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Misiones sin remedio: los trabajadores de la salud acampan por un salario digno

El conflicto misionero no se reduce a los docentes ni a lo que ocurrió con la policía: atraviesa a todo el Estado. Desde hace 16 días el personal de sanidad protesta en la puerta del Ministerio de Salud, mientras hay cese de tareas en los hospitales públicos y Centros de Atención Primaria. Exigen una suba salarial del 100% (la categoría más baja percibe 360 mil; la más alta 600) y el pase a planta permanente de 2000 empleados sin estabilidad laboral. La falta de diálogo y escucha del gobierno, entre el deterioro de la salud mental («Hay compañeros internados e incluso una persona se suicidó») y el tener que buscar cualquier otra changa para sobrevivir.
Desde Misiones, por Francisco Pandolfi
Lo que paraliza a Misiones no se limita al reclamo docente, ni a la protesta policial que rompió el cerco mediático sobre cómo se subsiste en la provincia. El problema es estructural y se percibe a simple vista, sin necesidad de recurrir a una lupa. Basta con caminar cinco cuadras para pasar del acampe docente, al de las y los trabajadores de la sanidad, frente al Ministerio de Salud.
No hace falta ser demasiado observador para toparse, en el centro de Posadas, con una carpa sobre la calle Tucumán rodeada de carteles. “Trabajadores del hospital en lucha, que paguen lo que sale nuestro trabajo”; “Suba del 100%”. Además, un mensaje subliminal hacia las cúpulas sindicales de UPCN y ATE que firmaron un acuerdo “a la baja” de un 28%: “La lucha no se vende”.
Entre pasacalles denunciantes y cartulinas descontentas, hay un muñeco del que cuelga una hoja, para que nadie pueda hacerse el desentendido: “Yo también quiero cobrar como un senador, aumento ya”.

Misiones sin paz. Foto Lina Etchesuri para lavaca.
No hay plata
Entre enfermeros y médicas; entre trabajadores sociales, psicólogas y psiquiátras, camilleras y choferes, están Soledad, Walter y Karina, tres de las decenas de laburantes que sostienen el acampe desde hace 16 días, protesta complementaria a los paros sistemáticos que se realizan en hospitales y Centros de Atención Primaria de toda la provincia. El reclamo principal es el salarial (aunque no es el único).
Soledad Nervi es licenciada en enfermería del hospital de Puerto Esperanza, al norte misionero dentro del departamento de Puerto Iguazú: “Necesitamos mejorar el poder adquisitivo perdido en los últimos 6 meses. Con una inflación del 120%, en febrero se firmó sólo un 22% de aumento. En abril nos ofrecieron menos todavía, un 16, que rechazamos y decidimos iniciar el cese de tareas (garantizando la atención de emergencia) con 24, 48, 72, 96 horas de paro progresivas, hasta llegar al acampe. La plata no alcanza y la situación es realmente grave. Tenemos un promedio de canasta básica que supera el millón de pesos y los salarios en salud pública oscilan entre 360 mil, la categoría más baja, y poco más de 600 la más alta”.
Karina Chávez, también licenciada en enfermería, amplía: “Una de las promesas que el gobierno no cumplió es el pase a planta de los compañeros contratados. De 12 mil trabajadores de la salud en Misiones, aproximadamente 2000 no están en planta, es un montón”. Walter Schaffer es ambulanciero del hospital de Aristóbulo del Valle, en la zona centro de la provincia. “Hay trabajadores contratados desde hace 15, 17 años, a quienes no se les reconoce su antigüedad como se debe; no tienen estabilidad laboral porque los contratos son por un año en su mayoría, aunque los hay también de 3 y 6 meses. Nunca pueden relajarse, están siempre con la preocupación de si los van a echar o no”.

