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Donde hubo fuego. AMBA: incendios y negocios

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Del norte al sur de la provincia, distintas áreas protegidas, bosques y reservas ardieron durante la primavera al calor de focos con intencionalidades bien concretas. La puja con los countries, con clubes de fútbol, con empresas y gobiernos locales. Y las lecciones de quienes defienden los humedales y las costas, a costa de todo. Por Mariana Salgado.

Foto: Nacho Yuchark

Los últimos pulmones verdes que sobreviven en la provincia de Buenos Aires aportaron su llama a la gran fogata argentina: desde San Fernando hasta Ensenada se incendiaron por lo menos diez áreas naturales, en su mayoría zonas de humedales. Los mensajes que mandan estas señales de humo alertan, nuevamente, sobre negocios inmobiliarios y una política de planificación urbana que avanza sobre ecosistemas naturales fundamentales para la población.

Countries vs bosques

Uno de los focos más grandes en extensión arrasó gran parte de la costa de Hudson, partido de Berazategui. Allí se produjo un incendio el 7 de septiembre pasado que ardió por tres días consecutivos y consumió 250 hectáreas de bosque ribereño y humedal, alcanzado por la normativa nacional y provincial de protección de bosques. En todo el partido de Berazategui el área ribereña tiene más de seis mil hectáreas (desde la autopista Buenos Aires-La Plata hasta el Rio de la Plata), de las cuales casi mil fueron ocupadas en menos de siete años por barrios cerrados, todos ubicados en la costa de la localidad de Hudson. Las 250 hectáreas que se quemaron terminaron de tirar abajo lo que había quedado de bosque nativo en esa zona, luego de la instalación de los countries.

Alba Ale, guardaparque de la Reserva Provincial de Biósfera Pereyra Iraola (Parque Pereyra), estuvo el 8 de septiembre en los incendios en Hudson colaborando con la labor de los bomberos voluntarios de Hudson. Y cuenta: “La zona que se prendió es de pantano, anegada: veo con mucha dificultad que eso se haya prendido solo”. Destaca la importancia de crear reservas que preserven estos ecosistemas ribereños, por la gran variedad de servicios naturales que aportan: secuestro de carbono, absorción de la infiltración del agua a las napas de la cual luego las áreas urbanas se abastecen, capacidad de producir condiciones micro climáticas que resguardan biodiversidad y la regulación de las inundaciones y las sequías.

Desde el Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente, denuncian que el Municipio de Berazategui no dudó en convertir la costa de Hudson en un lugar reservado para pocos, a costa de la destrucción de una región de una gran riqueza natural. Junto con la Asamblea Hocó, exigen que se paralicen las obras de los barrios cerrados que siguen construyendo y que todo el área sea declarada reserva natural.

María Eugenia y Martina, integrantes de la Asamblea Hocó, miran el Río de la Plata y mientras señalan pájaros autóctonos, explican el conflicto que las lleva a defender el territorio que pisan: “Nuestras principales denuncias tienen que ver con la alteración de la dinámica natural de la zona que generan el Barrio Puerto Trinidad que arranca en el año 1994, la calle 63 que viene hasta el río y un murallón costero de 4 metros del alto”. Explican que las obras públicas fueron realizadas por el municipio con fondos nacionales en 2010 y “habilitaron el ingreso de otros emprendimientos, tenemos Costa del Plata, con 300 hectáreas, y Crystal Lagoon que es un mega emprendimiento de 900 hectáreas”. Las obras de construcción del murallón para contener el río, que tenía intención de conectar el centro de Berazategui (calle 14) con la calle 63, están frenadas gracias a una medida cautelar interpuesta por el Foro del Río de la Plata.

Sobre el incendio que arrasó la zona, sospechan: “Lo relacionamos con Crystal Lagoon, porque el primer foco arranca en sus lotes, propiedad de Pedro Basla y el Grupo Monarca. Estuvimos desde el primer día de los incendios asistiendo a los bomberos y se vio la ausencia total del Estado, municipal y provincial, eso también da muestras de cuál es intencionalidad sobre la preservación de este lugar”.

