Nota
Nora Cortiñas en Es La Política: “Este destrozo que están haciendo es un crimen de lesa humanidad”
La Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora fue la invitada de una nueva emisión de Es La Política, el programa producido por lavaca y Canal Abierto. Desde su inicio en la búsqueda de su hijo Gustavo hasta la crítica al proyecto económico del Gobierno actual: “Yo voy a vivir para verlos en la cárcel”. La independencia para la defensa de los derechos humanos. El feminismo. La desobediencia civil. Cómo vencer a miedo. Y qué significa la resistencia en esta época.
-Un señor alemán hace mucho dijo que las personas que luchan toda la vida son las imprescindibles. Por eso hoy estamos con una persona imprescindible. Nora Cortiñas es Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Nora -o Norita- es Memoria Verdad Justicia, rebeldía, marcha, valentía, acompañamiento, independencia, inteligencia, afecto. Es cerebro y corazón. El trayecto que va desde su hijo Gustavo a las y los 30.000. Y es la agenda en tiempo presente de todo crimen, de todo conflicto y de toda injusticia. Nora es mujer del pañuelo blanco y pañuelo verde. Y lleva desplegada una bandera: la de la sonrisa. Cree que en Plaza de Mayo, en cada jueves de ronda y verdades, hay una especie magia. Por eso queremos preguntarnos si esa magia es política.
-Te falto un adjetivo: resistencia. Las madres lo venimos haciendo desde hace 42 años, ya se van a cumplir 43. Pura resistencia. Y visceral. Salir a la Plaza no es costumbre. En todo caso hay compromiso, pero cuando amanecés, cuando te levantás cada día, todo lo que vas haciendo es política. Todo es en base a ese entorno político para sobrevivir. Eso es el estado espiritual.
–¿Cuándo te diste cuenta de ese despertar político?
-Cuando se llevaron a Gustavo empecé a salir a la calle para estas actividades políticas. Mucha gente decía, cuando nos veía o escuchaba: “Las madres hacen política”. Ahí no me daba cuenta. Decía: “No, bueno, pero la gente se confunde”. No, no se confundía. Después de mucho tiempo nos dimos cuenta las Madres que fue un movimiento colectivo, y lo sigue siendo: no es de una sola madre, cada madre tiene su rol por el tiempo y la actividad que tuvimos. Pero todo fue político, todo lo que hicimos, hasta el día de hoy. Porque hoy seguimos pidiendo y se fueron variando los títulos de los pedidos: hasta que aparezcan, encontrarnos, cada tramo era algo. Ahora tenemos que pedir qué pasé con todos: cada uno, mujeres y varones. Que los jueces abran las gavetas, que digan qué paso aquí, a quién dieron en falsa adopción a los bebés que fueron apropiados de sus madres embarazadas cautivas. ¿Qué hicieron los jueces? Pedimos que se abran todos los archivos, qué pasó con todos y cada uno de los detenidos y detenidas. Que una vez por todas se den los nombres de todos los que participaron, cuántos políticos que hoy se pavonean tuvieron que ver con la época del terrorismo de estado y con esa brutal represión. Donde la metodología es la desaparición de forzada de persona, el crimen de crímenes: es un crimen que no prescribe y no es amnistiable, que perdura en el tiempo. Todos los días el desaparecido está desaparecido.
-¿Por qué creés que no se dan a conocer?
-Todo tiene que ver. ¿Cuántos represores y genocidas hay sueltos? Y el peligro es que vuelvan a cometer los mismos delitos. No es una venganza, desde luego los crímenes los tienen que pagar. Pero es para que no estén libres para repetir esa historia tan siniestra que tuvimos en la Argentina.
-¿Cómo fue ampliándose tu mirada sobre los derechos humanos? ¿Qué relación ves entre eso que pasaba en la dictadura cívico militar religiosa con lo que pasa desde la vuelta de la democracia?
-Las Madres en realidad fuimos aprendiendo un poco qué era la política. Después tuvimos la solidaridad de organismos que se fueron formando a medida que avanzaba la represión y ese terrorismo de estado. La APDH, la Liga Argentina de los Derechos del Hombre, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, y así se fueron creando organismos que componían políticos y políticas. Por eso no todos son iguales, y fuimos aprendiendo qué era la política. Lo que siempre nos cuidamos, al menos las Madres de Línea Fundadora, fue hacer política partidista, porque cuando un organismo hace política partidista no puede defender los derechos humanos. En realidad, los derechos humanos los violan los estados y los partidos y gobiernos, entonces si vos tenés un partidismo, ¿cómo vas a defender a las personas que le violan esos derechos? Se confunde todo, no sirve. Siempre tuvimos un criterio de no hacer política partidista, pero sí aprendimos a ver y organizar la política, a analiza la circunstancia, las actitudes y las aptitudes de los políticos, cómo tomaban y encaraban la defensa de los derechos humanos, pero eso costó muchos años.
