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Tobías Saracho. Al infinito y más allá

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Hijo de editor, 12 años, creció junto a Muchas Nueces, editorial de la cual hoy es autor. Imaginó una aventura por el sistema solar con distintas voces y caminos posibles de lectura: Operación Rescate, un viaje que a invita a jugar, aprender, y divertirse. Por María del Carmen Varela.

Tobías Saracho. Al infinito y más allá
Foto: Lina Etchesuri

Más de 200 puestos ocupan la calle Perón a la altura del Parque de la Estación, en el barrio porteño de Almagro. Se trata de la décima edición de la Feria de Editores, que se organiza cada año. En esta oportunidad, y luego de un año de virtualidad, les lectorxs hacen largas filas para recorrer los stands y acceder a los tesoros. O libros. Mientras tanto, en el backstage del puesto de Editorial Muchas Nueces un niño de 12 años juega con su perra Era. Su nombre es Tobías Saracho y es el escritor más joven de la feria, con su recién salido de la imprenta Operación rescate, un libro sobre un desencuentro, una búsqueda,  un viaje por el espacio en el que un niño y su padre se entregan a la aventura y al placer del juego. Y es, también, un libro que surca diferentes lecturas que involucran ficción y realidad, recorridos por los planetas del sistema solar y caminatas lunares, ciencia y ternura.

De otro planeta

Tobías recuerda una feria de libros en la que su papá Néstor estaba a cargo de las ventas de Editorial Muchas Nueces –cooperativa de la cual es socio– y él se fue a jugar a la plaza que estaba detrás. Tenía entre 5 y 6 años. Cuando vio que su papá había sido reemplazado por otra persona y estaba sentado a un costado, le dijo: “Vamos a jugar”. Néstor se rehusó, y él insistió. “Lo empecé a molestar con que vamos  a jugar, vamos a jugar y se me empezaron a ocurrir cosas. Tirate del tobogán y él me decía ‘no, no’ y ahí se me empezó a ocurrir la historia cruzándola con lo que venía leyendo sobre planetas”. En el cuento, Tobías y su papá –para quien eligió el nombre artístico de El Panzas– están en casa y él le pide ir a la plaza; ahí comienzan las andanzas de este dúo interplanetario.

El punto de partida es un tobogán que tiene un número escrito. Cuando Néstor se tira y no aparece al final del tobogán, Tobías decide ir a buscarlo hasta que lo encuentra en… ¡Marte! El periplo galáctico se desarrolla entre toboganes numerados y planetas. Tobi pudo rescatar a su papá y conocer  otros planetas, lunas y estrellas. “Mi papá me estaba mandando muchos videos de cómo se imprimía. Fue una sensación rara tener el libro en mis manos porque es una historia que le conté a mi papá cuando yo era chiquito. Tiene un póster, tiene preguntitas al final, es muy lindo, la tapa tiene brillitos, está el nombre resaltado y me gustó la imagen y el collage”, sonríe Tobías. En su rol de escritor, tuvo una reunión con Tatiana Mazú González, la ilustradora, a quien le pidió que Operación rescate incluyera un póster con el sistema solar entero. 

La Editorial Muchas Nueces está cumpliendo nueve años de parir libros infantiles, y también sumó al catálogo la colección “Urgente” con autoras como Susy Shock y Marlene Wayar. En el germen de esta cooperativa hoy ya consagrada, Tobías tuvo mucho que ver: Néstor, papá de Tobías, no encontraba lecturas para su hijo; no le interesaba que Tobías leyera solo cuentos de Disney. Se lo contó a dos de sus compañeres de la Cátedra de Gestión de lavaca y nació el proyecto. Tobi fue así un motor para la editorial, el engranaje principal que desencadenó la máquina de hacer libros. Nueve años más tarde, es une de les escritorxs incluides el catálogo de Muchas Nueces. 

Resignificar la historia

Desde que apareció la idea en la imaginación de Tobi, Néstor la pasó a papel para no olvidarse y ya imaginaba que esa historia podría tener su libro. “A partir de ese momento quedó escrito ahí y se congeló porque había otros eventos en la editorial; después vino lo del atropello y después se pudo empezar la ilustración del libro”.  

Cuando Tobi habla de “atropello” no es un concepto figurativo. Néstor fue atropellado hace tres años por un conductor ebrio, apenas terminada una de las Caminatas Lunares por la reserva natural de Bernal, organizadas por la Asamblea No a la Entrega de la Costa Quilmes-Avellaneda. Gladys, que iba a su lado, murió; Néstor estuvo seis meses internado y le amputaron una pierna. Tobías también iba caminando al lado de Néstor: recuerda que un viento fuerte se llevó a su padre, haciéndolo desaparecer de su lado. 

De a poco y al compás de su recuperación Néstor fue retomando las tareas a las que estaba acostumbrado: socio de Muchas Nueces, director de cine, docente y organizador de infinitas movidas sociales ligadas al arte y el ambiente. “La historia de un nene que busca por el espacio a su papá se resignificaba luego del atropello. Entonces se resignifica todo”,  reflexiona Néstor. El libro tiene dos epílogos, “La génesis de este polvo estelar” es el suyo y el otro es de ASARAMAS (Asociación Argentina Amigos de la Astronomía), ubicada en Parque Centenario.

En el epílogo escrito por Néstor se cuenta la anécdota de cómo surgió la idea de Operación rescate con algunas diferencias con cómo lo cuenta Tobías. “Es interesante como te lo contó él; porque yo lo cuento de otra manera. Para mí era un día que estábamos en casa y yo no hacía a tiempo de llevarlo a la plaza, estaba terminando algo y le digo ‘pensate una historia de un papá que no quiere llevar al hijo a la plaza’. Y él cuenta que el momento en que se le ocurrió era otro. A veces se reescribe la historia, pero el objetivo es el mismo”.

Elige tu propia lectura

«La editorial existe por Tobi”, vuelve a recordar Melina Belén Agostini., ilustradora y colibrí. El de colibrí es un rol creado en Muchas Nueces: cada libro tiene su colibrí y es quien co-librea todo lo referido a un título en particular, se encarga del seguimiento hasta que el libro sale de imprenta y comienza la distribución y venta. “Es uno de los libros más especiales en muchos sentidos, porque pasaron varios años y es un lujo poder tener muchos años para un libro. Hubo un primer momento de juntarnos y pensar cómo queríamos que fuera esa historia que Tobi había imaginado y a partir de ahí pensar cómo se puede transformar en un libro para otres niñes”. Melina explica que en el libro hay distintos narradores y distintas narraciones. Al pie de página hay información que acompaña a las ilustraciones, hay diálogo entre los protagonistas y también datos precisos sobre el sistema solar y la galaxia, sin ser parte de la historia. “Depende de dónde entres a leerlo vas a ir encontrando distinta información. Queríamos que pasara eso, que fuera un libro-álbum, que pudieras leerlo una vez y entendieras algo, lo leés otra vez y entendés otra cosa más. Tiene muchas capas y la elección de agregar un póster fue para que haya una información extra que diera contexto a lo que estábamos refiriendo: el sistema solar”.  También los números forman parte de la información que se destaca. “Era algo que siempre Néstor, como parte fundadora de la editorial, había pensado que necesitábamos: un libro sobre los números. También es este”.

 Podría ser la trama de un cuento: el niño que imagina sus propias historias y las hace libros. Y editoriales. 

“Creo que Operación rescate podría tener su secuela”, arriesga el joven autor, que intuye que esta historia de travesías, toboganes y planetas recién está empezando.  

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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