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Isabel Sarli: la verdadera historia de la morocha

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Más allá del mito que ella construyó dentro y fuera del set, esta es el Coca Sarli, un mito con escote.

Toma 1: Isabel en la ducha. Isabel tirada en el pasto. Isabel bajándose el escote. Isabel
acariciándose los pechos. Isabel violada por una docena de hombres. Isabel
golpeada por su marido… Isabel Sarli entregada a la mirada astuta del
director de cine Armando Bó, para quien protagonizó veintiocho películas en las que aparece maravillosa y
definitivamente desnuda.

Su primer filme, Un trueno entre las hojas, resultó un viaje iniciático para las
fantasías de los jóvenes y no tanto de fines de los 50. No nos dejemos
emborrachar por ella, una mujer como ésa es peor que la muerte, advierte uno
de los personajes: Isabel deslizándose por el lago, Isabel da vueltas y
brazadas, Isabel deja asomar sus pechos sobre la superficie del agua… Sarli
fue la primera mujer en mostrarse de frente y sin ropas en la pantalla
argentina. Me habían bautizado la higiénica porque siempre aparecía
bañándome, confiesa ella, risueña.

A
principios de los 60, la edición norteamericana de la revista Playboy dedicó hecho inédito hasta
entonces cuatro páginas a una figura no europea ni estadounidense: La bella
salvaje de las pampas se titulaba la producción fotográfica en la que la Coca
aparecía con el vestido desgarrado de Sabaleros, su segunda película. Ya se
delineaba entonces lo que fue una constante en la filmografía Sarli-Bo: las
funciones a sala llena, las críticas demoledoras de los especialistas y la
censura.

Prácticamente
todas las películas de la dupla sufrieron algún tipo de prohibición por atentar
contra la moral y las buenas costumbres. O los perseguía el Ente de
Calificación Cinematográfica, o les iniciaban juicios penales, o el director
pasaba el fin de semana encarcelado. "Y todo era por los desnudos de Isabel. ¿Se
puede creer?. Ni que yo hubiera sido un degenerado argumenta el director en Los filmes de Armando Bo con Isabel Sarli, de
Jorge Abel Martin ¡tengo familia, creo en Dios!. Siempre he dicho que desde la
época de los griegos se exaltó la belleza del desnudo a través de la pintura, a
través de la escultura. Si fuera por los acusadores argentinos, el David de
Miguel Angel no podría estar en la plaza de Florencia

Hubiera
sido digno de alguna de sus películas el viaje en ascensor de Isabel con el
integrante del Ente de Calificación Ramiro de la Fuente. La cabina era tan
pequeña y el escote de ella tan inmenso que el censor no tuvo más remedio que
fijar la mirada en ese abismo que tantas veces había podado con la tijera,
según ella misma contó en un reportaje para la edición argentina de Playboy.

Para
eludir a los censores debían cambiar los títulos y modificar las tomas. Muchas escenas las teníamos que filmar dos veces cuenta
Isabel. En Fiebre, por ejemplo, yo
me tenía que tirar desnuda y revolcar en la alfalfa. Armando me decía: Coca,
vos ahora te sentís yegua. ¡Sos una yegua! ¡Tenés que comer alfalfa., vamos,
comé alfalfa! ¡Las yeguas comen alfalfa!. Esa era una versión. Después
filmamos otra, para la Argentina, en la que yo me retorcía entre gasas blancas.
Para la versión nacional yo era una señora desesperada entre tules. Para la
versión exterior era una yegua que comía alfalfa.

Las
negociaciones, con cada nueva película eran largas y tediosas. Tanto que,
durante la última dictadura militar, fue prohibidaLa insaciable, director
y actriz iniciaron una huelga de hambre sentados en un banco en Plaza de Mayo hasta que el edecán
presidencial los intimó a retirarse.

No
menos irritantes les resultaban los comentarios negativos de los periodistas y
los críticos. Una vez, el director se presentó sin aviso previo a un canal de
televisión y se trenzó a cachetazos
antes las cámaras con quienes, unos minutos antes, había hablado
duramente de la Coca, un producto al que defendía con uñas y dientes.

Bó era impulsivo, furioso, directo. Y nunca dejó de sangrar
por la herida.

Ese
era Armando.

Esa es
la Coca.

