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A mi hijo no le gusta el fútbol

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A través de este cuento, el periodista y escritor Ariel Scher reflexiona sobre de qué hablamos cuando hablamos de fútbol. Una pregunta que interpela al periodismo deportivo pero también a padres e hijos que hablan de nombres y resultados sin detenerse en lo verdaderamente importante: el juego. La historia de «Pancho» y su hijo que pasa por Gallardo, Cappa, Bourdieu y Borges.

Por Ariel Scher* para lavaca.org
 
En nuestro club, todos y todas contábamos los buenos y los malos amores. Eso significaba que todos y todas reíamos y llorábamos. Todos y todas menos Pancho, el tipo que nos había enseñado que la única diferencia entre Beethoven o Picasso y nuestro empeine derecho consistía en que, con el empeine derecho puesto a disposición del fútbol, nosotros podíamos ser artistas de un arte propio además de testigos del arte de Beethoven y de Picasso. Pancho no reía y no lloraba y tampoco confidenciaba amores buenos o malos porque su tema era el juego del fútbol y de eso siempre nos hablaba. Todos y todas lo teníamos claro. Hasta que un día Pancho llegó al club y lloró.
 
Lo justificó sin amagar y sin gambetear: «A mi pibe no le gusta el fútbol».
 
En nuestro club, al principio, todos y todas no percibimos que acabábamos de oír una tragedia. Le contestamos a Pancho que al Negro Fontanarrosa, erudito en fútbol (y quién dude que lea No te vayas campeón, un manual de grandes equipos), le había tocado un hijo querible que ni mosqueaba frente al resultado del clásico de Rosario. «Eso es lo jodido -nos replicó Pancho, con una lágrima en cada pestaña-. Deberían verlo a mi pibe: anda vestido con un buzo del Borussia Dortmund, saluda a las novias por Facebook con caritas de Neymar, va a la cancha para cantar un rato y para putear más rato y memoriza resultado por resultado». Todos y todas en el club nos desconcertamos. «¿Y entonces?», indagó alguien. «Y, entonces, el problema es que le gusta todo eso pero no le gusta el juego. No le gusta el juego: no le gusta el fútbol», dijo. Dijo y volvió a llorar.
 
Ahí sí todos y todas advertimos que afrontábamos algo grave. Una mano dio play de inmediato a un video de la última conferencia de Marcelo Gallardo en la cual, decía el portal, se «enojaba» con la prensa. Lo que Gallardo decía, sin embargo, tenía que ver con lo que sentía Pancho: «Se habla mucho del resultado; del juego, no. Si River pierde jugando bien, de lo que se va a hablar es de que River perdió, no de que perdió jugando bien. No se va a hablar del juego. Y si vos ganás jugando mal, se dice: River ganó pero no le sobró nada. Eso es de lo que se habla». Otra mano acercó de inmediato un artículo reciente de Ángel Cappa -argentino, entrenador, un pensador que afirma que los modos de jugar retratan los modos de vivir- titulado «¿A quién le importa el juego?». Todos y todas en el club coincidimos en que mal de muchos no es consuelo de tontos sino la oportunidad de reflexionar sobre ese mal de muchos. Al interpretar ese texto que Cappa publicó en su blog, concluimos en que el hijo de Pancho no representaba una excepción de la época sino lo contrario, la consumación de una paradoja a la que dentro de un milenio se referirán pero vaya a saber si comprenderán los libros: el fútbol, juego entre los juegos de este tiempo, espectáculo central de una existencia que espectaculariza todo (¿hay algún acontecimiento humano que vean más humanos a la vez que, por ejemplo, la final de un Mundial?), atraviesa negocios y negociados, modas y consumos, sobremesas y ocios, pero no necesariamente por inquietud en el juego. De otro modo: el producto-fútbol está diseñado para requerir la atención de millones pero no para promover el interés por el juego-fútbol de parte de esos millones.
 
