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El cuarto de Lucía, el cuarto de todas

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El cuarto de Lucía, el cuarto de todas

La instalación El cuarto de Lucía quedó inaugurada en el centro de Mar del Plata, en medio de una escalada de violencia machista creciente en la ciudad y el país. Cómo nació la idea, cómo se concretó y sigue. La capacidad movilizadora del arte, que convierte al dolor y la indignación por la impunidad del caso en fuerza y movimiento. Lo que sintió el público que salía de la playa y se encontró con la obra; lo que relata la familia, al ver representado el cuarto; lo que dicen quienes la acompañan, nucleadas en la Campaña Nacional Todas Somos Lucía. Y qué significa esa frase, ante un evento distinto e inédito en cuanto a la forma de reclamar justicia y construir memoria y verdad.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

María Inés le avisó a la custodia policial que no se preocupara, que hoy salía a ver la muestra de Lucía. El viernes le habían baleado la casa.

Johana llega con el ojo morado, porque el sábado fue golpeada en la calle, donde vivía hasta que fue auxiliada por una de las integrantes de la Campaña Nacional Todas Somos Lucía, que convirtió su casa en un refugio para personas trans como ella.

Cada persona movilizada implica una historia. Así, en la rambla de Mar del Plata, entre el Hotel Provincial y el Casino, mientras muchas familias en malla huyen de la playa porque empieza la lluvia, se va tejiendo esa red que comenzó en la calle y hoy tiene una cita especial: también en la calle, pero como parte de una muestra oficial en el Teatro Auditorium, el más importante de Mar del Plata.

El refugio se llama El cuarto de Lucía.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

Pasar por el cuarto

Marta Montero es la mamá de Lucía Pérez, la chica asesinada el 8 de octubre de 2016 aquí, en Mar del Plata. Aquel crimen provocó, a nivel nacional, el Primer Paro de Mujeres.

Marta está afónica. El jueves pasado estuvo cantando y gritando en la marcha por otro femicidio, el de Claudia Repetto, que terminó siendo reprimida por la policía.

Este domingo, a las 17, en la inauguración de la muestra que reconstruye el cuarto de su hija asesinada, una ronda la rodea. No hay afonía que la detenga:

“Tenemos que mirar el cuarto de Lucia para ver cómo es el cuarto de una adolescente. Ahí está su vida, sus amores, su cultura, las cosas que a ella le gustaban. Quiero que cada uno se sienta identificado en esas cosas, las que le gustan a cualquier adolescente. Es una mirada para que veamos cómo las víctimas transformamos ese odio y ese maltrato que tienen ellos. A varios les vendría bien pasar por el cuarto para que sepamos en qué consiste el cuarto de una niña. Todo lo que matan”.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

Las personas que van saliendo de la Bristol, al pasar y ver el tumulto, afinan el ojo y la reconocen: es la mamá de Lucía. Se quedan escuchando por unos segundos, y entonces algunos se animan a entrar. Matías, el hermano de Lucía, y su novia Agustina, están a cargo de rociar con alcohol en gel a les visitantes.

Se ve la reconstrucción de la habitación en la que está todo, menos Lucía.

Entonces sucede, por ejemplo, que un hombre que venía de la playa ve una tabla de surf dentro del cuarto de Lucía, y llora.

O que una mujer observa los zapatos de Lucía: dice que le recuerda a los de su hija, y llora.

Cada objeto se transforma en un código que cada persona descifra según su historia. Esa decoración y compañía que Lucía eligió va transformando quien se acerca, y transforma además los llantos en comprensión, o en indignación, o en fuerza.

Guillermo, el padre de Lucía, cuenta que la tabla de surf, así como el longboard, fueron regalos que él le hizo por pasar de año en la escuela. “Si pasaba, podía pedir lo que quería”, cuenta el ritual. “Y le iba muy bien”.

Su mirada recorre el cuarto con asombro por lo idéntico de la representación. Toca uno de los “atrapasueños”: son iguales a los que hacía Lucía, dice. “Agarraba alguna ramita flexible, y se ponía”, recuerda y se queda observando las tizas. “¿Ves? Pensaba todo tipo de dibujos, como ésos”. Luego pasa a los pósters que ella misma hacía, los cuadros de bandas de rock: “Íbamos juntos a ver recitales, como los del Indio Solari”. Guillermo tiene la mirada atrapada por el cuarto que reproduce el que está en su casa, para que nadie deje de conocerlo.

