Sigamos en contacto

Nota

El loco de la azotea: Carlos Briganti, el reciclador

Publicada

el

Construyó una huerta agroecológica en la terraza de su PH en Chacarita. No invierte un peso porque todo lo recicla de la calle. Editó un libro en el que cuenta cómo se hace. Cómo ganar tiempo, salud y alimentos sanos en medio del caos urbano y extractivo. Por Lucas Pedulla

El loco de la azotea: Carlos Briganti, el reciclador
«Esta es una huerta autosustentable en medio del cemento de Chacarita”, dice Carlos Briganti, conocido como “el reciclador”, mientras sube a su terraza de 60 metros cuadrados a unas pocas cuadras de la estación Lacroze, Buenos Aires. Desde allí, lo que se escucha impacta menos de lo que se ve: hay morrones y cebollas que salen entrelazadas de tachos de pintura, lombrices californianas que trabajan humus en enormes recipientes llenos de restos orgánicos que cualquiera llamaría basura, y un banano que florece desde dos neumáticos.
Sí, desde dos neumáticos.
“Son muy buenos para hacer macetas”, explica Carlos. “Primero, porque no pesan. Y segundo, las podemos poner bajo el sol porque los rayos UV no las comen. A esos tachos de plástico, de donde ves que salen acelgas y zanahorias, sí. Te duran 5 años: primero se les rompe la manija, después la solapa y luego se destruye. Con la cubierta, no: puede impactar una bomba atómica, vos desaparecés, pero la cubierta queda. ¿Qué quiere decir eso? Que es la mejor opción que hay para plantar lo que quieras. Un recipiente en un supermercado no baja de 700 pesos. Esto es gratis: me lo da la calle”.
El sistema parece sencillo: la planta sale perfecta desde dos neumáticos apilados. “La goma de arriba está vacía, pero me protege del viento. Hacés una barrera”.
¿Y ahí también tirás las semillas que comprás?
No necesito comprar semillas: las produzco yo mismo.
Ok.
Con ustedes, el loco de la azotea.

La verdad de la batata

arlos Briganti tiene 55 años, es uruguayo y hace 35 que reside en este PH de Chacarita. Nació en Montevideo y se crió en una zona casi sububurbana. Hizo su primera huerta en la escuela, de adolescente fue “un chacarero con tractor”, y luego viajó a Buenos Aires: de la hectárea del campo pasó al cemento porteño. Cambió de oficio. “Me dediqué a todo lo que tiene que ver con la construcción. Soy plomero”, se define.
En 2010 empezó a dar clases de plomería a mujeres en el Sindicato de Aguas Argentinas. Allí enseña  los jueves, y los martes dicta electricidad. Pero también tiene sus clientes personales que cuida hace más de 30 años porque -dice- sólo de la docencia no puede vivir. “Igual a esta edad no tengo obligación de hacer nada que no me guste. Enseño plomería con pasión. Dar clases es muy gratificante. Y esta es una batalla que ahora hay que dar en la ciudad”.
La historia indica que la batalla arrancó cuando dos de sus cuatro hijos le comunicaron que se harían veganos. “A partir de los saberes que tenía comencé por mostrarles un camino diferente, y el ejemplo concreto es lo mejor que uno puede hacer: empecé a plantar”.
Carlos dice que, en realidad, ese motivo fue una excusa. “Yo vengo del campo, de esa impronta. Mi primera herramienta fue un caballo y un arado. Y mis primeros conocimientos fueron ancestrales. Por eso, uno empieza a decirles a sus hijos: ‘No comas esto porque está fumigado’. Yo iba a la verdulería y me peleaba porque sabía que la batata que me vendían no era fresca. Lo que pasó acá es que se alinearon los planetas. Cuando uno tiene un discurso progresista y quiere cambiar el paradigma, como dice Vandana Shiva, primero tenés que producir tu propio alimento”.
El campo de batalla de Carlos fue su terraza.