«Ya lo avisó Borges», se resignó Pancho, delante de todos y de todas, con el club hecho un asombro por esa cita, dado que Jorge Luis Borges se erigió en el crítico más emblemático del juego más emblemático de países como la Argentina y nunca saboreó las magias que habitan un córner o una tribuna. Pero lo avisó, cierto que lo avisó, en la revista Pájaro de fuego, en una vieja entrevista que Pancho hacía flamear debajo de sus lágrimas:  «Porque la gente cree que va a ver un espectáculo, pero no es así. La gente va a ver quién va a ganar. Porque si les interesara el fútbol, el hecho de ganar o perder sería irrelevante, no importaría el resultado, sino que el partido en sí fuera interesante». Dante Panzeri, maestro del periodismo como herramienta de la inteligencia, sacudiría a Borges señalándole que no se trata de nada de eso: «Ganar, es obvio. Descontado. Jamás se hizo nada en la vida para perder. Pero además de ganar, que es cuestión asimismo implícita en jugar bien, en jugar mejor, ¿qué es jugar al fútbol?, ¿para qué jugamos al fútbol? Para una satisfacción artesanal que tanto puede ser personal como de un conjunto de compañeros». Nada de eso, Borges, agregarían Cappa y muchos otros individuos que verifican cada día que en el fútbol caben afectos, identidades, pertenencias, pasiones, objetivos -bah, mucho de lo que Borges se perdió- que invitan a querer ganar, pero no sólo a ganar o, inclusive, a preguntarse cómo se consigue ganar. Lo que, además, respondería Cappa es lo que anotó en ese artículo: «Para poder disfrutar del juego, se necesita conocer, sentir, pensar». Y esas posibilidades -las posibilidades que no ejercía el hijo de Pancho-, se recortan, según Cappa, porque «el negocio fue apartando el juego de las preferencias de la mayoría hasta convertirlo en un trofeo nostálgico y ridículamente romántico».
 
A mi hijo no le gusta el fútbol

Foto: Nacho Yuchark

A Pancho tratamos de consolarlo con ese argumento desprendido desde Cappa: si el disfrute del juego requiere «conocer, sentir, pensar», ¿cómo se hace para estimular a disfrutar del juego en la sociedad del escándalo, de los efectos, de las resonancias, de los ecos y no de las tramas, de  la fugacidad siempre detrás de la fugacidad, de la industria del chisme, de las formas y no de los fondos, de la simplificación (que no es lo mismo que lo simple), de lo contrario al ciclo paciente que supone «conocer, sentir, pensar» sobre fútbol o sobre casi lo que sea? No todos y no todas en nuestro club manejábamos las teorías del sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien supo clavar los ojos en el gusto y en el deporte, entre mil cuestiones. No todos y no todas lo estudiamos a Bourdieu, pero todos y todas cazamos rápido que el problema de Pancho y del hijo de Pancho estaba vinculado a lo que un socio del club nos aseguró que explica Bourdieu: la subjetividad, eso que somos, no es natural, es una construcción social; el gusto o el disgusto ingresan dentro de esa construcción, una construcción que es resultado de las concepciones, de las acciones y de las disputas por y sobre el poder. «¿O sea que gente que ni conozco es la que tiene bastante que ver con que mi hijo y los hijos de otras y de otros tengan la relación de mierda que tienen con el juego de fútbol?», consultó Pancho, abastecido por Cappa, por Gallardo, por Panzeri, por Bourdieu y hasta por Borges. Lo de «mierda» no se lo convalidamos. El resto, sí. 
 
Una persona que reconoce que los empeines derechos cobijan la perspectiva del arte es una persona que no se rinde fácil. Así que Pancho se secó las lágrimas y emergió de nuestro club con la idea fija de dar pelea futbolera y cultural por su hijo y por más hijas e hijos. «El Mundial de Rusia -nos comentó al partir- es una oportunidad interesante». Nos enteramos de que, primero, llegó a su casa con un ejemplar de Tácticas de fútbol, el libro del ruso Boris Arkadiev, un director técnico que en la década del treinta hacía que sus jugadores fueran a galerías de pintura antes de los partidos más bravos. Y que luego pegó en living una frase polémica de Viktor Maslov, el más revolucionario de los entrenadores rusos, acaso precursor del fútbol total que en los setenta patentó Holanda: «La marca hombre a hombre insulta, humilla y desmoraliza al jugador que recurre a ella». El pibe se comprometió a prestarle atención a esos materiales, pero le pidió a cambio que le comprara el equipo completo que la selección de Rusia usará en su Mundial. «Ante la pobreza de lo que le muestran, el hincha terminó enamorándose de sí mismo», elaboró Norberto Verea, periodista y argentino, al que, quizás sin azares, llaman el Ruso. Nada de desanimarse: no es la primera vez en el devenir de la historia que una confrontación contra lo dominante exige esfuerzos sostenidos e inteligentes. En nuestro club, todos y todas soñamos con que algún día el juego vuelva a ser lo más importante del fútbol y que Pancho, con buenos o con malos amores, ría más de lo que llore.
 
*Ariel Scher es periodista y escritor. Su especialidad es el cruce entre literatura y fútbol. Lleva escritos una decena de libros; el último, Deportivo Saer. Además, dicta un recomendable curso de Literatura y deporte del que se puede obtener más info escribiendo a deporteyliteratura@gmail.com

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




MU 214: Mujer maravilla

El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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