Nota
Raúl Zibechi: los frutos de la revuelta
El autor de Genealogía de la revuelta cree que muchos sectores populares están recuperando la autoestima, que el repliegue de la efervescencia social es un fortalecimiento, que aparecen formas de autonomía jamás vistas y que los piqueteros no sólo pueden sino que deben construir lo suyo sin depender de los planes sociales. El debate sobre la toma del poder, y su mirada sobre las debilidades del gobierno de Kirchner.
No es probable que Raúl Zibechi coseche ovaciones ni firme autógrafos en determinados cenáculos piqueteros después de decir:
- Para los piqueteros, el tema hoy ya no es el corte de rutas. El tema es el crecimiento hacia adentro. Lo plantea el MTD de Solano, y antes todavía el MTD de La Matanza. Durante el pico del reparto de planes sociales, los piqueteros de La Matanza eran como un adorno, porque rechazaron esos subsidios del gobierno. Hoy están inaugurando su propia escuela. Y hay cientos de grupos autónomos del Estado, de los partidos y de los sindicatos. Ya no son un adorno. Empiezan a ser un referente: demuestran que se puede construir sin planes. Es más: se debe construir sin planes.
Cuando se le pregunta si es periodista o militante, el uruguayo Raúl Zibechi, 52 años, ex integrante del frente de masas del Movimiento Tupamaros, ex exiliado en Argentina y en España, hincha sufrido de Nacional de Montevideo (sostiene que todos los hinchas de Nacional son sufridos), fumador, matero, papá de Agustín (4 años), amante de la novela latinoamericana y del rock argentino («escucho La Renga y Bersuit, que le divierte a mi hijo por las puteadas») autor de ensayos sobre la actualidad que ya son objeto de estudio, columnista y editor de la sección internacionales de la revista uruguaya Brecha, y profundo conocedor de los movimientos sociales argentinos y latinoamericanos, contesta con una duda existencial:
-No sé lo que soy.
En la banda oriental de la mesa de un bar porteño, revuelve el café con paciencia china (se verá que lo chino no le ha sido ajeno, de Mao al Tao) y explica algo que lo sintoniza con estos tiempos de un modo mucho más lúcido que los que suponen que saben lo que son:
-Veamos. No sé lo que soy. Periodista no: trabajo como periodista. Y tampoco me siento militante. No me siento un intelectual. Cuando digo que no soy periodista, hay una amiga que es María Esther Giglio dice que el periodismo es un mar de conocimiento de un centímetro de profundidad. Creo que es una linda definición con la que no me siento para nada identificado. Pero bueno, trabajo como periodista pero no me siento como los periodistas. Ni me siento con los periodistas. No sé qué es lo que soy. Puedo ser un activista. Un colaborador. La imagen que los teólogos de la liberación han fraguado me gusta: acompañar. Acompañar a la gente y a los movimientos.
Nació en Montevideo, estudió en escuelas privadas. Militó en el frente de masas del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaro, de su país, antes del golpe de 1973. «Mi formación es marxista. Y leninista. Y además fui simpatizante de la revolución cultural china, Mao incluido». Los vientos militares lo empujaron hacia la Argentina en 1975 y 1976. Otros vientos militares, esta vez argentinos, lo soplaron hacia España en agosto del 76.
Allí se quedó. Empezó a tomar contacto con los movimientos sociales contra el ingreso a la OTAN y contra la guerra. «A mediados de los 80 mi cabeza y mi espíritu estaban con los movimientos sociales».
Un trabajo conectó con los movimientos latinoamericanos a este hombre al que le gusta acompañar. «En los 80 trabajé como guía turístico. Acompañaba a europeos a Perú, Bolivia, Ecuador, regiones andinas, Colombia. Estaba temporadas largas, de seis o siete meses, sobre todo en Perú y Ecuador. Fue un descubrimiento de América Latina desde otro lugar. El mundo indio. Me empapé muchísimo de eso y empecé a conocer dirigentes, personas de distintos ámbitos, y fui transitando por los movimientos que había aquí».
Viajaba seguido a Uruguay, a donde regresó definitivamente en 1992. Trabajó en la revista Mate Amargo, luego en Brecha. Comenzó a acompañar a movimientos sociales en Haití, en Chiapas (los zapatistas), y en Brasil (los Sin Tierra). Escribió Los arroyos cuando bajan – Los desafíos del zapatismo. En Chiapas no conoció a Marcos, pero sí a Tacho, y considera que su paso por allí es una de las experiencias más impactantes que le ha tocado vivir. Es docente sobre movimientos sociales en un instituto que no usa el nombre de universidad sino Multiversidad Franciscana de América Latina. Sus artículos pueden leerse en esta página, sección La vuelta al mundo.
