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Qué no están haciendo y qué hay que hacer para encontrar a Santiago: entrevista a la abogada Verónica Heredia

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Experta en enfrentar la injusticia de las desapariciones forzadas, con la experiencia de un caso paradigmático como el de Iván Torres, la abogada de la familia de Santiago Maldonado explica qué significa este delito, qué representan los testigos, por qué los tratados internacionales consideran a la familia víctima de esta violencia, qué obligaciones tiene el Estado y cuál es el rol del grupo de expertos que el Alto Comisionado de la ONU destinaría para trabajar en la búsqueda e investigación de este caso. Cuenta con detalles qué adulteraciones encontró en los libros de Gendarmería, cómo fueron las reuniones con el Gobierno -este martes se reunirán con el jefe de Gabinete Marcos Peña-, y por qué considera que están buscando a Santiago donde no pueden encontrarlo.

Qué no están haciendo y qué hay que hacer para encontrar a Santiago: entrevista a la abogada Verónica Heredia

La abogada Verónica Hredia. Foto: Lina Etchesuri para lavaca


A 41 días de su desaparición, a Santiago Maldonado lo están buscando donde no lo van a encontrar. La abogada Verónica Heredia describe así la situación actual del mayor desafío que tiene  que enfrentar la sociedad en estos días tremendos: comprender, en medio del aturdimiento que producen diferentes agentes del gobierno y operadores de prensa, lo que representa una desaparición forzada en democracia. Heredia es una experta en este tema: ha tenido que enfrentar a la misma maquinaria en el caso de Iván Torres, un joven desaparecido en Comodoro Rivadavia en octubre de 2003, por el que fue condenado el Estado argentino, además de los autores materiales: un comisario y un oficial de la policía. El antecedente de esta desaparición tiene el peso de una advertencia: 7 testigos del caso Iván Torres murieron en situaciones violentas que no fueron investigadas, aun cuando algunos de ellos contaban con protección de la Corte Interamericana. Desde esa experiencia, pregunta Heredia “¿Quiénes son los testigos de estos casos? Son aquellos que sufren la misma violencia que genera la desaparición forzada. Y esa misma violencia la siguen padeciendo cuando, pese al miedo, declaran ante la justicia y ponen en duda su testimonio. ¿Por qué no les creen? Porque no se reconoce que la desaparición forzada en el resultado de una escalada de violencia y no un hecho aislado. La fiscal escuchó el testimonio de una mujer mapuche que contó como en junio de 2016, cuando la Gendarmería irrumpió en su comunidad, un gendarme les gritó: “Van a terminar teniendo un desaparecido”. También escuchó a otra mujer mapuche que narró cómo cada represión que sufrieron en estos tres años fue peor que la anterior y que cuando terminó el azote de la última, la de enero, se preguntó “¿Ahora qué va a venir? Y vino Santiago”.
¿Cuál fue la reacción de la fiscal?
Preguntarles, textualmente ¿y cuándo hablaron con los derechos humanos?
Gendarmería en la mira
Concretamente, ¿qué está haciendo la justicia para encontrar a Santiago?
Nada.
Pero el juez ordenó un nuevo rastrillaje…
En el lugar donde no lo van a encontrar. Eso ya lo sabemos nosotros, la familia, y la justicia también. El primer rastrillaje lo hicieron los que mejor podían hacerlo: la comunidad. Y no lo encontraron. El segundo rastrillaje lo ordenó la justicia el sábado 5, luego de la primera audiencia por el habeas corpus que denunció su desaparición forzada. Ingresaron con perros, buzos y personal especializado. Los buzos ese día ya dijeron que era imposible que el cuerpo hubiese sido arrastrado por la corriente, porque ese río ni es profundo ni es caudaloso. Los perros confirmaron tres veces el recorrido que los testigos habían narrado. Hubo un tercer rastrillaje, con presencia del juez y un batallón de uniformados, drones y equipos. Ahora, hicieron el cuarto. Pero esta cuarta vez ya en la justicia había quedado claro el relato de los testigos: a Santiago lo golpearon, lo cargaron a un unimog y de ahí fue luego trasladado a una camioneta. Si ese es el relato de los testigos, es lógico que cualquier procedimiento de búsqueda no se haga en el lugar del que aseguran que se lo llevaron.
