Nota
Mac sano: El Bar Saludable en Medicina
En 2017 los estudiantes de la carrera de Nutrición abrieron un bar saludable en un patio abandonado de la Facultad de Medicina (UBA), donde actualmente preparan 500 raciones diarias de comida de verdad a un precio solidario. Una experiencia autogestiva que abre el debate sobre la cultura de los ultraprocesados y la industria alimentaria. AGOSTINA PARISÍ
en una cultura gastronómica industrial como la de hoy, en la que los alimentos ultraprocesados inundan las góndolas de despensas y supermercados y se propagan con fuerza en la publicidad -sumado a un aumento del 56,7% del valor de los productos de la Canasta Básica Alimentaria en los últimos doce meses en la Ciudad de Buenos Aires- la nutrición saludable parece un norte imposible. Según la Secretaría de Salud, ex Ministerio, el 58% de la población argentina tiene una alimentación deficitaria respecto al modelo de nutrición recomendado: más de la mitad del país come mal.
En medio de esta problemática alimentaria que tiene aspectos económicos, sociales, culturales, e implica repensar las carreras universitarias relacionadas a la salud pública, hace dos años estudiantes de la carrera de Nutrición de la Facultad de Medicina (UBA), desmalezaron un patio abandonado de la facultad, y abrieron un bar saludable con una huerta agroecológica, donde hoy preparan 500 raciones diarias de comida sana y nutritiva a un valor de 60 pesos.
Patio recuperado
esta experiencia autogestiva -craneada desde la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria que se dicta en Medicina desde el 2013- comparte un objetivo claro: romper con la hegemonía del sistema alimentario industrial, democratizar el conocimiento sobre la nutrición y volver a acercar a las personas con la comida real, casera, sana, nutritiva y económica.
“Sentíamos que, como futuros nutricionistas, no estábamos haciendo nada que nos represente”, dice Sofía Zajic, estudiante y secretaria general del centro de estudiantes VENI (Verdaderos Estudiantes de Nutrición Independientes). “Apenas entré a la facu no tenía idea de la alimentación soberana o de cómo se trabaja en una huerta. Fui conociendo y me di cuenta de que había otra manera de pensar la nutrición. Aunque tengas lo mínimo, se puede preparar una alimentación sana y para nosotros es importante decirlo”.
Recuperar el patio abandonado, cuenta Sofía, fue un trabajo colectivo. Primero tuvieron que luchar para obtener el permiso de las autoridades de la Facultad. Y cuando el reclamo sumó adhesiones también de docentes, los estudiantes no esperaron más: lograron ingresar por una vieja puerta al patio abandonado e inmediatamente empezaron las tareas de limpieza. El lugar funcionaba hasta entonces como un depósito de basura, bancos y mesas rotas que los jóvenes se encargaron de mover. A la recuperación de este espacio, que hoy recibe a cientos de estudiantes para almorzar, estudiar o pasar un rato bajo el sol, le siguió la creación de la huerta agroecológica y luego la instalación del Bar Saludable, inaugurado en octubre de 2017 con una sola cocinera y veinte platos diarios de comida casera y nutritiva. A los pocos meses la iniciativa ya había crecido exponencialmente. Sofía: “Nos dimos cuenta de que si limpiábamos el patio podíamos hacer algo distinto y aprovechar los espacios de la Facultad. Hoy vienen a comer estudiantes, docentes e incluso personas que no son de la universidad porque el menú es muy barato”.
Actualmente el bar cuenta con once estudiantes y licenciados en Nutrición que se encargan de la administración y cocina de las viandas, además de un equipo que sostiene el “Kiosco saludable”: una pequeña estantería repleta de snacks agroecológicos para la tarde: frutas, galletas y porciones de budín y torta casera. En el bar no solo no existen ultraprocesados; tampoco hay bebidas azucaradas embotelladas. Para tomar, se puede elegir entre agua o jugos naturales preparados en el momento que no superan los 25 pesos el vaso.