Visita la Argentina cada dos meses, aproximadamente. Su libro Genealogía de la revuelta ya es un clásico sobre los orígenes del 19 y 20. En su último viaje dio charlas en la Asociación Madres de Plaza de Mayo y en el instituto Gino Germani, y tuvo reuniones con Clacso y su Observatorio Social para América Latina, y con el Colectivo Situaciones, además de múltiples encuentros y entrevistas.
-¿Qué impresiones le quedaron de esta nueva visita?
-La primera es que me reconforta la receptividad. Hay grupos de lectura de mi libro incluso en movimientos con los que nunca tuve contacto como el MTR (Movimiento Teresa Rodríguez).
Aparte, he encontrado una gran preocupación que atraviesa a todo el mundo, sobre el período de reflujo y repliegue, comparado con el alza que hubo en el 2001 y 2002. Otro tema es el de esta ofensiva por la seguridad a partir del caso Blumberg. Y en general noto la preocupación por el nuevo escenario en el cual la iniciativa ha pasado de los movimientos al Estado.
Pero encontré que por abajo en los movimientos están apareciendo cosas muy nuevas. Lo micro e interior de los movimientos está volviendo a ocupar un espacio muy importante.
-¿Por ejemplo?
-El jardín de infantes del MTD de La Matanza, los proyectos de salud de Solano, los talleres y emprendimientos productivos de todo este tipo de movimientos. Es un crecimiento con nuevos aspectos. Siento que estamos como a principios de los 90, cuando las novedades no eran visibles, no estaban en la calle sino puertas adentro, con una gran experimientación que fue redundando en el gran movimiento que conocimos del 97 al 2002.
-Pero entonces, ¿hay repliegue?
-Bueno, no se puede estar todo el día en la calle. A los movimientos les pasa como a los seres humanos. No se está todo el día trabajando ni todo el día durmiendo porque en los dos casos te anulás como persona.
Aquí hay -después de una gran actividad hacia fuera- un repliegue, el pliegue que vuelve hacia adentro, pero eso no es malo ni negativo. Es la búsqueda del alimento, de recursos de los seres humanos y de los colectivos. Si alguien dice que va a descansar o a dormir, se trata de un repliegue necesario.
-Suena mejor si se habla de reflexión.
-Claro, pero ¿el sueño o el descanso no son productivos? ¿Qué paradigma estamos usando si pensamos que el descanso o la reflexión son momentos negativos?
Fijate vos. Si La Matanza estuvo replegado y termina haciendo una escuela, ¿no será que dentro algunos años tendremos decenas de escuelas? No sabemos, pero ya hay una.
-Que tiene un tipo novedoso de programa y de relación con la comunidad.
-Pero además está autogestionada por ellos. No es aquella escuela a la que mando mi hijo para que el Estado le enseñe. Yo creo mi escuela. Hasta ahora, eso lo hacían las clases medias o altas al mandar a sus hijos a escuelas privadas.
Pero esta es una escuela creada por un movimiento de desocupados. Es un cambio tremendo. Me dicen que es una escuelita con «apenas» 52 niños: para mí representa un giro copernicano. Asombroso. Y además ese mismo movimiento tiene un taller de filosofía al que van personas que nunca pisaron una facultad. O la piscifactoría que está haciendo Solano, que les sirve para alimentar sus merenderos con sus propios productos. O la experiencia de salud, donde están acotando la medicina de las pastillas, la medicalización de la salud, y empezando a usar gotas de yuyos, y se están planteando además cultivar ellos mismos las flores y yuyos para sacar los concentrados.
Entonces estamos hablando nada menos que de la pavada de asumir colectivamente el cuidado de la salud.
Es un cambio de la dependencia a la autonomía. Lento y tortuoso, porque no se puede hacer del día a la noche, pero yo digo: qué maravilla. Eso es lo que veo que está pasando.
-Sin embargo, se nota una nostalgia por cierta efervescencia social.
-Creo que hay que aprender a mirar otras cosas, no necesariamente lo espectacular o masivo. Hay que cambiar la mirada mediática, de lo público, que muchas veces te obnubila y te impide ver lo micro.
Pero propongo dejar de decirle «micro» a esas experiencias, porque un corte de ruta hecho por 100 personas también es micro. De lo que hablo es de la cotidianeidad, el día a día, que juega un papel muy importante.
Como si un director invisible decidiera que ese era el momento indicado en la escena, el día a día interrumpió la charla: un adolescente se acercó a la mesa para vender biromes. «Mire, funcionan» demostró, superando la comunicación de más de una agencia de publicidad. La moza del bar se acercó. «No puede estar aquí. Acompáñeme» dijo, y el chico contestó marchando tras ella con media sonrisa y un puñado de biromes: «¿Para donde la acompaño?»
Zibechi miró el café:
-La vida se cuela siempre. Buenos Aires es maravillosa.
