Nota
Otra vez: juntas, revueltas y hermanadas
Con más gente, menos instituciones, más intensidad, más juventud, menos puntualidad, más frío y al mismo tiempo más calor que hace un año, #NiUnaMenos se transformó en la marcha más diversa, justa, democrática y política de los últimos tiempos, entendiendo política en el sentido sano de la palabra.
Con más gente, menos instituciones, más intensidad, más juventud, menos puntualidad, más frío y al mismo tiempo más calor que hace un año, #NiUnaMenos se transformó en la marcha más diversa, justa, democrática y política de los últimos tiempos, entendiendo política en el sentido sano de la palabra. Desde la mañana en Congreso se instaló el mural de Lavaca y la revista Mu por el que pasaron miles de mujeres que pintaban de rojo la palma de su mano, la estampaban en un papel blanco con el nombre de alguna de las víctimas de femicidio del último año, y eso se pegaba sobre la tela negra del mural.
No hay posibilidad de medir lo que ocurrió en números: no hay calculadoras para la emoción que se vivía a cada momento, y para la decisión de decir basta.
El año pasado –año electoral- hubo movida mediática y en las redes sociales, candidatos y farándula aparecían con el cartel de NiUnaMenos, el gobierno de entonces abrió una especie de asueto de facto que facilitó la llegada de gente que alrededor de las 2 de la tarde ya colmaba la Plaza de los Dos Congresos, y muchos gremios que no van ni a las marchas de la CGT salieron a sumarse.
En cambio este año, a la misma hora, todavía no había gente reunida y el tránsito por Avenida de Mayo corría fluidamente. A las 16 la policía debió interrumpir el paso de vehículos, y la gente fue sumándose con el correr de las horas. Esta vez no se trató de un acto sino de una marcha. A las 17 ya se veía Avenida de Mayo llena hasta la 9 de Julio. Y entre las 18 y las 19 se rompieron los pronósticos que auguraban menos gente. Llegaron más y más mujeres liberadas de sus trabajos,chicas y chicos de escuelas secundarias, columnas trans que cada vez congregan más gente, trabajadoras y trabajadores que empezaron a engrosar columnas de la CTA por ejemplo, y así se conformó una marcha gigantesca, alegre y conmovedora al mismo tiempo, de ida y vuelta hacia y desde Plaza de Mayo.
En muchos actos hay documentos. En #NiUnaMenos muchas de las personas que llegan son el mejor documento que permite entender el presente.
Limpiar sangre
Anabella, que se vino de Lanús, está parada frente al mural de MU. Tiene la mano roja. Se queda segundos, minutos, mirando un nombre específico. Luego pasa a otro. Lo mismo. Y luego otro: lo mismo. ¿Qué significa para ella todo esto? “Mucho. Viví la violencia de parte de mi papá de muy chica. A los 7 años tuve que aprender a limpiarle la sangre a mi mamá cuando mi papá le pegaba. La escuché llorar a escondidas. Yo también tuve que aguantar los golpes. A los 17 me fui de mi casa. Trabajé, me cagué de hambre, pero pagué mis estudios. Todo sola. Cuando era chica me han acosado mucho, me tocaron, me manosearon. Por eso significa mucho para mí estar acá porque lo viví en carne propia. Crecí con esa imagen de que no soy nada, de que soy una cosa mínima. De que soy ´algo´ después del hombre. Y es difícil, porque no puedo confiar en nadie. Tantas veces perdoné a mi papá y tantas veces lo volvió a hacer. Le mismo pasó a mi mamá”.
¿Qué estudia? “Estudio para maestra jardinera. Elegí esa carrera porque quiero que los nenes crezcan con una gota de esperanza. Quiero que sepan que todo lo que ellos hacen es importante. Que ellos son importantes. Para el futuro. Son las principales bases para que cambiemos esta forma de mierda de pensar. La mayoría que está acá, hoy, vivió esto que te digo. Aunque, lamentablemente, todavía acá hay uno que te sigue mirando el culo y te dice pelotudeces. Pero, más allá de las organizaciones y de algunos que curran con esto, hay un montón de personas que vienen acá porque lo sienten, calladitos, como yo, sin remera ni pin. Sólo con su presencia. Eso ya está: es un montón”.
No hay que esperar
Paola, neuquina, dice que no pasó nunca por el problema. “Pero hay que estar acá, porque a la sociedad le falta mucho crecimientoenlo que sonlos derechos, el otro, el cuerpo del otro. Ojalá que esta no sea una época que nos haga interrumpir el crecimiento, porque veo, políticamente, que se vulneran muchos derechos y eso meda mucha angustia”.
Silvia: “Yo sí lo sufrí. Y aprendí queno hay que esperar. Lo peor era quedarme sola, cuando mis hijos iban a la escuela. Ese era el momento de la violencia. Hace 11 años zafé. Me di cuenta que no era mi culpa, que no era la única. Y hoy estoy en pareja, muy feliz”. Siempre conviene recordar ese lema: la mejor venganza es ser feliz”.
Callarse es lo peor