El método Briganti

mpezó a estudiar. El agricultor y filósofo japonés Masanobu Fukuoka fue uno de sus principales inspiradores: dentro de la permacultura ideó un sistema de cultivo llamado “agricultura natural” que consiste en reproducir las condiciones naturales de forma tan fiel como sea posible. Carlos lo explica con paciencia oriental y método docente: “Inventó un sistema de producción basado en el desorden y en la mezcla. Acá todas las especies conviven: zanahoria y un limonero. Diente de león, abas, apios, puerros. Zapallo y acelga. Todo mezclado. ¿Qué puede pasar? Que alguna verdura no prospere, entonces la saco y la pongo en una de las diez composteras de 200 litros que tengo. ¿Qué son? Todo el material que me sobra, el excedente de la huerta, va a estos recipientes. Yo fundé el club de compostaje: la gente me trae los tachos de 20 de residuos orgánicos”.
Como si esta entrevista formara parte de un guión previo, Carlos se detiene porque desde la terraza de al lado lo llama un vecino que tiene un tacho en la mano. A Carlos se le ilumina la cara y le agradece con una sonrisa. Abre la tapa y enseña: “Todo esto es orgánico: acá ves café, yerba, cáscaras de fruta y verdura. Todo lo pongo en estos tachos”. Los abre: están llenos de lombrices. “¿Las ves? Hay caracoles, babosas. Acá hay vida. Y todas están trabajando y comiendo. Cuando la compostera se llena, sigue el proceso”.
Carlos agarra esos residuos con las dos manos. Las lombrices bailan entre sus dedos. “Es humus de lombriz sin pasar por el servidor. Todo esto es comida que vos tirás todos los días. Las millones de personas de la Ciudad tiran miles de millones de kilos de basura, pero no saben que esto después pasa por un tamiz y podés sacar hasta 140 kilos de humus. Todo de acá y sólo en seis meses. ¿Para qué? Ahí ves nabos, acelgas, espinacas, arvejas, remolachas, rabanitos. Todo el tiempo hay producción de algo”.
Todo el tiempo hay vida.
Y las lombrices siguen bailando. “Este es el sustrato que yo trabajo después para la tierra”, dice Carlos y muestra otro tacho lleno de cebollas de verdeo que plantó al rescatar lo que tiraba el verdulero del barrio. Muestra la tierra. Su tierra. Apoya un dedo que se hunde: la tierra se regenera como si fuera un colchón. “Ves que es homogénea, esponjosa. Ya tiene incorporadoel humus. Tiene resaca de río o viruta quemada, todos elementos llenos de nutrientes. Es comida abundante para que esto florezca”.
Carlos pide que se lo siga para mostrar uno de los elementos para tamizar. “Es un sistema holandés”, dice serio. Y muestra una tapa de ventilador que sacó de la calle: “Pasa que si digo que es un sistema europeo, la gente te respeta”. Y sigue: “Para mí esto es oro en polvo. Yo después hago biofertilizante porque lo cuelo. Y todo lo junto de la calle. La calle me brinda todo esto. Acá no hay un mango invertido: es todo de afuera. Todo oro. Todo sirve. Este es mi sistema. Soberanía alimentaria es reciclar todo esto”.

