Nota
El partido más importante

Ella es hija de uno de los 30.000 detenidos-desaparecidos y él, hijo de un represor de la última dictadura. Ambos son hinchas de Racing. Julián Scher los reunió en el Cilindro para hablar de todo lo que nos une, además de los colores, y también de lo que no: las historias familiares, lo que sabe y lo que se arrancó, las preguntas entre ellos, las contradicciones, y las elecciones desobedientes.
Por Julián Scher
-Hubiera querido tener un papá como el tuyo.
-Me duró poco.
-Y a mí el mío me está durando demasiado.
Leonardo Miranda, hincha de Racing, está sentado sobre una silla blanca de plástico en el Recinto de Honor del Estadio Presidente Perón. Es la mañana del 24 de marzo y el viento se cuela con fuerza por la única puerta abierta. Integrante de Historias Desobedientes, el colectivo de familiares de represores que condenan el accionar de sus parientes, se le ponen los ojos vidriosos cuando le dice a Zulema Chester, también hincha de Racing, que le hubiera encantado que su papá fuera alguien como Jacobo Chester y no alguien como Ricardo Benjamín Miranda Genaro, jefe del Departamento 2 de Informaciones de Mendoza, condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad desde el 22 de marzo de 2013.
Dos voces que coinciden en dos puntos: por un lado, ambas enfatizan la certeza de que la Argentina sufrió un genocidio que merece el máximo repudio por los tiempos de los tiempos; y, por el otro, ambas suscriben el afecto hacia el club que acaba de cumplir 119 años. A su vez, las separa una abismo insoslayable: ella es hija de uno de los 30.000 detenidos-desaparecidos y él, hijo de un represor de la última dictadura.
Zulema escucha a Leonardo desde el sector opuesto de la mesa, a un metro de distancia, con la mano apoyada en el sobre de papel madera donde guarda el carnet de socio eterno de Racing que recibió el 7 de diciembre de 2021 adentro del campo de juego del Cilindro. Jacobo, su viejo, trabajador del Hospital Posadas, fue secuestrado el 26 de noviembre de 1976 por el grupo de tareas que operaba en el centro clandestino de detención que funcionaba adentro del centro de salud. Zulema y su mamá reconocieron los rostros de los represores. No se los olvidaron jamás.
Se ven por primera vez en la cancha del club del que son simpatizantes. Es el sitio que podía reunirlos. Suben a paso lento hasta una de las plateas bajas. Posan para una foto. Zulema es de la Academia por su papá y lo acompañó varias veces a la tribuna de chiquita. Sintió una vez más el orgullo de la herencia cuando Racing les restituyó la condición de asociados a su viejo y a otros 45 hinchas y socios detenidos-desaparecidos por la última experiencia genocida que sufrió el país. Leonardo siguió el acto desde su Mendoza natal. Aprendió a querer esta camiseta de la mano de un amigo de la secundaria que le contagió la locura celeste y blanca. En su casa eran de River pero había algo en esa pertenencia que no encajaba. Conoció la popular de Avellaneda promediando la década del noventa cuando visitó Buenos Aires para un congreso universitario. El bautismo en la cancha lo impresionó.