“Son cosas que ella hacía o que le íbamos regalando para ir compartiendo algo con los hijos, ¿no?”, resume emocionado. “Como padre, Lucía me permitió compartir”.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

Cómo es la muestra

La instalación el Cuarto de Lucía fue una idea que parieron Marta Montero y Claudia Acuña en uno de los tantos viajes que Marta hizo a La Plata para impulsar el jury contra los jueces del Tribunal n°1 de Mar del Plata Facundo Gómez Urso, Pablo Viñas y Aldo Carnevale, y pedir un nuevo proceso frente a ese juicio vergonzoso que pareció ensañarse en culpar a la víctima y no a quienes cometieron el femicidio.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

La obra se propone exponer públicamente el ámbito privado de la víctima de un femicidio que sigue impune. Consta de dos dispositivos estéticos/comunicacionales:

1) El cuarto: El ámbito “privado” en dos sentidos de esa palabra: el de intimidad y, a la vez, el que nos recuerda la privación de esa vida a escala humana. La idea surge ya que las familias sobrevivientes de femicidios cuyas hijas compartían la casa han contado lo mismo: no han tocado el cuarto desde el día del crimen. Sacar a la luz pública ese cuarto es, sobretodo, compartir el peso del duelo de esas familias que ante la falta de justicia se tornó eterna lucha cotidiana contra los aparatos patriarcales vigentes y decadentes. Pero también humanizarlo: no es un “caso” ni una cifra. Es una vida joven, con sueños que ya no podrá soñar.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

2) Las proyecciones: en un aparato de televisión se emiten en forma continua las 23 horas del juicio oral que dejó impune el femicidio y que, tras una larga batalla librada en la calle y con los pies por la familia de Lucía y la sociedad, se logró anular. En las paredes del cuarto se proyectan videos conceptuales breves, que repiten imágenes, detalles y palabras del juicio y la foto de Lucía, la de los acusados, la de los jueces.

3) Al “salir” del cuarto, un texto/volante invita a cada visitante a participar de la campaña Justicia por Lucía, adhiriendo a un petitorio y filmando un video por el nuevo juicio oral ya.

Lo posible

Marta, que es enfermera pero también vende unas exquisitas mermeladas en distintas ferias, compartió la idea de mostrar el cuarto de Lucía con Héctor Martiarena, miembro del programa municipal de Almacenes Culturales, que se acercó a su stand de mermeladas hace algunas semanas.

Martiarena hizo algo extraño en estas épocas: prometió y cumplió.

Le dijo a Marta que la muestra del cuarto podría hacerse en el Teatro Auditorium, el más importante de la ciudad costera. Y fue Marcelo Marán, director del lugar, quien dio el visto bueno para que eso sucediera.

Una semana después, en un Zoom se reunieron los ideólogos y los realizadores.

¿Era posible?

Era posible.

¿Qué se necesitaba?

Voluntad.

¿Tiempos?

Marta arriesgó: “¿Será posible que se llegue para el 14 de febrero, que es el día del cumpleaños de ella?”

Los realizadores se miraron: faltaba una semana.

Y respondieron:

-Sí.

Lo que siguió fue una artesanía hecha con talento, amor y voluntad.

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Hector Martiarena, de Almacenes Culturales; Alejandra Vilar, Escenógrafa; Natalia Beresiarte, muralista; Juan Ignacio Echeverría, Escenógrafo
Foto: Lina M. Etchesuri

El equipo

Una de las indicaciones de la dupla creativa Acuña-Montero fue reproducir el cuarto de Lucía tal cual, detalle por detalle: “Lo que estéticamente representa esa reproducción fiel es el valor de la verdad: es el cuarto de Lucía. La herramienta del arte es la ética”, les escribieron a los realizadores.

