Nota
#8M: El día en que todo cambió
Cuatro miradas sobre la manifestación que desbordó las calles de la ciudad de Buenos Aires y sacudió las categorías políticas tradicionales.
Uno
Lo que acaba de pasar fue enorme.
Lo que acabamos de hacer fue inmenso.
Y fue mundial.
No tenemos otra escala para medirlo que la de los cuerpos haciendo política en la calle ni otra referencia en la historia argentina que la del 17 de Octubre, cuando la ola metió la patas en la fuente para irrumpir así en la agenda institucional.
Hoy un millón de mujeres desbordaron todo lo conocido tal como lo conocíamos hasta hoy. Desbordaron incluso a quienes pretendieron organizar el acto, que fueron sorprendidas por la cantidad, pero sobre todo por la dimensión política que esa cantidad implica.

Foto: Nacho Yuchark
Así, la marcha del 8M no fue una marcha: nadie podía dar un paso porque la multitud había copado la Avenida de Mayo desde Congreso hasta Plaza de Mayo antes de las 17,30, la hora indicada para realizarla.
Tampoco tuvo cabecera: la que habían armado las “organizadoras” quedó atascada por la multitud a la altura de la calle Piedras, sin siquiera ser reconocida como tal por la inmensa mayoría de las mujeres que estaban entusiasmadas con sus propias banderas, organizaciones y compañeras.
No tuvo tampoco seguridad, porque la marea verde se expandió tanto que garantizó por sí sola que la calle era de todas.
Tampoco tuvo palabras, a pesar de la lectura tardía de un documento al que prestaron atención demasiadas pocas y entendieron menos. “¿Escuché mal o acaban de pedir la aparición con vida de Santiago Maldonado?”, se reía una quinceañera con los cachetes pintados con purpurina violeta y el pañuelo de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito convertido en top.
“Nos quitaron tanto que nos sacaron el miedo”, grita una cartulina blanca que pasa delante de tres dirigentes que improvisaban en la avenida 9 de Julio un cónclave tratando de decidir cómo se las ingeniarían sus organizaciones para llegar hasta el escenario, distante a cinco cuadras en las que ya no cabía un alfiler.
Imposible.
Lo que acaba de pasar, lo que acabamos de hacer, es lo imposible.
Nada lo resume, nadie lo representa, ninguna lo dirige y todas lo protagonizamos.
¿Qué significa, entonces, algo así?
¿Qué nos está diciendo a nosotras, acá abajo y al lado, y al poder, allá arriba y tan lejos?
Como todo lo inmenso, inabarcable, irrepreresentable, nos está diciendo algo sencillo, mínimo, puntual.
Nos está diciendo, sin dudas, Aborto legal Ya!
También, que ha madurado un nuevo movimiento político que tiene enormes dimensiones y una identidad fuerte, clara, definida.
Se llama feminismo y lo atraviesa todo.
Se llama feminismo y lo desborda todo.
Se llama feminismo y punto.
“No nos para nadie: nosotras paramos”, sintetiza un cartel de tela.
No hay mucho más que decir, por ahora, sin caer en generalizaciones, especulaciones y otras falsedades que lo achican, deforman o manipulan para hacerlo entrar en las categorías políticas conocidas.
Lo que acaba de pasar, lo que acabamos de hacer, es lo nuevo.

Foto: Nacho Yuchark
Dos
Dicen que el mar está compuesto por gotas exactamente iguales. Pero la marea de mujeres del 8 M se formó con miles y miles de gotas, todas diferentes, que fluyeron desde Plaza de Mayo, rebalsaron la Avenida de Mayo, e inundaron toda la zona de Congreso. Allí estaban las de siempre, mujeres con sus mochilas y sus batallas a cuestas, en un estado de alegría difícil de encontrar en otro tipo de manifestaciones. Y había también un enorme porcentaje de chicas jóvenes, de sub 30 y también sub 20, adueñándose de la calle.
Las pancartas manuscritas fueron un enorme medio de comunicación. Sólo algunos ejemplos:
· “Ningún pibe nace machista”.
· “Nuestra postura favorita: arriba nosotras y abajo el patriarcado”.
· “Ni flores ni bombones: queremos que dejen de matarnos”.
· “Plantando rebeliones se cosechan libertadas”.
· “Basta, vivas nos queremos”.
· “Las ricas abortan, la pobres mueren”.
· “Abortá al patriarcado”.
· “Si sos neutral en situaciones de injusticia, estás del lado del opresor”.
· “El feminismo me cambió la vida y no dejaré que tu machismo me la quite”.
· “Ni Dios, ni patrón, ni marido, ni partido”.
· “Quiero salir sin miedo”.
· “Soy mía”.