-Otra vez, depende de una cuestión de mirada.
-Sí, estaba por decir que en la mirada política tradicional, la política es algo que sucede en la esfera pública. Ahora ¿por qué plantar yuyos para cuidar la salud es considerado un hecho no político? En realidad es tan político como la decisión de ir al médico a que me digan lo que tengo. Esa es una política de la heteronomía, y la otra es una política de la autonomía en un espacio concreto que es el del cuidado de la salud. Son dos planteos. Uno: la salud me la cuida el Estado, a los chicos los educa el Estado. Otro: nos cuidamos nosotros y educamos nosotros.
¿Es pequeño todo esto? Sí, si se reduce a ese lugar. Pero hay países que hicieron la revolución, y no consiguieron eso. Todo depende de cómo se mire. Creo que hay que usar la mirada fina, la mirada de rayos X que sea capaz de ir más allá. A lo invisible, que son los vínculos humanos.
No se ven, hay que construirlos. Hay que aprender a mirar para ver la riqueza de eso.
-¿Cómo plantearías los frutos de la revuelta? Las consecuencias de lo que pasó.
-Veamos primero a escala grande. El gobierno de Kirchner, aunque practique una política neoliberal no es neoliberal. Sus componentes y su discurso no lo son. Es fruto del 19 y 20, y de todo ese ciclo de protesta.
La política de derechos humanos, e incluso la de seguridad, que no recae en temas represivos, el pase a retiro de más de 50 militares de la cúpula, la limpieza de la bonaerense -aunque eso no se terminará porque es un tema muy denso y largo- son todos frutos de la revuelta.
La tensión con el FMI del pago o no pago, de la quita, es fruto de la revuelta. Sería impensable un gobierno como el de Kirchner sin el 19 y 20.
En el escenario más cotidiano creo que hay un fuerte crecimiento de la autoestima en los sectores populares, o por lo menos en muchos sectores. Para hacer talleres de filosofía, escuelas y emprendimientos, hay que partir de una situación de recuperación de esa confianza en uno mismo. La revuelta fue posible porque ya había en movimiento y en situación un crecimiento de la autoestima, fortalecida a la vez por la propia revuelta.
Esos son frutos. Tal vez no sean mensurables o cuantificables. Aunque empiezan a serlo porque ya estamos hablando de cosas visibles.
Y hay otros que son menos visibles pero que son importantes porque representan el establecimiento de nuevos vínculos. La Asamblearia, ahí hay otro fruto tangible. Y otros menos tangibles que hay que descubrirlos en el día a día.
Cuando lavaca organiza un seminario visitando a los movimientos ¿cómo se mide humanamente esa vivencia, esa intensidad? ¿O cómo se mide lo que ocurrió en Enero Autónomo, con el encuentro de gente de las más diversas clases sociales, trayectorias, culturas, edades? Yo soy de clase media, educado en colegio privado, y en esas situaciones hablo de igual a igual con gente que a lo mejor no terminó la escuela. Y compartimos, conversamos, yo escucho todo lo que tengo que aprender de él, y él me escucha. Ese diálogo era impensable hace tiempo, salvo en sectores muy pequeños. Pero si yo me relacionaba era para que me escucharan y yo diera línea: yo «iluminaba» al otro.
Ese encuentro desde otro lugar es en gran medida posible porque ha habido un cambio en la forma de vincularnos.
¿Qué no afectó a todo el mundo? Totalmente de acuerdo. Pero incluso cuando se produce el caso Blumberg y un sector significativo y mayoritario dice «la culpa es de la policía», eso es conciencia. Puede variar, pero es algo que se ha adquirido. Una forma nueva de ver el mundo. Antes se pedía más represión, pero ahí se nota un cambio grande.
-Es mucho entusiasmo, Raúl, pero mucha gente sigue deprimida, ve poco avances y mucho retroceso. ¿A qué se debe?
-A que seguimos siendo tributarios del paradigma del desarrollo lineal. Las cosas avanzan o retroceden. Pero el tiempo no es lineal. El tiempo fabril es lineal. Y el del capitalismo. Yo miro los árboles y pienso: un árbol ¿cómo imagina el paso del tiempo? El sol le da de un lado, del otro, el viento sur le da frío, del norte viene más calor, pero es una visión circular del tiempo, lo cíclico. Si hay alguna imagen posible del tiempo, es la cíclica.
Hay un movimiento muy alto, cae, hay brotes que envejecen, hay un repliegue, una hibernación, un renacer. A mí los zapatistas me enseñaron que el silencio puede ser una forma de lucha. ¿Por qué hay que estar hablando todo el tiempo? El silencio ¿no es una forma de comunicación? Para los músicos hay compases, y hay silencios.
Si te callás la boca siempre, estás en un problema. Pero si hablás siempre también estás en un problema.
