Nota
Salvaje federal: entrevista a Selva Almada
Es una de las escritoras argentinas más reconocidas y queridas. Forma parte de una generación con voz propia que, sin privilegios, logró meterse en el canon literario. Sus tres novelas se sitúan en territorios del interior del país y retratan las relaciones y códigos de varones, entre el machismo, la venganza y el amor. Una película, una librería y otras novedades sobre la obra e historia de una chica de provincia. Por Franco Ciancaglini.

Es sabido que Selva Almada es entrerriana, aunque no es lo mismo Villa Elisa que Paraná. Entre esos dos lugares transcurriieron su infancia y su adolescencia, respectivamente, hasta que en el 2000 se mudó a Capital Federal, donde comenzó su carrera literaria. Más de veinte años después, a sus 48, es una de las escritoras actuales más reconocidas de Argentina en el mundo.
Desde esas distancias, a través del tiempo, fue tejiendo en sus novelas una mirada que recupera, como el Borges joven, las historias salvajes de las orillas, protagonizadas fundamentalmente por varones; y lo hace desde un realismo que, como Saer, refunda la literatura argentina sobre un territorio propio.
Este.
Ahora desde el barrio porteño de Flores, Selva Almada le da sorbos a un té mientras reniega del canon literario en el que empezó a meterse ya desde su primera novela, El viento que arrasa que, adelanta en esta nota, será llevada al cine por la directora Paula Hernández. Su último libro, No es un río, fue editado por Random House en septiembre de 2020, plena pandemia.
La serie se completa con una obra exquisita, Ladrilleros – editada por Mar Dulce, al igual que la primera novela-, conformando lo que ella misma denominó –un poco en chiste, un poco en serio- la “trilogía de varones”, tres libros que encarnan una mirada cotidiana sobre los códigos que sostienen el sistema machista, moldeada desde la palabra poética, los diálogos agudos y personajes míticos.
Seguir el deseo
Villa Elisa es un pueblo que a primera vista parece de ensueño: rodeado de campos, ofrece calles asfaltadas (“de pedregullo”, precisará Selva), decoradas con verdes árboles, amplias plazas, bellos chalets y una sensación general de que la desigualdad no parece ser un problema. Los problemas, de otro tipo (MU 160, nota Sembrando futuro), emergen de un alto índice de suicidios juveniles y también de cierta conexión entre enfermedades y agrotóxicos que se utilizan para el cultivo de soja y arroz, y hasta afecciones derivadas de las famosas granjas de pollos de la zona.
Selva ha elegido definirse -un poco en chiste, un poco en serio- como “una chica de provincia”, título de otro de sus libros, acaso como un gesto también literario que la sitúa fuera de toda centralidad: “En mi época Villa Elisa era semi rural; yo me crié donde vivía mi abuela que era más allá, prácticamente el campo. Pasaba mucho tiempo allí porque mis viejos trabajaban y estaba mi primo, que tiene mi edad y vivía con mi abuela. Iba y venía entre las dos casas, pasábamos mucho tiempo ahí…”, recuerda como si estuviese enhebrando uno de sus relatos en vivo, situándonos en ese silencio y esa casa rodeada de naturaleza.
En Una chica de provincia, Selva narra la tensión entre esa aparente libertad de “la vida de campo” frente a cierta opresión pueblerina. Confirma, por Villa Elisa: “No tengo muy buenos recuerdos del lugar; lo sentía muy opresivo, muy reglado, como de vidas ya armadas para siempre… Y yo sentía que quería otras cosas para mi vida: esos mandatos no me interesaban. No la pasé muy bien en la adolescencia, pero tenía la certeza de que me iba a ir, porque quería ir a estudiar a otra parte”, sigue narrando una típica encrucijada de futuro que lleva a que Villa Elisa, al igual que muchos pueblos de la provincia, tengan mayoría de habitantes mayores. La madurez de la niña Selva: “Entonces pensaba: bueno, hay que transitar estos años, donde no puedo hacer otra cosa más que quedarme acá, porque después me voy a ir”.
La centralidad cotidiana -entre las escuelas, la iglesia, los bomberos voluntarios, la municipalidad, la industria pollera y la tierra fértil- ofrecía una aparente tranquilidad que, lejos de otros consumos, una niña puede aprovechar de distintas formas. Por ejemplo, en la lectura. “Empecé con los de la colección Robin Hood; y después, mucho Salgari, Aventuras de Tom Sawyer, Sandokán, Las minas del rey Salomón… Después, esa otra literatura más femenin,a por mis amigas de la escuela que leían otras cosas. Y más tarde, en la biblioteca del pueblo, empecé con lecturas muy por fuera de lo académico o del canon: novelas policiales, novelas de intriga, todas esas cosas me gustaban mucho. Cuando empecé la facultad sí empecé a leer cosas más del canon literario. Leía muchísimo pero toda literatura bestseller”.