Toma 2: Isabel sola,
alejada de las cámaras y recluida en su casa de Martínez. Isabel adopta decenas
de animales (­papagayos, tortugas, perros, gatos) y a todos les da su apellido.
Isabel habla, por la noche, con las dos estrellas desde donde brillan sus
muertos más queridos: María Elena, su madre, y Armando, el amor ­ repite de
su vida.

Sarli y Bo compartieron 25 años y cuatro meses de
una relación que era un secreto a voces pero nunca fue oficializada, porque
durante esos 25 años y cuatro meses el
director de cine vivió con Teresa Machinandiarena, su legítima esposa, sus dos hijas María
Inés y María

Jesús
y su hijo Víctor, que fue también partenaire de la Coca en varias de las
películas filmadas por su padre. En una, incluso, Armando y Víctor se disputan
a la misma mujer en un relato que dispara la fantasía pecaminosa del incesto en
el incosciente de los espectadores.

Nosotros
no tuvimos hijos porque a mí me hacía estremecer el dolor de las mujeres en los
partos, que vi en el cine. Pero también porque él decía que no podía haber una
sexy embarazada y que nuestros hijos eran las películas. Y tenía razón, ¿no? Porque
yo tenía que trabajar, trabajar y trabajar

La diva construyó la versión oficial de su propia
vida.

Dice: que nunca fue a bailar, que no tuvo novios
durante la adolescencia, que no aceptaba que los actores le dieran besos en la
boca, que en las escenas de desnudos quedaba solo el personal indispensable,
que fue durante el rodaje de La dama
regresa
la película de Jorge Polaco que la devolvió al cine luego de más
de diez años cuando entró por primera
vez a un hotel de alojamiento.

Dice también:
que aceptó quedarse sin ropa porque lo único que le interesaba era hacer
plata, que no quería que su mamá siguiera sacrificándose, que odia a su papá
porque la abandonó, que se casó antes de los 20 con Ralph Heinlein, un señor de
familia alemana, y que el matrimonio resultó un fracaso, pero que de eso prefiere no hablar

Es lo que repite, invariablemente, en cada uno de
los reportajes que concede. El escote lo repite también.

Esa es la Coca

Toma 3: Isabel que
regresa. Isabel de nuevo en un set de filmación. Isabel en el escenario de un
teatro de revistas. Isabel protagonista de una campaña de ropa de moda. Isabel
con escote, otra vez.

En
1996 Sarli aceptó protagonizar La dama
regresa
, la película de Jorge Polaco y a partir de entonces abandonó su
papel de dama de su casa para actuar
frente al público. Isabel es una tramposa hace un guiño el director, que es
su amigo ¿Es solamente una buena mujer que cuida gatos y perros? ¿Será una
demagoga? Y si así lo fuera, ¿qué hay de malo? Lo importante es que conforma un
personaje alrededor de su figura sin pedir nada prestado. Y eso pocas personas
lo logran.

En el
filme, aparece higiénica en un
jacuzzi, cubierta de espuma. Y cuentan que, al rodar otra de las escenas, en la cancha de Boca, le sugieron
delicadamente que sacara pecho Si estas lolas me hicieron famosa…¿por qué
esconderlas?

Según
Polaco, la grandeza de esta estrella reside en vivir cinematográficamente lo
cotidiano: Isabel baja por la escalera de su casa con tacos aguja. Isabel deja
asomar un par de piernas hermosas. Isabel sostiene a un perro caniche en uno de
sus brazos. Isabel mueve su antológica melena.

Sarli,
que había sido modelo publicitaria antes de dedicarse al cine, fue
recientemente tomada como figura para la campaña Americana al Sur de la firma de ropa Ona Saez, contra todos los
preceptos del modelaje de los 90; ese ideal de cuerpos espigados,
exageradamente flacos y compensados con cirugías y siliconas. Isabel siempre
transmitió autenticidad, rebeldía sostiene Santiago Saez, responsable de la
marca Fue una vanguardista que con sus desnudos se adelantó todo lo que después
sería la belleza femenina. Con las mujeres argentinas y, en general, con las
sudamericanas, pasa lo mismo que con ella: a primera vista parecen un infierno
y después aparece su sensibilidad.

Una de
las cosas que la Coca ya no dice es su edad. Pero si los archivos no mienten,
Isabel filmó la primera película cuando tenía
21 años; a los 33 fue sucesivamente violada por una docena de empleados
de un frigorífico en una secuencia ampliamente recordada de Carne y a los 44, hizo el último filme
junto a Bó. Y su cuerpo podía, todavía, más.

