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Feminazis

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El feminismo no es el machismo al revés. El feminismo no tiene enemigos, sólo tiene amigos. El feminismo está asociado siempre a la felicidad, a la celebración, a la ruptura porque su sinónimo es la rebeldía. El feminismo es una revolución conceptual. Por eso, cuando nos llamás feminazis lo que hacés es exhibir y exponer tu ignorancia, tu miedo y tu propio machismo.
Por María Galindo, miembro de Mujeres Creando, colectivo feminista boliviano. Publicado en Página Siete.
El feminismo no es el machismo al revés. El feminismo es la desobediencia individual y/o colectiva de las mujeres frente a mandatos patriarcales culturales o estatales, religiosos, económicos o de cualquier índole, fundados en el deber de sometimiento de las mujeres a la dominación del macho; éste disfrazado de Dios, de Estado, de padre, de marido o de partido.
El feminismo es una plataforma planetaria de lucha, no hay sociedad, cultura o pueblo donde no haya feminismo, no es un producto europeo; hay feministas en los países árabes, africanos, asiáticos, latinoamericanos, por ello es también una plataforma de debate filosófico mucho más extendida y más profunda que el propio marxismo.
El feminismo no tiene enemigos, sólo tiene amigos. El feminismo devela realidades como la del feminicidio y aporta con las interpretaciones para que un feminicidio deje de ser crimen pasional y pase a ser un asesinato, y sea juzgado como tal. El feminismo recupera como concepto básico de libertad la soberanía de las mujeres sobre sus propios cuerpos. Soberanía que significa el derecho de decidir sobre su sexualidad, sobre su forma de vestir, sobre sus deseos, sobre su maternidad sin límite alguno. Es peligroso porque le quita al juez, al cura, al padre, al hermano mayor, al esposo el dominio y la propiedad sobre la pareja, la hermana, la amante, la compañera de trabajo o de estudio.
El feminismo está asociado siempre a la felicidad, a la celebración, a la ruptura porque su sinónimo es la rebeldía. En ese contexto hay cientos de miles de mujeres que son y actúan como feministas sin saberlo porque ejercen un feminismo intuitivo basado en su propia dignidad y rebeldía.
El feminismo es también la base conceptual para el nacimiento de otras formas de organización social y entonces es también políticamente peligroso porque le quita a los partidos toda la legitimidad de sus discursos de representación de las mujeres, porque el feminismo te plantea que ser mujer no es un hecho biológico, sino que es un hecho político y, por lo tanto, una cuestión de ideas.
Por eso el feminismo deja bien clarito el hecho de que una mujer por sólo ser mujer no representa a otra mujer. En ese sentido, el feminismo no es esencialista, no afirma que una mujer, por el hecho de serlo, es mejor que un hombre. Claro que hay mujeres corruptas, violentas o machistas, por ello el feminismo no es la glorificación de la condición de ser mujer y su mayor fuerza política reside en la capacidad de servir para revisar tu propia vida.
El feminismo no es un catecismo que aprendes y repites, sino que empiezas por aplicarlo sobre ti misma; no hay un feminismo, sino muchos feminismos.
El feminismo no es la lucha por los derechos de las mujeres, porque eso es reducirlo, simplificarlo y convertirlo en una agenda de demandas al Estado; eso hacen las ONG, los organismos internacionales y los partidos políticos. No se trata de derechos, sino de la base misma como está construida la sociedad.
El feminismo  es políticamente peligroso para organizaciones sociales que quieren monopolizar los sueños de una sociedad, basados en las reivindicaciones salariales, territoriales o en la representación política formal, porque el feminismo te dice que política no es sólo lo que pasa en el espacio público, sino que política había sido también lo que pasa en el espacio privado. Por lo tanto, si un presidente tiene un hijo de cuya muerte ni se ha enterado, eso es un hecho político; si un diputado no pasa la asistencia familiar para el sostenimiento de sus hijos e hijas, eso no había sido una cuestión privada, sino también una cuestión política.
El feminismo es peligroso, no porque odie a los hombres, sino porque rompe el monopolio masculino sobre la historia, el arte, la filosofía y toda actividad humana. Ya no sólo plantea que todas esas actividades son ocupadas por cientos de mujeres de forma maravillosa, a lo largo y ancho de todo el mundo, sino que el feminismo ha pasado a repensar las bases mismas de lo que entendemos por democracia, por ciencia o por riqueza. Por ello, el feminismo es una revolución conceptual de gran alcance para repensar la crisis misma que está viviendo la humanidad.
Por eso, cuando nos llamas feminazis lo que haces es exhibir y exponer tu ignorancia, tu miedo y tu propio machismo.

