cerdos. Por eso proponemos hacerlo, pero de otro modo. Y es un dato que hayan postergado el acuerdo con China hasta noviembre, diciendo que quieren incluir un artículo de cuidado ambiental. Eso es porque escucharon las movilizaciones y reclamos. Habrá que seguir insistiendo.

¿Qué le dirías a Solá si te lo cruzás? 

Lo que le digo a todos. Que me expliquen cuál es el beneficio del modelo sojero. Enriqueció a unos pocos, envenenó la tierra, la gente, y nos contaminó la vida. Están los pueblos fumigados como testigos de las consecuencias del modelo. Que se hayan desmontado miles de hectáreas de bosques para la soja es un atentado total a la naturaleza. Y encima seguir haciéndolo en plena pandemia, ¿qué es? Te lo digo como changuita santiagueña: no podemos salir a andar, pero ellos siguen fumigando y dicen que es “tarea esencial”. Increíble. Sobre todo cuando tenés la agroecología que te está demostrando que se puede producir en campos grandes, a gran escala, y exportar alimentos. Hay más de 80.000 hectáreas agroecológicas para cereales, oleaginosas y ganadería, y cada vez más producción intensiva de verduras y frutas sanas. Nos siguen vendiendo el modelo de agrotóxicos porque es el negocio de las corporaciones. Así que con esas cosas yo voy a seguir siempre igual con los funcionarios: rompiéndoles la paciencia.   

Una mocosa con Carrillo 

Las charlas con Miryam nunca son lineales, se pueden ir por las ramas o por las raíces para dejar ver el árbol y los bosques. Mezclan entusiasmo y ganas de contar aventuras (y algunas desventuras): la experiencia como riqueza que se comparte. 

Dice: “Habría que fijar una política alimentaria. Yo quiero exportar. Pero si estamos en un plan contra el hambre, primero resolvamos el problema interno. No es un tema de Cancillería. Es un tema de Hacienda, Salud Pública, Medio Ambiente. Me gustaría que haya una Dirección de Alimentación como quiso hacer Ramón Carrillo, con el que alcancé a trabajar”. 

Salto repentino de 70 años. Para ubicarnos antes de llegar a Carrillo: Miryam creció en Añatuya, Santiago del Estero, donde se habían instalado los Kurganoff: “Un lugar de mucha miseria, veías las viudas jóvenes de negro que no tenían jubilación ni un carajo, mucha penuria de la gente, incluso de mis compañeros de escuela que se quedaban a comer en casa porque vivían a leguas y estudiaban magisterio como salida laboral”. 

Su padre vendió máquinas de coser Singer y luego fue corredor de toda clase de productos, desde perfumes hasta discos, a lo Melquíades en Cien años de soledad, y su madre instaló una librería escolar. “Veníamos de estar sin comer, pero las cosas mejoraron. Igual, me dolía la penuria que había alrededor: eso te queda pegado en la piel”. 

Conoció al conscripto Luis Gorban que tenía 20 años y vivía en Córdoba. Ella tenía 17. “Luis era comunista, militaba en la Universidad de Córdoba. Yo tenía la sensibilidad social, él me dio el marco teórico que entendí totalmente”. Se enamoraron, hubo años de noviazgo con mucha carta y poco encuentro. No existían los mails ni Facebook, entre otras antigüedades. 

Miryam marchó a Buenos Aires a casa de unas tías: “Quería estudiar Medicina pero tenía que dar como 14 reválidas porque era maestra y no bachiller. Supe que existía la tecnicatura de dietista. Por lo menos tenía que ver con la salud, y me anoté”. Luis se mudó a Buenos Aires, terminó Medicina en La Plata, y se casaron en 1951. “Ese mismo año me recibí de dietista, y Ramón Carrillo que era el ministro de Salud nombró director de Alimentación a mi profesor Horacio Storni, y a mí”.

Storni la tenía como alumna predilecta, y casi la lleva a atender a Evita. ¿Cuál fue el problema? “No quise afiliarme al Partido Peronista. Yo no era antiperonista. Había visto en Añatuya la alegría de la gente, la diferencia entre beneficencia y solidaridad, que es lo que transmitía el peronismo. Pero no aceptaba afiliarme”. Luego Storni cambió de puesto, la Dirección quedó desarticulada pero Carrillo ordenó armar un plan de alimentación para todos los hospitales del país. Solo quedaba Miryam como dietista, que organizó el plan. Carrillo la convocó y cuando la vio le preguntó a la secretaria: “¿Quién es esta mocosa?” Mejoró todo cuando le dijeron que la joven venía de Santiago del Estero, como él. El programa de la veinteañera empezó a implementarse, luego tuvo a su primera hija (1953) y se mudó hacia otras zonas de la vida.