Los desarrolladores inmobiliarios que ocuparon la costa de Hudson (Grupo Monarca, Caputo Hnos. y Achaval) no fueron originales; siguieron el modus operandi habitual para instalar un emprendimiento privado en una zona natural sin urbanizar: compraron los terrenos a precios rurales, que luego fueron rezonificados por el gobierno municipal berazateguense para que puedan ser urbanizados, elevando exponencialmente el valor de una tierra que había sido adquirida para otro uso del suelo. Aun antes de esta rezonificación los barrios cerrados comenzaron a construir y vender lotes. 

Fantasmas de la costa

La geógrafa Patricia Pintos, docente e investigadora de la Universidad de La Plata, estudia el avance del proceso urbanizador sobre humedales metropolitanos. Pintos explica que, para replicar el modelo de urbanización de Nordelta, estos barrios deben instalarse sobre humedales, zonas inundables que se pueden dragar con facilidad y generar las lagunas artificiales. En estas urbanizaciones, los lotes duplican su valor si están frente a una laguna.

Patricia analiza que, en la zona sur, los desarrolladores inmobiliarios están bastante limitados en las posibilidades de instalar este tipo de emprendimientos y no podrían hacerlo si no avanzan sobre áreas protegidas que todavía guardan bosques nativos y humedales. Y dictamina: “La tendencia que se viene consolidado desde hace casi 3 décadas en la zona norte y oeste se está empezando a consolidar en el corredor sur. Claramente, los humedales y los bosques nativos, las áreas protegidas, son un obstáculo al desarrollo inmobiliario. Es una hipótesis bastante bien fundada pensar que estas quemas responden a un mecanismo de asegurar la posibilidad de avance de estos emprendimientos”. 

El 11 de agosto, en Quilmes, a unos 10 km del incendio en Hudson, se quemaron 60 hectáreas de este mismo ecosistema ribereño que todos los municipios costeros del sur comparten y que a diferencia de los municipios del norte, se mantiene en gran parte intacto. Andrea, integrante de la Asamblea No a la Entrega de Costa Quilmes-Avellaneda, advierte: “En Ezpeleta, donde se dio el incendio, Techint quería instalar un barrio, y para el lado de Avellaneda, también. Es el emprendimiento Nueva Costa del Plata, la continuidad de Puerto Madero hacia el sur, que está frenado”. 

Nueva Costa del Plata es el fantasma que acecha a la costa de Avellaneda-Quilmes desde hace más de una década. El Grupo Techint planea construir un millón trescientos mil metros cuadrados a orillas del río, ocupando 5 km de costa para construir edificios que alberguen a 20.000 habitantes en una zona inundable. Pero “conservando las playas y los bañados, los bosques, pastizales y su riqueza interior de flora y fauna”, aclaran en su página web. Lo que no explican es cómo conservarán el ecosistema natural si para construir sobre un humedal hay que necesariamente rellenarlo con tosca y tierra. Por esto, las organizaciones ambientalistas del sur del conurbano se opusieron al proyecto logrando que el Concejo Deliberante de Quilmes no apruebe la rezonificación del área (a diferencia del de Avellaneda) y que la justicia frenara el emprendimiento por medio de una medida cautelar.

Mirando el mapa de la costa Avellaneda-Quilmes-Berazategui, Andrea señala las calles que se fueron abriendo paulatinamente, de a tramos, en cada municipio: “No perdamos de vista que lo que quieren hacer es un vial costero que viene de San Fernando y que llega hasta La Plata. Te van haciendo los caminos como si fuese una línea de puntos y cuando menos te lo esperás, se cierran todos los guiones y ya está el caminito hecho”.

Racing y el humedal

Alejándose del Río de La Plata, hacia el oeste, otras zonas del sur del conurbano también echan humo. En la Reserva Natural municipal de Ciudad Evita, entre julio y agosto hubo por lo menos cuatro focos de incendios que lograron ser contenidos rápidamente. 

