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La Superministra: Perfil político de Carolina Stanley

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Quedó al frente de un mega ministerio que incluye Desarrollo Social y Salud. De confianza de Macri y amiga del Papa, se ganó el respeto de los movimientos sociales. Misión: contener la crisis, mientras el PRO la tantea como vice en 2019. Por Lucas Pedulla y Ezequiel Scher.
En política los detalles suelen ser importantes: cuando los dirigentes de los movimientos sociales vieron que la mujer con quienes debían negociar preparaba el mate con sus propias manos y lo compartía, se sorprendieron. Sorbo tras sorbo fue quedando atrás la imagen de la niña de familia acomodada, hija de un banquero que hizo negocios con el menemismo. Carolina Stanley es la funcionaria a cargo de un mega Ministerio con una caja de más de 170 mil millones de pesos, una de las pocas áreas del Estado que no sufrió un recorte presupuestario.
Ella, envalentonada con su gestión durante estos dos años y medio, pidió que no se tocara a nadie de su cartera. Le dieron el okey.
Tras los cambios en el Gabinete, sumó dos cajas sensibles: Anses y Salud, convertido en una simple secretaría por tercera vez en la historia –las otras dos, durante dictaduras- bajo el ala de Desarrollo Social. Así, se convirtió en la ministra con mayor presupuesto, concentrando el 63,9 por ciento del gasto social, mientras la crisis de un país en negociación promiscua con el FMI agita distintos tipos de fantasmas sobre el delicado tablero social que Carolina Stanley intenta sostener todos los días.

Una buena alumna

En la sexta línea de la biografía de Guillermo ‘Willy’ Stanley que figura en la web de Inverlat, su compañía de inversión privada, se aclara sin tapujos: “Durante los 90’s, fue un activo participante de la reestructuración de la deuda externa y del proceso de privatización de las compañías estatales de la Argentina”. Cuando nació su hija Carolina, el 22 de noviembre de 1975, fruto de su matrimonio con la psicoanalista María Cristina Tate, Willy todavía no era una de las cabezas del Citibank, como lo fue durante el menemismo. Sus andanzas de entonces están perfectamente sintetizadas en el CV del fondo de inversión que maneja con otros empresarios y con el que adquirieron -previo desembolso de 500 millones de dólares- cadenas como Havanna, KFC y Wendy´s. Por entonces Willy Stanley también representaba al Banco Nación en Londres. “Ya fue eso de vincularla con el papá”, aclaran desde el equipo de la superministra, donde aseguran que la relación es buena, pero sin influencias paternas en lo político.
En definitiva, cuando tuvo que elegir qué hacer, salió del cascarón de la educación privada (había estudiado en el exclusivo Saint Catherine’s School, colegio laico que hasta el 1998 era exclusivo de mujeres y que se destaca en la enseñanza de hockey sobre césped). A diferencia de prototipo PRO, Stanley enfiló hacia la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde se recibió de abogada con un promedio de 9,45.
Su carrera política comenzó ahí: Stanley hija reveló que fue cursando la materia Derecho Penal Juvenil cuando descubrió su “inclinación hacia lo social”. Trabajó en Cancillería en tiempos de Guido Di Tella, en 1998, como consultora del Departamento de América del Norte . Pero su imán estaba en lo social. Visitó institutos de menores, y se capacitó en infancia. En ese área conoció a María Laura Leguizamón, diputada y senadora peronista, con quien en el 2000 entró como asesora de su equipo de trabajo en la Legislatura Porteña. Su madrina política había sido directora de Acción Social en el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Su experiencia en el Consejo Menor y la Familia atrajo a la joven Stanley en ese 2000 a seguirla. Allí trabajaba Federico Salvai, el hombre al que quince años después María Eugenia Vidal le daría las gracias más fundamentales, entre globos y canciones, el día en el que le ganó a Aníbal Fernández la gobernación. Ese chico salteño, hoy Jefe de Gabinete de Vidal en la provincia de Buenos Aires, se volvería el compañero de Stanley y el padre de sus dos hijos, a quienes lleva a los timbreos. Desde la gobernación lo caracterizan como “el Marcos Peña” de Vidal.
“Acababa de salir de la facultad. Nunca había caminado el territorio, pero no lo dudó y no le costó. En aquella época no había el desarrollo que hay ahora sobre políticas para personas en situación de calle. Eso necesita de compromiso y de ponerle el cuerpo. Yo te aseguro que ese sentimiento en ella es genuino”, asegura a MU Leguizamón, quien ya cumplió su mandato como senadora por el Frente para la Victoria y, a pesar de la grieta, recuerda a Stanley con mucha estima.