La cosmetóloga y Favaloro     

Miryam habla de las posibilidades productivas argentinas: moras, higos, granadas, tunas mejores que el kiwi, mangos antológicos que se tiran en Formosa, paltas, espárragos, arándanos, aceite de oliva, producciones no transgénicas de la RENAMA (Red de Municipios y comunidades que apoyan la Agroecología) y la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra). Cuenta de la centolla y los langostinos en medio saqueo de la riqueza pesquera y menciona el caso de una niña estaba asombrada porque vio en una granja gallinas vestidas: “Claro, tenían plumas. Nunca había visto”.  

Recuerda que en 2015 el ministerio de Salud de Daniel Gollán la invitó a dar una charla con miles de trabajadoras de esa cartera: “Les voy a cobrar esta charla. Me van a tener que pagar con un aviso, una publicidad oficial que hable de la salud, porque no hay ni una”. Recibió un aplauso, pero ninguna publicidad. 

¿Qué aviso lanzaría Miryam? “Uno que diga: ‘dale la teta a tu hijo para que crezca sano y feliz. Basta de darle cocacola y comida chatarra pensando que así va a ser rubio y de ojos celestes: así va a ser un enfermo. Y hay que hablar de la teta. Porque van y hacen encuestas en los barrios sobre la ‘lactancia materna’ y las mujeres no saben de qué les están hablando” dice Miryam, alérgica a los lenguajes vacíos de las burocracias estatales y oenegeísticas. Agrega: “Es que no estamos teniendo una política comunicacional que nos cambie la cabeza colonizada que tenemos. Tendría que haber mensajes que digan: tome agua, la bebida de los pueblos fuertes”.

Paralela a su experiencia con Carrillo, la militancia en el Partido Comunista la había llevado a estar en la creación de la Unión de Mujeres Argentinas. “Ya en aquella época reclamábamos igual salario por igual tarea. No se hablaba de feminismo, eso vino después”. Miryam pasó de Salud Pública al Instituto de Nutrición que funcionaba en el Pasteur, con el doctor Pedro Stramesi: “Un gran maestro de cocina”. En 1953 comenzó su seguidilla de partos y a fines de los 50 fue convocada al Sanatorio Güemes para encargarse de la alimentación. El trabajo y la crianza en simultáneo la obligaron a renunciar. “Ya estábamos en Lomas de Zamora, y puse en casa un consultorio de Dietética y Cosmética. Me tenía que ganar mis ingresos” dice como justificándose. “Ahí me aparecían todos los  trastornos alimentarios, desnutrición, obesidad, diabetes”. Empezaba a intuir en qué medida la alimentación era un tema personal, y a la vez social y político, mientras saltaba de su consultorio a militar en reclamos contra el despido de ferroviarios durante el frondicismo. “Siempre fue así, haciendo de todo. Balconear, nunca jamás –cuenta, y cita a Pablo Neruda-. Confieso que he vivido”.

Desde el Sanatorio Güemes volvieron a llamarla en 1972 para acompañar una hazaña científica: el doctor René Favaloro había desarrollado en los Estados Unidos la técnica del by-pass coronario, pero había decidido reinstalarse en el país y trabajar en el Güemes. “Me hice cargo del Departamento de Alimentación para profesionalizarlo al máximo: había 3.000 empleados, enfermeras y médicos, la guardería con más de 100 hijos de trabajadores y 1.000 camas, incluyendo a los pacientes de alta complejidad. Fue una experiencia impresionante” dice sobre su rol como directora de esa especie de industria destinada a nutrir y salvar vidas.  

Miryam desaparecida

La nada se resolvía con sopa, puré y compota. “Teníamos 15 nutricionistas. Armábamos las comidas según los pacientes, no eran un número sino un nombre.  Investigábamos los alimentos y hacíamos encuentros con los médicos, incluido Favaloro que nos escuchaba asombrado. Presentábamos las tablas nutricionales. Me acuerdo que no sabían cuánta sal tenían los grisines y decían: ‘¿nosotros estamos comiendo eso?’ Hasta el agua mineral estudiamos”. 

Memoria: “Favaloro era un tipo sencillísimo, el médico rural de Jacinto Aráuz, su pueblo. A las 7 de la mañana estaba operando. Al mediodía daba una vuelta y comía algo sencillito, un sándwich y agua. A las 7 de la tarde seguía ahí adentro. Cuando podía, recorría el país para enseñar y transmitir lo que sabía. Era esa cosa del científico de verdad, generoso, que piensa en lo social y no en el lucimiento o en el escalafón de su carrera. Lo que después conocí en Andrés Carrasco (ex presidente del CONICET, quien descubrió los efectos del glifosato), y lo que antes había sido el propio Carrillo”.      