Ese paradigma lineal nos confunde, y también una actitud un poco religiosa. La fe en que alguien que no seamos nosotros mismos, nos resuelva los problemas. El Estado o el presidente. Porque muchas veces la gente se queja: esto está mal, esto hay que arreglarlo. ¿Quién? El Estado. El gobierno ¿Y por qué? A las comunidades indígenas no se les pasa por la cabeza que los caminos para llevar los productos o comunicarse con el mundo los tenga que hacer el Estado, porque nunca los hizo. Los hacen ellos, o no hay caminos.
Independientemente de la política oficial y de sus tiempos, nosotros somos los que tenemos que asumir nuestra responsabilidad de construir y crear, la responsabilidad de nuestra vida. Nadie lo va a hacer por nosotros. Creer eso es una utopía negativa y obstructiva.
Si uno fuera capaz de tener la memoria del bario o del asentamiento, concluiría quizás en que hace diez años en el barrio los vecinos pasaban con cara triste y no hacían nada. Ahora algunos andan tristes, otros se ríen, y otros toman en sus manos cuestiones del barrio. Esa es una revolución cultural. Y todo cambio cultural es, necesariamente, de larga duración. El tiempo no es solo circular, hay también una flecha del tiempo, por lo cual este momento que estamos viviendo es a la vez irreversible, no lo vamos a repetir nunca más. Creo que por ahí hay un problema de cómo entender los resultados.
-Otra queja: se cataloga al gobierno como gran cooptador de los movimientos.
-Es que yo estoy de acuerdo. Es así. En la vida somos también prisioneros de nuestros éxitos. Uno dice «quiero conseguir tal trabajo», pero después habrá que madrugar todos los días, bancar a un jefe, pero bueno, se consiguió. Yo quería derrocar a De la Rúa, quería que se vayan todos. No se fueron todos pero bueno, apareció Kirchner. Y la tarea número uno de cualquier presidente de este período es recuperar la legitimidad del Estado. Yo, si estuviera en su cabeza, ¿qué querría hacer? Lograr esa legitimidad. Nunca va a poder recuperarla totalmente, pero sí en parte. Y entonces te debilita, te tracciona, te crea problemas que antes no tenías. Ya estás en otro nivel de problemas. Te quita planes trabajar, debilita a los grupos piqueteros. Claro, no iba a haber un desarrollo permanente de los grupos piqueteros hasta la victoria final.
Lo que pasa es que a los nuevos problemas no se puede dar respuestas viejas. Hoy el problema no es el corte de rutas.
Pero visto en el largo plazo, se generaron grupos autónomos del Estado, de los partidos y de las centrales sindicales. Eso está ganado. Hay cientos de grupos autónomos.
Aunque se haya desarmado buena parte del clima de protesta social, partimos de unos niveles de autonomía del Estado, los partidos y los sindicatos, que nunca existieron. Y algo más: yo siento es que esos espacios de autonomía se están consolidando y creciendo de otra manera: siendo autónomos en lo material, como nunca lo fueron. O arraigando sus autonomías en espacios físicos que les permiten tener una escuela, una salud propia, proyectos propios.
Entonces podemos ver un horizonte en el cual el próximo ciclo de protesta va a partir de espacios autónomos ya existentes y probablemente muchos de ellos territorializados. Y ese punto de partida para el próximo desafío que haya que afrontar, es infinitamente superior al que había en el 88, 89 o 90, cuando quebró el movimiento sindical como eje ordenador del movimiento popular.
-Anoté una frase: el problema no es el corte de ruta. ¿Cuál es el problema?
-Para los piqueteros, el tema hoy ya no es el corte de rutas.
El tema es el crecimiento hacia adentro. Lo plantea el MTD de Solano, y antes todavía el MTD de La Matanza. Durante el pico del reparto de planes sociales, los piqueteros de La Matanza eran como un adorno, porque rechazaron esos subsidios del gobierno. Hoy están inaugurando su propia escuela. Y hay cientos de grupos autónomos del Estado, de los partidos y de los sindicatos. Ya no son un adorno. Empiezan a ser un referente: demuestran que se puede construir sin planes. Es más: se debe construir sin planes.
¿Por qué? Porque si no si no construimos sin planes, todo es muy frágil.
Hay cosas que no funcionan más. Llevo a la gente a la ruta. Corto, me dan planes, gestiono los planes, y con eso agarro a la gente, la llevo al galpón y trato de concientizarla y politizarla. Ese esquema ya no funciona.
