Nota
Lo que hay para ver: el teatro y su inextinguible capacidad creadora

Las Cautivas, Don Gil de las calzas verdes y Arismendi, dos recomendaciones del teatro oficial —una recién estrenada, otra que regresa luego de las restricciones de la pandemia— y otra obra de un colectivo de teatro independiente. Tres historias que refieren a las alianzas urgentes para esquivar las tinieblas, de la fortaleza que brota cuando se derriban los estereotipos y el rol que cumple el arte para quebrar la imposición del silencio y reparar las heridas sociales.
Las Cautivas
Con las magistrales actuaciones de las actrices Laura Paredes y Lorena Vega, esta obra con dirección y dramaturgia de Mariano Tenconi Blanco, instala a sus personajes en el siglo XIX y a la vez, con contundente actualidad, indaga en los matices de esta época. Celine es una joven francesa a punto de casarse cuando un malón irrumpe en plena boda y la secuestra. Así la vemos, vestida de blanco, con gran miriñaque, zapatos blancos y su relato en verso entre gracioso y desesperado. Para socorrerla en un episodio de extremo peligro, aparece Rosalila, una india con la cara pintada y arropada con vistosos colores. Aunque no comparten escenario y en un solo momento las veremos juntas, ambas construyen a través de sus relatos una historia de alianza y supervivencia. El universo masculino que aparece en sus narraciones es hostil, violento, déspota. Ambas son cautivas de esa tragedia. Ante tanta adversidad, se tienen a ellas. Dos mundos antagónicos, se aventuran en la embarcación con el único fin de unir sus orillas y una vez juntas no hay más opción que la fuga.
La compañía Teatro Futuro —integrada por Mariano Tenconi Blanco, el músico Ian Shifres, presente en la obra, responsable de reproducir sonidos de la naturaleza y musicalizar con maestría, y la productora Carolina Castro— realizará como residencia en las salas del Complejo Teatral Buenos Aires durante cuatro años la tetralogía La Saga Europea y Las Cautivas es la primera de esas obras.

Cuenta Mariano Tenconi Blanco sobre la Saga: “Pretende revisitar la relación entre Argentina y Europa mirando al siglo XIX pero no desde la historia sino desde la literatura. Aparece como primera referencia, obviamente, La Cautiva de Echeverría. Sobre este texto me interesó revisitar no tanto los hechos que narra sino más bien un gesto: el gesto francófilo de Echeverría, la idea de construir la literatura argentina mirando al romanticismo francés. Creo que Las Cautivas se trata, sobre todo, de revisitar ese procedimiento. Para ampliar las referencias, o las ´deudas´, Las Cautivas le debe mucho al modo en que Copi reescribe el Martín Fierro en su Cachafaz. A la vez, los nombres de las protagonistas homenajean a las de As you like it de Shakespeare. El ´Atala´ de Chateubriand también es revisitado en nuestra aventura, que le debe todavía mucho más a El Entenado de Saer, a Río de las Congojas de Libertad Demitrópulos y sobre todo al Eisejuaz de Sara Gallardo”.
¿Cómo fue la elección de las actrices? “Con Lorena Vega trabajamos en Todo tendría sentido si no existiera la muerte (2017) y La vida extraordinaria (2018). Yo no tenía dudas de que ella debía ser Rosalila. Con Laura Paredes queremos trabajar juntos desde 2016 y, por determinadas circunstancias, no se había dado. Creí que este era el proyecto y por eso pensé en ella. Además de dos fantásticas actrices son dos creadoras geniales: Lorena Vega con Imprenteros o más recientemente dirigiendo Precoz, en base al texto de Ariana Harwicz, y Laura Paredes también es autora y directora, y además ha creado obras fantásticas con su grupo Piel de Lava. Así que son artistas totales. Es una felicidad trabajar con ellas”.
¿Cómo trabajaron para construir la relación entre las actrices arriba y fuera del escenario? “Tuve la suerte de contar con dos actrices inteligentes y sensibles. Además, conversamos mucho. Creo cada vez menos en el director que tiene todas las respuestas. Escucho a las actrices y a todo el equipo artístico, y luego sí tomo las decisiones, como corresponde a mi rol. Pero creo que haber generado tanto diálogo hace que todo el equipo se sienta identificado especialmente con lo que estamos haciendo. Y con Laura y Lorena (junto a Ian Shifres, el músico) nos llevamos fantástico desde el primer día, y todos los ensayos fueron de una gran felicidad. Verdaderamente, fue un proceso soñado. El día del estreno nos miramos y nos dijimos que, pasara lo que pasara, ya estábamos hechos”.
Teatro de la Ribera, Av. Don Pedro de Mendoza 1821, CABA
Viernes, 19 hs – Sábados y domingos, 17 hs – jueves 9 de octubre función especial, 19 hs
Siglo de Oro Trans. Don Gil de las calzas verdes
A comienzos del 2020 se estrenó Don Gil de las calzas verdes en el Teatro de la Ribera, luego llegó la pandemia y ya sabemos qué pasó. En esta oportunidad, la comedia de enredos escrita por el religioso español Tirso de Molina en el período literario conocido como el Siglo de Oro, se puede ver en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín. Con versión del dramaturgo Gonzalo Demaría y dirección de Pablo Maritano, once actores y actrices dan vida a esta obra en la que Doña Juana —interpretada por la actriz trans Payuca del Pueblo— es abandonada por su prometido Don Martín, quien se fija en la rica madrilena Doña Inés. Para seducirla y provocar la ruptura de la nueva pareja, Doña Juana simula ser un hombre enamorado y sin buscarlo, despierta pasiones a su paso. Con majestuoso vestuario de época y música en vivo, el monólogo inaugural hace alusión al lenguaje inclusivo en clave humorística.
¿Es necesario remarcar que gran parte del elenco es trans o no binarie? ¿Es repetir el etiquetado? El actor, director, bailarín y performer trans Rodrigo Arena responde: “El hecho de que haya que decir que es un elenco trans es como en los 60 que había que decir que se incluía a las personas afrodescendientes y se tuvo que poner una ley para que las personas afrodescendientes pudieran filmar películas. El racismo sigue existiendo, pero nadie pregunta cómo es trabajar con un actor negro, porque se sabe que es algo racista. En el mejor de los casos hay un cambio de paradigma. En algunos años tengo la esperanza de que no se especifique que una obra es de temática trans, ni se especifique que hay actores o actrices trans y que eso no sea una nota de color. Sin embargo ahora tiene importancia política: debe ser la primera vez que en el teatro oficial hay tantas personas trans trabajando”.