Llegó el golpe de Estado de 1976 y a fines de ese año sus dos hijas fueron secuestradas por participar en centros estudiantiles universitarios. Silvia (hoy médica) estaba embarazada. “No sabíamos en esa época lo de los robos de bebés. La nena nació después, le pusieron Marcela pero siempre decimos que tendría que llamarse Milagros”. 

Las patotas militares se llevaron del Güemes a la propia Miryam y su Citroën celeste en 1978. “Yo nunca dejé de militar, y además con mi marido éramos gente muy conocida. Vos imagínate que se atendían con Luis y venían a casa  Mercedes Sosa, Álvaro Yunque, Horacio Guaraní, Juan Carlos Castagnino, Ramón Ayala, Cesar Isella, Armando Tejada Gómez. Osvaldo Pugliese no, pero lo recibimos en un acto en Lomas. Yo digo que lo mío habrá sido una delación mal barajada: en el Güemes habían secuestrado a la comisión gremial y Jorge Tanco y otras cinco compañeras siguen desaparecidas”.  

La llevaron al centro clandestino El Banco, en La Matanza, donde organizaba secuestros, torturas y desapariciones Julio Simón, más conocido el “Turco Julián”, policía de cruz esvástica en el llavero, que sigue cumpliendo condena por múltiples delitos de lesa humanidad. “Me tenían encapuchada y encadenada a un cubil para perros. El que me torturaba era otro. El Turco daba las órdenes y, ¿sabés qué hacía?: Tomaba anfetaminas para aguantar y quedarse todo el día ahí, el guacho. Como robaban los discos de los secuestrados un día pusieron uno y era de César Isella, sobre Salvador Allende. Se ve que yo me sonreí. El Turco dijo: “Mirá la bolche, cómo ser ríe”, y rompió el disco. Estaba totalmente pichicateado”. 

Reconoce Miryam que pese al miedo siempre intentó estar tranquila: “Vino un coronel a interrogarme, a jugar de policía bueno. Me dijo: “Usted tendrá mucho odio, pero tiene que comprender lo que hacemos porque de muchos camaradas son una lápida en el cementerio’. Le contesté: ‘Lo felicito. Ustedes por lo menos tienen una lápida. ¿Dónde están nuestros compañeros? Ni lápida tienen’. Siguió la discusión y le dije: ‘Mire, yo estoy muy tranquila porque hubo un Nüremberg’ y el tipo no habló más”. En otro momento le dieron lápiz y papel para que delatase nombres de su organización. Miryam hoy estalla en carcajadas al recordarlo: “Les puse a Victorio Codovilla, que ya se había muerto. Ellos querían saber del aparato, pero de esos meollos yo nunca supe nada”. Le secuestraron su agenda. “Creían que había lenguaje cifrado. Vieron ‘Aceite’, llamaron y era Molinos, donde hacíamos los pedidos. Una compañera de hemoterapia me había regalado un libro y me lo dedicó: ‘A la jefa’”, pero estos creían que era una jefa guerrillera y no la jefa de un servicio”. 

Mientras ella seguía detenida, su marido Luis habló con Favaloro quien le dio una carta para el comandante del Cuerpo I del Ejército, Guillermo Suárez Mason. “Hubo mucha movida denunciando mi caso, pero creo que es a Favaloro al que le debo la vida”. Dos semanas después del secuestro, le informaron que iban a liberarla. “Me llevaron a otra habitación y había que esperar bastante. Les pedí algo para leer y me trajeron la novela El día del chacal (de Frederick Forsyth, sobre un intento de asesinar a Charles De Gaulle por parte de la derecha terrorista francesa). Cuando tuvieron todo listo para irnos les dije: ‘Esperen que me faltan dos páginas’. No lo hice para provocarlos. Realmente estaba interesante el libro y no me quería perder el final”.      

Es difícil calcular cuánto poder hubo en esa tranquilidad: “Siempre fui así. Hay gente que agacha la cabeza pero para mí somos todos iguales. Estuve con la gente más famosa y la más anónima, y eso te enseña a moverte. No pisoteás, ni rendís pleitesía porque el otro esté en un escalón distinto al tuyo. Pero bueno, lo cierto es que puedo contarla. ¿Cómo no ser optimista”. 

Es una optimista de la voluntad y del corazón que puede contar su experiencia en las crisis del 89 y la de 2001: “Estuve en la alta complejidad y también en las ollas populares donde se establecen las relaciones y las resistencias más increíbles”.    

Puede contar sus premios infinitos, pero refunfuñar inmediatamente: “¿Cómo me dan a mí dos doctorados Honoris Causa, y a Favaloro no le dieron ninguno ni lo tuvieron como profesor universitario? Dejame de joder”. Me envía un video en el que Favaloro dice en los 90: “Esto más que neoliberalismo es un  neofeudalismo” y “no concibo a un universitario sin compromiso social. Tiene que contribuir a que la sociedad sea cada vez mejor, más solidaria y más justa”. Ella agrega: “Eso es la ciencia digna, como lo que representó Carrasco y hoy toda una camada de gente joven que quiere hacer cosas en serio y no a sueldo de las corporaciones”. 