Entonces tenemos que aprender a trabajar de otra manera. El llamador en el futuro no van a ser los planes sino la capacidad de autocuidado de la salud, de la alimentación, ese va a ser el llamador de los grupos piqueteros. Y tenemos muchas fábricas recuperadas. Algunas son horribles y otras son muy buenas. Y si estás produciendo en una fábrica en condiciones que no son a mi modo de ver las más interesantes, porque son verticalistas o lo que sea, bueno: a un patrón no le vas a cambiar el modo de producir pero en una cooperativa hay chance de hacerlo. Y muchas lo hacen. Es poco a poco, porque la difusión de lo nuevo en los movimientos nunca es homogénea. Como no fue homogénea la transición del mono al hombre. Sucede en uno o dos lugares y después se generaliza.
Estoy convencido de que más allá de sus líneas internas, y diferencias, muchos grupos van a tener que hacer lo mismo. Mirá la CCC que es un grupo que par mí tiene un interés relativo. Pero en el tema de salud trabajan muy bien. Y en algún momento van a tener que cultivar, o lo hacen sin que sepamos. O los MTR que son otra línea que también está cultivando la tierra.
A todo esto yo lo llamo la producción de vida, y es una tarea que está asumiendo el movimiento popular: los piqueteros, las asambleas, las fábricas. Veremos hacia dónde va. No hay un camino trazado, la gente lo va haciendo.
Son cosas incipientes, pero vigorosas, y van más allá de las etiquetas y las ideologías. Porque si hablamos de «horizontalidad», eso es algo bueno, pero no es un requisito para valorar un trabajo como interesante. Si es horizontal, a mí me gusta más, pero tal vez haya cosas en las que yo me equivoque y mañana descubra que no pueden ser horizontales.
-¿Ejemplo?
-La defensa militar de una región autónoma no puede ser horizontal. Tiene que estar Marcos ahí defendiendo. Y por ahí ciertas gestiones o ciertas cosas tengan que ser múltiples, en varias velocidades a la vez, en varios planos.
-Sin caer en nuevos dogmas.
-Claro, no reducir la riqueza, la multiplicidad a una sola característica.
-Hay un debate en todo esto, entre quienes sostienen que hay que tomar el poder, y quienes no. Mucha gente piensa que eso de los peces, los jardines de infantes y demás, no le hacen ni cosquillas al poder, al que hay que salir a confrontar. Y que los cambios verdaderos llegarán cuando se tome el poder.
-Yo parto de que no es bueno tomar el poder. Probablemente esa formulación sea válida, como lo plantea Marcos y lo teorizan otros, pero tal vez es básicamente un buen punto de partida para empezar a trabajar. Lo que dice Marcos me parece más fecundo aún. Pensemos qué tipo de militante, de activista y de ser humano surgiría de una política que no se propone tomar el poder.
La pucha, es difícil, es interesante. ¿Qué sería? ¿Un apóstol? ¿Un impulsor o disparador de cosas?
A mí me parece que en algún momento hay que moverse de esa polaridad: toma o no toma del poder. Yo tal vez me esté moviendo. No voy a ir a la idea de la toma del poder, eso lo tengo descartado, pero sí a una posición más flexible en la cual aún no queriendo tomar el poder estatal, que para mí sigue siendo lo válido, haya que buscar formas de construcción de alguna forma no-Estado, Estado sin Estado, a escala descentralizada.
O sea, construir un tejido de poder no estatal. ¿Puede haber un poder no estatal? Quizás haya que construir poder. Pero ¿tiene que ser estatal? ¿Todo poder debe cuajar necesariamente en la forma Estado? ¿Cuáles son las características de la forma Estado que rechazamos?
Bueno pensemos: la homogeneidad, la centralización, la verticalidad, pero que además parecen formas únicas y hegemónicas y válidas para todo tipo de organización social.
Yo siento que vamos caminando hacia formas múltiples de organización más vinculadas a las tareas que hay que cumplir que a un modelo a reproducir. Porque el principal problema de la forma Estado es la opresión. Yo lo veo así, como una losa que oprime, que divide aguas entre el poder de unos, y el no poder hacer de otros.
Y en la medida que el poder hacer, la capacidad de hacer como dice Holloway (John Holloway, autor de Cambiar el mundo sin tomar el poder) se difumina en la sociedad, se crean miríadas de formas de poder que en algún momento se pueden vincular entre sí y construir formas de poder no Estatal.
-Me imagino aquí a un ortodoxo diciendo «¿de qué habla este hombre? El poder hay que tomarlo porque de lo contrario, no se cambia nada. Es un argumento simple y fuerte. El suyo en realidad es complejo, trabajoso. ¿Puede ser que la dificultad sea justamente que se trata de una idea tal vez nueva, pero no acabada?
-Absolutamente. Yo siento que no trabajamos con ideas acabadas, sino con una deconstrucción y movimiento permanente. Y estamos acostumbrados a pensar en fijo y no en movimiento, en tránsito. Acá el desafío es «Pensar sin Estado», como el nombre de un libro que salió hace poco (del recientemente fallecido Ignacio Lewkowicz).