Soledad, Walter y Karina, hospitales sin recursos y ambulancias con el motor fundido. Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
El silencio no es salud
En el acampe hay representantes de distintos hospitales y centros primarios de Misiones, como de las localidades Eldorado, Puerto Rico, Apóstoles, Puerto Esperanza, Aristóbulo del Valle, Oberá, San Vicente, Iguazú, Puerto Piray y una lista interminable que, sumados a algunos de Posadas como los hospitales Favaloro, Carrillo, Baliña y Lacmi, testimonian la potencia del reclamo. Karina dice con orgullo que cada persona que hoy se manifiesta, no sólo tiene puesta la camiseta de la salud pública, sino que la lleva “tatuada en la piel”. Soledad explica que en los hospitales del interior están “más castigados, con escasos recursos”. Walter dice que a las periferias “no llegan las vacunas, los medicamentos, los anticonceptivos”. Agrega: “En mi hospital tenemos dos ambulancias y una tiene el motor fundido; está ‘tirada’ a un costado, fuera de uso. Esto influye en la atención y también en el sueldo de los ambulancieros, ya que hay menos horas extras. ¿Cuál es la respuesta del gobierno? Que no hay plata para arreglarla”.
Soledad plantea la falta de diálogo con los funcionarios: “El gobierno sigue sin darnos una respuesta para destrabar el conflicto”. “Nos obligan a estar acá en lugar de sentarse a dialogar –continúa Karina–. Entendemos la situación económica del país, pero ellos en ningún momento se sentaron a pensar en la economía de cada trabajador. Pedimos tres cosas: 1) Respeto; 2) Escucha; 3) Que hagan lo que deban hacer para resolver nuestra situación. Quedó demostrado que plata hay cuando la semana pasada montaron un circo al que denominaron ‘marcha por la paz’, y gastaron un montón de guita en micros, choripanes y gaseosas para movilizar gente que se mostrara a favor de esta gestón. Nosotros tenemos la voluntad del diálogo, pero el gobierno sólo hace oídos sordos”.
Lavaca se comunicó con el Ministro de Salud de Misiones, Héctor González, pero no accedió a la entrevista.

La bandera lo dice todo. Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
Médicos medicados
En la charla con el personal sanitario se menciona una, dos, tres veces a la “salud mental”. El deterioro lo aducen a la calidad de vida que empeora día tras día, a un efecto dominó que profundiza la crisis. Karina suele hablar bajito, aunque ahora alza la voz: “Cada vez tenemos menos profesionales en el sector público. Los médicos prefieren atender en instituciones privadas porque le pagan más, lo que disminuye nuestro recurso humano. Esto perjudica el servicio hacia la gente y al mismo tiempo desgasta al profesional, que encima como no le alcanza lo que cobra debe buscar otro trabajo. Estamos viviendo una situación de múltiples violencias: institucional, psicológica, económica”.
Walter no sólo maneja la ambulancia. “Estoy vendiendo leña y cortando el pasto en los momentos libres, pero ni así me alcanza. El incremento que firmaron los sindicatos (UPCN y ATE) es de 100 mil pesos, o sea, algo inexplicable. ¿Qué hacés con eso? Necesito comprarme una muda de ropa para laburar –porque no me la dan–, y me sale 150 mil. Nos están matando psicológicamente. ¿Cómo el gobierno cree que podemos vivir con la miseria que ganamos”. ¿Se gana? ¿O se está perdiendo por goleada? Alto y corpulento, habla desde el llano: “Hay muchos compañeros que están medicados, que fueron internados porque no encuentran otra salida”.
En el acampe, un cartel afirma: “No estamos locos, queremos aumentos”. Delante de él, Karina, que trabaja en el área de salud mental del Ministerio de Salud, completa: “Hay compañeros que salen a vender chipa, torta frita, prepizzas; o que se pusieron a vender cosméticos; o que se la pasan todo el día haciendo horas extras. Pero nada alcanza con lo que hay que pagar de servicios. La luz subió un 48% y el gobernador acaba de firmar un aumento del 20%; lo mismo con el combustible, la telefonía, el agua. La canasta básica crece de una semana a la otra”. Hace unos segundos de silencio; le cambia el rostro. “Hay muchos compañeros endeudados. Nosotros tenemos un sistema de préstamo exclusivo para empleados estatales. Te dan un determinado monto a los 5, 10 minutos que lo pedís, pero conlleva un porcentaje anual de interés elevadísimo. Si sacás 700 mil, en un año pagamos más de 2 millones. Así de endeudados están nuestros compañeros. Es cierto que hay internados y también que ya hubo un caso de suicidio.
–¿Qué pasó?
–Un compañero que hacía seguridad en el hospital pediátrico se había endeudado mucho. Es difícil para un padre no cubrir ni lo mínimo para llevar a la mesa. Hoy se está decidiendo entre si tomar leche o tomar té. El que tiene auto, si carga combustible o se toma el colectivo, con un pasaje que está 900 pesos. Parece mentira, pero llegamos al extremo de pensar que nos sale más barato perder un día de trabajo, que movilizarnos hasta el hospital.

