Nota
La olla de la vida: Natalia Quiroga
¿Qué tienen que ver las ollas populares con el FMI? ¿Cómo pensar una salida desde Moreno y no desde Wall Street, con la docente Corina y no con los buitres? ¿Por qué quienes organizan la resistencia son, casi siempre, mujeres? Posibles respuestas desde la economía feminista emancipatoria. POR FRANCO CIANCAGLINI
Cuando Natalia Quiroga supo que a la docente de Moreno Corina de Bonis le habían escrito en su panza con un punzón “ollas no”, no pudo dejar de pensar en el libro de Rita Segato La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Era el fin de la metáfora y el comienzo de una escalada de violencia que mezcla ausencia estatal con presencias mafiosas, un combo que Quiroga cazó al vuelo para leer con su lente: el de la economía feminista emancipatoria.
Quiroga aclara que la economía feminista emancipatoria se separa de las economías feministas neoliberales, que plantean las ideas de empoderamiento, reclaman políticas públicas y piden igualdad e inclusión. Esta otra visión de la economía se lee no desde organismos multilaterales, sino desde Moreno: desde las ollas. “Las ollas son tan subversivas porque convocan una legitimidad indiscutible, donde las mujeres tienen el poder de organizar las condiciones más importantes de reproducción. Cuando las mujeres convocan a la olla es un acto que desordena el subordinamiento a los poderes locales, es autogestionado”, dice. “Pero a la vez, ese proceso también permite organizar una denuncia muy fuerte. Tiene un poder emancipatorio y también de señalar lo que está ocurriendo, una capacidad de contestación, de interpelación”.
Las denuncias de las mujeres de Moreno son múltiples y urgentes: no hay clases, hay amenazas, falta comida. Quiroga describe la situación de estos barrios como un “sitiamiento por hambre” donde las mujeres son las que ponen el cuerpo: “EL FMI se está escribiendo sobre el cuerpo de las mujeres con punzón y mucha violencia, a través de una economía de la precariedad, de sitiarnos por hambre”, plantea Quiroga, oriunda de Bogotá pero radicada desde hace años en el país. “Lo que están viviendo los territorios es una luz sobre lo que no hay: no hay trabajo, no hay escuela, no hay alimentos, no hay servicios públicos”, define la investigadora.
En Moreno, en efecto, las ollas organizadas por las docentes corren por fuera del aparato estatal y político, y dejaron al descubierto la verdadera función que tienen las escuelas allí además de ser lugares de enseñanza: proveen alimentos. Las mujeres son tanto las que cocinan como las que dan las clases. Basta pensar en la vicedirectora Sandra Calamano, que abría hasta los sábados la escuela que luego explotó, o en la docente torturada Corina De Bonis. Quiroga lee: “En América Latina la mujer nunca logra ser individuo finalmente, ni siquiera en el capitalismo, porque la mujer es un lugar de paso, de la reproducción de la especie, de las políticas públicas, de la contención y de sostener y garantizar que la seguridad más elemental sea posible: cuando no hay nada se espera que en el hogar haya esa contención. El mismo capitalismo configura a esa identidad femenina como nunca individual y siempre responsable de todos los que no pueden valerse por sí mismos, incluso del varón que se suponía que tenía que ser proveedor. Y yo creo que lo que hace el movimiento de mujeres es poner un dique social que impide que el cuerpo de las mujeres siga siendo zona de sacrificio. Decimos ya no más”.
Otro ejemplo de sacrificio: “Así como el barrio de Ituzaingó Anexo (Córdoba, donde nacieron las Madres de Ituzaingó pioneras en denunciar el modelo agrotóxico) es una zona de sacrificio para el capitalismo por agrotóxicos, nosotras rechazamos y nos oponemos a que nuestros cuerpos lo sean. Y las ollas populares lo que hacen es transformar eso en acto político, y llevarlo a la escuela como lugar público”.

Natalia Quiroga es coordinadora académica de la Maestría de Economía Social de la Universidad General Sarmiento y co-coordinadora del grupo de trabajo de economía feminista emancipatoria de CLACSO.
Foto: Martina Perosa
Política doméstica
Sus estudios y preocupaciones (es coordinadora académica de la Maestría de Economía Social e investigadora docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, entre otros papiros) giran en torno a captar cómo desde el feminismo se está configurando una comprensión de la economía que vuelve insostenible la subjetividad individualista, consumista, que delega lo político y perpetúa la lógica neoliberal. “Lo que me desvela es hacer de la economía feminista una forma de entender la vida cotidiana, lo micro y lo macro. Cómo no dejar que estas iniciativas sean solamente de la crisis sino que permitan imaginar una forma en donde la economía vuelva a la producción y a la reproducción”, dirá.
