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El quiebre de la Quebrada: Crónica desde el corte en Purmamarca

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En la provincia de Jujuy sigue pasando de todo: detenidos en medio de la seguidilla de represiones que salen a cuenta gotas, denunciando golpes y tormentos en prisión (al cierre de esta edición aún quedaban 16 personas dentro del penal de Alto Comedero); los docentes que ayer por la tarde tuvieron una reunión con el Gobierno provincial y evaluarán en asambleas la nueva propuesta salarial de un piso de 200 mil pesos; y múltiples cortes de ruta en distintos puntos de la provincia en rechazo a la reforma de la Constitución, por los bajos sueldos y en apoyo a la lucha docente. Uno de los cortes más significativos es el de Purmamarca: por la cercanía a la capital; porque allí se dio el martes pasado una cacería por parte de las fuerzas policiales; y porque a partir de la represión, varias comunidades se instalaron en esta trinchera. ¿Hasta cuándo? La pregunta tiene una única respuesta: “Hasta que se vaya el gobernador Gerardo Morales”. Crónica y voces que cuentan lo que pasa y lo que está en juego.

Por Francisco Pandolfi desde Purmamarca. Fotos de Lina Etchesuri

De San Salvador a Purmamarca hay una hora de viaje pero no hay transporte público, como sí había años atrás. Las opciones son micro (más caro) o remis compartido (un poco menos caro). Ya en viaje, el paisaje no tiene precio: los ojos se desbordan de belleza con la inmensa Quebrada de Humahuaca como acompañante. Se ve a simple vista una biodiversidad magnífica, con caballos y vacas e infinitos cactus; un degradé de verdes impresionante, que dibuja la pintura más hermosa. 

Del lado derecho serpentea el Río Grande, que de grande no tiene nada, porque por tramos solo hay un hilito, y cuando se amplía, se agranda por un par de metros, no más. «Ahora por lo menos hay algo de agua: muchos años no hubo ni para el riego», cuenta el remisero, que de repente para; para con previo aviso.

En la entrada de Purmamarca, 54 kilómetros al norte de la capital jujeña de San Salvador, el pueblo definió que el show no debe continuar. Y cortó el acceso, primero de manera total y, desde ayer, abierto cada seis horas. 

Un primer corte con ramas gruesas en el piso que configuran la barricada inicial. La segunda, unos metros más adelante, con maderas, ramas y chapas. Entre medio, dos palos de madera devenidos en estandartes y sostenidos con sendos montículos de piedras: en uno flamea la bandera whipala; en el otro, la bandera argentina. 

En la entrada al pueblo se leen dos inscripciones: “Pedimos la renuncia de Morales, abajo la reforma” y “Esto es Argentina, no China”. Al lado, un pasacalle blanco con letras rojas denuncia: “No a la reforma; sí al agua, no al litio”.

“No hay vuelta atrás”

Desde lavaca viajamos a Purmamarca para hablar con las comunidades originarias que decidieron ponerle punto final a su paciencia, debido a dos motivos principales: “Haber venido a matarnos el martes pasado y haber promulgado la reforma constitucional sin ningún tipo de consultas y a espaldas del pueblo”.

Bien pegadito al típico cartel turístico que en este caso dice Purmamarca, una bandera con letras verdes pintada prolijamente, reza: “Nación Kolla”. Al lado, un vecino de Maimará pide anonimato mientras masca coca. Tiene 26 años, dice que no tiene miedo, pero que prefiere no revelar la identidad porque “Morales está dispuesto a cualquier cosa”. Y refleja otro matiz de su bronca: “Además de la deshumanización que demostró al venir a cazarnos, nos trató de ignorantes. Por eso, ya no hay vuelta atrás. Hay focos de resistencia en todos lados, que renuncie ya”.

Nicolasa es de Tilcara Sumaj Pacha, tiene 31 años, 5 hijos, entre los cuales está su bebé de 5 meses, a quien acuna mientras habla: “Nunca pensé exponer a mis hijos de esta manera; estoy muy triste, jamás había pasado algo como lo del otro día. Fue horrible, agarraban a cualquiera, no importaba si era una mujer, un niño, les daba lo mismo. Morales es un traidor, una mala persona que está vendiendo a la Argentina con sus negociados, con la explotación del litio que nos quita el agua, que nos quita la vida”.