¿Dónde debería buscárselo?
Todo indica que el rastro hay que buscarlo en Gendarmería.
¿Cómo?
En principio, en lo móviles que participaron del operativo. El primer obstáculo es que no tienen GPS, lo cual es todo un dato sobre la impunidad con que se moviliza esa fuerza. La forma de rastrear los movimientos de esos vehículos, entonces, es el libro que registra los movimientos y usos de esos móviles. Allí deben consignarse, por ejemplo, el kilometraje de salida y de regreso. Cruzando esos datos, se puede establecer qué movimientos hicieron. El otro dato clave es el cruzamiento de llamadas y mensajes de los celulares de quienes participaron del operativo. Son más de 100 teléfonos celulares que se enviaron a peritar. Nos dijeron que los resultados iban a estar en las próximas semanas. Lo cierto es que la única pericia que se hizo en forma expeditiva fue la de ADN de la sangre del puestero. El resto no tuvo trámite prioritario ni mucho menos.
¿Los libros que registran los movimientos de Gendarmería el día de la desaparición de Santiago son los denunció que se habían adulterado?
Los que vi, porque hay una caja con libros, pero hasta ahora solo pude ver tres, porque cuando los estaba consultando el personal del juzgado me dijo que ya era muy tarde y querían irse.
¿Qué adulteraciones vio?
El primero que abro es el Libro de Armamentos del Escuadrón 36 de Esquel. El primer hecho que registra está fechado el 7 de octubre de 2016. El siguiente es del 16 de mayo de 2017. En el medio hay una hoja pegada. Y hay que tener en cuenta que en ese medio sucedió el operativo a la comunidad , en enero. Cuando llego al 31 de julio, que es la fecha que corresponde al operativo del día anterior a la desaparición de Santiago hay dos nombres borrados con liquid paper y reeemplazados por otros.
¿A quiénes corresponden esos nombres?
En el libro tiene que constar el nombre de dos responsables de entregar el armamento, a quiénes se lo entregan y qué le entregan, con detalle. Y también, dos son los que deben firmar qué reciben cuando se devuelve el armamento. Los nombres reemplazados corresponden a uno de los que entrega y otro de los que recibe.
Y el día de la desaparición de Santiago ¿qué adulteraciones encontró?
En el libro del Escuadrón 37, con fecha 1 de agosto hay agregada una hoja con cinta scotch. Busco en la primera página, porque ahí debe constar, cuántas hojas tiene el libro. Dice “este libro consta de 169 hojas útiles”. Cuento las páginas y hay 170. Mi conclusión evidente es que esa hoja pegada con cinta scotch fue agregada.
La hora de los expertos
Son muchas las diferencias entre la desaparición forzada de la que fue víctima Iván Torres ( y sigue siéndolo, porque hasta el día de hoy no apareció) y la de Santiago Maldonado, pero su principal similitud es la que importa: la respuesta del Estado. “No sólo en estos dos casos, sino en cada caso de desaparición forzada la respuesta del Estado es la misma: ocultar, mentir, negar, adulterar pruebas. Por eso el Comité de la ONU deja en claro que las victimas de desaparición forzada son la persona que desaparece y sus familiares. Porque todo ese mecanismo es lo que configura el delito y porque toda esa violencia del aparato estatal la soporta el que desaparece y sus familiares”. Heredia se pregunta entonces: “¿Qué violencia desata el aparato sobre la familia? La primera está clara en este caso: Santiago desaparece en un lugar remoto y en una represión a una comunidad que nos permite especular con la idea de que la impunidad estaba descontada de antemano. Luego, la causa se tramita en Esquel. La familia vive en 25 de Mayo, un hermano en Bariloche, yo en Capital: eso solo ya dificulta el seguimiento del caso. Por eso es obligación del Estado garantizar el acceso de la familia a la justicia. No es una prebenda: es un derecho garantizado por los tratados internacionales. Está obligado.
¿A qué fue el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, a Esquel, esta semana?
