Nota
El laboratorio verde: cómo se prepara el Misoprostol santafesino
Viaje al laboratorio provincial que produce Misoprostol y otras yerbas, para volver más barata la producción de medicamentos y ser vanguardia en salud pública. Por Pablo Marchetti.
El debate sobre la legalización del aborto dejó en evidencia una serie de realidades que hasta el momento estaban invisibilizadas socialmente. La ley no se aprobó por la negativa del Senado, es cierto. Pero la media sanción de Diputados, las audiencias públicas y la llegada a la opinión pública sirvieron para mostrar cómo se implementaban algunas políticas y algunas prácticas personales provocadas por esas políticas.
Las muertes por abortos clandestinos siguen sucediendo en la Argentina. Ese es el ejemplo más claro de una práctica derivada de la falta de políticas públicas. A ello hay que sumarle el incumplimiento de las leyes: de educación sexual, de aborto en los casos en que es legal (violación, discapacidad, riesgo de vida), de reparto de anticonceptivos.
El cumplimiento de la ley vigente es bien distinto en cada una de las provincias. No hay una misma política, sino que cada uno de los gobiernos provinciales elige cumplir o no la ley. Y en toda la Argentina quedó en evidencia que la provincia de Santa Fe es vanguardia en el cumplimiento de las leyes, tanto de aborto legal como de anticoncepción y educación sexual.
Ya se contó en esta revista en qué consiste el protocolo rosarino, que hoy se implementa en toda la provincia. Se trata, ni más ni menos, que de cumplir con una ley existente en un estado laico. Si una mujer embarazada acude a un hospital público, no desea continuar con ese embarazo y cumple algunas de las excepciones que hoy permite la ley que un aborto sea legal, se le suministra Misoprostol, se la hace abortar y se la atiende.
Hoy la provincia de Santa Fe está fabricando Misoprostol. Algo que, obviamente, abarataría enormemente los costos de esta droga. Pero no se trata del aborto en particular. Se trata de la salud pública en general. Eso que queda en evidencia cuando se visita el lugar donde se está elaborando el Misoprostol santafesino: el Laboratorio Industrial Farmacéutico, orgullo provincial.
Voluntad política
A la mesa están sentados Guillermo Cleti, Diego Bruno y Jorge Stettler, directores del Laboratorio Industrial Farmacéutico del Estado de Santa Fe; Horacio Coutaz, síndico del LIF; Oraldo Llanos, subdirector provincial de Políticas de Géneros e Interculturalidad en Salud de la provincia; y Leonardo Martínez, subsecretario Territorial de Primer y Segundo Nivel de Atención de la provincia.
Cada uno cuenta cómo funciona el laboratorio: mandatos políticos cortos y mandatos de gestión curriculares extensos. Hay quienes trabajan desde hace dos años y quienes trabajan hace veinte, que es cuando se creó el LIF. Pero las cosas no siempre fueron así: “El laboratorio existía de hecho, pero venía con amenazas permanentes de privatización”, cuenta Cleti, farmacéutico rosarino.
Todos coinciden en que fue el gobierno de Binner quien tuvo la decisión política de cambiar el laboratorio, de considerarlo “estratégico en una política de salud pública”. Y que esto siguió hasta la actualidad. Cada tanto surge la frase clave: “Voluntad política”. La voluntad política de invertir, la voluntad política de avanzar, la voluntad política de seguir adelante a pesar de las presiones de las corporaciones que manejan el mercado farmacéutico. “La industria farmacéutica está muy regulada en la producción pero muy desregulada en los precios”, explica Stettler. Y la existencia del LIF fija una regulación en los precios. Hoy, entre el LIF y el LEM (Laboratorio de Especialidades Medicinales, el otro fabricante de medicamentos estatal que existe en la provincia, en este caso de la Municipalidad de Rosario) proveen el 70% de compras de medicamentos por parte del Estado Provincial.
En el LIF trabajan 135 empleados: 50 son profesionales; 40 son técnicos; y el resto se está capacitando en distintas áreas. Existe mucha regulación y cada una de las decisiones que se toman se hace pública en la web.
La píldora verde
El Misoprostol santafesino está en proceso de prueba. La droga se empezó a fabricar el año pasado, pero debe cumplir con un plazo de dos para que pueda salir a la venta. (A propósito: no digan nada, pero parece que cuando finalmente salga el Misoprostol va a ser verde pañuelo).
Más allá del dato de color lo más alentador son los costos. La droga que actualmente está en el mercado es el Oxaprost. Según los presupuestos elaborados por los especialistas del LIF, el Misoprostol costaría entre un 21 y un 28 por ciento más barato que el Oxaprost. La variación tiene que ver con las cantidades que se produzcan porque, como sucede con la producción de casi todas las cosas, la cantidad abarata el costo individual del producto.
Durante su exposición en los debates en el Senado, el ex subsecretario de Salud del Uruguay cuando se legalizó, Leonel Briozzo, dijo que el 93 por ciento de los abortos en su país eran medicamentosos. Y que estaban importando el Misoprostol.“Me enteré que acá lo están fabricando”, dijo Briozzo entonces, en referencia a la producción del LIF. “Si fuera así, les podríamos comprar a ustedes, porque nos saldría más barato”.
La píldora verde no es sólo el Misoprostol: el LIF también está haciendo investigaciones sobre el cannabis medicinal. “Queremos producir aceite, pero no podemos conseguir el producto, porque es un problema tanto importar como plantar”, explica Llanos. Lo que sí están produciendo es morfina y metadona. Que se entienda: no se trata de un laboratorio que produce Misoprostol, cannabis y opiáceos. Es un laboratorio que produce en un año 6 millones de comprimidos de paracetamol, además de Misoprostol, cannabis y opiáceos. Eso es política de salud pública.
Política y gestión
La decisión política que aparece mencionada permanentemente en la charla tiene que ver con la gestión. Con la gestión provincial, pero también con la gestión nacional. Porque el LIF le vende la mitad de su producción a otros estados provinciales o al Estado Nacional. O les vendía. Porque en los últimos años, con el gobierno de Cambiemos, las cosas cambiaron. Hoy el LIF bajó considerablemente su producción porque la Nación y varias provincias decidieron negociar con los laboratorios grandes, a pesar de la competitividad en los precios de los santafesinos.
Los vaivenes de las decisiones políticas también atravesaron a los propios socialistas. El único diputado que tenía el bloque socialista era Luis Contigiani. Los socialistas le recordaron que él había entrado al Congreso por un partido que está a favor del aborto legal, tal como dice en su plataforma. A Contigiani no le importó y votó en contra. Después de eso, fue expulsado del bloque.
El LIF y el voto de Contigiani son una muestra del contraste que puede existir entre la gestión y la representación parlamentaria de esa gestión. Que las políticas públicas no siempre se ven acompañadas por políticas electorales que estén a la altura. El LIF es un laboratorio estatal modelo que pronto lanzará al mercado el Misoprostol. Ese es el tipo de decisiones políticas que sí valen la pena.
Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
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Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
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La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
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Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
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El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
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Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
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La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
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Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
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Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
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MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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