Josefina y Paula caminan por Avenida de Mayo juntas, entrelazadas, se ríen y se sacan selfies con sus celulares como amigas de toda la vida. “Nos conocimos hoy”, responde Paula, enfermera en una maternidad de Pacheco, en Tigre. “Yo tengo un grupo abierto de Ni Una Menos donde publico cosas como consecuencia de la violencia que sufrí. Y siempre digo que la violencia puede ser verbal, física o de acciones, de cosas que te hacen mal. Yo ya tengo 48 años y tengo libertad absoluta para hablar, pero hay personas que se identifican con lo que me pasó”.
Ese es el caso de Josefina, que le escribió, se contactaron, y quedaron para conocerse en plena marcha. “A mi mamá la conocí a los 12 años. Me tuvo muy de jovencita y sufrió porque mi papá era alcohólico. Mucha ausencia. Además, mi hija me invitó. Ella empezó la facultad. Y yo sé que ella puede ser una de las que están ahí”. Josefina señala el mural de lavaca y MU. “Además tuvo una amiga que violaron: no terminó el colegio ni pudo empezar la universidad”.
Paula: “Yo viví violencia durante un año. Pude salir. Por eso armé el grupo. Para tratar de cambiar y de criar a nuestros hijos de una forma en la que no vea la violencia como se refleja ahora: las parejas que se golpean, se insultan. Los chicos ven eso y piensan que es lo normal. Todo está en cómo uno los cría”. ¿Qué les dice a otras mujeres que sufrieron violencia? “Que busquen ayuda, que griten, que salgan, que no tengan miedo. Callarse es lo peor que le puede pasar. Lo principal es levantar la voz y salir. Porque cuando nos agreden tendemos a minimizarnos, escondernos, y tu autoestima no existe. Es muy denigrante para una mujer ser golpeada. Pero hoy me ves acá: salí adelante, estudié, aprendí un montón de cosas. Y ahora tengo dos hijos maravillosos que saben que a cualquier mujer se la respeta”.
¿Cuáles son las violencias que se ven desde la maternidad? “Mucha violencia física. Mucha. He llegado a encontrar en la maternidad a un papá golpeando a la mamá, paciente, puérpera, de un par de horas nomás. Y en la parte de Pediatría, vimos cómo ingresaba el papá de uno de los pacientitos internados que agredía a la mamá. Tuvimos que hacerla cruzar a la comisaría de la mujer que tenemos enfrente. Quedó detenido”.
Paula mira fijo y aclara: “Eso pasó ayer”.
Algunas organizaciones y banderas: MUMALA, Frente Renovador, Patria Grande, Podemos (España), MST, #LibertadParaBelen, AGD-UBA, La Cámpora, Comité por la Libertad de Milagro Sala, CTA, ATE, Correpi, partidos de izquierda, centros de estudiantes como el del Carlos Pellegrin (que tomó hace meses durante casi dos semanas el colegio en contra de dos preceptores denunciados por violencia machista a los que lograron separar de sus cargos). Se comenta en varias columnas que la curiosa pretensión kirchnerista de plantar como cuestiones emblemáticas la de Cristina Kirchner y Milagro Sala sólo generó asombro y conatos de división que finalmente no ocurrieron.
Choripanes violentos
Gastón e Iván pusieron puesto de hamburguesas y choripanes sobre Avenida de Mayo. Vinieron de Bajo Flores. Gastón: “Eso de que le pegan a las mujeres pasa todo el tiempo. Mucho más de lo que se sabe”.
¿Por qué un hombre le pega a una mujer? Iván, que estaba en silencio, dice: “Porque no es hombre”. Llega un joven a comprar un choripán, Cristian, que se suma a la charla: “Es una cosa violenta del sistema, que se nota en los trabajos, en todo. Hoy escuché a mivecino diciéndole al nieto: ‘No llores, que eso es de nenas’. Es violento para el chiquito y para las mujeres”.
Más allá con otra pequeña parrilla está Marta, mujer bajita, curtida. Es la mamá de Iván: “Mi marido me pegó siempre, siempre. Una vez me abrió la cabeza. Y ¿ve que no tengo dientes? Es porque me los romipió casi todos y los pocos que me quedaban me los tuvieron que sacar. Yo aguantaba, pensaba que los nenes eran chiquitos. Los nenes y yo íbamos a cartonear, mimarido agarraba la plata y se emborrachab el fin de semana y me pegaba. Paré cuando le pegó a mi hija. Lo denuncié. Y de la Comisaría de la Mujer y la escuela nos sacaron y nos mandaron a un refugio”.
Final paradójico de la historia: “Mi marido se quedó con su familia. Pero hace unaño tuvo un coma diabético y un ACV. La familia lo dejó en el hospital. Así que los que nos hicimos cargo fuimos nosotros. Quedó como un nene de 10 años, hasta usa pañales. Y acá estamos, mis hijos y yo trabajando, en estos épocas en que todo es tan difícil”.
Iván: “Yo era chiquito y no sabía qué hacer, cómo defender a mi mamá. Ahora ya está, ahora está enfermo y entonces ya no le pega a nadie”.
Una integrante de lavaca, por la noche, fue abordada por otra vendedora de choripanes. ”Mi marido me dijo, señalando el mural ese con los nombres: ‘el año que viene vos vas a estar ahí’”. Como para entender el climade época.
Ni machitos ni princesas
Mariana lleva una remera que dice Justicia por Camila Toledo. Y lo cuenta así: “Yo soy la tía de Camila, tenía 20 años, estaba embarazada de cuatro meses y era mamá de Sofi, de año y medio. Nos llamaron el 14 de marzo de 2014 y nos dijeron que supuestamente había tenido un accidente. Se encontraba muy golpeada. Tenía marcas en el cuello. Supuestamente se le había caído una mesa de roble, pero la autopsia reveló que había sido ahorcada con un cable o hilo fuerte. Tenía marcas de defensa en las uñas. El único imputado es Lucas Liveratori, su pareja con la que vivía, que está preso y por el que estamos esperando fecha de juicio”.
