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Qué pasa en la Villa 31: Crónica de un desastre anunciado

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Qué pasa en la Villa 31: Crónica de un desastre anunciado
Foto: Nacho Yuchark

Crónica de un sábado de pandemia en la Villa 31, donde no hay nada: los centros de salud, cerrados; las mujeres con fiebre, llorando; los comedores, con miedo; y la organización que sostiene como puede, mientras el barrio llora la muerte de dos referentes: hoy, Ramona; ayer, el Oso. Las denuncias sobre el crimen que significa la falta de planificación en un lugar donde factores como el hacinamiento, la alimentación o el agua son esenciales para enfrentar una pandemia. La mala o nula reacción estatal, que devela sus prioridades en la Ciudad. El problema del trabajo ante la estigmatización que genera el aumento de los contagios en el barrio. Y los casi 800 infectados que empiezan a contarse en muertes, mientras la desesperación comienza a transformarse en bronca.

Por Claudia Acuña. Fotos de Nacho Yuchark.

Qué pasa en la Villa 31: Crónica de un desastre anunciado
Foto: Nacho Yuchark

La postal es la siguiente: de un lado, el imponente edificio del Ministerio de Educación porteño reconvertido por la pandemia en el centro de control sanitario; del otro, el complejo de casi 800 departamentos, vacíos; en el medio, dos puestos móviles para realizar los test –uno del Ministerio de Salud porteño, otro de Nación-, cerrados. Son casi las cuatro de la tarde, es sábado y eso significa que hace una hora esta postal sirvió de marco para la visita del ministro de salud de la Ciudad, Fernán Quirós. Ahora, sólo queda un micro escolar esperando a los últimos vecinos que serán trasladados al hospital Muñiz. El personal médico se está retirando y el barrio Carlos Mugica, que hoy alcanzó la cifra de 780 infectados, queda tal cual está la mujer sentada en la puerta del imponente edificio: desolada.

Tiene 20 años.

Tiene una beba de once meses.

Tiene fiebre.

Y tiene miedo.

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Foto: Nacho Yuchark

Llora.

Su mamá está desesperada.

Me pide un favor: “Si ven que usted me filma, a lo mejor la atienden”.

La filmo.

El celular registra la voz acongojada de la mamá que pide que ayuden a su hija.

También la de su compañero que clama: “Acá no puede haber horarios de atención ni fines de semana. Estamos en emergencia. El país está en emergencia y este barrio es en este momento el foco de la pandemia. ¿Qué es lo que pasa? ¿Es que nuestras vidas no importan porque somos villeros?».

Funciona: la mamá sabe que los vidrios del imponente edificio son espejados. No se puede ver hacia adentro, pero sí desde el interior monitorear lo que pasa afuera. En pocos minutos, una médica sale, luego otra, y realizan ahí, en la calle, el cuestionario –qué síntomas tiene, si fuma, si estuvo en contacto con personas infectadas-, entran y salen con un formulario que deberá entregar cuando llegue al Muñiz, donde le harán el hisopado: ahí no pueden, informan, porque ya agotaron los insumos del día.

También sale un policía para anotar nuestros nombres, porque, explica, “tenemos que dejar registro de todos los medios que ingresan al barrio”.

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Foto: Nacho Yuchark

La joven madre deja a su bebé en brazos en su abuela y sube al micro que la llevará a lo que ya sabe: en el hospital tendrá que esperar que la atiendan, luego tendrá que esperar el resultado, y luego, volver al barrio  como pueda –el micro, apenas deja el contingente, se va- para cumplir en su casa el aislamiento obligado. Pero no: la presencia de la prensa registrando el caso le garantiza la espera del resultado en un hotel. Medida extraordinaria en un barrio en el que ya hay màs más de 600 personas en esta villa que están así, encerradas en sus casas, desoladas.

Lo que reciben durante el encierro es definido, relato tras relato escuchado en esta larga tarde de recorrida, con una misma palabra: insuficiente. “Fideos y harina. Un litro de aceite. Nada para la higiene. Ni siquiera lavandina. Ni carne, ni pollo. Y si reclamás, te dan más fideos y más harina”. La consecuencia es la lógica: muchos deben romper el aislamiento para buscar lo que necesitan y les falta.

Lo insuficiente entonces tiene una dimensión concreta: este barrio está habitado por 60 mil almas olvidadas.

