Nota
La olla de la vida: Natalia Quiroga
¿Qué tienen que ver las ollas populares con el FMI? ¿Cómo pensar una salida desde Moreno y no desde Wall Street, con la docente Corina y no con los buitres? ¿Por qué quienes organizan la resistencia son, casi siempre, mujeres? Posibles respuestas desde la economía feminista emancipatoria. POR FRANCO CIANCAGLINI
Cuando Natalia Quiroga supo que a la docente de Moreno Corina de Bonis le habían escrito en su panza con un punzón “ollas no”, no pudo dejar de pensar en el libro de Rita Segato La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Era el fin de la metáfora y el comienzo de una escalada de violencia que mezcla ausencia estatal con presencias mafiosas, un combo que Quiroga cazó al vuelo para leer con su lente: el de la economía feminista emancipatoria.
Quiroga aclara que la economía feminista emancipatoria se separa de las economías feministas neoliberales, que plantean las ideas de empoderamiento, reclaman políticas públicas y piden igualdad e inclusión. Esta otra visión de la economía se lee no desde organismos multilaterales, sino desde Moreno: desde las ollas. “Las ollas son tan subversivas porque convocan una legitimidad indiscutible, donde las mujeres tienen el poder de organizar las condiciones más importantes de reproducción. Cuando las mujeres convocan a la olla es un acto que desordena el subordinamiento a los poderes locales, es autogestionado”, dice. “Pero a la vez, ese proceso también permite organizar una denuncia muy fuerte. Tiene un poder emancipatorio y también de señalar lo que está ocurriendo, una capacidad de contestación, de interpelación”.
Las denuncias de las mujeres de Moreno son múltiples y urgentes: no hay clases, hay amenazas, falta comida. Quiroga describe la situación de estos barrios como un “sitiamiento por hambre” donde las mujeres son las que ponen el cuerpo: “EL FMI se está escribiendo sobre el cuerpo de las mujeres con punzón y mucha violencia, a través de una economía de la precariedad, de sitiarnos por hambre”, plantea Quiroga, oriunda de Bogotá pero radicada desde hace años en el país. “Lo que están viviendo los territorios es una luz sobre lo que no hay: no hay trabajo, no hay escuela, no hay alimentos, no hay servicios públicos”, define la investigadora.
En Moreno, en efecto, las ollas organizadas por las docentes corren por fuera del aparato estatal y político, y dejaron al descubierto la verdadera función que tienen las escuelas allí además de ser lugares de enseñanza: proveen alimentos. Las mujeres son tanto las que cocinan como las que dan las clases. Basta pensar en la vicedirectora Sandra Calamano, que abría hasta los sábados la escuela que luego explotó, o en la docente torturada Corina De Bonis. Quiroga lee: “En América Latina la mujer nunca logra ser individuo finalmente, ni siquiera en el capitalismo, porque la mujer es un lugar de paso, de la reproducción de la especie, de las políticas públicas, de la contención y de sostener y garantizar que la seguridad más elemental sea posible: cuando no hay nada se espera que en el hogar haya esa contención. El mismo capitalismo configura a esa identidad femenina como nunca individual y siempre responsable de todos los que no pueden valerse por sí mismos, incluso del varón que se suponía que tenía que ser proveedor. Y yo creo que lo que hace el movimiento de mujeres es poner un dique social que impide que el cuerpo de las mujeres siga siendo zona de sacrificio. Decimos ya no más”.
Otro ejemplo de sacrificio: “Así como el barrio de Ituzaingó Anexo (Córdoba, donde nacieron las Madres de Ituzaingó pioneras en denunciar el modelo agrotóxico) es una zona de sacrificio para el capitalismo por agrotóxicos, nosotras rechazamos y nos oponemos a que nuestros cuerpos lo sean. Y las ollas populares lo que hacen es transformar eso en acto político, y llevarlo a la escuela como lugar público”.