Foto: Nacho Yuchark
No me quiero enojar
Bárbara tiene 27 años. Llegó desde Lanús. “¿Por qué vine? Me parece fundamental la despenalización del aborto, y lo que espero además es que nos podamos repreguntar las cosas que naturalizamos: las tareas de la mujer dentro del hogar, todo lo que busca reglamentarnos día a día tanto en la familia como en el trabajo”.
Sobre las voces que se oponen a la legalización del aborto. “Las personas que hablan creo que no pasaron por esa situación de qué hacer con un embarazo no deseado. Trato de no enojarme con esas personas. A ellas les puede irritar lo que yo pienso. Pero yo no quiero ser así. No quiero discriminar al otro por lo que hace, ni que me discriminen a mí. No está bueno que te señalen con el dedo, entonces yo tampoco señalo a nadie. Tengo la esperanza de que la gente que piensa así un día cambie su mirada, sin necesidad de que yo ni nadie las juzgue”.
Luciana, 33, llegó con Bárbara: “Apoyo el aborto legal, que no exista el machismo, que haya protección hacia las mujeres, cortar las violaciones, la violencia y todo lo que tenga que ver con el maltrato a la mujer. Por ser mujer parece que estamos un escalón más abajo que el hombre. Pero si nos apoyamos entre nosotras, esto va a cambiar”.

Foto: Nacho Yuchark
Chicas imparables
Claudia: “Vengo porque como mujer sufro cotidianamente los acosos, la violencia, la desigualdad, la injusticia en los espacios laborales. Gano menos que mis compañeros varones, y todo en medio de un modelo que revienta el ambiente… así que vine por muchas cosas”.
Sobre el futuro: “Todos estos movimientos suelen entrar en una meseta. Pero acá no, porque está lleno de chicas, de gente joven, toda gente de la edad de mis hijos. Y además las acompañan hermanos, novios, maridos, amigos. Ellas no nos van a dejar quedarnos, van a seguir esta movida, y está pasando en todo el continente. A no ser que pase algo grave, algo de corte represivo, a esto no lo para nadie. Lo que falta es lograr que se transforme en políticas públicas”.
Florencia tiene 25, como sus amigas. Conversan: “En estos últimos años cambiaron muchas cosas. Las mujeres grandes, como mi mamá, están mucho más permeables. Cuando hablaba con ella sobre temas de patriarcado en nuestra casa, de machismo, y ella no me escuchaba, como que aceptaba la situación, la daba por natural. Hoy cambió muchísimo”. Una de sus amigas: “Cuando le hablabas a los chicos que conocemos sobre el acoso en la calle te decían que eras exagerada, o muy sensible. Este año empezaron a pedir disculpas, como que tomaron consciencia de lo que sufríamos. Así que hay que seguir hablando. Y con esta masividad creo que va a terminar habiendo un cambio”, dice mientras pasan grupos que cantan lo que ha dado en llamarse “hit del verano”.
Mirta llegó a la marcha para vender gaseosas y cervezas. Vive en Florencio Varela, tiene 60 años. “El machismo estaba mal, y está peor. Hoy una vecina me contó que escuchó por
televisión que un tipo quemó a la mujer porque no le gustaron las empanadas que ella había cocinado. La mató”. Se refiere a Florencia Velázquez de 23 años asesinada en Merlo por Leonel Cabral.
Mirta mira sus botellas: “Cuando yo tenía 18 años, embarazada de 8 meses, mi marido me pegaba hasta dejarme los ojos con moretones verdes. Si me escapaba, me iba a buscar, me encontraba, me mataba a golpes y me llevaba de los pelos”.
¿Se separó? “No, no te separás, por miedo. Gracias a Dios ese hijo de puta murió. Pero hay que aprender a separarse”.
Mirta tuvo aquel hijo, y dos más. “La nena del medio falleció. Tenía 20 años. El novio la tiró de un 9ª piso. Era hijo de un policía. Nunca se pudo hacer nada, porque yo no tengo plata. Y si no tenés plata no hay ley para vos”. Esa chica asesinada se llamaba Cintia, y tenía una beba de dos años: “La crío yo a mi nieta. Se llama Brisa. Tiene 18 años. Pero es distinta: piensa bien. Sabe que no le pueden pegar. Y que si le pegan una vez, le van a pegar siempre”.
Mirta cree que la vida está funcionando mal: “Tengo 60 años, diabetes, y vengo a vender porque si no, no tengo nada. No sabés el dolor que tengo. Podés trabajar en estas marchas, pero si querés vender en la calle, te echan de todos lados, como a los perros. Así que está bien que todo el mundo haga cosas porque la vida está muy mal, y cuando le veo la cara a mi nieta quiero que la vida esté un poco mejor”.

