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MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego

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Crónica desde El Hoyo, uno de los epicentros de los incendios, donde cientos de familias perdieron sus viviendas y muchas cosas más. La voz de las y los vecinos, desesperados; el trabajo de los brigadistas, que aseguran nunca haber vivido una experiencia así; la muerte de personas, vegetación y vida, como parte de los daños incalculables. La falta de luz y agua, pero también de presupuesto y previsibilidad, como parte de los combustibles. Y la organización social como el único rebrote que va reconstruyendo un tejido de vida, en medio de las cenizas, mientras los troncos siguen prendidos, el humo se mete en los pulmones y se sabe que el fuego sigue ahí, latente.

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Por Francisco Pandolfi para lavaca.org. Fotos de Nacho Yuchark

Hay un instante en el que todo cambia. Los olores, los sabores, los colores. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, la mirada es la que cambia, y todo se transforma. El degradé de verdes, —más oscuros, más claros, más opacos, más intensos— que embellece a la ruta nacional 40… desapareció.

Los pinos, ardieron. Los cipreses, se destruyeron, Los radales, se quemaron. Los ñires, ya no están. O sí, ahí están, inertes, como decenas de especies y cientos de miles de árboles que yacen negros, marrones, grises, escuálidos, caídos, conformando un paisaje que late a pasado. 

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Hay un momento en el que la nariz se empieza a llenar de humo, las vías respiratorias de hollín. Y suben al cerebro raudamente. Y bajan al pecho precipitadamente. Y envuelven todo el cuerpo, como un sopapo de realidad que ya no se ve tan nítida porque una cortina de humo invisibiliza el cerro Piltriquitrón, como la prueba concreta de que aún hoy permanecen encendidos varios focos de incendio en la zona. 

Sí, el fuego está ahí, latente.

Hay un centímetro en que la vida se convierte en muerte; impacta la diferencia en ese límite particular, en esa frontera no imaginaria. Incontables hojas y ramas secas, innumerables piñas tiradas. Troncos que no terminan nunca de apagarse, como quien resiste a dejar de respirar. Troncos niños, troncos jóvenes, troncos adultos; el fuego no distingue edades, no discrimina. Se lleva todo puesto.   

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Desde el martes, la Comarca andina integrada por Lago Puelo, El Hoyo y el Bolsón atraviesa, quizá, las horas más tristes de su historia y desde lavaca viajamos a mirarlas, a contarlas, a sentirlas. Las imágenes son desgarradoras; los testimonios, un puñal. Cada persona conoce mínimo a alguna familia que lo perdió todo, o que sufrió en carne propia la destrucción de su vivienda y con ella, de muchas cosas más. Este es el caso de Giuliana Vila, vecina del barrio Bosques al Sur, toma que se asentó a mitad del año pasado y que fue derribada por el fuego.  

Giuliana tiene una impotencia que la carcome por dentro y una necesidad palpable de exteriorizarla: “Nadie nos vino ayudar el día del incendio; los mismos vecinos nos evacuaron. Ahora hay cinco móviles en la entrada del barrio y el martes no apareció ni un policía a avisarnos que el fuego nos estaba llegando. De hecho, salí de mi casa casi con las llamas encima”. Y sigue destilando broncas y repartiendo responsabilidades: “El Estado está ausente porque es cómplice. Esto no fue un accidente, fue un intento de homicidio, no le importaba si nos moríamos. Hubo muchos focos en simultáneo para distraer a los bomberos, todo fue premeditado”. 

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Kilómetros y kilómetros de tierra arrasada; en el llano y en las alturas. Una serie de manzanos destruidos por ahí; la ceniza blanca que duele un poco más allá; raíces de árboles añejos al desnudo, como esas heridas que no cicatrizan jamás; y una camioneta roja que pasa a toda velocidad y de un sacudón rompe el silencio de la tensa calma, con un ruido de sirena ensordecedor. La secuencia se repite una, dos, decenas de veces. Toda la comunidad pulsa en alerta permanente, mientras los servicios de luz, gas, agua y telecomunicaciones se reestablecen lentamente en las casas que no se transformaron en ruinas. 

Al costado de la ruta 40, una veintena de brigadistas forestales del paraje Las Golondrinas permanece a la intemperie, parados, bien cerquita unos de otras como si estuvieran en una asamblea, o como quienes necesitan darse calor, o ánimo en este caso. El martes pasado, mientras la dotación se encontraba combatiendo diversos focos, el fuego convirtió su base en un puñado de escombros.

