Nota
Las fábricas movedizas: autogestión en tierras de Macri
Impopar y Nuevo Amanecer, la primera y la última de las cuatro fábricas recuperadas en Tandil, tierra natal del presidente Mauricio Macri, cuentan sus historias, los desafíos autogestivos en épocas de caída de ventas y tarifazos. La experiencia cooperativa como sostén y generadora de puestos de trabajo.
Rodolfo Mascetti está sentado delante de un monitor, de un teclado, de un mouse, de una CPU, en fin, de una computadora, y dice:
“Yo no sabía usarla”.
Mascetti habla desde el primer piso de la metalúrgica Impopar, recuperada en 2003, cuando en Tandil aún no se sabía qué significaba una fábrica recuperada. “Tampoco una planilla Excel”, dice este hombre de 54 años, hoy presidente de la primera empresa autogestionada por sus trabajadorxs del municipio, que fabrica, comercializa y vende calefactores, termotanques y cocinas en un invierno más frío que lo habitual.
Tandil es la tierra natal del presidente Mauricio Macri, aunque las referencias locales están más orientadas a campos sin declarar que a afectos comunales. Mascetti: “Dicen que la mitad lo repudia y la otra mitad lo ama. Pero hoy creo que es más lo primero”. Entre el escándalo Panama Papers y las cuentas offshore en Bahamas y Panamá, la declaración jurada del Presidente también generó algunos interrogantes: en 2014 dijo que tenía el 100 por ciento de un “lote de terreno” de 510,2 hectáreas en Tandil, luego dijo que en realidad eran 5102 y este año declaró solamente 5102… metros cuadrados.
En la remisería de la terminal municipal, el hombre que atiende el teléfono no sabe qué responder cuando se le pregunta por el Presidente. “Venía acá de chico, a la casa de la abuela, pero nada más”. Tampoco demuestra mucha emoción cuando se le menciona que Argentina tiene un presidente tandilense. El cajero del bar de la terminal es más directo: “Estuvo cinco minutos. No es Del Potro”, dice, por el tenista argentino, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río, oriundo de estos pagos.
El hombre que atiende el teléfono en la remisería, en cambio, sí tiene claras las coordenadas exactas de dos de las fábricas recuperadas del distrito: Impopar y Nuevo Amanecer, la más antigua y la más reciente, respectivamente, referencias ineludibles para pensar este presente de crisis, tarifazos y salidas colectivas creativas.
Porque hacia allí vamos.
El trabajo previo
Delante de la computadora en Impopar, Mascetti cuenta la historia:
“A mediados del ´99 la empresa había adquirido una deuda mayor a los 10 millones de dólares. Imaginate en ese momento. Era incomprensible, además, para una empresa que había facturado 20 millones durante el período 92-96 y llegó a contar con más de 250 empleados. Trabajábamos con tres turnos. Esto no paraba. Para evitar la quiebra entra en concurso de acreedores, donde se congelan las deudas y comienza una negociación. Desde esa fecha, la empresa no podía adquirir más deuda, y para controlar que no sucediera y velar por los intereses de los acreedores, aparece el síndico. El dueño, mientras, nos decía que teníamos que poner el hombre. Apareció otra empresa, Armagás, con la excusa de que Impopar estaba inhibida a realizar contratos comerciales con las cadenas Megatone, Frávega, Carrefour. Mientras, aportamos nuestro trabajo desde noviembre de 2001 a marzo de 2002, con un salario de 300 pesos”.
Hasta que no aguantaron más.
Hicieron paro.
Tomaron la fábrica.
“Casi un mes estuvimos. Nos ayudó mucho la Universidad. Siempre estuvo al pie. La señora del rector nos salió de garante para entrar. ¿Sabés cómo viajábamos a golpear puertas? Con boletos universitarios. No teníamos plata. Fue una lucha terrible”. Noemí Payero, secretaria, había entrado en el ´91 y pasó por los sectores de chapas, doblando caños y línea de ensamble: “Fue una amargura. No veíamos ningún panorama: no sabíamos qué hacer para poder seguir, porque vos tenés que vivir, tenés que comer, tenés que cubrir las necesidades básicas. Y se complica. La época era complicada”.