Natalia Quiroga es coordinadora académica de la Maestría de Economía Social de la Universidad General Sarmiento y co-coordinadora del grupo de trabajo de economía feminista emancipatoria de CLACSO.
Foto: Martina Perosa
Política doméstica
Sus estudios y preocupaciones (es coordinadora académica de la Maestría de Economía Social e investigadora docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, entre otros papiros) giran en torno a captar cómo desde el feminismo se está configurando una comprensión de la economía que vuelve insostenible la subjetividad individualista, consumista, que delega lo político y perpetúa la lógica neoliberal. “Lo que me desvela es hacer de la economía feminista una forma de entender la vida cotidiana, lo micro y lo macro. Cómo no dejar que estas iniciativas sean solamente de la crisis sino que permitan imaginar una forma en donde la economía vuelva a la producción y a la reproducción”, dirá.
En ese sentido, Quiroga retoma las teorías-prácticas de la economía social y comunitaria, y manotea el linaje político de las Madres de Plaza de Mayo para invocar esa capacidad femenina de fisurar el discurso individualista. “Las mujeres pueden denunciar la desposesión sobre lo reproductivo de una forma que es incontestable desde el capitalismo y por tanto es reconocida por la sociedad. Y para completar muchas de esas luchas no solo denuncian esa desposesión sino que han sido capaces de demostrar que hay otras maneras de vivir. Eso es lo más peligroso”.
La arqueología de las ollas populares remite necesariamente al 2001, allí donde Quiroga ve otra clave de lectura. “Una de los grandes cambios que ocurrió en 2001 es que se politiza lo reproductivo, y actividades que eran femeninas como la cocina son las que permiten sostener el piquete. Lo que pasa es que eso quedó como un hecho excepcional y no pudo configurar la política a largo plazo. La pregunta hoy es cómo configuramos una política donde nuestros roles y nuestras formas de entender lo político nunca se separen de la olla, de la vida cotidiana, donde además los hombres puedan ocupar ese lugar que no han ocupado históricamente: el lugar de lo doméstico. Compartir y hacerse cargo de lo doméstico y permitir que haya otras voces que se escuchen. Al momento de hablar las mujeres desaparecen o tienen que tomar comportamientos masculinos para ser parte de la política. La idea es que ya no sea así”.
Entre ollas y pañuelos, Quiroga interpreta que en esta época se puede pensar en una proyección a largo plazo de este tipo de economía: “Muchas de esas mujeres que organizaron la vida y la emergencia están acá y sus hijas hacen parte del movimiento de mujeres de Argentina. Tenemos esa hermosa combinación de dos generaciones que se encuentran, y creo que eso nos va a permitir poder construir una política que no sea solamente para enfrentar la crisis sino que permita la emergencia de esa nueva forma de ver la vida en lo económico. Eso me parece que pasa sobre todo por poner el centro y la cabeza en la vida, en una vida territorializada, en una vida con otros”.
Olla y meditación
Quiroga plantea que post 2001 uno de los “grandes fracasos” tuvo que ver con que “se subsumió al país a un paradigma distributivo, poniendo en el centro al Estado como distribuidor”. No lo dice desde una pose ultra ni purista, sino autogestiva: “El Estado te quiere manejar la olla. Lo ves con este gobierno: Margarita Barrientos, te hago olla y meditación. El problema es que éstas mujeres (las de Moreno) están definiendo qué le ponen a la ollas, qué cocinan, con quiénes cocinan y además cocinan sin pedirle permiso a nadie: por eso las tienen amenazadas”.
Para Quiroga, entonces, el problema fue no discutir de fondo lo otro que también estaba creciendo: el modelo empresarial monopólico y el sistema económico financiero, que se acomodaron en la Casa Rosada luego con el macrismo: “Ese parentesco tan explícito entre los fondos especulativos y todos los miembros de este gobierno permite que ahora entendamos que la economía tiene que hacerse cuerpo, tierra, naturaleza, y eso pasa por que las mujeres podamos poner en el centro una agenda económica donde ni la deuda, ni los intereses, ni la especulación sean el objetivo principal”.
Para Quiroga la lógica económica de este gobierno es una cadena de bombas que se desactivan y activan: corto plazo. “En cambio la lógica económica que traen las ollas populares es una lógica muy sostenible en el largo plazo: cómo resolvemos los problemas con lo que tenemos, con las capacidades de cada persona y entre todos. Se piensa en la comida del día para todos y también en cómo garantizar la comida en los siguientes días. Es una lógica sostenible porque se está pensando una economía ligada a la vida”.
En cambio, plantea que para este programa económico neoliberal no hay futuro. “Las ollas en las escuelas muestran cómo esos espacios donde están presentes las mujeres son espacios muy anfibios en el sentido que tienen la capacidad de situarse en el campo de la reproducción, de unir la producción con la reproducción. Politizar la reproducción y dejar de que esté debajo de la mesa, algo para lo cual en lo financiero la reproducción – la vida de los seres y la naturaleza- no existe”.
Las contraposiciones más evidentes entre una y otra economía podrían contrastar el pago a los buitres versus cómo esa plata no se usa para el sistema de subsidios a servicios públicos, salud o educación, o la reciente medida oficial de trasladar los coletazos de la devaluación en el gas a los usuarios y no a las empresas. “En la economía feminista emancipatoria la vida de las personas sí cuenta”, resume Quiroga.
Otras formas de vivir
¿Cómo pensar una economía basada en la vida sin que quede naif? Natalia se ríe: “Frente a la mortalidad que genera el capital me parece que es estratégico decir ‘vida’. En este momento estamos en una lógica de la muerte, porque claramente lo que hay actualmente es un ataque brutal contra las condiciones más elementales de la vida. La economía feminista tiene esa capacidad de nombrar la vida, pero fijate que es una vida que interpela la forma en la que la ha organizado el capital. No está funcionando alrededor del mercado, del consumo, de las tarjetas de crédito… Esa economía feminista más decolonial, más emancipatoria que se construye en América Latina, plantea que se puede organizar la vida de muchas otras maneras”.
Para profundizar esto Quiroga propone otro concepto: autonomía reproductiva. “Significa salir del mercado y dejar de pensar que las personas necesitan tener un determinado volumen de ingresos para tener una vida feliz. Creo que el capitalismo nos ha acostumbrado a pensar que es absolutamente normal que haya cosas que necesitemos y que no podemos tener. Y que podemos pasar toda su vida si tenerlas. Un ejemplo clave es el de la vivienda. La vivienda se ha conviertido en casi todo el mundo en una ilusión transgeneracional inalcanzable. Pero se nos olvida que la vivienda debería ser un elemento central en la seguridad y los fundamentos de abrigo de la vida misma. Las viviendas no son construidas para que los seres humanos las habiten sino para ser transadas en el sistema de capital. Pero al plantear una mirada diferente, no economicista ni subordinada al mercado, se genera el espacio para esa economía feminista, y para pensar la vida de formas distintas.
¿Cuáles serían ejemplos o inspiraciones?
Hoy en la Ciudad de Buenos Aires hay muchos espacios que han sido reconfigurados con estas lógicas. En estos momentos de crisis el florecimiento de todas las redes de bolsones de alimentos es una señal. Lo importante es romper con la lógica monopólica de que tres cadenas de súper tengan el control sobre la alimentación de millones de personas. La economía feminista se piensa desde la cocina: no piensa en su único placer sino en todos los que está alrededor. Y la cocina es un espacio de discutir, de resolver problemas, de hacer con otros. Se organiza entre todos la vida cotidiana.
¿Cómo pensar la relación con la naturaleza en el conurbano?
En general se ha pensado que cuando se habla de la naturaleza es el río y la montaña, pero la invocación de la naturaleza es lo que te rodea. En los conurbanos de la Argentina pensar la naturaleza significa comprender la necesidad de un agua no contaminada. Que no nos fumiguen la cabeza. O poder acceder a alimentos que no sean transgénicos. Ser periferia urbana en el capitalismo implica también ser el lugar donde se llevan los residuos, ponen un basural al lado: eso es naturaleza.
¿Cómo sería una ciudad habitada por lógicas femeninas?
Las manifestaciones de mujeres, si bien están pidiendo cosas serias, son momentos de la alegría, de espíritu festivo, una gran fiesta, una gran algarabía. Sin estado, sin policías, sin represión. ¿No? Una ciudad habitada por lógicas femeninas debería ser como una algarabía permanente. Debe ser por eso que no nos quieren dejar hacerla.
Nota
Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.
Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol
–El sueldo no alcanza ni para comer.
Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.
También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.
Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.
Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Salir a la calle
El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.
La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.
La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.
Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:
- Docentes con sueldos indecentes.
- Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
- Basta de mentiras, amenazas y presión.
- Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
- Salud mental es llegar a fin de mes.
- Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Migajas
Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.
–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.
–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.
Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas
-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.
Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”.
¿Cómo sigue el curso de esta historia?
Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