Leonardo pregunta primero:
-¿Qué tan al tanto estabas de la vida de tu papá?
-Nada me era ajeno. Mi papá era algo como muy mío. Mi viejo no era un militante político. Era un buen tipo, empático con el dolor de los demás, solidario con sus compañeros y con sus amigos. Laburaba en las guardias del Hospital y hablábamos mucho de lo que pasaba en la calle. Me decía que llevara la Estrella de David adentro de la ropa porque nadie tenía por qué saber cómo pensaba o cómo me identificaba. Eso me permitió entender muchas cosas que pasaron después.
-¿Y cómo fue el día siguiente al secuestro?
-Enseguida entendimos que todo tenía que ver con el Hospital y fuimos a buscar una respuesta ahí. El Posadas estaba tomado militarmente desde el 28 de marzo de 1976 y ya había un clima enrarecido. Mamá, que también trabajaba ahí, volvía y contaba que se habían llevado a fulanito. Mi papá pensaba en cómo acercarse a la familia para ayudarla. Intentamos hablar con el director pero no nos recibió y en la comisaría tampoco tomaron la denuncia. No fue fácil.
Ahora es Zulema quien toma la posta:
-¿Cuándo te diste cuenta?
-De grande. Soy el más chico de cinco hermanos. Mi infancia fue con un papá adorable: me llevaba a pescar, jugaba a la pelota. Me crié en el Barrio Policial y crecí yendo al Círculo Policial. Yo sabía que él era un policía muy reconocido que se había retirado con la máxima jerarquía. Gran parte de mi vida la pasé teniendo un papá “normal”. La derogación de las leyes de impunidad fue el primer detonante porque desató tensiones que no existían. Pero recién en 2012, cuando empezó el juicio, caí en la realidad. Fui a ver al defensor oficial y me contó que mi padre estaba imputado por el secuestro de Antonia Campos y de José Alcaraz. Y que Martín, el hijo de ambos, de sólo nueve meses, había sido apropiado aquel 6 de diciembre de 1977. Ahí comenzó el proceso de vergüenza que me llevó al lugar de la desobediencia.
-¿Entraste alguna vez a la D2?
-Mi papá me llevó una vez cuando era jefe. Me fui a curiosear y me topé con unos calabozos con personas. Salí corriendo y nunca dije nada. Volví mucho después, cuando ya había sido declarado centro clandestino de detención, y me paré exactamente en el mismo pasillo y vi exactamente el mismo calabozo. Mi papá llegó incluso a negarme que ahí hubiera calabozos. Pero eso no es nada. En nuestra última discusión, cuando le hablé de Antonia Campos y de José Alcaraz, me respondió que cómo sabía que estaban desaparecidos, que a lo mejor estaban en una playa paradisíaca del Caribe. Y ahí te das cuenta de que no es que no te quiera a contar a vos: es que mantiene a ultranza el pacto de silencio.
«Mi papá todavía vive con la ilusión de que el proceso judicial vuelva hacia atrás. Creyó que eso iba a suceder durante el gobierno de Macri».
Leonardo miranda
Leonardo asume que está para hacer pública su historia: “Racing es la oportunidad de reconectar con la mística futbolera, es la pasión loca por los colores”. Y sigue:
-Durante mucho tiempo, creí que mi papá se podía arrepentir. Pensaba que, si entendía lo que significaba desaparecer personas, a lo mejor aparecía algo de humanidad en él. Se lo pregunté: “¿Sentís algo? ¿Te pasa algo?”. Y no. No le pasaba nada.
Zulema revolea los ojos para los cuatro puntos cardinales. Acota que nadie llega al puesto de jefe del centro clandestino de detención de la Policía de Mendoza sin formarse durante años para eso. Dicho de otro modo: Miranda Genaro no era ningún perejil. Pregunta además si las hijas de Leonardo tienen contacto con el abuelo represor. Le inquieta también el rol de la madre de Leonardo en todo esto.
-Me cuesta mucho analizar a mi mamá. Creo que no estaba de acuerdo, que algo de esta rebeldía se lo debo a ella. Que no se atrevió a más por su mandato familiar pero que, en la intimidad, hubiera deseado otra vida. La voy a visitar cada dos o tres semanas porque pienso que cada vez puede ser la última. Y siempre me abre la puerta mi papá, que está mejor que ella de salud. Pido que entiendan que no es fácil para nosotros.
Miranda Genaro, 89 años, goza de la prisión domiciliaria. El 3 de mayo de 2017, la Corte Suprema de Justicia declaró aplicable la ley 24.390, más conocida como 2×1, para el caso del represor Luis Muiña. Muiña integraba la patota que secuestró a Jacobo Chester. Un tsunami de repudio produjo la marcha atrás. Se gritó, se grita y se seguirá gritando: el único lugar para un genocida es la cárcel. El tema asoma inevitable en la conversación. Zulema respira lo más profundo que puede. Leonardo detalla:
-Es una contradicción. Adhiero a la consigna general de cárcel común pero, por mi mamá, estoy a favor de la domiciliaria para este caso. Si ella no viviera, yo estaría más cómodo con que mi papá estuviera en la cárcel. Se mezcla todo. Sí quiero que lo exoneren cuanto antes de la Policía. Es una barbaridad que siga figurando con retiro efectivo.
Zulema calla. Leonardo aguarda. En medio de ese silencio, queda espacio para una pregunta:
-¿Soñás con que se te terminen las contradicciones con este tema algún día, Leonardo?
-Sí, claro. Lo hablé mucho en terapia. Se dará con el tiempo.
-El paso del tiempo –interrumpe Zulema- no cambia las cosas.
-Pasa que mi papá todavía vive con la ilusión de que el proceso judicial vuelva hacia atrás. Creyó que eso iba a suceder durante el gobierno de Macri.
Se miran a los ojos de nuevo. De fondo, las réplicas de los trofeos que la Academia obtuvo cuando fue heptacampeón entre 1913 y 1919. Zulema gira la cabeza hacia las copas: “Racing es mi papá agarrándome de la mano para entrar a la cancha”. Luego inquiere por los archivos genocidas que no aparecen. Leonardo contesta que desde Historias Desobedientes no sólo esperan aportar a los procesos judiciales sino también contactar a otros hijos para Interrumpir los mandatos perversos y la repetición de esos mandatos en el futuro. “Varios de mis sobrinos son negacionistas porque tres de mis hermanos defienden a rajatabla a mi papá”. Zulema enfatiza: “El silencio es perpetrar hasta el día de hoy los hechos. Es terrible que sigan sin decir dónde están los cuerpos y a quiénes les entregaron a los chicos”.
Nuevo silencio, nueva oportunidad para introducir otro interrogante:
-¿Estás de acuerdo con que no puede haber ni perdón ni reconciliación con alguien como tu papá?
-Sin dudas. Si a mí me desapareciera un papá como el de Zulema, ni perdón ni olvido ni reconciliación ni nada. Es un daño a la humanidad. Es lesa humanidad. Seríamos un país más solidario y más justo si no hubieran desaparecido a tantos compañeros. Puedo volver a la vergüenza de decir que mi papá fue culpable de que las personas como Jacobo desaparecieran. Fue culpable de que este mundo no pueda estar mejor.
Zulema asiente con una mueca y acomoda la palma de la mano justo encima de donde sabe que está el carnet de su papá. El resto le sale solo:
-Es lo bueno de la vida: mientras la tenemos, podemos elegir de qué lado nos paramos. Bienvenido a este lado de la galaxia.
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
Cabo suelto: Crónicas del más acá
Carlos Melone
INFORME ENERO-FEBRERO 2026 DEL OBSERVATORIO LUCÍA PÉREZ DE VIOLENCIA PATRIARCAL
Temporada de femicidios

