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El barrio dice: Bombón vecinal
Ocho mujeres vecinas del Abasto leyeron en el espacio público un cartel. Era una convocatoria a una obra de danza que tenía una historia pero buscaba reinventarse para un festival. El resultado es transformador y habla de la potencia del arte, de cómo cambiar vidas, llenar salas, emocionar gerentes y más: todo en una misma historia. MARÍA DEL CARMEN VARELA
Bajo el tentador título de Teatro Bombón, los actores, dramaturgos, directores y gestores culturales, Monina Bonelli y Cristian Scotton bautizaron un formato de obras originales de treinta minutos de duración, piezas cortas para degustar. A mediados de 2014 inauguraron la propuesta en un atractivo edificio de tres pisos, del llamado estilo art noveau, ubicado en Avenida Corrientes al 1900, al que convirtieron en centro cultural y bautizaron la “Casona Iluminada”. Invitaron allí y así a directoras y directores a presentar sus obras de teatro, música y danza en pequeño formato, los domingos a la tarde. En las habitaciones de la Casona, incluso en el baño, sucedían obras de manera simultánea. “Hicimos diez ediciones y convocamos a 64 obras. El concepto de Teatro Bombón es invitar a artistas a crear obra y trabajar en el espacio real”, cuenta Monina. Luego de la novena edición, la actividad de la Casona culminó porque el propietario eligió a otro inquilino que ofreció más dinero por el alquiler. En abril de 2018, Teatro Bombón se volvió a presentar en el restaurante Milion, en su décima edición.
En enero de este año y en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), Teatro Bombón volvió a escena con una versión especial y reveladora: Bombón Vecinal. “El director del FIBA, Federico Irazábal, nos propuso estar con un Bombón diferente, más vinculado al barrio. Decidimos que sea el Abasto y propusimos la cuadra de mi casa. Yo conocía a algunos vecinos, pero no a todos. En este caso la invitación fue a artistas para trabajar con vecinos. Cruzamos el formato de Teatro Bombón con el trabajo con comunidades”.
Profesionales del teatro y la danza y vecinas y vecinos del barrio del Abasto trabajaron juntos para darles forma a distintas obras, respetando el formato de 30 minutos. Tomando como referencia la cuadra de Sánchez de Bustamante entre Sarmiento y Perón, ofrecieron intervenciones callejeras, como la muestra de fotos de vecinas y vecinos en sus casas, con sus familiares y mascotas, proyectadas en la pared del edificio de la esquina de Sarmiento y Bustamante. Fueron tomadas para esta ocasión por Marcelo Zappoli, quien fuera fotógrafo de la banda de rock Virus. Hubo recorridos a pie por las calles del barrio, obras que sucedían dentro de casas de vecinos y hasta un karaoke en un taller mecánico ambientando con fotos del fotógrafo Marcos López. Cumbia y rock, luces psicodélicas, cubos que reproducen los diseños del artista pop Andy Warhol, birra y fernet. Vecinas y vecinos del barrio eligen canciones y toman el micrófono, el dueño del taller mecánico luce su guitarra eléctrica, se arma el baile dentro y fuera del taller. Esta escena suele repetirse los viernes a la noche, solo que esta vez sucedió en el marco de un festival internacional de cultura independiente.
Una de las obras que forman parte de Bombón Vecinal es Lo único que quiero es bailar, dirigida por la bailarina y coreógrafa Josefina Gorostiza, quien fue invitada por Monina y Cristian para presentar una obra inédita que tuviera como condimento la interacción con los vecinos. ¿Qué hacer? Con la colaboración del asistente de dirección Francisco Benvenuti, que ya tenía experiencia en trabajar con vecinos de Villa Urquiza, salieron a pegar cartelitos por el barrio con la inusual convocatoria a formar parte de una obra de danza a “estrenarse en esta cuadra en el marco del FIBA 2019”. Aclaraba que estaba abierta a vecinas de todas las edades y que no se requería experiencia. Figuraba el celular de Cristian Scotton para que las interesadas pudieran mandar whatsapp. Fue así que ocho mujeres se comunicaron y se juntaron para conocerse y delinear un plan de acción.
Josefina y Francisco entregaron un cuestionario de tres páginas a cada una. Qué música te gusta escuchar, si estudiaste danza alguna vez, cuál es tu comida favorita, a qué le tenés miedo, cuál es tu frase de cabecera, eran algunas de las más de veinte preguntas. “Con esas respuestas, armé un texto breve en relación a cada una. El nombre de la obra ya lo tenía, les conté que era un trabajo de improvisación, de búsqueda de material de lo que cada una tenía para lograr potenciarlo, con la mirada puesta en el movimiento”.
El 3 de enero arrancaron los ensayos: tres horas, todos los días. El gran estreno: el jueves 24. Josefina: “Yo estaba maravillada de tener un grupo de ocho mujeres, y a la vez aterrada: era todo nuevo. Pensaba en ellas, tenía miedo de que se sintieran invadidas, incómodas con el texto que había preparado. Lo probamos y fue muy emocionante el día en que lo trabajamos”. Carla escucha a Josefina y suma: “Eso nos ayudó a todas a sentirnos parte de la obra. ¡Ah, están hablando de nosotras, somos las protagonistas!”.