Argentina, de a poco, recién estaba recuperándose de la crisis del 2001.
Y de las cenizas había comenzado a llamear una palabra: autogestión.
Mascetti: “No había experiencia. No habíamos escuchado nunca de hablar de cooperativa. No había quién nos dijera: ´Vayan y toquen estas puertas´”. Payero: “Fue extraño: la primera vez que escuché la palabra cooperativa fue del dueño, porque quería formar una con nosotros y él seguir como dueño. Se quería beneficiar de muchas cosas, como la caída de los años de aportes. Teníamos miedo. Algunos pensaban que era mejor gerenciada, otros no. ¿Cómo seguir? La empresa debía un montón de plata a proveedores, a todos. ¿Cómo tener la credibilidad que nos fíen algo?”.
Oscar Villar, 47 años, en la fábrica desde el ´97, brinda esas respuestas:
“Hay una parte muy traumática que viene antes de la conformación de la cooperativa. Yo fui delegado gremial de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica), allá por el ´98, y empezamos a darle continuidad a las asambleas dentro de la fábrica cuando había algún tipo de conflicto o sólo para informar algo. Llevó un largo período, pero logramos dos cosas: que nos empecemos a juntar entre todos y también tomar confianza en nosotros mismos, entre los propios compañeros. En no ver al otro como sospechoso de que te puede llegar a buchonear por las ideas que tenés. En las metalúrgicas hay una gran presión de las patronales, no sólo por la producción sino también por el disciplinamiento al que someten a los trabajadores: el trabajador se va enajenando porque su misión es solamente ver la máquina. Por eso, en el 2003, ya no nos era ajeno poder resolver las cosas en junto, y fuimos nosotros en la sede de la UOM donde decidimos armar la cooperativa. El trabajo previo, entonces, había servido”.
La vaca dorada
Con toda la carga simbólica del nombre sobre los hombros, Nuevo Amanecer fue la última recuperada en Tandil. Ya había pasado la experiencia de Impopar, los conflictos en Cerámica Blanca (2011) y Ronicevi (2012), cuando en 2013 una nueva experiencia autogestiva nacía desde las profundidades de los tambos. La fábrica El Amanecer había sido fundada a fines de la década del ´30 y tenía dos patas: una en Mar del Plata, otra en Tandil. Hoy son más de 100 socios entre las dos, donde no sólo se mantuvieron las fuentes de trabajo sino que generaron más.
Ejemplo: en Tandil hay 30 personas trabajando.
Eran 7.
¿Cómo se explica esta ecuación insólita para estos tiempos?
La respuesta es el recorrido de esta fábrica que llegó a producir 150 mil litros de leche por día, y que cuenta José Miranda, 48 años, vicepresidente de la cooperativa y uno de los referentes en la recuperación en Tandil: “Fui delegado durante 12 años y pasamos varias etapas de patrones que le habían vaciado, y lo que nos quedó como última alternativa fue hacerla cooperativa. Empezamos a trabajar sólo 4 horas, después pasamos a 12, pero nos querían pagar 8 y romper los convenios colectivos. Como nosotros no aflojábamos, decidieron sacar el tambo, y ahí nos dejaron sin materia prima: la leche. Y al quedarnos sin leche, nos pedían que laburemos menos, después que laburemos cada 15 días, y así. Hasta que decidieron venderla”.
La empresa pasó de mano en mano, y las deudas también: “Se les dejó de pagar a los tamberos, se nos dejó de pagar a nosotros. En seis meses no se le pagó más a nadie. Era insostenible. Fue muy duro. Era algo que nunca se pensó que iba a cerrar”.
Era 2012.