Mariana cuenta que también estuvo el año pasado. “Es agridulce volver acá. Es como volver a recorrer todo lo que pasó, pero por otro lado te sentís acompañado. Es mucha la gente que está con vos. Pero aún nos falta mucho, nos falta tomar conciencia. Creo que falta educar desde chico, desde jardín. No queremos ni machitos ni princesas. Ni siquiera debería existir una marcha así. Pero el hecho de que nos encontremos es genial: además de mujeres, hay muchos hombres. Y también mamás que traen a sus hijos. Y es muy bueno que puedan ver esto desde chiquitos”.
Cambia la cabeza
¿Se ve mucho este problema en el consultorio? Susana García, psicóloga: “Sí, se ve demasiado. Mujeres que van con este problema. Recién estuve hablando mucho con algunas chicas que pegaron la mano en homenaje a las victimas del ultimo año. Y bueno en muchos casos el tema está muy vinculado a la adicción. Son parejas donde hay exceso a alcohol y drogas y la violencia va muy de la mano. Y en muchos casos es la violencia que comiezna en maltratos sutiles de prohibiciones, restricciones que muchas veces las mujeres malamente identifican como ‘interés’. La posesividad la codifican como interés. ‘Por eso me controla, por eso me cela’, y a partir de ahí todo va barranca abajo.
¿Ha cambiado la cambia la cabeza de la gente con respecto a este problema en los últimos años? “Totalmente, sobre todo las pibas mas jóvenes y aun en los hombres. Muchas veces el hombre joven pide ayuda porque se da cuenta que se está desbordando. Al estar en pareja se disparan matrices machistas. El hombre también quiere salir del machismo y muchas veces quedan totalmente atrapados en esa matriz. Cuando los pibes se dan cuenta que están entrando ahí, también piden ayuda”.
Silvia integra una de las columnas de MUMALÁ (Mujeres de la Matria Latinoamericana): “Lo que pasa es que el Estado sigue ausente eneste tema. Tendría que haber una inversión efectiva en políticas públicas,capacitar a juzgados, a médicos, a todo el personalque trabaje con mujeres para no seguir siempre en la situación de victimización”.
El colegio en la calle
Son las 19:30, ya es de noche, y llegando a 9 de Julio marcha el Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini (CECaP) que tomó durante casi dos semanas el colegio para denunciar a dos preceptores acusados de golpear y de acosar a tres alumnas. El conflicto generó un consenso entre padres y la comunidad educativa que se tradujo en un abrazo multitudinario a la institución. Todo concluyó con la separación de los dos auxiliares. ¿Puede hablarse de victoria? “Sí, es una victoria”, dice Ofelia Fernández, presidenta del Centro. “Después de la experiencia que atravesamos, cuando escuchamos Ni Una Menos, ya hay un sentido de pertenencia: venimos con mucha convicción”.
¿Cómo se lee esta multitud desde la lucha del Pelle? “Le debemos mucho potencial a esta organización, pero es complejo porque no se sabe bien a qué se enfrenta uno cuando está marchando por Ni Una Menos. El Estado tiene mucha responsabilidad, tiene cosas que garantizar y no hace, pero a lo que se apunta con este tipo de marchas es a cambiar el sentido común de la gente y a transformar la manera de pensar. Si bien hay que echar culpas y pedir cosas, como la despenalización del aborto y la libertad para Belén, que sí dependen de gente en concreto que tiene que hacer cosas, hay muchas otras que dependen sólo de nosotros. El machismo lo reproducen todos. Si las publicidades muestran que la mujer tiene que limpiar y el hombre llevarle la guita a la casa, no lo hacen para molestar a feministas, sino porque eso es lo que vende: la sociedad está comprando esos estereotipos”.
Ofelia apunta a esas pequeñas cosas cotidianas: “Si no empezamos por cambiar ese machismo que, por ejemplo, le dice puta a una chica que está con mil pibes y campeón a un pibe que está con mil chicas, lo que queda de ahí para adelante es una violencia muy grande que termina afectando a mujeres que mueren. Parece una gilada al lado de un femicidio, pero eso es lo que tenemos a nuestro alcance ahora. Son esas las condiciones en las que tenemos que enfrentarlo”.
En un momento, en medio de la multitud, ya de noche, dos mujeres, una muy joven, otra no tanto, se abrazaron. Lloraban ambas. El abrazo, en términos cronométricos, duró unos 3 minutos, o tal vez un siglo. O una vida. Sólo quedaba, ante la imagen, respetarla en silencio. Contra el sentido vulgar de lo periodístico, lo mejor fue no hacerles a esas mujeres ninguna pregunta, que a veces puede ser casi lo mismo que comprenderlo todo.
Fotos: Nacho Yuchark y Julieta Colomer/lavaca
Protesta social
Marcha de jubilados: medias, bochinches y ningún dólar en las orejas