Hasta las 5 de la tarde, el sol calienta como si fuera pleno verano. Quien no tiene gorro, tiene sombrero, o un pañuelo o una remera que cubren las cabezas. Promediando la tarde, irrumpe el viento, de repente. Con calor, con frío, el pueblo resiste igual. “Nos tiraron a matar, porque buscaron callarnos; y lograron todo lo contrario. Acá estamos firmes y de acá no nos movemos”, dice Nora, que si no se supiera el contexto, pareciera que festeja otro campeonato mundial: está pegada a la ruta 9 con una vuvuzela celeste y blanca que sopla sin parar. Al costado está Mariana, 48 años, de Maimará. No tardan demasiado en empañársele los ojos: “Este gobierno basura quiere quitarnos los territorios; eso quedó claro en los puntos de la reforma que quiso modificar para tener la potestad sobre nuestras tierras. Morales es un dictador”. El llanto la hace parar. Se seca las lágrimas y avanza: “Por eso llevamos adelante el Tercer Malón de la Paz y, como siguieron sin escucharnos, recién ahí tomamos la ruta; nos mandaron a reprimir, no nos dejamos vencer y nos volvieron a reprimir. El martes estábamos pacíficamente cantando; había mujeres y abuelas entonando coplas y empezaron su guerra. Vinieron a matarnos”, cuenta, mientras se señala la nalga y la pierna, donde recibió balazos de goma. Y muestra la frente, moretoneada, blanco de gases lacrimógenos.

Un día después de la descarnada balacera, el miércoles 21 de junio se celebró el nuevo año andino (año 5531) y se realizó la ceremonia del Inti Raymi, la fiesta del sol. “Pese a la tristeza que quedará marcada por haber iniciado un nuevo año de esta manera violenta, el Tata Inti, nuestro sol, nos dio energías para seguir”, enseña Mariana. Otra compañera algo más joven, la complementa: “Estamos protegidos por guías sagradas y espirituales; por nuestros ancestros; por una fuerza superior que nos da fortaleza”, siente Semilla.

Durante el día, en varios momentos la tensión se apodera de la atmósfera, sobre todo cuando hay sospechas de infiltraciones por parte de la Policía, de la gobernación, de los servicios de inteligencia. No sería la primera ni la última vez. “Hay muchos infiltrados que vienen y nos sacan fotos; quieren provocarnos miedo. A muchos nos han amenazado de muerte”, dice Semilla, apodo que busca cuidar su identidad. Tiene argumentos pasados y también recientes: “Hace pocos días notamos que una persona era infiltrada. Un compañero logró sacarle el bolso y adentro tenía armas reglamentarias. No le tenemos miedo a Morales, pero sí a la gente que manda Morales, quien conduce un aparato violento y turbio, que de un segundo a otro puede montar lo que desee”. Se indigna: “El martes nos tiraron con gases vencidos para hacernos más daño aún; nos tiraron balazos a los ojos como en Chile; nos quieren hacer mierda, no les importa nada”. La indignación le da paso a la angustia: “Realmente parece una dictadura, con gente marcada, con listas negras, con camionetas que levantan gente sin patente, con personas que tenemos que estar hablando con otras identidades o sin mostrar la cara”.

El apoyo minero

Así como hubo situaciones tensas, también las hubo de emoción, de aliento, de contención. Antes del mediodía, llegaron una veintena de obreros de la empresa de cal Tilianes, lindante a Purmamarca, para solidarizarse con el reclamo: “Nosotros también tenemos los salarios bajos, mientras que la empresa no deja de producir nunca. Trabajamos 8 horas por día, 6 días a la semana y cobramos entre 130 mil y 160 mil pesos”, manifiesta Julio Zambrano. Su compañero y delegado Teófilo Suárez, 45 años, del pueblo kolla, completa: “No llegamos a fin de mes. El día 18, o 20 como tarde, estamos pidiendo un adelanto o un préstamo a la propia compañía, que nunca terminamos de pagar, endeudándonos con créditos cada vez mayores”. Por la tarde, arribó un grupo masivo de trabajadores de la mina El Aguilar, la más antigua del país según Daniel López, uno de los delegados: “Venimos a solidarizarnos con nuestros pueblos originarios, y también a denunciar las condiciones en las que trabajamos”. Enumera tres puntos: “Incumplimiento en el convenio colectivo, bajos salarios e inseguridad laboral”. ¿El empleador? “Hasta la pandemia era Glencore, una multinacional suiza canadiense; desde enero de 2022 la compró el Grupo Integra, del empresario José Luis Manzano”.

