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Todo mientras Diego

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En el cumpleaños número 58 del Diez, un cuento imprescindible del escritor y periodista Ariel Scher, de su flamante libro Todos mientras Diego y otros cuentos mundiales.

Por Ariel Scher

* Para León Scher, mi papá, por ese y por todos los goles que vimos juntos
El 22 de junio de 1986, mientras casi el universo se quedaba quieto detrás de una sola imagen y de un solo hombre, el Gordo no sabía que estaba a punto de encontrar una pasión. No lo sabía el Gordo porque durante esa sola imagen y durante ese solo hombre quedó dominado por una corriente de fuegos y de sangres que le viajó desde el coxis hasta la lengua y desde la lengua hasta el aire para terminar gritando gol. Pero después sí. Después y mucho después, y también cada sábado, sobre las mesas áridas del Bar de los Sábados, el Gordo se definió una misión en el mundo y preguntó a unas gentes y a todas las gentes la gran pregunta de su historia. Esta pregunta: ¿qué le pasó a usted cuando Diego Maradona, en la mejor jugada de cualquiera de los tiempos, le hacía el segundo gol de Argentina a los ingleses en el Mundial de México?
«Una tarde, no hace tanto —narró el Gordo con el Bar de los Sábados vuelto una quietud que lo oía—, una mujer me dijo que mientras Diego zigzagueaba personas, ella colgaba ropa mojada y que, cuando la pelota entró al arco, la ropa, de golpe, se secó». El Alto, un racionalista intenso que no se ausenta del bar ni en los sábados sin destino, le apuntó que eso era imposible. Pero el Gordo ni lo consideró. Y siguió: «Otro hombre me contó que estaba viendo ese partido dentro de una pensión sin nombre y prisionero de la más fea de las soledades, pero que cuando el gol fue por fin gol, corrió hasta un cuadro que colgaba torcido en una pared sucia, lo estrechó en un abrazo, y uno de los personajes del cuadro, a la vez, lo abrazó a él».
El Roto, otro feligrés del Bar de los Sábados que venía atendiendo fascinado, no fue insensible a las búsquedas del Gordo y le añadió su experiencia: «Por discreción o por vergüenza, no suelo contarlo, pero en el momento justo en el que Maradona terminó de armar ese camino de jugadores ingleses frustrados, yo me levanté de mi silla y le acaricié las mejillas a mi abuelo, que lloraba y que reía. Fue extraordinario, fueron mi vida, mi infancia, mi identidad y mi memoria desplegadas en una sola circunstancia. Tardé cuatro o cinco minutos en recordar que mi abuelo había muerto hacía diez años. Pero yo sé, lo sé claramente, que ahí lo acaricié».
El Gordo aseguró que la historia del Roto era posible. Con el labio superior, apretó entusiasmado los contornos de su taza de café y volvió a llenar de detalles al Bar de los Sábados. Afirmó que a un pueblo campesino de economías malogradas se le acabó la más larga de sus sequías no bien Diego empezó su fiesta, y que, también cuando Diego transformaba en nada el esfuerzo del arquero inglés, un sobrino suyo que tropezaba cada día con los desafíos escolares entendió súbitamente la lógica de la suma algebraica, y que un amigo enfermo que se arrimaba a la muerte distinguió las formas de ese avance irrepetible y extendió su agonía hasta que Maradona cantó el gol.
Vencido por tanta demostración contundente, el Alto se sintió en el deber de sumar una evocación bien suya que jamás había confesado. Lo hizo tan racional como siempre pero conmovido desde la primera palabra: «Vi ese Mundial, ese partido y ese gol junto con mi papá en el comedor de su casa. Cuando Diego eludió al segundo rival, el corazón no me latió más. Me acuerdo mucho mejor de los anteojos asombrados de mi padre, de mi propio asombro porque el corazón no me latía y de la sensación plácida de una felicidad en ascenso que de la secuencia del gol. Era curioso: el corazón no me latía, como si se hubiera ido todo entero detrás de esa jugada, y, sin embargo, yo estaba más vivo que nunca. Recuperé la normalidad recién cuando los ingleses sacaron del medio. Mi papá sonreía…»
Una emoción igual a un campeonato atrapaba los rincones viejos del Bar de los Sábados. Cuando el Alto pidió café, las puertas en vaivén del lugar se abrieron por un viento y una mujer de pestañas como bosques enfocó una mirada de amor directa hacia el Gordo. El Roto quiso decir que nunca fallaba, que así era, que ese gol lo seguía pudiendo todo. Pero el Gordo lo interrumpió sin registrarlo y, deslumbrado por esa hermosura que tenía enfrente, alcanzó a balbucear la única frase que le cabía en la boca:
—Gracias de nuevo, Diego.
Dónde conseguir el libro
En Capital Federal:

