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Una clase magistral: Damián Verzeñassi, médico

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Es uno de los profesionales que viajó a la ONU y el Parlamento Europeo para narrar cómo enferma el modelo de monocultivo transgénico. Su termómetro: los campamentos sanitarios que realiza con los estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario. Los efectos del modelo. Por qué existe una violación a los derechos humanos, con el Estado como responsable. La política, y lo que enseña la microbiología. Y cómo crear espacios de comunicación y diálogo para poder priorizar la vida. POR SERGIO CIANCAGLINI
Viajó a Europa y habló ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas junto a Juan Ignacio Pereyra, de la Red de Abogados de Pueblos Fumigados. Habló también en el Parlamento Europeo y brindó 21 conferencias planteando tres cuestiones claves:
El modelo de agronegocios basado en monocultivos transgénicos dependientes de veneno viola los derechos humanos.
El Estado es cómplice de esa violación.
Es falso el discurso sobre las “dos bibliotecas científicas”, una que cuestiona tal tipo de producción, y otra que lo ensalza.
El médico viajero volvió a la Argentina y aterrizó en MU para contar ese periplo, pero habló también sobre política, sociedad, y las enseñanzas que nos brinda la biología para pensar la vida en común.
Damián Verzeñassi tiene 42 años, nació en Paraná, vive en Rosario (y es hincha de Central). Es Director de la Carrera de Medicina en la Universidad Nacional del Chaco Austral. En la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario es Director del Instituto de Salud Socio Ambiental y responsable académico del Ciclo Práctica Final, cuyo examen –el que otorga el título de médico- consiste en la participación de los estudiantes en Campamentos Sanitarios que han hecho relevamientos de salud en 34 pueblos de Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba.
Además es miembro fundador de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza (UCCSNAL).
El dispositivo incluyó mate, cuadernos y libretas, biromes, grabadores. Como en otros tiempos, merece llamarse “clase magistral” a esta charla que Verzeñassi cultivó ante el Diplomado Andrés Carrasco en Periodismo y Comunicación Ambiental.

Los doctores que acampan

«Lo que hacemos en los Campamentos Sanitarios no es una muestra, como la Encuesta de Nutrición y Salud, sino que vamos casa por casa en los pueblos, con un promedio de entrevistas del 65,8% de los habitantes de cada localidad. Ya son más de 112.000 familias consultadas en sus propios hogares. Buscamos que los estudiantes sepan hacer entrevistas, preguntar y sobre todo escuchar, como parte del acto médico. Que eso resulte útil para definir la situación de salud de una población, y que permita plantear políticas públicas.
Lo que encontramos es el crecimiento de malformaciones congénitas, abortos espontáneos, una prevalencia del hipotiroidismo realmente alarmante, incremento de los casos de cánceres, de enfermedades neurológicas, respiratorias, de la piel.
Nos preguntamos: ¿Qué tienen en común las personas entrevistadas? El 90% vivía a menos de 1000 metros de campos fumigados. Para entender el contexto: desde que se instaló este modelo productivo a fines de los 90 se incrementó 1.000% el uso de agrotóxicos. Pero en el mismo período el aumento de hectáreas cultivadas fue apenas del 50%. Y se logró una mejora en el rendimiento por hectárea de solo el 36%. O sea: se envenena cada vez más, en proporciones absurdas. Y como lo explican los ingenieros agrónomos, para colmo hay cada vez más malezas, más resistencias. Y lo que se produce, al tener venenos, no puede ser considerado alimento”.