Razonamiento sobre el presente: “El problema es que no podemos articular lo que hacen los pueblos contra la minería, los pueblos fumigados, los que producen agroecología y tantas otras luchas”. A la vez, más que buscar grandes articulaciones, lo suyo es el contacto personal, la charla, el viaje, lo local, la siembra. Queda como debate: ¿serán las grandes articulaciones las que funcionan (lo que Miryam piensa), o serán los infinitos gestos pequeños y cotidianos (lo que Miryam hace) los que terminan generando los cambios de cultura, los contagios de sensibilidad, de modos de ser y de actuar? ¿Serán las dos cosas, o cada una según el momento? 

La Soberanía Alimentaria abrió a la joven comunista a un territorio que es pura actualidad, juventud, fertilidad, horizontalidad, creación. “Es algo universal, algo que crece no desde arriba sino desde abajo. Son otras palabras, otros lenguajes, otros tiempos. Pero siempre se trata de cambiar el capitalismo”. 

Todo lo que hace tal vez no tenga que ver con haber sido militante, dietista, matriarca nutricionista, detenida-desaparecida, referencia internacional, doctora honoris causa y todo lo demás, sino con la sensibilidad para entender la época y hacer el magisterio que imaginaba aquella chiquilina de Añatuya a la que se le pegaba a la piel lo que veía alrededor. Con esa sensibilidad se la ha pasado ejerciendo como maestra, nutriendo la vida, las ideas y las acciones de mucha gente dispuesta a cambiar la cultura, la mesa, las relaciones y el futuro. Al estilo de la más célebre imagen de Miryam: sonriendo, con el cuchillo entre los dientes. Y aplicando siempre uno de los más saludables oficios en este mundo: romper las paciencias. 

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Crónica de una toma: la educación en movimiento

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75 divisiones del colegio Carlos Pellegrini se sumaron a acompañar la medida de distintos colegios bajo la órbita del gobierno porteño de tomar el colegio, pernoctar y reclamarle a la ministra Soledad Acuña una mesa de diálogo. Hasta ahora, la respuesta del ejecutivo de la Ciudad fue denunciar penalmente a las familias, pero nada sobre los reclamos: más presupuesto edilicio, más viandas, el fin de las pasantías precarizadoras, basta de ajuste, basta de persecución. Crónica de cómo deliberan les jóvenes, cómo se organizan y qué proponen como parte de un movimiento.

Fotos: Sebastian Smok

“A partir de ahora, la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini está tomada”, dice Micaela, presidenta del Centro de Estudiantes, hoy, a las 16.32 horas. 

Ovación. 

Está sentada con las piernas cruzadas, sobre una mesa de material, en el patio de la escuela. Frente a ella, el piso lleno de pibis sentados con la mano levantada acaban de votar la toma de la escuela, hasta el 30 de septiembre cómo fecha límite, luego de tres años sin tomas del establecimiento.  

La votación llega después de una hora de asamblea del turno tarde. Horas antes había votado el turno mañana. Después le tocaría al vespertino. Todos con el mismo resultado.

Cada turno del Pellegini tiene alrededor de 800 alumnes. Las asambleas fueron masivas; en la del turno tarde, en el patio no había lugar libre; aun así dedicaron tiempo a nombrar a cada comisión para que levantara las manos y chequear que el quórum estaba garantizado. 

La asamblea fue resolutiva, pero también informativa. Con estas palabras la definió Micaela: “Llegamos hasta acá por la situación de las escuelas de Capital, porque el gobierno no los está escuchando, porque la Ministra no los quiere escuchar”. 

El Pellegrini no depende del Gobierno de la Ciudad: como colegio universitario depende de la Universidad de Buenos Aires. Dolores, vicepresidenta del Centro de Estudiantes, pregunta: “¿Quién conoce a alguien que vaya a un secundario de la Ciudad?”. 

Las manos arriba. Entonces remata: “Entonces es un error no luchar con nuestros compañeros”. 

Parte de un movimiento

El último viernes, les estudiantes del Colegio Mariano Acosta tomaron el establecimiento reclamando mejoras edilicias, viandas suficientes y de calidad, las prácticas laborales obligatorias y no rentadas, y más presupuesto. El gobierno porteño, con la ministra Soledad Acuña a la cabeza, respondió denunciando penalmente a las familias de quienes tomaron la medida de la toma. Además, les cortaron la luz apenas se definió la toma y aparecieron mensajes intimidantes en los parabrisas de los autos de padres, madres y autoridades. 