Ese logro tiene nombre y apellido porque, como dice Juan Ignacio Echeverría, “jugó mucho lo emocional en esta muestra: no fue armar una estructura como quizá estamos habituados en la tarea que desarrollamos como escenógrafos, en teatro. Hay un equipo preparado para resolver técnicamente, pero lo más importante acá es el componente sensible del cuarto, de la historia que tiene adentro, de quien lo habitó: buscar esas fibras que son movilizadoras. Y hubo que hacerlo con cierto cuidado para no movilizar a quienes estuvieron conviviendo con Lucía, padres, hermanos. Transmitir esa sensibilidad en un espacio fue la tarea”.

Juan Ignacio llegó a Mar del Plata hace 10 años, es escenógrafo y si bien se define “autodidacta” es un talento de las artes visuales. Fue uno de los imprescindibles de un equipo interdisciplinario que contó con la participación esencial de Alejandra Vilar, escenógrafa, Natalia Beresiarte, muralista; Claudia Acuña, escritora y periodista; y Sebastián Smok, diseñador de la revista MU.

Lo primero que hicieron Alejandra, Natalia y Juan Ignacio fue ir a la casa de Lucía, tomar fotografías y conversar con los padres. Cuenta Beresiarte: “Ahí entendimos cómo era Lucía, cuáles eran sus intereses, cómo pensaba, qué le gustaba. Y como primera impresión nos detuvimos en la gran impronta artística de Lucía. Eso se plasmó en la instalación: dibujos, frases, posters, canciones, artesanías de atrapasueños. Una pequeña gran artista”, define.

Natalia hizo algo que sería increíble sino fuese porque todo, en esta historia, está teñido de una increíble profesionalidad y voluntad: hizo las copias exactas, como calcos, de los dibujos que Lucía tenía en su cuarto.

Imitó su letra, su trazo, la disposición de tramas y colores.

La familia sintetizó su trabajo en una frase: “No entendemos cómo hizo”.

Natalia también dibujó el frente de la instalación con los ojos de Lucía junto a otra compañera, Natalia González, quienes firman como Naná Begó. Esos ojos, que inspiraron al Observatorio Lucía Pérez, son el faro de toda la instalación en la que Lucía a su vez mira a los ojos a cada persona que pasa por la rambla de Mar del Plata.

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Foto: Lina M. Etchesuri

Quiénes son Lucía

Paloma tiene 22 años, uno más de los que cumpliría hoy Lucía, y está escribiendo en un pizarrón “… días sin justicia”. Es una de las acciones que la Campaña Nacional Todas Somos Lucía empezó hace más de 150 días y seguirá hasta lograr que se celebre un nuevo proceso: “El 3 de junio salimos a las calles, a pesar de la pandemia, y pensamos que teníamos que conseguir una manera de visibilizar también por las redes”, cuenta la idea. “Decidimos que haya un video todos los días, contando los días. Porque esta es una lucha de todos los días”.

El contexto de la instalación, según Paloma: “El jueves balearon la casa de nuestra compañera María Inés Benítez, que es testigo de la causa de Lucía, como parte de lo que consideramos un crimen organizado. El jueves tenía que declarar quien secuestró y mató a Claudia Repetto, y terminaron reprimiendo a la familia que fue a garantizar que eso suceda. Nancy Segura, Blanquita, mamá de Agustina Frers, se hace cargo de su nieta; igual que Nancy Segura con su sobrina; todas en Mar del Plata, sin ningún tipo de ayuda. Las familias están solas”.

El cuarto de Lucía, el cuarto de todas
Foto: Lina M. Etchesuri

¿Están solas? Blanquita, una histórica en estas batallas marplatenses por la vida y la justicia, aparecerá sobre el final de la jornada de la mano de su nieta, demostrando que cuando Paloma habla de soledad, se refiere al Estado. “En Mar del Plata está demostrado que el Estado no da ninguna respuesta”, sigue Blanquita. “El otro día Marta dijo: no es que están ausentes: están presentes defendiendo al patriarcado. Y es así. Lo más valioso de esta lucha es que los familiares se han unido y se dan fuerza ente ellos. Y nosotros acompañamos”.

¿Cómo definiría qué es la Campaña? “La campaña Somos Lucía nace desde el movimiento y desde la urgencia y desde la indignación. En la calle. Salimos durante semanas y nos fuimos conociendo. Con la familia y entre nosotras. Nos hicimos hermanas. Y lo que hacemos es empujar los reclamos desde lo que pueda surgir de nuestras creatividades”.

