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Generación verde: estudiantes secundarias por #AbortoLegalYa!

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Más de 100 estudiantes de colegios porteños y del conurbano bonaerense se reunieron en MU para firmar su Carta Abierta a diputadas y diputados en apoyo al proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Las delegadas se comprometieron a llevar los textos a sus colegios para seguir sumando adhesiones. Qué representa y ve esta generación. Las discusiones en sus colegios y en sus familias. El pañuelo verde como símbolo de pertenencia e ícono de lucha. Nuestra crónica, video y reportaje fotográfico.

Generación verde: estudiantes secundarias por #AbortoLegalYa!

Foto: Martina Perosa


Fany leyó la convocatoria publicada por redes sociales y le dijo a su hija, Oriana. No dudó. Se tomaron el tren Sarmiento en la estación Paso del Rey, al oeste del conurbano bonaerense, viajaron catorce estaciones y combinaron con la línea A del subte para llegar a MU a la firma de la Carta Abierta de estudiantes secundarias a diputadas y diputados en apoyo al proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Oriana tiene 13 años. “Quiero apoyar la causa: por eso vine”, dice a lavaca. “No sólo teniendo el pañuelo verde o estar en mi casa publicando en redes sociales: hay que poner el cuerpo”.

Oriana lo dice con la firmeza de esta generación verde, que lleva el color aborto legal en sus morrales, en sus muñecas, en su color de pelo, en sus labios, en la purpurina de sus ojos. “En mi colegio no se habla mucho. Tampoco mis compañeros: no les importa mucho o lo ignoran. No le prestan atención, quizá por no estar informados”. ¿Y en la familia? “Es muy religiosa. Hablan del señor y esas cosas. Mis primas tienen casi mi misma edad y discutimos mucho. Están en contra y yo intento informarlas de que no se trata de un feto sino de la vida de muchas mujeres que mueren por año en situaciones clandestinas”.
-¿Qué significa el verde para vos?
-La esperanza.
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Foto: Martina Perosa

La marea inevitable

La Carta fue firmada por 111 estudiantes, pero cada delegada de cada colegio se comprometió a llevarlo a su institución para lograr muchas firmas más. Las primeras en llegar fueron Chiara, Lusín y Victoria, de la Escuela Técnica N°6 Fernando Fader. “Nos toca de lleno a todes les adolescentes: tienen un valor súper importante que las nuevas generaciones estén concientizadas en que es nuestro cuerpo y nuestra decisión”, dice Chiara, 17 años. A su lado, Victoria, misma edad: “También para sacar esto de que una mujer sólo por ser mujer tiene que ser madre, criar un hijo y nada más. Una mujer tienen que poder decidir cuándo quiere y cuándo no”.
Lusín, 16 años, cuenta que en el colegio lograron activar una Comisión de Género dentro del Centro de Estudiantes para tratar las violencias cotidianas. “Hoy se puede hablar de los abusos que hay, lo que buscamos es elevar un protocolo porque las instituciones no tienen ninguna respuesta a cómo accionar en estos casos”.

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Foto: Martina Perosa


Chiara habla de cómo repercute la discusión a nivel familiar. “No sé si a mis papás les gustaría mucho que diga que voy a abortar, pero entienden que estamos hablando de una problemática social. Estamos hablando de que hay un montonazo de mujeres que antes de nosotras se la bancaron y se callaron cuando este tema no podía ni hablarse. En mi familia seguramente hayan abortado, pero no se habla. Ahora, al verlo en los medios, en los colegios, y en un montón de círculos sociales, el tema sale. Es inevitable”.
Lo inevitable también es, agrega Victoria, asociar todos los colores verdes a la misma lucha. “Una baldosa, un piso, una pintura. Pero, sobre todo, cuando lo vemos en otra mujer, sabemos que somos compañeras. Que estamos en la misma. Y, eso, nos conecta”.
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Foto: Martina Perosa

Estética verde

Morena, Juana y Julia tienen 16 años y vienen del Carlos Pellegrini. Hablan juntas: “Es una causa que hay que apoyar. Somos cuerpos gestantes y nos vemos afectadas. Es muy importante porque cada vez falta menos para que se trate y tenemos que estar conectadas e informadas. Hoy el tema es mucho más viral, la gente está consciente: más allá de sus creencias, es un tema de salud pública. El tema son las autoridades de la escuela: ahí, en los adultos, ves más trabas que en chiques de nuestra edad. Por ejemplo, pedimos falta justificada para poder venir hoy porque es un tema importante: no nos la dieron”.