Por el Observatorio Lucía Pérez de Violencia Patriarcal (https://observatorioluciaperez.org/)
Durante el verano de este 2026 sufrimos un femicidio y una tentativa de femicidio cada día y medio. Un promedio alarmante que, además costó la vida de cuatro criaturas; tres de ellas apenas superaban el año.
Las víctimas tienen un rango etáreo que va de los 78 a los 17 años y dejaron a 16 infancias huérfanas.
Los datos: enero y febrero suman 43 femicidios y 43 tentativas de femicidio.
No son cifras. Son vidas, como la de Natalia Cruz (foto principal), en Campo Quijano, Salta: su hermana también fue víctima de femicidio años atrás. Hubo marchas para exigir justicia durante casi todos los días desde el día del crimen en que se fugó su asesino –17 de febrero– hasta ayer, cuando finalmente lo atraparon, consecuencia de haber logrado con estos reclamos que la fiscalía ofrezca una importante suma de recompensa por información sobre su paradero.
Lo que deja este verano también es la condena a perpetua por los femicidios territoriales de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito, de 25 y 28 años, en Rosario, Santa Fe, la ciudad más castigada con este tipo de asesinatos.

Estefanía y Mariela Gorosito, dos femicidios territoriales en Rosario.
Así el Poder Judicial reconoció por primera vez y explícitamente la relación entre la violencia del narcotráfico y la de género. Tal como expuso claramente el fiscal Patricio Saldutti “Estefanía y Marianela fueron asesinadas en un contexto de violencia de género extrema. Fueron tratadas como moneda de cambio o como mensajes enviados a través de sus cuerpos para saldar deudas. El desprecio por su condición de mujeres es evidente en la forma en que fueron captadas, trasladadas y descartadas como si sus vidas no valieran nada”.
El condenado es Pablo Nicolás Camino, de 31 años, jefe de una cédula de la banda narco Los Monos, quien ya acumula 40 años de prisión por delitos de homicidio, balaceras y asociación ilícita y está procesado, entre otras causas, por el ataque al supermercado que pertenece a la familia de Antonella Roccuzzo, esposa de Lionel Messi.

Pablo Nicolás Camino, condenado por el femicidio de las hermanas Gorosito.
Pablo Camino ordenó la ejecución de las hermanas desde el penal donde cumple condena. Es decir: estaba bajo la responsabilidad de las autoridades penitenciarias en el momento de organizar el crimen. A Marianela le dispararon ocho veces. A Estefanía, cinco. Sus cuerpos fueron encontrados en un basural al día siguiente de la ejecución.

A 50 años del golpeHace 3 semanasMemoria, verdad, justicia y Norita

Derechos HumanosHace 4 semanasEquipo Argentino de Antropología Forense: 12 cuerpos hallados en el centro clandestino militar de La Perla

A 50 años del golpeHace 3 semanasNietes: tomar la posta

A 50 años del golpeHace 3 semanasCrecer bajo el terror: Infancias y dictadura

A 50 años del golpeHace 3 semanasCarta abierta: Miseria planificada 2026

























