Nota
Posta Sanitaria Cultural: 3° acto: Tejer alianzas para inventar el futuro
La ceremonia semanal portadora de arte tuvo lugar esta vez en las escalinatas del Teatro Colón. La Posta aportó lo que le falta en este momento al teatro reconocido mundialmente por su calidad: ópera, danza y poesía. Esta tercera irrupción en el espacio público es la última de este ciclo. La propuesta será abrazada por distintos centros culturales y salas teatrales de la ciudad que instalarán acciones artísticas puertas afuera de sus espacios – manteniendo el distanciamiento y las medidas higiénicas correspondientes- como una forma de recuperación de la calle y como invitación a reactivar la actividad cultural independiente.

Después de casi cinco meses la ópera vuelve al Teatro Colón. “Con te partiró” (“Contigo partiré”) es interpretada por Fernando y Luis De Gyldenfeldt, gemelxs artistxs e integrantes de Ópera Queer, dueto que intenta deconstruir y desacartonar al género lírico. Con brillos, encajes, pelucas y maquillaje acorde a una gala teatral, lxs hermanxs irrumpen con la potencia de sus voces en las escalinatas de la calle Libertad. Son poco más de las tres, en una tarde de casi veinte grados de temperatura y en la plaza frente al Colón hay varios pequeños grupos de personas al sol. Atraídos por los tonos de soprano y barítono -y probablemente también porque desde el 20 de marzo no hay música en vivo que no sea por streaming- muches se acercan para apreciar el show.
En el momento instrumental aparece una bailarina vestida de negro. Cecilia Grüner se desliza entre la escalinata y la vereda de un teatro de fama mundial por su acústica y su esplendor estético, un teatro cerrado desde el inicio de la pandemia.

Lxs gemelos vuelven a entonar la canción popularizada por el cantante italiano Andrea Bocelli y al finalizar, el público formado espontáneamente aplaude y agradece. Entonces se acerca y toma el micrófono la poeta y cantante Susy Shock. Y pregunta:
¿Qué queremos?
Queremos que entiendan una cosa muy simple: que esta pandemia no nos permita llenar una sala no significa que no podamos hacer teatro.
Las salas de los espacios oficiales de la ciudad de Buenos Aires están vacías, pero eso no significa que allí no podamos hacer nada.
Estos espacios existen. Sus estructuras humanas, edilicias, simbólicas existen y todo eso no está funcionando.
No nos referimos con esto a filmar cosas que se parecen al teatro y subirlas a las plataformas, aunque eso está muy bien, para empezar.
Pero podemos hacer mucho más con estas estructuras, llenas de fantasmas, cerradas desde hace meses.
Podemos, por ejemplo, hacer un debate nacional para pensar cómo será la escena que vendrá, sin violencias, y con relaciones más sanas que las que estableció la cultura del mercado.
O podemos hacer un ciclo que rescate la memoria de la escena argentina y transmitirlo por esa tevé que hoy sólo se dedica a contar muertes.
Podemos hacer un festival de improvisación que tenga como pauta transmitir las medidas de cuidado social y emitirlo por esas pantallas que hoy están infectadas de opinólogos.
Podemos llevar a esos barrios castigados por la desigualdad y paralizados por la cuarentena los mejores talleres de arte para que este tiempo sin empleo no sea un castigo sino una forma de recibir todo aquello que el trabajo agotador y mal pago les niega.
Podemos hacer una grilla para que las salas del complejo teatral Buenos Aires sean utilizadas por la escena independiente, de acuerdo a sus necesidades.
Podemos reunir a las personas que trabajan en el teatro oficial y a artistas de la escena Independiente y armar mesas de trabajo donde se discuta como articular esos dos sistemas de producción.
Podemos tener radioteatros en las emisoras públicas dedicados a rescatar las obras que nos legaron las grandes compañías.
Podemos hacer lecturas de aquellas obras de teatro que forman parte de las currículas escolares, para ayudar así a tantos docentes que están haciendo maravillas para sostener el sistema educativo en medio de este aislamiento obligado.
Podemos también recordarle al Estado que la labor de les trabajadores de la cultura merece el mismo tratamiento que le están dando a las grandes empresas concentrada.
Podemos usar este tiempo para repensar nuestras prácticas y vínculos
Podemos pensar a futuro.
Generar nuevas alianzas.
Inventar juntes cómo seguir.
Podemos hacer todo esto y mucho más.
Lo que no podemos es seguir paralizadas, quietas como liebres cegadas a la luz, con la gestión cultural pública abandonada como si en este contexto no fuera algo esencial.
Lo que no podemos es seguir sin existir.
Primero que nada porque existimos, tenaz y persistentemente
Pero además porque, en medio de tanto dolor y pérdida, hacemos falta
¿Es que acaso el Estado cree que el teatro y la danza no son importantes en este contexto?
¿Cómo es que vamos a reunirnos de ahora en más?
¿Cómo vamos a volver a mirarnos a los ojos?
¿Cómo nos vamos a vincular con el cuerpo de les otres?
¿Cómo vamos a volver a estar juntes?
Llevamos mucho tiempo pensando, haciendo y sintiendo cosas que giran sobre esas preguntas.
Trabajamos en comunidad y develando la belleza del mundo
Hay que inventar un futuro y para eso somos esenciales
Dejen de ignorarnos
Abran los teatros.

