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Otra vez palos, pero ganaron los vecinos

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Berazategui. Una represión más y van… tres. La Asamblea de Vecinos Autoconvocados por la vida que se organiza contra la instalación de la subestación eléctrica Rigolleau se encontraba el viernes 2 de marzo realizando una sentada pacífica en la zona dela Avenida21 esquina 142. Los vecinos del barrio que está literalmente sitiado por la policía, esta vez fueron reprimidos porque la empresa EDESUR necesitaba tapar unos pozos por donde pasan unos caños con cables. La resistencia de la asamblea a la conexión de la subestación es tan firme que la empresa de servicios públicos tuvo que contratar a las fuerzas de seguridad del Estado para lograr intentar su cometido. O al menos intentarlo, ya que al final de la jornada el camión con la mezcla de hormigón se tuvo que retirar.
Otra vez palos, pero ganaron los vecinos
La Asamblea de Vecinos Autoconvocados por la vida se viene organizando desde 2005 para alertar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) avala estudios epidemiológicos que han demostrado que la exposición a ciertos campos electromagnéticos de baja frecuencia pueden aumentar el riesgo de leucemia en niños e inducir otros tipos de cáncer y problemas de salud.
 
Nuevas técnicas policiales
Pero el problema ahora no es sólo electromagnético sino policíaco. Ernesto Salgado vive en Berazategui y es miembro del Foro en Defensa del Río de la Plata, la salud y el medio ambiente y participa de la asamblea.  Cuenta a lavaca: “El viernes 2 de marzo alrededor de las 5 de la tarde, cayó un camión con mezcla de hormigón con la intención de tapar los pozos del tendido del cableado, pozos que estamos impidiendo que tapen porque no respetan ninguna norma. Lo vecinos lo único que hicieron fue ponerse delante del camión, como forma indicativa de que no debía pasar y en ese momento cayó la infantería y la caballería por atrás de ellos y empezó a repartir palos a mansalva sin fijarse a quién le pegaban: mujeres, chicos, chicas, señoras que estaban con bebés”. Ernesto resalta las cualidades represivas de la policía: “Fue un forcejeo bastante duro y aplicaron técnicas que no las habíamos visto, como agarrar a la gente del cuello y llevarla a un punto tal de que perdieran casi el conocimiento, que se quedaran sin movimiento y de esa manera empujarlos contra la pared y después patearlos. Hay unos cuantos golpeados”.
 
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Barrio sitiado
Ernesto recuerda que el barrio está sitiado desde el 13 de febrero: “Está totalmente cercado por la policía con un vallado de más de dos metros de alto. Hablamos de siete cuadras del barrio que están valladas en dos partes, donde la gente no puede circular y se le pide documento para que puedan entrar en sus casas, como en los peores momentos del plan CONINTES diría yo, ni durante la represión de la última dictadura pasaron cosas de este tipo en el barrio”.
Luego de la represión, los vecinos intentaron hacer la denuncia enla FiscalíaDescentralizadade Berazategui. Ernesto cuenta las peripecias de tal tarea: “Hacer la denuncia en Berazategui siempre es un drama porque la oficina descentralizada es dela Municipalidad.Cuandofuims el viernes a la tardecita no estaba la fiscal de turno y querían que fuéramos a hacer la denuncia en la comisaría. O sea: que fuéramos a la policía a denunciar policías. Después de un intercambio de palabras en la fiscalía, se dignaron a comunicarnos telefónicamente que nos daban una cita el sábado a las diez de la mañana, cuando una fiscalía de turno tiene que estar las 24 horas a disposición de recibir cualquier tipo de denuncia. El sábado resolvieron -aplicando vaya a saber qué decreto que sacaron de dónde- que un persona hiciera la exposición y que después el resto acompañara con su firma y se las mandó a que las revisaran en una Unidad Sanitaria de Berazategui”.
 
Golpes vs. festejos
Ernesto enumera: “El barrio está rodeado, eso va contra todos los principios constitucionales. Además la fiscalía no te acepta correctamente la denuncia. El sábado por la tarde recorrimos el barrio con unos diputados nacionales y provinciales y no nos querían dejar pasar el vallado. Les contestaron de mala manera que si querían algún tipo de explicación fueran a la comisaría. Les importa un pito todo. Se sienten con una impunidad absoluta.
¿Cuál es la respuesta? “Les contestamos de otra manera: estamos en la plaza del centro de Berazategui, festejando el carnaval con murgas. No nos van a quitar la alegría y no nos van a doblegar, vamos a seguir peleando y esta es la demostración más acabada. El viernes nos golpearon y el sábado festejamos. Así fueron las tres veces anteriores que nos golpearon, siempre les contestamos con festivales con la consigna ‘Sí a la vida, no ala Subestación Rigolleau’.”
 