Existen motivos concretos que las comunidades plantean para revocar la reforma constitucional. “Se trató de un acuerdo entre Morales y el PJ traidor cuyos constitucionales estuvieron a favor de la reforma. En sólo 36 días crearon una nueva constitución, sin consulta previa, lo cual es inconstitucional. Ese tirano tiene que caer e ir preso, por perverso, por mala gente”, argumenta Semilla. Suma Aurora, de 41 años, de La Puna jujeña: “La reforma saca derechos a todo el pueblo, no sólo a los originarios. Violó leyes nacionales al sacarla a las apuradas; no informó sobre los cambios, no hizo reuniones, no intentó acordar con su gente; es inaceptable”.

Otro de los ítem que integra el reclamo masivo refiere a los bajos salarios. Explica Lucía, 48 años, que cocina y limpia en una escuela, además de tener un negocio de venta de comidas: “El gobierno paga muy poco a los estatales, no llegamos a la canasta básica. Esta situación nos afecta a casi todo el pueblo, y por eso me sumé, pero jamás pensé que pudiera pasar algo así”. Mientras sirve arroz desde una olla enorme que alimenta a las centenares de personas que sostienen el corte, continúa -a la par de no poder contener el llanto: “Sentí mucho miedo y sólo pensé en mis hijos, ¿qué iban a hacer si me pasaba algo? ¿Por qué pasar por esto si no estábamos haciendo nada? ¿Por qué este gobierno maldito?”. Jacinto tiene 83 años y vive en Yavi. Dice que no sabe leer, pero que eso no le imposibilitó ser campesino, ni trabajar la tierra, ni sembrar papas, maíz, zanahorias, entre muchos otros cultivos. Tiene 7 hijos, 14 nietos y 5 bisnietos. Y todavía tiene ganas de luchar: “Sacar a Morales es la única solución, pero no que venga alguien similar, porque sino se sigue perdiendo la confianza en quienes gobiernan. Es lógico que suceda eso: hoy Morales nos quiere quitar la tierra, como otros quisieron hacer lo mismo años atrás”.

Termina otro día más de lucha; de trinchera; de corte de ruta. Pero antes Aurora dice que necesita erradicar prejuicios, tergiversaciones y mentiras que se fueron sembrando en los últimos días. Y en los últimos años. Y en las últimas décadas. “Desde el gobierno y desde sus medios de comunicación comprados nos dicen que estamos por un plan, cuando no es así; estamos acá por la vida, por el agua, porque sin ella no habrá plantas, ni habrá animales y todo será desierto y deriva para las próximas generaciones”. Sigue: “Nos tratan de violentos y es mentira; violento fue el Estado”. Sigue: “Nos dicen terroristas, cuando ese mote le va al gobernador, que está loco, que es un asesino que dio la orden de eliminarnos”. Sigue: “Nos tildan de kirchneristas y no es así. No militamos en el kirchnerismo, militamos por la vida. Lo que pasa es que quieren meter acá más y más empresas chinas que exploten el litio, y no los vamos a dejar”.

El final no es en frase modo bronca; ni es una denuncia certera. Porque Aurora, a toda esa impotencia acumulada, la canaliza y la vuelve canción. Y entonces ya no tiene los ceños fruncidos ni el rostro rígido. Aurora, como el significado de su nombre, sueña un nuevo amanecer, y ese no será, si no es luchando, si no es cantando: “En La Puna somos callados, pero cuando nos joden, nos levantamos; prefiero libres o muertos, pero jamás esclavos”.

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La Estela: tierra guaraní en escena

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Las actrices Casandra Velázquez e Ivana Zacharski crearon un unipersonal sobre una niña litoraleña que descubre aventuras al amparo del monte misionero. El calor agobiante, la siesta obligatoria, los árboles de yerba mate y las leyendas de ese territorio se cruzan con la inspiración de Clarice Lispector como punto de partida.

Por María del Carmen Varela

A la hora de la siesta el pueblo entra en una pausa obligatoria barnizada por un calor agobiante. Ni el sueño ni el sofoco detienen a la niña, que abandona su cama con sigilo y logra escapar al amparo del monte. Encuentra en la intemperie el abrigo que no es costumbre en su casa. Cada día la espera una aventura distinta, aunque no siempre hay juego y risas. Rebelde, divertida, decidida, busca compañía para sus andanzas y si no la encuentra, transita en soledad.  La salvación a cielo abierto, la naturaleza como sostén y una fascinación: “La Estela”.