El principio de todo: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
POR FRANCISCO PANDOLFI

El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
Un predio lleno de fábricas vaciadas. Trabajadores organizados resistiendo al desempleo, la apertura de las importaciones y la reducción de aranceles de promoción en una provincia que de 16.000 obreros pasó a tener 6.400. Una política que golpea a empresas de todos los tamaños y rubros: tecnológicas, textiles, metalúrgicas, electrodomésticas y electrónicas. Y todo esto sin que todavía se aplique la reforma laboral. Las propuestas para que los propios trabajadores se hagan cargo de las empresas en crisis. Los gestos de solidaridad, las donaciones de quienes todavía tienen empleo, el bingo provincial y cómo se va recuperando desde abajo una idea de hermandad para enfrentar estos tiempos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

A contracorriente: La lucha fueguina frente a la industria salmonera
De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
POR FRANCISCO PANDOLFI

Agroecología en el principio del mundo: El modelo Panchito
Cultiva alimentos y medicinas en medio de temperaturas extremas, sin venenos y con semillas propias: “Una semilla viva significa una familia sana”, dice el productor agroecológico Francisco Pancho Barria. Cosechas asombrosas, zanahorias de 3 kilos, nabos de 12, acelgas de metro y medio de alto. Cómo volver posible lo inimaginable con ideas simples, ancestrales, trabajo a conciencia y sentimiento. La política para la foto, el lugar de los niños, la idea de agacharse, y los números que muestran que la vida sana es, además, rentable.
FRANCISCO PANDOLFI

La guerra invisible: la Antártida en la mira
Juan Rattenbach recoje el guante de su abuelo, autor del Informe Rattenbach que denunció a las jerarquías militares por los errores y delitos cometidos en Malvinas. El significado hoy, con Gran Bretaña ocupando el 25% de la superficie argentina. La Antártida y el Atlántico Sur en la geopolítica actual. El rol de Estados Unidos y China. El ataque a la industrialización fueguina. Dos cuestiones: ¿Cuál es nuestro centro geográfico? ¿Y cuándo nació el pueblo?
SERGIO CIANCAGLINI

Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
POR LUCAS PEDULLA

Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
POR CLAUDIA ACUÑA

Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
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Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
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Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.

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