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Cátedra queer

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Luchi de Gyldenfeldt, una de las cantantes líricas del dúo Ópera Queer, estará a cargo de la cátedra de Canto Disidente en la Universidad Nacional de las Artes, la primera en la historia. Qué significa. La búsqueda de la voz propia. Y cómo potenciar una voz colectiva disidente. Por Lucas Pedulla.

Foto: Martina Perosa

Esta nota forma parte de la edición 157 de MU que hicimos gracias a nuestres cómplices. #HaceteCómplice para seguir apoyando el periodismo autogestivo.

Si consideramos que la palabra deriva del latín cathedra y sirvió, además de su solemnidad académica actual, para nombrar al sillón en el que se sentaban los obispos en los oficios litúrgicos, es posible dimensionar la potencia con la que la cantante lírica Luchi de Gyldenfeldt canta una realidad: “Es una conquista histórica”. 

Es que de aquellos tiempos barrocos italianos donde los niños eran castrados para que conservaran su “voz blanca” debido a la prohibición a las mujeres de cantar en las iglesias, a esta época en la que una de las cantantes del dúo Opera Queer será la docente de la cátedra de Canto Disidente en la Universidad Nacional de la Artes (UNA), la primera como parte de una currícula oficial en la historia, pasaron nada más –y nada menos– que tres siglos.

Y una revolución, claro, que no para. 

Y que Luchi la canta, como contratenor, a pura voz propia.

Borde & canto

Narrar que Ópera Queer es un suceso sería incorrecto, por la admiración que vienen estimulando en los últimos tres años, pero decir que ese registro de ópera y humor es asombroso sería impreciso, por la bella potencia que las gemelas Luchi y Ferni despliegan en vivo. Son juego, son diversión, son método y son vida, por lo que cada presentación es –también– abrazo, en un camino que empezaron a transitar en 2017, más acá del canon que se esperaba para cantantes de ópera recibidas de una institución formal como la UNA. 

Explica Luchi: “Es un evento histórico. Hay algo que atraviesa la historia del canto lírico, por sobre todo, que tiene que ver con entender a la voz de una manera muy binaria y biologicista. Si yo leo que tenés pene, tus registros posibles son bajo, barítono, tenor o, a lo sumo, contratenor, como canto yo. Y, si te veo con vulva, tenés que cantar mezzosoprano, soprano o contralto. El repertorio es muy específico e inamovible. Quizás en lo popular, bordeando a la academia, el canto disidente sucedió siempre –Mercedes Sosa en la última parte de su carrera parecía un tenor, Freddie con sus sobreagudos en Queen o los falsetes de Nito Mestre en Sui Generis–, pero no necesariamente de forma institucionalizada o en la universidad más importante de Latinoamérica. Y eso es una conquista, un apoyo y un reconocimiento”. 

La cátedra formará parte de la Licenciatura en Artes Musicales, una de las carreras que brinda el Departamento de Artes Musicales y Sonoras (DAMUS) de la UNA. Luchi y Ferni ya venían trabajando en el Programa Música y Género, que hacía ese cruce interdisciplinario en escuelas, organizaciones sociales, hospitales y unidades penitenciarias. Ambas sumaron, además, un abordaje en Educación Sexual Integral (ESI). Ferni dejó por sus horas en el colegio donde trabaja, y Luchi quedó como referenta. Las actividades siguieron durante la pandemia, se armó una comisión, y Luchi siguió participando en diversos espacios de ponencias, donde tomaba la palabra. “Cuando empiezo con Ópera Queer y salgo de este closet marica y disidente, empiezo a observar cómo funciona adentro la universidad, muy agresiva y heteronormada en muchos aspectos. Y, como dicen Susy Shock y Marlene Wayar, tampoco queremos que nos incluyan solo para tener que parecernos. Necesitamos políticas concretas”.

En el medio de una de esas ponencias virtuales, lo llamó la decana Cristina Vázquez. Le dijo que tenía razón, que había que hacer cambios concretos, y que no sabía por qué estaba pensando en otras personas para la cátedra oficial que querían abrir. “Estás vos”, le dijo. 