Ante la medida punitoria, el reclamo no hizo más que multiplicarse: les estudiantes tomaron también la Escuela Normal Superior Lenguas Vivas Sofía Esther Broquen de Spangenberg, conocida como «Lengüitas», el colegio Mariano Moreno, la Escuela Superior Especializada en Cerámica N° 1, la escuela Federico García Lorca, la Escuela Ernesto Padilla, y el Liceo 5 Pascual Guaglianone. 

Por otro lado, los centros de estudiantes de más de diez colegios confirmaron un pernocte para esta noche con el objetivo de que la ministra Acuña reciba al alumnado; para que se discuta el presupuesto de educación 2023, se abran mesas de diálogo sobre las prácticas laborales obligatorias no rentadas y se dupliquen las viandas, según informaron desde la Coordinadora de estudiantes de base (CEB).

Entre las instituciones que anunciaron el pernocte se encuentran la Escuela Normal Superior en Lenguas Vivas Nº 1 «Roque Sáenz Peña», la Escuela Julio Cortázar, la Escuela de Teatro Niní Marshall, el colegio Luis Pasteur, la escuela Normal Superior N° 8, la Escuela de Educación Media N°7 «María Claudia Falcone» y las Escuelas de Danzas N° 1 y 2 de la Ciudad de Buenos Aires, y la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola. 

Este contexto y este movimiento definió la toma también la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini. Dice Dolores, vice del Centro de Estudiantes: “Quiero celebrar que haya llegado la discusión política a todas las comisiones”.

Y, haciendo propio el reclamo del resto de los colegios, reclama que se pueda abrir una mesa de diálogo. 

“No podemos decidir no hacer nada”

El micrófono gira durante la asamblea. 

Laucha dice: “Estamos frente a una nueva lucha para defender la educación pública. Tenemos que pensar qué educación queremos: da bronca que lo que nos proponen es enseñarnos el trabajo precarizado”. También enmarca las responsabilidades del Gobierno porteño y las del Ejecutivo Nacional: “Que la plata vaya a educación, no al FMI”. 

Martu dice que “somos parte de una juventud que le tiene que marcar la cancha al Gobierno de Horacio Rodriguez Larreta”. 

Invitada a participar, una alumna del Colegio Mariano Acosta da más dimensión del reclamo: “Somos casi 1000 alumes y llegan 400 viandas. Les pibis se cagan de hambre”. 

Otra jóven convoca: “Nos toca hacernos cargo poniendo el cuerpo: llenemos la toma de contenido, de información y de debate”. 

Magui señala la hipocresía partidaria: “Hace diez días subían flyers por la noche de los lápices y ahora hacen estas cosas. No estamos queriendo perder clases, tampoco perder una prueba: estamos queriendo que nuestros compañeres estudien como se debe”. 

No acaparar: acompañar

“Estábamos dudosos de si hacer una toma o un pernocte porque el conflicto no nos afecta directamente al depender de la Universidad de Buenos Aires y no de la Ciudad. Pero nos pusimos a pensar, discutimos mucho. Si hay algo que no faltó dentro de los cursos fue discusión política y las 75 divisiones del colegio están convencidas de que teníamos que llegar a esta instancia”, relata a lavaca Dolores, vicepresidenta del Centro de Estudiantes. 

¿Por qué era importante acompañar? 

Hemos acompañado a nuestros compañeros en cada reclamo y lucha. Es un problema supra estructural y no involucrarnos sería un error como juventud y como militantes. Nosotros no tenemos el problema de que no nos llegan las viandas o se nos caen los techos. Sí tenemos el problema de que el macrismo gobierna la Ciudad de Buenos Aires y que la mayoría de nosotros no conocimos la ciudad sin macrismo. No conocemos otro proyecto político. Y sí conocemos lo que fue la Nación con el macrismo: yo entré al colegio en 2017 y a las dos semanas de clase me estaba movilizando por el 2×1, meses después por Santiago Maldonado, entraban policías a los colegios, había persecución a los centros de estudiantes. No queremos acaparar la lucha porque no nos toca directamente, pero sí queremos acompañar a nuestros compañeros.

¿Cómo leen la situación actual?

La situación para nosotros es más que preocupante y quedarnos en el molde sería un error político. Nunca lo hicimos y no lo vamos a hacer ahora. No queremos perder clases. Para nosotros es muy importante la educación pública. Pero creemos que la educación pública se defiende y se defiende con lucha y organización. No vamos a tolerar que a nuestros compañeros de quinto año los manden a limpiar baños en hoteles, a hacer sándwiches para viandas. No vamos a tolerar que no les lleguen las viandas, que no puedan comer: por todas esas razones decidimos la toma.

¿Cómo es el diálogo con los otros centros de estudiantes? 