Sacarnos la forma Estado de la cabeza, que no es nada fácil, y sobre todo poder ver que el Estado no es algo neutro, sino una forma capitalista.
En Clacso me decían unos compañeros: «Hay que formar cuadros». Y yo contestaba: ¿no te parece que formar cuadros es hacer capitalismo?
Ahí está el problema, cómo construir espacios de poder colectivo e individual, y autónomo, sin construir Estado ni relaciones capitalistas.
Es un desafío. La humanidad está en período de ebullición y crisis de los paradigmas viejos. Todo el mundo coincide en que los partidos políticos están en una situación de colapso, de crisis. Yo digo ¿son solo los partidos políticos los que están en crisis?
¿O la crisis de los partidos es un emergente de una crisis más profunda que abarca a todo lo que es organización, la forma Estado como forma de organización?
Dejemos esa pregunta abierta, a ver cómo opera en nuestras prácticas y nuestras reflexiones.
Y yo creo que hay movimientos que están trabajando, algunos conscientemente y otros no, sin crear forma Estado. Es muy curioso lo que pasó con las asambleas. Muchas asambleas prefirieron desaparecer antes que congelarse en forma Estado.
-Quiere decir: antes de burocratizarse como aparatos orgánicos.
-Exacto. Entonces, que todavía haya más de 60 asambleas en Capital metidas en la vida cotidiana, y con algún tipo de actividad, produciendo, trabajando, y sin forma Estado, es una verdadera maravilla. Yo me puedo agarrar de dos cosas. Una es decir «ah, eran 300 asambleas, ahora son 60, y en vez de un promedio de 200 personas cada una, tienen 15 ó 20».
Si esa es una realidad. Pero la otra realidad que yo trato de ver también es que los que quedan trabajan sin forma Estado: a la pucha.
-¿Y todo eso no es funcional al poder? Trabajan, comercializan, se ocupan de la salud y la educación, y le facilitan todo al sistema, que se ve fortalecido.
-Yo lo veo distinto. Son espacios donde no está entrando el capitalismo, y lo están debilitando. Y además le enseña pedagógicamente a la sociedad que es posible curar la salud, educar, intercambiar, y hacerlo de otra manera.
¿Cuánto puede tardar en generalizarse? No sé. Capaz que nunca se generaliza y antes viene el retorno de la barbarie y estalla la bomba atómica, la crisis ecológica y desaparecemos todos.
Pero no creo para nada que esas experiencias sean funcionales al poder. Para nada. Es la desconexión con el capitalismo. Una fuga. Yo aprendí en Haití cómo los negros echaron a los colonizadores blancos esclavistas, pero al quedarse con las haciendas, se convirtieron en patrones negros con esclavos negros. La producción esclavista no cambiaba. Sólo cambiaba el amo.
Dicho en un sentido taoísta -esto a alguno le parecerá una chantada pero es lo que yo pienso-: la lucha de contrarios la lucha contra el poderoso ¿me fortalece o me debilita? Los orientales sostienen que se fortalece al otro. Por eso a veces hay que enfrentarse, pero también hay que entender que la polaridad del enfrentamiento me sitúa en la misma lógica del que me oprime. La lógica del opresor y el oprimido es la misma.
Hay un texto El sueño del pongo del peruano José María Arguedas, que recupera de la historia oral. El pongo es un siervo de la hacienda, que sueña su liberación. Viene un ángel que unta al pongo de estiércol, y al amo de miel. Y desde el cielo les dicen que se laman el uno al otro por toda la eternidad. El amo se humilla al lamer mierda, y el pongo lame miel.
Perfecto, se invirtió la tortilla, pero ahora el opresor está en el lugar del oprimido, y el oprimido en el lugar del opresor. Pero no hay una liberación sino una nueva dominación.
No caigamos en lo mismo. Por eso no puede ser un objetivo humillar a los opresores, ni siquiera derrotarlos. Esto es muy fuerte. Pero yo ahí reivindico otra vez al zapatismo cuando dice «un mundo en el que quepan todos los mundos, incluso los opresores». No para que nos sigan oprimiendo.
O cuando hablan de las ideas. Ellos no hablan de síntesis, al estilo dialéctico, porque la síntesis es siempre excluyente. Trabajemos con la idea del arco iris, donde un color esté al lado de otro sin que ninguno se imponga al otro. Pensar en multicolor y no en monocolor, es un ejercicio que podríamos tratar de hacer.
-Difícil cuando hay toda una tradición, himnos, canciones populares y demás dedicados a celebrar la destrucción del enemigo. Pasa hasta en las guitarreadas de los movimientos autónomos.
-Es que trabajan con la idea de simetría. Ese pensamiento simétrico del pongo no puede ser un pensamiento emancipador. Es un pensamiento reproductor de la opresión.