La actriz y bailarina Casandra Velázquez y la actriz y directora de teatro Ivana Zacharski dieron luz a esta niña litoraleña sumergida en la vastedad de un paisaje indómito y deslumbrada por Estela, la joven esquiva con mirada de pantera. Ivana y Casandra se conocieron a sus 18 años tomando clases de actuación con Pompeyo Audivert en el Teatro Estudio El Cuervo, poco tiempo después de que cada una viniera a estudiar teatro a la Capital. Casandra nació en Rosario y creció en Venado Tuerto (Santa Fe), Ivana es de Apóstoles, Misiones, donde se desarrolla esta historia que juntas llevaron a escena. Este universo, recorrido por Ivana, de tierras guaraníes surcadas por árboles de yerba mate y leyendas de peligros a la hora de la siesta, fue la inspiración para La Estela.

Ivana tenía ganas de dirigir un unipersonal y eligió a su amiga Casandra para actuarlo. El punto de partida fue un cuento de Clarice Lispector: La relación de la cosa. Casandra: “Los primeros encuentros fueron sin texto, nos acercamos a la obra desde el cuerpo, la respiración y la carne. En los primeros ensayos bailé un montón, unas danzas extrañas, medio butohkas, transpire, canté, corrí, toqué el bajo. Ivana empezó a escribir y yo a probar y actuar todos esos textos e hipótesis, el insomnio estaba presente, la obsesión con el tiempo, los fantasmas del futuro, algo vinculado a la materialidad del agua y el devenir del río. Aparecieron unos cuentos protagonizados por distintas niñas en paisajes litoraleños. Nuestro personaje de ese momento: una mujer en medio del insomnio, se contaba esos cuentos a ella misma para poder dormir”.

La Estela: tierra guaraní en escena

Foto: Gentileza La Estela.

Después de que Ivana hiciera un taller de escritura con Santiago Loza y Andrés Gallina, la historia fue tomando fuerza. Cuenta Casandra que algo se abrió y comenzó a aparecer la trama: “La obra apareció y nos empezó a hablar. Nos metimos adentro de esos cuentos, de esos paisajes y de esas niñas y dejamos de lado todo lo demás. Apareció algo muy mágico entre nosotras, algo de eso que las obras permiten, que es crear un universo común, descubrir conexiones y relaciones nuevas. Sentía que la obra estaba apareciendo y tenía voz propia, apareció el cuerpo de la obra y una forma de narrar”. Casandra recorre el escenario y su fuerza expresiva invita a adentrarse en la historia de esta niña llena de vitalidad y asombro. La vemos en su habitación, presa del calor de la tarde, en busca de libertad y juego, invocando protección divina cuando algo se le escapa de las manos, trabajando en el puesto rutero, pateando una pelota, como se patea a la injusticia, hipnotizada al descubrir la mirada felina de “la Estela”.

El entusiasmo de la juventud, las tragedias inesperadas, las súplicas, el goce de la novedad caben en ese cuerpo palpitante de sueños. Ivana y Casandra apelaron a sus propias vivencias para hilar la narración. Casandra: “Las dos pasamos nuestras infancias y adolescencias medio punkis en distintos paisajes litoraleños, lejos de esta ciudad, sus ritmos y velocidades. Había algo de ese universo común, de elegir siendo muy chicas irnos de las ciudades donde crecimos, que empezó a operar, casi telepáticamente. El ejercicio de revisitar esos paisajes y poblarlos de ficción fue fascinante, mirar el mundo con ojos de infancia nos abrió mucho permiso y nos devolvió mucha vitalidad, nos permitió vincularnos con la violencia, el dolor y la crudeza de crecer desde un lugar de mucho delirio y mucho juego. La obra es bastante impune en ese sentido, el relato no pide permiso, ni da explicaciones, sólo sucede. Justicia poética, decimos, un conjuro de liberación”.

Al cabo de dias de ensayo, la voz de la niña litoraleña comenzó a asomar y Casandra hizo un trabajo específico con la coach vocal Mariana García Guerreiro. El actor Iván Moschner también se sumó a pulir el fluir de la voz. Escuchar radios misioneras, discos y entrevistas a Ramón Ayala y otrxs artistas misionerxs colaboró con esa tarea. La niña que sube el escalón hacia la adolescencia, la que se enfrenta al monte y sus amenazas, se abre paso en la oscuridad con la lumbre de su irreverencia. Salvar y ser salvada, desafiar la imposición de la siesta, para correr a soñar despierta.