Arcadia Libros – Marcelo T. de Alvear 1548
Caburé Libros – Mexico 610
Librería Corneja – Av.Triunvirato 4333
Dain Usina Cultural – Nicaragua 4899
Librería del Mármol – Lavalle 2015
LIBROFUTBOL – Olga Cosettini 1112
FEDRO Libros & Discos San Telmo – Carlos Calvo 578
Gauderio Libros – Miller 2283
Librería Hernández – Av Corrientes 1436
La Libre – Bolivar 438
Librería Santa Fe – Av.Santa Fe 2224
Librería Norte – Av. Las Heras 2225
Patria Grande Libros – Av. Rivadavia 6374
La gata y la luna – Manuela Pedraza 2365
Entre Tiempos – Salta 1108
Antígona – Av.Corrientes 1543 / Av.Corrientes 1583 / Av.Las Heras 2597 / Av.Callao 737
Libreria Rodriguez Villa Crespo – Av. Scalabrini Ortiz 181
Waldhuter, La Librería – Av. Santa Fe 1685
Tea y Deportea – Lavalle 2087 (Secretaría de Alumnos)
Librería Sudestada -Tucumán 1533
En Mar del Plata:
Libros de la Arena Libros de la Arena – Rivadavia 2724
En La Plata:
Rayuela Libros – Plaza Italia 187 entre 44 y 77
En Rosario:
Paradoxa Libros – Mendoza 923

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Por qué Laje no puede volver a la TV

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A un mes de que Periodistas Argentinas presentara el “Informe América” ante cinco organismos del Estado, la colectiva volvió a pronunciarse públicamente con un nuevo comunicado. “Consideramos necesario y prioritario esperar los resultados de este proceso antes de que el denunciado Antonio Laje regrese a la pantalla. Hemos logrado que se articule un equipo de trabajo que está elaborando una propuesta integral y unificada y que tres organismos inicien formalmente la investigación de los hechos denunciados”, dice el texto. La colectiva, integrada por más de 200 periodistas de todo el país, dijo también que “en este contexto, ignorar esta realidad representaría no respetar los canales de diálogo y búsqueda de soluciones que hemos abierto en los organismos específicos y oficiales que deben intervenir en estos temas para determinar responsabilidades y derechos en forma equilibrada y lo más justa posible”.

El Informe América, que recoge más de 20 denuncias de trabajadoras y trabajadores de la comunicación y que prestaron sus servicios en América TV, fue presentado en la Dirección de Violencia Laboral del Ministerio de Trabajo. La oficina, a cargo de Patricia Sáenz, citó a la empresa, que asistió a la reunión representada por el jefe del Departamento de Legales y dos personas de Recursos Humanos. Los presentes recibieron copia del informe y se les otorgó un plazo de 10 días para responderlo, al mismo tiempo que se labró un acta en la que se comprometieron a no tomar represalias contra las y los trabajadores de ese canal. El plazo vence el próximo lunes.

También fue presentado ante el Inadi que evaluó y dio trámite a la denuncia. El organismo público, a cargo de Victoria Donda emitió un comunicado el 25 de enero: “Las descripciones de los casos son alarmantes y de comprobarse representan graves denuncias sobre el maltrato laboral tipificado por ley”. Además de lo que dijo públicamente convocó a que el Poder Ejecutivo reglamente de forma urgente la Ley de Equidad. El procedimiento iniciado incluyó una reunión de mediación y de fracasar, un dictamen que –si corresponde- inicia una denuncia judicial.

La Defensoría del Público fue otro de los organismos en recibir la denuncia. Algunas de las denunciantes fueron recibidas por Miriam Lewin, a cargo de la Defensoría, quien respaldó y argumentó jurídicamente el pedido de derecho a réplica de Periodistas Argentinas que el canal negó. Además propuso formalmente realizar una reunión entre las partes.

“Consideramos que respetar los tiempos de estas instancias de diálogo es fundamental para lograr una solución”, termina el comunicado de Periodistas Argentinas.

