Nota
Mi vecino, un desaparecido
Los desaparecidos de San Telmo estuvieron, este sábado, presentes.
Trescientas personas lo gritaron 29 veces, una por cada militante popular del barrio que secuestró allí mismo la última dictadura.
Se hicieron presentes, además, no sólo en la memoria; también en cada una de sus viejas casas, donde esta procesión que recorrió más de seis kilómetros en tres horas, dejó estampada sus fotos, sus historias y sus sueños.
La marcha de homenaje a los desaparecidos de San Telmo se convirtió así en una gran aguja humana que se propuso coser y coser. Cosió la memoria para remendar el olvido. Cosió los sueños de ayer y de hoy para cerrar las pesadillas. Zurció tiempos distintos en un mismo territorio, el barrio, convertido en refugio de la resistencia contra el poder y la desigualdad.
A las cuatro de la tarde, el punto de partida es la Plaza Dorrego. Allí comienza a desplegarse la bandera de H.I.J.O.S., pero también la de la Asamblea vecinal de Plaza Dorrego. Están los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo, pero también los negros y rojos de la agrupación de trabajadores desocupados Movimiento Tierra y Liberación. Hay remeras del Che Guevara y también las diseñadas por el Taller Popular de Serigrafía, esas que dicen «Somos nosotros. 19 y 20 de diciembre». Están las siluetas de cartón de tamaño humano, las que evocan a los desaparecidos desde aquel siluetazo realizado a fines de la dictadura, y están también las poéticas pintadas del Grupo de Artistas Callejeros.
La militancia de ayer y hoy enhebran sus hilos.
La avanzada de la marcha es una especie de «brigada» universitaria, conformada por estudiantes de las agrupaciones independientes de la Universidad de Buenos Aires. Hay integrantes de El Mate, T.N.T y La Mariátegui, entre otras organizaciones. Los jóvenes caminan varios metros delante de la columna, pegando stickers en paredes y columnas de alumbrado. «Sin el golpe de Estado del 76… ¿habría chicos muriéndose de hambre?», pregunta una calcomanía. «En la dictadura no se enteraban de nada…, ¿se enterarán de lo que está pasando ahora?», cuestiona otra. «Faltan 30.000 militantes para cambiar el país», afirma una tercera.
La primera puntada ya está dada.
«Presente», se grita por primera vez en Defensa 1066, donde hace 26 años vivía Sergio Aneiros, escenógrafo del Teatro Discépolo. Desapareció el 16 de diciembre de 1977 a las 0.40. Hoy en ese lugar funciona la galería El Solar de French, donde los turistas y anticuarios se mezclan con mendigos y cartoneros.
La historia oficial indica que Buenos Aires nació en el actual Parque Lezama, mientras que otras teorías arriesgan que don Pedro de Mendoza plantó banderas en lo que hoy son las calles Paseo Colón y Humberto Primo. Las dos versiones localizan a esa primera y fallida fundación en San Telmo, una geografía marcada a fuego por la experiencia de ese conquistador que soñaba con El Dorado y se encontró con tierras inhóspitas y violentas. Sobre esa contradicción se sostiene, aún hoy, la fisonomía de este barrio que hace equilibrio entre las promesas de la gran ciudad y la condena de ser Rivadavia al sur. Desde sus orígenes, es un espacio en pugna: españoles/indios, inmigrantes/criollos, anticuarios/artistas vanguardistas, turistas/nativos, las casas recicladas y las ocupadas.
La aguja se clava en la puerta de la casa que habitó Paloma, la hija del pintor Carlos Alonso, hasta aquel 30 de julio de 1977, y por la de Adelina Gargiullo, una artesana de la Feria de San Telmo, secuestrada por doce civiles el 8 de julio de 1976. En cada casa, los manifestantes pegan una hoja con la foto del desaparecido, las circunstancias en que se produjo el secuestro y otros aspectos de su vida. Mientras encolan la papeleta que recuerda a Gargiullo, un hombre se asoma a la puerta. Es su hermano Carlos. «Yo estaba cuando se la llevaron. Todavía me acuerdo ese día», es lo único que alcanza a decir, visiblemente conmocionado.
Sobre el cordón, como en cada cordón, el Grupo de Arte Callejero pinta versos o frases de cantantes populares. «Cuando se descarta lo imposible, lo que queda aunque improbable debe ser la verdad», escriben frente a la mirada perdida de Carlos.
La parada siguiente es en Perú 923. En en el cuarto piso vivieron Graciela Verdecanna, Daniel Carricondo y Guillermo Ercolano, tres militantes del Partido Comunista Marxista Leninista que desaparecieron el 6 de diciembre de 1977. Ahora, en la puerta del edificio hay un pequeño cartelito que dice: «El departamento del cuarto piso ya fue alquilado». Una vecina, Vanesa no resistió la tentación y salió a la calle para ver de qué se trata esa bulliciosa manifestación. «Mi mamá vivió acá toda la vida y nunca comentó nada de todo esto», alcanza a decir, también conmocionada .
La marcha sigue por la calle Perú. Pasa por el teatro del Sindicato de Luz y Fuerza. Ninguna columna gremial sale para sumarse. Hubiera sido una postal de otra época.
Una cuadra más y la columna pasa por una casa desvencijada con un letrero que anuncia «Cooperativa de vivienda autogestionaria», compuesta por miembros del Movimiento de Ocupantes Inquilinos y de la Federación Tierra y Vivienda. Una postal de estos tiempos.
El primer descanso es en la plazoleta a la que le han zurcido el nombre del periodista desaparecido Rodolfo Walsh, el primero en denunciar públicamente que el plan sistemático de desaparición de personas se correspondía con un plan sistemático de destrucción de la economía nacional.
Los chicos de un merendero saludan desde unos balcones y piden que los saluden por el megáfono. Sus deseos son órdenes.