En ese sentido, Quiroga retoma las teorías-prácticas de la economía social y comunitaria, y manotea el linaje político de las Madres de Plaza de Mayo para invocar esa capacidad femenina de fisurar el discurso individualista. “Las mujeres pueden denunciar la desposesión sobre lo reproductivo de una forma que es incontestable desde el capitalismo y por tanto es reconocida por la sociedad. Y para completar muchas de esas luchas no solo denuncian esa desposesión sino que han sido capaces de demostrar que hay otras maneras de vivir. Eso es lo más peligroso”.
La arqueología de las ollas populares remite necesariamente al 2001, allí donde Quiroga ve otra clave de lectura. “Una de los grandes cambios que ocurrió en 2001 es que se politiza lo reproductivo, y actividades que eran femeninas como la cocina son las que permiten sostener el piquete. Lo que pasa es que eso quedó como un hecho excepcional y no pudo configurar la política a largo plazo. La pregunta hoy es cómo configuramos una política donde nuestros roles y nuestras formas de entender lo político nunca se separen de la olla, de la vida cotidiana, donde además los hombres puedan ocupar ese lugar que no han ocupado históricamente: el lugar de lo doméstico. Compartir y hacerse cargo de lo doméstico y permitir que haya otras voces que se escuchen. Al momento de hablar las mujeres desaparecen o tienen que tomar comportamientos masculinos para ser parte de la política. La idea es que ya no sea así”.
Entre ollas y pañuelos, Quiroga interpreta que en esta época se puede pensar en una proyección a largo plazo de este tipo de economía: “Muchas de esas mujeres que organizaron la vida y la emergencia están acá y sus hijas hacen parte del movimiento de mujeres de Argentina. Tenemos esa hermosa combinación de dos generaciones que se encuentran, y creo que eso nos va a permitir poder construir una política que no sea solamente para enfrentar la crisis sino que permita la emergencia de esa nueva forma de ver la vida en lo económico. Eso me parece que pasa sobre todo por poner el centro y la cabeza en la vida, en una vida territorializada, en una vida con otros”.
Olla y meditación
Quiroga plantea que post 2001 uno de los “grandes fracasos” tuvo que ver con que “se subsumió al país a un paradigma distributivo, poniendo en el centro al Estado como distribuidor”. No lo dice desde una pose ultra ni purista, sino autogestiva: “El Estado te quiere manejar la olla. Lo ves con este gobierno: Margarita Barrientos, te hago olla y meditación. El problema es que éstas mujeres (las de Moreno) están definiendo qué le ponen a la ollas, qué cocinan, con quiénes cocinan y además cocinan sin pedirle permiso a nadie: por eso las tienen amenazadas”.
Para Quiroga, entonces, el problema fue no discutir de fondo lo otro que también estaba creciendo: el modelo empresarial monopólico y el sistema económico financiero, que se acomodaron en la Casa Rosada luego con el macrismo: “Ese parentesco tan explícito entre los fondos especulativos y todos los miembros de este gobierno permite que ahora entendamos que la economía tiene que hacerse cuerpo, tierra, naturaleza, y eso pasa por que las mujeres podamos poner en el centro una agenda económica donde ni la deuda, ni los intereses, ni la especulación sean el objetivo principal”.
Para Quiroga la lógica económica de este gobierno es una cadena de bombas que se desactivan y activan: corto plazo. “En cambio la lógica económica que traen las ollas populares es una lógica muy sostenible en el largo plazo: cómo resolvemos los problemas con lo que tenemos, con las capacidades de cada persona y entre todos. Se piensa en la comida del día para todos y también en cómo garantizar la comida en los siguientes días. Es una lógica sostenible porque se está pensando una economía ligada a la vida”.
En cambio, plantea que para este programa económico neoliberal no hay futuro. “Las ollas en las escuelas muestran cómo esos espacios donde están presentes las mujeres son espacios muy anfibios en el sentido que tienen la capacidad de situarse en el campo de la reproducción, de unir la producción con la reproducción. Politizar la reproducción y dejar de que esté debajo de la mesa, algo para lo cual en lo financiero la reproducción – la vida de los seres y la naturaleza- no existe”.
Las contraposiciones más evidentes entre una y otra economía podrían contrastar el pago a los buitres versus cómo esa plata no se usa para el sistema de subsidios a servicios públicos, salud o educación, o la reciente medida oficial de trasladar los coletazos de la devaluación en el gas a los usuarios y no a las empresas. “En la economía feminista emancipatoria la vida de las personas sí cuenta”, resume Quiroga.