La actriz trans Payuca del Pueblo suma: “Se está marcando un precedente; está bien que se diga y sea visible en esta instancia. A mí particularmente no me gusta etiquetarme, no me considero ni trans, ni hetero, ni gay, simplemente soy”.
¿Por qué una obra del siglo XVII tiene vigencia? La actriz trans y profesora de la Universidad Nacional de las Artes y de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático, Maiamar Abrodos, responde: “Pienso que para que el ser sea, necesita de los extremos y lo barroco es extremo. Vamos vibrando, vamos mutando. La obra propone, con esta construcción barroca, hablar del deseo y la libertad”.
Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, CABA
Viernes a domingo a las 20 hs, hasta el 7 de noviembre
Arismendi
Vamos a romper tu pacto de silencio, cantan, gritan, prometen. La obra teatral Arismendi recrea distintas situaciones de la época más oscura del país. Los secuestros —prestar atención a los “barbudos”—, las apropiaciones de niñes, la complicidad eclesiástica, la persecución a los “desviados”, la sociedad de los buenos modales y la prolijidad en la vestimenta, la hipocrecía enceguecida hurgando en otro lado. El canto de “La cigarra” de María Elena Walsh, melodía ahogada por la encarnación de lo nefasto. Con tango, rap, textos significativos proyectados sobre el telón de fondo y simbolismos cargados de memoria, el colectivo de Teatro Performático La Jauría confeccionó una obra partiendo de la historia personal de su director Nicolás Ruarte.
El puntapié inicial para la composición de Arismedi, se dio con la participación de Nicolás como intérprete en otra obra teatral en la que cada une escribió un monólogo inspirado en las propias vivencias. Allí expuso por primera vez su historia familiar: su abuelo materno era parte del Batallón 601 de Inteligencia y su abuelo paterno, del Batallón de Comunicaciones de La Plata, ambos fueron juzgados y estuvieron presos por crímenes de lesa humanidad. Luego Nicolás continuó investigando, así encontró al colectivo Historias Desobedientes, creado en 2017, y se unió a elles. Arismendi está construida con distintos relatos de compañeres de esa agrupación de familiares de genocidas y represores de la dictadura y con fragmentos de los dos libros que publicaron. “El camino de ser desobediente y romper el pacto de silencio implica muchas veces romper con tus vínculos familiares o quedarte con muy pocos”, cuenta. “Historias desobedientes me hizo ver que no estaba solo”. En la función inaugural de esta temporada, Liliana Furio y Analía Kalinec —ambas integrantes de Historias desobedientes— estaban entre el público acompañando a Nicolás.

El abuelo paterno le afirmaba a un Nicolás adolescente que no eran 30.000 los desaparecidos, sino unos 1400 y le mostró unas listas que tenía guardadas en el placard, que parecían una guía telefónica, según recuerda. Arismendi era el nombre en clave de su abuelo, el alias que usaba, como casi todos los miliares, para resguardarse. Esta información la sacó de la causa, de la que extrajo algunos fragmentos que aparecen en la obra. Hace algunos años, se puso de novio con una chica que tenía un familiar desaparecido y en 2006 fue por primera vez con ella y su familia a la marcha del 24 de marzo. “Para mí fue muy liberador hacer pública esta historia”, asegura. En un país donde era habitual leer carteles que sentenciaban “El silencio es salud”, se vuelve imprescindibles la práctica de expulsar fantasmas, recibir el abrazo y sanar juntes las heridas.
Donde hay silencio y opresión, el arte es trueno y estampida.
Teatro Empire, Hipólito Yrigoyen 1934, CABA
Viernes de octubre a las 23 hs
@arismendi.2021
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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