En 1992 el cirujano Raúl Matera le extirpó un tumor
cerebral. Y se recuperó. Ha
engordado y envejecido un poco. Sin embargo ronda los 65 años, hizo temporada todo el verano en un teatro
de revistas en Córdoba, y basta verla para darse cuenta que su cuerpo casi no
se gasta, la sobrevive de impecable escote.

¿Quién es, entonces, la Coca?

….. …. …..

Hilda Isabel Gorrindo Tito la Coca nació morocha el 9 de julio de 1936, justo
cuando los productores de cine comprendieron que la mujer tenía asistencia
perfecta a las salas y en Estados
Unidos comenzaba el reinado de las rubias de la Fox. (Shirley Temple, Sonja
Henie, Alice Faye).

Las
películas, los radioteatros y las novelas populares eran, por entonces, los
tres pilares culturales de un sector femenino numéricamente importante en la
Argentina. Producciones de ese universo paralelo, todavía difuso y ajeno a la
crítica de los especialistas, que se volvió un fenómeno masivo incluso mientras
era ignorado por la cultura consagrada y oficial: las historietas, las
fotonovelas, las revistas de hobbies y divulgación, los cursos por
correspondencia, las historias por entregas y otros resabios del folletín que
circulaban en los quioscos. Ese
subterfugio llamado literatura popular era también el lugar de pertenencia de
las películas de la dupla Bó-Sarli.

La matriz sobre la que se edifica la
narrativa clásica del cine latinoamericano es el melodrama. explica Ricardo Manetti en Cien años de cine. En
la Argentina, el modelo, en los años iniciales de la industrialización
cinematográfica, deriva de la fórmula de la letra de tango. El guión despliega los tópicos románticos de la
canción en la que generalmente se habla de un bien perdido: la mujer, a quien
se representa como causante de todos los males (la devoradora) o como la
muchachita buena capaz de simbolizar en el futuro el espacio seguro significado
por la madre. Estos modelos son parte del imaginario que cruza los filmes de
la pareja.

El
éxito de la dupla, a partir de fines de los 50, coincide con la renovación
cinematográfica que los franceses exportaron al mundo, con el nombre de
nouvelle vague. En

Gran
Bretaña se llamó Free Cinema, en los Estados Unidos New American Cinema, en
Brasil Cinema Novo y en la Argentina Nuevo Cine.

Bó no
desconocía a esos vanguardistas en el manejo del montaje, las técnicas de
rodaje y la libertad creadora, nucleados en torno del mensuario francés Cahiers
du Cinéma (Claude Chabrol, Francois Truffaut, Jean Luc Godard, Eric Rohmery

Pero
su universo de pertenencia era otro.

No
obstante, con gran picardía comercial, tomó como modelo a un precursor de la
Nouvelle Vague para hacer un contrapunto nacional. En 1956, Roger Vadim filmó Y Dios creó a la mujer , la película que
conmocionó a Europa con el desnudo de la jovencísima Brigitte Bardot. El
director creó un nuevo sex symbol femenino que según la escritora Simone de
Beauvoir desafía ciertos tabúes aceptados por la generación precedente,
particularmente aquellos que niegan a la mujer su autonomía sexual. El filme,
que provocó escándalos en cada lugar
donde fue exhibido, fue estrenado en la Argentina con 18 minutos menos.

Y el demonio creó a los hombres, tituló Bó a la versión
autóctona, protagonizada quién si no por la Coca.

En
1957, el mismo año que comenzó el rodaje de El
trueno entre las hojas,
se editó en
Barcelona el libro Belleza. Sea
atractiva, siempre joven y más feliz
, de Rosalía Vander, un compilado de
feminidad predigerida, cuyo espíritu no difería de las revistas que pautaban
los sueños de las mujeres argentinas cada semana.

¿Cómo
nos pondremos pues de acuerdo sobre lo que es la belleza femenina? se
pregunta y se responde Rosalía Creo que, para comprenderla debidamente,
convendrá considerar tres aspectos fundamentales de ella que son los
siguientes:

1. Los
dones naturales de la belleza femenina, o sea los que tendría la mujer tal como
fue creada, es decir, en estado sano, normal y sin taras.

2.Los
atributos que a la mujer natural añaden la educación y la cultura.

3. El
realce que le da el arte de embellecerse (cosmética, peinado, arte de vestirse)
que en realidad no debe cambiar la belleza de la mujer sino darle mayor
relieve, a la vez que mejor presentación.

