Nota
Otra vez: juntas, revueltas y hermanadas
Con más gente, menos instituciones, más intensidad, más juventud, menos puntualidad, más frío y al mismo tiempo más calor que hace un año, #NiUnaMenos se transformó en la marcha más diversa, justa, democrática y política de los últimos tiempos, entendiendo política en el sentido sano de la palabra.
Con más gente, menos instituciones, más intensidad, más juventud, menos puntualidad, más frío y al mismo tiempo más calor que hace un año, #NiUnaMenos se transformó en la marcha más diversa, justa, democrática y política de los últimos tiempos, entendiendo política en el sentido sano de la palabra. Desde la mañana en Congreso se instaló el mural de Lavaca y la revista Mu por el que pasaron miles de mujeres que pintaban de rojo la palma de su mano, la estampaban en un papel blanco con el nombre de alguna de las víctimas de femicidio del último año, y eso se pegaba sobre la tela negra del mural.
No hay posibilidad de medir lo que ocurrió en números: no hay calculadoras para la emoción que se vivía a cada momento, y para la decisión de decir basta.
El año pasado –año electoral- hubo movida mediática y en las redes sociales, candidatos y farándula aparecían con el cartel de NiUnaMenos, el gobierno de entonces abrió una especie de asueto de facto que facilitó la llegada de gente que alrededor de las 2 de la tarde ya colmaba la Plaza de los Dos Congresos, y muchos gremios que no van ni a las marchas de la CGT salieron a sumarse.
En cambio este año, a la misma hora, todavía no había gente reunida y el tránsito por Avenida de Mayo corría fluidamente. A las 16 la policía debió interrumpir el paso de vehículos, y la gente fue sumándose con el correr de las horas. Esta vez no se trató de un acto sino de una marcha. A las 17 ya se veía Avenida de Mayo llena hasta la 9 de Julio. Y entre las 18 y las 19 se rompieron los pronósticos que auguraban menos gente. Llegaron más y más mujeres liberadas de sus trabajos,chicas y chicos de escuelas secundarias, columnas trans que cada vez congregan más gente, trabajadoras y trabajadores que empezaron a engrosar columnas de la CTA por ejemplo, y así se conformó una marcha gigantesca, alegre y conmovedora al mismo tiempo, de ida y vuelta hacia y desde Plaza de Mayo.
En muchos actos hay documentos. En #NiUnaMenos muchas de las personas que llegan son el mejor documento que permite entender el presente.
Limpiar sangre
Anabella, que se vino de Lanús, está parada frente al mural de MU. Tiene la mano roja. Se queda segundos, minutos, mirando un nombre específico. Luego pasa a otro. Lo mismo. Y luego otro: lo mismo. ¿Qué significa para ella todo esto? “Mucho. Viví la violencia de parte de mi papá de muy chica. A los 7 años tuve que aprender a limpiarle la sangre a mi mamá cuando mi papá le pegaba. La escuché llorar a escondidas. Yo también tuve que aguantar los golpes. A los 17 me fui de mi casa. Trabajé, me cagué de hambre, pero pagué mis estudios. Todo sola. Cuando era chica me han acosado mucho, me tocaron, me manosearon. Por eso significa mucho para mí estar acá porque lo viví en carne propia. Crecí con esa imagen de que no soy nada, de que soy una cosa mínima. De que soy ´algo´ después del hombre. Y es difícil, porque no puedo confiar en nadie. Tantas veces perdoné a mi papá y tantas veces lo volvió a hacer. Le mismo pasó a mi mamá”.
¿Qué estudia? “Estudio para maestra jardinera. Elegí esa carrera porque quiero que los nenes crezcan con una gota de esperanza. Quiero que sepan que todo lo que ellos hacen es importante. Que ellos son importantes. Para el futuro. Son las principales bases para que cambiemos esta forma de mierda de pensar. La mayoría que está acá, hoy, vivió esto que te digo. Aunque, lamentablemente, todavía acá hay uno que te sigue mirando el culo y te dice pelotudeces. Pero, más allá de las organizaciones y de algunos que curran con esto, hay un montón de personas que vienen acá porque lo sienten, calladitos, como yo, sin remera ni pin. Sólo con su presencia. Eso ya está: es un montón”.
No hay que esperar
Paola, neuquina, dice que no pasó nunca por el problema. “Pero hay que estar acá, porque a la sociedad le falta mucho crecimientoenlo que sonlos derechos, el otro, el cuerpo del otro. Ojalá que esta no sea una época que nos haga interrumpir el crecimiento, porque veo, políticamente, que se vulneran muchos derechos y eso meda mucha angustia”.
Silvia: “Yo sí lo sufrí. Y aprendí queno hay que esperar. Lo peor era quedarme sola, cuando mis hijos iban a la escuela. Ese era el momento de la violencia. Hace 11 años zafé. Me di cuenta que no era mi culpa, que no era la única. Y hoy estoy en pareja, muy feliz”. Siempre conviene recordar ese lema: la mejor venganza es ser feliz”.
Callarse es lo peor