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El 3J porteño: Vamos

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Por Claudia Acuña

Fotos: Juan Valeiro

Muchas: eso fuimos. Muchísimas más que la última vez y ojalá que menos que la próxima, o mejor: que no sea necesario una próxima. Que al fin podamos descansar y dedicarnos a otra cosa en lugar de escribir con marcador en un cartón: “Ayer estaba viva. Hoy mi hermana es la foto de este cartel” o salir del trabajo donde estamos paradas ocho horas por dos pesos para sumarnos últimas, con lágrimas regando las mejillas y la convicción de exigir justicia por la compañera que acuchilló su novio hace dos días, en ese femicidio que en la tele informaron como resultado de “una infidelidad”. Con esa orfandad de sensibilidad y respeto, que abona el permiso social para carnear mujeres están hablando en los medios de Noelia, 30 años, de Temperley, la compañera de este grupo de chicas que no pueden decir dónde trabajan porque la firma se los prohibió. “Ella ya lo había denunciado porque sufría su violencia, se había separado y ese día iba a sacar sus cosas de la casa. Él le dijo que no iba a salir viva de ahí, la tomó de rehén y ella pidió ayuda al 911, la policía demoró y cuando llegó no supo cómo intervenir: fue peor”, cuentan temblando. Masacradas primero, criminalizadas luego, silenciadas después, lo que queda es estar ahí con los carteles escritos a las apuradas y el llanto incontenible, al final de la concentración que un grupo decidió que no sea marcha ni disponer de lugar donde el dolor de las familias descanse (aprendan de Córdoba, orgas porteñas), pero no importa porque no es lo importante.

El 3J porteño: Vamos

A pocas cuadras y sobre Hipólito Yrigoyen están las madres de Brenda y Morena, dos de las tres masacradas en el triple narco femicidio agradeciendo que la multitud las abrace y sin esperar –ni ellas ni la multitud– ser referente de nada ni vocera de nadie: ser una más es ser Ni Una Menos.

El 3J porteño: Vamos

A metros del cine Gaumont no es la casualidad sino la fuerza de esta marea la que hace chocar a la actriz Laura Paredes con Teresa Laborde. Laura interpretó a su mamá –Adriana Calvo– en la película Argentina, 1985. Teresa es lo que allí se contó: la nena que nació en un Falcon Verde, hoy una bella y luchadora mujer: su sonrisa es el símbolo de una victoria social y el abrazo entre ambas es la postal de la inquebrantable alianza entre el arte y la memoria. De ese caudal abreva esta marea. Somos las hijas y las nietas de la batalla por la justicia.

El 3J porteño: Vamos

“Estoy en contra de todo gobierno que quiera sacarme mis derechos” enarbola una chica con capacidad para sintetizar lo que este movimiento expresa políticamente.

“Faltan 10 femicidios para que empiece el Mundial” es el mensaje impreso en una hoja A4 que reparte una señora.

El 3J porteño: Vamos

“Merecemos vivir sin miedo”, gritan ambos carteles que traen desde Avellaneda Luna, 9 años, y Tatiana, 18, sobrina y tía, mientras caminan la Avenida de Mayo de la mano y cuentan que esta es su primera vez. “Hablamos ayer con mis hermanas. Nos escuchamos. La verdad es que este gobierno se está pasando de la raya con este tema. Yo le conté que todos los días camino por la calle con un ojo en la espalda. Ninguna queremos que ella crezca así. y decidimos que teníamos que estar. Ellas trabajan y no podían venir, pero decidimos que nosotras sí y ahora están pendientes del teléfono para saber si estamos bien. Y estamos bien porque hay mucha gente por suerte”.