Un miércoles tranquilo en la ronda de jubilados en Congreso, que despierta dudas ante la necesidad de hacer “un poco más de bochinche”. Como homenaje al Día del Jubilado (domingo pasado) hubo un puesto de hamburguesas y choripanes de la UTEP. “El hambre es desesperante” dijo una de las mujeres que servía a esa cola ampliada con gente de la calle en busca de qué comer. Historia de cómo sobrevivir a una jubilación hiper mínima (porque encima se arrastra una deuda). Los alfajores, las medias, y la salud encontrada en el gesto de movilizarse.
Por Lucas Pedulla Fotos Juan Valeiro/lavaca.org
A sus 76 años, Luis Relinque tiene que vender medias para llegar a fin de mes.
–Si no trabajo, no como.
Y para comer tiene que trabajar, aunque hace once años que está jubilado. El único día que no sale a vender por la zona de Once es el miércoles, cuando camina las diez cuadras que separan su casa –Remedios de Escalada, sur del conurbano bonaerense– de la parada del 37 que lo deja en el Congreso de la Nación.

El dato, que solo en esta Argentina pareciera naturalizarse, lo explica fácil:
–Soy jubilado de la mínima. Cobro $400.000 limpios, justos. El mismo día de cobro pago la luz, el gas, el agua y con todo lo que tengo me quedan limpios, justos, $210.000. Si no trabajara, son $7.000 por día hasta el mes siguiente. ¿Cómo hacés?
La pregunta flota mientras alrededor se dispone la movilización de cada miércoles. La Rama de Trabajadoras y Trabajadores de Espacios Públicos de la UTEP (gremio de la economía popular), llamada “Lxs Parrillerxs”, puso un puesto para regalar choripán y hamburguesas por el Día del Jubilado, que fue el domingo. Se sumó mucha gente de la calle: “El hambre es desesperante”, dice una señora mientras corta el pan. Sobre la vereda se acomodan trabajadoras y trabajadores de la ANSES, que denuncian una “sangría por goteo” en el organismo encargado de las jubilaciones y pensiones: el Gobierno abrió un plan de retiros voluntarios, el segundo del año. Un trabajador dice a lavaca: “En el anterior se fueron más de 1.000 personas. Muchos agarran porque están muy endeudados. La idea es que quede un ANSES chico, si es que queda”.