Josefina y Paula caminan por Avenida de Mayo juntas, entrelazadas, se ríen y se sacan selfies con sus celulares como amigas de toda la vida. “Nos conocimos hoy”, responde Paula, enfermera en una maternidad de Pacheco, en Tigre. “Yo tengo un grupo abierto de Ni Una Menos donde publico cosas como consecuencia de la violencia que sufrí. Y siempre digo que la violencia puede ser verbal, física o de acciones, de cosas que te hacen mal. Yo ya tengo 48 años y tengo libertad absoluta para hablar, pero hay personas que se identifican con lo que me pasó”.
Ese es el caso de Josefina, que le escribió, se contactaron, y quedaron para conocerse en plena marcha. “A mi mamá la conocí a los 12 años. Me tuvo muy de jovencita y sufrió porque mi papá era alcohólico. Mucha ausencia. Además, mi hija me invitó. Ella empezó la facultad. Y yo sé que ella puede ser una de las que están ahí”. Josefina señala el mural de lavaca y MU. “Además tuvo una amiga que violaron: no terminó el colegio ni pudo empezar la universidad”.
Paula: “Yo viví violencia durante un año. Pude salir. Por eso armé el grupo. Para tratar de cambiar y de criar a nuestros hijos de una forma en la que no vea la violencia como se refleja ahora: las parejas que se golpean, se insultan. Los chicos ven eso y piensan que es lo normal. Todo está en cómo uno los cría”. ¿Qué les dice a otras mujeres que sufrieron violencia? “Que busquen ayuda, que griten, que salgan, que no tengan miedo. Callarse es lo peor que le puede pasar. Lo principal es levantar la voz y salir. Porque cuando nos agreden tendemos a minimizarnos, escondernos, y tu autoestima no existe. Es muy denigrante para una mujer ser golpeada. Pero hoy me ves acá: salí adelante, estudié, aprendí un montón de cosas. Y ahora tengo dos hijos maravillosos que saben que a cualquier mujer se la respeta”.
¿Cuáles son las violencias que se ven desde la maternidad? “Mucha violencia física. Mucha. He llegado a encontrar en la maternidad a un papá golpeando a la mamá, paciente, puérpera, de un par de horas nomás. Y en la parte de Pediatría, vimos cómo ingresaba el papá de uno de los pacientitos internados que agredía a la mamá. Tuvimos que hacerla cruzar a la comisaría de la mujer que tenemos enfrente. Quedó detenido”.
Paula mira fijo y aclara: “Eso pasó ayer”.
Algunas organizaciones y banderas: MUMALA, Frente Renovador, Patria Grande, Podemos (España), MST, #LibertadParaBelen, AGD-UBA, La Cámpora, Comité por la Libertad de Milagro Sala, CTA, ATE, Correpi, partidos de izquierda, centros de estudiantes como el del Carlos Pellegrin (que tomó hace meses durante casi dos semanas el colegio en contra de dos preceptores denunciados por violencia machista a los que lograron separar de sus cargos). Se comenta en varias columnas que la curiosa pretensión kirchnerista de plantar como cuestiones emblemáticas la de Cristina Kirchner y Milagro Sala sólo generó asombro y conatos de división que finalmente no ocurrieron.
Choripanes violentos
Gastón e Iván pusieron puesto de hamburguesas y choripanes sobre Avenida de Mayo. Vinieron de Bajo Flores. Gastón: “Eso de que le pegan a las mujeres pasa todo el tiempo. Mucho más de lo que se sabe”.
¿Por qué un hombre le pega a una mujer? Iván, que estaba en silencio, dice: “Porque no es hombre”. Llega un joven a comprar un choripán, Cristian, que se suma a la charla: “Es una cosa violenta del sistema, que se nota en los trabajos, en todo. Hoy escuché a mivecino diciéndole al nieto: ‘No llores, que eso es de nenas’. Es violento para el chiquito y para las mujeres”.
Más allá con otra pequeña parrilla está Marta, mujer bajita, curtida. Es la mamá de Iván: “Mi marido me pegó siempre, siempre. Una vez me abrió la cabeza. Y ¿ve que no tengo dientes? Es porque me los romipió casi todos y los pocos que me quedaban me los tuvieron que sacar. Yo aguantaba, pensaba que los nenes eran chiquitos. Los nenes y yo íbamos a cartonear, mimarido agarraba la plata y se emborrachab el fin de semana y me pegaba. Paré cuando le pegó a mi hija. Lo denuncié. Y de la Comisaría de la Mujer y la escuela nos sacaron y nos mandaron a un refugio”.
Final paradójico de la historia: “Mi marido se quedó con su familia. Pero hace unaño tuvo un coma diabético y un ACV. La familia lo dejó en el hospital. Así que los que nos hicimos cargo fuimos nosotros. Quedó como un nene de 10 años, hasta usa pañales. Y acá estamos, mis hijos y yo trabajando, en estos épocas en que todo es tan difícil”.
Iván: “Yo era chiquito y no sabía qué hacer, cómo defender a mi mamá. Ahora ya está, ahora está enfermo y entonces ya no le pega a nadie”.
Una integrante de lavaca, por la noche, fue abordada por otra vendedora de choripanes. ”Mi marido me dijo, señalando el mural ese con los nombres: ‘el año que viene vos vas a estar ahí’”. Como para entender el climade época.
Ni machitos ni princesas