¿Todos? Foto: Lina Etchesuri para lavaca.
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Córdoba contra la reforma laboral

Córdoba amaneció este jueves paralizada y movilizada desde la madrugada y hasta después del mediodía. Cortes simultáneos y coordinados bloquearon los accesos a la ciudad desde las 6 de la mañana mientras se nutrían las columnas gremiales que marcharon hacia el centro cívico, que un cordón policial mantuvo aislado para impedir la concentración.
Se improvisó entonces un escenario desde un camión desde el cual Mariana Mandakovic, representante de Cispren –sindicato de prensa cordobés– y secretaria adjunta de la CTA, leyó uno de los dos documentos que sintetizan las exigencias de cuarenta organizaciones sindicales de todo el país. “El único antecedente similar a la reforma laboral propuesta por el gobierno de Milei tuvo lugar en 1976, con la dictadura cívico militar”, denunciaron.

Entre los puntos conflictivos que la reforma laboral propone, destacaron: ruptura del sistema de negociaciones colectivas, restricciones al derecho de huelga, financiamiento de despidos con recursos del sistema de seguridad social y la institucionalización del techo salarial y los límites a las paritarias.
El otro documento estuvo dirigido al gobernador Martín Llaryora. “Las provincias están quebradas por culpa del programa económico de Milei y no por los trabajadores. No tiene que ser cobarde. Anímense a enfrentarlo”, exigieron.
El plan de acción contra la reforma laboral tendrá continuidad la próxima semana en Rosario con una movilización convocada a las 11 de la mañana del 10 de febrero. Para el día siguiente, miércoles 11, los gremios anunciaron un paro general, ya que el Senado votará el controvertido proyecto.
La movilización cordobesa fue convocada por la CGT y las dos CTA de la provincia y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) nacional. “No hay otra alternativa que la lucha y demostrar el descontento ante esta mal llamada reforma laboral que es totalmente regresiva. No tiene ningún artículo que beneficie a los trabajadores”, sintetizó Rubén Urbano, secretario general de la UOM de Córdoba.

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Represión contra jubilados: La debilidad de la fuerza

El Gobierno exhibió este miércoles un nuevo signo de debilidad al reprimir otra pacífica marcha de jubiladas y jubilados. Hubo cuatro personas detenidas, 35 heridas y dos debieron ser hospitalizadas. (En la imagen de portada se ve una de las dos detenciones que sufrió el cura Paco Olveira).
A una semana de la sesión en el Senado que discutirá la aprobación de la reforma laboral, la violencia desplegada contra personas mayores, con discapacidad y trabajadores y trabajadoras de prensa se entendió como el despliegue de un show destinado a disuadir una protesta cuyos alcances no prevé.

Foto: lavaca.org
De lo contrario, no puede entenderse el absurdo de cómo el sacerdote Paco Olveira fue detenido dos veces.
O la forma en la que se llevaron en un camión del Servicio Penitenciario Federal a Miguel Ángel, un jubilado con problemas en el corazón.
O la manera en la que dos oficiales federales se llevaban a Fernando Quintero, un jubilado con muletas, al que soltaron porque empezó a convulsionar.
La violencia y la arbitrariedad de cientos de efectivos (?) contra quienes se manifestaban puede ser leída como un síntoma de la fuerza y lo genuino del reclamo.
El temor estatal al registro de esos hechos también llevó a las fuerzas a pegar y gasear a periodistas y fotógrafxs que, durante la mañana, se habían movilizado al Senado para hacer una conferencia como acción en contra de la derogación del Estatuto del Periodista.
Luego de la escenificación de la violencia, la marcha se hizo como cada miércoles, y algunos siguieron para acompañar el cabildo realizado en el Hospital Garrahan en contra del despido y persecución a las y los profesionales que lucharon por la mejora de sus condiciones laborales. Como cada jornada, también cantaron contra la CGT («a dónde está que no se ve»), cuyo Consejo Directivo se reunirá este viernes para definir si realizará alguna acción de cara al miércoles que viene.