Dispersar el poder

Explica qué es la soberanía. “No necesito comprar semilla. El que tiene el poder de la semilla tiene el poder de la alimentación. Por eso las grandes compañías como Monsanto, Bayer o Syngenta aprovechan para ser dueños. Esta terraza es subversiva, y si se enteran me mandan un helicóptero y chau, me van a pedir licencia. ¿Para qué? ¿Para plantar? Otros te dicen que la soberanía no es fácil. Pero lo es. El humus de lombriz está hecho con lo que vos comés. Esto cambia el mundo. No necesita fertilizante. ¿Y cuál es el secreto? Desparramar. Tirar las semillas allí. Y eso sigue produciendo. Esto es revolucionario. Cambiás el paradigma. Si en aquel edificio de enfrente pusieran un limonero de acodo en un tachito de 20, otra sería la historia. ¿Por qué no lo ponen? Mirá esas antenas que tienen. Las naturalizan. No tienen miedo que se les caiga en la cabeza, pero sí de un limón. Mirá todas esas terrazas y balcones: nadie pone nada. Todos son dependientes de algo: eso es lo que genera este sistema”.
Carlos sintetizó sus conocimientos en un libro de 60 páginas que tituló Una huerta en mi terraza. “A los mercados populares, a las radios comunitarias, a las cooperativas de trabajo, a las fábricas recuperadas, a los millones de locos que quieren cambiar el mundo”, escribe en la dedicatoria. Luego, comparte sus saberes: el análisis de la superficie y la luz solar. Los contenedores ideales. Las herramientas. La distancia de los cultivos. Los ciclos de la luna para sabér qué sembrar y cuándo. Métodos de riego. Y más.
Carlos no vende sus semillas, su tierra, sus cultivos: los vecinos vienen a tocarle el timbre a pedirle cosas. También va a dar charlas donde lo inviten y en ferias como las de la Facultad de Agronomía. Lo único que vende es su libro para poder sostenerlas.
¿Por qué lo hizo?
Este es un camino al éxito. Una de las conclusiones es que es realmente fácil. No hay excusas para no empezar a hacer una huerta. Lo primero que tenés que hacer es compostar, aunque vivas en un monoambiente. ¿Es inviable? Yo lo hago en 60 m2. ¿No tenés plata? Es gratis, sale de lo que comés. ¿No tenés tiempo? Y bueno: la gente te corre con que no tiene tiempo. ¿Para qué? ¿Qué hacen que es tan importante? ¿Qué pasa si lo hiciéramos en cada comuna? Pasa que ellos saben que la basura es un tesoro invaluable y de ahí hacen un negocio. ¿Pero si hubiera 100 locos como yo? Logré que vecino por medio composte, pero antes te miraban como un enfermo. Ahora vienen y me regalan bolsas de bosta porque las utilizo: es el mejor regalo que pueden hacerme.
Usted cuenta que le ofrecieron ir al campo a producir. ¿Por qué no aceptó volver?
Porque es una postura beligerante ante una sociedad que no me gusta, que es consumista. Y es un sistema que trabaja para que pocos vivan bien y muchos vivan mal. Tenemos que saber que lo nuestro no es darwiniano. El mérito personal es mentira. De nuevo al método Fukuoka: nos tenemos que asociar. El ser humano creció asociándose. ¿Por qué no fui al campo? Porque la lucha hay que darla acá. Yo acá demuestro que tengo un limonero en un tacho y que se puede. Y no tengo ni patio: es un PH. Ahí te salen con que no tienen tiempo. Hoy parece ser el gran problema de la humanidad: no tenemos tiempo. La pregunta es para qué. La mayoría son cosas materiales. Yo tampoco tengo tiempo. Por eso, el tiempo lo hago yo. Y lo mido en placer.

El martilleo

¿Qué es la agroecología según Carlos Briganti?
Es el contacto con las plantas sin alterar su habitat. Respetándolas. Y observando cómo la naturaleza va produciendo sola su propio camino. A veces la gente dice que hay que arrancar el yuyo. No, salí: la naturaleza no te necesita. La tierra tendría que estar inmaculada, no agredida como lo estamos haciendo con agrotóxicos y fumigaciones. Pero un grupo de mujeres pudo echar a Monsanto de Córdoba, y ejemplos como ese demuestran que no se necesita un gran número de personas para cambiar las cosas. Mi lugar de batalla es este y es conciente. Practiquemos la agroecología en los techos. Nos llenamos la boca hablando de agroecología: bueno, vayamos a los hechos.
Carlos dice que no quiere este mundo para sus hijos y sus nietos. “No me gusta. ¿Cómo lo cambio? Así. Algunos se ríen: dicen que no hago la revolución. Yo digo que sí. El martilleo constante y sistemático sobre las conciencias termina por contagiar algo. Te cae la ficha. Ya es revolucionario no producir basura. Hay que reeducar a las próximas generaciones. Mis alumnos de plomería vienen a compostar. Eduardo Galeano decía: pequeños actos en pequeños lugares con pequeñas personas pueden cambiar el mundo. Es esto”.
Esto es, ni más ni menos, su huerta autosustentable en medio del cemento de Chacarita.

Revista Mu

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Publicada

el

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Ley de Tierras y después: Cambio de tema

Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.

Por Claudia Acuña




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre

Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Atanor condenada por contaminación: La odisea

Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.

Por Lucas Pedulla

Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Agroecología en Misiones: El libro de la selva

Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?

Por Francisco Pandolfi

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto

Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.

Por Sergio Ciancaglini

Fotos: Juan Valeiro

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura

A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.

Por Evangelina Bucari




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder

¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo

Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.

Por María del Carmen Varela

Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org




MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur

por Carlos Melone

Seguir leyendo

Nota

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Publicada

el

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

Seguir leyendo

Nota

MU 213: Movete

Publicada

el

MU 213: Movete

Son personas que se organizan y se movilizan para defender derechos de toda la
sociedad. Son quienes sufren palos, gases y humillaciones por estar de pie. Quienes
crean respuestas donde hay impotencia y nuevas palabras para definir el futuro.
Nuestro homenaje: reunirlas y escucharlas.