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Foto: Nacho Yuchark

El último desencuentro

Javier Martínez, de la organización social El Hormiguero, nos señala el complejo de departamentos vacíos para indicar el pedido que le hicieron en la reunión que mantuvieron este viernes con las autoridades porteñas los miembros del Comité de Crisis que formaron las organizaciones sociales:  comedores, merenderos, asociaciones sociales y políticas, referentes e iglesias del barrio. “Podrían utilizarlo para armar ahí un lugar de aislamiento de los infectados, pero nos respondieron que después iba a ser muy difícil sacarlos. Les propusimos: hagan firmar ante escribano el compromiso de que una vez terminado el período de aislamiento obligatorio se tienen que ir. Pero no quisieron”. La propuesta fue, entonces, que lo monten en otro lado, cualquiera, pero que hagan algo, porque estar trasladando así a los infectados representa un peligro sanitario y hacerlos cumplir el aislamiento en sus casas, otro: la geografía de la villa es de por sí promiscua y la asistencia sanitaria y social que reciben en sus casas, ya está dicho, insuficiente. Fue entonces cuando el funcionario responsable les propuso lo siguiente:

¿Les parece muy estigmatizante hacerlo en el refugio de Retiro para gente en situación de calle?

Es el lugar donde hace dos días detectaron, entre 90 personas testeadas, 87 infectados.

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Foto: Nacho Yuchark

Las autoridades porteñas habían propuesto hacer esa reunión en el imponente edificio, pero las organizaciones sociales se negaron: “Estuvieron ahí todo el día recibiendo posibles infectados y ni siquiera desinfectaron”. Era la tercera vez desde que se inició -en mayo- el llamado Operativo Detectar que los funcionarios porteños recibían al Comité de Crisis, conformado el 26 de marzo, apenas seis días después de la cuarentena obligada por decreto y cuando el virus no había atacado. Este viernes, con la pandemia ya instalada, la consecuencia es la lógica: la lista de reclamos es inmensa y acalorada.

El desencuentro entre las autoridades y las organizaciones sociales de la villa tiene historia y eso infecta el diálogo en momentos en los cuales la emergencia sanitaria lo torna imprescindible. El punto de inflexión tiene nombre y cotiza en millones: la urbanización. Una larga década de ignorar los reclamos del barrio que, con mucho esfuerzo, paciencia y sabiduría realizó su propio proyecto, ignorado por las autoridades. Hoy es una llaga que supura en cada detalle. Un ejemplo: donde instalaron el imponente edificio que ocupa el ministerio de Educación desde enero de este año, el barrio había soñado la construcción de un hospital.  Ahora, la emergencia les confirma la necesidad que les negaron.

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Julián, la mirada desde El Campito. Foto: Nacho Yuchark

Julián, sentado en las gradas de la cancha de fútbol de El Campito, lo resume así: “Este virus tiene la virtud de desnudar todo. Nos muestra la realidad tal como es: se caen las caretas y queda al descubierto cómo los gobiernos actúan de distinta manera de acuerdo a la clase social de los infectados”.  Los datos le dan la razón: el gobierno porteño pagó la estadía en hoteles cinco estrellas y durante catorce días de 5.414 repatriados desde Miami, Tailandia o los Emiratos Árabes -entre otros destinos- con la única finalidad de controlar que cumplan los 14 días de aislamiento, en tanto a los ciudadanos del Barrio Mugica los recluye en sus casas y durante 7 días, tras los cuales les realiza un nuevo test para comprobar si ya superaron al virus.

La pregunta lógica es por qué esta diferencia.

Responde Julián: “O son unos irresponsables que no saben manejar la situación ni escuchar al barrio o acá hay una política manifiesta de dejarnos librados a nuestra suerte. Ninguna de las medidas que están tomando son de prevención. Se lo preguntamos concretamente en la reunión del viernes y de alguna manera, la respondieron cuando asumieron que sólo se están limitando a detectar casos”.

Responde el cura Guillermo Torres: “Cuando empezó todo esto, hace dos meses, ninguna autoridad pensó un plan para los barrios populares, donde factores como el hacinamiento, la alimentación o el agua son esenciales para determinar cómo lo va a afectar una pandemia. El tema es que ahora estamos llegando a los 800 infectados, a eso sumale los contactos directos, más el desempleo generado por la cuarentena obligada y, encima, los pocos que han podido seguir trabajando, lo pierden por pertenecer a este barrio que está hoy estigmatizado como foco. A esta altura sabemos que al virus no lo vamos a parar, pero sí contener, si tuviéramos las condiciones de higiene, de alimentación y asistencia social que esta pandemia requiere en un barrio así. Si todos los comedores tuvieran lo que necesitan tener, otra sería la realidad hoy, por ejemplo. Si las obras básicas de la urbanizaciòn se hubieran hecho como es debido, también. Lo que necesitamos entonces y urgente son respuestas adecuadas y concretas. Lo que expone este virus es eso: la falta de respuesta del Estado durante décadas”.