Foto: lavaca.org
Los datos de la violencia
La Comisión por la Memoria informó que cuatro personas fueron detenidas, más de 35 resultaron heridas y dos debieron ser hospitalizadas. Los principales párrafos del informe:
“Jubilados, personas con discapacidad y manifestantes fueron víctimas de un desproporcionado dispositivo de seguridad que contó con la presencia de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, Policía de detención y motorizada de la Ciudad de Buenos Aires (GAM)”.
“La Policía Federal acorraló a los manifestantes en la esquina de Callao y Rivadavia y con empujones, golpes con escudos y gas pimienta, logró desalojarlos hacia el centro de la plaza. Posteriormente, la Policía Federal armó sucesivos cordones policiales que fueron apostados sobre Av. Rivadavia hasta Avenida de Mayo y San José, donde además ubicaron un camión hidrante, que evitaba totalmente el paso de personas hacia la zona de Congreso o 9 de Julio”.
“Cuatro personas resultaron detenidas: Miguel Ángel Caly, Ivo Enríquez, Francisco “Paco” Olveira y Fidel Tomas Bravo. Más de 35 personas resultaron golpeadas o heridas por gas pimienta, padeciendo irritación en los ojos y la piel; dos de ellas tuvieron que ser hospitalizadas por crisis convulsivas, previamente atendidas por CEPA y el equipo de monitoreo de la CPM”.

Foto: lavaca.org
“En nuestra calidad de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura monitoreamos el despliegue de las fuerzas represivas y junto al @argentinacepa asistimos a las víctimas de la represión. Esta tarea de control forma parte de las actividades desarrolladas con el @cnpt_argentina y el @mlptcaba”.
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El Garrahan movilizado frente a las amenazas oficiales: «¿qué miedo vamos a tener?»

El gobierno amenazó con nuevos despidos en el Garrahan, que el año pasado había conseguido una histórica actualización salarial del 61%. La explicación de la situación, lo que dicen las madres de los niños internados, la importación de material de descarte como si fuese una gran noticia. Las acciones, el cabildo abierto, y cómo se organiza la posibilidad de poner límites frente a los atropellos.
Por Francisco Pandolfi
El Jefe de Gabinete del gobierno nacional –y también vocero–, Manuel Adorni, lanzó este martes un tweet como nueva avanzada contra el Hospital Garrahan. Amenazó con el despido de 10 trabajadores y sancionar a otros 29, muchos de los cuales estuvieron al frente de los reclamos en 2025.
En las peleas de ayer, se sustenta la amenaza de hoy: el año pasado los trabajadores lograron un aumento salarial –histórico, inusual– del 61% en el salario básico luego de meses de protestas, asambleas y 32 huelgas.
Como respuesta al (nuevo) amedrentamiento protagonizado por Adorni se convocó a una conferencia de prensa para este miércoles al mediodía: “Nos castigan por defender al Hospital”, denunciaron en la explanada del Garrahan, símbolo de la salud pública argentina: se atienden anualmente más de 660.000 niños de todo el país, se realizan 12.000 cirugías complejas y se trata el 40% de los casos de cáncer infantil.
El sumario
En la conferencia, distintos delegados se pasan el micrófono, la palabra, las ideas, y la bronca.
Alejandro Lipcovich, administrativo y representante de ATE. Dice que el ataque es 100% político y decidido por la Casa Rosada. Y dice también que las autoridades del hospital son meros apéndices, “chirolitas” (por el antiguo muñeco de un ventrílocuo) de este poder de turno.