En solo tres semanas de ensayo ocho mujeres que van desde los 28 hasta los 60 años, sin experiencia en danza y mucho menos en escenarios, se permitieron zambullirse en una experiencia de movimiento, goce del cuerpo y sensibilidad. ¿Cómo se logra? Garra y corazón. También práctica, compromiso y disciplina. El juego como condimento imprescindible y el abrazo contenedor de Josefina y Fran, atentos a cada momento del proceso de creación colectiva que devino en obra de danza. En treinta minutos los espectadores vamos recolectando información de las bailarinas. Sabemos que Bárbara fue vedette de una comparsa en Uruguay, que Mary se había olvidado de que le gustaba tanto bailar, que Vicenta le tiene miedo a la oscuridad, su tema preferido es La Maza de Silvio Rodríguez y que la frase favorita de Antonella es “La poesía es la única verdad”.
Cada una de ellas lleva una remera negra estampada con su frase predilecta. La idea fue de Josefina, cuya remera dice, claro, “lo único que quiero es bailar”.
El encuentro con los espectadores es en Sanata Bar; desde esa esquina cruzamos Sarmiento y una guía nos acompaña hasta el lugar donde será la función: el estudio privado de Marcelo Zappoli. Josefina: “Era importante para mí hacerlo ahí porque el lugar es despojado. Marcelo accedió a darnos su estudio y estuvo en todas las funciones”. Hicieron 14.
Cada vez que sale a escena, a Gloria le late fuerte el corazón, se pone nerviosa y colorada. Trabaja cuidando a personas mayores. Nunca imaginó estar bailando para un público, sin embargo, asegura, lo disfruta.
Mary es vecina de Monina, mismo edificio y mismo piso. Durante el FIBA los departamentos de ambas fueron escenario de la obra La mujer que soy, de Nelson Valente. Es jubilada, pero sigue trabajando en la administración de un garaje. “En noviembre Monina me cuenta del FIBA y yo no tenía idea de qué hablaba, me dijo que la tenía que ayudar. Desde esos días hasta ahora, mi vida cambió mucho, hasta tuve una obra acá en mi casa. Yo soy de Córdoba, lo único que sé bailar es cuarteto. He visto gente con algunas lagrimitas y me pregunto: ¿cómo pudimos nosotras mover todo eso?”.
En el cuestionario, Josefina y Fran también preguntaron por el tema musical de preferencia. Hicieron una selección y les propusieron que los cantaran entre todas. Para esto fue fundamental el aporte de Verónica Gerez, música, intérprete, compositora y actriz. Es la única de quienes componen el elenco que fue convocada especialmente por Josefina. Cuenta Verónica: “En el primer ensayo caí con la guitarra, ya me habían pasado una lista de temas, nos pareció que estaba bueno no meter muchos elementos sino trabajar desde el cuerpo. Ese primer ensayo fue para observarlas y jugar para ver cómo podía acompañar su trabajo. Necesité ejercitar mucho la escucha, poder estar permeable a sentir y a intervenir de la manera más orgánica posible”. Una original versión cumbiera del clásico As time goes by, de la película Casablanca y la versión del tema inmortalizado por Aretha Franklin I say a little prayer, son dos momentos para guardar en la memoria.
No voy a participar, no sé bailar, le dijo Vicenta a Cristian Scotton. Ninguna sabe bailar, respondió Cristian. “En mi adolescencia habré ido a bailar dos o tres veces a los boliches. Le tengo miedo a la oscuridad, al encierro, a la muchedumbre. Para mí fue un giro de 180 grados la obra. En mi trabajo me ven por los pasillos bailando, saltando. Trabajo frente a la computadora escuchando música; moviéndome, estoy alegre. El año pasado fue muy difícil para mí. Esta obra es un regalo que me dio la vida, le estoy muy agradecida”, se emociona Vicenta. El día del estreno la fueron a ver amigos, compañeros de trabajo y un gerente de la empresa de medicina privada en la que trabaja desde hace 23 años como administrativa. “En dos oportunidades tuve ganas de bajarme del proyecto. Pero el entusiasmo, el apoyo y la contención que tuve de parte de ella, de Fran y de mis compañeras me llevó a seguir y no me arrepiento”.
Marisa es peluquera y le había llamado la atención el cartelito que decía que era para mujeres de cualquier edad. ¡Es mi sueño!, pensó. “El grupo es muy lindo. Somos de diferentes edades y pensamientos. Yo sentía que no tenía nada más para dar, se me despertaron las ganas de seguir soñando, ese espíritu que tenía apagado”.
Para Carla fue mágico el momento en que vio el papel de la convocatoria por debajo de su puerta y sintió el impulso de querer estar ahí.
Brenda y Antonella bailaban juntas de chicas y años más tarde, repiten la escena.
“No se muestren, déjense ver”, les repetía Josefina durante los ensayos. Lo profundo y genuino florecía con el correr de los días. Terminada la tanda de funciones, los martes se siguen juntando a charlar y tomar café. Todas aprendieron que las diferencias se toleran, que los cuerpos perciben, registran y responden, que el acuerdo es posible si apoyan sus pies en una misma superficie desde donde potenciar el movimiento. Ahora, cada vez que Vicenta, Mary, Carla, Antonella, Gloria, Marisa, Bárbara y Brenda se plantan en el escenario, miran hacia el público, sonríen y se dejan ver.
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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema?
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nanny Pelazzini/lavaca.org
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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
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MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

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