Participamos de la CEB, la Coordinadora de Estudiantes de Base, dónde se nuclea la mayor parte de los colegios de Capital Federal. Tenemos un diálogo muy fluido. Asistimos a las reuniones todos los sábados. Estamos en constante articulación. No queremos acaparar su lucha -repite-, no somos protagonistas pero sí nos involucra profundamente. Somos un centro de estudiantes muy grande, me atrevería a decir que el más grande del país. Y creemos que podemos aportar visibilidad. 

Los reclamos

Con la toma votada por amplia mayoría, se votan finalmente las consignas que sostienen la toma:

– Basta de persecución política 

– La educación no aguanta más

– Con hambre y sin techo no se puede estudiar, trabajo gratuito no es educar.

– Más presupuesto para la educación.

– Basta de ajuste para la educación. 

– Plata para la educación, no para el FMI. 

Después, se votan los objetivos que estableció la Coordinadora de Estudiantes de Base: : 

– Que la Ministra Acuña los reciba 

– Discutir el presupuesto de educación 2023

– Mesas de diálogo de los ACAP (prácticas laborales) y reformas inconsultas con las comunidades, y que hayan mesas específicas para las artísticas y técnicas.

– Duplicación de las viandas 

Aun con las manos arriba se establecen las reglas que acompañarán la medida de fuerza. 

La comisión de seguridad es la encargada de la entrada y salida, de que no haya adultos y adultas, de hacer guardias y de que solamente se use la planta baja del edificio. 

La comisión comida garantizará cada almuerzo y cena. 

La comisión limpieza está a cargo de cuidar el colegio y los espacios. 

Micaela, presidenta del Centro de Estudiantes, habla claro: “Hay que cuidar el colegio: es una forma de cuidar nuestros reclamos. Acá no entran sustancias. No se toma alcohol. Bancamos la medida, y cuidamos nuestra legitimidad”. 

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Otra semana de incendios sin ley: el Congreso vuelve a dilatar la Ley de Humedales

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Graciela Camaño dijo sobre el proyecto de Ley de Humedales: “Estamos frente a un debate trascendental, es más importante que el presupuesto nacional. Este es un tema estratégico, el presupuesto es coyuntural”. Sin embargo no hubo avance alguno, mientras continúa el crimen ambiental producido por los incendios. Aunque este jueves comenzó en la Cámara de Diputados a debatirse nuevamente el proyecto, el plenario de comisiones encargado de dar dictamen para que el texto llegue al recinto, no logró los acuerdos necesarios y se estableció un cuarto intermedio hasta el próximo jueves 29 de septiembre, a las 10 horas, para continuar el debate. El compromiso de los distintos bloques es que el dictamen salga el próximo jueves para que no siga dilatándose la votación de la media sanción. 

La deuda de la clase política con el tema lleva una década de demora e indiferencia. Los primeros proyectos se presentaron en 2013, y obtuvieron media sanción en el Senado, pero luego perdieron estado parlamentario por no ser tratados en Diputados. En 2016 pasó lo mismo: media sanción en la Cámara Alta y pérdida de estado parlamentario por no ser tratado en la Cámara Baja. 

La misma suerte, o desgracia, sufrieron los proyectos presentados en 2018, que perdieron estado sin siquiera ser tratados. Con la urgencia ineludible de los incendios de 2020 se presentaron 15 proyectos (10 en Diputados y 5 en el Senado), que se unificaron en un texto de dictamen discutido ampliamente (participaron representantes de 18 provincias) en la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de Diputados. Sin embargo, el tratamiento en las otras comisiones no continuó y al comienzo de este año perdió nuevamente estado parlamentario. 

Mientras tanto el país se prendía fuego. Entonces desde los territorios se volvió a empujar para que el proyecto que había obtenido dictamen en 2020 fuera nuevamente presentado. Fue a principios de marzo, pero la asignación de comisiones llegó cinco meses después. Pasó otro mes para lograr que empiece a ser tratado. Recién hoy, luego de masivas e històricas movilizaciones que sin descanso lo reclaman, iniciò un plenario de las tres comisiones a las que el proyecto tiene giro: 

  • Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano, presidida por Leonardo Grosso (Frente de Todos).
  • Agricultura y Ganadería, presidida por Ricardo Buryaile (UCR) .
  • Presupuesto y Hacienda, presidida por Carlos Heller (Frente de Todos).

El debate comenzó media hora después de lo pactado mientras desde la calle alrededor del Congreso diversas organizaciones reclamaban un dictamen urgente. Adentro solo unas personas llevaban carteles o pecheras que daban cuenta de la importancia de lo que se trataba. Una pechera decía en la espalda: “somos humedal”. En la otra punta de la sala había hombres con boina, “los conocemos, son nuestros vecinos del agro”, dijeron militantes por la protección de los humedales a lavaca.  