El camino de Dios

La política siempre es una ventana a más política. Atraída por las nuevas plataformas que surgían en el post-2001, los contactos la llevaron a la Fundación Sophia, centro ideológico conducido por Horacio Rodríguez Larreta. De ahí, pasó a Creer y Crecer, la usina de formación creada por Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Stanley entró en el programa de generación de políticas sociales, específicamente en el área de personas en situación de calle. Como un dominó al revés, le cayó la última ficha que necesitaba: su jefa era Vidal.
Para el carnet definitivo del PRO le faltaba demostrar lo suyo en el terreno más preciado de Macri. Aunque ella es de River, tuvo que pasar por la Bombonera. En el 2005 Boca estaba en un año en que ganaba todo lo que disputaba. Sin embargo, al todavía presidente del club le fastidiaban los “curros” en el sector social del club. Stanley y Vidal llegaron para limpiar la supuesta corrupción y, sobre todo, fortalecer la relación con el sur de la Ciudad y con fundaciones asistencialistas. Así lo hicieron y, como una suerte de Copa Libertadores, Macri le entregó a la dupla Vidal-Stanley su primer Ministerio de Desarrollo Social en Ciudad, en 2008 (los primeros seis meses de gestión los había encabezado Esteban Bullrich).
Stanley empezó así a pisar fuerte en el terreno desde la Dirección General de Fortalecimiento de la Sociedad Civil. Pero su experiencia en el poder legislativo la llevó a cambiar de cancha: en 2009, fue una de las once nuevas caras del PRO en la Legislatura porteña, en la lista que encabezó Fernando de Andreis. Homenajeó fundaciones, legitimó proyectos de oenegés y siguió de cerca el trabajo del gobierno sobre su tema principal: personas en situación de calle.
En 2011, cuando Macri ganó la reelección en la Ciudad y Gabriela Michetti pasó a la Cámara de Diputados, Vidal se convirtió en la vicejefa de Gobierno y dejó su lugar de gestión a su mayor socia política. La relación que cultivaron es tan personal que este año viajaron juntas a visitar al Papa (también fue Salvai) cuando faltaba un mes para que el Senado discutiera la legalización del aborto. Cuentan que cuando Francisco quiere tener una reunión determinante, la organiza en su residencia, no permite fotos y pide especialmente que no trascienda lo que allí se dice. Así fueron los encuentros con la superministra, con quien Bergoglio mantiene un contacto más fluido que con Macri. “Yo me había manifestado en contra del aborto no sólo por motivos religiosos, sino de creer en la vida a partir de la concepción”, declaró Stanley más de una vez. Cuando le consultaron los temas tratados en el encuentro, negó que se hubiera hablado de la ley. Hasta sus cercanos asumen que esa es una respuesta protocolar. Pero según ella, no se movió de su agenda: “Hablamos de temas de adicciones y de las personas en situación de calle. Nosotros trabajamos con curas villeros que nos ayudan a resolver problemáticas”. Stanley tiene el área de Salud a su cargo, en la que el ahora secretario Adolfo Rubinstein defiende la legislación por un aborto seguro, legal y gratuito.
Increíblemente, o no, la amistad papal la acercó a uno de los referentes de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) con quien suele sentarse en las mesas de negociación: Juan Grabois.

Rumores y alfajores

Las organizaciones sociales de la Ciudad recuerdan su paso como una funcionaria efectiva. “No te boludea ni te chamuya: por sí o por no, es expeditiva”, coinciden. Otra imagen: puede atender el teléfono días de semana hasta muy tarde e incluso domingos. “Uno tiende a creer que estos son todos finoli y no te dan bola, pero ella te atiende, y puede estar a su vez preparando la comida o ayudando a sus hijos en la tarea del colegio. Se ocupa de la gestión, pero tiene una pata puesta en la familia”. Esa pata es la que influye -según su entorno- para descartar un rumor constante: la posibilidad de ser la compañera de fórmula de Macri en 2019. El tiempo, la coyuntura o Durán Barba lo dirán.
Un militante social de la Ciudad -tan sólo uno de los tantos a los que Stanley le convidaba alfajores Havanna en las reuniones que sacaba de las cajas que le regalaba su padre y guardaba en los estantes de su despacho- la recuerda así: “Es gente de guita, pero nunca la vi llena de joyas, anillos, collares. Siempre pulóver, blusa y saquito. Si no sabés que es ministra, pasa desapercibida”. Así también la vieron en la calle durante la época de campaña, volanteando y cortando cinta scotch para pegar los carteles en las mesitas que ella también armaba en cualquier barrio al que iban.
Otro militante define que la Ciudad fue un laboratorio de gestión: “El PRO tiene voto en las villas y todo un esquema de construcción territorial de delegados que era la base del PJ. El PRO lo fue construyendo. Es decir que Stanley llegó a Nación con un esquema ya probado en la Ciudad. Había una característica de gestión muy clara. No es ninguna improvisada”.

