Nota
México: cuando pasó el temblor
La sociedad superó a la autoridad ante un sismo que el mismo día que en 1985, como en una efeméride de catástrofe, volvió a golpear a la Ciudad de México. En todas las calles se ve la respuesta ciudadana ante la pasividad gubernamental, que no sabe cómo hacer para responder, y sólo atina a subirse a caballo de la solidaridad de la gente, que le queda como una máscara impostada. Para los de abajo no hay secreto: basta con saber mirar para el costado.
Por Eliana Gilet de lavaca.org
Fotos de Ernesto Àlvarez
Cae la noche y la sensación dista del pánico de las crisis. La ciudad está agitada, en movimiento, cansada pero de pie. Aunque no hay luz, se mueven con linternas. En las esquinas complicadas los vecinos organizan el tránsito. Los conductores los respetan y esperan el turno del banderazo de paso.

Escuela en la Ciudad de México afectada por el sismo de 7.1 grados.
Foto: Ernesto Àlvarez
La respuesta de la sociedad mexicana ante el segundo sismo que le cayó este mes rebasó a las autoridades, a los militares, a los medios masivos. Algunos todavía se niegan a aceptar el protagonismo de la gente en el rescate, insistiendo en que la manija de la cosa la lleva la Marina. A pie de calle se ve distinto: en los derrumbes, hombres y mujeres se ubican en filas que descargan los escombros, que van picando otras personas, en esa pirámide trunca que fue un edificio. La prioridad es el rescate de las personas atrapadas, que han sido halladas durante todo el día. Para hacerlo, los voluntarios se meten entre los huecos del derrumbe, afirman con un palo de madera la pared para que no los atrape adentro y van abriendo así una brecha en el desastre.
Hay gente de todas las edades pero la generación post 85 son mayoría, y todos mencionan al sismo que sucedió hace 32 años, aunque no lo recuerden o no lo hayan vivido, como motivo para estar ahí. Su respuesta es verdadera: aquella experiencia se metió en la genética colectiva, se hizo carne y reacción espontánea. Algo se aprendió, dicen los más veteranos, para que ahora la respuesta haya sido ésta, que les enorgullece y les infla el pecho.

Derrumbe en la Ciudad de México por el sismo de 7.1 grados el 19 de sep del 2017.
Foto: Ernesto Álvarez
La aparición de los efectivos del Ejército y la Marina en los derrumbes desarticuló esa organización autónoma hasta que la desplazó. En uno de los edificios de la residencial Colonia Del Valle, minutos antes de las ocho de la mañana del día 20 (tembló el 19, a la una de la tarde) los uniformados desalojaron a los voluntarios, brigadistas y a la prensa que registraba una versión distinta de la oficial que emitían las televisoras; no nos olvidemos de ellas.
Ya al final de la tarde del día del sismo, la autoridad había enviado policías a todos los derrumbes para mantener a la gente a raya en los lugares del desastre (sin que se hubiese suscitado ningún conflicto para ello) hasta que finalmente los sacaron a todos. Al segundo día, los pibes solidarios formaban largas colas durante horas para entrar con su ayuda, pero no se lo permitieron ya.
La gente no se fue, no abandonó el lugar porque creció entre todos una duda que corrió como un rumor: la autoridad va a cortar la búsqueda de los sobrevivientes y comenzará a usar maquinaria pesada para mover los escombros y liberar la vialidad. Así lo denunciaron los vecinos que se mantenían junto al derrumbe de la maquila de ropa marcas New Fashion y Foley´s en la Colonia Obrera. Durante horas no se supo, y no se sabe aún, cuántas personas estaban trabajando cuando el lugar se vino abajo. Un grupo de feministas autónomas documentó que entre las víctimas rescatadas hay por los menos tres mujeres asiáticas. Denunciaron que no se conoce la cantidad de gente atrapada porque no existe una planilla registrada de los trabajadores, lo que las hace sospechar que el resto de las personas atrapadas sean migrantes indocumentadas trabajando en negro y sin garantías. El dueño de la fábrica declaró pérdidas totales y se metió bajo la tierra.
Los que no se metían directamente a sacar escombro acopiaron víveres o replicaron en sus grupos de Whatsapp las necesidades más urgentes en distintos puntos. Como la información que circuló también era falsa o vieja, los usuarios de las redes empezaron a publicar la fecha y hora de sus reportes, o a usar un hashtag simple pero de peso como #Verificado19S.