Por lo
menos en el caso de la Coca, los mandatos bíblicos de Rosalía se hicieron
verdad:

El
cabello abundante y largo es una de las características de feminidad. De ahí
que una mujer poseedora de una hermosa cabellera tenga mucho en su favor para
su atractivo femenino, aunque modernamente predomine la moda del cabello
corta.

Efectivamente
Isabel tenía el pelo por arriba del cuello cuando azarosamente se había
enfermado la modelo contratada empezó su carrera publicitaria. Fue
fotografiada para los anuncios de calefones, cocinas, agencias de turismo, jabones,
arroces y soutiens. Pero fue sin dudas su modo de acomodarse y acariciarse esa
cabellera morocha y larga en las películas, el que comenzó a inquietar al
imaginario masculino, que ya intuía la proximidad de su soberbio desnudo en la
pantalla.

Por los
50, el platinado de las chicas de la Fox fue travestido en ícono por Marilyn
Monroe, esa rubia bella, y un poco tonta, que surgió de la pantalla y se volvió
el mito erótico más universal y perdurable del siglo XX. Para la misma época,
la Argentina exportaba al mundo a una morocha de pelo largo con una sensualidad
que ni era blonda, ni glamorosa, ni
cantaba Happy Birthday Mister President.

Si bien no todas las películas dirigidas por Bó se
desarrollaron en ambientes marginales, el erotismo que consagró a Sarli estaba
rodeado de hombres de piel curtida, de obreros, de frigoríficos, de
caballerizas, de violencia. Tenía cuerpo carne, era real: nacional y
popular, por decirlo con los términos peronistas de la época.

El general Juan Domingo Perón fue elegido
presidente de la Nación en 1946 Y un año después consagraba el voto femenino en
la Argentina, que se implementó por primera vez en el 51, por impulso de su
esposa Eva Duarte: esa figura mítica, tan idolatrada como odiada.

Bó conoció a Evita antes de
que fuera primera dama, durante el rodaje de La cabalgata del circo (un trabajo de Mario Soffici), cuando ella,
morocha, todavía no se había teñido el pelo de rubio ni se lo ataba con su
emblemático rodete. Era su enamorado secreto en ese filme donde la estrella era
Libertad Lamarque. Cuentan que la diva le dio un cachetazo a Evita, harta de
sus llegadas tarde, ocasionadas por sus incursiones políticas, los tres
radioteatros en los que trabajaba y sobre todo su romance con el entonces
coronel (1944).

Perón, en cambio, ya estaba
en la Casa Rosada cuando recibió en su despacho a Sarli, flamante ganadora del concurso para Miss Argentina. La
morocha Isabel (90-58-90) reemplazó en el podio a Ivana Kislinger, una rubia de
tipo nórdico.

Usted es la más importante de mis embajadores, le
dijo el mandatario antes de que Miss Perón viajara a disputar el puesto de la
primera belleza del mundo. No lo consiguió y, a su vuelta, el general había sido derrocado por el golpe
militar encabezado por ….

Pero la Coca siguió siendo justicialista más allá de
todo. Antes que nada, soy peronista, declaró cuando hizo campaña a favor de la primera elección
de Carlos Menem, en 1989. Y cuando el filme de Polaco su película retorno
estuvo a punto de perder el crédito del Instituto del Cine, Sarli recurrió a
Jorge Antonio, íntimo del entonces presidente de la Nación.

….. …. ….

Isabel se incorporó al universo del cine en la época de las grandes
divas, de las mujeres que sacan pecho, que beben champan para calmar la jaqueca
y miran a los hombres desde arriba, al decir del crítico Claudio España. Sus
escotes corazón intentaban reanimar una industria que, aunque a poco de andar, estaba ya en crisis. En esos
años 50, Bó fue el principal exportador de películas argentinas: los desnudos
de la actriz llegaron hasta Rusia, llevados de contrabando desde Cuba y hasta
inspiraron los versos de un poeta chino en Beijing.

En
1931 se estrenó en Buenos Aires la primera película argentina sonora: Muñequitas porteñas, escrita y dirigida por José Ferreira. Surgieron,
a partir de entonces, las grandes estrellas nacionales (Tita Merello, Libertad
Lamarque, Mercedes Simone) de actuación y canto simultáneo. La voz pasó a ser
condición fundamental para el séptimo arte. Pero cuando años después Isabel
apareció en la pantalla, no sabía hablar ni bailar.