Emprendedores sin derechos

ras el triunfo de Cambiemos en 2015, y de cara a la conformación de un gabinete repleto de ceo´s y empresarios, su salto al ministerio nacional no estuvo exento de prejuicios. “La Evita cheta” fue uno de las primeras descripciones que golpearon los pasillos. Algunos de los movimientos esperaban encontrarse con esa caracterización, pero la política y la realidad suelen ser más complejas. “Debo reconocer que tiene un conocimiento cabal de lo social: no es sólo un rostro bonito detrás de un escritorio”, cuenta un dirigente social que se sienta con ella a pelear por mejorar las condiciones en los barrios. “Reconoce muchísimas de nuestras demandas, y dio un gran impulso para que la Ley de Emergencia Social pueda caminar y aprobarse en el Congreso. Pero también vemos que las decisiones políticas las tiene sólo el Presidente. Y esa ley es un ejemplo”.
Los dirigentes no descartan que parte del juego PRO sea tener a Stanley como la policía buena de las políticas de ajuste. Ella debió construir la afinidad con las organizaciones sociales y, a diferencia o para diferenciarse del kirchnerismo, eligió otros vínculos: si antes el Ministerio se sentaba con La Cámpora o Luis D’Elia, ella se volcó a otros sectores como la CTEP, Barrios de Pie o el Movimiento Evita. Desde esos lugares dicen: “Antes nos juntábamos con funcionarios de segunda línea, ahora es ella quien nos recibe y plantea discusiones cara a cara. Y sin ubicarse desde la caridad”.
Las organizaciones aportan un dato de contexto: esa actitud dialoguista ocurre también porque hay otro posicionamiento de los movimientos sociales como actores políticos de peso y con movilizaciones multitudinarias que reflejan sus construcciones en los barrios. El Gobierno también entendió ese escenario, como causa y efecto, siempre intentando que la cosa no explote.
Un dirigente social interpreta esa olla caldeada: “Es la base que implica que haya una concentración de fuerzas y presupuestos en Desarrollo, porque el universo que sufre esas políticas es cada vez más amplio. Claro que esto no es ningún mérito, porque lo ideal sería que esos fondos se destinen a un esquema de desarrollo social que procure una mejora en las distintas variables de la pobreza. Pero la realidad es que algo tenés que dar a los sectores a quienes no le das ninguna salida con este proyecto de país”.
Stanley sostuvo la política de planes y se ocupa de equilibrar con asistencia estatal la caída del poder adquisitivo. Con la crisis las prioridades de esas asistencias cambiaron: “Antes se activaban programas de emprendedurismo, que es la lógica que ellos manejan, y se podía viajar a los barrios y dar respuestas a los distintos lugares del país. Hoy casi todos los pedidos son chapa (para las casas) y comida”. Muchos de esos programas, hasta los de emprendedurismo, se cortaron. Y cuentan que en el edificio del rostro de Evita los teléfonos arden de llamadas de los punteros PRO de las provincias que reclaman soluciones.
Claro que su gestión no se privó de datos inquietantes, para decirlo con elegancia. Uno fue que su declaración jurada creció 345 por ciento. Otro: giró plata a la Fundación Grano de Mostaza, donde su hermana Brenda es directora de un programa. El caso más sensible fue el recorte de más de 120 mil pensiones pensiones por invalidez. Stanley se excusó en que se trató de un “error”, aunque dilató las restituciones mediante medidas judiciales, pero la Cámara Federal de la Seguridad Social ordenó al Ministerio todas las recomposiciones. Stanley mezcla algoritmo con cara social.
Otro titular ocurrió durante un timbreo en el conurbano: tuiteó una foto junto a un hombre: “Juan armó esta parrilla en la puerta de su casa para los obreros de la zona”, escribió Stanley. “Así ellos almuerzan y él se gana una changa”.
Además de las críticas virtuales, el propio Juan cruzó a la Ministra a través de un canal de una organización militante: “Qué me felicita usted si tengo una parrilla y estoy en negro. Yo necesito efectivo y trabajo”. Stanley borró el tweet.
Desde los pasillos del Ministerio circula con fuerza otro favor: la inminente mudanza del Instituto Nacional de Juventud, un organismo descentralizado que dirige Pedro Robledo, a la sede donde funcionaba la empresa Pepsico, según confían algunos trabajadores a MU. “Es una devolución de Pepsico después de que el Gobierno garantizara la represión a los despedidos”, interpretan, en otro capítulo de una realidad sin metáforas.