De pronto esa niña Selva vuelve en las palabras ruborizadas que parecen excusarse de haber pasado por obras del mercado literario. Del otro lado de las lecturas, surgían los deseos internos: “A los 9 años en la escuela hicimos un periódico, y ya desde el inicio del proceso pensé: ‘Quiero ser periodista’. Fue una decisión, una determinación prácticamente, que mantuve hasta que empecé la carrera”.
Cumplida su adolescencia, se mudó a Paraná para estudiar Comunicación: “El deseo de irme y de saber que iba a hacer otra cosa estuvo siempre”.
Salir de la burbuja
En esas geografías litoraleñas –amables a primera vista, oscuras si uno rasca- Selva ubica gran parte de sus relatos no como una ciudadana ilustre que habla sobre sus ex compañeros, sino como una lupa que muestra la vida fuera de los centros urbanos, cruda y sin hipocresía. Cuenta el origen: “Ya viviendo en Paraná empecé a escribir una serie de relatos que estaban ambientados en un pueblo minúsculo cerca de mi pueblo, ya había empezado a trabajar con esos tonos. Y después, cuando vine a Buenos Aires, empecé a escribir primero una serie de poemas que después se transformó en una especie de ‘novela’, a partir de recuerdos de la infancia. Era un libro autobiográfico, entonces tenía que ver con ese paisaje, también”.
Selva habla de Niños (2005), su primer libro de cuentos, parido desde el taller literario de Alberto Laiseca, uno de sus mentores. Luego, Una chica de provincia (2007), otro libro de cuentos sobre el que también confiesa haber estado “cebada por el recuerdo de la zona, el paisaje, el lenguaje”. Entre ese recuerdo, la intuición y un trabajo casi etnográfico que hace Selva en la reconstrucción de detalles de corte realista, se fue gestando un proyecto literario, de lo biográfico a la ficción: “Me di cuenta de que aparecían palabras, dichos, elementos de la oralidad de manera espontánea en los relatos; después los empecé a trabajar con más conciencia. Pensaba: quiero que este lenguaje forme parte de la poética de mis libros, de lo que yo escribo. Pero primero se dio porque yo contaba un recuerdo y aparecían cosas de ese universo”.
El salto a Paraná, una ciudad de más de 200 mil habitantes frente a los 10 mil de Villa Elisa, fue un viaje a otro tipo de experiencias no pueblerinas, post adolescentes y con otros límites: “Medio accidentalmente fuimos a vivir a una pensión con una compañera de la escuela; una pensión muy ecléctica, que era aparentemente estudiantil pero había solo dos habitaciones de estudiantes; el resto eran otros chicos, todos pibes jóvenes que estaban medio en libertad condicional, por problemas con la ley. Así que todo el tiempo caía la policía o visitadores sociales a ver como estaban los pibes, si cumplían lo que tenían que cumplir, si trabajaban. También, atrás, había una gran pieza con muchas camas, que las alquilaba gente que venía a cuidar enfermos en un hospital cercano; y después, habían unas pibas que eran trabajadoras sexuales… Para mí fue un momento alucinante porque fue salir de una burbuja muy típica de un pueblo”. En paralelo, entró a la universidad: “Cuando entré a Comunicación también, el ambiente de la univesridad tenía mucho que ver con todos mis intereses: la escritura, y la vida”.
Leer (y escribir) sin canon
Cursó la carrera durante tres años; luego dejó. La causa de su desenamoramiento fue, precisamente, la literatura: “Una de las materias era un taller literario. Empecé a escribir ficción ahí, y me di cuenta de que, la verdad, toda la vida había leído ficción, me encantaba la ficción, pero nunca la había escrito. Y cuando empecé a escribir me empezó a gustar más, más que periodismo”.
Problema y solución: “Entré en la disyuntiva de dejar la carrera y hablé con quien era mi maestro. Él me dio su bendición para que me fuera y ahí empecé a estudiar literatura, más que nada con la idea de que iba a tener lecturas más ordenadas, la idea de que para escribir tenías que leer determinadas cosas, que no es verdad, pero bueno, yo en ese momento tenía esa impresión…
¿Por qué no es verdad?
Porque el canon siempre es un recorte, siempre hay tres que deciden que es el canon y en cambio a mí me parece más interesante leer sin canon, leer por curiosidad, por interés, porque te llama la atención. Hay un montón de literatura buenísima que queda afuera por que no entra en el canon. La literatura escrita por mujeres en general en las carreras estuvieron hasta hace muy poco fuera de los programas: es toda una parte de la literatura que te perdés de leer.
Hoy estás dentro de ese canon
Mal que me pese, sí. Si sale un libro mío se hacen reseñas, entrevistas. Mis libros, muchos de ellos, se leen o se estudian en la universidad así que, bueno, de alguna manera sí: entré al canon, aunque no me haga mucha gracia.