Foto: Nacho Yuchark
Tres
¿Qué veo?
A las mujeres de Barrios de Pie con vinchas sensuales en la cabeza.
A pibas, muchas, pintándose la cara, los labios, los ojos. Poniéndose brillos. ¿Qué es eso? ¿Una ceremonia? Sacan de las mochilas, carteras, riñoneras, lápiz labiales verdes, brillantina, rimmel. Una pinta a la otra, y lo pasan. ¿Es una ceremonia o una preparación para la ceremonia? Las dos, quizás.
A mujeres de distintas generaciones juntas, la madre, la hija, la abuela.
A las que llevan carteles en la mano.
A mujeres de a pie.
Banderas, pancartas, remeras, todas gritando.
¿Qué?
“Basta”.
A las que hacen sonar los tambores.
A las que comen los choris y chorrean la cervilleta y les encanta.
A las que sonríen emocionadas.
A las que putean.
Miles y miles con pañuelos verdes que piden aborto legal, seguro y gratuita.
YA.
Miles y miles.
Cientos de miles de mujeres.
A todas.
¿Qué escucho?
Que abajo el patriarcado.
Que arriba el feminismo.
Que queremos abortar en el hospital.
Que wow, cuanta gente.
Que te acordá cuando éramos poquitas.
Que que emocionante esto esté sucediendo.
Que no tenemos miedo.
Que estamos para nosotras.
Que no nos para nadie.
Que ya está, que ese sistema no funcionó, que acá se cocina lo nuevo.
¿Qué siento?
Un tono.
Es diferente.
El encuentro se convirtió en grito.
Un estamos hartas.
Un algo que es abrazo y que ahora es agarrarnos de la mano y dale que vamos.
Un dale que venimos.
Un dale que ya estamos.
Un no pedimos permiso.
Un lo estamos haciendo, lo estamos transformando.

Foto: Nacho Yuchark
Cuatro
Si el primer grito Ni Una Menos fue una concentración que exigía una cura social a un genocidio, este 8M fue un desborde arrollador que te pasaba por arriba, sin perdón ni permiso. Esa irrupción ya es una marca que deja huella y nos habla sobre la maduración de un movimiento único, que avanzó a pasos enormes sobre cuerpos y mentes.
¿Estamos ante el movimiento más maravilloso, creativo, heterogéneo, trans, gremial, social y político que hay en Argentina?
Estamos en eso.
Puro desborde, puro deseo, puro grito, puro canto, pura garganta.
Hay mujeres con brillo en la cara y en las tetas y con pelos verdes y fucsias y rojos y con cervezas en la mano y cantando y felices de estar así, en un “Y” que es infinito, una conjunción constante de disrupciones a un orden al que le están escupiendo en la cara una verdad: que está muerto.
¿Está?
Estamos en eso.









Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
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Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone

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