El combo del día
«La gestión y organización del espacio es solidaria, dice Noelia Sabinio, nutricionista a cargo de la cocina: “Aquí todos lavamos, cocinamos, limpiamos y atendemos”. Estrategia: “Cuando armo el menú semanal trato que los platos no se repitan y que haya variedad. Nuestro objetivo como nutricionistas es ayudar a que la gente coma sano. Por eso incorporamos frutas y verduras de estación, porque además de ser económicas aportan mejores nutrientes y son más ricas”. Algunas de las verduras llegan a la cocina directamente desde la huerta, donde los estudiantes producen lechuga, acelga, tomate, espinaca y morrones, entre otros vegetales.
Los menús del bar se basan en las Guías Alimentarias para la Población Argentina, que indican que la mayor parte del plato debe incluir vegetales o frutas, una porción con cereales, carnes y lácteos magros, huevos y, en una menor proporción, grasas o aceites. El bar también ofrece opciones veganas y vegetarianas que pueden pedirse con reserva previa. Además, los viernes se venden bolsones de cinco kilos de verdura agroecológica de la Cooperativa de Trabajo Iriarte Verde, para impulsar la economía de los pequeños productores y para que los estudiantes cocinen en sus propios hogares.
“Creo que esta experiencia cambió la mirada de todos”, asegura Sabinio. “Apenas me recibí trabajaba vendiendo suplementos alimentarios. Hoy en día ya no elegiría ese trabajo. Mi objetivo es ayudar a la gente a que pueda comer mejor. En un consultorio, no logro que 400 ó 500 personas coman bien todos los días, como aquí. Los chicos vienen y cuentan: ‘No sabés cómo cambié mi forma de alimentarme, bajé de peso, estoy comiendo verduras que antes no me gustaban’”.
Todos los días el menú del bar está disponible en la cuenta de Instagram “Bar Saludable VENI”, donde también se publican las recetas hechas en la semana, para que los comensales puedan replicar los platos en sus hogares. “Tratamos de generar un entorno saludable. Un espacio para compartir, para estudiar, donde no haya ultraprocesados, donde el precio sea accesible, con articulación con cooperativas y una huerta. Son pautas fundamentales. Es todo a pulmón y como no tenemos grandes proveedores salimos a buscar promociones por el barrio”, cuenta Pablo Rubino, nutricionista, docente y subsecretario académico de la Facultad de Medicina. “Un bar y kiosco saludable es una militancia de todos los días en alimentación, agroecología y soberanía alimentaria al mismo tiempo”, agrega.
La ilusión óptica
En 2013 y tras un histórico reclamo de los estudiantes y profesores de la Escuela de Nutrición para debatir nuevas formas de pensar la alimentación por fuera del modelo hegemónico industrial, nació la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria, que este año cuenta con más de 380 inscriptos. El hecho de ser “libre” significa que cualquier persona puede inscribirse y participar de las clases, sin necesidad de ser estudiante universitario. El plantel docente está conformado por nutricionistas, médicos, antropólogos, abogados, técnicos, entre otras disciplinas. “Tenemos un amplio espectro, porque al tema alimentario hay que verlo de esa manera”, dice Miryam Gorban, docente, coordinadora del espacio y una de las grandes promotoras del debate sobre la alimentación argentina en los últimos años.
La Cátedra de Soberanía Alimentaria fue un gran impulso para que en 2017 se abriera el Bar Saludable. En el patio a cielo abierto donde funcionan el comedor, el kiosco y la huerta agroecológica, conviven alumnos, docentes y no docentes que pasaron por esa Cátedra. “Espacio recuperado por los estudiantes”, reza un cartel de colores pintado en una de las paredes.
“Hace poco les planteamos a los jóvenes un ejercicio: preguntarle a sus padres, madres o abuelos qué comían antes. ¿Alguien se acuerda del puchero o de la carne con papa o batata al horno?”, pregunta Miryam. Para ella, en los últimos años se deterioró la conducta alimentaria de las personas, con abandono de ciertos hábitos culturales que además implicaban variedad de alimentos.