La columna retoma la marcha por la calle Tacuarí y se detiene frente al Círculo de suboficiales de la Gendarmería Nacional. «Milicos, muy mal paridos…», gritan todos hasta hinchar las venas. Desde adentro, dos mozos que trabajan en ese edificio aplauden y alientan a los manifestantes. ¿Conciencia social? ¿Cinismo? ¿Las dos cosas a la vez? ¿Otra costura?
Después, llega el momento de recordar a Raúl y Olga Decurger, estudiantes de abogacía y medicina. Tenían un hijo de cinco meses y desaparecieron el 29 de abril de 1977, cuando los sacaron por la fuerza de su hogar: San Juan 835.
La casa fue destruida. Y a su lado, en el solar vecino, funciona ahora la asamblea popular de Plaza Dorrego con sus talleres productivos, entre ellos la panadería que cocinó lo necesario para que ofrecer choripanes durante el festival con que se selló todo el recorrido.
Lo recaudado, dicen, servirá para restaurar la Plazoleta Rodolfo Walsh.
La costura sigue.
Cuando la marcha pasa por la Asamblea, un chico de ocho años toma el megáfono. La vocecita amplificada canta, entonces, pidiendo explicaciones a los militares: «Qué es lo que han hecho con los desaparecidos, la deuda externa y la corrupción.» Y se despide con una amable, pero también inquietante presentación: «Me llamo Manuel, soy de la asamblea, pero por suerte no tengo ningún familiar desaparecido».
La marcha llega a Piedras 1385, donde vivía Carlos Fernández, un actor al que todos conocían por su seudónimo: Polo Cortés. Estaba casado, tenía una hija de dos años y había sido candidato a Presidente de la Asociación Argentina de Actores por la Lista Naranja. Cuando todos estos datos están por ser pegados en el mármol que recubre la entrada del edificio, una señora mayor suplica en nombre de las paredes. «Pónganlo al costado, así no arruinan el frente», argumenta. Sin embargo, cuando advierte qué dice el cartel, su gesto es otro. «Yo vivía en el mismo piso-balbucea-. Yo le pasaba los llamados telefónicos por trabajo. Me acuerdo el día que se lo llevaron; la policía tapó la mirilla de mi puerta para que no vea nada». Un vecino que la escucha también quiere coser: acerca el nombre de otro desaparecido del barrio.
Antes de llegar a la última parada, la manifestación pasa por la comisaría 14, la misma donde estuvieron detenidos en febrero los desalojados del edificio Padelai y del Movimiento de Trabajadores Desocupados de San Telmo, la semana pasada. «Por una pizza reprimís a tu mamá», les cantan hoy.
Los reclamos vuelven a asociarse. También los verdugos, que no se dan por desanimados. A unas pocas cuadras de allí, otras dos organizaciones sociales corren el riesgo de ser las siguientes: ya tienen orden de desalojo la Asamblea Popular del Parque Lezama y el Centro Social y Cultural Tierra del Sur, donde dos decenas de jóvenes que viven en comunidad brindan talleres y actividades gratuitas para uno de los barrios más relegados de la ciudad.
Es el turno de Brasil 410, donde vivía Alicia Pais, militante de la Juventud Peronista y enfermera del Hospital Posadas, desaparecida el 1 de marzo de 1977.
«Presente» repiten otra vez los manifestantes.
Vecinos de distintas edades se asoman por diferentes balcones para sumarse al grito.
El recorrido termina en El Atlético, el centro de detención clandestina que está ubicado en Paseo Colón y Cochabamba. Por allí pasaron 1500 desaparecidos entre el 11 de febrero y el 28 de diciembre de 1977, cuando el edificio fue demolido para permitir el trazado de la Autopista 25 de Mayo. El gobierno de la Ciudad de Buenos comenzó a realizar excavaciones en el lugar como parte del Proyecto de Recuperación de la Memoria. Dos celdas ya están a la vista, debajo del nivel de la tierra.
Mario Villani, uno de los ex detenidos desaparecidos que pasó por ese campo, explica a los manifestantes cómo funcionaba ese lugar de tortura y muerte. Señala rincones, describe recorridos con el dedo, apunta hacia el pozo para descubrir a los ojos de todos las huellas de calabozos y salas de torturas.
Las Madres de Plaza de Mayo siempre dicen que a los desaparecidos hay que recordarlos con alegría. Nada de minutos de silencios, sino minutos de aplausos. No parece increíble, entonces, que mientras Villani nos hunde en las profundidades del Atlético, lleguen los sonidos que anuncian la murga y el folklore.
La costura culmina en una fiesta, que cierra el cierre de esta celebración.
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
Nota
MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles
Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.
Por Claudia Acuña

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords
En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.
Por Evangelina Bucari

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos
Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.
Por Lucas Pedulla

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo
Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.
Por Sergio Ciancaglini

Alerta verde: MU en Misiones
Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.
Por Francisco Pandolfi

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer
Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.
Por Anabel Pomar

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse
Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.
Por María del Carmen Varela

Monte Hermosa: Josefina Lamarre
Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.
Por María del Carmen Varela

Biblias.
Por Carlos Melone
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
POR MARÍA DEL CARMEN VARELA
Patagonia rebelde
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Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
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