El mega Ministerio

«Stanley va a tener un mega ministerio”, sintetiza a MU Daniel Gollán, uno de los médicos sanitaristas más reconocidos del país y último ministro de Salud de la Nación de Cristina Fernández de Kirchner. “Hablamos de Desarrollo Social, de Salud y de la Anses como un organismo muy grande. Lo que va a generar es el conocido ‘efecto embudo’ en la administración pública: tantas áreas no pueden depender de la firma de una sola persona. No hay tiempo material ante tanta demanda”.
El ex-ministro es sintético: lo que se ve es un proceso de achicamiento en políticas de salud y un retiro del área de Salud de la coordinación y ejecución de todas las actividades que le son propias. Y aclara que no es un efecto de la absorción por Desarrollo Social, sino un proceso que lleva dos años y medio y se expresa en el desfinanciamiento de programas nacionales de salud. Algunos ejemplos: “El programa de HIV Sida no sólo hace prevención y promoción sino que entrega la medicación a 70 mil pacientes en todo el país que están bajo cobertura estatal. Lo mismo ocurre con la lepra, la hepatitis C, tuberculosis. O muchas otras enfermedades sexuales como sífilis, que está creciendo de forma alarmante. El Director del área de HIV ya renunció porque le comunicaron que la quita es del 50 por ciento: 65 mil pacientes se van a quedar sin tratamientos”.
Los anuncios, según Gollán, producen una aceleración de ese corrimiento del Estado en materia de salud, trasladando el peso a las provincias y a los municipios. “Todos saben qué significa que bajen Salud al rango de mera Secretaría: el ministro reclama y propone entre sus pares, reporta a la Jefatura de Gabinete y al Presidente, mientras que el secretario es uno más de una serie de secretarios que tiene que lograr que su ministro lleve adelante las cosas que se está proponiendo, y reclamar por las partidas presupuestarias que le faltan”.
Más allá del descalabro burocrático, todo parece apuntar al resquebrajamiento metódico del sistema sanitario, según una fórmula que lleva un sello de la época: la salud pública como asistencialismo, o como una limosna para los más necesitados.

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La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

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Pese a que el Congreso Nacional votó la Ley de Financiamiento Universitario 27.795, y rechazó con más de dos tercios de ambas cámaras la intentona de veto presidencial, y a que fallos judiciales ordenan su cumplimiento inmediato, el Gobierno de los Milei & los Caputo no la aplica. Para los organizadores de la movilización calculada en más de 1.500.000 personas en todo el país, esto no solo rompe lo relativo al presupuesto universitario “sino el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”. Todo lo contrario a lo que sucede hoy en la calle, donde la democracia queda expresada en la gente moviéndose en esta 4° marcha durante el período libertario, y de sectores que se plegaron y convocan a seguir resistiendo este tipo de políticas de daño social. Voces desde la calle que explican sin casettes por dónde moverse.

Por Franco Ciancaglini. Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Hay muchos jóvenes.

Muchos docentes, directivos, no docentes.

Egresados, profesionales.

Muchas personas en todo el país.

En Mar del Plata, Córdoba, en Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca y así.

Hay una Plaza de Mayo repleta.

Hay gente que llega y gente que se va.

Gente que estuvo todo el tiempo.

Hay jubilados y jubiladas que marchan todos los miércoles.

Está el movimiento disca, también siempre presente.

Hay sindicatos, como la UOM o los Aceiteros, y parte de la CGT que brindó su apoyo y movilizó algunas columnas dispersas.

Hay carteles conmovedores.

Hay muchos jóvenes, de todos lados, sobre todo llegados de fuera de la Capital Federal.

Muchas personas que viajaron desde lejos para sumar su cuerpo, su cartel, su grito, su aplauso.

Que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.

Y no callarse.

“Milei cumplí la ley”

Es la cuarta.

Las tres primeras Marchas Federales Universitarias fueron las más masivas contra el gobierno de Milei. Esta no fue la excepción.

Desde el escenario calcularon alrededor de un millón y medio de personas movilizadas en todo el país.

Lo incontable es todo lo que sucede alrededor de esta bandera argentina que significa la universidad pública.

Una bandera que cobija a miles de generaciones que se reunieron hoy en la Plaza de una manera conmovedora: relatando, en esta crónica, cómo el acceso a la educación libre, gratuita y de calidad “cambia vidas, motoriza el ascenso social y brinda soberanía a un país”. Así lo sintetizaron en un documento leído por la FUA (Federación Universitaria Argentina” que se tituló: “Cuarta marcha federal universitaria: 203 días sin aplicar la Ley. Por la universidad pública y en defensa de la democracia”.

El planteo central: “El Poder Ejecutivo, en un acto de desprecio institucional sin precedentes, ha decidido alzarse contra los otros dos poderes de la República: ignora la Ley de Financiamiento Universitario N° 27.795, sancionada y ratificada por amplias mayorías en el Congreso, y desoye los fallos de la Justicia que ordenan su cumplimiento inmediato. Cuando el Gobierno decide qué leyes cumple y qué sentencias acata, lo que se rompe no es solo lo relativo al presupuesto universitario: es el contrato social que nos mantiene libres y en un Estado de derecho”.