-Pero si nada es lineal y todo es abierto, la pregunta es lógica: ¿Por qué descartar la idea de la toma del poder?
-Porque vamos a ser más capitalistas. El problema para mí lo plantea Holloway de modo brillante. El asunto no es destruir al capitalismo, sino dejar de producirlo. Nosotros con esas prácticas, reproducimos capitalismo.
-Estos debates se producen en el llamado campo popular, pero parecen insalvables, y mucha gente lo ve como un síntoma de fragmentación. ¿Eso es bueno o malo? ¿Lo bueno sería lograr una unidad de pensamiento?
-Creo que en la etapa actual del capitalismo, que yo la siento como una etapa de desintegración, la unidad no es deseable ni posible. Un pensamiento, un lenguaje, una visión totalizante, no son posibles.
Pero te digo más. Acabo de participar en una discusión muy interesante donde decíamos: si el capitalismo se está desintegrando, si los espacios de control tradicional, la familia, la escuela, la fábrica, el cuartel, los partidos, los sindicatos, están desestructurados. Nosotros,
¿cómo potenciamos la desintegración del capitalismo?
¿Organizando a la gente? ¿Sustituyendo a Taylor y al cuartel? ¿O potenciando esa desintegración? ¿Cómo trabajamos? Es una duda que tengo. Si organizamos mucho a la gente, como tratan de hacer algunos movimientos, ¿no estamos resolviendo la crisis de desintegración del capitalismo? Porque además nosotros siempre hemos pensado -los de la izquierda marxista- que la transición de una sociedad a otra, del capitalismo al poscapitalismo, con el nombre que sea, es un proceso dirigido.
Eso implica que alguien lo dirija. Y ese partido, vanguardia o lo que sea, es una nueva opresión, está demostrado. Entonces, ¿podemos pensar una transición, como dice Imanuel Wallerstein, que asuma la forma de desintegración?
A la vez, se ven esos rasgos de desintegración, como otros de recomposición. Si uno mira 50 años atrás, se han multiplicado las formas de desintegración que pueden asumir formas muy violentas, muy catastróficas, muy terribles. Pero ¿no serán necesarias para reconstruir un tipo de sociabilidad que sea mejor que la que tenemos hoy? Otra pregunta abierta.
Yo lo que le pido a los compañeros es que abramos nuestra cabeza a pensar otras ideas, no congeladas. No pensar que lo yo digo es lo bueno y maravilloso.
Experimentemos. Ahora: si en ese tránsito hay cientos de islas auto gestionadas, como dice Marcos, no para solazarse en la isla sino para usarlas como barquitas que se conecten unas a otras, ¿no pueden ser esas miles de islas -los 4.000 asentamientos de los Sin Tierra en Brasil, por ejemplo- no pueden ser la bases para la reconstrucción de algo mejor? Quizás sí. Quizás no. Pensemos esta posibilidad. Y dejemos las preguntas abiertas.
***
El diálogo bajo la mirada de Groucho Marx y Vittorio Gassman en las fotos de las paredes fue nuevamente interrumpido, esta vez por la camarera quien pareció intuir que -grabador mediante- allí estaba perpetrándose un reportaje a un escritor. «Y yo amo la literatura». Zibechi le dejó una tarjeta y ella trajo el último café.
-¿Cuál es su impresión sobre los medios de comunicación?
-Espantosa. El rol de los periodistas y comunicadores ya es como el de los dirigentes. Se ponen en un lugar central, clave, tienen el poder, o eso creen. Me gusta más la idea del periodismo como transmisor, el que pone en contacto una cosa con otra, un facilitador, pero no el que ocupa un lugar central. Me gusta el periodista como voceador, para que otros a su vez tomen esa voz y formen una cadena».
-En el rol de analista político de lo que ocurre en la región: ¿qué ocurre en la región?
-Estamos en un momento de inflexión. Según para donde caiga la moneda, que está tambaleando, se definirán los próximos tiempos. El gobierno de Kirchner está en una situación en la cual no se va a poder mantener mucho tiempo. Va a empezar a sufrir una ofensiva fuerte por parte de la derecha nacional, internacional, del FMI, etcétera.
Y el gobierno de Lula, que hasta ahora ha tenido una luna de miel con el capital, tiene por un lado la ofensiva de los Sin Tierra, y por el otro la de la banca internacional que duda de su capacidad para pagar deuda externa y empieza a subir el riesgo país en Brasil. Es una coyuntura en la cual el gobierno de Lula va a tener que tomar una definición más clara aún. Hasta ahora optó por la banca internacional pero en la medida que la gente se moviliza algo tendrá que hacer.
