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Generación Renga: caminito al costado del mundo

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Después de diez años sin tocar en Capital, La Renga volvió con todo: llenó 6 estadios de Huracán y eludió a los fantasmas de los mega recitales. Una reflexión generacional sobre la banda que saltea la grieta musical, aglutina al público del rock y reclama por Santiago Maldonado.
10 años sin tocar en Capital Federal.
(Más de 100 shows en el interior mientras tanto).
6 recitales en Huracán en tres semanas.
Más de 200 mil personas en total.
2.500 personas trabajando cada uno de esos días.
Cero quilombo.
Reducir a números los últimos shows de La Renga quizá haga justicia a lo que representa como fenómeno social, pero no a todo eso que pasa adentro y en cada una de esas cifras, ni a todo lo que atraviesa una movida que – después de todo, todos y cada uno- aprendió a disfrutar y a cuidarse.

Generación Renga: caminito al costado del mundo

Foto: Catriel Remedi

La noche que rompió el maleficio

“Hay una banda sorpresa tremenda: invitá a tus amigos”, era la sugerencia furtiva que, incluso ante los ruegos, no daba más información.
El contexto: la previa a una fiesta del programa radial Cheque en Blanco (ahora en la radio Mega) con la organización La Poderosa en el Teatro de Flores.
La fe era total pero no se imaginaba tanto.
Fue en la mitad de la noche cuando Alfredo Zaiat, desde el escenario, gritó:
-Laaaa-Reengaaa
El telón cayó y las bocas se abrieron.
No era un sueño, pero se parecía: era la banda del Chizzo tocando en el barrio, a metros del público, en un lugar para mil y pico de personas.
La Renga, claro, no anunció ese show, por eso los organizadores mantuvieron estricto el secreto. Pero cuentan éstos que, en tiempos de hipercomunicación, los taxis llegaban arando a la puerta del teatro, desde donde se bajaban los fanáticos alertados por amigos que estaban adentro cantando las canciones.
Fue una noche épica para los que estuvieron y también para los que no: “¡No lo puedo creer!” fue el insulto más liviano que recibieron, cariñosamente, por no haber avisado.
Es que era así: La Renga no podía tocar en Capital.
Y eso significaba, entre muchas otras cosas, no tener la cortesía de dar fecha, hora y lugar.
Roto el maleficio, y después de sendas negociaciones con Rodríguez Larreta, se despacharon con un banquete de 6 Huracanes llenos.
¿Qué tal?
Aquella noche previa, expulsando a la gente a la salida del show, un patovica del Teatro todavía lloraba de la emoción.

Generación Renga: caminito al costado del mundo

Chizzo, 50 años, compone, canta y toca la guitarra.
Foto: Catriel Remedi

La grieta del rock                  

Hay que aclarar: la Capital no es el centro del mundo.
Pero ahora que La Renga atendió acá, logró llenar en semanas lo que hizo en años y varias provincias, alejó los fantasmas. Y no es por comparar: es la extensión de lo mismo, la perpetuación de un fenómeno que atraviesa provincias, edades, capas sociales e incluso -en un rock nacional que sigue medio futbolizado- otras bandas.
Hasta se vieron remeras del Indio por Parque Patricios…
Está claro que La Renga es de todo menos un fenómeno mediático. En ese sentido es que quedó opacado – o pasó desapercibido- ante el océano de gente que arrastra el Indio a cada uno de sus shows. Sin embargo, la fórmula de la banda de Mataderos parece ser otra.
La Renga saca un nuevo disco y arranca un tour. Toca alrededor de 40 veces durante 2 y 3 años en distintas partes del país. En boliches para 3 mil personas, o en estadios para 40 mil. En Comodoro Rivadavia, Neuquén, Salta, pero también en ciudades menos pobladas, pero estratégicas en ubicación como Baradero.
Así, si es por números comparar, llevan más gente que cualquier otro artista.
Muchos de sus recitales fueron, además, transmitidos por streamming en vivo: La Renga supo crear su propia pantalla, La Renga TV. Desde allí pudo verse estos años, por ejemplo, un recital en Neuquén un martes a las 11 de la noche.
Por las dudas: en vivo y gratis.
El recital del sábado 26 de agosto en Huracán también fue transmitido por La Renga TV.
En vivo y gratis.
Esta vez la cosa, sin embargo, fue distinta. No presentaron un disco, sino que armaron las listas que quisieron y quería el público. Se tocaron todo y no se guardaron nada. Se homenajearon a sí mismos y homenajearon encontrarse de nuevo en un estadio grande repleto, en Capital, cantando los clásicos de siempre y también los cortes de los últimos discos, que ya también son clásicos. Entre canciones de Esquivando charcos y de Pesados Vestigios, primer y último disco, todo lo que toca La Renga es un clásico.
La Renga es un clásico. Pero no de vitrina: La Renga es agite, salto y grito. Algo que en un recital y en tiempos como éste, se agradece.
Estos seis recitales de La Renga fueron, también y en se sentido, un desahogo colectivo.
Un volver a la a la rebeldía, al sentimiento más simple y puro, ése que transmite el Chizzo, Tete y el Tanque apenas suben al escenario.
Así como el Indio con JiJiJI, el tema elegido para cerrar cualquier show de La Renga se llama Hablando de la libertad.
Hablemos de eso.