Algunos datos de contexto:

  • Los salarios de quienes trabajan en las universidades argentinas bajaron el 34,5% en el mejor de los casos, o más del 40% según otros cálculos. Es como si en los últimos dos años no hubieran cobrado entre 8 y 10 salarios. Los números simbolizan lo presupuestario, pero tal vez no logren mostrar el daño institucional, social, familiar y personal que provoca la política del gobierno.
  • El actual es uno de los menores porcentajes históricos que el Presupuesto Nacional asigna a las universidades, en las que el 57,6% de los graduados son primera generación de sus familias en llegar a los estudios superiores. Esa posibilidad es una de las cosas que se está quebrando, como lo señalaban los cartones manuscritos en los que se leía: “Sin educación no hay futuro”.
  • La importancia que el gobierno de Milei le da a la educación se expresa en la aplicación de un nuevo recorte del Presupuesto Nacional de 3 billones de pesos en temas de energía, obras públicas, urbanización y hasta tratamientos contra el cáncer (63.021 millones de pesos que explican que la palabra crueldad tal vez ya no alcance para definir lo que está ocurriendo). Para el tema educativo, el recorte es de 78.768 millones de pesos.
  • Ese incalificable decreto de ajuste fue firmado por el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y el ministro de Economía, Luis Caputo. El lado B de la situación aparece en casos como el $LIBRA o el ANDIS, donde se detectaron sobreprecios en sillas de ruedas, andadores, medicamentos y tecnologías para diversos tipos de tratamiento del orden del 200% en los casos más leves, hasta productos sobrefacturados en un 4.239%. A lo que habría que agregar 3%, Spagnuolo, Esper, Nucleoeléctrica, Adorni, posibles sobresueldos oficiales, entre otras cosas. 
  • Volviendo a lo estrictamente universitario, esta licuación económica va generando, además, un éxodo permanente de docentes que está vaciando una educación de calidad históricamente reconocida a nivel continental y global.
La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Docentes Uber

Los testimonios desde la calle permiten entender de manera simple la complejidad de lo que está en juego.

Primero, pequeñas escenas concretas. Lucía Darandal, estudiante de la Universidad Nacional de La Plata, resume “lo más visible”: el salario de los docentes. “Cada vez les está costando más llegar a fin de mes. Muchos están teniendo más de un trabajo para poder sostenerse, muchos tienen familias que mantener. Ahí está el primer deterioro que se va acentuando. Lo mismo pasa con los trabajadores no docentes”. 

Las becas: “La beca Progresar quedó congelada en 35.000 pesos y eso prácticamente no alcanza. Hay estudiantes a los que cada vez se les complica más pagar el alquiler, porque recordemos que también hay estudiantes que viajan desde otros lugares de la Argentina”. Y los horarios: “Faltan horarios en el turno noche. Entonces hay menos posibilidades para que el estudiante trabajador pueda cursar”.

Desde Rosario, el médico y director del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas, Damián Verzeñassi, lo traduce en una imagen todavía más brutal: “Más de la mitad de los trabajadores universitarios cobran por debajo de la línea de pobreza” y agrega que hay docentes “que con lo que cobran no pueden pagar siquiera el costo del transporte para llegar a dar clases”. 

Rosario Kairuz, estudiante de Sociales UBA, cuenta cómo eso impacta directamente en las cursadas: “Las materias de la orientación en investigación prácticamente no cuentan con ningún tipo de horario. Se ofertan un cuatrimestre sí y otro cuatrimestre no”. Y agrega otro ejemplo síntoma del deterioro: “Quienes siguen la orientación de producción no cuentan con materiales ni con equipos para realizar los distintos talleres audiovisuales”. 

Nicolás Núñez, docente de Sociales e integrante de AGD, completa la escena desde el otro lado del aula: “El incumplimiento de la ley y los dos años de profunda pérdida del poder adquisitivo de la docencia universitaria nos empujaron a todos a buscar otras formas de sobrevivir: desde las clases particulares hasta manejar Uber o hacer trabajo freelance”. Le pone una cifra al éxodo: “Hay 10.000 docentes que ya decidieron abandonar las clases”.

Plata para la deuda

Más acá de los números, lo que aparece en la calle es que el conflicto universitario dejó de leerse hace rato solamente en términos presupuestarios. Ya no se trata únicamente de números, partidas o balances, sino de una marcha que Gonza Giles, escritor, periodista y divulgador sobre Comunicación Aumentativa y Alternativa (CAA) y neurodivergencias, planteó,como “una defensa colectiva contra el descarte humano”. 

