Sigamos en contacto

Nota

Estamos en llamas 🔥

Publicada

el

La Plata se inundó de miles de miles de mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries a pura fuerza, alegría, color, ideas, propuestas, arte, cantos, bailes y futuro. De dónde vinieron y adónde van. Lo que dicen y cuentan. Las que estuvieron, y las que faltan. Del fútbol a la autodefensa, pasando por las crianzas, la autogestión, la agroecología y el sindicalismo: por qué el debate del presente lo dan los feminismos.

Una multitud avanza por las calles de La Plata.
Más temprano, cientos de rondas en el pasto, en el cemento de las calles, en las escuelas que hicieron de cobijo, en cada esquina, alrededor de la feria con mantas, mesas, gazebos, en doble fila, ida y vuelta, por la Calle 7, unen dos plazas desbordadas.
Las trabajadoras de la Unión de lxs Trabajadorxs la Tierra en un feriazo con verdura sin veneno y cantando en las calles: «Agroecología para el cambio social, y la tierra para trabajar”.
Un taller de autodefensa con decenas de cuerpos que se enseñan y aprenden en movimientos rápidos,
Un partido de fútbol con dos arcos improvisados,
Lxs que bailan,
Lxs que juegan con les niñes,
Lxs que venden,
Lxs que compran y alimentan el mercado que nosotrxs inventamos,
Lxs que se maquillan,
Lxs que comparten glitter en cachetes,
Lxs de la murga,
Lxs de la batucada,
Lxs de pecheras sindicales, partidarias, de organizaciones,
Lxs que vinimos,
Lxs que nos reciben,
Lxs que no llegaron,
Lxs que nos faltan.
La bandera que en la reja del Tribunal de Casación, dice: “Nombrarte Lucía”.
Y Marta, su mamá, que llega abrazada por los aplausos.

Estamos en llamas 🔥

Hacer justicia

Marta Montero, mamá de Lucía Pérez, viajó dos veces a La Plata en la última semana. La primera fue el pasado martes, ocho de octubre, a tres años del femicidio de su hija. En la puerta de los Tribunales de Casación Penal bonaerense se hizo una ronda durante horas que terminó con una foto colectiva que se replicó en Mar del Plata, Rosario y Esquel. Hoy, en esa misma reja, todavía están colgadas las fotos de Lucía cuando Marta vuelve para un conversatorio que se nombra como un interrogante: “Acá no hay justicia, ¿qué hacemos?”.
Marta dice: «Hemos decidido empezar a mirar a la justicia con otros ojos, a criticarla, a sacarle el velo de intocable. Acá vinimos para que pensemos cómo hacer una justicia diferente. No nos pueden juzgar por lo que hacemos: queremos libertad. No queremos que nadie nos oprima por lo que hicimos o dejamos de hacer. Hoy es el comienzo, tenemos que pensar entre todas para saber qué queremos hacer y cómo lo queremos hacer. Esta justicia no la aguantamos más, por eso el 8 de noviembre se va a hacer una marcha en Mar del Plata. Nos sobran ovarios para seguir sosteniendo esta causa».
Y explotan los aplausos.
Estamos en llamas 🔥
En el edificio que está tras las espalda de Marta, el juez Carlos Natiello tiene la decisión sobre la anulación del fallo misógino y peligroso de la causa de Lucía. Fueron los jueces Facundo Gómez Urso, Pablo Viñas y Aldo Carnevale del Tribunal en lo Criminal N°1 de Mar del Plata quienes absolvieron a sus femicidas el año pasado. A Matías Farías y a Juan Pablo Offidani los condenaron a ocho años de prisión y multa de 135 mil pesos por el delito de “tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo”. Pero ambos quedaron absueltos de la acusación del delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar la muerte de la persona ofendida y favorecido por el suministro de estupefacientes en concurso ideal con femicidio”. Por su parte, Alejandro Maciel fue absuelto de la acusación de “encubrimiento agravado”.
Resumen: no hay nadie preso por el femicidio de Lucía.
Estamos en llamas 🔥
Entre quienes escuchan hoy a Marta está Liliana, del colectivo Yo no fui, integrado por personas que pasaron por la privación de la libertad y otres que no lo hicieron, interesada en pensar cómo hacer una justicia feminista. Resume: “Las cárceles están llenas de pobres, de un montón de gente que no pudo tener un abogado y por eso no puede salir. Poder pensar cómo nos afecta la economía que hace que terminemos en la cárcel también hace al feminismo. También qué pasa con las compañeras presas por abortar a las que le ponen una carátula de homicidio agravado por el vínculo y con las compañeras que se defienden de sus agresores. Todos esos puntos tienen que ver con el feminismo. También poder ver qué la economía y la política nos afectas; todo es un circuito, y quien no muere afuera de las cárceles muere adentro”. 