Otras formas de vivir
¿Cómo pensar una economía basada en la vida sin que quede naif? Natalia se ríe: “Frente a la mortalidad que genera el capital me parece que es estratégico decir ‘vida’. En este momento estamos en una lógica de la muerte, porque claramente lo que hay actualmente es un ataque brutal contra las condiciones más elementales de la vida. La economía feminista tiene esa capacidad de nombrar la vida, pero fijate que es una vida que interpela la forma en la que la ha organizado el capital. No está funcionando alrededor del mercado, del consumo, de las tarjetas de crédito… Esa economía feminista más decolonial, más emancipatoria que se construye en América Latina, plantea que se puede organizar la vida de muchas otras maneras”.
Para profundizar esto Quiroga propone otro concepto: autonomía reproductiva. “Significa salir del mercado y dejar de pensar que las personas necesitan tener un determinado volumen de ingresos para tener una vida feliz. Creo que el capitalismo nos ha acostumbrado a pensar que es absolutamente normal que haya cosas que necesitemos y que no podemos tener. Y que podemos pasar toda su vida si tenerlas. Un ejemplo clave es el de la vivienda. La vivienda se ha conviertido en casi todo el mundo en una ilusión transgeneracional inalcanzable. Pero se nos olvida que la vivienda debería ser un elemento central en la seguridad y los fundamentos de abrigo de la vida misma. Las viviendas no son construidas para que los seres humanos las habiten sino para ser transadas en el sistema de capital. Pero al plantear una mirada diferente, no economicista ni subordinada al mercado, se genera el espacio para esa economía feminista, y para pensar la vida de formas distintas.
¿Cuáles serían ejemplos o inspiraciones?
Hoy en la Ciudad de Buenos Aires hay muchos espacios que han sido reconfigurados con estas lógicas. En estos momentos de crisis el florecimiento de todas las redes de bolsones de alimentos es una señal. Lo importante es romper con la lógica monopólica de que tres cadenas de súper tengan el control sobre la alimentación de millones de personas. La economía feminista se piensa desde la cocina: no piensa en su único placer sino en todos los que está alrededor. Y la cocina es un espacio de discutir, de resolver problemas, de hacer con otros. Se organiza entre todos la vida cotidiana.
¿Cómo pensar la relación con la naturaleza en el conurbano?
En general se ha pensado que cuando se habla de la naturaleza es el río y la montaña, pero la invocación de la naturaleza es lo que te rodea. En los conurbanos de la Argentina pensar la naturaleza significa comprender la necesidad de un agua no contaminada. Que no nos fumiguen la cabeza. O poder acceder a alimentos que no sean transgénicos. Ser periferia urbana en el capitalismo implica también ser el lugar donde se llevan los residuos, ponen un basural al lado: eso es naturaleza.
¿Cómo sería una ciudad habitada por lógicas femeninas?
Las manifestaciones de mujeres, si bien están pidiendo cosas serias, son momentos de la alegría, de espíritu festivo, una gran fiesta, una gran algarabía. Sin estado, sin policías, sin represión. ¿No? Una ciudad habitada por lógicas femeninas debería ser como una algarabía permanente. Debe ser por eso que no nos quieren dejar hacerla.
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

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Javier Milei intervino el puerto de Ushuaia sin provocar un rechazo opositor visible. Un sitio clave en la geopolítica y a la vez una caja de 30.000 millones de pesos anuales que mezcla industria marítima, turismo, y la puerta a la Antártida. Los testimonios sobre la falta de control . Hablan el gobernador, funcionarios, trabajadores, ex combatientes. Trump y el misterioso avión, China y los acuerdos, Gran Bretaña adentro, la forma de la crisis y la resistencia contra el vaciamiento de un país.
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El industricidio: Crónica desde el polo fabril de Río Grande
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De espaldas a la sociedad y bajo presión del gobierno nacional, la Legislatura fueguina (la misma que en 2021 votó en contra) aprobó un proyecto que permite la instalación de megafactorías marítimas del salmón, uno de los productos que más se exportan al mundo. El impacto ambiental es conocido y hay un ejemplo cercano en la vecina Chile: peces hacinados, contaminación por antibióticos y heces, destrucción de otras especies, y una precarización total de las condiciones de trabajo. El cuadro de situación ante un “pescado químico”, la lucha de la asamblea, y el gobernador que responde sobre los principales contrapuntos.
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Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

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Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

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Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
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