Gonzalo habló en nombre del movimiento de personas discapacitadas: “Nos quieren convencer de que ajustar es gobernar, que destruir derechos es modernizar, que dejar gente afuera es eficiencia. Necesitan que la sociedad mire al otro con sospecha, porque cuando logran que el pobre sospeche del que tiene una discapacidad, que el trabajador sospeche del estudiante y que todos sospechen de todos, el ajuste entra más fácil”. Por eso insiste en que “no es un problema económico, es ideológico. Porque plata hay. Lo que no hay es humanidad. Hay plata para deuda, hay plata para represión, hay plata para departamentos que no pueden utilizar, pero no hay plata para que una persona con discapacidad viva dignamente, no hay plata para universidades, no hay plata para ciencia, no hay plata para salud”. 

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario
Foto: Juan Valeiro

En la marcha volvió a quedar en evidencia que no solo la universidad es una consigna de unidad, sino que las luchas comienzan a entrelazarse unas y otras: los hospitales, la discapacidad, los jubilados, el trabajo. Por eso tuvo tanto peso simbólico la presencia de sindicatos como la UOM. “No es frecuente que los estudiantes y los laburantes estén juntados”, reconoce Darío Dani Román, metalúrgico, “pero en estos tiempos hace falta estar juntos”. Y agrega: “Estamos presentes en todas las luchas populares en las que haga falta estar para dar vuelta esta situación”. Desde la medicina, Damián Verzeñassi amplía: “Esto que está pasando con la universidad —que es lo mismo que pasa con los hospitales, con las personas con discapacidad y con los jubilados— debería ser un elemento más que suficiente para que todo el arco político no fascista se decida a organizarse, a unirse y a encontrarse”. 

En Sociales UBA, Rosario Kairuz cuenta que ya empezaron a discutir cómo sostener esa articulación: “Hay que unir esa lucha con docentes y no docentes. Los reclamos estudiantiles no pueden darse solos”. Nicolás Núñez, de AGD Sociales, insiste en que “esta marcha no puede ser un punto de llegada sino un punto de partida” y plantea recuperar algo de lo que ocurrió en 2024 con las asambleas interclaustros y las tomas de facultades. Para él, que habla desde la academia, “nuestra suerte está atada también a los reclamos de discapacidad y a los reclamos de tantos sectores postergados por este gobierno, con los que tenemos que unirnos, como los jubilados”.

El contagio

Pero… ¿cómo? La respuesta más repetida en la calle vuelve a ser la movilización. “Hay que seguir viniendo a las marchas, hay que seguir visibilizando y exigiendo”, plantea Gonza, y agrega que tanto el Poder Judicial como el Legislativo “tienen que ponerle un límite a este gobierno”. Darío Dani Román de la UOM, coincide: “La única arma que tenemos nosotros es salir a la calle, manifestarnos y sostener la pelea hasta el final”. Milagros y Facundo, estudiantes, lo resumen todavía más simple: “Seguir marchando, seguir protestando, para que se den cuenta de lo que quiere la gente”. Damián Verzeñassi suma otra dimensión: “La marcha de hoy tiene que decirles claramente que no les vamos a dejar pasar ninguna más”. Pero además propone “avanzar en una estrategia jurídica muy fuerte por incumplimiento de las funciones de los funcionarios públicos, desde el presidente para abajo, contra todos los responsables de no cumplir con una ley aprobada por el Congreso de la Nación”.

La última imagen que brota en la calle no es solo la de la crueldad, sino la de una brutalidad planificada. Gonza Giles lo explica claramente: “Necesitan universidades vacías porque el pensamiento crítico molesta. Necesitan personas aisladas porque los derechos organizan. Necesitan trabajadores cansados y estudiantes endeudados porque así envían un mensaje”.

Lo mismo dicen Vladimir y Adriana, de 19 años, pero ya orgullosos técnicos químicos. Mientras hablan levantan dos carteles que llaman la atención de todos: 

  • “Cuando la educación sea privada, seremos privados de todo” y 
  • “No se puede adoctrinar un cerebro lleno de conocimiento”. 

Las letras están prolijamente dibujadas, en colores, y recortadas con paciencia y dedicación. “Estuvimos haciéndolos desde ayer, buscando frases, viendo todo lo que dice la gente, juntando opiniones. Y quedaron estas”, cuentan ellos, que hablan sosteniéndose la mano uno al otro.

La Ley de la calle: masiva movilización para que se aplique el financiamiento universitario

Ella es de Moreno, él de José C. Paz. Egresaron de una secundaria técnica pública. Ella ahora estudia Ingeniería Aeronáutica en la UTN de Haedo. Él piensa anotarse en Agronomía. A ellos, además de todo, la universidad pública les dio el amor. Y desde ahí hablan:

“Vamos a ayudar a un comedor cerca de Cuartel V, en un barrio muy pobre. Hay familias a las que se les complica hasta estudiar. Regalamos hojas, útiles, lo que se pueda. Yo era de un barrio también muy humilde y mi primo no pudo estudiar, tuvo que dejar para ir a trabajar. Hacemos lo que podemos. Muchas veces no alcanza. Pero aunque sea una persona más que pueda estudiar, ya es una victoria”.