A dos cosas: a presentar un escrito a la causa, que detalla el petitorio de la familia, y a difundir que el Estado está pagando los gastos de la familia, cuando en realidad lo único que aportó hasta ahora fueron algunos traslados hasta Esquel o hasta las reuniones que se mantuvieron en el marco del petitorio que presentamos. Es síntesis, lo que señalo: el Estado está obligado a hacerlo y nosotros a exigirlo.
¿En qué consiste el petitorio que presentaron?
Hay una diferencia entre el caso de la desaparición de Iván Torres y la de Santiago y es una importante: las herramientas con las que contamos. Con el caso de los 43 estudiantes desaparecidos en México se sentó el precedente de incorporar a expertos de las Naciones Unidas a la investigación de las desapariciones forzadas. Nosotros recurrimos a ese precedente y nos reunimos con el ministro de Justicia, el secretario de Derechos Humanos y un representante de cancillería para presentarles un petitorio de dos puntos: que reconozcan que se trata de una desaparición forzada y que garanticen el acceso a la justicia de la familia de la víctima. Para garantizar este derecho es que exigimos recursos, como la conformación de un grupo de expertos que garanticen una investigación independiente, imparcial y seria.
¿Cuál sería el trabajo concreto de este grupo de expertos?
Trabajarían en tres áreas clave. La primera,  el paradero. A Santiago nosotros lo buscamos con vida. Estos hay que entenderlo: es determinante el factor tiempo. Es urgente. Cualquier demora, desviación o maniobra es vivida por la familia como un agravio, como una violencia. El grupo de expertos, entonces, garantizaría que se respondan preguntas determinantes para que esta búsqueda se haga como corresponde. ¿Se están usando los recursos y la tecnología adecuada? ¿Se está aplicando la metodología correcta? En segundo lugar, trabajaría sobre la investigación del hecho. ¿Está bien tipificado el delito? ¿Se está investigando adecuadamente? ¿Se están ordenando las medidas de prueba necesarias? ¿Se están estableciendo las responsabilidades penales que corresponden? La tercera, es la protección de los familiares de las víctimas y de los testigos. El grupo de expertos es el encargado de responder estas preguntas y de realizar las recomendaciones para cada uno de estos capítulos.
¿En qué plazo harían ese informe?
En dos meses.
¿Cuál fue la respuesta del Estado?
En la primera reunión se avanzó. En la segunda fuimos a la Ex Esma con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas y el miembro de la ONU, Mario Coriolano. Estuvimos todos esperando, sentados en el hall, desde las 12 hasta las cuatro de la tarde. Finalmente, nos recibió el ministro de Justicia, el secretario de Derechos Humanos y el representante de Cancillería. El ministro Garavano nos recibió diciendo: “No pude con la burocracia del Estado”. Y nos explicó que había un problema formal: ¿cuál sería el status de los miembros del grupo de expertos? El doctor Coriolano le respondió: “El mismo que el mío, que soy desde hace 11 años miembro del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y actué en el caso Iván Torres sin ningún problema”. El representante de cancillería pidió unos días para resolverlo. Le respondí: “Tómese todo el tiempo que quiera, total no es su tiempo: es el de Santiago”. Quedaron finalmente en firmarlo “lunes o martes”, pero en toda la semana no recibimos ninguna respuesta. Hasta este sábado: el jefe del Gabinete Marcos Peña nos convocó para el martes, junto con el Alto Comisionado de Naciones Unidas, quien ya le dejó en claro que está dispuesto a comenzar a trabajar inmediatamente.
¿En qué marco trabajaría este grupo de expertos?
Argentina destina recursos para el Comité de Desaparición Forzada de Personas. En ese marco, utilizaría por primera vez esos recursos para que se aboquen a una desaparición forzada que se cometió en nuestro país y en democracia. La participación de este grupo de expertos es un hecho inédito, es histórico y es una responsabilidad que tenemos que asumir con verdad, responsabilidad y sin demoras. Tenemos que encontrar a Santiago. Eso es lo que queremos y eso es lo que buscamos la familia y la sociedad argentina.

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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