Miranda: “Estuvimos 7 meses parados donde se han ido compañeros a laburar a otros lados, porque no te queda otra. Yo trataba de poner la planta en marcha, pero pasaron 2 meses y de repente te encontrás en tu casa sin laburo y la cabeza te come”. Los dos meses se hicieron tres, cuatro, siete. “El que pueda seguir laburando, que siga”. En Mar del Plata, mientras, la fábrica ya había vuelto a producir sin patrón. “El proceso allá era distinto, porque la leche fluida la envasaban y salía enseguida. Nosotros, que hacemos queso, al producto hay que aguantarlo. Nos decían que daba pérdidas”.
El primer tambo lo pusieron en marcha después de 7 meses. “Era un tambito en el paraje Vela, a 70 km de la fábrica, y sacábamos 600 litros día por medio. Íbamos con el camión sin seguro, en la precariedad total. Pero ese tambito empezó a reactivar, y la apuesta a los quesos fue lo que repuntó la economía”. Los quesos cremosos y gouda picaron en punta, y con rigor periodístico lavaca pudo chequear esa impresión: son riquísimos.
“Hoy no nos alcanzan los productos y hay una capacidad de expansión grande. Estamos en 60 mil litros por día y no nos alcanza. En Mar del Plata, por ejemplo, tenemos tres locales propios. En uno solo entran 1500 personas por día. Es un orgullo”. En Tandil tuvieron que inaugurar nuevos depósitos y en el punto de venta que tienen en las instalaciones ubicadas sobre el km 134 de la ruta 226 no paraa de entrar y salir personas deseosas de quesos, dulces de leche, yogures y etcéteras lácteos. “El vecino también ha aportado mucho en comprar nuestros productos”. La fábrica aportó lo suyo: la cooperativa decidió comercializar sus productos a precios económicos.
“Hoy cubrimos Mar del Plata, toda la zona de la costa, Tandil, Juárez, Tapalqué, Alvear, Azul, Olavarría. Tenemos obra social, tenemos jubilación, hacemos retiros semanales de 5 mil pesos por socio. Estamos facturando 15 millones de pesos por mes”.
¿Medalla olímpica para la vaca?
Miranda se ríe: “Y para los compañeros”.
El arte
Lautaro Palma tiene 20 años y es de la nueva camada autogestiva en Nuevo Amanecer. Es hijo de uno de los socios fundadores de la cooperativa. “Cuando cerró la fábrica, a mi papá le dieron un reparto de soda y quedó trabajando como sodero. Vi todo el movimiento que había desde casa. No es que no llegaba la plata, pero ya no era lo mismo. Fue raro. Difícil. Yo siempre lo veía levantarse a las 4 de la mañana y volvía a las 3 de la tarde, cansado. Dormía dos horas de siesta y después se iba de nuevo. Durísimo. Y, de un momento para el otro, tenés que ponerte la familia al hombro y otro montón de cosas que no estuvieron buenas”.
Lautaro no entra en detalles. Dice que tiene otras dos hermanas.
Y, con una sonrisa, que este presente cooperativo le resulta maravilloso.
“Es mi primera experiencia laboral. Estoy cómodo, me tratan de maravilla. Me han enseñado muchas cosas. Tuvimos un crecimiento importantísimo. Hay demanda, el producto se vende. La cooperativa es una de las mejores formas de trabajar. Esta forma te dan ganas de venir a trabajar. Y, además, veo que para mis compañeros volver a generar puestos de trabajo es genial”.
Uno de ellos es Hugo, 52 años. “Yo agarré otro laburo. Estuve de panadero, 9 meses, pero siempre acompañé, porque era algo que teníamos que hacer funcionar sí o sí. Es un negocio que daba. No podés largar 75 años de fábrica por unos chantas así, que ni son empresarios. Es una ofensa decirles así. Y el tiempo te da a querer lo que vos hacés. Por eso también estamos acá. Yo hago queso fundido. Y es un arte”.
La recontra lucha
En Impopar, el arte pasa por surfear la situación del país: Mascetti contabiliza 1500 equipos menos vendidos que en 2015. “Y es nuestra época fuerte, por el invierno, que suele cubrir los retiros de los meses siguientes, pero todo estuvo muy quieto. Ni la siderurgia mueve, porque el poder adquisitivo del obrero cada vez está más abajo. No te compran termotanque, cocina, nada de lo que sea chapa porque el producto no se vende. No sé qué va a pasar, pero así a fin de año no llegamos”.
