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Feria Crece desde el pie: Yerba buena y cambio social

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La Primera Feria Nacional de Organizaciones Populares y Solidaridad fue una oportunidad para conocer movimientos sociales que intentan salir de la oscuridad y la falta de reconocimiento. El lazo que puede unir a la basura, la concentración económica, las redes sociales, la producción y la solidaridad, entendida como una nada inocente construcción política.

La Argentina era un territorio oscuro, con cadáveres arrojados en las provincias, esqueletos en el mar, barcos hundiéndose, y una frase: «27 años de neoliberalismo». Sobre la frase, una calavera cruzada con dos huesos, símbolo pirata que cualquier niño entiende y -tal vez- algunos adultos también.

Sobre ese mapa lúgubre, colocado en plena Plaza Houssay, representantes de diferentes zonas del país fueron poniendo provincias coloridas y leyendas. Los de Buenos Aires escribieron: «Si el presente es lucha, el futuro es nuestro». Sobre una cartulina dibujaron símbolos de lo que creen es una reconstrucción. «Dignidad piquetera», «Ni olvido ni perdón» (con un pañuelo blanco), un dibujo de una manifestación con una pancarta que dice «Asamblea popular», otra con carteles de «Brukman». Otras leyendas: «Biblioteca popular», «Fábricas recuperadas», el dibujo de un incendio en la escuela Vucetich (de la que egresan los oficiales de la Policía Bonaerense), una tumba («RIP Fanchiotti», por el policía acusado por los homicidios de Santillán y Kosteki), otro cartel: «Darío y Maxi presentes», un mate sonriendo, «piquete y cacerola», «autogestión», una marcha pidiendo «educación, tierra y salud» y otra pidiendo «tierra y libertad».

Se trata de símbolos. Cada provincia colocó el suyo y así la Primera Feria Nacional de Organizaciones Populares y Solidaridad, llamada Crece desde el pie dejó señalado en la Plaza Houssay de Buenos Aires un programa de acción buscando la visibilidad de movimientos de todo el país. No siempre se logró.

En parte, porque el público no se enteró de la existencia de la feria pese a los avisos en los diarios (o quizás por eso mismo: puede dudarse sobre el efecto que tienen esos anuncios, y quizás otras formas de difusión menos rumbosas hubiesen sido más efectivas). Y además, porque en algunos casos los movimientos de base quedaron eclipsados por las organizaciones no gubernamentales que les funcionan como apoyo.

De todos modos, el encuentro resultó una oportunidad para que se registraran la riqueza de iniciativas productivas y solidarias que 27 años de neoliberalismo no han podido hundir, y para que los verdaderos protagonistas de esa resistencia se conocieran y se conectaran entre sí.

En los stands podían verse productos (una yerba misionera maravillosa, lanas de oveja y sobre todo de llama de una calidad sorprendente, productos orgánicos) y también historias y experiencias. Los chaqueños del Grupo Unión y Salud, por ejemplo, que trabajan en prevención no sólo de enfermedades específicas (sida, cáncer de mamas) sino a partir de la alimentación, la planificación familiar, y hasta el reciclado de basura.

El tema del reciclado de basura (para hacer posapavas, adornos e incluso buzos y toda clase de prendas a partir de botellas de plástico) se vio en varias mesas: puede sospecharse que representa una gran metáfora sobre la política argentina. Ejemplo: El Ceibo es una Cooperativa de Recuperadores de residuos sólidos urbanos, que reúne a 104 familias del barrio porteño de Palermo. Blanca Ortiz, una señora con nietos okupa de casas tomadas desde los tiempos de la dictadura, sostiene: «Yo fregaba pisos, pero me integré a este movimiento para aprender de mis compañeros, porque me parece más digno, más sufrido y más ejemplo que la gente antes de agarrar un arma busque en la basura algo para vender por unos pesitos. La vida digna: algo innovador en esta época ¿no le parece?» Blanca inesperadamente se abre el tapado gris para mostrarse a pleno, con un chaleco violeta y anaranjado. El violeta significa «transformación» y el naranja «servicio» según la jerga ecológica. ¿Transformación solo de la basura? «No -se ríe Blanca- en este país hay que transformar todo».

Detrás de Blanca, pasa el padre Pichi Messengeier, uno de los fundadores del movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo a fines de los ’60 y actual vicepresidente del Secretariado de Enlace de Comunidades Autogestionarias. También miraba los stands Eduardo Murúa, del Movimiento de Empresas Recuperadas. El puesto de Red Puna, con sus lanas, fue uno de los centros de atracción.