“Las Madres fuimos las primeras feministas”
-¿Cómo vivís vos con el estallido que tuvo el feminismo?
-Yo no era feminista. No entendía el feminismo. Hace muchos años, cuando era mucho más joven, las imágenes que mandaban del feminismo eran de Europa, y yo me acuerdo de algunas fotos que las mujeres salían a la calle y para mostrar libertad revoleaban el corpiño. Decía: ¿esto es el feminismo? No entendí por muchos años. Ahora, hará hace unos años, cuando empecé a salir a la calle, cuando se llevaron a Gustavo, que además de ser una nueva ama de casa como se hacía antes (ahora eso ya no existe) me di cuenta que tenía derechos y tenía deberes. Es un poco de ignorancia de la vida fuera de las cuatro paredes de mi casa. Gustavo me decía a veces: “Mamá, vos no ves más que adentro de tus cuatro paredes”. Hasta que salí a la calle y vi de las cuatro paredes para afuera. Ahí empecé a caminar con mujeres. Y no todas las mujeres de esa época, cuando nosotras salíamos a la calle, nos querían. Algunas mujeres nos encontraban exageradas en enfrentar esa dictadura siniestra, criminal. Era una cosa un poco arriesgada. Demasiado. No las mujeres políticas que tuvimos alrededor, que también fuimos aprendiendo de ellas, de ir a los encuentros de mujeres donde intercalás tus vidas con otras mujeres y vas viendo que hay afuera de esas cuatro paredes. Digamos que ahí empezó la mirada al feminismo. Igual les voy a decir: las madres fuimos las primeras feministas, en enfrentar a la dictadura. Salimos a la calle visceralmente, no era que planificamos con un mapita y protocolo, no, salimos a la calle a enfrentar lo peor que había en el país y que eran los genocidas en esa Casa de Gobierno. Yo me doy cuenta ahora, como me doy cuenta que también nosotras ejercitamos la desobediencia civil, pero ahora me voy dando cuenta.
-Nombraste recién al miedo. ¿Qué te da miedo o qué es el miedo para vos?
-El miedo es que siga una política de hambre como tenemos, un país con desocupados, un país pobre. Tengo miedo de que un día seamos como muchos de los países pobres y miserables del mundo. Tengo miedo que como seres humanos se vaya degradando tanto la política hasta llegar como estamos viendo ahora en Argentina el hambre en la calle, en la cara de niños, de mujeres, de hombres. Ese terror al hambre. Porque no es miedo: es terror al hambre. A la hambruna que pasaron otros países de posguerra. Nosotros no tenemos por qué. Ahora en la Rural se pasaron ventilando que somos un país para alimentar 400 millones de personas, de ser humano, y acá en Argentina los millones que se mueren de hambre hoy, en pleno siglo 21. Eso son los miedos. De que además el hambre puede provocar la ira de los pueblos y lleve a un desastre.
El miedo y la desobediencia civil
-Pensaba en la idea de desobediencia civil.
-Y que nos costó, porque se llevaron a las madres de los presos políticos. Después a las tres fundadores de Madres. A las dos monjas francesas. No fue gratis esa desobediencia.
-La “madre” en ese momento estaba en las antípodas de la idea de política y rebeldía.
-Por eso digo que fue visceral, no fue un plan político salir a la calle a buscar a nuestros hijos. Te llevan un hijo y una hija, te amputan, te sacan una parte de tu cuerpo. Ahí no medís: ¿qué miedo podes tener si te llevaron una parte de tu vida? Ahí es cómo se revierte el miedo, y viene la dicha muy fuerte que esa lucha por la desobediencia civil ante cualquier cosa que quieran frenar.
-Decías del miedo que tenés de que continúe esta política de hambre. ¿Qué pasa cuando ves que este gobierno fue electo por los votos?
-Creo que hay hacia el ser humano un manejo a través de la política. En este caso la gente va absorbiendo una propaganda y no es que la gente sea imbécil porque vota esto. Llega a un grado de inconciencia, escucha propaganda que deforma y la misma gente que es víctima de esta política termina diciendo: “no, pero yo lo voy a votar porque a lo mejor le doy la oportunidad”. Ya le diste. Cuatro años. Hay una cosa de inconciencia, no es que la gente sea ignorante y lo vota. No llega a eso. Hay otro camino que hace que escuche: por eso se invierte mucho dinero en la propaganda, por eso los que van a hacer la propaganda a los políticas estudian y hacen esos shows que vimos estos días. Y mucha gente en ese show dice: “Y bueno, es lo que tenemos”. Esa frase medio ridícula. Y no creo que la gente toda sea imbécil, ignorante. Pone el voto y hay una cosa interna que hace que lo malo lo siga probando. Un poquito para los psicólogos.