Se escuchan aplausos y varios “¡Bravo!”. Así concluye la tercera Posta Sanitaria Cultural. La poesía, la música y la danza ocuparon el espacio público durante once minutos enn la puerta de un teatro que – como tantos otros de la ciudad- sigue con las butacas vacías. Este ciclo que transitó por el Teatro Alvear y el Teatro San Martín, hoy tuvo su cierre en el Teatro Colón. Mientras sea necesario, lxs hacedorxs de cultura, continuarán golpeando las puertas cerradas de los teatros y ofreciendo su arte como llave. En movimiento, siempre alertas, con sus actos esenciales.

La ceremonia semanal portadora de arte tuvo lugar esta vez en las escalinatas del Teatro Colón. La Posta aportó lo que le falta en este momento al teatro reconocido mundialmente por su calidad: ópera, danza y poesía. Esta tercera irrupción en el espacio público es la última de este ciclo. La propuesta será abrazada por distintos centros culturales y salas teatrales de la ciudad que instalarán acciones artísticas puertas afuera de sus espacios – manteniendo el distanciamiento y las medidas higiénicas correspondientes- como una forma de recuperación de la calle y como invitación a reactivar la actividad cultural independiente.

Después de casi cinco meses la ópera vuelve al Teatro Colón. “Con te partiró” (“Contigo partiré”) es interpretada por Fernando y Luis De Gyldenfeldt, gemelxs artistxs e integrantes de Ópera Queer, dueto que intenta deconstruir y desacartonar al género lírico. Con brillos, encajes, pelucas y maquillaje acorde a una gala teatral, lxs hermanxs irrumpen con la potencia de sus voces en las escalinatas de la calle Libertad. Son poco más de las tres, en una tarde de casi veinte grados de temperatura y en la plaza frente al Colón hay varios pequeños grupos de personas al sol. Atraídos por los tonos de soprano y barítono -y probablemente también porque desde el 20 de marzo no hay música en vivo que no sea por streaming- muches se acercan para apreciar el show.

En el momento instrumental aparece una bailarina vestida de negro. Cecilia Grüner se desliza entre la escalinata y la vereda de un teatro de fama mundial por su acústica y su esplendor estético, un teatro cerrado desde el inicio de la pandemia.