Estamos en llamas 🔥

Sin veneno

Cecilia llegó desde Córdoba interesada en pensar en torno a los feminismo y el ambiente. “Desde el feminismo rápidamente llegamos a conectarnos no solamente con nuestros cuerpos sino con todo lo que nos rodea y el espacio ambiental del que formamos parte nos ayuda a reconocernos”, dice preocupada por una agenda de urgencias que trae desde su territorio. Enumera: los abortos clandestinos, la violencia machista, la necesidad de pensar en soberanía alimentaria, el acceso a la tierra.
Buscamos centrarnos no en el mercado sino en una vida que contemple la dignidad y el desarrollo de todes», sigue. «No solamente de la sociedad sino que también contemplando la vida que nos rodea. Es el feminismo lo que está poniendo en discusión todo. Vivir en condiciones más dignas no tiene que ver solamente con un salario que nos permita llegar a fin de mes, sino que también tener acceso a un ambiente sano, a garantizar el acceso de toda la población a la alimentación sana es algo que este sistema económico no esta contemplando”.

Estamos en llamas 🔥

Radiografía del presente

En la manta hay mallas, corpiños deportivos, tangas, culotes, bombachones. Todo verde aborto legal. Quienes venden son Camila y su mamá.
Somos dos compañeras que tenemos un centro cultural independiente, autogestivo y feminista. Hacemos esto como alternativa para poder pagar el alquiler y los costos que tiene la cultura independiente hoy”, dice Camila, de 22 años, que desde los 14 viene a los Encuentros y esta vez lo hace por primera vez con su mamá. “Esta experiencia es enseñarnos mutuamente. Que hoy estemos instalando esta revolución en las calles es gracias a otros derechos que ellas consiguieron”.
Las dos viven a dos cuadras de Plaza Congreso, frente al Parlamento, y tienen desde ahí una radiografía de la calle y sus reclamos al poder legislativo. “El principal, como en todo el país, es el aborto legal aunque estamos en una situación de mucho privilegio en comparación con lo que pasa si cruzas la General Paz, o en otras provincias en las que hacen parir a una piba de 11 años. También es reclamamos cupo laboral travesti trans y basta de femicidios. Perdí la cuenta de cada cuántas horas están matando a una piba. Y la gente del movimiento desocupado también viene teniendo un rol muy activo en las calles, está diciendo: nos están haciendo cagar de hambre. Hay una calle muy activa contra este gobierno que nos está matando por todos lados”.

Estamos en llamas 🔥

Organizadas

El micro en el que viajaba Viviana desde Rosario se rompió y tuvieron que cambiar de transporte bajo la lluvia torrencial del primer día del Encuentro. «La tormenta no nos impidió llegar y la economía nos jugó bastante feo, pero a pesar de la crisis llegamos”, cuenta y revela que tuvieron que hacer un sinfín de actividades para pagar colectivamente los viajes de quienes no podían hacerlo por sus medios. Es su octavo encuentro y vino con su hija, de nueve años: «La primera vez ella era chiquita, desde ahí dije que no iba a faltar más. ¿Porqué? Porque cambié muchísimo. Estar acá te transforma”.
Con el pañuelo verde al cuello está Alicia, que viene hace más de dos décadas a los Encuentros y pese a eso mira maravillada su alrededor: «Gente muy joven se incorporó al movimiento y tomó las consignas que eran de una minoría. La tomaron todos los movimientos, los partidos, los sindicatos”. Para ella, lo que viene está en la calle.
Estamos en llamas 🔥
Junto a sus compañeras vino también Julia, metrodelegada. «Las mujeres somos capaces de organizarnos sin estructura», dicen desde las bases de los sindicatos. En sus buzos se lee «El sindicato es con nosotras» y «El lugar de la mujer es su sindicato». En 2016 tuvieron una paritaria de hambre, pero sin embargo las mujeres lograron una licencia por violencia machista en el convenio colectivo de trabajo de diez días con goce de sueldo. Cuenta: «También extendimos la licencia por enfermedad de hije, tanto para compañeros como para compañeras porque militamos la redistribución de tareas de cuidado. Lo estamos armando de abajo para arriba. Y tenemos una tarea doble: con la patronal pero también concientizar a nuestros propios compañeros. Estamos armando también un protocolo de violencia para adentro de la organización sindical».
Transformalo todo es el desafío.
La música suena, mientras la canción que se grita dice:
Que arda. 
La mecha ya está encendida.

34º Encuentro Plurinacional: postales desde el pogo feminista más político del mundo


Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥Estamos en llamas 🔥

Nota

MU 215: Sin chamuyo

Publicada

el

MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

Seguir leyendo

Nota

MU 214: Mujer maravilla

Publicada

el

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

Seguir leyendo

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Publicada

el

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.059

Suscribite a lavaca