Nota
¿Quién habla?: un libro sobre la explotación del alma
«¿Quién habla? Lucha y explotación del alma en los call centers» es un nuevo libro de Tinta Limón que explica en qué consiste ese trabajo-símbolo de los nuevos modos de explotación donde importa más la obediencia que la productividad, y las relaciones laborales son meras formas de domesticación. Aquí, el libro completo en formato pdf. Y la posibilidad de comprarlo en forma directa, para apoyar a quienes están tejiendo formas de organizar estas nuevas batallas.
El nuevo libro editado por Tinta Limón «¿Quién habla? Lucha y explotación del alma en los call centers» fue preparado por un colectivo fundado para la ocasión, integrado por Nico Barraco, Marzo y Kris, y el Colectivo Situaciones. A través de una serie de textos, conversaciones, informes y preguntas, ¿Quién habla? se interroga sobre qué significan estas relaciones que imponen empresas dedicadas a la venta de productos inútiles que se ofrecen a través de un ejército de trabajadores sometidos por una verdadera ingeniería de control.
El libro encuentra su mejor síntesis en la definición de sus propósitos:
«Este trabajo surge a partir de la experiencia de los call centers. Intenta encontrar en ella indicios de lucha y creación capaces de dar cuenta de una triple realidad: la resistencia contra un modo de explotación que sólo en Argentina reúne a uno/as 50.000 jóvenes; la difusión de rasgos de una elaboración en marcha en tantas otras experiencias de explotación y resistencia del capitalismo actual y, finalmente, una invitación a desarrollar armas propias, es decir, a retomar las imágenes, las palabras, los conceptos y los afectos como instrumentos productivos de las luchas por venir».
A través de su lectura, ¿Quién habla? responde a la pregunta que nos plantea desde el título: en sus páginas escuchamos a quienes ingresaron a esa realidad oculta bajo extrañas palabras, charlando sobre el cotidiano de su dolor; las conversaciones con sus jefes o sus madres; detallándonos la geografía de esos continentes sumergidos (“la empresa hizo una pared de 25 metros para dividir un call center de 100 metros en dos lugares: el Norte y el Sur, como la división del mundo”. Y en ese Sur -al que un gerente bautiza “Camboya”- confinan a los delegados y activistas.); pero también las formas que idearon de resistencia y sus consecuencias impredecibles: a una protesta le siguió, por ejemplo, el fin del trabajo. “Nos quitaron por completo todas las llamadas. Aprendimos a jugar al TEG, a tejer o a coser. No hay literalmente nada para hacer”.
Escuchamos, también, el intercambio entre el filósofo italiano Paolo Virno y un grupo de jóvenes (Nico, Kris, Sebastián, Marzo, Vero) sobre eso que él llama “las fábricas de charla”, re-apropiándose así no solo del poder de nombrar, sino del verdadero sentido de estas nuevas producciones a las que el sistema dedica tanto esfuerzo: “Se trata –explica Virno- del núcleo central del post fordismo: el lenguaje puesto a trabajar”. Y ésa es una “novedad” que marca toda nuestra época.
Sigue Virno en la charla que nos permite escuchar este libro:
–La palabra clave es “profesionalidad” –muy empleada al menos en Italia, pero seguramente en todas las fábricas de charla, en todos los lugares donde el lenguaje ha sido puesto a trabajar- porque está muy cargada afectivamente y, a la vez, está muy vacía. ¿Por qué? Porque la profesionalidad alrededor de un call center, por ejemplo, es conversar, consolar, informar, mentir.” (Pregunta para los “profesionales” de nuestro oficio: ¿cómo se escucha esta frase de Virno dentro de un medio de comunicación? )
Virno nos habla, a continuación, del sentimiento de deshonor de los trabajadores de estas fábricas. O nos interroga, luego, sobre los nuevos imposibles: ¿cómo se hace una huelga en semejante fábrica de aire?
En el libro no hay respuestas, sino pistas –muy profundas- que intentan trascender el mero diagnóstico. Una, por ejemplo, refiere a la idea de “infantilización” tan útil para que una generación comprenda a la otra: de cómo la producción de vida ha variado su reloj biológico para sintonizar con los requerimientos de un sistema que utiliza como materia prima nuestras almas.
En “¿Quién habla?” hay muchas más voces, por supuesto. Todas y cada una desfilan como un relato coral, hasta desparramar las piezas de ese universo que otros llamaron call center, pero que –se revela finalmente- refiere a mucho de aquello que entre las tinieblas se intuye como la más contemporánea realidad.
Al colectivo que ha realizado este libro lo impulsa, fundamentalmente, una necesidad: ser escuchados. Es por eso que ofrece en formato pdf su producción, con la intención de que se multipliquen los canales de reproducción de estas voces. Sumamos entonces nuestra página para que así sea.
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

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