Él da vuelta el cartel y muestra la frase del otro lado: “Estamos acá también por vos, que pensás distinto”. Adriana dice: “Mucho se habla de que el odio se contagia, que vivimos una época de odio, que las redes muestran eso. Pero también el amor y la solidaridad contagian”.

Y sonríe.

Con esa sonrisa que contagia, y ese cartel colorido, revela que ella fue la responsable de que viniese su novio: “Esta es la primera vez que viene a una marcha. Yo ya había venido a la marcha antifascista. Así que bueno, ya traje a alguien más”.

Y la próxima, uno más.
Sí, sí. Ya hay dos amigos que querían venir y no pudieron por otros temas, pero tenían ganas.

Vladimir: ¿y qué te pareció tu primera marcha?
Nervioso al principio, la verdad. Pero estuvo muy bueno.

¿Por qué nervioso?
No sé, siempre las veía desde afuera y parecía otra cosa. Pero estuvo re bien la experiencia.

Ahora sonríen ambos.
Y saludan antes de desconcentrar por Diagonal Norte rumbo a tomarse dos micros y un tren para volver a su casa.

Sobre esa avenida céntrica, donde se recorta el Obelisco, pasarán 

  • junto a un joven con una remera de 2 Minutos y un cartel que dice: “Estéticamente superiores”, con la cara deforme del Presidente. Una ironía sellada con la firma de la Escuela Superior de Bellas Artes Antonio Berni.
  • Cerca de Luna, de siete años, de la mano de Gloria, su mamá, chocha porque está caminando por la calle y no por la vereda.
  • De una joven que tiene un cartel que da ganas de llorar: “Mi sabiduría viene de esta tierra”.
  • De un ruidoso grupo de la Escuela Secundaria de la Universidad de San Martín que trajo varios hits. El mejor:

“Con las lágrimas de Adorni
vamos a hacer una cascada
para que se metan todos
los pibes de la barriada”.

La gente desconcentra y va cantando “eaea” y también:

“Si el presupuesto no está
qué quilombo que se va a armar”.

La sensación es, como decía Gonza, que este es un punto de largada y no de llegada.

Que la cosa sigue.

En la calle, pero también en los barrios, en los comedores, y en las aulas.

Sigue cada miércoles en el Congreso.

Y todas las veces que hagan falta.

Porque hay muchos jóvenes.

Docentes, directivos, no docentes.

Egresados, profesionales.

Muchas personas en todo el país.

En Mar del Plata, en Córdoba, Ushuaia, en Rosario, en Bahía Blanca.

Hubo otra Plaza de Mayo repleta.

Hay gente que, aun cuando todo terminó, sigue llegando.

Hay más carteles conmovedores.

Hay muchos jóvenes que, a pesar del frío y la cascada de malas noticias, no se resignan y demuestran, hasta con alegría, que la única que queda hoy es la calle.

Y no callarse.

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Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

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Desde hace dos semanas la comunidad educativa autoconvocada está en las calles de toda la provincia exigiendo una suba salarial (el sueldo básico está apenas por encima de los 300 mil) y no “migajas”. Las mesas paritarias, las subas insignificantes y las palabras del ministro de Educación que colmaron la paciencia. El pan y el té que simula una cena, la falta de escucha de los sindicatos a las bases y un aviso: “Seguiremos en las calles hasta que el salario digno sea una realidad”.

Por Francisco Pandolfi. Fotos de Aníbal Aguaisol

–El sueldo no alcanza ni para comer.

Dora Palacios es profesora de Historia, preceptora y referente escolar en Trelew.

También es una de las –y los– miles de docentes chubutenses autoconvocados desde hace dos semanas en las calles de toda la provincia por un reclamo salarial que aún no tiene la respuesta esperada.

Un maestro de jornada simple, un preceptor, un profesor con 20 horas cátedras semanales tiene un sueldo básico de 304 mil pesos, que con los adicionales llega a 700 mil (con los aumentos prometidos en las últimas horas rondarán los 800). “Los alquileres en la Patagonia son altísimos, arriba de los 600 mil, y a eso hay que sumarle unos impuestos carísimos”, le cuenta a lavaca.

Enumera con la cadencia de quien tiene una carga enorme en la voz: luz, gas, agua, comida, vestimenta. De lo general va a lo particular: “Muchos docentes cuentan en las asambleas que no tienen un plato de comida en la mesa, que la cena es un pedazo de pan y un té, que les han cortado los servicios, que no tienen teléfono, que ya no pueden pagar el alquiler”. Y de lo particular a lo propio: “Otros estamos bicicleteando con la tarjeta, cobramos, pagamos, cobramos, pagamos, nos estamos endeudando permanentemente porque el sueldo no alcanza para comer”.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Salir a la calle

El salario docente de Chubut es el peor de la Patagonia y uno de los más bajos del país, junto a Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Misiones, La Rioja y Catamarca.