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Víctor Flores tiene 44 años y es el encargado de la central de brigadistas. Desde el 3 de febrero de 1998 ejerce su vocación. “Jamás había vivido algo similar a lo que pasó en las últimas horas. Hay situaciones muy complejas en el bosque, en la montaña, pero cuando hay tantas personas en juego, tantas casas, te supera todo”, confiesa. Y rememora lo que fue el martes 9 de marzo, fecha que tampoco podrá olvidar: “Empezó a las 7 de la mañana, cuando con cinco compañeros más fuimos a El Maitén para apagar ese incendio. Ya sabíamos que iba a ser complejo el día por el fuerte viento que se pronosticaba. Alrededor de las dos de la tarde nos avisan que también se estaba incendiando Golondrinas, así que nos volvimos, pero ya el fuego era impresionante. Y a la hora nos avisan de otro foco en Radal. No pasó demasiado tiempo hasta que se nos quemó la central”. 

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

A menos de 100 metros de la base extinta, un brigadista observó a una mujer tirada en el suelo. Una bombera le realizó los primeros auxilios, luego la subieron a la camioneta conducida por Víctor y la llevaron al hospital de El Bolsón. “A simple vista notaba que no estaba bien; tenía quemaduras sobre todo en los brazos y en las piernas”, recordó. Ayer, luego de estar cuatro días internada en terapia intensiva, falleció por las graves quemaduras.  

La señora, de quien aún no se reveló su identidad, no es la única víctima fatal. El jueves, en la zona de Buenos Aires Chico, de El Maiten, su familia encontró sin vida a Sixto Liempe Garses, peón rural de la comunidad mapuche que desde el inicio de las quemas estaba desaparecido. En esa misma localidad se emplaza la Comunidad Mapuche Cañio. Allí denuncian a diario, sin ninguna respuesta, que hay focos de incendios cercanos que aún no se cesaron y que ponen en riesgo el escaso bosque nativo que queda. “De Defensa Civil lo único que nos contestaron es que sólo podían evacuarnos; desde Bomberos y la Brigada Forestales, que vendrían y no lo hicieron”, detalló Marilin Cañio, integrante de la comunidad que observa cómo detrás de su territorio hay por lo menos siete focos de un humo que crece en el cerro Mesa. 

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Sí, el fuego está al acecho. En el barrio Cerro Radal, de Lago Puelo, se erige un cartel sobre la banquina de la ruta provincial 45, que dice: “Sector Reforestado con Especies Nativas del Bosque Andino-Patagónico”; en una segunda línea, se lee: “Especies plantadas: Ciprés de la cordillera, Raulí, Roble Pellín, Coihue”. Detrás del pálido chapón, las “especies plantadas” son una manta oscura.

En frente vive Silvana. Y vive en su casa, que está de pie. Increíblemente de pie. Al costado derecho, pinos oregones, cipreses, radales, ñires, quemados. Al costado izquierdo, suelo allanado. Detrás, el flamante paso de las llamas. Y su casa de pie, cercada por el fuego, pero ahí, increíblemente levantada, como si no hubiera pasado nada. “Había salido a correr cuando una amiga me llama y me avisa que se estaba incendiando mi casa. Llegamos juntas y el fuego estaba por prender en el techo. Un machimbre ya estaba ardiendo y mi amiga lo apagó con un bidón de agua potable que yo había comprado. Si no lo tenía, perdía todo, porque ya nos habían cortado la luz y el agua”, cuenta Silvana, médica que hace diez años decidió mudarse de la Ciudad de Buenos Aires para ganar en tranquilidad. 

Tras ahogar los chispazos más cercanos, se fue rápidamente de su hogar amenazada por el calor agobiante. Pero antes de partir, se agarró una mochilita con la computadora portátil, su título de médica, el estetoscopio “y lo más importante”: una foto de su mamá y su papá.

No alcanzan los ojos para mirar. Ni los oídos para escuchar todo aquello que ya no está, y lo que ahora dicen las y los vecinos. Ya se relevaron más de 300 casas destruidas y a cada paso hay una historia de vida que implora resurgir, literalmente, de las cenizas. También se perdieron centenas de fuentes de trabajo. Como ese taller mecánico que hace unos días tenía 14 autos en su interior y hoy es una serie de esqueletos tiesos. O como ese vivero hecho trizas, que bien podría simbolizar a toda la Comarca. 

En distintos puntos montañosos el humo sigue amenazando con volverse chispa, llama y fuego. Los 30 grados que se pronostican para hoy no ayudará en su aplacamiento. Tampoco colaboran los muchísimos kilómetros de cables de luz colgando sobre los bosques, como si fueran parte de una ruleta rusa.

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark

Mientras tanto, en las distintas rutas y caminos ya no se perciben kayaks con destino a algún lago encantador, ni vecinas y vecinos vendiendo tortas fritas o dulce de frambuesa para parar la olla.

En su reemplazo, hay miles y miles, ¡y miles! de donaciones provenientes de diversos puntos del país, esparcidas por los lugares más afectados. 

Acá, bien lejos de los flashes porteños, sólo la organización social dibuja una mueca esperanzadora, en la cara de una tierra arrasada por el fuego, y algunas otras cosas más.

MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego
Foto: Nacho Yuchark
MU en Chubut: Lo que se pierde y lo que se transforma con el fuego

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MU 215: Sin chamuyo

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MU 215: Sin chamuyo
Este número 215 de MU ☝️viene con doble tapa, que podría ser una frase: Sin chamuyo, a remarla.




MU 215: Sin chamuyo

Viaje a la vida en el Delta: Y la nave va

Mientras el gobierno nacional privatiza la principal vía navegable del país con un nivel de tráfico comercial gigantesco y opaco, quienes habitan el delta advierten sobre el impacto a una forma de vivir, al humedal que provee biodiversidad, y a una soberanía que se pierde río abajo. Viaje en barco de MU desde el bajo delta bonaerense, para conocer y escuchar a isleños, productores, docentes, ambientalistas y vecinos que resisten otra avanzada sobre un territorio en disputa.

Por Francisco Pandolfi




MU 215: Sin chamuyo

Gonzalo Giles, pensador y comunicador «disca»: Error en el sistema

Gonzalo Giles, activista del movimiento disca que resiste el ajuste.
Es mudo pero logra hacerse oír. Humor, creatividad y política:
“Necesitamos menos caudillos y más gente que construya”.

Es escritor, activista y referente de una generación que convirtió la experiencia de la discapacidad en una potencia de comunicación y acción. Ahora prepara un espacio propio para intervenir en política. Una conversación sobre prejuicios, salud mental, amores, liderazgo, y “lo disca” como una categoría desde la cual pensar –y reconstruir– un país. 

Por Sergio Ciancaglini




MU 215: Sin chamuyo

La dictadura en el delta: Los sonidos de El Silencio

La quinta El Silencio fue un centro clandestino en el que la dictadura escondió en 1979 a 40 personas secuestradas. ¿Cuánto se sabía y cuánto se callaba entre las islas y ríos del Delta? Un viaje a ese paisaje y a esa realidad: la alianza entre una vecina y una historiadora, lo que cuentan los sobrevivientes, los barcos de la muerte y la investigación de chicos de la zona, con sus preguntas y sus grabadores, para entender el pasado y mucho del presente.

Por Lucas Pedulla




MU 215: Sin chamuyo

Violencia policial en Constitución: La ley y el orden

La Policía de la Ciudad asesinó a Víctor Vargas (foto) disparándole tres balazos por la espalda. Intentó ocultar la verdad del crimen pero la investigación judicial detectó a los culpables y se abrió una causa sobre la relación entre la venta de drogas y la complicidad policial. ¿Quién era Víctor? Constitución como tierra de nadie y la violencia institucional contra prostitutas, travestis y quienes tratan de sobrevivir a la crisis de cada día.

Por Claudia Acuña




MU 215: Sin chamuyo

El «Woodstock ambiental» contra los agrotóxicos: De película

Alarmados por los pesticidas y sus efectos de contaminación ambiental y humana, estudiantes y un maestro de una escuela pública cordobesa empezaron a componer canciones. Convocaron tímidamente a artistas, y se sumaron más de 300. Ya hicieron tres discos y un recital en el campo. Una canción para mi tierra es el film que relata esa aventura que empezó en una comunidad, siguió por decenas de escuelas y tiene contagios en defensa del ambiente y la vida desde España hasta el Amazonas.

Por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Un biodrama del presente: Puta madre

La obra Putamadre muestra los mandatos, la soledad de las mujeres que crían solas, y una sociedad que las juzga antes de escucharlas. Lejos de la maternidad romántica, humor, amor y la historia real de una madre con su hijo todavía preso: ambos en escena, él a través de una filmación desde la cárcel. Lo que puede el arte para derrumbar prejuicios.

Por Evangelina Bucari




MU 215: Sin chamuyo

La Cogolla: Flor de cultivo

Yael Frida Gutman mezcla cabaret, transformismo, música y humor para hablar de cannabis, autogestión y libertad: una obra que crece desde hace cinco temporadas y convierte cada función en una celebración, una conversación y una invitación a pensar.

por María del Carmen Varela




MU 215: Sin chamuyo

Desentendimiento: Fingir demencia

Sabemos lo que pasa, pero no hacemos nada. La filósofa eslovena Alenka Zupančič escribió Desentendimiento-Una forma perversa de la razón en la crisis permanente, sobre ese rasgo que no es el “negacionismo” y que consiste en eso que llamamos “fingir demencia” (o normalidad). Las fake, el oscurantismo, y los que se creen por encima de la gente.