El proyecto busca que se le brinde a los humedales un uso ambientalmente respetuoso, que las actividades preserven sus funciones ecológicas y se eliminen los factores que los perturban. Además, dispone fondos para protegerlos, estimula la participación ciudadana en la toma de decisiones, y propone un inventario para registrar de manera colaborativa las zonas de humedales.

El diputado Leonardo Grosso, presidente del plenario de comisiones, fue dando la palabra a diputados y diputadas autoras de distintos proyectos sobre Humedales. 

La urgencia de que sea tratado quedó plasmada en la voz de algunos legisladores y legisladoras. Por ejemplo, Myriam Bregman (PTS) dijo: “Ya se debatió mucho, ya se quemó mucho. Todo humo es político, es producto de la dilación del Congreso en sancionar la ley”. 

La diputada Graciela Camaño (Identidad Bonaerense) puso el foco en lo que no puede esperar: “Estamos frente a un debate trascendental, es más importante que el presupuesto nacional. Este es un tema estratégico, el presupuesto es coyuntural”. 

Luego mostró un mapa de la desertificación en nuestro país, dijo: “Argentina tiene el 72% del territorio desertificado. Esto afecta alrededor del 30% de la población”. Dio aviso también de que diputados y diputadas habían recibido el día anterior cartas que decían que la ley iba prohibir la producción. 

Les contestó: “La Argentina no es el lugar al que pueden venir, hacer cualquier cosa, llevarse nuestros recursos y dejarnos el desastre ambiental. Nadie puede seguir usando los humedales sin decirnos a los argentinos cómo los van a recomponer”. Después les habló a sus pares: “Los dirigentes políticos tenemos la obligación de no mirar para otro lado, tenemos la obligación de legislar para que exista un plan de recomposición y que ese plan se cumpla”. 

El diputado santafesino Enrique Estévez, presidente del Bloque Socialista, expuso: “Todavía hay sectores que, respetando sus miradas, siguen negándose a la posibilidad de dar esta discusión. Esa posición siempre tiene más pasado que futuro, es una posición anacrónica y cada vez tiene menos margen”. 

Sobre el poco margen habló también el diputado Grosso: “Después de 10 años de debate, y dos medias sanciones, volvemos a tener más focos de incendios. No aprendimos. Necesitamos que el Estado regule”. 

La lista de oradores y oradoras era larga, algunos a favor, otros en contra de que la Ley se apruebe. 

La falta de acuerdo para dictaminar interrumpió el debate. Fue entonces cuando Grosso anunció: “Hemos acordado que los diferentes bloques van a ir arrimando propuestas y sugerencias durante estos días”. Así se dio aviso de que el plenario se retomará la próxima semana para dictaminar sin presencia de invitados en la sala. Solamente podrán estar presentes diputados, asesores y prensa. 

Lo que queda entonces es una semana más en una demora que lleva décadas, mientras presenciamos un ecocidio. 

Más info: https://lavaca.org/notas/lavaca-en-el-delta-corte-multitudinario-del-puente-en-rosario-y-un-vuelo-a-los-incendios-video/

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Sobre cómo cambiar el destino

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Dos propuestas teatrales protagonizadas por mujeres. Cómo salir de la mentira en un ambiente de amenaza, y una obra hecha a partir de la que acaso sea la primera novela argentina que trató el tema del aborto. Mujeres que no eligieron su presente, pero están dispuestas a torcerle el brazo al destino. La certeza de saber que puede haber otra realidad es el motor que impulsa sus decisiones.

La Naty

Una mentira fue la que llevó a la Naty a vivir como vive. O sobrevive. La Naty es una joven paraguaya  que viene de la selva misionera, en la que se crió esuchando las leyendas guaraníes. Una de ellas es la del Curupi, un ser con apariencia masculina de baja estatura, velludo, con un enorme falo, que suele atacar a las mujeres que andan solas. “No es como decia la abuela, que ataca en los montes a la hora de la siesta. Por muchos lados anda y a la hora que él quiera, porque muchas caras tiene y ninguna a la vez”, asegura la Naty, quien en cada prostituyente ve el rostro del Curupi. (Foto: Lina Etchesuri)

El taller de prostitución de un Encuentro de Mujeres fue el disparador para que la dramaturga y directora Sol Bonelli escribiera para la plataforma Cont.ar la serie Se trata de nosotros, de ocho capítulos, grabada en 2012. Al terminar de escribirla nació su primer hijo y tres años después nació el segundo. Quiso entonces escribir un monólogo sobre la maternidad pero la temática de la serie se entrometía en su texto por lo que decidió hacerle caso. Así surgió el monólogo de La Naty, que se desprende de su obra Flores de Tajy, estranada en 2016. Tres años más tarde se reestrenó en el Maipo. Sol Bonelli hizo foco en el monólogo de la Naty: “Tenía ganas de hacer una nueva puesta más íntima con este monólogo y  un amigo me había sugerido poner la cama en el medio del escenario .La Naty es un personaje doblegado pero también resiste”.