El
guión de Y el demonio creó a los hombres
indicaba que la protagonista debía ejecutar una danza sumamente sensual en un
escenario natural, en Punta del Este.

Pero
Armando, yo no sé bailar, se desesperó la Coca.

Si no
sabés, aprendé, fue la respuesta que la dejó sin opciones.

En Un trueno entre las hojas sus
parlamentos aparecen doblados por Eva Dongé y, aunque frente a ese colosal desnudo
en cámaras pocos espectadores repararon en su voz, los críticos pusieron en
duda desde el vamos sus dotes actorales: un erotismo básico y de movimientos
estereotipados.

Soy pavota, pero no tanto como para creerme una
actriz, repite Isabel cada vez que le preguntan y jura que actuó una sola vez
en su vida, cuando engañó a Bó respecto de la enfermedad terminal que padecía.
Es una vieja astuta, porque sabe que no dice poca cosa.

Lo que consiguió, lo logró a la fuerza. Armando me
explicaba. O me tiraba por una escalera, para darme susto. O me metía la cabeza
en un tacho donde estaban quemando hojas húmedas, para que medio me ahogara y
diera congestionada y con miedo. Bueno, ahora he mejorado un poco: ya me puedo
asustar mejor, y sola.

La primera película de
Sarli está basada en un cuento del reconocido escritor paraguayo Augusto Roa
Bastos. También tuvo a su cargo el guión del filme. Armando era un poco diablo
para poner a la gente en aprietos. Una vez me llevó a una radio en Buenos Aires
y dijo: acá el señor Roa Basto vino
para hablar de los progresos que ha hecho últimamente Isabel Sarli como
actriz, recuerda el escritor en El
trueno entre las páginas
, un libro de
diálogos con Alejandro Maciel, de próxima aparición. Yo me defendí
diciendo que mi cultura cinematográfica era muy precaria. Pero observé -y ahí
vino mi pequeño desquite- que Isabel Sarli antes se bañaba desnuda y ahora se
enjabonaba. Porque en la última película usaba un pan de jabón Federal del
tamaño de un ladrillo.

El autor estaba radicado
en Buenos Aires cuando, en 1953, publicó El
trueno entre las hojas
, su primera colección de cuentos. Y es por ese libro
(junto a La Babosa de Gabriel
Casaccia y Follaje en los ojos de
José Rivarola Matto) que la narrativa paraguaya empieza a adquirir distinción y
atención internacional. No por casualidad estas ficciones, de realismo crítico,
fueron escritas por exiliados que habían abandonado un país que tras la
sangrienta guerra civil de 1947 soportó entre 1955 y 1989 la dictadura del
general Alfredo Stroessner, una de las más largas de la historia americana.

Entre la versión original de Roa Bastos, el guión que él
mismo escribió y la historia que finalmente quedó plasmada en el filme hay
diferencias sustanciales. El cuento, que denuncia la explotación de
trabajadores en la zafra, no tiene la
carga erótica que le indicó la intuición comercial de Bó. La película está hecha a la sua cadenza como diría un italiano. Una
tarde, como tantas veces sucede en estos climas subtropicales, de un cielo a pleno
sol pasamos a un nublado cerrado, oscuro. Él pensaba filmar varias secuencias
ese día pero el tiempo no daba porque esas escenas eran diurnas y en
exteriores. Entonces de un golpe arrancó las diez páginas del guión que no se
podían filmar y pasó a otra cosa. Yo primero creí que era una broma pero no,
era en serio. Armando -le dije- ahí va uno de los episodios más terribles de la
obra. No, no importa -me dijo él- igual esto es muy largo y no hay sol,
recordó el escritor en un mail enviado especialmente a Gatopardo.

La historia era, en verdad, un pretexto para aplicar
la fórmula del éxito: un poco de sexo, algo de
violencia, música, paisajes nacionales o latinoamericanos y ciertos toques
kitsch. Siempre el mismo cóctel. El de un erotismo primario, naif y
moralizante.

El trueno entre las hojas fue
estrenada en 1958 pero ya durante su rodaje iniciado un año antes había
comenzado a tejerse el mito Sarli. Isabel viajó a filmar a Misiones? con su
madre, la primera en poner el grito en el cielo cuando Bo sugirió filmar el
primer desnudo real del cine argentino. El de Olga Zubarry en La Casa del
Angel fue trucado, aclara el
periodista de la farándula Néstor Romano en Isabel
Sarli al desnudo
.