¿El origen del ensañamiento?: “Pocos días después de conseguir el aumento salarial se inició el proceso sumarial, que institucionalmente se supone es interno, que debe seguir una serie de pasos, que todavía no concluyó porque las personas acusadas de hechos ridículos ni siquiera habíamos sido notificadas”.
Los hechos ridículos: “Fuimos a protestar frente a la Dirección por algo tan elemental como nuestro derecho a huelga y que no nos descuenten el salario por ejercer un derecho constitucional. Atacan a los sindicatos y a los compañeros que estuvimos al frente porque el vaciamiento no cesa en el hospital, desamparando los tratamientos de los niños”.
Norma Lezana, nutricionista y Secretaria General de la Asociación de Profesionales y Técnicos, hace 39 años trabaja acá: “Fuimos a la Dirección para pedir una mesa de diálogo, que alguien nos escuche; eso exigimos el 31 de octubre tras un año y cuatro meses sin respuesta. Lo que respondieron fue descontarle, a sueldos de un millón de pesos, hasta 600 mil. ¿Por qué? Por luchar ante una dirección sorda”.
¿Qué miedo vamos a tener?
Además de a Adorni, se apunta a Milei –Javier, presidente–. A Lugones –Mario, ministro de Salud–. A Pirozzo –Mariano, el interventor–. “Nosotros estamos en un proceso sumarial y el informe lo hace la sumariante Fernanda Marino, que depende del Consejo de Administración y del Poder Ejecutivo. Es escandalosa y grave esta terrible intervención del gobierno y el tweet de Adorni refleja que el proceso sumarial está totalmente viciado”, denuncia Lezana.
Agrega lo actual: “Presentamos un amparo sindical sobre el cual la justicia no se expidió, pero el Poder Ejecutivo ya determina que estamos cesanteados y deberían sacarnos los fueros, entonces no tenemos ninguna garantía. Nosotros todavía ni pudimos ejercer nuestro derecho a la defensa. Es pura arbitrariedad”.

Sentencia: “Lo que quieren hacer es privatizar nuestro hospital. Pirozzo viene acá a hacer su trabajo, lo mismo que hizo al despedir a más de 200 trabajadores del Bonaparte y más de 100 en el Sommer”.
Bárbara Acevedo es enfermera focalizada en la adolescencia. Lleva en la mano un cartel: “Abajo los sumarios, arriba el Garrahan”.
Dice: “Qué miedo vamos a tener contra las sanciones si sostenemos el hospital junto a las madres que todos los días enfrentan la enfermedad y la muerte de sus hijos; qué miedo vamos a tener si sostenemos esta realidad sobre nuestros hombros”.
Una de esas madres está acá y se llama Florencia, es de Tierra del Fuego y es la mamá de Simón. Simón está internado desde hace varios meses, tiene leucemia y acaba de recibir un trasplante de médula. Florencia dice, entre lágrimas: “Gracias a estos profesionales Simón está vivo, ellos le salvaron la vida en un momento en que el hospital se está quedando sin médicos, enfermeros, farmacéuticos”.
Importando lo que no funciona
Una de las enfermeras que conoce a Simón es Mercedes “Meche” Méndez, enfermera de Cuidados Paliativos del Garrahan. Pone el foco en otro tweet de Adorni, publicado este lunes: “A partir de ahora, las clínicas y hospitales de todo el país podrán importar equipamiento médico usado. Menos costos y burocracia, más calidad al servicio de la salud de los argentinos. Fin”.
Meche dice a lavaca: “Es aberrante, criminal y ya lo vivimos en los noventa. Te mandan lo que en otros países del supuesto primer mundo está en desuso y no funciona bien. Implica una falta de seguridad absoluta, tanto para el profesional como para el paciente. No es una mejor calidad en la salud, al contrario. Nosotros debemos aspirar a un hospital con los mejores equipos, no el descarte. Esto es muy peligroso”.
Por la tarde, las y los trabajadores hicieron un cabildo abierto junto a distintas organizaciones para compartir distintas miradas sobre la reforma laboral que el gobierno aspira a que se apruebe en el Congreso.
Definieron hacer una asamblea interna el lunes y ahí determinar los pasos a seguir. Explica Norma Lezana: “No estamos cesanteados, ni suspendidos. Acá estamos, fuertes, en la lucha y en alerta. Ayer temblé cuando recibí la notificación y hoy, con esta convocatoria masiva, tengo la certeza de que acá hay valentía para pelear y seguir defendiendo el hospital”.


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