Nota
7° Congreso Socioambiental de Ciencia Digna, día 1

Con la presencia del italiano Gianni Tognoni, padre de la epidemiología comunitaria, y la palabra de Damián Verzeñassi, director organizador del Congreso, comenzó en Rosario el encuentro que reúne a investigadores, activistas, academia y territorio para re-pensar la crisis social y ambiental en curso, y proponer salidas, propuestas y alternativas, también en curso. Durante la primera jornada participaron Marcos Pastrana, referente de la comunidad diaguita de Tafí del Valle, Cecilia Matta, de las Asambleas Ciudadanas Riojanas contra la mega minería y Cristina Arnulphi, de Córdoba Asamblea Socioambiental, entre otras y otros, para relatar los procesos de resistencia: “Si pudimos contra Monsanto, podemos contra todo”. Alguna de las intervenciones del evento que sigue hoy y mañana, y el cronograma completo.
Por Francisco Pandolfi
Desde Rosario
En Rosario está pasando algo. Y está pasando ahora. Acaba de arrancar. En realidad, ya empezó hace mucho. Hace mucho tiempo. La resistencia comenzó hace mucho, mucho tiempo. Pero el VII Congreso de Salud Socioambiental acaba de empezar. Hoy. En Rosario. Esta mañana. Lleva el lema de «Salud en contextos de cambios climáticos».
Se habla de salud, sí, y también de enfermedad, que es la antítesis. De extractivismos, pero también de «Recordar. Resistir. Re-existir», como es el nombre del libro compilado por el Instituto de Salud Socioambiental, que organiza el Congreso.
Se habla pero también se reconoce y se festeja en vida con el premio «Carlos Vicente» a dos «luchadores en defensa del territorio, de la diversidad y la soberanía alimentaria», como Antonio Lattuca, pionero de la agricultura urbana en Rosario, en Santa Fe y en toda la Argentina; y a Elizabeth Bravo, ecuatoriana fundadora de la Unión de Científicos Comprometidos con la Naturaleza en América Latina.


Se habla, se premia y también se plantan ideas, en diferentes paneles y talleres que alumbran la primera jornada de este encuentro que durará hasta el viernes.
Siembra ideas Damián Verzeñassi, director del ente organizador: «Estamos viviendo una crisis civilizatoria, hoy es el tiempo de reaccionar».
Siembra ideas Andrea Graciano, nutricionista e integrante de la Red Calisas (Catedra Libre de Soberanía Alimentaria): «¿De qué hablamos cuando hablamos de la ciencia en tiempos de la post verdad, en los que los hechos se ocultan y manipulan? Hay que pensar bien la ciencia en este contexto, y preguntarnos quién la financia, qué se comunica, quién la publica…».
Siembra ideas Facundo Fernández, médico del equipo organizador: «Hay que bajar lo teórico a la base. Hay que construir la salud como eje pero con el recorrido hecho en los territorios».
Siembra ideas el científico italiano Gianni Tognoni, padre de la epidemiología comunitaria: «El problema no está solo en la medicina, sino en las democracias, donde las mayorías están excluidas. El desafío no pasa por construir más datos, que hoy son el veneno de la realidad, sino pasa por visibilizar a las comunidades productoras de conocimiento. Hacia la epidemiología comunitaria deben estar orientadas las políticas públicas. Que la medicina vaya a la comunidad, no la comunidad a la medicina».
La ecuatoriana homenajeada, Elizabeth Bravo, siembra ideas: «El objetivo principal es generar una ciencia junto a los movimientos sociales, en una coordinación inseparable. La ciencia digna nunca puede hacer papers únicamente, sino contribuir con la sociedad y la naturaleza».
Mauricio Cornaglia, de la Multisectorial Paren de Fumigarnos, siembra ideas: «Si seguimos esperando políticas de los gobiernos, estamos perdiendo el tiempo. Debemos seguir organizándonos desde las asambleas».


Cecilia Matta, de las Asambleas Ciudadanas Riojanas contra la mega minería, siembra ideas: «Nos dicen que somos una provincia minera y no. Nos dicen que somos zona de sacrificio y tampoco. Ellos no nos definen. Nunca vamos a naturalizar el avasallamiento porque defender la vida es defender la tierra».
El cocinero agroecológico Alex Von Foester siembra ideas: «Hay que levantarse de la silla y crear nuevos espacios que nos permitan generar alimentos. No va a venir la comida a nosotros ni las grandes empresas querrán perder sus privilegios. Por eso somos nosotros quienes debemos crear lo nuevo».
Marcos Pastrana, referente de la comunidad diaguita de Tafí del Valle, Tucumán, siembra ideas: «Hicimos muchas revoluciones, es tiempo de re evolucionar, de reflexionar». ¿Qué significa? «Volver a las fuentes, preguntarnos qué queremos, para qué, con quién, para cuántos. Debemos devolver los pueblos a los territorios y los territorios a los pueblos. Yo creo que esta es la hora de los pueblos y ese es el camino para llegar».