Por su parte, Luis tendría que estar cobrando un poco más: en septiembre la mínima llegó a $498.633,20, contando el bono de $70.000, congelado hace 30 meses: según el Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), si fuera por movilidad Luis y cinco millones de jubilados y jubiladas más tendrían que percibir un bono de $223.148. Pero Luis cobra solo $400.000 limpios porque está endeudado: hace ocho años sacó un crédito.
–Se me cayó un árbol del fondo de casa en la cabeza. Tuve derrame cerebral. También me hizo pelota la rodilla: hoy tengo una prótesis. Mirá vos, es la misma rodilla que la policía me reprimió en una marcha el año pasado: la tengo peor. Me queda este año de crédito, así que espero para fin de año terminar de pagarlo y poder cobrar un poquito más.

Por eso todos los días –salvo los miércoles– sale a vender tres pares de medias a $1.000: camina mirando a todos lados para que los “parásitos con uniforme” no le decomisen la mercadería, como viene ocurriendo en la ciudad de Buenos Aires bajo la gestión de Jorge Macri. Antes Luis vendía alfajores y podía hacerle algún regalo a su nieta de 13 años, o darse un gustito como ir al teatro. Pero los alfajores subieron tanto que ya no es negocio. Cuenta que la idea de las medias le llegó mirando la televisión.
–Veía a tanto operador político en la tele que pensé: si las medias me salen lo mismo que un chupetín, quizá la salida a esta crisis sea chupar medias, en serio te digo.
Luis habla y piensa con mucho humor, pero siempre aclara que lo dice en serio. Cuenta que fue la primera persona que puso un boliche gay en provincia de Buenos Aires – “Chelovecos, en 1974”–, que también tuvo una tanguería y que por muchos años se dedicó a cocinar en su casa para geriátricos o centros de jubilados. Como siempre trabajó por su cuenta, pudo jubilarse con una parte de aportes y otra de moratoria.

–Hoy el Gobierno la cortó, pero la moratoria ayudó mucho. Conozco gente que nunca aportó y ahora te dice: “Cristina chorra”. Bueno, entonces devolvé la jubilación o donala a un comedor.
A diferencia de lo que dijo el presidente Javier Milei tras su discurso en Naciones Unidas en Nueva York, a Luis –como argentino– no le salen dólares por las orejas. Es una de las tantas razones por las que no se pierde ningún miércoles.
–Hace unos años me quedé viudo. Me pasaron todas, pero yo le aconsejo a la gente mayor que venga a la marcha. No sólo como protesta, sino porque es bueno para uno. Es una cuestión de salud. A mí me ayudó mucho porque me olvidé de mí: me acuerdo más de la madre de Milei que de mí. En serio, te digo. Algunos jubilados me dicen: “No, mejor me voy a hacer un estudio al médico”, pero es como un coche en el mecánico: algo siempre te van a encontrar. No digo que esté mal, ojo, pero hay gente que está todo el día en la casa mirándola por televisión y pensando en sí mismo. Con hacer un cartel o pensar alguna cosita, ya la cabeza se me despeja.