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El cura Guillermo Torres. Foto: Nacho Yuchark

El Estado porteño ¿no quiere o no sabe cómo dar esas respuestas?

-Creo que es una mezcla. El funcionario que está en el territorio hace lo que puede y el que está más arriba, lo que quiere. Me parece que es un problema de miradas, fundamentalmente. La reunión del viernes es una muestra: encerrarse en justificar que lo que hacés está bien, sin escuchar al barrio, es un punto de vista político claro de esta gestión. Pasó con la urbanización y pasa con todo. Y es muy difícil trabajar así,  más en una emergencia como esta.

La red invisible

Es sábado y eso significa que los tres centros de salud que el gobierno porteño instaló en el Barrio Mugica están cerrados. También los comedores.  La tarea de atajar la emergencia sanitaria y responder al hambre recae el fin de semana en las organizaciones sociales y en cada pasillo hay ollas hirviendo, viandas y lo más preciado: lavandina, barbijos y pañales. Ninguna de estas tres cosas está incluida en los repartos oficiales, así que la provisión depende de la solidaridad y el trabajo gratuito y solidario. Un ejemplo: la cadena que se armó con el nombre de Convidarte, impulsada por un matrimonio que vive en Recoleta, vecino de esta villa, hoy entrega en ese barrio 700 de las 1.800 viandas que cocinaron los más de 500 integrantes que hilvanaron en estos dos meses. Los 500 barbijos que sumaron las integrantes de la Asociación Civil Detrás de Todo coronan las cajas de comida y elementos de higiene que recaudaron a través de donaciones y dejan preparadas en el jardín Sueños Bajitos, que repartirán este domingo las capacitadoras sanitarias entre las familias “aisladas”.

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Foto: Nacho Yuchark

Son estas capacitadoras -seis para 60.000 almas- las que recorren el barrio de lunes a viernes para detectar “casos” e informarlos a las autoridades sanitarias.  Lo hacen de 8 a 16, sin recibir comida, a cambio de 14.000 pesos al mes disfrazados como beca de capacitación en salud, sin obra social y sin ART, por lo cual le prohíben subir escaleras “por si les pasa algo” en un barrio donde trepar precarios escalones es obligatorio para llegar a las casas apiladas unas sobre otras, en filas de tres pisos en la parte más baja y alejada, y de seis pisos en la zona que ahora azota la pandemia. No es casual sino lógico cuál es la castigada: es la que estuvo más tiempo sin agua y la más cercana al borde urbano, vecino a Retiro.

Las ollas tienen hoy, además, una cicatriz que marca un punto de inflexión: están de luto. Lo gritan con un moño negro atado en la ventana, la puerta o la mesa para recordar así que ayer murió Victor Giracoy, a quien todo conocieron como el Oso, sostén del comedor Estrella de Belén. Lo mató el coronavirus, la diabetes “y la malasangre”, completa una vecina, preocupada porque el virus está atacando la trinchera desde donde han resistido tantas pandemias durante tantas décadas: la autogestión sostenida con el sudor de sus militantes. Hoy se sumó la muerte de Ramona, referente de la organización La Poderosa, quien desde el 3 de mayo venía denunciando la falta de agua, el hacinamiento y el desastre.

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Foto: Nacho Yuchark

Es cierto que no es idílica la red social que sostiene a esta villa en pie como también es cierto que los diferentes gobiernos han alentado las divisiones y traiciones, fraccionando los derechos en prebendas a idéntico ritmo de frazada corta, pero en esa tensión se ha refugiado durante décadas la vida, no a pesar, sino a través de ella.

La síntesis de cómo está afectando esa tradición esta pandemia es, quizá, encontrar al emblemático Jony Tapia refugiado en su barbijo, preocupado porque se niegan a hacerle un hisopado para saber si está infectado. Tapia, cuenta la leyenda del barrio, fue monaguillo de Mugica, su casa fue la única que quedó en pie tras el paso de las topadoras de la dictadura y el punto de ingreso para volver, noche tras noche, a ocupar el barrio.  En su comedor transcurrieron durante largos años las asambleas que tramaron la urbanización del barrio. Hoy está cerrado.

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Foto: Nacho Yuchark

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




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La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




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Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




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La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




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Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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MU 213: Movete

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MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

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