“Los estudios nos demuestran que el 60 ó 70% de los productos de la publicidad son alimentos no saludables, que plantean una ilusión óptica especialmente dirigida a los niños, quienes serán los futuros consumidores”, explica Gorban. “A esto hay que sumarle la producción de frutas y verduras con veneno. La alimentación está impactando en nuestras vidas negativamente y esos son costos en salud que hay que contabilizar, más que el precio del glifosato”, cuestiona.
Gorban plantea que la Cátedra de Soberanía Alimentaria produce tensiones en el ámbito de Nutrición, cuyo plan de estudios en algunos casos está desactualizado sobre estas discusiones: “Nosotros defendemos una alimentación basada en alimentos frescos, con un comercio de cercanía, desechando los productos altamente industrializados. Sin embargo, dentro de nuestro colectivo profesional hay personas que plantean lo contrario”. Este tipo de cátedras-dice la docente- surgen justamente para democratizar la enseñanza: “No hay un pensamiento hegemónico y estático. Tenemos que construir el conocimiento en conjunto, además de que necesitamos políticas públicas”.
Modo huerta
Es mediodía en la Facultad y un grupo de estudiantes de Nutrición se sienta en unos banquitos del patio para aprender sobre huerta agroecológica. El profesor es Raúl Bottesi, Lalo, quien explica que con un poco de ajo y alcohol se puede fertilizar una planta y curarla de bichos o plagas estacionarias. “La comida sana, segura, soberana y sabrosa se puede lograr a través de la huerta”, plantea Bottesi, ingeniero agrónomo y presidente de la Cooperativa de Trabajo Iriarte Verde. “La huerta no solo es barata, sino que provee todos los nutrientes que el ser humano necesita, además de respetar el medioambiente y promover la biodiversidad”.
Para Bottesi, el sistema alimentario actual propone una estructura hegemónica que no permite decidir y pensar cuál es la mejor alimentación para la sociedad. Y para romper esa versión, advierte, hay que conocer la otra cara. “Y ojo, no es que la agroecología o la huerta quieran permanecer en la edad de piedra, sino que precisamente las enseñanzas empíricas de los pequeños productores son verdaderas. Así se alimentó el mundo antes de que pasara todo esto. No queremos tecnologías exógenas, que vengan de otro lugar, sino plantear nuestras propias herramientas que aplicamos tanto en la pequeña como en la macro producción. La gran mentira de las multinacionales es que no se puede producir sin veneno”, cuestiona el docente.
Sentado en el Bar Saludable, Bottesi habla sobre la importancia de replicar este tipo de prácticas colectivas en todas las facultades y espacios posibles. “Estamos destruyendo el suelo, el agua y el aire a raíz de la forma de producción que tenemos, enviando todos los nutrientes de nuestro suelo para el consumo de otras personas, mientras que en Argentina el acceso a la alimentación está estancado”, plantea.
Frente a este panorama, Bottesi promueve “una producción en la que no exista la intermediación usurera que deja al productor preso del intermediario. Planteamos un precio justo para el productor, donde gastos de intermediación existirán siempre, pero que sea una intermediación solidaria. Esto permite que el productor gane y que el producto llegue al consumidor más barato”, explica Bottesi. “La soberanía alimentaria que proponemos desde la Cátedra, el Bar, la huerta y todos estos espacios es un concepto eminentemente político y sobre todo práctico: lo estamos haciendo”.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
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Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
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Infierno Infantino
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IA, FMI, FIFA y otras pequeñas anécdotas sobre las instituciones 🙃
- Protesta socialHace 3 semanas
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- Mu205Hace 2 semanas
Feliz cumple Madygraf: de Billiken, El Gráfico y Gente, a la autogestión de los trabajadores



