¿Con qué autoras y autores sí te sentís acompañada, por fuera del canon, y no nos podemos perder de leer?
Ahora creo que hay varios. Está por ejemplo Hernán Ronsino, que es un escritor que me gusta mucho; apenas leí el primer libro de él (La descomposición) sentí que había algo ahí de lo cual yo me sentía un poco parienta. Bueno, (Federico) Falco también lo hace en Los llanos. (Luciano) Lamberti también, él trabaja más con géneros y coquetea con la ciencia ficción, pero también desde las orillas. (Gabriela) Cabezón Cámara, también. Otro autor que yo leía mucho cuando empecé a escribir es Daniel Moyano. Él siempre trabaja con esos bordes, una literatura que estaba más en auge en los 60, los 70. Otra escritora joven, que acaba de sacar un libro (Las bestias), se llama Vicky García y es de Laborde, Córdoba,: tiene unos cuentos alucinantes, en el campo, pero un campo muy gore, bizarro, sangriento también, muy muy bueno: se los recontra recomiendo (ver Recuadro: dónde conseguir todos estos libros, y más).
Volver a las orillas
En la preocupación por fundar una “literatura nacional” alejada de los modelos europeos, Borges se situó en las orillas de Buenos Aires para hablar de compadritos y malevos, y hasta reescribió el final del Martín Fierro hiriendo de muerte al famoso gaucho de Hernández, entre muchísimos otros gestos que apuntaron a conformar primero un territorio, luego una palabra nacida desde las entrañas de lo que llamamos Argentina.
Esto.
El propio Borges, en su etapa final, abandona los cuchillazos y la llanura para moldear otro tipo de relatos más universales, filosóficos, reflexivos sobre el tiempo, la eternidad, los laberintos, los sueños, si es que es posible reducir así, torpemente, una obra inmensa, la literatura.
Otras autoras contemporáneas a Selva -con quienes suelen emparentarla en conversatorios y paneles- se paran más bien en esta segunda fuga de géneros que desbordan al realismo y coquetean con lo fantástico, lo gore y hasta la ciencia ficción. Almada, en cambio, retoma y refunda las raíces de las orillas, hoy, con una mirada femenina sobre los compadritos del siglo 21 y un retrato profundo sobre las realidades que la literatura –y otras instituciones también- parecieran haber olvidado.
Esta.
“A mí me gusta el realismo, como lectora también me gusta el realismo”, dirá ella. Y reafirma pensando en las novelas de la trilogía: “Sí, me interesaba trabajarlo”.
En su última novela estas fronteras comienzan a borronearse lentamente:“Es cierto, aparece la cosa como un poco más, muy entre comillas, fantástica o fantasmagórica, pero también como parte del universo de las provincias: somos muy fantasmagóricos, también. Lo fantástico, las leyendas, las creencias, los seres mágicos conviven todo el tiempo con la realidad, muy cercanamente. El curanderismo, la adivinación: todas esas cosas están muy entramadas con la vida realista de las personas. Pero nunca lo sentí como ‘ahora estoy escribiendo algo fantástico’ o me estoy yendo para el fantástico, si no como parte de las creencias de esos universos, del sistemas de creencias”.
Almada va develando, de a poco y sin querer, un mecanismo de escritura que lleva adelante con paciencia y naturalidad: “Soy un poco enemiga de las ideas en la literatura, o de las ideas a la hora de escribir, en realidad yo empiezo a escribir… Cuando escribí El viento que arrasa primero era un cuento, no tenía ni idea de que se transformaría en una novela. Y Ladrilleros y No es un río salieron por anécdotas que me contaron… Las ideas aparecen después muchas veces en las entrevistas que te hacen pensar, o que te preguntan cosas que decis ‘ahhh, sí, claro’ o los lectores que te dicen ‘ah, pero tal cosa quiere decir esto’… puede ser.
¿Cómo llegamos a una “trilogía de varones”, entonces?
Cuando escribí Ladrilleros era más consciente de que quería explorar más esa zona de las relaciones entre los varones pero no la veía como muy alineada a El viento…, no la veía como una continuación. Recién después, cuando empecé a escribir No es un río se me apareció más claramente que las tres novelas tenían esas zonas en común. Fue, digamos, una trilogía involuntaria.
La librería de Selva
“Junto a dos amigas – Raquel Tejerina y Natalia Peroni- hace unos meses abrimos una librería, que por ahora es online. Se llama Salvaje Federal y básicamente está focalizada en literatura argentina y literatura ubicada en las provincias. Es una librería temática, alimentada por mi filiación provinciana. Dije: ‘ che, conozco un montón de editoriales chicas que están buenísimas en las provincias, que no las encontrás acá ni a palos, y ahí hay muchos autores y autoras que son súper interesantes. ¿Por qué no vamos por ese lado, por qué no hacemos ese recorte?’. Le pusimos Salvaje Federal para bromear con la famosa frase: ¡Mueran los salvajes unitarios!”.