Y así fue.

Potenciar la disidencia

La cátedra será anual. “Quiero que esté orientada a todo el colectivo disidente. Alguien que se perciba una marica disidente, no binaria, que sepa que hay un espacio que va a tener a una contemporánea, para nombrarse como quiera. No tengo idea de lo que va a pasar, y eso está bueno: puede funcionar como un espacio libre de violencia machista y que sirva a ciertas sensibilidades que quieran transitar espacios académicos de manera distinta, amorosa. La UNA es una institución pública y gratuita, y a mí me abrazó y me quiso, pero podemos abrir más”.

Luchi estará acompañada de Jazmín Tiscornia, la pianista de Ópera Queer. “Tengo 31 años y no dejo de ser muy joven respecto a otros profesores. Sí hay algo que me genera mucha seguridad y es que me hice cargo de mi cambio de registro. Estudié como barítono, ya había cantado en Suiza y Alemania, y un día dije que quería cantar como contratenor. No disfrutaba cantar en esa cuerda, sentía una violencia en mi laringe y en todo mi aparato, una imposición. Y aprendí mucho de eso, a escucharme, a observar la libertad que siento ahora para identificar y guiar esos procesos, algo que me encanta y me apasiona. Como barítono cis sentía que sufría, y es un momento lindo para entender que no tenemos que sufrir tanto. La cátedra tiene que ser un espacio para potenciar también esa disidencia propia, que todes tenemos”.

Ejemplo: “Es muy distinto vocalizar con una mujer cis que con una trans, y a su vez con otra mujer trans que está hormonando y quiere cantar en falsete como sopranista, o quizá que quiera mantener su voz de tenor en el rango de lo que era su genitalidad. Es interesante que lo que es performático y teatral pueda también ser concreto y real en los pasillos de un conservatorio. Siento que, con esta cátedra, también vamos a pelearnos: a mí no me interesa si un pibe trans no logra el timbre de tenor a lo Pavarotti, pero no sé si en una mesa de examen alguien diga: ‘No es tenor’. Bueno, ahí va a haber que confrontar con la academia”.

Descolonizar

Luchi se recibió en la UNA con promedio diez (10) y laureles. “Luchi, sólo te queda irte a Europa y viajar”, le decían. El cuento era seductor. Explica: “Es el destino del mercado operístico. Acá es muy nulo. Acá está el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, el Teatro Argentino de La Plata, el Teatro El Círculo en Rosario, o alguna ópera federal. Es paradójico, porque el capitalismo en Europa lo construye como mercado pero lo hace tan cotidiano que parece más popular. No sé si lo es, pero es sorprendente cómo funciona: si comprás el ticket para ver una obra en Hamburgo podés viajar gratis en transporte público. Con el certificado de estudiante podía conseguir descuentos, pero acá en el Colón se te morían de risa”.

Pero pasaron cosas. A la semana de recibirse, Lucho y Ferni cantaron con Ópera Queer en MU Trinchera Boutique,en diciembre de 2017. La recepción las conmovió. En enero viajaron al Festival Disidente de El Bolsón (Río Negro), donde fueron ovacionadas. A la vuelta, en marzo, otro show en MU se llenó. “Ahí empezó algo tremendo y no me fui más. Y cada vez que pensaba en irme nunca me terminaba de convencer. Sí fantaseo con viajar con Ópera, pero ya desde otro recorrido. Está pasando algo muy histórico acá, y espero que seamos conscientes”.

Están participando también del proyecto NuesTrans Canciones, en el Centro Cultural Kirchner (CCK), para armar el primer cancionero popular travesti/trans/no binarie de América Latina. Junto con el Instituto Nacional de la Música (INAMU), se hará un libro y se repartirá por bibliotecas, para mutar también en un disco y en presentaciones en vivo. Piensa Luchi: “No conozco que haya pasado algo así en Berlín. En Europa tampoco hay una una cátedra de Canto Disidente. Por eso, es un momento único, para poder disfrutarlo”.

La cátedra se dictará los jueves de 18 a 22 y la inscripción puede hacerse a través de musicalesysonoras.una.edu.ar

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