La semana pasada, Luis trajo el “Desodorante Javo”, con una característica premium: “Te deja seco las 24 horas”. ¿Qué significa ese humor en la lucha de cada miércoles?
Luis es crítico:
–Yo vengo porque la jubilación me alcanza nomás para diez días. Me gustaría que hagamos un poco más de bochinche. Acá nos encerraron. Venimos y damos una ronda: no tenemos nada para festejar pero damos la vuelta olímpica como si fuéramos campeones. Luego, a casa. Hay que ir al Obelisco, a Corrientes. Acá no nos ve nadie. No estoy en contra, porque nos encontramos, pero haría un poco más de calle. Lo único que falta es que nos pongan mesas y nos hagan jugar a las damas: para eso voy a la plaza de mi barrio. En Lanús me preguntan: “¿Luis, no marchan más?”.
La marcha –la ronda a la que Luis pide más bochinche– está por empezar.
¿Qué espera?
–Mirá, el día que no pueda caminar más ni vivir a medias, me amenazo al Presidente así me vienen a buscar: ya averigué que no me sacan la jubilación, me llevan en cana, y al menos tengo una lamparita para leer algún libro y amigos que me traerán algún sanguchito de miga. Lo mismo que haría en casa lo hago allá. En serio, te digo.
¿Hay opción B?
–Que cambie el Gobierno. Eso daría un poquito de esperanza. La primera medida tendría que ser darnos un aumento. De mínima. Esta lucha que hacemos va a pasar a la historia como algo que era necesario hacer. El que no labura ni lucha, no come.
Hincha de Independiente y fanático de Manal, Luis se despide y se mete a la marcha.
Revista Mu
MU 216: Qué, cómo y cuándo cambió todo


Ley de Tierras y después: Cambio de tema
Durante meses el gobierno logró imponer los temas, los tiempos y las preguntas. Hasta que una discusión sobre la tierra parió otra cosa. Lo que apareció detrás y después de ese debate no es –solo– una disputa jurídica ni económica, sino una pregunta más profunda sobre la soberanía, la identidad y el futuro. De César Aira a Peter Thiel, una lectura de la actualidad para crear lo que falta.
Por Claudia Acuña

Viaje a la vida en el Paraná II: En modo Costa Pobre
Los incendios y el dragado que rompen el ecosistema, los countries ocupándolo todo, el extractivismo de arena para el fracking, las privatizaciones, la contaminación masiva, la indolencia estatal: el Paraná debería ser un río de todos, pero parece un río de nadie. Navegación desde Escobar hasta las Lechiguanas, pasando por Costa Pobre, barrio popular amenazado, que simboliza mucho de esta historia. Voces e imágenes de quienes siguen defendiendo la vida del aire, el suelo, el agua y la justicia.
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Atanor condenada por contaminación: La odisea
Más de 200 muertes en seis manzanas del Barrio Química, la contaminación probada del agua, aire y suelos, y el “daño irreversible” al Paraná en San Nicolás ratificado por la Corte Suprema bonaerense. La sanción económica es mínima para una multinacional (equivalente a dos camionetas) pero está por comenzar la causa penal a sus ejecutivos. Lo que cuentan el barrio y el abogado Fabián Maggi sobre este viaje de más de una década para que no haya impunidad.
Por Lucas Pedulla
Fotos: Sebastián Smok/lavaca.org

Agroecología en Misiones: El libro de la selva
Una cooperativa agroecológica de quince familias produce alimentos sin químicos en medio de la selva misionera y muestra cómo cultivar de un modo sano y rentable. Unión Campesina, los secretos de la tierra, la casa de las semillas, y una decisión: hacer mucho y hablar menos. El método del Fukuoka misionero. ¿Cuál es la rueda que está girando?
Por Francisco Pandolfi
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Delia Tedín, decoración, política y clases altas: Mucho gusto
Con tupido árbol genealógico y privilegios de cuna, aprendió el valor de la diversidad y la rebeldía frente a un ambiente que “olía a odio”. Eligió su propia vida como decoradora, sin perder nunca de vista el contexto social. Sus pasiones: fomentar el trabajo y la creatividad del país, y combatir la idea de que las personas tienen la culpa si les va mal en estos tiempos. Conversación sobre bombas, estupidez, poder, Nerón y el arte de mantener los ojos abiertos.
Por Sergio Ciancaglini
Fotos: Juan Valeiro

