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Asumió el nuevo presidente, Alberto Fernández, y empieza una nueva etapa. Las calles se mostraron eufóricas y esperanzadas. El presidente dio un discurso cargado de contenido y de medidas concretas: anunció, entre otras cosas, que el país no está en condiciones de pagar la deuda, que parte de los fondos reservados de la AFI serán destinados a las medidas contra el hambre, y se comprometió con la lucha contra la violencia machista, aunque no mencionó el aborto. Crónica desde la calle sobre las expectativas de lo que viene, y el diagnóstico de lo que queda en pie.

Karina, Verónica y Jimena se levantaron temprano para tomarse el tren Sarmiento y cruzarse el Oeste del conurbano desde Ituzaingó hasta Once. De allí llegaron a Congreso y ahora están caminando hacia Plaza de Mayo. “Había muchos nervios. Mucha ansiedad. Y mucha fe: es difícil de explicar qué nos pasa porque las sensaciones son muy profundas”. A su lado marchan de la mano Marcos (21) y Jonathan (28). “¿Qué sentimos? Emoción. Alegría. Felicidad. Orgullo. Igualdad. Y la esperanza de reconstruir un país. ¿Sabés por qué? Porque Macri asumió desde el odio, no desde la convicción”.

El presidente saliente tuvo una breve aparición en el Congreso, cuando dio el traspaso de mando a Alberto Fernández. Tuvo que soportar que cantaran la marcha peronista apenas descorrió el telón rojo, y sentirse blanco del diagnóstico cuando el presidente electo repasó los pésimos índices de su gestión.

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Aurora y Carlos, integrantes de grupos de teatro comunitario de La Plata, vieron la asunción y el discurso de Alberto Fernández en un bar de Bartolomé Mitre y Paraná. Ahora marchan hacia la Plaza. También sonríen, también se emocionan: “Estamos felices de estar viviendo en nuestros sesenta años un momento histórico como éste. Salimos de cuatro años de oscurantismo: todo este tiempo lo tuvimos metido en un grito atravesado en el pecho. Una opresión. Y, de golpe, explota todo. Es felicidad en el sentido filosófico, ético e integral: los pueblos tristes pueden ser vencidos y dominados fácilmente. La felicidad, en cambio, desata endorfina, capacidad de lucha, salir a la calle”.

La calle hoy se vio desbordada de festejos y sonrisas que auguran una nueva etapa con una nueva energía. Otro caso es el de Beatriz (73) y Violeta (66), que llegaron de Córdoba y ahora marchan hacia la Plaza con una latita de cerveza en la mano: “No te podés dar una idea de hace cuánto venimos proyectando este viaje”, revelan.

Violeta cuenta que llegó con la carga de estos cuatro años, con el cuerpo pesado, sintiendo que ya no podía dar un paso más. Y por eso dice que, cuando vio a Alberto y a Cristina, se quebró: “Me largué a llorar. Se me salió todo: recién ahí me di cuenta de que se iban. Más allá de las PASO, más allá de la votación, era como un sueño: hoy vimos cómo se fueron. Somos libres. Y, entre todos, vamos a poner a esta Argentina bien”.

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Ambas subrayan un concepto que fue eje de campaña: “Volvimos para ser mejores”. ¿Qué significa? “Aprendimos a estar unidos. No por nosotros, sino por los que vienen. Hay que insistir en la juventud: explicar las cosas desde la realidad, que es la única verdad, como decía un viejito hace mucho tiempo. Hay que insistir en qué es la patria, en cómo es y qué tenemos que defender. Sembrar cultura, porque si a la masa no la concientizás, nunca llega a ser pueblo. Y es el pueblo el sujeto consciente de lo que se tiene que hacer. Si no contamos ni partimos desde esas raíces, nunca vamos a saber defendernos como país. Nosotros los viejos ya tenemos pasaje cobrado de ida, pero son ustedes los que se quedan. Son el futuro”.

Ya después de que Alberto y Cristina hayan hablado en la Plaza, quedarán los jóvenes encarando esta otra historia que seguirá, como hoy, escribiéndose en la calle. Wanda y Araceli, 21 y 22 años, son de la zona sur del conurbano bonaerense, y dicen: “Sacando todos estos años de gobierno de Macri, hoy estamos atravesando el día con mucha alegría, olvidando todo eso. Después se verán las consecuencias de ese gobierno. Pero hoy por hoy, habernos sacado eso de encima, es una alegría. Que la gente haya tenido memoria y no se haya repetido la historia, está bueno”. Araceli: “Se re siente el ambiente. Se siente mucho más la unión y es un ambiente de festejo”.

Imágenes de estos 4 años: “El hambre, la pobreza. A mí me indigna mucho ver que gente que apoya al gobierno de Macri le sea indiferente la gente que vive en la calle. Nosotras, que venimos del conurbano, vemos a diario en los trenes mujeres con bebés pidiendo monedas; bebés de la edad de mi hija. Lo primero que se me viene a la mente de este gobierno es la indiferencia de mucha gente”.