El 3J porteño: Vamos

Mucha gente, sí. Muy joven en su gran mayoría, más varones que otras veces, también y pocas columnas de organizaciones, la mayor parte ocupando la primera fila de lo que calculan el foco de las cámaras. El ancho resto, que desborda la plaza y riega Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio, está poblada por las incontenibles gotas de esta marea que emerge con el grito que transforma el dolor y la tristeza en organización y rebeldía.

Quizá no sea una suerte, pero casi.

Quizá eso que grita Ni Una Menos sea la providencial expresión de un acto de fe en ese nosotras que nos impulsa a salir a las calles de todo el país sin especular con que esté garantizado de antemano para acudir: vamos.

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El Cordobazo del Ni Una Menos

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Por Bernardina Rosini, desde Córdoba.

Así se hace.

Desconociendo si hay un documento o un escenario, ni siquiera preguntándonos al respecto.

Con la familia de Agostina encabezando, siendo abrazada.

Con una ofrenda hacia ellos y todas las víctimas, con sikuris sonando antes de empezar a caminar. Con madres nuevas, con hijas que nunca habían venido antes, con amigos de los barrios, con organizaciones, y sueltos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

La bandera, el símbolo en las calles cordobesas. Fotos: Nanny Palazzini.

Con los ojos de Agostina Vega.

Bajo la lluvia, cubriéndonos entre todas. Entre todos, con ellos también. Varones, padres de familia, novios y compañeros, niños. Bajo paraguas, bajo el agua. Gritando y en silencio.

Con desorden, escuchando a quienes están al lado, leyendo aquel cartel.

Llorando juntas. Sin jet set, sin star system del activismo. Poniendo el cuerpo, diciendo cosas como “no encuentro una palabra sencilla para describir este punto de hartazgo”.

Señalando a la justicia, a los femicidas.

Con los ojos de Agostina.

Perdiéndonos siguiendo con la batucada. Agitando nuestros trapos. Caminando durante cuatro horas esas diez cuadras. “Yo sabía, yo sabía, a los femicidas los cuida la fiscalía”.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Ni la lluvia ni la noche ni la tristeza detuvieron la manifestación. Fotos: Nanny Palazzini.

Quemando lo que haya que quemar, los señalamientos a la madre de Agostina, los rostros, las violencias. La desidia. El desprecio. Una chica me dice que ella y sus hermanas lograron que su madre pueda dar el paso para divorciarse, porque el padre la estrangulaba.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Familiares de Agostina Vega encabezando la marcha. Fotos: Nanny Palazzini.

Y había gritos por Delicia. ¿Dónde está Delicia Mamaní? ¿Por qué no la buscan? Y se marchaba con una bandera con el nombre de cada una de las víctimas de femicidio de estos once años, llevándola amorosamente entre varias, escuchando a Miguel, el abuelo materno de Agostina, agradeciendo que hay familias marchando hace once años. Reconociendo lo bien que nos hace estar juntas y juntos.

El Cordobazo del Ni Una Menos

Los ojos de Agostina. Los ojos que nos miran. Fotos: Nanny Palazzini

Abrazando. Haciendo justicia a fuerza de calle.

Con los ojos de Agostina.

Córdoba, así se hace: casi como empezando de nuevo.

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Mujeres mapuche: la resurgencia

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Melisa Cabrapan Duarte es cantante, iba a ser diseñadora pero es doctora en Antropología, hija de un militar y una maestra. El crimen de Rafael Nahuel en 2017 la hizo “salir del clóset” y reconocerse como mapuche. Hoy integra la Confederación Mapuche de Neuquén, que enfrenta la invasión del fracking en Vaca Muerta. El concepto de “resurgencia”. Las mujeres mapuche frente al machismo y los abusos internos. El significado de vivir en comunidad. El ambiente y la gente. La construcción de otros horizontes y en qué cosas tener confianza frente a un 3J. Por Sergio Ciancaglini.

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Femicidios, narcotráfico y Estado