Elemento de la Policía Federal desaloja civiles durante las labores de rescate en la Ciudad de México.
Foto: Ernesto Álvarez
Desde arriba
Al igual que con el sismo del 7 de Setiembre, que tuvo su centro en el sur del país y afectó mayormente a los estados de Oaxaca, Chiapas y Tabasco, la respuesta del Estado fue llamar a la solidaridad de la gente. Ni para los damnificados de aquel, ni menos para los de éste han soltado un peso ninguno de los niveles de gobierno existentes en México. Su respuesta oficial fue habilitar algunos lugares públicos, como centros deportivos o las casas de las oficinas delegacionales, para funcionar como albergues y centros de acopio de las donaciones ciudadanas, que ellos se encargarían de distribuir entre las zonas afectadas.
Uno de los albergues del sur de la ciudad, en el deportivo Rosario Iglesias, está rebosante de gente que ayuda a descargar autos y camionetas que llegan cargados de donaciones. Todo el hall central y un gran salón del costado están llenos de víveres. En la parte de atrás del deportivo, está el albergue. Apenas tres familias están allí, a pesar de que el lugar es enorme. Esto se repite en la mayoría de los que montó el gobierno de la ciudad: están vacíos. Por un lado, eso responde a que dos de las zonas más dañadas, las delegaciones Cuauhtémoc y Benito Juárez, son zonas centrales y codiciadas, donde vive gente con un poder adquisitivo que no necesita a dónde ir. Por otro, la gente cuyas casas no han caído, no se anima a abandonarlas.

Mujer en la Ciudad de México, quemada por una explosión de tanque de gas durante el sismo.
Foto: Ernesto Álvarez
A menos de diez cuadras del albergue, una cuadra de casitas de chapa y pasillos laberínticos, el barrio Las Cabañas, dónde la gente está instalada en la vereda desde que tembló. En una de las casas de la esquina explotó un tanque de gas en el momento del sismo y dejó heridas a varias personas, entre ellas dos niños menores de tres años y su mamá. La tía, la señora Guadalupe, también sufrió la explosión y está acostada en una carpa en la vereda, toda vendada, mientras dice que el médico le dijo que no tenía quemaduras graves y que podía irse a casa.
Otros vecinos de la misma cuadra reclaman que nadie ha venido a saber de ellos, principalmente que no han llegado los técnicos de Protección Civil para que certifiquen si sus casitas sencillas son habitables. Como hubo una fuga de gas, no han podido guisar, dice Micaela, una de las vecinas. A esa cuadra no ha llegado nada de los tantos acopios ciudadanos que el gobierno concentró (y hay uno a diez cuadras) ni tampoco los de la Cruz Roja. En la tarde del segundo día, dos médicos de la Delegación Coyoacán habían llegado al campamento improvisado, en donde ancianos duermen en la calle y decenas de niños corretean por ahí. Sólo tienen capacidad de dar atención primaria, explicó la doctora Claudia Gómez, y vacunar contra el tétanos que amenaza a la gente que convive sin agua corriente.
Mientras hablamos en la vereda y sobre nosotros se apilan unas nubes que cargan la lluvia que no ha caído en dos días, en la televisión se sigue paso a paso el rescate de la niña Frida Sofía, en una escuela primaria privada derrumbada a pocas cuadras de dónde conversamos. Micaela dice que uno de sus hermanos se fue corriendo a prestar ayuda a esa escuela, llamada Rébsamen, en cuanto oyó que había niños atrapados. Ahí también la Marina desalojó a todo el mundo y desde ese momento, el tema se convirtió en el centro de la atención de las televisoras, que transmitieron en vivo, día y noche, desde el punto del rescate. Se había anunciado que la niña estaba a salvo junto a otros cinco compañeritos, estaba su nombre, testimonio de sus padres y la decisión del Secretario de Educación Pública de ser parte del grupo que entrara a rescatarla. Ahí se concentró toda la ayuda oficial, hasta que la propia Marina -que era la fuente de esa información – anunció que todo era falso.
No hay niña atrapada: todo fue un montaje melodramático que sirvió como escenario para que la autoridad desplegara una eficiencia inexistente; y que desnudó, como nunca, el maridaje que tiene el poder con las empresas televisoras, a las que ya no les cree nadie.

Médicos de la Ciudad de México en el Hospital 20 de Noviembre atienden víctimas del sismo de 7.1 grados.
Foto: Ernesto Álvarez
Ese maquillaje descarado de la realidad reforzó la distancia entre la demagogia oficial y la respuesta genuina y espontánea de la gente. Quienes, uno tras otro, exaltan la solidaridad como parte de una identidad que los mexicanos han creado para sí mismos, a pesar de sus gobiernos.
Como dijo Italo Calvino: hay que buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio.
Mientras escribo estas líneas apuradas para volver a salir, la vecina de junto, la China, viene a golpearme la puerta. Trae un plato de arroz rojo en las manos, que preparó para llevar a los voluntarios del rescate en la maquila de la Obrera, a pocas cuadras de dónde vivimos. Se lo rechazaron porque le dijeron que ya tenían comida suficiente. Entonces ella regresó y repartió su arroz entre los vecinos. Estaba riquísimo.

Población civil durante derrumbe en la Ciudad de México por el sismo.
Foto: Ernesto Álvarez
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
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Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
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