Martín Sosa pertenece a esa entidad. Es de Humahuaca, Jujuy. Con el bollo de hojas de coca inflándole un carrillo, cuenta: «Tenemos actvidad productiva frutihorícola (papa andina o papa criolla, orgánica, trigo, habas, arvejas, maíz, pera manzana y durazno), ganadería (ovejas y llamas) y artesanía. También trabajamos con organizaciones de comunicación. Nuestro objetivo es coordinar la actividad productiva en la Quebrada, lo frutihortícola, y en la Puna la ganadería y artesanías». El área de comunicación implica la publicidad de los productos y también la coordinación interna de los distintos movimientos que componen la Red. Hay un área de jóvenes, y un área de género: «Trabajamos con amas de casa, problemas familiares, para empezar a capacitar a toda la familia para que puedan llevar una vida mejor y salir del paso en esta situación en que estamos. Sin violencia». Violencia y planificación familiar, ahí están los «platos fuertes» de la Red. «Nosotros, además, estamos haciendo un cambio importante formando gente y agricultores de base. Tenemos técnicos, pero queremos formar a nuestra propia gente». La Red Puna reúne a 35 organizaciones, 1.300 familias, y 15 organizaciones más que están por sumarse. Tardaron 24 horas en llegar. Los que venían de La Quiaca, 27 horas. Martín lo cuenta sin quejarse.

La Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones mostraba una yerba que -puesta en práctica- permite tomar unos mates de los cuales los consumidores han perdido la memoria. Don Argentino Almeyda, boina negra y anteojos de marco grueso, pertenece a la agrupación: «El nuestro es un movimiento que nace cuando se destruyó la Cámara Reguladora de Yerba. Se destruyó con el libre mercado, y quedamos indefensos. Hubo 10 años de política de resignación que nos metió la cultura. Pero las dirigencias en general dejaron de ser creíbles, charlamos entre nosotros, y el colono que estaba muy metido para atrás, aceptó hacer asambleas en cada localidad misionera».

Resultado: los serenos colonos salieron desde el año 2000 a cortar las rutas cada semana, lo que culminó con un tractorazo de 18 días. Don Argentino es productor yerbatero. «Pero yo decía que éramos piqueteros, y algunos se me enojaban. Sin embargo, fue una gran experiencia de lucha y los colonos empezaron a entender también a los que cortaban las rutas en otras provincias». Hicieron un campamento de 52 días en Posadas. «La sociedad nos apoyó. Y la verdad es que también nos daban comida». También acamparon frente al Congreso, todo para volver a regular el mercado. «Parece increíble luchar para que se regule y que no estemos en un medio tan salvaje».

En la plaza Houssay, a 100 metros de la Facultad de Ciencias Económicas, Don Argentino da una cátedra asombrosa sobre el origen de la desigualdad: «La torta yerbatera, lo que produce esta industria, son 600 millones de pesos. Nosotros somos de 18 a 20.000 productores, y hay además 20.000 tariferos, obreros rurales. Debemos ser unos 280.000 marginados que hay en Misiones. De los 600 millones, nos llevamos 20 millones. De lo que queda, unos 120 millones se van en impuestos. Quedan limpios 460 millones en el bolsillo de 10 grandes molineros. De esos 10, seis manejan el 80 por ciento de la comercialización». El 80 por ciento de los productores tienen cinco hectáreas de yerba, producen unos 30.000 kilos anuales cada uno. Su ingreso es, entonces, de unos 1.000 (sí: mil) pesos anuales. Con eso se pretende que viva cada familia productora.

Pero también hay un costado de este asunto que implica una estafa: «La ley dice que puede haber palito en la yerba hasta un 25 por ciento, 30 a lo sumo. Pero todo lo que se vende hoy ne el mercado tiene un 40, 50 y hasta 60 por ciento de palo. Así bajan el costo. Mezclan la yerba, alteran la calidad. Usted se habrá dado cuenta: no sale la espumita, no es sabroso, se lava enseguida». El truco implica además evasión impositiva, sin contar el liso y llano fraude a los consumidores.

Don Argentino reconoce que el antecedente de lo que hacen está en las Ligas Agrarias, el Movimiento Agrario Misionero y tantas otras experiencias de lucha. «Vea, buscar una alternativa al neoliberalismo no es sólo una cuestión económica, sino que hay que ir construyendo un poder popular entre todos» dice.

La feria, que parecía tan pequeña, resultó prácticamente inabarcable. El mapa negro de la Argentina siguió rellenándose con otras provincias de colores, y leyendas reclamando libertad, tierra, igualdad, derechos humanos, diversidad. Hubo discursos y música: todo resultó un apuro para apenas dos jornadas donde al menos los viajeros pudieron conocerse, en lo que puede ser el resultado más valioso de la feria. Don Argentino tuvo la delicadeza de regalar bolsitas de papel blanco a todos los que pudo, cuyo contenido demostraría que pese a los mapas con calaveras, yerba buena nunca muere.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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