Cristina Arnulphi, de Córdoba Asamblea Socioambiental, siembra ideas: «En América del Sur crearemos una nueva civilización, basada en lo espiritual. Desde ahí lograremos la emancipación que ponga freno a este saqueo que que continúa. Somos territorios que estamos despertando. Las fuerzas que tenemos los pueblos son invencibles: si pudimos contra Monsanto, podemos con todo».
Nota
Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Hay una pregunta que resulta difícil de responder: ¿cómo puede ser que esté todo tan mal y, sin embargo, no pase nada…? Dejemos por un momento la idea de que ‘no pasa nada’ (no hay signos vitales), porque esta revista es fiel reflejo de que eso no es tan así. La pregunta apunta a que sabemos que la desigualdad crece, que el poder y las riquezas están cada vez más concentrados, las democracias degradadas, las guerras se multiplican y el desarrollo tecnológico amenaza muchas veces a estar más cercano a empeorar las cosas que a mejorarlas. Crecen las fake news, las teorías conspirativas, el negacionismo, y la realidad parece seguir igual o cada vez peor.
La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió un ensayo que parte del psicoanálisis para ayudarnos a entender una forma de reacción: Desentendimiento. Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, recientemente publicado por Caja Negra. La base de la historia: el desentendimiento, hacerse el o la distraída, es saber que los problemas y conflictos existen pero fingir demencia o, si se quiere ‘fingir normalidad’, desentendiéndose perversamente de causas y consecuencias de la crisis permanente.
Aquí algunos fragmentos para explorar la cuestión, y para no desentendernos.

Rasgo de época
«El modelo de la noción de desentendimiento (…) se resume en una fórmula sumamente concisa: ‘Ya lo sé, pero aun así….’. El desentendimiento difiere de la negación: no niega los hechos, sino que anuncia con mucho gusto que lo sabe todo al respecto y luego prosigue como antes. El desentendimiento (perverso), que sostiene una creencia mediante la proclamación apasionada del conocimiento de lo contrario, está volviéndose el rasgo predominante de nuestra vida social y política, y va mucho más allá de la psicología personal”.
The other side
«Solemos preguntarnos cómo puede ser que el proyecto del Iluminismo haya terminado en un triunfo del oscurantismo: el surgimiento de todo tipo de creencias extrañas, desconfianza en la ciencia, un populismo que se apoya en cualquier cosa excepto en la argumentación racional… El psicoanálisis lacaniano ofrece una respuesta: no es que fuerzas oscuras y pulsiones ocultas se hayan adueñado de la razón y le hayan ganado al conocimiento y su evidencia, es más bien que a la razón y al conocimiento nunca les ha faltado su propio lado oscuro y ‘poco razonable’. La modalidad social contemporánea de desentendimiento es una forma perversa de la razón, del conocimiento mismo, y no el retorno de una pulsión arcaica y oculta. Las apelaciones a la razón y la ciencia tienden justamente a olvidar o ignorar esto; en general, derivan en una frustración indignada, o bien en una arrogancia fascinada y divertida frente a la ‘estupidez de la gente’”.
La negación
«En términos políticos, parecemos atrapados en un baile macabro en el que la negación (a menudo asociada con el ‘populismo’), por un lado, y el desentendimiento perverso asociado con la idea mainstream del business-as-usual (de que sigue todo como si nada), por el otro, constituyen las dos opciones políticas principales que compiten, alimentándose la una a la otra con sus respectivas patologías y casi siempre respondiéndose entre sí, en lugar de responder a cualquier realidad social”.
Conspiranoicos
«Hay una curiosa complicidad entre la actitud ‘racional’ del sigue-todo-como-si-nada de la sociedad mainstream y la actitud ‘demente’ de los conspiracionistas. Aunque la primera descanse fundamentalmente en los mecanismos del desentendimiento, mientras que la segunda se acerca más a la negación, hay entre ambas una cierta dialéctica. Por ejemplo, esas élites racionales ‘saben’ que hay un cambio climático, pero al mismo tiempo continúan como si nada. No lo niegan, pero su comportamiento apegado a continuar con el funcionamiento normal de las cosas demuestra que su creencia inconsciente no es diferente de la negación explícita de los conspiracionistas. A su vez, las élites necesitan a los conspiracionistas justamente para poder señalarlos con el dedo, para contrastar la ‘demencia’ de estos con su supuesta racionalidad y así impedir que veamos su propia demencia”.