Mariana lleva una remera que dice Justicia por Camila Toledo. Y lo cuenta así: “Yo soy la tía de Camila, tenía 20 años, estaba embarazada de cuatro meses y era mamá de Sofi, de año y medio. Nos llamaron el 14 de marzo de 2014 y nos dijeron que supuestamente había tenido un accidente. Se encontraba muy golpeada. Tenía marcas en el cuello. Supuestamente se le había caído una mesa de roble, pero la autopsia reveló que había sido ahorcada con un cable o hilo fuerte. Tenía marcas de defensa en las uñas. El único imputado es Lucas Liveratori, su pareja con la que vivía, que está preso y por el que estamos esperando fecha de juicio”.
Mariana cuenta que también estuvo el año pasado. “Es agridulce volver acá. Es como volver a recorrer todo lo que pasó, pero por otro lado te sentís acompañado. Es mucha la gente que está con vos. Pero aún nos falta mucho, nos falta tomar conciencia. Creo que falta educar desde chico, desde jardín. No queremos ni machitos ni princesas. Ni siquiera debería existir una marcha así. Pero el hecho de que nos encontremos es genial: además de mujeres, hay muchos hombres. Y también mamás que traen a sus hijos. Y es muy bueno que puedan ver esto desde chiquitos”.
Cambia la cabeza
¿Se ve mucho este problema en el consultorio? Susana García, psicóloga: “Sí, se ve demasiado. Mujeres que van con este problema. Recién estuve hablando mucho con algunas chicas que pegaron la mano en homenaje a las victimas del ultimo año. Y bueno en muchos casos el tema está muy vinculado a la adicción. Son parejas donde hay exceso a alcohol y drogas y la violencia va muy de la mano. Y en muchos casos es la violencia que comiezna en maltratos sutiles de prohibiciones, restricciones que muchas veces las mujeres malamente identifican como ‘interés’. La posesividad la codifican como interés. ‘Por eso me controla, por eso me cela’, y a partir de ahí todo va barranca abajo.
¿Ha cambiado la cambia la cabeza de la gente con respecto a este problema en los últimos años? “Totalmente, sobre todo las pibas mas jóvenes y aun en los hombres. Muchas veces el hombre joven pide ayuda porque se da cuenta que se está desbordando. Al estar en pareja se disparan matrices machistas. El hombre también quiere salir del machismo y muchas veces quedan totalmente atrapados en esa matriz. Cuando los pibes se dan cuenta que están entrando ahí, también piden ayuda”.
Silvia integra una de las columnas de MUMALÁ (Mujeres de la Matria Latinoamericana): “Lo que pasa es que el Estado sigue ausente eneste tema. Tendría que haber una inversión efectiva en políticas públicas,capacitar a juzgados, a médicos, a todo el personalque trabaje con mujeres para no seguir siempre en la situación de victimización”.
El colegio en la calle
Son las 19:30, ya es de noche, y llegando a 9 de Julio marcha el Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini (CECaP) que tomó durante casi dos semanas el colegio para denunciar a dos preceptores acusados de golpear y de acosar a tres alumnas. El conflicto generó un consenso entre padres y la comunidad educativa que se tradujo en un abrazo multitudinario a la institución. Todo concluyó con la separación de los dos auxiliares. ¿Puede hablarse de victoria? “Sí, es una victoria”, dice Ofelia Fernández, presidenta del Centro. “Después de la experiencia que atravesamos, cuando escuchamos Ni Una Menos, ya hay un sentido de pertenencia: venimos con mucha convicción”.
¿Cómo se lee esta multitud desde la lucha del Pelle? “Le debemos mucho potencial a esta organización, pero es complejo porque no se sabe bien a qué se enfrenta uno cuando está marchando por Ni Una Menos. El Estado tiene mucha responsabilidad, tiene cosas que garantizar y no hace, pero a lo que se apunta con este tipo de marchas es a cambiar el sentido común de la gente y a transformar la manera de pensar. Si bien hay que echar culpas y pedir cosas, como la despenalización del aborto y la libertad para Belén, que sí dependen de gente en concreto que tiene que hacer cosas, hay muchas otras que dependen sólo de nosotros. El machismo lo reproducen todos. Si las publicidades muestran que la mujer tiene que limpiar y el hombre llevarle la guita a la casa, no lo hacen para molestar a feministas, sino porque eso es lo que vende: la sociedad está comprando esos estereotipos”.
Ofelia apunta a esas pequeñas cosas cotidianas: “Si no empezamos por cambiar ese machismo que, por ejemplo, le dice puta a una chica que está con mil pibes y campeón a un pibe que está con mil chicas, lo que queda de ahí para adelante es una violencia muy grande que termina afectando a mujeres que mueren. Parece una gilada al lado de un femicidio, pero eso es lo que tenemos a nuestro alcance ahora. Son esas las condiciones en las que tenemos que enfrentarlo”.
En un momento, en medio de la multitud, ya de noche, dos mujeres, una muy joven, otra no tanto, se abrazaron. Lloraban ambas. El abrazo, en términos cronométricos, duró unos 3 minutos, o tal vez un siglo. O una vida. Sólo quedaba, ante la imagen, respetarla en silencio. Contra el sentido vulgar de lo periodístico, lo mejor fue no hacerles a esas mujeres ninguna pregunta, que a veces puede ser casi lo mismo que comprenderlo todo.
Fotos: Nacho Yuchark y Julieta Colomer/lavaca
Nota
MU 212: El fin de un mundo