Por Franco Ciancaglini

MU 215: Sin chamuyo

Crónicas del Más Acá: Parlantes

Por Carlos Melone

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MU 214: Mujer maravilla

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Ella y sus dos hijos llevan glifosato en su sangre, al igual que muchos y muchas en
Pergamino, localidad contaminada por el agronegocio donde dieron batalla y hoy
protagonizan un juicio histórico contra productores y funcionarios. ¿Será justicia?




MU 214: Mujer maravilla

Ganar la vida: La historia de (no) ficción de Sabrina Ortiz

Su hijo Ciro tenía 120 veces más agrotóxicos que lo “admisible”. Su hija Fiamma, 100 veces más; ella, 58. Viven en Pergamino, llamada “la capital del veneno”, donde se encontraron pesticidas hasta en el agua de red. Bajo amenazas de muerte Sabrina inició una denuncia convertida en un juicio histórico que está por tener sentencia buscando terminar con la impunidad. La acompaña una abogada de lujo: ella misma se recibió como parte de su lucha, porque nadie se atrevía a representarla. No es una película sino un retrato de la Argentina actual: un modelo de contaminación, enfermedad y muerte, frente a la lucha de las comunidades que no se resignan a un presente tóxico.

Por Francisco Pandolfi




MU 214: Mujer maravilla

La calle criminalizada: El derecho a la protesta en la era Milei-Bullrich

El teatro antidisturbios del presente: descontrol de las fuerzas represivas, cientos de heridos, detenciones arbitrarias, armado de causas, y un proceso judicial que poco tiene de justicia. Los casos de Milton Tolomeo y Eneas Gallo, aún detenidos por protestar el día de la Ley de Reforma Laboral, hablan de la impunidad con la cual se maneja el gobierno con aval de jueces y fiscales. Lo cuentan ellos, sus familiares y defensas en esta investigación especial.

Por Lucas Pedulla




MU 214: Mujer maravilla

Década perdida: Marta Montero, mamá de Lucía Pérez

“Estamos como el día 1”. La frase de la madre de la joven asesinada en 2016 remite a aquel año: cuando denunciaron que dos narcofemicidas habían abusado y asesinado a su hija, hasta hoy, dos juicios después, pues la impunidad sigue consagrada. De motivar el Primer Paro Nacional de Mujeres a la decisión que tomó Marta ahora: estudiar abogacía. La injusticia como una tortura y la lucha como un tejido social que sigue en Mar del Plata, con un centro cultural, un bachillerato y un movimiento que no se amilana.

Por Evangelina Buccari




MU 214: Mujer maravilla

La Cordobaza: 3J y el Ni Una Menos en la provincia de Agostina

La undécima edición del Ni Una Menos llegó a Córdoba con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. La gente salió a la calle bajo la lluvia once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta. Cómo se busca justicia.

Por Bernardina Rosini




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El modelo Redondo: El Indio Solari y la autogestión

¿Qué explica que una banda que rechazó las reglas de la industria se haya convertido uno de los fenómenos culturales más masivos de la Argentina? Desde la producción de sus discos hasta la organización de sus recitales, desde el vínculo con su público hasta la construcción de una comunidad capaz de sobrevivir a su propio fundador, la historia del Indio Solari y sus grupos también es la historia de una forma de crear, pensar, sentir y organizarse, con la autogestión como herramienta y filosofía de vida.

Por Francisco Pandolfi, Mariano Randazzo y Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Mundo Chueco: Jorge Chueco Romero, sacerdote de Ciudad Oculta

Es cura en Ciudad Oculta. Todos los miércoles acompaña el reclamo de jubilados en el Congreso, donde aguanta los palazos y el gas pimienta. No cobra la asignación de la Curia, sino que vive de su trabajo como obrero y albañil. Una “camicharla” entre los murales del barrio: qué hacer con la vida, Bergoglio, el Indio, el peronismo, y una lista de cosas importantes.

Por Sergio Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

El trava power: Las Simbióticas

Nacidas en las sierras cordobesas, mezclan cumbia, humor travesti y compromiso político. Entre canciones, risas y reflexión, sus integrantes reivindican la construcción de redes, la diversidad y la alegría como forma de resistencia.

Por María del Carmen Varela




MU 214: Mujer maravilla

Ser de luz: Nina Suárez

Acaba de sacar el disco El lado oscuro, donde enfrenta algunos fantasmas y ausencias familiares y amorosas, acaso dos versiones de lo mismo. Lo hizo con un power trío que se suena todo. Ella compone, canta y toca la guitarra de una manera conmovedora y que remite inevitablemente a su madre, Rosario Bléfari. Breve semblanza de una artista capaz de brillar con la oscuridad.

Por Franco Ciancaglini




MU 214: Mujer maravilla

Crónicas del más acá: GPS

Por Carlos Melone

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La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

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Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.

Por Bernardina Rosini

El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.

Lo que no se puede creer

Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.

Varones

Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org

«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.

Dónde está Delicia

Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.

Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.

Justicia sin apellido

Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»

Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.

La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org

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