La lucha y una cerverza
-¿Este gobierno es lo que esperabas o hicieron más?
-Hicieron más. Uno sabía que era un gobierno de derecha. Tienen tantos que así que tengo miedo que a veces vuelvo atrás en las historias de los países y me hace acordar al nazismo cuando empezó. Yo no quiero ser pesimista o negativa, me resisto, digo no, tengo que tener esperanza de que el pueblo va a resistir, vamos a salir adelante, ¿pero qué? ¿Nos falta que la gente siga votando? ¿Nos falta otra etapa? Y eso sí me da miedo. Porque me hace acordar mucho a los años 74 y 75: estos días llega un amigo mío plástico, que estaba haciendo monolito para Santiago Maldonado y lo provoca gendarmería, y hacen todo un show de que lo están persiguiendo. Le tiran abajo la puerta de la casa, lo sacan a los tirones y después dicen resistencia a la autoridad. No cometió ningún crimen, lo meten preso y lo tienen sin defensa posible porque los jueces primero escuchan a la policía. Esa deformación de la realidad sí me asusta, porque estamos desprovisto de derecho. No hay Estado de Derecho: ¿dónde golpeas una puerta acá cuando corres peligro todos los días cuando salis a la calle? Porque las madres salimos a la calle y el miedo de que nos pasara algo ya les había pasado a nuestros hijos e hijas. Y así cuando le paso a Azucena Villaflor, a Ester Careaga, Mary Ponce de Bianco, que también salían todos los días a la calle. Entonces todo esto te hace volver al pasado, que yo no quiero volver. No queremos más dictadura y terrorismo de estado ni percusiones de orden político.
-¿Cómo se sale de esto? ¿Qué crees?
-Luchando. La calle. Todos los días. Llenar las calles. Todos los jueves llenemos la Plaza de Mayo. Una propuesta hago. Con carteles y carteles, que el mundo entero reciba qué está pasando en Argentina. La resistencia.
-Pensaba en tu agenda, que es la agenda social de la Argentina.
-Yo levanté la bandera de mis hijos. Recogí las banderas de los 30 mil y no voy a ningún lado por obligación: voy por compromiso. A la Plaza de Mayo los jueves, porque tengo un compromiso. Tiene magia la Plaza. Te encontrás, te mirás a los ojos, te abrazás. Yo digo que vamos los buenos. Y se encuentra la gente, a lo mejor tiene ese ratito, quizá a tomar café. O una cerveza. Según, porque una tampoco es una monja. Pero las monjas deben tomar cerveza también.
“Van a ir a la cárcel”
-¿Tenés esperanza todavía?
-Sí, tengo esperanza. Una fuerza espiritual muy grande que me da mi familia. Ya mis nietas son adolescentes y tengo un compromiso de vida y un compromiso con este pueblo que lucha todos los días como luchaba Gustavo y los 30 mil. Me olvide de contarles algo: también estoy luchando hace muchos años contra la deuda externa. No es de ahora. Ahora es obscena, no la vamos a poder pagar nunca. Pero como nos enterraron hasta acá, quizá un día al Fondo Monetario Internacional (FMI) no le importa si no pagamos la deuda. Ellos cobran los intereses que nosotros no sabemos cuánto son. Pero un día sale un paquetito, y se lo llevan con tierra y todo. Y no quieren que paguemos la deuda porque sabe que tenemos que pedir todos los días un poco más. Entonces en una ventanilla pagamos los impuestos y ganancias, en la otra están para darte la platita que pedís. Es un trueque. Y mientras tanto el hambre funde en nuestro país. Además, este gobierno, al hacer una deuda por 100 años, ¿qué se creyó que era el pueblo? ¿De piedra? ¿No pasar por el Congreso?
-No es que le salen mal las cosas: está planeado así.
-Está planeado. Le está saliendo bien. Pero bueno, así les va a ir a ellos. Van a ir a la cárcel, porque no se la van a llevar de arriba. Este destrozo que están haciendo a la república, al pueblo, y a la credibilidad de la gente es un crimen de lesa humanidad. Porque perjudica a toda la humanidad. Y no se la van a llevar de arriba. Yo voy a vivir para verlos en la cárcel, voy a hacer un esfuerzo.
-¿Qué es para vos la política?
-Es una herramienta que nos dicen que es para defender la democracia. No quiero que la política haga con el pueblo lo que se le dé la gana. No quiero eso: quiero vivir en un estado de respeto a todos los seres humanos, de respeto a todos los derechos que tenemos y que realmente se muestre que somos un país civilizado y no queremos que seguir hundiéndonos en este pozo en el que estamos ahora. Que así sea.
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Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

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