Derechos torcidos

Sobre el viaje a Naciones Unidas: “Fue una invitación a Ginebra para exponer ante la ONU junto a Juan Ignacio Pereyra, miembro de la Red de Abogados de Pueblos Fumigados. Hicimos un informe paralelo al del gobierno argentino sobre la situación de los derechos humanos. Lo que denunciamos es que el modelo agroindustrial de eventos transgénicos como soja, maíz y algodón, resistentes a agrotóxicos y dependientes de esos venenos, constituyen una violación a los derechos humanos”.
¿Por qué razón?: “La salud, la integridad física, el derecho a elegir qué comer, el derecho a elegir cómo trabajar y qué producir son derechos humanos reconocidos en las declaraciones internacionales sobre el tema. Pero con este modelo tenemos los alimentos contaminados con transgénicos y venenos, sin aviso: no hay derecho a elegir. Tenemos en nuestros cuerpos los venenos: el derecho a la integridad física se ve violado. Tenemos problemas de salud gravísimos, evidenciados en nuestros campamentos: otro derecho violado. Sabemos que tenemos químicos en el territorio, el agua, el aire, los alimentos y nuestros cuerpos, gracias a científicos como Delia Aiassa de Río Cuarto, Damián Marino en La Plata, Rafael Najmanovich en Santa Fe o los estudios del ingeniero Marcos Tomasoni, entre tantos otros. Esa capacidad violatoria de los derechos humanos del modelo de producción de commodities agroindusrtriales tiene como complemento el rol cómplice del Estado.
Después de la exposición me fui sin muchas expectativas. Días después supimos lo que ocurrió en Entre Ríos: la justicia provincial dictó una sentencia que prohíbe las fumigaciones terrestres a menos de 1.000 metros, y las aéreas a 3.000, gracias a un recurso de amparo que presentaron el Foro Ecológico de Paraná y el gremio docente. Pero ¿quién apeló el fallo? El propio Estado provincial. Hicimos entonces un supra informe confirmando la complicidad de la que habíamos hablado: el Estado es el que reclama para que no se aplique un fallo que cuida la salud de los niños. Por suerte el Superior Tribunal de Justicia entrerriano ratificó el fallo, pero resultó evidente cuál era la intención del Estado provincial”.
Monsanto papers
Explicó Damián Verzeñassi: “Otro mito que creo que se pudo romper fue el de las dos bibliotecas, una a favor y otra contra el modelo. Usamos el trabajo de lavaca de traducir y poner a disposición los Monsanto Papers (www.monsantopapers.lavaca.org). Gracias a eso pudimos decirles a los diputados del Parlamento Europeo, al Comité de la ONU y a los ministros de Salud y de Agricultura de Austria y Alemania, que es una falacia hablar de dos bibliotecas: porque biblioteca científica es aquella que construye conocimiento a partir de la no existencia de conflictos de interés. Pero toda la biblioteca que defiende a los agrotóxicos no es científica sino parte de una estrategia comercial, de falsificación y cooptación de supuestos científicos que son, en realidad, mercenarios de la ciencia. Entonces, no hay opiniones encontradas sino difusión de datos falsos como marketing para justificar el uso de los venenos.
A los pocos días salió el informe de la ONU, en el que dice textualmente: ‘El Comité está muy preocupado por el aumento en el uso de pesticidas y herbicidas, que incluyen glifosato, a pesar de los graves impactos adversos a la salud y al medio ambiente de muchos de ellos, en especial del glifosato, señalado como probablemente carcinógeno por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la OMS’. Y el otro párrafo plantea: ‘El Comité recomienda al Estado parte que adopte un marco regulatorio que incluya la aplicación del principio de precaución en cuanto al uso de pesticidas y herbicidas dañinos, en particular los que incluyen glifosato, para prevenir los impactos negativos en la salud por su uso y en la degradación del medio ambiente. El Comité remite el Estado parte a su observación general núm. 14 sobre el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud’”.

El informe completo puede leerse aquí.

Sal versus glifosato

La conclusión es un reconocimiento. “Fue una grata sorpresa. Quiere decir que estas cosas que plantean médicos, científicos, muy pocos medios y vecinas y vecinos de todo el país, se vieron legitimadas por Naciones Unidas, que además plantea enfáticamente que hay que aplicar el principio de precaución.
¿Qué quiere decir? En la ley argentina vigente el principio precautorio dice que si no se tiene la certeza de que una sustancia no genera ningún daño, se debe dejar de usar. No se trata de probarlo, y si es dañino descartarlo. Es al revés: si tengo la duda de que podría hacer mal, no lo puedo utilizar. Por supuesto han aparecido cantidad de personas en estos años diciendo que el glifosato es inocuo, contra todos los informes científicos.
Además, es muy loco: si algo se investiga y se patenta como veneno, se fabrica, se publicita y se vende como veneno, y se aplica como veneno, parecería que es veneno. Pero las corporaciones y sus voceros dicen que no. En agosto en el congreso de Aapresid apareció un médico diciendo que ‘echarle sal a la comida es más peligroso que el glifosato’. Lo que este señor no sabía es que en ese momento, el mismo 11 de agosto en el que decía semejante barbaridad, en los Estados Unidos un tribunal condenó a Monsanto a pagar casi 300 millones de dólares por el cáncer que contrajo Dwayne Johnson al utilizar glifosato, pero además la condena fue por ocultamiento malicioso sobre el daño que genera ese producto, tema que ya había sido planteado dos años antes por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Los ciclos y la Bolsa