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Lucas y Valen tienen 21 años y vinieron a estudiar a Capital desde el Chaco. Cuentan: “Hubo mucha represión de la expresión de la gente. Entonces hoy es desquitarnos de eso. Es poder llegar de vuelta a la Plaza de Mayo: los símbolos son importantes y recuperar esto es un acto patriótico y un acto político. No podemos quitar la importancia de la Plaza, de las Madres, de las Abuelas. Las rejas, la construcción que intentaron hacer son para quitar el imaginario de la plaza del pueblo. Y la plaza es del pueblo”. ¿Por qué perdió el macrismo? Valen: “Creo que no estallamos porque vinieron las elecciones, y porque tenemos una fuerte democracia que nos permite expresarnos de esta manera. Nos hicieron bolsa. Supongo que por más que tengas todo sol medios comprados, llega un punto que la gente igual se da cuenta”.

Una de las frases que resonó en la Plaza de Mayo fue de las últimas del discurso de Fernández en el Congreso: “Si alguna vez no cumplo con mi palabra, salgan a la calle a recordarme que estoy fallando”. ¿Qué significa ese llamado? Lucas: “Desde el kirchnerismo fueron muy tibios con muchos temas, como la Ley de Medios”. Valen: “Me gustaría que los medios tengan consecuencias. No puede ser que los medios maltraten a Cristina por ser una mujer en política: nunca se lo hicieron a un hombre. Las portadas de Noticias tienen que tener consecuencias: no se puede seguir condenando el goce de la mujer”.

¿Qué banderas hay que seguir sosteniendo? Los jóvenes estudiantes del Chaco sentencian: “Integrar a la gente de la comunidad LGTB. En la región de la ciencia es importante que las perspectivas sean sociales y variadas, y que haya una integración de las distintas identidades a la ciencia y ala política.

Mirna, Silvia y Patricia, de Villa Ballester, alertan: “Problemas económicos van a seguir existiendo: este desastre no se arregla de un día para el otro. Lo importante es volver a un enfoque de derechos: respetar los derechos adquiridos, que quedaron muy poquitos en pie, y ahora ir por más”. Patricia: “Que el pobre no sea el enemigo, que es lo que instaló esta gente. Si bien estamos mal, tenemos ganas de estar mejor y tenemos ganar de colaborar”.

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Cuál es la magnitud del desastre, según Silvia: “Soy psicóloga. Mi marido perdió el trabajo. La gente llora en el consultorio: de bronca, no solo de perder el trabajo. Porque lo perdieron otros también.” Mirna, trabajadora social: “No solamente los pobres retrocedieron: la clase media, también. Lo que se llamó en otro momento los nuevos pobres, volvieron a aparecer”. Todas viven en San Martín, provincia de Buenos Aires.

Algunas urgencias: “La urgencia directa es la necesidad de que coman los chicos, aunque sea una vez al día”. Otra amiga, empleada doméstica y jubilada con la mínima: “Estoy por debajo de toda cadena alimenticia pero viendo alrededor, todos estamos en la misma. La idea es que los que tenemos un poquito, ver por los que no tienen nada: siempre hay alguien que está peor. La idea es levantar desde abajo”.

¿Qué significa volver para ser mejores? “Siempre el proceso es ir para adelante. Siempre en un proceso se requiere generar nuevas ideas, y criticarse y volver a criticarse. Pasa en el trabajo individual, y en lo social es lo mismo”. Otra: “Es más conciencia social. Comparado con estos 4 años que pasaron, en el caso de Cristina, es una especie de autocrítica el “volvemos para ser mejores”. Las cosas que se hicieron mal, tratar de mejorarlas. Las cosas que no se debieran haber hecho, reverlas. Y las cosas que no se hicieron, hacerlas”.

¿Un ejemplo? “Mejorar en los controles de políticas sociales, porque hubieron muchas, pero faltaron controles: hubo muchos intermediarios que pusieron trabas. Recuerdo que en la AUH se sacaron a los punteros y se les dio las tarjeta directo a las familias: eso está perfecto. No deben haber más intermediarios: es para todos por igual, que no haya nadie que se aproveche de eso”. La amiga: “Si hubieron excesos, hay que hacer controles. No deben ocurrir excesos, en ninguna administración”. La tercera: “Hay descontrol en los planes, por ejemplo en las ayudas a discapacitados, pero la solución no es sacárselos a todos como hico Stanley. Que se compruebe que lo necesitás: para eso es el Estado”.

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Las ideas son múltiples, pero todas tienen hoy un mismo rostro: la sonrisa.

Entre el chau y el hola, todavía suena la música de una Plaza que desconcentra al ritmo del grito cantado de las jóvenes trans del hotel El Gondolín:

-¡Alberto presidenta!

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




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El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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