Carne de cañón: las víctimas travestis-trans de la dictadura
A 50 años del golpe de Estado, el Archivo de la Memoria Trans reunió en un libro testimonios individuales, relatos colectivos y el registro del Juicio Brigadas, el primero que toma como víctimas del terrorismo de Estado a mujeres travestis trans. El libro no habla solo de violencia, sino también del humor, la amistad, la resistencia y las formas que ellas inventaron para poder seguir vivas. Pistas sobre dónde encontrar claves para el futuro.
Por Evangelina Bucari

El libro La nueva oligarquía: Tecnopoder
¿Quién gobierna el mundo? ¿Qué transformaciones y deformaciones de la democracia se están intentando? ¿Qué pasa con la soberanía? ¿A quién hay que vigilar? Temas de La nueva oligarquía, del sociólogo argentino Ariel Goldstein y editado por Marea. Aquí, fragmentos que invitan a su lectura para bucear varios dilemas del presente.

Zoe Hochbaum: Comerse el mundo
Actriz, bailarina, escritora, productora: 27 años, una nueva película y un programa de radio. Zoe puede oscilar entre la comedia con flamenco, los monstruos literarios y la reconstrucción de los vuelos de la muerte. El homenaje al radioteatro, y el ejercicio de la amistad como salvavidas para los tiempos en los que la realidad parece querer fagocitarnos.
Por María del Carmen Varela
Fotos: Juan Valeiro/lavaca.org

Crónicas del Más Acá: Rambo al sur
por Carlos Melone
Nota
La marcha en Córdoba: detrás de los ojos de Agostina

Córdoba llegó a la undécima edición del Ni Una Menos con una herida abierta y reciente: el femicidio de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido días antes en la ciudad. La convocatoria no necesitaba más argumento que ese flequillo y esa mirada. Córdoba salió a la calle bajo la lluvia este 3J, once años después del grito que fundó esta fecha, con la misma urgencia y con la misma pregunta sin respuesta.
Por Bernardina Rosini
El trole que recorre los barrios del oeste de la ciudad viene casi lleno faltando dos horas para la marcha. El parabrisas anticipa el motivo: el rostro pequeño de Agostina Vega, 14 años. Era fácil intuir que será una marcha que desbordará una ciudad que expresa hartazgo. Nadie mira los barrios de Córdoba, nadie atiende a su gente. Los que ocupan los sillones más mullidos de las oficinas del poder local sobrevuelan las veredas estalladas, no las caminan. Los cordobeses respondieron muy bien a los discursos contra la casta porque describe con precisión algo que ya conocen de cerca: un Estado que administra con diligencia donde hay recursos e influencia, y que llega tarde, mal o nunca adonde no los hay.

El flequillo y los ojos de Agostina. Fotos: lavaca.org.
Lo que no se puede creer
Son las 18 horas y comienza excepcionalmente puntual la undécima edición del 3J. Llueve, llueve, llueve, como si la meteorología comprendiera mejor de duelos que quienes toca narrarlos. Miguel y Elizabeth, los abuelos de Agostina, encabezan la multitud. De frente, el arco de cámaras y cronistas. Un grupo de sikuris hace una ofrenda a las víctimas de la fecha, queman hierbas y hacen sonar su música. Recién entonces todo empieza. Tres horas llevará recorrer las diez cuadras dispuestas a paso lento y apretado, bajo paraguas que cubren a propios y ajenos. Una mujer contempla desde el cordón y llora desconsolada: «Es la primera vez que vengo. Es la primera vez en una marcha. Yo no puedo creer lo que hicieron con esa niña.» Está junto a su hija de 19 años y no sabe si sumarse al recorrido. Llora y llueve. Desde una mesa que intenta protegerse del agua se reparten lienzos con los ojos serigrafiados de Agostina. Los ojos y su flequillo de nena.
Varones
Hay varios hombres presentes: padres con sus hijas, grupos de amigos, novios. «Con los pares que no tienen sensibilidad al tema, la conversación se vuelve muy estratégica, hay que evitar el choque frontal. Mi método es a través del interrogante, que puedan encarnar la pregunta», comparte Gonzalo, de 41 años.