Otro relato o superstición indica que las cosechas de soja son las que salvan al país y evitan que se hunda. Sostiene Verzeñassi: “¿Quién se salva? La exportación de commodities no paga casi impuestos que generarían el supuesto derrame en la sociedad. Lo que sí aparece es daño, enfermedad, contaminación y destrucción del suelo. Los productores que hacen este tipo de cultivos cada año deben gastar más en fertilizantes extras. Pero lo más terrible es que se rompió la lógica de los ciclos vitales, para que la vida sea posible. El productor se ha convertido en empresario, y sus tiempos –ya ni digo sus ciclos- no son los de la tierra y la Naturaleza, sino los de la Bolsa de Chicago. Por eso han dejado de producir alimentos. Y si no producimos alimentos no tenemos futuro, ni vamos a poder vivir. Podemos subsistir un poco más ingiriendo productos que no son alimentos, hasta que el cuerpo dice basta porque la cantidad de venenos, toxinas, y sustancias dañinas ya impiden que la vida continúe. Llega un punto en el que nuestras células necesitan de verdad proteínas, lípidos sanos, hidratos de carbono y que la energía que produce el organismo sea buena. Por eso tenemos que recuperar es la capacidad de producir alimentos sanos en nuestro país”.

Ciencia obsoleta

«El avance de la construcción de conocimiento en la humanidad siempre tuvo que ver con la posibilidad de sobrevivir. Pero hubo un quiebre y la construcción del conocimiento se puso al servicio del poder. No es de ahora. Ya Descartes planteaba que un problema complejo puede dividirse en sus partes, resolverlas de a una, y así llegar a la complejidad. Pero en realidad estaba sentando las bases de una estructura de conocimiento que le permitiese al capitalismo instalarse en la lógica de la fragmentación, la destrucción de vínculos y relaciones y seguir sosteniendo científicamente la explotación de las personas y de la Naturaleza.
La propia ciencia ya ha demostrado que ese pensamiento es obsoleto y falso, porque no es cierto que resolviendo los problemas simples voy a resolver lo complejo. En términos de salud y de vida hay que empezar a recuperar nuestra capacidad de tener una mirada integradora. Y la ciencia debería ayudar a ese proceso en lugar de responder al marketing y al poder económico y político en muchos casos.
Hemos dejado de escuchar a nuestro cuerpo. Los modelos extractivistas instalados en nuestra región son responsables de los cambios y la desaparición de pueblos y culturas porque destruyen territorios. Pero si se instalaron es porque hubo un trabajo extraordinario sobre nuestras cabezas, que nos hizo creer como sociedad que teníamos que responder a la necesidad del mercado y no a la de nuestros cuerpos. Es una lógica que nos llena de pastillas y remedios cuando no nos sentimos bien, para seguir trabajando. Una lógica que nos extirpa nuestro cuerpo y que nos separa y extirpa también nuestros territorios y elementos vitales”.