www.salvajefederal.com
Nota
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.
Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Hay muchos jóvenes.
Muchos docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.
Hay una Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que llega y gente que se va.
Gente que estuvo todo el tiempo.
Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.
Está el movimiento disca, también siempre presente.
Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.
Hay carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.
Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.
Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
“Milei cumplí la ley”
Es la cuarta.
Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.
Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.
Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.
Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.
El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Algunos datos de contexto:
- Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
- El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
- La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
- Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas.
- Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Docentes Uber
Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.
Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”.
Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.
Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”.
Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”.
Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Plata para la deuda
Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”.
Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”.

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”.
En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.


Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
El contagio
Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.
La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.
Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos:
- “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y
- “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”.
Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

Foto: lavaca.org
Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:
“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.
Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.
Y sonríe.
Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.
Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.
Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.
¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.
Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.
Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán
- junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
- Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
- De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
- De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:
“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.
La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:
“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.



La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.
Que la cosa sigue.
En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.
Sigue cada miércoles en el Congreso.
Y todas las veces que hagan falta.
Porque hay muchos jóvenes.
Docentes, directivos, no docentes.
Egresados, profesionales.
Muchas personas en todo el país.
En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.
Hubo otra Plaza de Mayo repleta.
Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.
Hay más carteles conmovedores.
Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.
Y no callarse.








Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org
Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

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Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

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Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI

Derechos HumanosHace 2 semanasLa historia de las Madres de Plaza de Mayo: Érase una vez 14 mujeres…

NotaHace 1 semanaCrece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

MU en Tierra del FuegoHace 4 semanasCapítulo II: Crónica de un industricidio

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ColonialidadHace 2 semanasMalvinas y Antártida en la mira: La guerra invisible




