Generación Renga: caminito al costado del mundo

El Tanque, toca con doble bombo y es el motor de la banda.
Foto: Catriel Remedi

¿Santiago dónde está?

El recital de La Renga fue otro más de los lugares donde la sociedad preguntó ¿Dónde está Santiago Maldonado? El caso atravesó las fechas que tenía estipulada la banda: Santiago desapareció el1 de agosto en Chusamen, Chubut, y La Renga había tocado 1 día antes. Ya las siguientes fechas el público convirtió la pregunta en canto:
-Santiago dónde está/ Santiago dónde está
La banda acompañó desde arriba del escenario con el bombo de Tanque y, en las pantallas gigantes que transmitían el show, la imagen de la cara de Santiago.
Nada más que agregar.
O sí.
La última fecha La Renga trajo un invitado especial, Rubén Patagonia, cantautor originario con quien compartieron recitales cuando la gira tocó en el sur de país. Rubén se subió a cantar un tema que La Renga siempre le dedica a los pueblos originarios: Lo frágil de la locura.
Rubén la entonó:
Ya que vas a escribir – dijo- cuenta de mi pueblo
Pobreza y dolor solo trajo el progreso
La cultura de la traición y los indios, en los museos
Pero antes, pidió por la aparición de vida del joven de 25 de mayo, gritó contra la extranjerización de tierras, el saqueo de la minería, el monocultivo de soja y pidió alzar las manos rezándole a la pachamama.
Todo el estadio manos arriba.
Y la canción se volvió a escuchar:
-Santiago Dónde está/ Santiago Dónde está.
Fue entonces que el Chizo recogió el guante y reafirmó: “Todos queremos que aparezca Santiago”.
La banda habló poco, casi exclusivamente para presentar los temas. Es ahí- en todo caso, como en todo artista- donde se pudo inferir el tono de estos seis shows. “Estamos viviendo momentos duros, por eso siempre es mejor estar “a tu lado””, gruñió el Chizo antes de entonar estas estrofas:
Pobreza en los estómagos, más pobreza en las cabezas
No queda nada salvo este gran error
El mundo sigue así, tan terrible y abrumado
Que sentirme a tu lado me hará mucho mejor
Por lo demás, la banda deslizó algunas indirectas a quienes no los dejaron tocar en distintos estadios en todo este tiempo. Si bien el eje miraba al Gobierno de la Ciudad, con quien costó negociar para habilitar los shows capitalinos, el Chizzo terminó agradeciendo la posibilidad de hacerlo. El reclamo también miraba hacia San Juan, donde el gobierno provincial les canceló un show previsto en un autódromo estatal. Si bien el efecto-Indio estaba muy reciente y los funcionarios adujeron que no podían garantizar la seguridad, también se sumó otro argumento: La Renga había explícito su reclamo contra la minería extractiva ante los sucesivos derrames de Barrick Gold en esa provincia.
El resumen desde el escenario fue éste: “Demostramos que se puede hacer un recital grande en Capital”.
Ese hecho fue, quizá, el rasgo más político que tuvo este show: no se reportaron heridos, ni hubo avalanchas, ni detenidos ni nada grave a la escala que tuvieron los seis recitales. El éxito en números no quita que las salidas del campo no fueron las mejores: el embudo de siempre se armaba al salir por los pasillos de la popular. Pero la gente – además de la organización- ya tiene un saber: esperaba, tranquila, a que salieran todos, tranquilos.
“A mí me gustan ustedes porque son gente buena”, dijo Willy Quiroga, ex Vox Dei, invitado en el recital. “Respetan a la banda, y eso es lo que tienen que hacer”, siguió en tono de abuelo consejero.
Uno de los temas que sonó en todos los shows no esquiva el bulto: se trata de San Miguel, dedicado a Miguel Ramírez, el joven muerto por una bengala en el show que la banda dio el 30 de abril de 2011 en La Plata. En el disco siguiente tuvo su canción:
Siempre habrá pintada una bandera 
con los colores que hiciste vivir,
y así sabrá el coro del cielo
que de los nuestros se fue el más bueno,
y acá cantan tu canción. 

Generación Renga: caminito al costado del mundo

Tete, bajo, hermano del Tanque y alma del grupo y del público.
Foto: Catriel Remedi

Toda la vida, las mismas calles

En términos actuales, se diría que La Renga excede cualquier grieta.
En términos rockeros, como me dijo el periodista y músico Maxi Martina: “La Renga aglutina al público del rock”.
Así como existe una Generación Indio, permanecía cautiva esta Generación Renga.
La Renga lo sabía: dio aviso que haría seis estados, y una vez que llenó los primeros cuatro, sumó los otros dos. Llenó todos.
Yo, que crecí escuchando La Renga pero dejé de seguirla a todas partes, no veía que este tren iba tan cargado.
Que había 6 huracanes de gente esperándolos en Capital.
Con la sensación de que si hacían 10, llenaban los 10.
Quizá eso tenga que ver justamente con el espíritu de esta generación renga e inmanente.
Que no sale en los medios.
Que no pega un cartel.
Pero llena los estadios.
No vive rodeados de seguridad.
Sino de amigos.
Ahí está, es eso.
Somos eso.
Una gran banda de amigos.
Que ya estamos grandes.
Pero con el espíritu rebelde intacto.
Que ya aprendimos algunas cosas.
Y queremos seguir.
Haciendo nuestro caminito al costado del mundo.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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