La política de las bacterias

Cree Verzeñassi que el trabajo sobre nuestras cabezas se hace a partir de las neurociencias. “Los neurocientíficos son ahora las nuevas celebridades. ¿Por qué tanto endiosamiento? Son los que están haciendo ganar dinero a las corporaciones y construyen un andamiaje de transformación biológica de nuestros circuitos cerebrales. Las estrategias de comunicación se perfeccionaron tanto que están alterando nuestra biología, nuestros circuitos neurológicos, la secreción de hormonas y neurotransmisores de manera que ya no creamos en lo que vemos sino en lo que nos dicen que hay que creer. Es todo un arsenal destinado a afectar con información neuro programada zonas de la corteza cerebral. Sé que todo esto se está estudiando, no hablo desde una paranoia sino entendiendo cómo están afectando nuestra percepción de la realidad y nuestra capacidad de pensar.
O somos capaces de aprender de las bacterias, o vamos camino a desaparecer como especie. Las bacterias no van a desaparecer y nos van a sobrevivir porque son mucho más inteligentes que nosotros. Porque la bacteria se junta con otras para intercambiar carga genética y generar resistencia que les permita a todas sobrevivir. No se enojan entre ellas, trabajan juntas, intercambian, generan procesos de cooperación que son los que han hecho que la vida exista. Veámoslo en lo celular: un espermatozoide y un ovocito se encuentran y no intentan ver quién gana, quién destruye a quién. Se funden y se transforman en otra célula, esa célula se divide, y esa división se hace diversa porque si fuesen todas células iguales no se llegaría muy lejos. La diferenciación no es un aislamiento, sino crecimiento colectivo. La diversidad y el tiempo y el territorio para que esa diversidad pueda expresarse, son dimensiones esenciales para la vida.
Yo me formé como un positivista, un materialista. Creía que el positivismo era la herramienta para entender al mundo. ¿Estaré inhabilitado de por vida para razonar de otro modo? ¿Será muy pretencioso pensar este otro paradigma como una teoría política para imaginar una construcción social a partir de lo que nos muestra la microbiología? Significa pensar que no hay solución individual, y que cooperar y asociarnos nos fortalece.
Tal vez esto que digo es más del orden de la esperanza que de la neurociencia. Pero siento que la realidad es demasiado dura para poder soportarla. Una posibilidad es enloquecer. Otra es recuperar o crear nuevas formas de encontrarnos, de comunicarnos de verdad. No solo transmitirnos información, sino volver a un entendimiento de la realidad que implica ver que la vida es un ciclo, o parte de un ciclo. Y nuestra tarea en este momento es organizar materia y energía y hacer un aporte para que el ciclo biológico pueda seguir funcionando. Entonces la clave es crear espacios de comunicación, de vinculación, de toma de decisiones, de organización social. Hoy las resistencias son la única forma que tenemos de sobrevivir como especie.
Resistencias colectivas, no individuales, que no representan –como nos quieren hacer creer- el odio. Al contrario, surgen a partir de una necesidad vital de sobrevivencia básica e intuitiva, que nace del encuentro con el otro. Creo que es la forma de seguir pensando críticamente y construir pese a todo, para que la historia no sea como nos cuentan que tiene que ser”.
Verzeñassi pone como ejemplos al movimiento de mujeres por el aborto seguro, legal y gratuito, y lo ocurrido en Entre Ríos: “Allí se organizaron las Rondas contra el modelo de agrotóxicos, se logró frenar una ley, se ganó el recurso de amparo para alejar las fumigaciones, y se están discutiendo nuevos modelos productivos como el agroecológico. Eso se logró, como en el caso de las mujeres, porque ante la gravedad de la situación se entendió que no sirve hablar siempre con los que estamos de acuerdo, sino ganar la discusión con el que está en desacuerdo”.
“Se hicieron las Jornadas de Socialización de Saberes en la Legislatura. Frente al mito de que no se puede producir sin venenos, el ingeniero Eduardo Cerdá demostró que eso es falso, y contó la enorme experiencia de la agroecología. Muchos diputados cambiaron de opinión. Y eso fue un gran triunfo. Pero la lógica no fue la de tenerla clara y quedarse contento con eso: el vecino que opina distinto o incluso el diputado que no me gusta, no es mi enemigo. Mi enemigo es el que trabaja en todas partes para seguir sosteniendo un modelo de dependencia y destrucción. Pero en el trabajo colectivo, en encontrarnos, hay una posibilidad de humanizar la política, la ciencia, los vínculos. Es una manera de recuperar algo que es fundamental para que la vida exista: el diálogo entre las diferencias”.

Protesta social

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

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Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse. 

Por Lucas Pedulla   Fotos Juan Valeiro/lavaca.org

A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.

–Si no trabajo, no como.

Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Luis y la batalla cultural.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:

–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?

La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
La evolución de las variables económicas.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.

–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Gadalupe y otros discas acompañando la marcha de jubilados.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión. 

–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.

Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas
Congreso con atención de coiffeurs para jubilados y gente de la calle.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor. 

A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.

–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja. 

Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?

Luis es crítico:

–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”. 

La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.

¿Qué espera?

–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo. 

¿Hay opción B?

–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come. 

Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.

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Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

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Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

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Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre

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Atanor condenada por contaminación: La odisea

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Agroecología en Misiones: El libro de la selva

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Por Francisco Pandolfi

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Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos: Juan Valeiro

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Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.

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El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder

¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

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Zoe Hochbaum: Comerse el mundo

Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.

Por María del Carmen Varela

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




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Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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