Al sur de ese mismo espacio verde, pero en Esteban Echeverría, la Reserva Natural provincial Laguna de Rocha sufrió un incendio en su vértice norte. Al oeste de este gran triángulo verde (que en su corazón contiene a los bosques de Ezeiza), entre julio y agosto hubo tres incendios que consumieron 20 hectáreas de un predio en Laferrere preservado por les vecines, sin estatus jurídico de reserva. Este gran espacio verde está compuesto por diferentes grados y políticas de protección pero compone una sola unidad natural fundamental porque, entre otros motivos, está atravesado por el Rio Matanza Riachuelo (parte rectificado y parte con su trazo natural). Actualmente, no está amenazado por emprendimientos tipo Nordelta sino por el club Racing y por el manejo de la crisis habitacional en los municipios.

Gabriel Videla, integrante del Colectivo Ecológico Unid@s por Laguna de Rocha explica que el principal peligro que compromete la integridad de la reserva de Rocha hoy es una disputa legal muy fuerte con Racing “que quiere rellenar 32 hectáreas de humedal para construir un polideportivo con un hotel para la concentración de jugadores”. En mayo de 2013, 5 meses después de crear la Reserva Natural Integral y Mixta Laguna de Rocha, la Provincia de Buenos Aires le desafectó 64 hectáreas a esa misma Reserva, justamente las parcelas que en 2009 el Gobierno Nacional (quien tiene dominio de esas tierras) le había cedido a Racing. El pasado 23 de octubre, la Agencia de Administración de Bienes del Estado le renovó el permiso de uso de esas tierras al club, para la construcción del Centro Deportivo Néstor Kirchner. Esta cesión está sujeta a la resolución de una causa judicial en trámite, que las organizaciones ambientalistas de la zona impulsan para que se declare la inconstitucionalidad de la ley que desafectó las tierras de reserva cedidas a Racing. 

Al este de Laguna de Rocha, a 5 km, está la Reserva Provincial Santa Catalina en Lomas de Zamora. Desde que comenzó la cuarentena, este último pulmón verde de Lomas de Zamora sufrió 15 incendios que destruyeron buena parte del pastizal en una zona de humedal que está en manos de Covelia SA desde 2008. En ese año, la Universidad Nacional de La Plata le vendió 300 hectáreas a Covelia, que incluyen una laguna. En 2011 y tras una fuerte presión vecinal ante las intenciones de la empresa de construir una planta de tratamiento de basura y luego un barrio cerrado, la Provincia de Buenos Aires declaró mediante ley N° 14294 toda la zona como reserva natural, pero nunca se completaron los procesos de expropiación. Por eso, los Vecinos Autoconvocados en Defensa de Santa Catalina exigen que se reglamente la ley y que se respete la entidad de reserva de todo Santa Catalina.

En el resto de la provincia de Buenos Aires, entre julio y septiembre, también se registraron incendios en el Área Natural Camino de las Flores (Almirante Brown), Reserva natural Isla Verde (Morón), Isla Santiago (La Plata), en el Parque Nacional Siervo Los Pantanos (Campana) y en islas de San Pedro, Zárate y San Fernando.

Los fuegos señalan negocios y malos manejos de la tierra pública, pero también algo más: las asamblea vecinales que defienden los últimos pulmones verdes del área metropolitana de Buenos Aires. Los que prenden los fuegos destruyen biodiversidad pero también ponen en alerta a los que siempre estuvieron ahí, denunciando el avance sobre las áreas naturales. 

Alba hace más de 25 años que viene enfrentando los fuegos dentro del Parque Pereyra, como parte de su labor como guardaparque. Este año hubo solamente uno que lograron controlar, causado por una quema que se inició para generar rebrotes y alimentar ganado, que es la principal causa de incendios dentro del parque. Como entendida en el tema, alecciona: “Los incendios en su mayoría son evitables, y generalmente está la mano del hombre, a veces es por intereses económicos y a veces por estupidez. Ojalá que esta conciencia y tanta difusión hagan que todos sean ojos para evitar este tipo de cosas. Porque somos pocos los que estamos en funciones con esto –bomberos, guardaparques– y si está alerta toda la sociedad cada vez se les va a hacer más difícil seguir prendiendo el fuego”.

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