La primera manifestación surgió como surgen las cosas en Chubut, de forma exprés y cuando no se aguanta más. “Desde diciembre pasado la conducción de ATECh –la Asociación de Trabajadores de la Educación de Chubut, el sindicato más grande– se arrogó el triunfo de la paritaria permanente, que para las y los trabajadores no significó ningún logro. Se reunieron varias veces con el gobierno pero no nos ofrecieron nada”.

La gota que rebalsó el vaso –o una cristalería completa– fue la reunión del 29 de abril en la que el gobierno provincial –al mando de Ignacio Torres y cuyo ministro de Educación es José Luis Punta– ofreció un incremento del 1,3%. Dora estaba en la vereda, esperando junto a cientos de docentes: “Quienes estábamos afuera solicitamos la renuncia de las conducciones sindicales por aceptar un aumento insignificante, tuvieron que huir del lugar. A partir de ahí salimos a la calle todos los días con diferentes acciones”.

Marcha de antorchas, festivales, ruidazos, ollas populares, feria de emprendedores, asambleas y movilizaciones masivas que tienen en vilo a la provincia y al gobierno. “El 23 de abril realizamos un hito histórico: un faltazo masivo sin que los gremios llamaran al paro”. El 29, en la reunión de conciliación obligatoria dictada por la secretaría de Trabajo, la concentración masiva fue reprimida con gases lacrimógenos por la Policía. ¿La respuesta popular? Otra movilización. Y carteles, muchos carteles:

  • Docentes con sueldos indecentes.
  • Al que miente le crece la nariz (con la imagen –retocada– del gobernador Torres)
  • Basta de mentiras, amenazas y presión.
  • Se busca por precarizar al docente (con la cara del ministro Punta).
  • Salud mental es llegar a fin de mes.
  • Ratas.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Migajas

Las protestas no sólo suceden en la capital, sino en toda la provincia: Trelew, Puerto Madryn, en la meseta, en Chacay Oeste, Gan Gan, Las Plumas, Paso de Indios. Otro mojón que colmó la paciencia fueron las palabras del ministro Punta: “Buscamos que ningún docente cobre menos de 800 mil, de una manera solidaria, casi”, dijo balbuceando una frase que la comunidad educativa lo tomó como una burla.

–No vamos a aceptar migajas. Mientras a los docentes nos ofrecieron un 1,3%, le aumentaron a su planta política un 200%. No hay dudas: plata hay, pero no quieren ponerla donde corresponde” –dice Dora, que hace 48 años nació en La Pampa y desde hace 45 fue adoptada por Chubut.

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Ante la masividad del reclamo, este miércoles 6 de mayo hubo una nueva reunión paritaria donde el gobierno ofreció un 3,4% –valor del Índice de Precio al Consumidor (IPC) del mes pasado, más un 4%: o sea, una suba del 7,4%. En junio, un punto más y en julio otro punto más.

–No satisface nuestra demanda para nada, es un aumento en el bolsillo de entre 60 y 70 mil pesos que terminaríamos de cobrar en agosto. Es una tomada de pelo. Siento mucha bronca contra los sindicatos que nos dejaron sin respaldo y sin escucha; mucha bronca contra un gobierno que nos dice violentos, cuando violencia es tener un sueldo básico de 300 mil pesos.

Los sindicatos cuestionados que se sientan en la mesa paritaria son ATECh, SITRAED –sindicato paralelo alineado al gobierno–, UDA –Unión Docentes Argentinos–, SADOP –docentes privados– y AMET –magisterio de enseñanza técnica–. 

Crece el reclamo docente en Chubut: “El sueldo no alcanza ni para comer”

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Tres escuelas, tres turnos, muchas deudas

-Queremos estar en las aulas con nuestros estudiantes, pero no con sueldos de hambre.

Reafirma Dora, que estudió en la Universidad Nacional de la Patagonia y desde hace 17 años es profesora de Historia del nivel secundario, además de preceptora. Trabaja en tres escuelas y en los tres turnos, mañana, tarde y noche. Dice que volvería a elegir esta profesión, pese al salario que no alcanza y otros condicionantes: falta de insumos, condiciones dignas para trabajar, escuelas sin calefacción donde llueve adentro. Otro ejemplo que lo dice todo: “Usamos manuales de la provincia de Buenos Aires, no tenemos un diseño de currícula propia”. 

 ¿Cómo sigue el curso de esta historia?

Organizados de manera autoconvocada, decidiendo en asamblea. No vamos a bajar los brazos hasta lograr un aumento del 100% del básico como mínimo y un sueldo de bolsillo de un millón y medio. Desde hace quince días exigimos paro por tiempo indeterminado y acá seguiremos: hasta que el salario digno sea una realidad.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

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