El informe

“En palabras de las víctimas, no pedimos mucho: solo queremos hacer periodismo sin llorar”, dice el informe que presentó Periodistas Argentinas. “Varios directores de cámara pidieron no trabajar más en ese horario porque no aguantaron el maltrato que se vivía», apuntan. «Por la disposición del control, se sientan pegados a la productora ejecutiva. Escuchaban los maltratos constantes hacia los panelistas, los productores, los movileros. Además hablaban mal de quienes estaban al aire, por ejemplo, si estaba un movilero hablando, la productora le hacía comentario por la cucaracha a Laje del estilo ‘qué se puso esta gorda ridícula y cosas así’. Laje se reía cómplice. Se generaba un clima de terror. Además cuando algo no le gustaba o no era de su línea editorial o política se ponía a gritar en el piso, se levantaba del aire y abandonaba el estudio. Todo esto pasaba mientras alguien hablaba en vivo en la otra punta del estudio, por ejemplo. Los directores tenían que hacer malabares para que no se note al aire y los columnistas debían seguir a pesar del escándalo que sucedía en el estudio”.

Otro de los testimonios es aun más fuerte: “Durante un año, mientras trabajaba en el horario de Laje, tuve dolores de cabeza todos los días por el stress, el maltrato y la presión. Un día, mientras estaba armando el programa, se me nubló la vista y no podía ver la computadora. Me asusté y me encerré en el baño. Estuve ahí como una hora hasta que se me pasó. Consulté con varios especialistas hasta que me dieron el diagnóstico. Pude cambiar el horario para no estar más en ese equipo y no sufrí más los dolores de cabeza ni los problemas de vista. Cuando pedí el cambio de horario no dije que era por un problema médico: si decías eso lo tomaban como un síntoma de debilidad”.

En el informe también se señala que el 2 de julio de 2021 el Estado argentino completó el trámite de suscripción -que demoró varios años- del Convenio 190 de la OIT que establece: “La expresión «violencia y acoso» en el mundo del trabajo designa un conjunto de comportamientos y prácticas inaceptables, o de amenazas de tales comportamientos y prácticas, ya sea que se manifiesten una sola vez o de manera repetida, que tengan por objeto, que causen o sean susceptibles de causar, un daño físico, psicológico, sexual o económico, e incluye la violencia y el acoso por razón de género”. Obliga al Estado a implementar una serie de medidas y controles para garantizar un ambiente laboral libre de violencias. El Poder Ejecutivo todavía adeuda su reglamentación.

El 8 de julio de este mismo año el Parlamento aprobó la Ley de Equidad en Medios que obliga a los medios públicos a implementar un protocolo contra violencias en el ámbito laboral y establece un incentivo a los medios privados para estimular que garanticen un ambiente laboral libre de violencias. El Poder Ejecutivo todavía adeuda su implementación. «Exigimos también la prórroga del decreto que suspende el despido de trabajadoras y trabajadores. Exigimos que estas normas esenciales para poner fin a esta trama de maltratos estén vigentes y activas en forma urgente y prioritaria”, dicen desde la colectiva.

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Memoria, verdad y un nuevo reclamo de justicia a 3 años sin Carla Soggiu

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A 3 años del femicidio de Carla Soggiu su familia realizó un ritual junto a un mural con la cara de la mujer asesinada por su ex pareja, que no fue juzgada por el crimen por decisión del fiscal César Troncoso. Recordaron así y ahí, en Nueva Pompeya, los alertas que Carla le hizo a un Estado que no la protegió de la violencia machista ni la encontró cuando se encontraba desaparecida. La causa por el femicidio fue investigada recientemente por MU: lo que el expediente oculta y tergiversa, y lo que devela sobre la falta de funcionamiento del sistema de botón antipánico. Una historia que demuestra paso a paso cómo lo judicial puede encubrir la responsabilidad estatal y archivar procesos, convalidando la impunidad.

En uno de los límites de esta ciudad infinita está el mural que recuerda a Carla Soggiu sonriendo. “Madre, hija y vecina del barrio Nueva Pompeya” proclama con delicadas letras esta pared pintada que hoy da lugar a una ceremonia de dolor y memoria. “A esta hora empezó el infierno” dirá Roxana, la mamá, en este sábado de calor asfixiante. Señala entonces la esquina para marcar el lugar donde Carla activó por primera vez el botón antipánico que el Poder Judicial le entregó para protegerla. No funcionaba.