Lxs gemelos vuelven a entonar la canción popularizada por el cantante italiano Andrea Bocelli y al finalizar, el público formado espontáneamente aplaude y agradece. Entonces se acerca y toma el micrófono la poeta y cantante Susy Shock. Y pregunta:
¿Qué queremos?
Queremos que entiendan una cosa muy simple: que esta pandemia no nos permita llenar una sala no significa que no podamos hacer teatro.
Las salas de los espacios oficiales de la ciudad de Buenos Aires están vacías, pero eso no significa que allí no podamos hacer nada.
Estos espacios existen. Sus estructuras humanas, edilicias, simbólicas existen y todo eso no está funcionando.
No nos referimos con esto a filmar cosas que se parecen al teatro y subirlas a las plataformas, aunque eso está muy bien, para empezar.
Pero podemos hacer mucho más con estas estructuras, llenas de fantasmas, cerradas desde hace meses.
Podemos, por ejemplo, hacer un debate nacional para pensar cómo será la escena que vendrá, sin violencias, y con relaciones más sanas que las que estableció la cultura del mercado.
O podemos hacer un ciclo que rescate la memoria de la escena argentina y transmitirlo por esa tevé que hoy sólo se dedica a contar muertes.
Podemos hacer un festival de improvisación que tenga como pauta transmitir las medidas de cuidado social y emitirlo por esas pantallas que hoy están infectadas de opinólogos.
Podemos llevar a esos barrios castigados por la desigualdad y paralizados por la cuarentena los mejores talleres de arte para que este tiempo sin empleo no sea un castigo sino una forma de recibir todo aquello que el trabajo agotador y mal pago les niega.
Podemos hacer una grilla para que las salas del complejo teatral Buenos Aires sean utilizadas por la escena independiente, de acuerdo a sus necesidades.
Podemos reunir a las personas que trabajan en el teatro oficial y a artistas de la escena Independiente y armar mesas de trabajo donde se discuta como articular esos dos sistemas de producción.
Podemos tener radioteatros en las emisoras públicas dedicados a rescatar las obras que nos legaron las grandes compañías.
Podemos hacer lecturas de aquellas obras de teatro que forman parte de las currículas escolares, para ayudar así a tantos docentes que están haciendo maravillas para sostener el sistema educativo en medio de este aislamiento obligado.
Podemos también recordarle al Estado que la labor de les trabajadores de la cultura merece el mismo tratamiento que le están dando a las grandes empresas concentrada.
Podemos usar este tiempo para repensar nuestras prácticas y vínculos
Podemos pensar a futuro.
Generar nuevas alianzas.
Inventar juntes cómo seguir.
Podemos hacer todo esto y mucho más.
Lo que no podemos es seguir paralizadas, quietas como liebres cegadas a la luz, con la gestión cultural pública abandonada como si en este contexto no fuera algo esencial.
Lo que no podemos es seguir sin existir.
Primero que nada porque existimos, tenaz y persistentemente
Pero además porque, en medio de tanto dolor y pérdida, hacemos falta
¿Es que acaso el Estado cree que el teatro y la danza no son importantes en este contexto?
¿Cómo es que vamos a reunirnos de ahora en más?
¿Cómo vamos a volver a mirarnos a los ojos?
¿Cómo nos vamos a vincular con el cuerpo de les otres?
¿Cómo vamos a volver a estar juntes?
Llevamos mucho tiempo pensando, haciendo y sintiendo cosas que giran sobre esas preguntas.
Trabajamos en comunidad y develando la belleza del mundo
Hay que inventar un futuro y para eso somos esenciales
Dejen de ignorarnos
Abran los teatros.

Se escuchan aplausos y varios “¡Bravo!”. Así concluye la tercera Posta Sanitaria Cultural. La poesía, la música y la danza ocuparon el espacio público durante once minutos enn la puerta de un teatro que – como tantos otros de la ciudad- sigue con las butacas vacías. Este ciclo que transitó por el Teatro Alvear y el Teatro San Martín, hoy tuvo su cierre en el Teatro Colón. Mientras sea necesario, lxs hacedorxs de cultura, continuarán golpeando las puertas cerradas de los teatros y ofreciendo su arte como llave. En movimiento, siempre alertas, con sus actos esenciales.

Nota
MU 215: Sin chamuyo



Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va
Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.
Por Francisco Pandolfi

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema
Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.
Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país.
Por Sergio Ciancaglini

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio
La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.
Por Lucas Pedulla

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden
La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.
Por Claudia Acuña

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película
Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.
Por María del Carmen Varela

Un biodrama del presente: Puta madre
La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.
Por Evangelina Bucari

La Cogolla: Flor de cultivo
Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.
por María del Carmen Varela

Desentendimiento: Fingir demencia
Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del Más Acá: Parlantes
Por Carlos Melone
Nota
MU 214: Mujer maravilla

Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz
Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.
Por Francisco Pandolfi

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.
Por Lucas Pedulla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez
“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.
Por Evangelina Buccari

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina
La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.
Por Bernardina Rosini

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.
Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta
Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.
Por Sergio Ciancaglini

El trava power: Las Simbióticas
Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.
Por María del Carmen Varela

Ser de luz: Nina Suárez
Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.
Por Franco Ciancaglini

Crónicas del más acá: GPS
Por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
- ComunicaciónHace 3 semanas
Las agallas de Agulla
- MU214Hace 3 semanas
La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich
- MU214Hace 4 semanas
El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión
- Crisis ambientalHace 2 semanas
Atanor: condena confirmada por “daño irreversible” al río Paraná y contaminación de aire, suelo y agua con agrotóxicos
- MU214Hace 4 semanas
Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

