MU en Tierra del Fuego: todo lo que se ve desde el sur del sur y nos ayuda a entender qué representa Argentina en el mapa geopolítico mundial. Un puerto intervenido, importaciones que matan a la industria, explotación sin control de recursos naturales. La puerta a la Antártida y el significado de Malvinas: lo que está en juego en tiempos de guerra.

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Efecto Trump: Valeria Carbone y su mirada sobre EE.UU.
Es doctora y docente de la Cátedra de Historia de los Estados Unidos en la UBA y en la UNLP. Integra grupos de trabajo sobre EE.UU. en CLACSO y universidades en Alemania y México, además de coordinar programas de intercambio internacional. Y acaba de dictar un curso sobre el tema en MU. En esta entrevista explica las movidas de Trump intentando sostener un imperio en crisis en medio de una conflictividad que él mismo provoca o acompaña: Irán, China, Israel, petróleo, Ormuz, Venezuela, OTAN, Malvinas, Antártida. Y hasta el caso de Jeffrey Epstein.
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Decolonizar el presente: Walter Mignolo y el pensamiento decolonial
En medio de conflictos geopolíticos, disputas culturales y crisis del modelo occidental, el pensamiento decolonial nos recuerda una serie de preguntas fundamentales. Aquí, una conversación breve y magistral sobre la esfera pública, la organización social y las formas de acción colectiva vistas desde una perspectiva para ampliar, o retomar, los horizontes propios.
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Tierras raras: Florencia Levy, artista, y su trabajo sobre el litio
Trabaja con instalaciones visuales y materiales que representan y denuncian las distintas formas del extractivismo. Su trabajo sobre el litio es impactante, pero también investigó sobre el fracking en Vaca Muerta, el basurero del mundo en China y la relación entre el cáncer y el agronegocio en Entre Ríos, motivada por su padre oncólogo. Cómo hablar de temas que casi nadie conoce desde un video o una sala de exposiciones, y hacer algo para transformar miradas, sentimientos e ideas.
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Crónicas del más acá por Carlos Melone.