MU 213: Movete

Mover el mundo: Cumbre de imprescindibles

Jubilados, discas, asambleístas ambientales, travas, familias víctimas de femicidios y el papá de Pablo Grillo: reunimos a quienes se movilizan y no abandonan la calle a pesar de los palazos y de la falta de respuestas. Quienes marcan una agenda por abajo que es a la vez un rumbo y un llamado a la acción, y también a la unidad. Frente a la dispersión, voces que hablan de un horizonte común, más acá de la política partidaria, para repensar la democracia y la forma en que resistimos.

Por Claudia Acuña




MU 213: Movete

Del dicho al hecho: Los crímenes de odio baten récords

En 2025 se produjeron 227 crímenes de odio contra personas de la comunidad LGTBIQ+: 60% más que el año anterior. El combustible: la violencia y discriminación desde el gobierno, empezando por el Presidente, y el desmantelamiento de políticas públicas. La precarización de la vida privada y lo que ocurre cuando el Estado se retira.

Por Evangelina Bucari




MU 213: Movete

Comunicacción: Unión de Medios Autogestivos

Siete medios de todo el país nos reunimos para crear transversalidad, proyectos y compartir ideas sobre cómo hacer periodismo en tiempos mileístas y más acá: el cooperativismo, las comunidades, el territorio, la agenda propia. ¿Cómo crear valor, generar puestos de trabajo y sostenerse cuando todo se cae? Lo que representan estos diarios, revistas, agencias y periodistas todoterreno que resguardan lo mejor del oficio, por fuera de Tik Tok y los streamings de turno.

Por Lucas Pedulla




MU 213: Movete

Ojos bien abiertos: Tadeo Bourbon, fotógrafo

Fue uno de los premiados por el World Press Photo por una imagen que podés ver en la página siguiente. La historia de Tadeo y de aquel día de marcha, represión, golpes y gas pimienta. De la moto, los casamientos y otros empleos, al contexto profesional y a la vez emocional que alimentó ese click al que llamó La Argentina de Milei.

Por Sergio Ciancaglini




MU 213: Movete

Alerta verde: MU en Misiones

Desde que asumió Milei, el precio que se paga a productores y trabajadores está desregulado. Cómo impacta esto en una industria ya precarizada, y lo que genera: éxodo rural, desarraigo, pobreza. Crónica de una época desde un territorio olvidado y en lucha.

Por Francisco Pandolfi




MU 213: Movete

Mondiablo: Juicios contra el Roundup de Monsanto/Bayer

Las pérdidas millonarias de Bayer por las demandas vinculadas al glifosato vuelven a poner en escena una historia que lleva décadas: evidencia científica, fraude corporativo, lobby político y daños sanitarios y ambientales a escala global. Mientras avanzan nuevos acuerdos judiciales y Trump sale al rescate de la compañía, el herbicida sigue presente en cuerpos, territorios y alimentos.

Por Anabel Pomar




MU 213: Movete

Anti algoritmo: Cineclub Mabuse

Hace 25 años que Uriel Barros proyecta películas en Súper 8 en festivales, centros culturales, escuelas, bares y espacios under. Una defensa artesanal y colectiva del cine frente a las plataformas, los algoritmos y el consumo individual. Terror, ciencia ficción, muñecos malditos y películas que todavía necesitan ser vistas.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Monte Hermosa: Josefina Lamarre

Editó el álbum Yin Yang y también le cantó (en contra) al amor extractivista. De la tevé en piyamas a la comedia musical, la perfomance, el Hotel Faena y las coplas chismosas. Lo que surgió de una ducha y la convivencia entre lo tanático, lo erótico y lo vital.

Por María del Carmen Varela




MU 213: Movete

Biblias.

Por Carlos Melone

Seguir leyendo

Lo más leido

Anticopyright lavaca. Todas nuestras notas pueden ser reproducidas libremente. Agradecemos la mención de la fuente. ©2025 Agencia lavaca.org. Riobamba 143, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina - Editor responsable: Cooperativa de Trabajo Lavaca ltda. Número de propiedad intelectual: 50682265 - cooperativalavaca@gmail.com | Tel.: +54 9 11 2632-0383

Vistas el día de hoy: 37.070