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Foto: Martina Perosa


Juana agrega que la discusión sigue en su familia. “Mi mamá ahora es feminista porque discutió mucho conmigo. Siempre dice que yo sé mucho más que ella, pero porque nuestra generación es hoy la que está más informada y activa. A mi papá todavía le falta un largo camino, pero confirmé que discutiendo se puede. Y la ley va a salir”.
Lena y Maia también son del Pellegrini: tienen 14 años. “Cada vez estamos más informadas, discutimos más. Esto antes era tabú: ahora nos pasamos fotos por WhatsApp para ver dónde firmar”. Maia, además, suma bijouterie feminista: en cada aro lleva una frase.

  • «Ni una menos»
  • «Vivas nos queremos»
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Foto: Martina Perosa

La revolución imparable

Inti y Giovana también llegaron del conurbano bonaerense: son del Colegio Eccleston, en Lanús. Vieron la convocatoria por redes e Inti convenció a su madrina, Romina, de traerlas. Tampoco dudó: “Participo hace años de los encuentros de mujeres. Este hecho es una reencuentro con otra generación. Tenemos que acompañar ese camino y empujar”.
Inti y Giovavana tienen 15, y dicen que este momento es histórico. “Va a marcar un antes y después en el contexto de nuestro país y de nuestra Historia: la revolución será feminista o no será. Y la coyuntura política del movimiento está en su momento de máxima expresión. Es verde por todos lados. ¿Qué significa eso? Es un renacer. Un acá estoy. Un mirame. Un escuchame. Es, fundamentalmente, esperanza”.

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Foto: Martina Perosa

El lado de la cancha

Juanita Pedrozo, secretaria general del colegio Julio Cortázar, posa para la foto al lado de Manuela Begino Lavalle, secretaria general del Rodolfo Walsh. Tienen 17 años.
Manuela: “Es importante dejar constancia de toda esa lucha. Las menores abortamos y, sea legal o no, se va a seguir abortando. Que nos saquen el derecho a abortar en un hospital solo va a generar que las pibas se sigan muriendo y las pibas sigan faltando a las aulas”.
Juanita: “En nuestros colegios lo que más vemos es la falta de información. Mis compañeras muchas veces preguntan cómo tomar la pastilla anticonceptiva, de qué manera, y eso provoca que haya embarazos no deseados y no se nos permita abortar. Es responsabilidad del Estado que no haya educación sexual integral en los colegios”.

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Foto: Martina Perosa


¿Cómo trabajan en las escuelas? Manuela: “Si se habla es por nuestra autogestión, porque metemos el debate en aulas, en asambleas. Muchas vamos a capacitarnos a lugares para poder hablar con los compañeros. Pero, en realidad, es responsabilidad del Estado”.
Ambas llevan el pañuelo atado al cuello. Juanita: “Es una manera de expresarle a este mundo de qué lado de la cancha estamos. Los secundarios, sobre todo, tenemos un tema muy fuerte con la vestimenta porque no nos permiten vestirnos como queremos. En colegios católicos, se está prohibiendo el verde. Es fuerte: ya es una postura política”.
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Nosotras, el eje

Sofía Zibechi es presidenta del Centro de Estudiantes del colegio García Lorca. Tiene 17 años. “Es importante que les estudiantes dejemos por sentado cual es la opinión en este tema. Por mucho tiempo se trató de hablar de nosotres, lo que sentíamos o pensábamos. La realidad es que desde nuestros centros nos organizamos y tenemos en claro lo que queremos y necesitamos, y eso es educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Representa un montón la realidad que vivimos en nuestros colegios: es fundamental demostrarles a diputados que somos muchas, que estamos acá, que nuestros votos cuentan y no queremos que hablen más por nosotras y nos escuchen”.
Zibechi fue una de las expositoras en el Congreso a favor del proyecto de ley. “Fue muy especial, porque son siete minutos donde uno puede contar una versión de la realidad que no se escucha. Fue la posibilidad de contar lo que pasa a mis compañeras cuando tenemos que ir con cajitas de misoprostol en el bolsillo y el deseo de que no se muera nadie, mientras escuchamos diputados que dicen que lo que necesitamos son abrazos y dar en adopción”.

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Foto: Martina Perosa


-¿Cómo se hace para no correrse de eje?
-A diferencia de los que opinan esas barbaridades, vemos la realidad todos los días. Ese es el mejor cable a tierra que podemos tener. Vemos las compañeras embarazadas, el miedo cada vez que la chica no quiere seguir con el embarazo, los novios prohibiendo usar anticonceptivos en las relaciones: lo vemos cada día. Si bien es complejo, es fácil mantener el eje, porque el eje somos nosotras y son ellas. Y si bien se intenta tratar de discutir un feto o una coma, es bastante sencillo: nos morimos, y por eso queremos que legislen para que eso deje de pasar. Es un reclamo muy conciso, y tiene que ver con nuestros derechos y nuestro futuro.
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Foto: Martina Perosa


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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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