Berazategui y Famatina
La charla con Ernesto se da en el marco de un festival que los vecinos organizaron para el día posterior a la represión. Hay familias jugando con globos, tirándose espuma, hay murgas, música y malabares. Por el micrófono se escucha: “Hacemos este festival para sacarnos un poco la mala onda, la tristeza y el cansancio: decimos no a la represión, El Famatina no se toca, Catamarca no se toca, Berazategui tampoco. Basta de resolver los problemas con violencia. Somos un pueblo pacífico que solamente pide justicia, salud, trabajo, vivienda. ¿Dónde estála ConstituciónArgentina, nuestro derecho a la vida, nuestro derecho a un ambiente sano, nuestro derecho a expresarnos?”.
Mariana no se llama Mariana, es menor de edad, es muy flaquita, integra la asamblea y también la lista de beneficiarios de la represión del viernes. Ahora se saca los zancos y charla con lavaca: “Hoy hacemos un corso, yo hago circo, traje las clavas, y me acordé de los zancos, que me hice hace poco. Es una prueba, se habían roto, esperemos que no me fallen ahora. Ya me caí una vez y te hacés mierda.”
Le propongo comparar porrazos: “Si me caigo con los zancos me causa frustración; que la policía te pegue, causa impotencia y bronca. No tiene lógica lo que hacen, no puedo entenderlo. Estaban los de caballería, los de boina roja, que decían que no podíamos pasar, que teníamos que hacer toda la manifestación fuera de la valla. Estaba muy caldeado. Se pusieron delante de los pozos y no nos dejaban pasar, solamente una persona pasó y se quedó sentada al borde. Un policía que no tenía boina hablaba conmigo y me preguntaba qué onda. Le expliqué que hicimos todos los papeles y todas las legalidades y gestiones. Que si estamos ahí es porque ya no tenemos otra forma. Pero ellos ni saben, van, atacan y no saben a qué le pegan”.
 
Llamadas interferidas
Sigue Mariana que no es Mariana: “Lo que hace la empresa con la policía es una máquina de muerte. Viene el comisario D’Alessandro y nos dice que lo habían llamado del Ente Nacional Regulador dela Electricidad(ENRE). Le dijimos ‘a vos te atienden, a nosotros no, y en la Secretaría de Medio Ambiente a cargo del Dr. Juan José Mussi tampoco”
Según el relato de Mariana, otro policía advirtió que si los vecinos no se desplazaban, iba a haber detenciones. “Decidimos levantarnos, cantamos el himno. Nos quedamos fuera de las vallas. Llegan los de Infantería, los otros nos cierran el camino. Una compañera les pregunta ¿Por qué no puedo pasar? Y un policía le dice, ‘por qué no te dejás de romper las pelotas’. Ahí nos dimos cuenta que el camión de hormigón ya estaba cerca. Nos dividimos en grupos. Nosotros estábamos en la esquina para que no pase ningún camión. Nos enviábamos mensajes pero llegaban tarde. Las llamadas estaban recontra interferidas, se escuchaba un ruido de fondo detrás”.
 
Ahorcar con las manos
El propio chofer del camión de hormigón enviado por EDESUR, al cruzarse con vecinos que aplaudían como forma de protesta, pidió disculpas y amagó irse, pero dos policías se introdujeron en la cabina de conducción. Mariana continúa el relato: “Cruzamos unas ramas en la calle. Los de boina verde se vinieron en formación. El camión avanzó y algunos vecinos se acostaron o se sentaron en el piso. Llegan los policías sacan las ramas, empiezan a correr a una compañera. Un muchacho les dijo: ‘vos no la podés tocar porque es mujer’. Respuesta: ‘entonces a vos sí’. Le pegó en la frente con el bastón. Ahí empiezan a pegar”.
A uno de los que estaba acostado en el piso no lo podían levantar, y fue atacado por un policía que lo tomó del cuello. “Lo estaba desmayando. Justo ahí llegaron más vecinos. A mí me agarraron dos policías femeninas doblándome los brazos atrás, pero me solté y me volví a poner frente al camión. Un par de policías me vinieron a correr. La gente que estaba en sus casas, salía y pedía que dejaran de pegarnos”.
 
Camión, bombos y platillos
Mariana cuenta el último tramo de lo ocurrido: “El chofer estaba muy presionado por los policías que se habían subido. Tenía cara de desesperación… El camión logra pasar al playón de control urbano. Nos pegaban todos los policías, incluso los que antes se hacían los buenos. Había unos cuantos con cara de buscar sangre. Corrieron las vallas y aplastaron a un grupo de vecinos contra una pared. Un policía amagó a sacar el arma, nos apuntó y sus compañeros se lo llevaron. Pero al final el camión no descargó el hormigón, y se fue”.
¿Cómo y por qué continuar? Mariana es clara: “No tenemos que dejar que nos calle. Hubo hasta mujeres de más de 60 años a las que agarraban del cuello. Hay que defender la vida y no pueden meterte de prepo algo que todos saben que te puede enfermar y matar. Nos impulsa la bronca, pero también la alegría” dice la adolescente mientras suenan los bombos y platillos de la murga.
Las palmas acompañan el ritmo. Mariana está allá arriba, en sus zancos, revoleando armoniosamente unas banderas, sonrisa ancha, junto a un pasacalle: “Luz sin contaminación. Fuerala SubestaciónRigolleau”.

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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