Sol conoció a la actriz Olave Mendoza en 2018 cuando desde el Centro Cultural Sábato,donde es la directora de la órbita teatral, hizo una convocatoria que se llamó “Escenarias: Mujeres que hacen la escena contemporánea”.  La compañía Monomujer, integrada por cinco actrices incluida Olave, quedó seleccionada con su obra Migrante. Cuenta Olave que La Naty la interpela por muchos factores. Su padre es paraguayo, ella es chaqueña, iba bastante seguido a Misiones, le interesa la cosmogonía guaraní. “La Naty fue una herramienta que me abrió un montón de caminos, me ayudó a poder combatir de alguna manera esto que sigue pasando”.

Sol rescata “la función social del teatro, que como autora y directora me interesa exponer en el escenario como espejo de una sociedad. El arte es una herramienta de transformación social. La batalla es cultural, y tal vez con los años fui entendiendo más, al escribir la serie y el monólogo con la intención de hacer espejo a situaciones que están barridas bajo la alfombra, porque es un tema que duele”.

MU Trinchera Boutique, Riobamba 143, CABA

Viernes 23 de septiembre, 20 hs

Reservas: lavaca.org/trinchera

Entrada a la olla

@mu.trinchera

@sol_bonelli

@olave.mendoza

Enero

Este domingo 25 será la última oportunidad, al menos por ahora, para ver esta obra en la que la actriz Vanesa Gonzalez encarna a Nefer, una adolescente atravesada por una pena que la atormenta. Su consuelo parece  provenir del entorno: la naturaleza la asiste, la contiene. Vive en el campo con su familia y mientras ordeña vacas, mastica su secreto: lo describe como un hongo negro alojado en su interior.  No habla de eso, no llora. Se pregunta qué va a pasar cuando ya no pueda ocultarlo.

Foto: Sebastián Miguel

 “Enero” es la primera novela de la escritora y periodista Sara Gallardo, publicada en 1958 y está considerada como la primera novela que trata el tema del aborto desde la perspectiva de quien es la víctima. La actriz, directora y docente Analía Fedra García leyó la novela sin saber bien de qué trataba y le fascinó.  “La prosa de Gallardo es muy poética en la descripción de las imágenes y cómo va profundizando en cada uno de los personajes, también me pareció interesante para la escena el gesto que tiene la novela, el personaje de Nefer habla de sí como si fuera otra persona y más allá del tema que toca la novela, es interesante ver cómo se va despleagando de distintas maneras en el resto de los personajes y sin juzgar, sin autocompasión por parte del personaje”.

Cuando pensó en una actriz, la primera que se cruzó por su cabeza fue Vanesa Gonzalez: “Tiene una gran sensibilidad, yo la habia visto como espectadora, es una actriz de una gran entrega y compromiso sensible y físico”.  Arrancaron durante la pandemia, con encuentros por videollamada, intercambiaron audios y luego pudieron encontrarse en bares para el trabajo de mesa, lectura y retoques. “La última etapa —relata Vanesa— fue empezar a poner el cuerpo, y fue difícil. Mucho tiempo me sentí paralizada, no tenía idea de por dónde, la imaginación estuvo trabada un largo tiempo y me costó bastante aprender la letra. Pero creía profundamente en Analía, en el texto y lo que me pasaba con la autora. Así que todo fue prueba y error, más que nunca”.  Dos semanas antes del estreno, cuenta Vanesa que  sucedió algo a lo que denomina efecto embudo: “Todo el trabajo se había metido en un lugar y salía con claridad, con fuerza hacia afuera. Fue apareciendo un lenguaje independientemente del texto, resultado del trabajo en equipo entre lxs tres. El orden y las pasadas, hacer esa huella y recorrerla una y otra vez iba liberando las ideas y ayudándome a descubrir un poco más”.

Durante los ensayos, fueron descubriendo dos aspectos fundamentales: ese mundo vital, de conexión con la naturaleza donde Nefer simplemente es como es, en contraposición con el aspecto social, en el que las sensaciones quedan atrapadas en su cuerpo sin poder soltarlas y comprobar sus efectos.  Analía: “Esos dos mundos están conviviendo y también esta cuestión hasta de ternura de ella. Es un personaje que tiene muchos contrastes. Me interesaba no dejarla fija en ninguna de las posiciones, puede ser delicada, feroz, estar en búsqueda de una solución y al mismo tiempo, acepta el destino tal como se le  presentó”.  Llevada de la literatura a la escena teatral, “Enero” ofrece acariciar la sensibilidad de una joven desamparada que encuentra soporte en una resistencia cotidiana e invisible.

Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, CABA

Domingo, 20 hs

@analia_fedra

@vanesangonzalez

@teatroelextranjero

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La última Mu: Yo princesa

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