Astrolo-guías: Elisa Carricajo y su nuevo libro sobre Tarot
Dramaturga, actriz y directora, plantea al Tarot como un objeto “popero” e invita a jugar y llenar de sentido ese lenguaje. Un modo de recuperar la espiritualidad capturada por el mercado, para sentir, entender y actuar en tiempos espantosos. Lo individual y lo comunitario. Los fantasmas y cómo imaginar un mundo mejor. Un libro que es un oasis y una invitación a re-pensar el arte y lo político, tirando las cartas.
POR FRANCO CIANCAGLINI
Documental a un año de la represión del 12 de marzo
Imagen sobreviviente: el fotógrafo, el hincha y la jubilada

El 12 de marzo de 2025, hinchadas de fútbol se autoconvocaron para acompañar la marcha de jubilados y jubiladas. Ese día la violencia desplegada por Patricia Bullrich hirió gravemente a Pablo Grillo, Beatriz Blanco y Jonathan Navarro. Este corto documental de Cooperativa Lavaca vuelve a esa jornada y a una imagen de solidaridad que sigue sobreviviendo.
Nota
MU 211: Método Pablo

Todo lo que le salvó la vida a Pablo Grillo, fotorreportero herido tras un disparo de Gentarmería hace un año. Lo que enseña su pelea contra la muerte, que terminó ganando gracias a la solidaridad y una red de salud pública y afecto que sigue viva.