¿Y el tarifazo? “La luz nos pasó de 9 mil pesos a 18 mil. El gas, todavía, no vino. Pero como el fallo de la Corte beneficia sólo a los usuarios residenciales, vamos a tener que salir a hablar, porque nos va a afectar rotundamente”.
Impopar llega a este escenario con media sanción en diputados a la prórroga por cinco años de la expropiación, cajoneada desde 2014. ¿Cómo es el trabajo cooperativo en estas épocas? “Psicológicamente te tenés que preparar. Imaginate que pasás del mal llamado patrón a ser vos quien maneja la fábrica. Estás acostumbrado a que vengan y te den una orden, pero acá vos tenés que tomar tu propia decisión y saber que lo hacés es para beneficio tuyo y del colectivo, de nadie más”.
Payero: “Todavía nos cuesta. Todos los días tenés que enfrentar cosas. Todavía tenemos arraigado el tema de ser empleado, de no quedarte 5 minutos más porque tenés que ver un pago. No somos dueños: somos socios. Y esto lo llevamos adelante juntos. Otra cosa: no tenemos estudios. Y nos cuesta. La remamos nueve horas por día, nos quedamos de más, pero son las ganas las que te empujan. Las de luchar y recontra luchar. Las ganas son la clave”.
Villar: “Es un día a día. La conciencia se va transformando con la práctica. Pero también hay que leer, nutrirse de la teoría de los que nos han dejado otros compañeros en otras épocas. Por supuesto que esta lucha es difícil, muy espinosa, donde hemos dejado salud, compañeros que han fallecido, algunos que se han ido por no creyeron. Es totalmente respetable. Pero lo más importante es que, más allá de todo, no nos quedaba otra salida: hicimos la cooperativa para tener trabajo”.
Miranda, de Nuevo Amanecer, aporta una receta personal: “Sacrificio, voluntad y horas. ¿Sabés qué le diría a un trabajador en esta situación? Que se puede”.
La mirada
Villar, de Impopar, deja en claro qué significa una recuperada. “No hay recetas. Es una experiencia más de la lucha de los trabajadores de nuestro pueblo. Debería funcionar un Estado que ponga todo su aval y apoyo en la recuperación de estas fábricas, porque los que generamos las riquezas de las sociedades somos los trabajadores, siendo cooperativa o sociedad anónima. La lucha es dura, durísima, pero vale la pena”.
¿Y cómo se ve esa lucha desde esta Argentina? “En estos meses hubo un gran saqueo a los sectores populares: de la derecha y del gran capital hacia los sectores más vulnerables. A este Gobierno hay que sacarlo. El tema es ver las herramientas para sacarlo por algo superior, y superior a lo que ya estaba. Las fuerzas represivas están avanzando totalmente en contra de los trabajadores. Se ve en cada movilización y en recuperadas como RB, donde nos sentimos completamente solidarios”.
RB es una metalúrgica recuperada en San Isidro, que aun con la fábrica funcionando y una ley de expropiación prorrogada por la legislatura bonaerense fue reprimida brutalmente por la Policía Bonaerense.
¿Cómo hay que accionar sobre ese panorama?
Piensa Villar:
“Lo más importante es la unidad de los sectores de las recuperadas. Y, también, tenemos que tener capacidad de poder actuar políticamente, porque a este país lo hicimos nosotros. Necesitamos a alguien que defienda nuestros intereses y vaya hacia otras perspectivas, porque si seguimos siempre con esta gente que nos está gobernando ahora, vamos a armar 20 mil organizaciones y movimientos, todos muy lindos, pero siempre vamos a tener un techo. Nosotros tenemos que empezar a pelear por el poder”.
-Bueno, algo es algo: un tandilense llegó.
Villar mira serio a los ojos serios y responde:
-No es tandilense. Su país son los grandes grupos económicos.

Nota
MU 212: El fin de un mundo

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Nota
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