Nota
El gobierno ignorante
Este jueves, estudiantes y trabajadores de la educación marcharán desde la Legislatura hasta el profesorado Joaquín V. González, donde los rectores darán una conferencia de prensa. Los problemas: el proyecto inconsulto de creación de una universidad de formación docente. Qué hay detrás de estas políticas educativas y cuáles son los problemas reales para la formación docente.
El proyecto de creación de una universidad de formación docente presentado el miércoles pasado por Horacio Rodríguez Larreta y Soledad Acuña ante empresarios y ONGs no había sido escuchado hasta entonces por ninguno de los rectores de los 29 institutos de formación docente porteños. De hecho, sus consejos directivos redactaron notas de rechazo por lo inconsulto del tema y porque esa universidad implicaría el cierre de los terciarios.
“Es una política de esta reforma dejar por fuera a los sectores involucrados”, comienza Marisa Bolaño, consejera directiva del Joaquín V. González, conectando la cuestión docente con el reclamo que los alumnos vienen llevando a cabo por la implementación de la «reforma educativa».
El Futuro de la Secundaria: qué está en juego con la reforma educativa
Jaime Saavedra, economista director de Educación del Banco Mundial y exministro nacional peruano, confesó la línea de esta nueva reforma en una declaración a Carlos Pagni en el canal LN+: “Lo más importante es que la profesión docente sea valorada socialmente. Eso no depende solamente de la capacitación. En parte depende de los beneficios laborales. Tiene que ser percibible que es difícil entrar a la carrera, que hay crecimiento profesional, que es efectivo. La efectividad se da por si los chicos aprenden o no. Por eso son importantes las pruebas PISA”.
La realidad
-Hay más de 30 mil estudiantes de educación en la ciudad de Buenos Aires. Cada año se egresan cerca de 1700.
-En 2014, por resolución del gobierno de la Ciudad, los profesorados aumentaron la carga horaria, contra la voluntad de las comunidades educativos que tomaron tanto el Joaquín V. González como el Alicia Moreau de Justo.
-La Ley de Educación Nacional (2006) dice que la formación docente no puede ser menor a 4 años.
-La reglamentación del Concejo Federal 2407 dice que no puede tener menos de 2600 horas reloj.
-Otra resolución del propio concejo dice que no puede tener menos de 2800.
-Para egresarse en cualquier nivel, deberían cursar 10 materias por año, equivalente a cuatro horas cada día de semana, sumado a los viajes y al estudio complementario.
Los portales digitales, en redes sociales del Gobierno y hasta personal contratado temporariamente encuestan: ¿Estás de acuerdo con que la carrera docente pase de ser terciaria a universitaria?
En las redes virtuales, la respuesta da un 80 por ciento positivo. En las comunidades educativas, al revés.
El paso a paso que denuncian es simple:
-Desintegrarán los 29 institutos.
-Abrirán una Universidad Docente en 2019.
Hoy los institutos tienen suficiente organización como para rechazar por unanimidad el Operativo Enseñar, según el cual se los evaluaría con criterios de corporaciones internacionales como la que mencionaba Jaime Saavedra, del Banco Mundial. La desintegración los llevaría a empezar de nuevo. Hay más: una posibilidad es que la Universidad rija los alumnos volante, que cursen materias en distintas instituciones, lo que dificultaría también la formación de una comunidad.
Ése es el corazón de la reforma, estudiantil y docente: romper los lazos.
Además, un rectorado centralizado podría controlar el contenido. De acuerdo a las reformas que se vienen imponiendo desde el consenso de Washington, el control de contenido desde un rectorado centralizado.
Lo territorial-pedagógico
Dice Melisa Demicheli, licenciada en Educación, docente de los profesorados del Normal 4, 5 y 10: “Tener materias con pocos estudiantes les facilita la cursada. En la universidad a veces hay cursos de 100 estudiantes que no generan la cercanía necesaria con el docente”.
Para las reformas del Banco Mundial, eso es poco rentable. Vanesa Zito Lema, rectora electa del profesorado Alicia Moreau de Justo, agrega: “Piensan en números y consideran que gastan demasiado para la cantidad que se reciben”. Por ejemplo: “Quieren homologar todas las materias, aunque sean de carreras o instituciones distintas y cerrar las cátedras de, por ejemplo, los docentes interinos, que formalmente no tienen estudiantes. Todos los interinos quedarán en la calle”. Explica también que cuando hablan de un docente facilitador en una trayectoria, vacían lo pedagógico.
Marisa Bolaño, consejera delJoaquín V. González, cuenta cómo eso se transforma en menos puestos de trabajo: “Cuando quedan cargos vacantes es porque el Gobierno no hace actos públicos de determinados cargos para habilitar en el ejercicio a quienes no se han recibido, por ejemplo: ofrecieron que estudiantes de profesorado acceda a un puesto de trabajo cobrando la mitad que un maestro. Como en cinco años de carrera no se reciben muchos docentes, aducen que es inviable económicamente. Lo que no dicen es que la extensión la hicieron ellos. Lo mismo que hicieron en los 90 con otras empresas”.
Jerarquización
La Universidad pondría en valor socialmente el rol docente, aducen la ministra de Educación Soledad Acuña, el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta y el director de Educación del Banco Mundial.
Para Bolaño jerarquizarlo es reconocer su capacidad de tomar decisiones. “Las reformas sucesivas proponen que los docentes ejecuten lo que definen las corporaciones de acuerdo a las necesidades del mercado. Ya no piensan en formación de ciudadanos ni de subjetividades. Piensan en desarrollo de competencias en función de mercados. Es una robotización del ser humano”, pronostica, y vuelve a pensar cómo el docente queda maniatado: “Trabajando virtualmente, el panóptico es mayor. No quedan resquicios para el trabajo más formativo, para lo político que implica educar. Hay una transformación ideológica del sentido del ser humano y vivir en sociedad”.
Melisa Demicheli propone otras formas de jerarquizar la carrera:
-Dejar de deslegitimar al cuerpo docente por parte del discurso del gobierno. “Dicen que trabajamos poco, que somos vagos, que cualquier voluntario puede hacer nuestra tarea, que damos disputas porque tenemos intereses políticos por sobre pedagógicos”.
-Aumentar el sueldo para hacer que más gente la elija. “Hoy un docente cobra a los tres meses de que entra en una escuela. Soledad Acuña no tenía ni idea qué sueldo cobra un docente o no quiere decir toda la verdad. Dice que cobramos 28 mil pesos, sin decir las condiciones en lo que eso sucede, a doble turno, nueve horas por día dentro de una escuela primaria, teniendo que planificar, reunirse, estudiar y corregir después en horario no laborable”.
-Aplicar en los institutos la extensión o investigación que proponen para la Universidad
-Mantener el vínculo territorial. “En el Normal 5 hay muchos estudiantes de la villa 21-24. Si se centraliza en Houssay o en el Juan B. Justo o en diversas instituciones, no van a seguir cursando”.
-Y propone: “Hay una fuerte deserción por la carga horaria de la carrera y la dinámica entre cursada y trabajo. Si los estudiantes tuvieran la posibilidad de tener licencias pagas en el trabajo o el subsidio de residencias por montos mayores a las actuales becas Estímulo, facilitaría la permanencia”.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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