Pablo Grillo: Salvar la vida
¿Qué le salvó la vida al joven fotógrafo atacado por la Gendarmería? La gente que lo ayudó tras el disparo, la que lo atendió cuando se preveía que lo suyo era quedar en estado vegetativo. Los familiares y amigos: la red que estuvo en los momentos más difíciles y armó un mapa de cuidados para salir con solidaridad y energía de la violencia y la oscuridad. Detalles de casi un año destinado a volver a ver esa sonrisa. La recuperación continúa: la vida le ganó a la muerte. Compartimos el QR para releer en lavaca.org la primera entrevista periodística brindada por Pablo. LUCAS PEDULLA

El bordado: Beatriz Blanco, la “jubilada patotera”
Fue agredida por un policía y cayó de nuca al asfalto durante una manifestación de jubilados. La escena se hizo viral como símbolo de la represión de cada miércoles. Beatriz pensó que había muerto pero sobrevivió al golpazo. Una causa instruida por la jueza Servini de Cubría avanza para condenar al policía que la atacó. Fue acusada por Bullrich de “jubilada patotera” y ella lo lleva con orgullo en una remera creada por sus hijas. Tiene 83 años, sigue yendo a la Plaza con su bastón y sus reclamos por una vida digna, y hace bordados para reflejar cosas alegres. LUCAS PEDULLA

El aguante: Jonathan Navarro, herido durante la represión
Un oficial de Prefectura le disparó a la cabeza durante la manifestación de hinchadas y jubilados, la misma en la que tiraron al piso a Beatriz Blanco e hirieron a Pablo Grillo. Perdió la visión del ojo izquierdo para siempre. Jonathan Navarro fue aquel día a la calle convocado por hinchas de su club, Chacarita, e indignado porque a su papá le habían sacado el acceso gratuito a los medicamentos. Hoy está desocupado. “Pero no me arrepiento de haber ido”. LUCAS PEDULLA

Renacer es posible: MU en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur
Fue la fábrica Aurora Grundig, la del televisor “caro, pero el mejor”. Colapsada tras el menemismo, sus trabajadoras y trabajadores organizados en cooperativa la recuperaron para resistir el abismo del desempleo. Hoy enfrentan más de lo mismo. Pero son 133 personas, crearon un bachillerato, consiguieron 60 viviendas. El industricidio visto desde la óptica de quienes logran llevar adelante lo que la patronal hundió: otra forma de crear y sostener trabajo, en una isla que el gobierno busca despoblar. FRANCISCO PANDOLFI

En movimiento: Movilizaciones 2026
Más allá de todo el protocolo de represión oficial las calles fueron otra vez, durante este verano 2026, un lugar de expresión y reclamo frente a la crisis que está ocurriendo en el país y en una sociedad muchas veces vapuleada por las políticas del gobierno. Algunas imágenes para recordar estos días que todavía no sabemos qué historia terminarán escribiendo.

Crecer bajo el terror: Infancias y dictadura
Un grupo de hijos e hijas de desaparecidos comenzó un proceso judicial para que el Estado reconozca que la violencia ejercida sobre esas infancias también constituyeron delitos. Es un proceso inédito que llega luego de un análisis y reconstrucción de testimonios sobre cómo funcionó el terrorismo de Estado en sus operativos, cautiverios y crímenes. Una investigación crucial que reúne los testimonios de Teresa Laborde, María Lucía Onofri, María Eva Basterra Seoane y Dafne Casoy. EVANGELINA BUCARI

Carta abierta: Masacre planificada 2026
Retomamos la Carta de un Escritor a la Junta Militar –enviada por Rodolfo Walsh el mismo día de su desaparición– para trazar una sintonía con el actual modelo económico. Lo ya vivido, frente a un presente alucinado. Y algunas pistas para intentar encarar lo que se viene. SERGIO CIANCAGLINI

Politizate: La Kalo
Es actriz, performer, canta, baila y agita en las calles y en las redes para combatir al fascismo y a la política tibia. Es drag y “vieja bruja”. Habla sobre dopamina, lucha de clases, therians, cultura, haters y kiosqueros. Historia y terapias para pelearle a la tristeza. FRANCO CIANCAGLINI

No podrán: Luciana Jury
Cantante y compositora con base en el folclore, causó revuelvo en el Festival de Cosquín por sus críticas al gobierno. La sobrina de Leonardo Favio y cómo protegerse y tejer alianzas en tiempos de hate, para que la cultura popular no solo resista sino también haga florecer. MARIA DEL CARMEN VARELA
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