Cuenta la leyenda que Bó le aseguró a la actriz que
iba a filmarla de lejos y que casi no se la vería y que hasta la hizo asomarse
por el ojo de la cámara para que lo comprobara por sí misma. Eligieron un lago
alejado, dejaron a María Elena en el campamento y para envalentonar a la Coca,
Bó le dio whisky en una cantimplora. Y ella que asegura- nunca había bebido se
mareó al instante. El mito detrás de bambalinas.

Anda
sacándote la ropa le dijo Armando e Isabel sintió que le temblaba todo el
cuerpo.

Metete
al agua, Coca le ordenó mientras, detrás de cámara, se deleitaba por las
imágenes que le anticipaban la gloria.

En la
privada le mostraron a Isabel la película cortada recién la vio entera en el
estreno y ahí pasó lo del cencicero Cuando descubrí la mentira me enojé tanto
que le rompí el escritorio de vidrio con un cenicero

La película fue prohibida para menores de 18. Su
cuerpo es demasiado insinuante, provocativo, es casi indecente por los
sentimientos que provoca, argumentó uno de los censores.

Bó que antes
de El trueno Armando ya había producido mas de una decena de películas no
sólo dirigió a Sarli sino que actuó en casi todos los filmes. Como redentor de
la diva, por supuesto.

Isabel
se negó a ser dirigida por otro que no fuera él: le dijo que no a Daniel
Tinayre y a Lucas Demare. Solo fue forzada a aceptar, por el propio Bo, la
propuesta de Leopoldo Torre Nilsson uno de los pocos que defendía a la dupla
frente a los críticos para trabajar en Setenta
veces siete.
Entonces no me voy a desnudar, fue la condición que puso
Isabel Probablemente fue entonces cuando, para convencerla, Torre Nilsson le
pidió prestadas las manos a Armando para acariciar a la diva.

… … …

Toma final: La historia
es como la del huevo o la gallina: ¿Quién fue primero: Sarli o Bó? ¿Quién creó
a quién?

La Coca es una mujer de presencia y carácter: para
pelear precios de los diseños de Paco Jamandreu, para defender su porcentaje en
las ganancias y hasta para repartir alguna cachetada o tirarle una taza de café
en la cara al propio Bó. Sin embargo ella siempre aceptó mostrarse como sumisa
frente a la severa María Elena y, luego, ante el amor de su vida. A lo mejor
yo, por dentro, era más libre que mi mamá y que Armando, pero me dejé someter
para que me quisieran, dejó entrever alguna vez. Cada tanto, como al pasar,
deja filtrar algunas verdades a su historia oficial: A mí me gusta proteger
niños y animales, pero hombres no, hay que desconfiar de los
tímidos: somos capaces de proezas inimaginables.

¿Quién es entonces la
Coca? Según la mitología griega, la belleza está tutelada tanto por Afrodita,
la diosa armónica y dulce, como por Pandora, pérfida y fatal. Entre esos dos
arquetipos fue construida,
históricamente, la feminidad.

Isabel supo que para
salvar sus desnudos debía darle tranquilidad moral a los espectadores. Ella
podía mostrarse sin ropas frente a las cámaras, sí, pero además tenía que ser
una mujer de su casa, que cuidara de sus animales, que resultara maternal y
fiel de por vida. Por eso el público la ama.

Eres una mezcla de angel
y demonio, le dice a Isabel la actriz Barbara Mujica a Isabel en Fuego (1968),
mientras la acaricia sin pudor. Y en esa escena de lesbianismo una de las
primeras filmadas en el cine argentino se explicita el entramado del mito
Sarli: desnudarse para quedar oculta tras esos pechos inabarcables. El escote,
pues.

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MU 212: El fin de un mundo

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Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.

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MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.




MU 211: Método Pablo

Pablo Grillo: Salvar la vida

¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”

Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión

Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA




MU 211: Método Pablo

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur

Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI




MU 211: Método Pablo

En movimiento: Movilizaciones 2026

Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.




MU 211: Método Pablo

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura

Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI




MU 211: Método Pablo

Carta abierta: Masacre planificada 2026

Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI




MU 211: Método Pablo

Politizate: La Kalo

Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI




MU 211: Método Pablo

No podrán: Luciana Jury

Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA




Cabo suelto: Crónicas del más acá

Carlos Melone

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