La Estela

El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960, CABA

Sábados a las 18  hs, hasta el 27 de septiembre

@laestela.obra

@casandravelazqz

@ivanazacharski

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Litio: nace un nuevo documental

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Este viernes 29 de agosto se presentará un nuevo contenido de Cooperativa de trabajo lavaca: Litio. Un documental dirigido junto a Patricio Escobar que refleja la lucha de las comunidades originarias y el paralelismo entre la reforma (in)constitucional de Jujuy, como experimento hacia la Ley Bases votada a nivel nacional.

“Te cuento esta historia, si me prometés hacer algo. ¿Dale?”.

Así arranca el documental Litio, una historia de saqueo y resistencias, que continúa…

Un documental independiente y autogestivo de cooperativa lavaca y dirigido en conjunto con Patricio Escobar, que traza un hilo conductor entre la reforma (in)constitucional de Jujuy votada a espaldas del pueblo en 2023, y lo que pasó un año después a nivel nacional con la aprobación de la Ley Bases y la instauración del RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones).

Este proyecto tiene algunas particularidades: por un lado, no se trata de una única pieza audiovisual, sino de varias. Una más larga, de 22 minutos; y otras más cortas, de menos de 6 minutos. Por otro lado, se propone un documental en construcción permanente, al que se le irán agregando nuevas piezas de una cadena extractivista que parece no tener fin. Para esto, creamos una página web (que también estrenaremos el viernes 29) en la que iremos agregando los nuevos eslabones que surjan a futuro relacionados al oro blanco. 

LITIO muestra cómo viven las comunidades de la puna jujeña en la cuenca de las Salinas Grandes y Laguna Guayatayoc, una de las siete maravillas naturales de Argentina, y a la par, zona de sequía y uno de los mayores reservorios de litio del mundo. Dato insoslayable: para obtener un kilo de carbonato de litio se utilizan hasta dos millones de litros de agua. Las imágenes se entrelazan con los ostentosos congresos mineros, la represión policial a las manifestaciones por la reforma (in)constitucional y la resistencia de un pueblo que no otorga la licencia social a la explotación minera.

“¿Cuánto cuesta, cuánto vale… nuestra Pacha?”, cantan las comunidades originarias. Esa bandera hecha canción – y esa pregunta- se construye a través de distintas entrevistas a las comunidades Santuario de Tres Pozos, Lipán, El Moreno, Tres Morros, Potrero de la Puna, así como a otros actores. También evidencia el silencio de las autoridades, que no quisieron hacer declaraciones públicas. “Todas las Salinas están cuadriculadas de pedimentos mineros. Allí viven las comunidades y debajo, en el subsuelo, están las minas”, cuenta Alicia Chalabe, abogada de las comunidades.

El documental plantea una premisa: la reforma (in)constitucional de Jujuy en 2023 impuesta por el entonces gobernador Gerardo Morales –a merced de la explotación del litio, ya que modificó el régimen de agua, de tierras fiscales y de la propiedad privada, y ratificó la propiedad exclusiva de la provincia sobre los recursos naturales, entre los que incluye el subsuelo y el mineral de litio– fue el experimento que sirvió de antesala a la Ley Bases aprobada en 2024. Esta profundizó no sólo la matriz extractivista mediante enormes beneficios fiscales a empresas mineras, petroleras y del agronegocio, sino también las relaciones carnales con Estados Unidos y particularmente con Elon Musk, dueño de la empresa Tesla que construye autos eléctricos, para lo cual el litio es fundamental.

LITIO termina con tres palabras, y se erige como punto de partida:

“Esta historia continuará

¿Dale?”.

Te invitamos a seguir construyendo esta historia, este viernes 29 de agosto a las 20, en MU Trinchera (Riobamba 143, CABA).

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Super Mamá: ¿Quién cuida a las que cuidan?

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¿Cómo ser una Super Mamá? La protagonista de esta historia es una flamante madre, una actriz a la que en algún momento le gustaría retomar su carrera y para ello necesita cómplices que le permitan disfrutar los diferentes roles que, como una mamushka, habitan su deseo. ¿Le será posible poner en marcha una vida más allá de la maternidad? ¿Qué necesitan las madres? ¿Qué necesita ella?