Aquel 15 de enero de hace ya tres años Carla pidió ayuda cinco veces y cada vez el patrullero policial llegó a la casa de la familia Soggiu preguntando dónde estaba. Comprendieron así, cruelmente, que Carla estaba en peligro y que nadie podía ayudarla. Cuatro días después un trabajador de limpieza encontró su cuerpo en el Riachuelo, que en ese límite es apenas unas cuadras.

Días antes Carla había sido torturada y violada por su pareja, con su hija de 2 años como testigo. Cuando logró escapar presentó una denuncia: fue la que originó la entrega del botón, una medida de protección que en esta ciudad portan tres mil mujeres al año.

La pareja de Carla fue condenada por esos delitos, pero la causa por su femicidio fue archivada: el fiscal César Troncoso consideró que no había delito alguno que investigar. Haber sido golpeada y violada días antes, soportar golpes en la válvula que calmaba su hidrocefalia, pedir ayuda a través de un dispositivo inútil, entre otras tantas de violencias, no son considerados por el fiscal como indicios de una trama que une ambas causas. La familia de Carla se enteró del archivo hace apenas unos días y de casualidad y ahí está ahora, parada frente al mural, clamando ayuda porque contra tanta injustica “solos no podemos”.

A su lado están Susana y Daniel, padres de Cecilia Basaldúa, víctima también de un femicidio y de un Poder Judicial cómplice de la impunidad. Está su tía y su primo y una vecina con su hijita y en ese abrazo la familia de Carla encuentra la fuerza para recordar sin lágrimas lo que necesitan: justicia. La exigen por sus nietos que todavía no accedieron a la pensión a la que tienen derecho según la Ley Brisa. Tras reclamos y trámites solo tuvieron una Asignación Universal por Hijo. Un abogado les cobró 40 mil pesos para renovarla, pero el trámite no lo completó y quedó nulo. De eso también se enteraron hace apenas unos días y de casualidad, cuando acudieron a la Defensoría General a pedir ayuda y se encontraron allí con la abogada que asistió a Carla en su primera denuncia. Ella los ayudó a solicitar la renovación del subsidio, pero en esta tarde de infierno Roxana cuenta que ya pasaron los 10 días previstos y la asistente social que debía visitarlos para darles la aprobación nunca llegó, así que tendrán que seguir esperando a ese Godot que es la justicia en Argentina. Mientras, el sustento sigue dependiendo de la espalda de Alfredo, que hace años trabaja en la misma empresa cumpliendo tareas de carga y descarga. Lo ayudan dándole horas extras: más peso.

En esta tarde de dolor y memoria hay flores y globos violetas, el color preferido de Carla, que su madre suelta para que rueden por las calles silenciosas del barrio de Nueva Pompeya. Docenas de globos mecidos por la brisa ardiente que anticipa una tormenta. Ahí quedan, en ese límite y a la espera.

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Lo que falta: 16va Carta al Presidente de Familiares Sobrevivientes de femicidios

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A plena luz del sol y en un centro desolado, las familias que componen el grupo Familiares Sobrevivientes de Femicidios se reunieron en Plaza de Mayo para dejar por vez número 16 una carta al Presidente Alberto Fernández, pidiendo que los reciba, exigiendo justicia por sus hijas y acercando medidas concretas para que eso suceda.

En la jornada de hoy estuvieron presentes Daniel y Susana, papá y mamá de Cecilia Basaldúa, asesinada en Capilla del Monte, Córdoba; Marta y Guillermo, padre y madre de Lucía Pérez, asesinada en Mar del Plata; y Analía Romero, mamá de Camila Flores, asesinada en Santa Fe.

En todos los casos estas familias debieron trasladarse hasta Plaza de Mayo; recorrido que significa a la vez que las causas que se tramitan por las muertes de sus hijas distan muchos kilómetros de la Casa Rosada; distancia que garantiza la impunidad, ya que facilita las trabas judiciales y las tramas territoriales; y complica el acceso a la justicia como un derecho para familias que no cuentan con recursos para viajar ni para sostener abogados ni peritos.

Así lo denuncia la mamá de Camila Reyes:

Así reclama Guillermo Pérez, papá de Lucía, que Alberto Fernández los reciba:

Estas son las fotos de algunas de las jóvenes asesinadas por la violencia machista, cuyas causas siguen impunes:

Estas son las cartas que entregan las familias al Presidente cada segundo miércoles del mes:

Esta es el informe que junto a las cartas las familias entregaron en la Rosada, un diagnóstico y una muestra de lo que falta para lograr un Nunca Más de la violencia patriarcal, de la que el Estado es parte:

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La última Mu: Movete

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