Acompañando la marcha y una percepción sobre los varones: «Reconocer la miseria propia es difícil». ¿Cómo es el camino para llegar desde allí, al reconocimiento del problema? Fotos: lavaca.org
«Para cualquiera reconocer la miseria propia es difícil. El problema es que el varón no asimila. Pero si asimila, reconoce; si reconoce, cuestiona; si cuestiona, suelta; y si suelta, lucha. Son muchos procesos por delante». Un grupo de docentes toma esa misma dificultad para reclamar por la ESI. «Es un cambio que requiere tiempo, pero tenemos que empezar en serio hoy, y la ESI es la mejor herramienta para trabajarlo con los chicos. Insisten con diluirla, como mínimo», se lamenta Graciela, maestra de nivel inicial en una escuela de barrio Juniors.

La familia encabezando la marcha en Córdoba. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
La marcha se detiene frente a grandes mosaicos fotográficos que vuelven a traer los ojos de Agostina. Su mirada se despliega ocupando todo el ancho de la calle. Todos quedan detrás de ella. Ya no existe la división entre quienes la conocían -y hablaban de su risa y sus anhelos- y quienes aventuraban, con violencia, sentencias sobre su sexualidad. Todos detrás de sus ojos. Todos debajo de la lluvia.
Dónde está Delicia
Se grita al cielo preguntando dónde está Delicia Mamaní Mamaní, la joven de 25 años desaparecida desde noviembre pasado, cuando salió de su hogar en el paraje rural Punta de Agua, Malagueño, con destino a la Escuela Normal Superior Dr. Alejandro Carbó en el centro de Córdoba, donde cursaba el segundo año del profesorado de Educación Primaria. También en este caso los primeros obstáculos surgieron en las propias dependencias estatales. La mamá de Delicia intentó hacer la denuncia en medio de una profunda barrera lingüística -el aymara es su lengua materna- y ninguna Unidad Judicial de la zona la recibió durante los primeros días clave. Ante la desidia, fue la comunidad educativa del Carbó la que asumió un rol activo: organizó movilizaciones, consiguió el patrocinio ad honorem de abogadas y logró judicializar la causa una semana más tarde. También en este caso, justicia a fuerza de organización y de calle.
Paula, del barrio Portal de Córdoba, lleva un maquillaje de lágrimas rojas. No lágrimas: llanto rojo, angustioso. Levanta un cartel que recuerda que hace once años el padre de su hija abusó de la niña. Su lucha nació en las mismas fechas que esta marcha, y también la falta de respuesta. «No sucedió nada. Hice denuncias, peritajes, pero él está recorriendo Europa y ya ves dónde estoy yo«.
Justicia sin apellido
Del otro lado del cartel, el nombre de una amiga: «Jessica Barrera, presente.» Una vecina a quien el ex novio mató metiéndose por la puerta trasera de su casa. Ella había hecho la denuncia. Tenía custodia policial en ese mismo momento. Luego buscó su nombre en los padrones de femicidios y no lo encuentro. A Paula la acompaña una amiga: «Me llevó toda la noche hacer la denuncia. Me dieron un botón antipánico y a mí me sirvió. Pero es cierto que estás ocho, diez horas esperando y quién sabe qué va a resultar después.»
Lo narrado por el fiscal Garzón en la conferencia de prensa días atrás no le resultó ajeno a nadie que alguna vez haya tenido que sentarse a esperar justicia sin apellido que lo respalde.
La marcha empieza a dispersarse, pero no hay un momento claro en que finalice. Simplemente ocurre, como todo lo que se sostiene once años: porque alguien decide seguir. No hay documento, no hay escenario al que llegar. Es con las de al lado, es detrás de los ojos de Agostina, es debajo del reparo ofrecido. Once años de marchar.

Las mujeres de Córdoba ganando las calles, pese a la lluvia, y pese a todo. Fotos: Nany Palazzini /lavaca.org
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