Todas esas creatividades hoy entran en ebullición: junto a jóvenes como Sofía están filmando los videos de Días sin justicia con cada persona que sale de la muestra; a su vez proponen a cada una firmar un petitorio para la realización del nuevo juicio; sacan fotos, filman y reparten pedazos de un budín especialmente preparado para aguantar la larga jornada.

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Marta, Blanquita y su nieta

Para jóvenes como Paloma o Sofía, así como para miles de mujeres que motorizaron el Primer Paro de Mujeres, el femicidio de Lucía Pérez no fue uno más. Significó la canalización de la bronca y de la indignación pero también la visibilización de miles de historias como las que hoy acompañan con el cuerpo esta instalación. Lucía somos todas, es la consigna. Y desde esa unión que significa Lucía, asegura Paloma: “Hemos generado presión. Ahora tienen que sí o sí aparentar que dan una respuesta, porque hasta ahora no lo están haciendo. Hay jueces que incorporan perspectivas de género porque saben que hay un movimiento atrás: el fallo de casación que anula el juicio de Lucía repite las consignas que parimos en la calle. Parece dictado por nosotras, es todo lo que fuimos gritando. Siento que desde ahí hay un camino para seguir: el sentido común ha sido quebrantado”.

Un día antes de la inauguración de esta muestra, y días después de que el grupo de Familiares Sobrevivientes de Femicidios entregara su Sexta Carta al presidente Alberto Fernández, el gobierno creó una mesa federal para el abordaje de femicidios y transfemicidios. Paloma se ríe, dice que prefiere no hablar de eso, pero menciona otro tema de coyuntura: “Ahora se está hablando mucho de la reforma judicial, pero es por el bardo que tienen entre ellos. No escuché nada de reforma de género, que es lo que venimos pidiendo hace años”.

Cultura injusta

La muestra en el Auditorium marplatense durará 10 días, estará abierta de 17 a 21 horas, y se espera que siga girando por otros puntos del país, convirtiéndose en un ícono de cómo pensar nuevas formas de comunicar a escala humana la urgencia de políticas efectivas para parar los femicidios, prevenir la violencia y garantizar el fin de la impunidad para un grupo de familias y de mujeres que ya sí sabe qué más va a hacer para lograrlo.

Lourdes vino sola y está llorando apoyada en una columna.

Es quien se emocionó con las zapatillas de Lucía, iguales a las de su hija. “Queremos cambiarlo todo y falta muchísimo. Se sigue porque siguen ocurriendo cosas que no tienen que pasar. A mí me gustaría que todos vieran esto. Si a alguien no le llega… es porque es incapaz de sentir algo. Eso es lo que logra esta muestra”.

Marcelo Marán, director del teatro, coincide desde otro lado: “El Cuarto de Lucía es una gran metáfora sobre cómo debemos mirar desde otro lugar a nuestros jóvenes; cómo los podemos cuidar; y cómo debemos escucharlos. La responsabilidad de la mirada patriarcal, de la justicia, de la policía, de los medios, recaen sobre esta víctima joven, con un cuarto como éste. Este cuarto es el de cualquier adolescente. Y la justicia le da vuelta la cara. Esto hay que decirlo. Y los que estamos en la cultura debemos hacer algo.

-Y los que están en el Estado, también

-La cultura sin justicia no tiene sentido. El Estado tiene que reforzar más, todavía. Hay algunos intentos –como la Ley Micaela- pero hay que reforzarlo y apresurarlo. Quizás estas acciones calan más profundo que normativas que cuestan mucho llevar adelante, completarlas. A veces es el arte el que hace que mucha más gente empiece a entender que hay otros caminos y otra forma de relacionarse.

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Foto: Lina M. Etchesuri

Documental a un año de la represión del 12 de marzo

Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

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El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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MU 211: Método Pablo

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El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




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El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




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Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




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Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




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Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




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Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




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Politizate: La Kalo

Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI




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No podrán: Luciana Jury

Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

Carlos Melone

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INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL

Temporada de femicidios

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Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)

Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.

Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.

Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.

No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.

Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los  femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Temporada de femicidios

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.

Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.

El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Temporada de femicidios

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.

Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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