La vida fake
«Las teorías conspirativas parecen estar pasando del marginal y recóndito ‘inframundo’ y de la subcultura al espacio público, incluso a la política oficial. Muchas razones, en muchos niveles diferentes, explican esto”. (…)
“Tendemos a atribuir el hecho de que ‘ya no es posible distinguir la verdad de la ficción’ a la influencia de las teorías moderna y posmoderna, (…) pero, en el entusiasmo por este realismo redescubierto, tendemos a olvidarnos de un hecho muy real: que a menudo es objetivamente bastante difícil –en efecto, imposible– distinguirlas. Las falsificaciones y los ‘fakes’ se están volviendo cada vez mejores; la tecnología, incluida la IA, produjo efectos desconcertantes e inquietantes a este respecto, con cosas imposibles de distinguir de las auténticas; por no mencionar que nuestras relaciones sociales en el capitalismo tardío están excesivamente ficcionalizadas, para que la realidad brutal del capital pueda seguir su curso”.
Individualismo masificado
«El desentendimiento perverso es, por así decirlo, un fenómeno masivo individual: es el pináculo de la individualidad, del individualismo, independientemente de cuán generalizado esté y, en este sentido, de cuán ‘universal’ sea. Con las teorías conspirativas, la situación es diferente porque en general se agrupan en colectivos específicos. Puede parecer paradójico, pero muchos de estos colectivos se forman a partir de un rechazo explícito de cualquier cosa ‘colectiva’ (de rebaño, como les gusta decir). Lo usual es que se categoricen estos grupos bajo términos negativos como ‘horda’, ‘multitud populista’, ‘masas fascistas’. Pero como no hay nada ni siquiera remotamente parecido a una formación colectiva del lado mainstream individualista ‘racional’ y su actitud de seguir-como-si-nada, estos inevitablemente prevalecen. Nuestros líderes occidentales ilustrados, que aborrecen estas ‘formaciones masivas’, tienen solo una respuesta para ellos: apoyar e incentivar niveles individuales de desentendimiento como modo de lidiar con las crisis. Esta estrategia funcionó por un tiempo, pero ahora está fracasando de manera dramática, porque presupone un ambiente social relativamente estable con una clase media grande y relativamente cómoda, no el tipo de crisis serial en la que estamos metidos”.
¿La izquierda por arriba?
«Las malas circunstancias sociales no producen patologías ni conducen a un aumento de las atrocidades necesaria o directamente, pero sin dudas contribuyen a ello. El truco, sin embargo, es evitar la actitud condescendiente de ‘entender’, una actitud compartida por muchos en la izquierda, que le niega a la ‘gente’ cualquier agencia más que la de ser una expresión directa de sus circunstancias sociales, mientras que ‘nosotros’ podemos elevarnos por sobre esas mismas circunstancias y ‘entender’ a aquellos que no pueden hacerlo. En tanto la crisis signifique una serie de ‘eventos terribles que suceden alrededor de nosotros’ y nuestro gran esfuerzo para lidiar con ellos, permanecemos atrapados en la dialéctica de la represión y en la danza macabra de la negación y el desentendimiento. Lo que realmente tenemos que entender no es a otra gente (‘menos afortunados y diferentes de nosotros’), sino el otro lado de la crisis: el hecho de que el otro lado de la crisis es una escena de lucha en curso continua”.
Agujeros
«No hablo simplemente de establecer las causas verdaderas o más profundas de las crisis. Una genuina lucha emancipadora no consiste en establecer la causalidad correcta para poder finalmente explicar –y así desechar– estas crisis. El psicoanálisis tampoco consiste en eso. Si hay algo que las luchas sociales pueden aprender del psicoanálisis, se trata de lo siguiente: solo hay causas de lo que no funciona, de lo que trastabilla y señala un agujero, un salto, un problema. El pensamiento emancipatorio no consiste en explicar el agujero y hacer que todo parezca natural: este es el trabajo de la ideología. El pensamiento emancipatorio identifica y localiza este agujero en la causalidad, esta falla técnica, este punto de decisión en el que la responsabilidad, la agencia y, sí, la política entran en juego y en el que las cosas podrían o deberían haber ido en otra dirección”.
El trauma
«No hay manera de enfrentar el trauma de forma directa, y eso es lo que lo hace un trauma: algo que nos consume y es indistinguible del efecto que tiene en nosotros. Cuanto más traumático es este, más anestesiados quedamos. Necesitamos despertarnos, no para olvidarlo y reforzar nuestras defensas por ‘medios racionales’, sino más bien para perseguir el trauma y sus consecuencias en las fibras y grietas de nuestra realidad normal, cotidiana. Solo nos podemos ocupar de las ‘causas verdaderas y más profundas’ de las crisis si focalizamos nuestra atención en la superficie y en la forma. Arrancar el velo de la superficie, por otro lado, sólo fortalece las defensas y previene efectivamente todo pensamiento, lucha y enfrentamiento de estas causas”.
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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