Entonces intuyo que los equilibrios actuales se irán moviendo en los próximos meses hacia una decantación de algún tipo que provocará que una coyuntura fluida y abierta como aún lo es en la región, se congele, se defina, por un tiempo.
Este es un escenario abierto, pero no se va a mantener por mucho tiempo.
-¿Y qué pasará con un gobierno como el de Kirchner?
-Es una situación de equilibrio. Kirchner plantea ciertas cosas con la deuda externa que el FMI y los acreedores no están dispuestos a tolerar, y a la vez hay desequilibrios internos que van a tener que zafar por algún lado. Porque el crecimiento de la economía en algún momento se estabilizará. El PBI no podrá crecer al 8 o 9% todos los años. Es imposible. Más aún si eso depende de la exportación.
Yo siento que estamos al fin de un período de gracia en la región. Estados Unidos necesita compensar los desequilibrios que sufrió. Fracasó dos veces en Venezuela, con el golpe y con la huelga petrolera, hay una consolidación del gobierno de Chávez, y las cosas no se van a mantener siempre así. Creo que la ofensiva imperial es cercana en la región. Y ante eso, veremos.
-¿Qué pasará?
-Misterio absoluto. Por ahora, el que lea La Nación (diario publicado en Buenos Aires) descubrirá que la derecha está rearmando un discurso y buscando brechas por donde meterse. A la vez hay una lógica inmediata de política estatal por la cual Kirchner es producto de una amplia movilización social, pero su sostenimiento no puede ser producto de la movilización, porque lo debilita.
-¿Por qué?
-Porque la movilización social de reclamo tiene que ser contenida o con programas económicos, o con represión. Cualquiera de las dos variantes genera un cambio en el escenario. Yo creo que estos gobiernos que aparecen fuertes porque tienen mucho apoyo de la opinión pública, en el fondo son débiles.
-¿Y cómo se supera esa debilidad?
-Mi intuición es que va a intentar navegar a dos aguas. Puede ser un Lula. No te digo un De la Rúa pero puede quedarse como un Lucio Gutiérrez. Es una gran inestabilidad. Y creo que no lo agarra bien parado al gobierno.
-¿Por qué?
-Porque está buscando contemporizar. Ante la ofensiva Blumberg no se planta bien: se para a medias. Ante la ofensiva del Fondo tampoco se planta, ni trata de arrastrar a otros gobiernos, sino que termina cediendo. Entonces yo creo que el hilo del lado del movimiento popular y lo progresista, se rompe por el lado de la deuda. Fijate que Brasil el año pasado pagó por concepto de intereses de la deuda 50 mil millones de dólares. Es poco menos que un tercio del PBI argentino y el 10’% del PBI brasileño. Un país no puede pagar 10% de su PBI en intereses de la deuda, y tener planes sociales. Una cosa o la otra. Entonces la deuda es una forma de succión de recursos y depredación de los países. Y eso se frena, o no se frena.
El otro gran problema que veo es que no se puede romper con el neoliberalismo sin una profunda crisis política, económica y social en nuestros países. Y tengo la intuición que el gobierno de Kirchner no está dispuesto a pagar esos costos. El de Chávez, con el que no simpatizo, sí parece dispuesto. Y el de Lula, menos que el de Kirchner.
La estabilidad favorece lo que hay. Y es muy difícil convivir con la inestabilidad. Se ve en Venezuela, los golpes, las clases medias en la calle, el odio y las broncas.
Pero es mentira que el neoliberalismo sea una cuestión solo de las élites. El neoliberalismo ha beneficiado a muchos. Incluso los que estamos en esta confitería. Yo tengo que decir con sinceridad que no soy un perjudicado por el neoliberalismo. Yo estoy bien. Si estuviera viviendo en Europa estaría mejor. Pero si miro alrededor, la pucha. Entonces también hay que tener esa conciencia. No soy un perjudicado por el neoliberalismo, pero por una cuestión puramente ética -ni siquiera de conciencia- tengo que pensar: ¿estoy dispuesto a pagar los costos de un cambio? A lo mejor puedo perder cosas, y en vez de ver televisión color tendrá que ser en blanco y negro, Y en vez del último modelo tengo que usar una motito, o un modelo viejo, y ese es el costo para la reintegración para poder ir tranquilo.
Hay costos en lo personal, lo cotidiano, y tengo que pensar esas cosas porque si no es falso lo que estoy diciendo.
Si hay una salida del modelo probablemente mis ingresos se vean mermados. De hambre no me voy a morir a esta altura de mi vida, pero es una realidad.
Si miramos las cosas desde ese lugar, la salida del neoliberalismo es más complicada de lo que parece porque la mayoría de los que están como yo va a protestar, como en Venezuela, para que los negritos se queden en sus casas. No es fácil. La pucha que no.
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.


Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.



El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.












Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
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