Por María del Carmen Varela

Como meterse al mar de noche es una obra teatral —con dirección y dramaturgia de Sol Bonelli— vital, testimonial, genuina. Un recital performático de la mano de la actriz Victoria Cestau y música en vivo a cargo de Florencia Albarracín. La expresividad gestual de Victoria y la ductilidad musical de Florencia las consolidan en un dúo que funciona y se complementa muy bien en escena. Con frescura, ternura, desesperación y humor, abordan los diferentes estadíos que conforman el antes y después de dar a luz y las responsabilidades en cuanto al universo de los cuidados. ¿Quién cuida a las que cuidan?

La escritura de la obra comenzó en 2021 saliendo de la pandemia y para fines de 2022 estaba lista. Sol incluyó en la última escena cuestiones inspiradas en el proyecto de ley de Cuidados que había sido presentada en el Congreso en mayo de 2022. “Recuerdo pensar, ingenua yo, que la obra marcaría algo que en un futuro cercano estaría en camino de saldarse”. Una vez terminado el texto, comenzaron a hacer lecturas con Victoria y a inicios de 2023 se sumó Florencia en la residencia del Cultural San Martín y ahí fueron armando la puesta en escena. Suspendieron ensayos por atender otras obligaciones y retomaron en 2024 en la residencia de El Sábato Espacio Cultural.

Se escuchan carcajadas durante gran parte de la obra. Los momentos descriptos en escena provocan la identificación del público y no importa si pariste o no, igual resuenan. Victoria hace preguntas y obtiene respuestas. Apunta Sol: “En las funciones, con el público pasan varias cosas: risas es lo que más escucho, pero también un silencio de atención sobre todo al principio. Y luego se sueltan y hay confesiones. ¿Qué quieren quienes cuidan? ¡Tiempo solas, apoyo, guita, comprensión, corresponsabilidad, escucha, mimos, silencio, leyes que apoyen la crianza compartida y también goce! ¡Coger! Gritaron la otra vez”.

¿Existe la Super Mamá? ¿Cómo es o, mejor dicho, cómo debería ser? El sentimiento de culpa se infiltra y gana terreno. “Quise tomar ese ejemplo de la culpa. Explicitar que la Super Mamá no existe, es explotación pura y dura. No idealicé nada. Por más que sea momento lindo, hay soledad y desconcierto incluso rodeada de médicos a la hora de parir. Hay mucho maltrato, violencia obstétrica de muchas formas, a veces la desidia”.

Durante 2018 y 2019 Sol dio talleres de escritura y puerperio y una de las consignas era hacer un Manifiesto maternal. “De esa consigna nació la idea y también de leer el proyecto de ley”. Su intención fue poner el foco en la soledad que atraviesan muchas mujeres. “Tal vez es desde la urbanidad mi mayor crítica. Se va desde lo particular para hablar de lo colectivo, pero con respecto a los compañeros, progenitores, padres, la situación es bastante parecida atravesando todas las clases sociales. Por varios motivos que tiene que ver con qué se espera de los varones padres, ellos se van a trabajar pero también van al fútbol, al hobby, con los amigos y no se responsabilizan de la misma manera”.

En una escena que desata las risas, Victoria se convierte en la Mami DT y desde el punto de vista del lenguaje futbolero, tan bien conocido por los papis, explica los tips a tener en cuenta cuando un varón se enfrenta al cuidad de un bebé. “No se trata de señalarlos como los malos sino que muestro en la escena todo ese trabajo de explicar que hacer con un bebé que es un trabajo en sí mismo. La obra habla de lo personal para llegar a lo político y social”.

Sol es madre y al inicio de la obra podemos escuchar un audio que le envió uno de sus hijos en el que aclara que le presta su pelota para que forme parte de la puesta. ¿Cómo acercarse a la responsabilidad colectiva de criar niñeces? “Nunca estamos realmente solas, es cuestión de mirar al costado y ver que hay otras en la misma, darnos esa mirada y vernos nos saca de la soledad. El público nos da devoluciones hermosas. De reflexión y de cómo esta obra ayuda a no sentirse solas, a pensar y a cuidar a esas que nos cuidan y que tan naturalizado tenemos ese esfuerzo”.

NUN Teatro Bar. Juan Ramirez de Velazco 419, CABA

Miércoles 30 de julio, 21 hs

Próximas funciones: los viernes de octubre

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